Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 39
Confesiones
Cornelius se sentó en su mesa, su mente aún recuperándose de la nueva información y de todo lo que había ocurrido. La reunión con Harry Potter había sido mucho más intensa de lo que había previsto. Había estado preparado para un distante y calmado hombre joven, no para el alma vengativa que había encontrado. Cornelius juró ciegamente que nunca se pondría en contra del muchacho; el poder que tenía… sería afortunado si sólo perdía su trabajo y no se convertía en un exiliado del mundo mágico. Lo peor que el chico podría hacer era probablemente matarle; su magia combinada con la de Snape era extremadamente poderosa. Él también era poderoso, tenía que serlo para entrar en la academia de Aurores, así que no era un incompetente en lo que se refería a la magia. Había llevado a Hagrid a Azkaban unos pocos años antes, pero Dumbledore había hecho que le liberasen unos meses después. Parecía que el chico quería que todo el mundo pagase, y estaba en su derecho. Después de todo, era él quien había sido agraviado, de la peor forma imaginable para los magos. Un abuso como aquel simplemente no se daba en el mundo mágico; todos los niños eran un regalo, siempre y cuando tuviesen magia… al menos así pensaba una buena porción del mundo mágico.
Una llamada a la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Pase —, dijo Cornelius, mirando al reloj, no tenía ninguna reunión hoy; de hecho no tenía reuniones programadas hasta después del juicio de Dumbledore. Rezó para que no fuese Lucius; no quería tener que lidiar con el drama ahora mismo. Aunque su presencia en Hogwarts podría haber llegado a oídos del mago rubio a través de su hijo; eso explicaría su llegada.
—Siento interrumpirle, señor, ¿tiene un minuto? —dijo el hombre que entraba en su despacho.
Cornelius arqueó una ceja con curiosidad; ¿por qué querría el Auror hablar con él?— Muy bien —, concedió Cornelius, evitando adoptar el papel de arrogante Ministro; no estaba de humor para hacerlo hoy—. Entre.
—Gracias, señor —, dijo Shacklebolt mientras tomaba asiento. Sentía nauseas en su estómago, pero no tenía elección; lo sabía. Cuando le llegaron las noticias del arresto de Dumbledore, supo que era sólo una cuestión de tiempo. Se había relajado estúpidamente cuando Minerva le había hecho saber que el director estaba a salvo. El anciano mago no lo estaba, sin embargo; Scrimgeour le había dicho que Dumbledore estaba en las celdas, y no iba a arriesgar su libertad para sacarle. El viejo tonto estaba siendo vigilado de cerca, muy de cerca según el Auror senior; si alguien intentaba algo, los Inefables les caerían encima como una tonelada de ladrillos.
—¿Deseaba hablar conmigo? —preguntó Cornelius con tono anodino; el Auror estaba extremadamente preocupado, eso podía verlo. Su lenguaje corporal indicaba que se encontraba extremadamente incómodo, casi desesperado. El silencio continuó hasta que el Ministro comenzó a preguntarse si su visitante abriría su boca en algún momento.
Shacklebolt intentó permanecer calmado, profesional y estoico como era normalmente, pero habría preferido enfrentarse a dos Mortífagos ahora mismo que decirle a Fudge lo que sabía que debía. Si lo admitía, podía tener poca esperanza en conservar su trabajo y permanecer fuera de Azkaban. Había manipulado una investigación; como mínimo le caería un año en la prisión. Aquel lugar infundía miedo a todo el mundo, por un buen motivo.
—Auror Shacklebolt, en algún momento de hoy estaría bien —, espetó Cornelius, irritado por el opresivo silencio. Hizo una seña en dirección a la pila de papeleo urgente como una pista poco sutil. Por supuesto, lo concerniente a Dumbledore estaba encerrado bajo llave y conjuros. Nadie iba a acercarse a ello.
—Tengo algo que confesar —, admitió Shacklebolt, frotándose sus ojos con cansancio.
Fudge se sentó erguido, prestando atención ahora; sus ojos te estrecharon fijándose en el Auror, preguntándose si aquello tenía algo que ver con Dumbledore. El momento escogido sugería que podía tenerlo, pero ¿qué era lo que tendría que confesar? Sabía que la Orden del Fénix tenía miembros en cada departamento del Ministerio, simplemente no sabía quiénes eran. Incluso si lo supiese, no estaban haciendo necesariamente nada malo.
