Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 37

Pomfrey y Dumbledore


Poppy Pombrey se despertó con un irritante zumbido en su oído; últimamente no había podido conciliar el sueño con facilidad. Se dio una palmada en la oreja, como si intentase ahuyentar una abeja invisible. Mientras recobraba más y más la consciencia, se dio cuenta de que el zumbido no era parte de su sueño o una abeja, sino del conjuro que tenía lanzado sobre alguien en el ala del hospital. Sus signos vitales se habían desplomado y se necesitaba su ayuda; cogiendo su bata de dormir blanca, se la echó por encima mientras se dirigía con rapidez hacia el pabellón médico. Primero, sin embargo, cerró a cal y canto la puerta de sus aposentos, a pesar del hecho de que cualquiera tendría que cruzarse con ella en el hospital para llegar a sus habitaciones.

Acercándose a la cama, apartó las cortinas a un lado para llegar hasta Albus, preocupada por sus quejidos. Había estado bien antes; había terminado con lo peor de su fase de abstinencia, aunque todavía no podía comer mucho. Aun así, las pociones que ella le daba le mantenían sano proporcionándole las vitaminas y minerales que su cuerpo necesitaba. Por su puesto no podían ser usadas durante mucho tiempo; tendrían que descubrir qué era lo que le pasaba. Aquello superaba sus habilidades, necesitaría un sanador de San Mungo para identificar adecuadamente qué mal le aquejaba. Más específicamente, del departamento gástrico; Andrea sabría con quién necesitaba contactar.

Presionando su mano contra la cabeza del Director, se dio cuenta de que su fiebre había subido exponencialmente en sólo unas cuantas horas. Debía haber enfermado de algo, lo cual no debería haber ocurrido a no ser que lo hubiese pillado de alguien que le hubiese visitado. Meneando su cabeza con irritación, caminó hasta su armario de pociones, agitando su varita para retirar las protecciones de él. Siempre se aseguraba de cerrar y proteger la puerta; no permitiría que los estudiantes se automedicasen. No sólo era peligroso tomar pociones basándose en un auto-diagnóstico, ella necesitaba asegurarse que los alumnos recibiesen la ayuda que necesitaban.

Sacando algunos frascos, cerró la puerta y echó la llave de nuevo, antes de regresar junto a Dumbledore. No estaba despierto, así que al menos su sufrimiento era mínimo, pero con unas pocas pociones su fiebre desaparecería. Las conjuró en su interior como siempre hacía. Por alguna extraña razón, Albus había seguido escupiendo cada preparado que ella intentaba hacer que tomase, insistiendo en que no podía lograr tragarlos. Lo mismo ocurría con toda la comida, lo cual la había alertado de la existencia de un problema más profundo. Nada acerca de aquello tenía sentido para la mujer; no era un conjuro, o al menos nada que apareciese en su chequeo en cualquier caso. Los síntomas la llevaron a creer que era algún tipo de hechizo, pero los resultados de todos sus análisis refutaron su teoría, lo cual la había puesto furiosa. Jamás había estado tan confusa en toda su vida. Todavía estaba esperando que Andrea, la enfermera jefe en San Mungo, le devolviese la llamada por la red Flu. Ahora estaban extremadamente ocupados, así que no confiaba en tener ninguna respuesta durante algunos días más al menos. Podía haber dicho que era por Albus Dumbledore, pero decidió no hacerlo. El anciano se merecía sufrir, después de lo que le había hecho a Harry.

Inmediatamente después de darle las pociones comenzó a ver una diferencia en Albus; dejó de gemir y su fiebre se redujo significativamente. Se elevó vapor de su cuerpo; esperó pacientemente a que se disipase, y después lanzó un conjuro de limpieza sobre su camisón. En cuanto quedó convencida de que estaría bien para lo que quedaba de noche, le dejó a solas, cerrando la cortina de nuevo y regresando a sus aposentos, exhausta. Deslizándose bajo sus sábanas, se sintió extremadamente aliviada de estar de vuelta en la calidez de su cama. Hacía frío ahí fuera, especialmente de noche.



