Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 35
Cambios
Lucius caminó majestuosamente a través de los pasillos de Hogwarts, sin tener que ponerse su máscara habitual, ya que estaba aturdido, sus ojos brillando con rabia, reaccionando ante sus emociones. La idea de que el Señor Oscuro fuese un sangre sucia le revolvió el estómago; él se había inclinado ante el mago tenebroso, ¡había hablado de él con veneración! Esto no podía estar pasando; el Horrocrux casi había sido demasiada información para que él la digiriese, pero aquello… aquello era la gota que colmaba el vaso. Sus manos aferraron su bastón, sus nudillos se pusieron blancos. Se forzó a si mismo a relajarse mientras se aproximaba a su mujer y su hijo. Tenía que admitir que las acciones de su hijo le habían dejado atónito; siempre había asumido que Draco sabía cuánto les amaba a ambos. Lo había echado todo a perder, y a lo grande. Podía consolarse a sí mismo con el hecho de que su hijo no estaba marcado por el sangre sucia, si la afirmación de Potter era cierta. Potter… aquello era otra sorpresa; casi se había desmayado cuando Severus le había presentado al chico.
—Lucius, ¿qué estás tramando? —le preguntó Narcissa a su marido cuando éste apareció finalmente, decidida a descubrirlo allí mismo.
—Aquí no; vámonos —, dijo Lucius, cogiendo a su esposa por el brazo para guiarla fuera.
—No —. Narcissa se negó a moverse, su postura gritando hostilidad, mientras tiraba de su brazo para liberarlo.
—Déjala en paz —, le espetó Draco, todavía del mismo humor que antes.
—Draco —, gruñó Lucius como advertencia, sintiéndose extremadamente ofendido por la actitud de su hijo.
—No voy a marcharme hasta que obtenga respuestas, Lucius —, declaró Narcissa—. He pasado por esto durante veinte años; pues bien, se acabó —. Incluso desde que se había casado con él, ella le había seguido, y le habría seguido hasta el infierno; hasta había hecho la vista gorda a su infidelidad. Ella lo sabía, por supuesto, Narcissa era una mujer fuerte, pero no iba a dejar que aquello continuara. Para él todo estaba correcto, de hecho podía hacer cualquier cosa que desease, era ella la que estaba ligada por una cláusula de fidelidad.
—¿Por favor? —rogó Lucius, rezando por que ella accediese y pudiese sacarles de Hogwarts. Había demasiada gente allí, demasiado ruido y demasiados ojos que podían informar al Señor Oscuro dónde se encontraban.
—No —, repitió Narcissa con firmeza. No habría más juegos, no lo dejaría pasar más.
—Tengo una casa segura para Draco y para ti; lo tengo todo aquí —, hizo una seña hacia su bolsillo dándole unos golpecitos—. Todo lo que necesitaréis; estaréis cómodos, os lo prometo —. Su voz era apenas superior a un susurro mientras decía aquello a regañadientes.
—No voy a ir a ninguna parte —, siseó Draco, sus ojos color mercurio brillando de furia ante el hecho de que su padre estuviese intentando interpretar ahora el papel de preocupado progenitor y marido.
—Harás como se te diga —, le dijo Lucius a su hijo, clavando su mirada en él con exasperación.
—Te olvidas de que soy legalmente un adulto y capaz de usar magia, padre —, dijo Draco, enfrentándose a él por primera vez en su vida—. No tengo miedo de utilizarla; tú me enseñaste bien. Voy a quedarme en Hogwarts; alguien tiene que traer la luz al apellido Malfoy después de la desgracia que has amontonado sobre él.
Lucius tuvo un nuevo espasmo, su ira incrementándose aún más—. Draco, no lo comprendes, las cosas van a ponerse serias.
—Ya lo han hecho —, respondió Draco sombríamente—. Llévate a mamá, pero yo no voy a ir.
—¡Draco! —Narcissa se atragantó, sus ojos abriéndose de terror. ¿Qué le estaba pasando a su familia? Habían sido tan cercanos durante todos estos años… hasta hacía poco tiempo. ¿Qué había ocurrido para que Draco odiase a su padre? ¿También la odiaba a ella?— Todos debemos irnos. Juntos.