—Interferí en la investigación acerca de cómo Sirius Black eludió ser capturado de nuevo —, declaró Shacklebolt, resistiendo la necesidad de moverse en su asiento ante la mirada que estaba recibiendo de Cornelius Fudge. Había repasado en su mente las posibles reacciones del Ministro antes de ir allí; aquella no era una de ellas. Tartamudear, gritar, chillar, despedirle, sí, pero todo lo que el Ministro hizo fue mirarle fijamente.
—¿Interferir? —repitió Fudge, conteniéndose para no poner de patitas en la calle al Auror en ese mismo instante. Necesitaba a todos los que pudiese conseguir en esos momentos; estaban en guerra, después de todo. Esperaría a tener más información antes de tomar una decisión en ese aspecto.
Kingsley miró a Fudge con sorpresa, ¿quería que confesase todo directamente? ¿Tenía alguna posibilidad de conservar su trabajo?— Yo sabía dónde estaba, e hice que todos corriesen en la dirección opuesta con información falsa —. Incluso había hecho que varios Aurores fuesen al Tibet tras Black.
—¿Por qué? —Quiso saber Fudge, aunque tenía una buena idea acerca de por qué. Tan solo quería ver si el Auror lo admitiría.
—Sabía que era inocente —, dijo Shacklebolt con tristeza, incapaz de hablar acerca de la Orden con nadie que no fuese un miembro de ella.
—Evidentemente; ¿por qué no le trajiste sin más y dejaste que explicase su versión? —preguntó Fudge. ¿En serio iba a tener que hacer cada pregunta para obtener algo del mago?
—Sin tener a Pettigrew bajo custodia, sabíamos que eso era imposible —, admitió Shacklebolt.
Fudge miró a Shacklebolt con confuso disgusto—. ¿Y tú, un Auror, creías eso?
—Sí —, dijo el hombre intentando no encogerse y sintiéndose como un completo idiota. Había tomado malas decisiones, la mayoría debidas a haber escuchado a Dumbledore en primer lugar. A menudo se había preguntado por qué no llevaban simplemente a Sirius ante el Ministro, pero la última vez Black ni siquiera tuvo un juicio, así que no quería arriesgarse a eso. De hecho, últimamente Kingsley había estado cuestionando las motivaciones de Dumbledore más y más, sólo para ser descartado de un plumazo, algo en lo que el anciano era muy bueno—. Black no tuvo un juicio antes; temía que pudiese repetirse.
—Ya veo —, dijo Fudge, asintiendo con su cabeza en reacia aceptación. Podría haber ocurrido, pero nunca lo sabrían con seguridad. No, Pettigrew estaba muerto ahora, y Sirius Black había sido totalmente indultado y compensado. El cuerpo de la Rata había sido encontrado e identificado, el dedo faltante apuntando con fuerza también en su dirección. Sólo pensar en ello hizo a Fudge tener náuseas –cortarse el propio dedo–, era la cosa más repugnante que había visto—. Entrega tu insignia y tu túnica —, ordenó finalmente, sin dejar que su pesar y su reticencia se trasluciesen.
Shackelbolt se encogió de nuevo, tragando saliva con fuerza, sus anchos hombros encorvados. Quitándose su túnica de Auror, la entregó junto con su insignia, la cual todavía estaba prendida a ella. Así sin más se terminaba su carrera. Su mente funcionaba a toda velocidad, preguntándose si iba a ser arrestado también.
—Kingsley Shacklebolt, está suspendido durante tres meses sin paga; no quiero verle por ninguna parte del Ministerio durante ese tiempo. Cualquier subida de sueldo o beneficios que haya recibido serán interrumpidos inmediatamente; cualquier ascenso al que estuviese optando será denegado. Cuando regrese, se le asignarán tareas básicas hasta que se pruebe a sí mismo y al Ministerio su lealtad una vez más. No importa si cree que alguien es inocente o no, es el Ministerio quien debe tratar con ello —, declaró Cornelius sombríamente. No quería despedir al mago, era un Auror formidable. Fudge podía ver a Shacklebolt como Ministro algún día; con suerte esta suspensión no lo obstaculizaría. Por desgracia, iba a quedar anotada en su ficha; no podía dejar que se saliese con la suya en esto. Demasiados atajos se habían tomado ya.
