Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 38
El Final de Dumbledore, ¿o Es Éste el Principio del Fin?
Minerva miró alrededor, observando las reacciones de todos. Sólo Severus, Poppy y ella no estaban sorprendidos por la presencia de los Aurores. Aunque tenía que admitir que estaba intimidada por la cantidad de ellos que Cornelius había reunido allí para arrestar a Dumbledore. –Contó al menos diecisiete Aurores– de alto rango además, un Inefable y, si estaba en lo cierto, incluso Magos de Choque. Mientras se acercaban a la mesa de los profesores Minerva vio la diferencia entre sus túnicas y sus sospechas quedaron confirmadas. Se puso en pie; era su responsabilidad, ya que por ahora estaba actuando como Directora en ausencia de Dumbledore.
—¿Dónde está Albus Dumbledore? —quiso saber Cornelius, con aspecto alterado. O más que alterado, ya que había estado recorriendo el pasillo arriba y abajo desde el momento en que se había hecho evidente que el mago no estaba presente.
—¿Quizá debamos continuar esto en mi despacho? —sugirió Minerva—. Si me permite un momento para dirigirme a los estudiantes.
—Muy bien —, accedió Cornelius. La única razón por la que no la estaba acusando de ponerse del lado de Albus y ayudarle en su huida era por el hecho de que ella había sacado a la luz las pruebas que le incriminaban. En pocas palabras, sin su colaboración aquella acción no estaría teniendo lugar. Sin embargo, sin que Minerva lo supiese, los Inefables habían tenido sospechas acerca de Dumbledore durante años, simplemente no habían encontrado ninguna prueba tangible. Éste era su boleto ganador, y que les colgasen si no actuaban antes de que algo se estropease. Él sabía que Albus tenía conexiones con todos los círculos del mundo mágico, aunque estaba seguro de que no todas ellas de forma voluntaria, más bien personas que estaban en deuda con él de alguna manera.
—Estudiantes, debido a circunstancias imprevistas, las clases se cancelan hoy. Ahora, ya que habrá visitantes en el castillo, quiero que todos representen a Hogwarts con dignidad y orgullo —, dijo Minerva, con sus ojos yendo de estudiante a estudiante, deteniéndose principalmente en aquellos que sabía que darían problemas—. Cualquiera al que se encuentre no haciendo lo que se le dice recibirá no sólo un castigo, sino la pérdida de doscientos puntos de su casa.
Los estudiantes se quedaron boquiabiertos al unísono, pero no pensaron ni por un instante que estaba bromeando. La reputación de honestidad de Minerva McGonagall era bien conocida y temida. Era severa pero imparcial, nunca decía nada que no fuese en serio, y no toleraba en absoluto los prejuicios. En un determinado momento había pensado que eran inofensivos, entonces después de ver lo que le había ocurrido a Severus, se había dado cuenta de que no era así en absoluto. Por otra parte, no había pillado a los culpables in fraganti, sólo había escuchado a los estudiantes susurrando acerca de ello. No, no fue hasta aquel horrible año cuando comprendió lo que había hecho al no ponerle fin. Uno de los suyos casi había matado a otro estudiante, un chico que a ella siempre le había gustado, ya que trabajaba duro en todas sus clases. También estaba el hecho de que él le recordaba a ella a su edad; siempre había preferido estudiar antes que hacer amistades. Irónicamente después se convertirían en colegas y amigos. Hablando de Severus, se volvió hacia el estoico hombre, viendo lo nervioso que estaba cerca de los Aurores, si es que la manera en la que sus ojos revoloteaban de mago a mago era una señal… de hecho, la única señal de ello. Por supuesto en sus tiempos él había sido arrestado por ellos, y no había forma de que hubiesen podido llevarlo a cabo silenciosamente.
—Creo quizá que deberías llevar a Harry abajo al ala del Hospital para que revierta el daño hecho, ¿no te parece? —le susurró al oído—. Les llevaré al despacho del Director; reúnete con nosotros arriba si lo deseas.