Poppy gimió mientras el zumbido en su oído la despertaba una vez más. Buscando a ciegas su reloj de bolsillo, finalmente lo agarró y comprobó la hora; el reloj se iluminó permitiéndole ver las agujas –la magia era verdaderamente una cosa maravillosa–. Vio que sólo habían pasado tres horas desde que había vuelto a la cama tras ver a Dumbledore. La medicación para bajarle la fiebre debería haber durado mucho más que eso. Ahora eran las seis de la mañana, no tenía sentido volverse a dormir.

Abriendo la puerta de su armario, cogió una camiseta y unos pantalones, y comenzó a vestirse. En cuanto terminó, se puso su uniforme, más por costumbre que por otra cosa. Cepillando sus largos mechones grises, enroscó su pelo en su moño perpetuo. Suspirando, se dio cuenta de que probablemente éste iba a ser un largo día; se sintió tentada de tomar una poción para dormir sin sueños y pasar en la cama doce horas seguidas. Oh, qué pedacito de cielo sería aquello; desafortunadamente, no estaba en su carácter hacer algo así.

Dejando una vez más la calidez de sus habitaciones, caminó por el pasillo y entró en el ala del hospital a través de una puerta que sólo ella usaba. Alarmada, se acercó a la cama del Director al escuchar violentas toses detrás de sus cortinas. Sonaba como si tuviese una infección en el pecho, o neumonía. Abriendo las cortinas, la visión que la recibió fue aún peor: estaba tosiendo sangre, lo cual nunca era un buen síntoma. Cambiando a su modo de enfermera, inmediatamente comenzó a revisarle para ver exactamente qué estaba ocurriendo. Conjuró un trapo mojado y limpió la sangre, y algo del sudor acumulado en su frente, y le hizo otro chequeo.

Con el análisis completo, parpadeó con rapidez ante los resultados; si no supiese que era imposible, habría dicho que tenía todos los síntomas de la peste. Apartándose de él inquieta, inmediatamente conjuró hechizos desinfectantes y limpiadores en ella, como si pudiesen ayudarla. Si era la peste neumónica, entonces ya estaba infectada. Todo aquel que se acercase a él estaba infectado, ya que se propagaba a través de la respiración en partículas transmitidas por el aire.

Agitando su varita cerró y selló las puertas del ala del hospital, impidiendo la entrada a cualquiera. Yendo apresuradamente a su despacho, cogió un puñado de polvos Flu y llamó al despacho del director. Introduciendo su cabeza, se sintió aliviada al ver que Minerva estaba despierta y en la habitación.

—Minerva, ¿has visitado a Albus recientemente? —quiso saber Poppy con urgencia.

—No, no he bajado. ¿Estás bien, Poppy? —preguntó Minerva, sintiendo que algo iba mal. ¿Había abandonado Dumbledore el ala del hospital? Si lo había hecho, tenía que avisar a Severus lo antes posible.

—Albus ha desarrollado los síntomas de la plaga neumónica; necesito que Severus prepare la poción curativa antes de que sea demasiado tarde para él —, explicó Poppy, extremadamente agotada.

—Poppy, no creo que tengas que preocuparte —, dijo Minerva, sus labios apretados con tanta fuerza que habían desaparecido completamente.

—¿No has escuchado lo que acabo de decir? —preguntó Poppy en voz alta, tremendamente confusa.

—Poppy, me temo que Albus ha sido víctima de una… broma —, dijo Minerva, apenas capaz de contener la risa.

—¿Perdón? —preguntó Poppy mirando fijamente a Minerva y solicitando una explicación.

—Harry —, fue todo lo que la subdirectora tenía para ofrecer.

Poppy se desinfló—. Por supuesto —, dijo ella, suspirando con tristeza. Ni siquiera podía lograr cabrearse con Harry o siquiera con Severus por sus acciones.

—Es sólo una broma; no es contagioso y seguramente no amenaza su vida, al menos no lo creo —, explicó Minerva, aunque no le sorprendería nada tratándose de Harry.

—Querido Merlín, ¿qué se supone que tengo que hacer? ¡Él exhibe todos los síntomas! —exclamó Poppy frustrada, y entonces se dio cuenta: el chequeo había mostrado los síntomas, pero no el problema… y tampoco que se hubiese lanzado ningún conjuro sobre él. El hecho de que Dumbledore no hubiese estado comiendo tenía mucho más sentido ahora—. ¿Tiene también algo que ver con el hecho de que Dumbledore no coma? —añadió con resignación.