—¿S-s-suspendido? —dijo Shacklebolt con voz aguda, un sonido extraño proviniendo de un hombre tan grande. Sus ojos marrones estaban abiertos como platos mientras contemplaba a Fudge en patente estado de shock. ¿Todavía tenía trabajo? Se desplomó de vuelta en su asiento sintiéndose completamente aturdido. Muy bien, aquello era algo que no había previsto mientras iba de un lado al otro por el pasillo junto al despacho del Ministro durante media hora.
—Recoge tus cosas y márchate —, dijo Fudge—. Sólo para que quede claro, la única razón de que no seas despedido es porque, francamente, necesitamos a todo el mundo que podamos conseguir… y porque Sirius Black era de hecho inocente.
—Sí, señor —, dijo Shacklebolt, poniéndose en pie y abandonando el despacho inmediatamente. Podía sentir todos los ojos sobre él, era casi como si todo el mundo lo supiese, pero eso no era posible. No, era probablemente porque no llevaba puesta su túnica; todos tenían que vestirla, por ley, cuando estaban trabajando. Se sintió agradecido de que nadie estuviese en el despacho cuando fue a recoger sus pertenencias e inmediatamente hizo Flu desde el Ministerio a Hogwarts. Quería respuestas por parte de Minerva McGonagall, e iba a descubrir qué iba a ocurrir con la Orden con Albus fuera de circulación por ahora.
—Pase —, dijo Minerva mientras aprobaba el papeleo de Madam Pince para conseguir los nuevos libros que quería para la biblioteca. Dumbledore no lo habría permitido; de hecho se lo negaba bastante a menudo, probablemente por eso ella estaba aprovechando este momento para pedírselo. A diferencia de Dumbledore, Minerva no veía ningún peligro en aprender la magia que Albus habría considerado que rozaba con las Artes Oscuras. No, el dinero en las bóvedas de Hogwarts era para la mejora del colegio, y aquello formaría a sus estudiantes—. Ah, Kingsley, te estaba esperando —, admitió ella mientras colocaba el papeleo hecho en la pila que había creado. No estaba segura de cómo Dumbledore se mantenía al tanto de todo sin montones para ayudarle a organizar las cosas a lo largo de todo el proceso. Todos los cachivaches que abarrotaban el escritorio habían sido retirados, después de haber sido escaneados primero en busca de magia.
—¿Por qué? —quiso saber Shacklebolt, furioso.
—¿Perdón? —dijo Minerva con frialdad, disgustada por el tono que el Auror estaba usando para hablarle.
—¿Por qué me hiciste una seña indicando que todo estaba bien cuando evidentemente no lo estaba? —dijo Shacklebolt, su voz acusatoria todavía evidente.
—¿Me estás interrogando como Auror, Kingsley? —preguntó Minerva, su humor ensombreciéndose aún más. ¿Cómo se atrevía a seguir defendiendo a aquel hombre después de lo que había hecho? La enfermaba hasta la médula que un hombre como él lo hiciera.
—He sido suspendido —, respondió Shacklebolt con hosquedad—. Les hablé acerca de Sirius —, dijo el hombre, sentándose y con aspecto repentinamente derrotado—. Sólo era cuestión de tiempo que lo descubriesen de todas formas.
—Ah —, respondió Minerva, sin saber qué decirle al Auror—. Es mejor que ser despedido, sin duda.
—Sí, eso era lo que esperaba, de hecho —, coincidió Shaklebolt sombríamente. Era afortunado, sabía eso, pero cualquier esperanza de ascender en el Ministerio se había desvanecido. Al menos podría ser capaz aún de ayudar a la gente como Auror. Merlín, tenía tantas ganas de tomar un trago.
Minerva observó a Kingsley en silencio sin nada que decirle. Acercó más papeles hacia ella; si él no iba a continuar, ella bien podía adelantar más trabajo antes de que la Orden llegase.
—¿Por qué no ayudaste a Albus? —preguntó Kingsley, con su voz perdida y confusa.
—¿No sabes por qué ha sido arrestado? —preguntó Minerva con incredulidad.