Severus asintió secamente antes de desaparecer a través de la entrada de profesores.
Cornelius observó al hombre que salía con una mirada especulativa en sus ojos; ¿conocería a Harry Potter hoy? No podía evitar preguntárselo. Girándose para encararse con Minerva, esperó pacientemente a que ella se ocupase de todo lo que tuviese que concluir allí.
—Filius, ¿llevarías a los niños a sus Salas Comunes, para el resto de la mañana, cuando termines de desayunar? —preguntó Minerva, volviéndose hacia el mago medio duende. Ella había tenido el cuidado de pedirlo en vez de ordenarlo, al contrario de como a Dumbledore le gustaba hacer. Siempre estaba tan seguro de que nadie se negaría que ya nunca se planteaba siquiera preguntar.
—Por supuesto —, dijo Filius, mirando a todo el mundo con curiosidad, preguntándose qué estaba ocurriendo.
—Gracias —, dijo Minerva—. ¿Vamos, caballeros? —dijo ella entonces, haciendo una seña en dirección a las puertas.
Cornelius meneó su cabeza y los Aurores, Inefables y por supuesto los Magos de Choque salieron en tropel del Gran Comedor, dejando a los estudiantes que se relajasen y disfrutasen de lo que quedaba de su desayuno. Y, por supuesto, que cotilleasen acerca de qué podía significar aquello y qué estaba ocurriendo. ¿Detrás de quién iban? Y los profesores no hicieron nada para acallar el cuchicheo, ya que era algo sobre lo que ellos también estaban cavilando.
—No necesitará toda esa gente para hacer el arresto, Ministro Fudge; puede confiar en mí sobre eso. Dos serán más que suficientes —, dijo Minerva mientras cerraba las puertas del Gran Comedor tras ella, sin decir ningún nombre por si alguien estaba escuchando.
Cornelius miró a la mujer de forma inexpresiva, preguntándose qué sabía ella que él no—. Muy bien; Scrimgeour, Williamson, quédense aquí; el resto regresen al Ministerio —, ladró el ministro para que el enorme grupo pudiese oírle. Nadie protestó, sólo se marcharon. Minerva observó a Shacklebolt entre la gente. Le hizo una seña con la cabeza, haciendo que asumiese que el Director estaba a salvo. Sus hombros se relajaron un poco, lo que llevó a Minerva a pensar que se había tragado su mentira. Ciertamente no estaría contento cuando lo descubriese. Por otra parte, que te amenazasen con expulsarte de un trabajo que amabas asustaría a cualquiera.
El viaje hasta el despacho del Director fue en completo silencio; Minerva se tomó su tiempo caminando hasta allí para darles a Severus y Harry el margen necesario para que revirtiesen los conjuros en Dumbledore. No podían arriesgarse a que tuviesen que llevarle a San Mungo; retrasaría cualquier juicio que el Ministerio hubiese planeado.
—¿Puedo ofrecerle algo de beber? —preguntó Minerva mientras cerraba la puerta del despacho y tomaba asiento.
—Un café, con su permiso —, dijo Cornelius; había estado quedándose despierto hasta tarde estos últimos días para asegurarse que todo se hacía de forma adecuada. Por lo general simplemente habría confiado en los Aurores, pero no esta vez. Había comprobado todo dos veces y lo había certificado. Nadie más que él o Madam Bones tenía acceso a todas las pruebas para el juicio de Dumbledore, nadie podría manipularlas. No era estúpido; sabía que el anciano probablemente tenía hombres en todos los departamentos de su Ministerio.
—¿Caballeros? —inquirió Minerva a los dos Aurores.
—Té, por favor —, respondieron ambos al unísono.
—¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde está él? —quiso saber Cornelius, perdiendo la paciencia, mientras Minerva invocaba la bandeja del té y una taza de café de las cocinas. Le ignoró por el momento, mientras las repartía entre los cuatro. El café fue a parar al Ministro, todos los demás habían preferido el té.