—Lo siento, mamá, no puedo. Éste es mi hogar, mi mundo; debo hacer la parte que me corresponde —, dijo Draco reconfortándola, sus ojos solemnes.
—No voy a irme sin ti —, dijo Narcissa; se negaba rotundamente.
—Ambos vais a iros —, les espetó Lucius.
—Entonces nos perderás —le advirtió Narcissa—. No voy a echarme a un lado y dejar que mi hijo luche solo.
—¿Crees que serás capaz de luchar con tu propia hermana? —dijo Lucius con lentitud, atacando sus puntos débiles. A pesar del hecho de que Bellatrix estaba totalmente loca, Narcissa la amaba por alguna razón desconocida.
—Por mi hijo, lo que sea —, dijo Narcissa, furiosa con Lucius por aprovecharse de sus sentimientos, y además en público.
Lucius suspiró con irritación—, la mansión no es segura, Narcissa, incluso si le expulso… hará todo lo que esté en su mano para matarnos. ¿Lo entiendes? Si Draco se queda, tendrá que vigilar su espalda constantemente.
—Tengo alguien a quien puedo pedir que nos acoja, en algún lugar donde el Señor Oscuro no pensará en mirar —, admitió Narcissa, con la preocupación brillando en sus ojos. No estaba segura de si saldría bien, pero también sabía que su hermana todavía haría cualquier cosa por ella. La familia siempre iba primero; al menos así era para los Black hasta que el Señor Oscuro lo estropeó todo, y hasta la llegada de las creencias de que los nacidos de muggles y los mestizos no pertenecían al mundo mágico. Durante largo tiempo ella también lo había creído; sus padres se lo habían repetido constantemente de niña… y todo hijo creía que sus padres sabían lo que era mejor. Entonces en Hogwarts sus ideas preconcebidas se habían ido al infierno, pero las viejas costumbres eran muy difíciles de abandonar.
—¿Dónde? —preguntó Lucius con cautela. Narcissa no tenía muchos amigos, al menos no en el Reino Unido. Tenía algunos en Francia con los que le gustaba pasar tiempo, Veelas a los que les gustaba ir de compras tanto como a ella. Ya que ella era inamovible en lo que se refería a marcharse, tenía que ser alguien en Inglaterra. De alguna forma, aquello no le consolaba.
—Tendré que hablar con ella primero —, dijo Narcissa—. Vuelve a la mansión y clausúrala; nos encontraremos en el Caldero Chorreante.
Lucius abrió su boca para hablar pero no le dieron oportunidad.
—No, Lucius. Tú has estado al mando y eso nos ha llevado hasta aquí. Es el momento para que yo nos saque de esto —, dijo Narcissa alzando su mano. Esta vez no iba a dejar que su marido la persuadiese para no actuar.
—Tengo deberes que hacer; escríbeme y hazme saber qué ocurre, ¿vale, mamá? —dijo Draco, hablando sólo para su madre. Había sido el infierno en la tierra durante las vacaciones de verano, encerrándose en su habitación por miedo a posar sus ojos en el Señor Oscuro y ser maldecido. Tenía que reconocer que había tenido curiosidad al principio, por eso se había escabullido por un pasadizo secreto y había contemplado una de las reuniones de los mortífagos. Había sido una tremenda forma de despertar a la realidad, aquello no era para nada como lo que había previsto para el resto de su vida. Había observado mientras el Señor Oscuro maldecía a izquierda, derecha y centro por no hacer algo que él deseaba. Él simplemente solicitaba cosas sin pensarlas. Esa no era la vida que Draco había imaginado; la idea de volverse contra los deseos de su padre le hizo sentirse mal pero no iba a dejar que aquello le pasase a él. Su padre había dicho una y otra vez que él tomaría su lugar en el círculo después de dejar Hogwarts; era por eso que estaba tan enfadado con él –por engañarle, por desear que le hiciesen daño de esa forma–. Un escalofrío asoló su cuerpo, sólo con recordar la visión de su padre retorciéndose de dolor.