Los labios de Minerva temblaron de regocijo a modo de respuesta.

—No lo entiendo, si es debido a bromas, ¿por qué no soy capaz de detenerlas? —preguntó Poppy, nerviosa y sintiéndose bastante incompetente en esos momentos. Después de todo, Harry había estado en el mundo muggle toda su vida, sin conocer jamás el mundo mágico. Ella, por otro lado, había conocido la magia toda su vida. Y ahora llegaba un chico, capaz de lanzar con éxito conjuros que ella no podía deshacer; aquello haría que cualquiera se sintiese incapaz e inútil.

—Eso, yo tampoco puedo entenderlo —, admitió Minerva—. Tú deberías haber sido capaz de encargarte del chico; incluso mi propio conjuro no pudo detenerlo —. Y ella no era una inútil en lo que se refería a la magia, cualquiera contra el que ella se hubiese enfrentado podía decírtelo. Por ese motivo era miembro de la Orden; la Orden del Fénix estaba compuesta de magos y brujas bastante formidables y poderosos. Bueno, la mayoría de ellos; desafortunadamente Mundungus Fletcher no estaba incluido en esa categoría, pero por otra parte, él era sobre todo un informante de Dumbledore.

—¿Lo preguntaste? —, quiso saber Poppy.

—Lo hice, pero no recibí la respuesta que quería. Severus me contó cómo Harry deseaba vengarse de Dumbledore. Las bromas que le está haciendo, si las podemos llamar de esta forma, dejan a Albus famélico, frágil y obviamente indefenso. Todo lo que él hizo recaer sobre Harry cuando era un niño —, explicó Minerva, sin sentir ya el impulso de reír mientras pensaba sobre ello.

—Ya veo —, dijo Poppy, con aspecto abatido. Recordaba los resultados del chequeo que le había hecho a Harry y tuvo que estar de acuerdo con la profesora.

—Poppy, Albus no estará aquí mucho más —, confesó Minerva.

—¿A qué te refieres? —, preguntó Poppy.

—Será arrestado por el Ministerio. No tengo la fecha exacta, pero no creo que se alargue demasiado —, le dijo Minerva—. Nadie puede saber sobre esto, estoy seguro de que lo entiendes.

—Lo entiendo —, dijo Poppy—. ¿Pero cuáles son los cargos?

—Lo descubrirás pronto —, dijo Minerva sin querer meterse en esa discusión.

Tenía que ser malo si Minerva no deseaba hablar de ello, de eso se daba cuenta—. Te dejaré eso a ti, yo debo volver con el Director —, respondió Poppy cuando fue obvio que la conversación estaba terminando. Además ella estaba de rodillas; era una mujer mayor, ya no era tan fácil como antes.

—Te veré en el desayuno —, dijo Minerva—. Estate allí, necesitas mantenerte en forma. No haría ningún bien si tú también acabas enferma —. Poppy se había perdido el desayuno y el almuerzo el día anterior, Minerva se había dado cuenta, y aquello no era bueno.

—Por supuesto —, dijo Poppy, más por cortesía que por otra cosa.

—Lo digo en serio, Poppy —, le advirtió Minerva—. No queremos que otra sanadora venga a hacerse cargo de este embrollo.

—Muy bien —, concedió Poppy, derrotada.

—Bien, me alegro de oírlo —, dijo Minerva, observándola mientras la sanadora terminaba la llamada por la red Flu.



Severus se despertó y apagó su alarma; estaba tan acostumbrado a levantarse a esa hora que ya no la necesitaba. Aun así continuaba poniéndola sin pensar en ello, sólo por si acaso; nunca llegaba tarde a nada y no quería empezar ahora. Mirando a su sumiso, sus labios temblaron tan sólo con recordar la noche anterior. Harry era definitivamente el compañero de cama más entusiasta que había tenido jamás, y muy impaciente también. Le había agotado del todo; sin duda el chico dormiría hoy. Saliendo de las cálidas sábanas, se aseguró de no molestar a Harry mientras él se estremecía en el aire frío. Cogiendo su ropa y su túnica salió de la habitación, cerrando la puerta lentamente para que no rechinase.