—Asumí las funciones de directora hace una semana —, respondió Minerva—. El Director fue internado en el ala del Hospital y ha estado pasando por el síndrome de abstinencia. Había estado tomando demasiada poción calmante, todos le advertimos sobre ello.
Cornelius parpadeó; si no hubiese sabido que ella había entregado las pruebas, habría asumido que estaba preocupada por el viejo mago. Parecía que estaba fingiendo, muy bien, dos podían jugar a ese juego—. Por supuesto, por supuesto, ¿confío en que está recuperado? —preguntó Fudge, bebiendo un poco de café.
—Naturalmente —, dijo Minerva, sus labios frunciéndose tras su taza.
—¿Lo bastante como para dejar Hogwarts sin requerir asistencia médica? —preguntó Fudge, sin máscara ya; si no era así, simplemente se marcharía y regresaría más tarde. Preferiblemente cuando Dumbledore estuviese en perfecto estado de salud para que nada pudiese ser usado para poner en peligro el caso. Aunque muchos Aurores lo sabían ahora; lo cual se traduciría en que el Director sería informado antes de que acabase la noche.
—Estoy segura de que ese es el caso; si no es así, Poppy Pomfrey le informará de lo contrario —, dijo Minerva, finalmente capaz de bajar su taza sin delatar su regocijo—. ¿Asumo que la fecha de su juicio ha sido fijada? —El tintineo de la taza en el platillo fue el único ruido en la habitación. Los retratos estaban inmóviles y silenciosos, pero observando con atención la conversación, sin querer perderse siquiera una sola palabra de ella. No ocurría todos los días que un apreciado Director de Hogwarts fuese arrestado, después de todo.
—Lo ha sido —, confirmó Fudge.
—¿Se me permite saber cuándo? —preguntó Minerva.
—Dentro de dos días; tuve éxito posponiendo algunos otros juicios —, dijo Fudge con aire petulante. Y no había sido fácil, especialmente dejando el nombre en blanco a propósito. Después de hoy ya no estaría en blanco, sin embargo; si tenía a Dumbledore en las celdas de detención, su nombre sería colocado donde pertenecía.
—¿Bajamos a hablar con Poppy? —preguntó Minerva, echando una mirada al reloj.
—Sí —, asintió Fudge inmediatamente, colocando la taza de café a medio beber sobre la mesa, ansioso por llegar a su verdadero propósito allí. En cuanto aquel juicio hubiese terminado y Dumbledore estuviese en Azkaban, dormiría tanto como fuese humanamente posible. Los Aurores le imitaron, pero sus tazas estaban vacías, y permanecieron un paso tras él mientras dejaban el despacho.
Minerva se aseguró de demorarse una vez más, confiando en que hubiese habido tiempo suficiente para que Harry deshiciese el daño. Sinceramente no había esperado que la delegación del Ministerio llegase hasta dentro de unos días, una semana a lo sumo. Abriendo la puerta del ala del Hospital, sólo vio a Poppy realizando un chequeo así que asumió que ellos habían estado allí y se habían marchado. Al entrar, sin embargo, descubrió que estaban todavía en la sala. Parecía que Harry era de los que mantenían su palabra. Quería que Dumbledore supiese que estaba allí, y que lo había estado todo el tiempo. Si ella no hubiese visto ya su lado Slytherin, habría sabido ahora en qué casa encajaba mejor.
—Poppy, ¿cómo se encuentra? —, preguntó Minerva, acercándose a la Sanadora.
—Está en perfecto estado de salud —, dijo Poppy—. Simplemente asegúrense de darle comidas abundantes antes de su juicio, no ha retenido demasiado últimamente —. Ella le había dado algunas pociones justo antes de que entrasen; le verían sintiéndose bien y consciente de lo que estaba ocurriendo.