—Por supuesto —, accedió Narcissa, estrechando con fuerza a su hijo y tragando saliva, consciente de lo mal que podía salir aquello, y con cuánta rapidez—. Ten cuidado, hijo, ¿me oyes?
—Lo tendré —, declaró Draco con firmeza, aliviando el miedo que su madre sentía. Tenía curiosidad acerca de a quién iba a visitar ella para pedir ayuda.
—Hijo —, dijo Lucius, asintiendo secamente, como siempre prácticamente inexpresivo cuando trataba con su hijo adolescente.
Draco miró a su padre con frialdad antes de irse.
—Vámonos —, dijo Lucius mientras miraba alrededor. Tenía una mansión que cerrar, y quería llevarlo a cabo antes de que el Señor Oscuro regresase. Apenas podía creer lo que estaba a punto de hacer, sin embargo no iba a servir a un sangre sucia. La sensación de humillación se deslizó sobre él, haciendo que se sintiese enfermo y asqueado.
—Te veré en el Caldero Chorreante —, dijo Lucius—. Por favor, ten cuidado —, dijo en cuanto estuvieron al borde de las protecciones de Hogwarts.
Narcissa asintió y se Apareció. Contrariamente a la creencia de Bellatrix, ella había visto y visitado a su hermana Andrómeda dos veces desde que había sido repudiada.
—¿Estás listo para salir? —preguntó Severus mientras emergía del dormitorio. Harry estaba sentado en el escritorio que le había pedido a Grace que trajese, trabajando en su Latín. La escena debería haber sido extraña pero no lo era. Era gracioso lo rápido que la gente se acostumbraba a las novedades, incluso más para Severus, el cual normalmente no soportaba los cambios demasiado bien.
—Sí —, dijo Harry alzando la vista. Dejó el trabajo que estaba haciendo, estirando su mano; le dolía de todo lo que había estado escribiendo. También había memorizado el conjuro que planeaba usar en Dumbledore, y había escrito a los gemelos –no estaba mal para una noche–. Estaba decidido a aprender todo lo que pudiese acerca de este nuevo mundo. También había algunas preguntas sobre las que quería respuestas, de hecho, cosas que se le habían ocurrido hacía poco tiempo.
—Entonces vámonos. ¿Tienes tu capa? —preguntó Severus.
—Sí —, dijo Harry, asintiendo mientras se la ponía, sabiendo que a Severus le gustaba que la llevase fuera de sus aposentos. No podía esperar al día en que no tuviese que esconderse; iba a ser genial ser capaz de ir donde quisiese… con el permiso de Sev, por supuesto.
Severus y Harry caminaron sigilosamente hacia el ala del hospital. Al ser después del toque de queda, ningún estudiante estaba en el exterior, donde pudiese ser atrapado por un profesor. Preferían ir a sitios menos… frecuentados para divertirse. Como Hogwarts era un castillo, había cientos de lugares donde podían acudir que un profesor no revisaría.
—Hey, mira, un gato —, susurró Harry, sin tratar de acariciarlo; si se acercase probablemente le asustaría mortalmente.
—Esa es la Señora Norris, la gata del conserje Argus Filch —, explicó Severus.
—Genial —, dijo Harry. Fuera en las calles se había hecho bastante aficionado a los gatos… bueno, no los salvajes, esos te sacarían los ojos antes incluso de mirarte. Le gustaban los que pertenecían a otra persona o, por decirlo crudamente, los que habían huido y ahora vivían silvestres.
—¿Te gustan los gatos? —pregunto Severus, con sus labios temblando.
—Los perros y los gatos —, confesó Harry—. Ellos no son como los humanos, son leales –no pueden traicionarte–.
—Ciertamente —, estuvo de acuerdo Severus, entristecido por el hecho de que Harry no confiase en la gente, pero no sorprendido por ello. Al menos el chico tenía ahora una persona en la que podía confiar y con la que podía contar, y él se aseguraría de que eso nunca cambiase.
—¿Y a ti? —susurró Harry mientras seguían su camino en dirección al ala del hospital. Todavía había tanto que no sabía acerca de Severus. Cosas que no pensabas en preguntar a la edad de catorce o quince, a diferencia de cuando uno crecía, se convertía en adulto y tenía más interés en su pareja. En su propia pareja.