Se quedó en silencio, inmóvil como una estatua y miró hacia abajo a su antebrazo izquierdo, totalmente cautivado por la pálida, limpia piel que allí había. Apenas podía creer que la Marca Tenebrosa se hubiese ido. El horrible error que había cometido como adolescente había sido eliminado, y por un joven con escasa experiencia mágica. Harry no parecía comprender lo que era y no era posible; incluso Dumbledore había estudiado el asunto pero había sido incapaz de encontrar una solución. Por otra parte, conociendo al anciano, probablemente no se había esforzado demasiado intentándolo. No se podía decir lo mismo de él mismo; lo había probado todo, pociones, conjuros, y no había siquiera inventado uno que al menos cambiase la Marca. Por supuesto había sido un esfuerzo inútil. Se preguntó qué había hecho Harry, o qué había dicho en pársel para hacer que desapareciese. Él había estado demasiado eufórico y… excitado la noche anterior como para preguntar, y no iba a arruinar la diversión sacando el tema.

Estaba tentado, muy tentado, de ir al Gran Comedor sin nada más que una camiseta; era una pena que aquello fuese a arruinar su reputación. Aunque se podría subir las mangas… no, no podía hacer eso, atraería una atención injustificada hacia él, especialmente del Señor Oscuro. Si es que no lo sabía ya; ¿quién podía saber qué tipo de reacción había tenido lugar? Bien, podía soñarlo, por supuesto.

Estremeciéndose de nuevo, se vistió con rapidez, no queriendo caer enfermo. Agitando su varita encendió el fuego para calentar el lugar. Aquello le serviría a Harry, sin embargo, ya que él estaría en el Gran Comedor para desayunar. Ya que Harry estaba durmiendo, comería adecuadamente allí, de hecho. Estaba hambriento; no cabía duda de que el chico también lo estaría. No era de extrañar, con sus actividades de la noche pasada.

—¿Grace? —llamó Severus, manteniendo un tono bajo.

—¿Sí, señor? —preguntó Grace mientras aparecía, hablando en un susurro como su Amo.

—Haz el desayuno para Harry cuando se levante. Hazle saber que los gemelos vendrán a la una en punto; si lo desea puede unirse a mí, pero debe ir a su lugar habitual —, dijo Severus.

—Por supuesto, señor —, dijo Grace, asintiendo con entusiasmo.

—Bien —, dijo Severus. Después de aquello dejó sus aposentos. Sintiendo las protecciones alzándose de nuevo, se encaminó hacia el Gran Comedor. Había decidido comer allí por una vez, preguntándose si Harry podría unirse a él en aquel lugar pronto. Como siempre, los estudiantes acallaron sus voces al verle, pero continuaron hablando cuando él tomó asiento.

—Poppy me ha llamado esta mañana —, dijo Minerva, mirando a Severus.

—Ya veo —, dijo el Profesor de Pociones, frunciendo los labios.

—¿Cómo lo está haciendo, Severus? —preguntó Minerva. Aquello había estado irritándola desde que Poppy había hablado con ella antes. Simplemente no podía llegar a entenderlo; sus conjuros deberían haberlo cancelado. Por otra parte, los de Poppy también deberían haberlo hecho; era desconcertante, y no le gustaba tener esa sensación.

Severus sólo rió entre dientes, sin prisa por descubrir los talentos de Harry.

—¡Severus! —se quejó la profesora, exasperada.

En ese momento el comedor se quedó ominosamente silencioso mientras los estudiantes más cercanos a las puertas estiraban sus cuellos para ver qué estaba pasando. Algunos un poco más lejos incluso se pusieron de rodillas en sus asientos, y otros tuvieron las agallas de incorporarse. Todo el profesorado alzó la vista con curiosidad; preguntándose qué había acallado a los niños. Entonces ellos mismos se quedaron en silencio.



Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Cómo habéis pasado la semana?

Sí, ya sé que el capítulo de hoy se corta en la mejor parte (cosa de la autora que tiene ganas de dejarnos con la miel en los labios una vez más XD) ¿quién pensáis que ha entrado en el Gran Comedor?

¡Muchísimas gracias a: Ryogana, Reno Alvarez, Christine C, GalaxInfinity, AngieSCullen, Fran Ktrin Black, liz .hattu79 y Sara por vuestros comentarios!

Nos vemos en unos días :D

¡Cuidaros mucho!

Traducciones. A ver qué sale.