Severus estaba impresionado, no había nada en Poppy que indicase que estaba mintiendo. Dumbledore esta de cualquier forma menos en perfecto estado. Había permanecido famélico durante las dos últimas semanas; desafortunadamente no había llegado a sufrir los síntomas más graves de la peste. Harry ciertamente no estaba impresionado por tener que retirar los conjuros; había estado enfurruñado durante todo el camino hasta allí y seguía irritado incluso ahora.
—Informaré a los elfos domésticos —, dijo Fudge. Hizo una seña a Scrimgeour y Williamson para que le arrestasen, lo cual hicieron. Fudge estaba muy decepcionado con la forma en la que había tenido lugar; sería el Auror que había en él. Se había enzarzado en muchas batallas para detener a Magos Oscuros en sus tiempos. Había esperado algo más de lucha, Dumbledore era, después de todo, el mago más poderoso de su tiempo. Era por ese motivo que había estado tan deseoso de tener a mano a tantos Aurores como fuese posible, así como Inefables y Magos de Choque, en caso de que la situación diese un giro hacia lo peor.
—¿Cornelius? —murmuró Dumbledore, viendo al mago al despertar; no podía recordar nada salvo agonía y hambre. No estaba seguro de cuántos días habían pasado, pero él los sentía como años. Sin embargo Albus sabía que aquello no era lógico.
—Albus Dumbledore, está bajo arresto por el uso de una poción ilegal, por rastrear de forma ilegal la magia de Harry Potter, y lo peor de todo, por traición, sacando el fichero de Harry Potter del Ministerio de Magia. Por no mencionar abuso de menores, abandono, negligencia y coacción —, anunció Cornelius sombríamente.
—¿Perdón? —balbuceó Dumbledore, escuchando sólo la mitad de lo que estaba diciendo, pero incapaz de creerlo a pesar de todo. Ellos no podían tener ninguna prueba, pero la acusación por sí sola era suficiente para hacerle entrar en pánico.
—Ya les has oído, eres de todo menos sordo, anciano —, se mofó Harry, sus ojos verdes fríos como el hielo y brillando con satisfacción. Había pasado su infancia aterrorizado por aquel hombre; asustado de que pudiese localizarle y enviarle de vuelta con los Dursley. No podía comprender mejor que Severus por qué era capaz de recordarlo con tanta claridad. No cambiaba nada que pudiese hacerlo. Quizá había sido algo bueno, de otra forma podía haber confiado en el viejo tonto, y haber acabado como una estúpida marioneta. No podía decir qué habría hecho, las especulaciones y los peros no tenían lugar en su vida. Bueno, quizá durante un año, cuando había dejado a Severus, pero aquello ya no importaba.
—¡Harry! —exclamó Albus, con aspecto aliviado; las pociones deberían estar activas a estas alturas. No importaba lo que nadie más estuviese diciéndole que dijese, la poción funcionaba directamente con él. Harry le defendería mucho después de que él falleciese—. Por favor, hazles saber que no tuve nada que ver con los abusos, y que no sabía acerca de ello.
Harry siseó como un gato, listo para saltar sobre el viejo estúpido y pulverizarlo. Fue una respuesta arraigada y automática, una adquirida en las calles. Desafortunadamente, Severus estaba preparado para ella, y agarró el brazo de Harry con firmeza, impidiéndole que atacase a Dumbledore. No le sujetó con tanta fuerza como para dejarle una magulladura, el chico había recibido demasiadas a lo largo de los años como para llenar toda una vida.
—Señor Potter, dígales la verdad —, dijo Albus de forma imperiosa, instando a la magia a forzar a Harry a hacer sus deseos. Llorando, el director cayó de rodillas, jadeando agónicamente. De algún modo, de alguna manera, Harry era capaz de protegerse de su poder. No debería ser posible; –no era posible– el chico no sabía nada acerca de la magia.