—Me da igual tanto una cosa como la otra —, admitió Severus. Mientras crecía nunca había tenido nada, y mucho menos una mascota. Ni siquiera había tenido un familiar como el resto de sus compañeros de clase en Hogwarts. Al escribir a casa había usado las lechuzas del colegio; durante sus estudios para profesor no había tenido nadie a quien escribir, así que nunca había necesitado un ave. Jamás se había planteado tener un perro o un gato.
Harry puso gesto de fastidio, diciendo algo y nada al mismo tiempo. Ahora se daba cuenta de por qué no sabía mucho acerca de Severus: el hombre nunca revelaba nada sobre sí mismo.
—Como sabes mis padres no tenían precisamente demasiados ingresos; las mascotas no sólo cuesta comprarlas, sino que necesitan comida que no podían permitirse —, añadió Severus, sintiendo las emociones de Harry.
—Sí —, dijo Harry, en voz baja. Para él había sido al contrario. Los Dursley tenían muchísimo dinero pero se negaban a gastar nada en él. Era bueno saber que estaban pagando por sus crímenes hacia él. Tras estar en prisión, no tendrían el dinero al que estaban acostumbrados; Vernon no tendría tan buen trabajo, o no tendría ninguno, cuando fuese liberado.
Severus abrió la puerta del ala del hospital; como había predicho estaba casi desierta. Ningún estudiante había resultado herido, por suerte, así que el único paciente allí era Dumbledore. Poppy sin duda estaba durmiendo en sus aposentos de la parte trasera. Sólo dos lámparas permanecían encendidas, creando un cálido resplandor naranja en dos de los muros.
—Maldita sea —, dijo Harry mientras tropezaba con una cama, frotando su rodilla como si pudiese borrar el dolor.
—Shh —, le advirtió Severus, sujetando al chico, que no estaba familiarizado con sus alrededores. Se dio cuenta que no debería haber dejado que entrase solo.
—¡Lumos! —dijo el Profesor de Pociones lanzando el conjuro; una brillante esfera emergió de su varita en vez de que sólo brillase la punta de ella. El orbe flotó sobre ellos; Dumbledore estaba dormido, sin saber aún lo que estaba ocurriendo.
—No parece que esté sufriendo —, murmuró Harry con obstinación.
—Confía en mí, lo hace —, dijo Severus con una sonrisa torcida—. Y lo hará.
—¿Y ahora qué? —susurró el chico.
—Ahora empezamos —, dijo Severus con suficiencia. Lanzando un conjuro de sedación sobre Dumbledore, le dio después una poción para calmarle aún más. Uno podía luchar contra un conjuro tranquilizante, pero las pociones no eran tan fáciles de derrotar. También sería menos probable que el anciano recordase nada, lo cual era un extra. En cuanto eso estuvo hecho, retiró el conjuro de sedación y esperó un minuto. En cuanto el tiempo hubo pasado, colocó el Veritaserum en la lengua inerte de Dumbledore.
—¿Siempre funciona? —preguntó Harry, observando todo con fascinación. Su Dominante le había dicho lo que iba a hacer… o más bien Harry se lo había sacado. Veritaserum… había avanzado bastante en sus lecciones de latín como para saber lo que Verita significaba: verdad.
—Lo hace —, le aseguró Severus.
—No parece que vaya a responder a nada —, dijo Harry, su odio agitándose ya en su corazón. Aborrecía al director más que a nadie, más incluso que a los Dursley, y eso era decir mucho.
—Las respuestas son automáticas, no puedes pensar mientras estás bajo la influencia de la poción —, le explicó Severus.
—Siempre te sale la vena de profesor —, le provocó Harry.
—Nunca quise ser uno —, admitió Severus, su labio curvándose inconscientemente ante la idea de los estudiantes, las clases y revisar deberes horriblemente escritos.
—¿Fue él? —dijo Harry con desprecio, sus ojos brillando con frialdad.
—No fue completamente decisión suya —, admitió Severus—. Pero no tuve mucha capacidad de elección en el asunto. Ahora mantente en silencio mientras le interrogo.
Harry asintió, poniéndose a un lado pero aun así manteniendo una buena panorámica de los acontecimientos. Sus manos le picaban con las ganas de usar el conjuro que había encontrado especialmente para Dumbledore.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Severus, rezando para que hubiese funcionado y para que la poción de sedación no hubiese sido demasiado potente para el debilitado cuerpo del anciano.
—Albus —, murmuró el director, sonando muy atontado.
—¿Conoces el secreto de la inmortalidad del Señor Oscuro? —preguntó Severus.
—Sí.
—¿Cuál es? —continuó preguntando.
—Tom creó Horrocruxes —, admitió Dumbledore, arrastrando sus palabras ligeramente.
—¿Cuántos? —quiso saber Severus, apenas capaz de contener su rabia.
—Supe a través de Horace que Tom preguntó acerca de ser capaz de separar el alma en siete pedazos.
—Por supuesto —, susurró Severus para sí mismo, queriendo golpearse la frente con irritación.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Harry, sus ojos verdes brillando bajo la luz.
—Siete está considerado un… número mágico, el número más mágico en nuestro mundo —, explicó Severus.
—¿Por qué? —preguntó Harry. Sólo era un número para él; tenía que admitir que estaba desconcertado.
—Tú naciste en el séptimo mes; siete años es la edad a la que los expertos creen que la magia es invocada accidentalmente por primera vez. Asistes a Hogwarts durante siete años; de hecho fue un Aritmetomante el primero que estableció las propiedades mágicas del siete. También está el hecho de que la séptima de los Weasley, una chica, demuestra el mayor potencial mágico. Si al final tiene un séptimo hijo… sería considerablemente poderoso… el séptimo hijo de un séptimo hijo —, continuó explicando Severus.
—Yo hice magia accidental antes de eso —, dijo Harry, confuso ahora.
—Pero eso no es lo mismo para todos, y nadie ha vivido lo que tú has pasado —, le dijo Severus en voz baja.
—¿Significa eso que tú no hiciste magia hasta los siete? —, preguntó Harry.
—De hecho, lancé mi primera magia accidental cuando tenía tres o cuatro, creo —, respondió Severus.
—¿Qué tiene que ver Horace con todo esto? —preguntó el Profesor de Pociones, volviéndose hacia Dumbledore y concentrándose en por qué estaban allí una vez más. Harry podía distraerle de cualquier cosa, ¡incluso leer un libro interesante!
—Era un profesor aquí mientras Tom era estudiante; fue quien le habló de los Horrocruxes —, dijo Dumbledore, con oscuridad en su voz.
—¿Lo has sabido desde que el Señor Oscuro estaba en Hogwarts? —preguntó Severus, su voz ronca por la sorpresa.
—No, sólo conseguí la información de él hace dos años —, admitió Dumbledore.
—¿Cómo? —preguntó Harry con curiosidad.
—Usé Legeremancia en él, después le Oblivié —, confesó Dumbledore.
—Eso no me sorprende —, dijo Harry con desprecio, furioso por lo que estaba descubriendo.
—¿Alguno de los Horrocruxes ha sido destruido? —preguntó Severus, cerrando los ojos y pellizcándose el puente de la nariz exasperado.
—Sí —, respondió Dumbledore.
—¿Cuántos? —preguntó Severus.
—Tres.
—¿Qué son y dónde estaban? —quiso saber el Profesor.
—El Anillo Gaunt de la abandonada choza Gaunt. El medallón Slytherin de Grimmauld's Place. La diadema Ravenclaw que encontré en Hogwarts. Sospecho que debe haber colocado uno también en Nagini, pero no he sido capaz de acercarme a la serpiente.
—Eso no son siete —, objetó Harry.
—Lo que significa que no los tiene todos —, dijo Severus—. Todavía hay dos más ahí fuera.
—¿No querrás decir tres?— preguntó Harry.
—No cuando incluyes la parte dentro del Señor Oscuro —, dijo Severus.