—Será mejor que le saquen de aquí, de otra forma tendréis que enterrarle y arrestarme a mí por asesinato —, gruñó Severus, su propia magia desatándose con ira pero no tanto como para herir a nadie. Había sido su magia la que había detenido la de Dumbledore, no es que hubiera llegado a funcionar complemente ya que Harry no tenía la poción en su interior. Era la intención lo que le enfurecía más allá de toda razón. Ahora tenía la prueba que había estado buscando: Dumbledore había usado aquella poción con Harry. O al menos lo había intentado; gracias a Merlín Harry había desconfiado del viejo tonto. De otra forma, como le había dicho a Minerva, le habrían perdido para siempre.
—Cornelius, todo esto es un error; si vamos a los tribunales, no tendré otra opción más que asegurarme de que te despidan —, amenazó Dumbledore.
—Sacadle de aquí —, dijo Fudge, también irritado con el anciano—. Minerva McGonagall, por la presente te concedo plenos poderes como Directora de Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería —. Normalmente el Ministerio no interfería con el colegio, pero tenían el poder de hacerlo si era necesario.
—Que así sea —, respondió Minerva, aceptando todas las responsabilidades que venían con el título. Ahora tenía veinticuatro horas para elegir un subdirector; tenía la sensación de que su primera opción no aceptaría el puesto.
—Lamentaréis esto; ¡Voldemort atacará la escuela! ¡Soy el único al que teme! ¡Las muertes de todos los estudiantes recaerán sobre vuestras cabezas! —vociferó Dumbledore mientras era arrastrado fuera del ala del Hospital por Scrimgeour y Williamson. No es que fuese difícil; su cuerpo todavía estaba débil por todo lo que le había pasado. Maldición, desearía que hubiesen sido Tonks y Shacklebolt los que hubiesen ido a arrestarle, entonces habría sido capaz de liberarse. Desafortunadamente, Scrimgeour y el otro Auror no le conocían y no estaban en su nómina.
—Se ha ido —, dijo Harry, mirando hacia la puerta del Hospital. Realmente le habían arrestado. Era algo difícil de creer, incluso más que el hecho de que el mundo mágico hubiese querido convertir a los Dursley en vegetales por hacerle daño. Quizá había entendido el mundo totalmente al revés; pensaba que los poderosos siempre protegían a los poderosos. De lo que Harry no llegaba a darse cuenta era que él también era poderoso. Probablemente sería una de las personas más poderosas del mundo si lo deseaba.
—Ciertamente —, dijo Cornelius con una sonrisa torcida—. Es agradable conocerle al fin, señor Potter; he estado deseando que este día llegase.
Los ojos de Harry se estrecharon preguntándose a qué se refería el Ministro de Magia con aquello; no tenía ni idea de cómo funcionaba la política.
—Nuestro mundo tiene con usted una gran deuda de gratitud. Lo comprendo si no desea pensar acerca de ello… ya que pagó un alto precio —, continuó Fudge. Harry había perdido a sus padres, y había sido enviado con parientes maltratadores, para después sufrir el horror de vivir en las calles cuando tenía propiedades desperdigadas por todo el mundo—. Si hay alguna cosa que pueda hacer… hágamelo saber.
—La hay —, dijo Harry con frialdad—. Dígame qué ocurrió esa noche.
Cornelius frunció el ceño, mirando primero a Harry y después a Severus, claramente tratando de averiguar por qué le estaba haciendo esa pregunta.
—Harry… ya lo sabes —, dijo Minerva con el ceño fruncido; ¿estaba intentando evaluar al Ministro? ¿Ver si decía la verdad? No podía imaginar otra razón para ello.
—No, no esa parte; dijisteis que ellos estaban bajo el conjuro Fidelius, ¿verdad? Bien, ¿cómo les encontraron? ¿No estaba su casa bajo el mismo conjuro? —preguntó Harry—. ¿Cómo me sacaron de la casa si Pettigrew les traicionó?