—No, me refiero a la serpiente —, dijo Harry—. Él sólo destruyó tres, lo cual significa que hay tres más ahí fuera.
—El diario ha sido destruido, sólo quedan dos —, replicó Severus.
—Oh —, dijo Harry tímidamente, por supuesto—. ¿Por qué no lo mencionó, entonces? Seguramente así fue como se enteró de su existencia.
—A no ser que no supiese que el diario era uno, y sólo lo adivinase más tarde —, respondió Snape—. Al menos si tiene razón acerca de Nagini, sólo hay uno en paradero desconocido.
—¿Por qué Hogwarts? —susurró Harry, tan suavemente que Dumbledore no le oyó.
—De hecho, es una maniobra ingeniosa; nadie llegaría a sospechar que Hogwarts ocultase un artefacto tan oscuro… además del hecho del que el sitio es tan enorme, es como buscar una aguja en un pajar —, dijo Severus.
—Cierto —, admitió Harry.
—¿Sabe alguien más acerca de los Horrocruxes? —preguntó Severus.
—No —, confesó Dumbledore.
—Adelante —, dijo Severus, haciendo una seña a Harry para que hiciese lo que quería. Él había acabado con el viejo tonto. Estaba asqueado hasta la médula de descubrir que Dumbledore había guardado aquel secreto para él; debería habérselo dicho a alguien. Si él hubiese muerto, la información habría muerto con él, permitiendo al Señor Oscuro continuar regresando y aterrorizando al mundo hasta que no quedasen más que cenizas y destrucción.
La sonrisa sádicamente alegre de Harry hizo estremecerse a Severus, no de miedo sino de placer. Tenía a alguien tan oscuro como él mismo, pero que jamás se volvería como el Señor Oscuro. Él creía el dicho de que no había ni bien ni mal, sólo lo que elegías hacer con tu magia. Él era un mago gris; al menos le gustaba pensar en sí mismo de esa forma. Usaba magia; magia luminosa y magia más oscura, todo estaba en el propósito. Él no tenía principios cuando se trataba de magia, igual que con otras cosas.
—Pestis Signum —, maldijo Harry en pársel, imaginando a una serpiente con tanta convicción como fue posible. El conjuro golpeó el cuerpo inerte de Dumbledore, provocando que tuviese un espasmo cuando hizo contacto con él.
—¿Qué hechizo usaste? —preguntó Severus, mordiéndose la lengua mientras sentía sus reacciones ante la voz de su sumiso. Había algo seductor, endemoniadamente sexy, al escuchar a Harry hablar en ese idioma. No era tenebroso, impuro y sucio como el Señor Oscuro.
—¿Te ha gustado eso? —siseó Harry, observando a Severus con malicia en sus ojos. Oh, iba a disfrutar usando ese idioma. Iba a volver a su Dominante loco de deseo por él.
—Aquí no —, le advirtió Severus, reajustando su ropa y recobrando el control de sí mismo.
Harry hizo un mohín, su regocijo todavía evidente mientras respondía en inglés—. Usé Pestis Signum.
—Ah —, dijo Severus, asintiendo con aprobación—. Vámonos antes de que nos vean.
Mientras partían no vieron a Dumbledore comenzando a quejarse y agarrarse el estómago en agonía… uno de los primeros síntomas estaba comenzando a hacer su aparición.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de hoy?
Sé que hemos tardado en publicar más de lo habitual, pero como muchos sabréis la web de SH está teniendo problemas de seguridad.
En su momento, pensando que la actualización sólo se retrasaría un par de días, decidimos posponer la publicación en ambas webs. No nos parecía justo que los lectores de SH se quedasen si actualización.
Pero viendo que el problema persiste y que se está alargando más de lo esperado. Hemos decidido que hoy actualizaríamos en esta plataforma.
En SH lo haremos en cuanto nos digan que la web vuelve a ser segura (lo sentimos mucho, pero no podemos arriesgar los ordenadores).
¡Muchísimas gracias por vuestra paciencia! Sentimos las molestias que os hemos podido ocasionar.
Nos vemos en unos días.
Cuidaros mucho.
Traducciones. A ver qué sale.