—El conjuro Fidelius es una las más complejas y antiguas obras mágicas de nuestro mundo, y no tengo ni idea —, admitió Minerva después de intentar dilucidar cómo había sido posible. Harry había planteado una cuestión interesante, y desafortunadamente no podía darle una respuesta.
—Muy bien, ¿qué pasó justo después del ataque? —preguntó el chico.
—Albus se dio cuenta de qué había ocurrido; envió a Hagrid a buscarte —, respondió Minerva—. Hagrid me informó de que Albus iba a ir al número cuatro de Privet Drive. Yo no sabía por qué, pero viajé hasta allí, permaneciendo en mi forma de Animago hasta que él llegó.
—¿Qué derecho tuvo para decidir eso? —quiso saber Harry.
—Por los datos que hemos reunido, Sirius intentó llevarte, pero Hagrid se negó a dejar que lo hiciese, insistiendo en que Albus le había dado órdenes estrictas de entregarte a él. Sirius estaba afligido por la pena y lo permitió a regañadientes, y le entregó su moto a Hagrid para que te llevase allí —, dijo Minerva.
Harry apretó sus dientes con furia.
—Más tarde Sirius Black fue arrestado; pensamos que era el Guardián del Secreto y el responsable de la muerte de tus padres. Sus propias reacciones al ser arrestado no ayudaron a hacerle parecer inocente —, dijo Fudge con rapidez—. Estaba riéndose en medio de la calle, totalmente desquiciado y rodeado de doce muggles muertos.
—¿Estaba usted allí? —preguntó Harry.
—Lo estaba —, admitió Cornelius—. El primero en llegar al lugar, de hecho. Era un Ministro junior en el departamento de catástrofes mágicas. Todo lo que vi fue un cráter en medio de la calle, tan profundo que había roto la alcantarilla que pasaba por debajo. Había cuerpos por todas partes. Los muggles presentes gritaban. Y Black estaba allí de pie riendo, con lo que quedaba de Pettigrew frente a él… un montón de ropa ensangrentada y unos cuantos… unos cuantos fragmentos… todo lo que quedaba era un dedo —, explicó Cornelius. Hasta el día de hoy, seguía siendo la peor escena de toda su carrera.
—Veinte miembros del Escuadrón para el Cumplimiento de la Ley Mágica arrestaron a Sirius Black mientras yo comenzaba a modificar los recuerdos de los testigos —, añadió Cornelius.
—Hagrid me apartó de mi padrino, quien era mi guardián mágico, ¿cierto? ¿Desde el momento en que mis padres murieron? ¿Puedo hacer que le arresten por secuestrarme? Black no habría sido capaz de doblegar a un semi-gigante —, dijo Harry. No es que le preocupase Black, pero quería que todo el mundo que había tomado parte en causarle una vida llena de sufrimiento pagase.
Poppy y Minerva apretaron los labios; el impulso de defender al semi-gigante era fuerte. Aun así tenían que ver las cosas desde el lado de Harry. Tendrían que esperar a ver cómo se desarrollaba todo.
—No le mandarían a Azkaban —, comentó Severus, su voz baja y ligeramente pesarosa—. Hagrid ya fue falsamente encarcelado una vez, y también injustamente expulsado de Hogwarts. Se compadecerían de él, sería afortunado si recibiese una reprimenda.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Cómo habéis pasado la semana?
Uno de los momentos más esperados hay llegado ¡por fin han detenido a Dumbledore! Estoy deseando ver cómo se desarrollan las cosas ahora que ya no tienen su presencia en el colegio. Harry por fin podrá salir de las habitaciones de Severus y hacer una vida normal.
¡Muchísimas gracias a: Christine C, Ryogana, Fran Ktrin Black, Reno Alvarez, 79, GaraSnape, sachacaro, Sara y Duchesse Mangemort por vuestros comentarios!
Nos vemos en unos días
¡Cuidaros mucho!
Traducciones. A ver qué sale.