—No, no fuimos informados —, dijo el hombre de forma inexpresiva—. ¿Por qué, qué ha hecho? —Nada malo, ¿verdad? Su mente voló a la última reunión de la Orden, y el corazón le dio un vuelco; maldición, entonces era malo.
—Albus ha sido arrestado por las siguientes razones: abuso de menores y poner a un menor en peligro; el uso de una poción ilegal –la cual de hecho es el equivalente a una maldición Imperius–, sin que sea posible eliminarla más tarde. Rastrear la magia de alguien, gracias al robo de su archivo en la sala de los registros… por qué medios todavía no se sabe. Negligencia, y por último pero no menos importante, coacción —, le resumió Minerva al Auror.
Shacklebolt se quedó boquiabierto—, ¿Abuso de menores?
Minerva no se sorprendió por el hecho de que él se hubiese centrado en aquello; para la mayoría de los magos, era el crimen más inconcebible—. Ciertamente —. Espera a que descubriese quién era la víctima.
—¿De quién? —preguntó, estupefacto; los únicos niños remotamente cercanos a Dumbledore eran Ginny Weasley, Ronald Weasley y Hermione Granger. Y sí, todos eran niños, todavía no se habían graduado en Hogwarts. No deberían estar en la Orden, no estaba bien, pero aquello podría explicar por qué se les había permitido entrar, si él había abusado de ellos.
—¿Estás siendo deliberadamente obtuso? —preguntó Minerva, la incredulidad emanando de ella en oleadas. Apenas podía creer lo que él le acababa de preguntar, ¿había sufrido un golpe reciente en la cabeza? Había estado en la última reunión de la Orden. No tenía ni idea de lo mucho que sonaba como Severus Snape en esos momentos.
Shacklebolt pensó en lo que ella había dicho y sus ojos se abrieron de par en par sin dar crédito. Debían estar hablando acerca de Potter, no había otra explicación. Así que él no había registrado la magia de Harry después de lograr llevarle a Hogwarts, de alguna forma se había colado en la habitación de los registros y había robado los datos. A menudo se había preguntado por qué no usaban los registros de Voldemort para encontrarle. Desafortunadamente, había descubierto la respuesta: Tom Riddle, alias Voldemort, no había nacido en el mundo mágico ni había sido registrado. No, esencialmente era un nacido de muggle, ya que esa era normalmente la única forma de que un niño mágico no fuese inscrito. Los niños con al menos un padre mágico eran registrados en el Ministerio.
—¿Harry Potter? —preguntó Shacklebolt, atónito—. ¿Abusó de Harry Potter? —Era incapaz de creerlo. Él era un héroe, ¿en qué demonios había estado pensando Dumbledore? Él era, de acuerdo con el anciano, su última esperanza.
—La Orden se reunirá aquí dentro de una hora, ¿por qué no vas a descansar o a comer algo? —sugirió Minerva, confiando en que aquello le daría tiempo suficiente para digerir todo lo que acababa de descubrir. Ella iba a tener que repetirlo todo a la Orden al completo, y no iba a ser fácil.
Shacklebolt sólo parpadeó y se puso en pie aturdido, apenas capaz de creer aquello aún.
* * *
—¿Qué estáis haciendo vosotros aquí? —preguntó Hermione cuando vio a los gemelos, avanzando en su dirección. La moneda que había creado para la Orden le dijo que tenían una reunión a las dos en punto; sólo era la una, así qué ¿por qué estaban ellos allí?
—Negocios —, dijo Fred, mintiendo descaradamente y sin ningún problema en hacerlo. Hermione Granger era la mayor pelota del maestro que habían visto jamás.
—¿Vais a ir a la reunión? —preguntó en voz baja.
—Sí —, respondió George—. ¿Todo bien?
—En realidad, no —, suspiró ella con tristeza—. No puedo dejar de pensar en la otra reunión, en lo que Dumbledore ha hecho —. Ella había creído en él con toda su alma. Le había defendido ante cualquiera que se había atrevido a insultarle, principalmente ante los Slytherin, pero ahora simplemente no se sentía con fuerzas para hacerlo más. Su mundo había sido puesto patas arriba; Hermione ni siquiera estaba segura de si deseaba seguir más tiempo en la Orden. Oh, tenía un dilema tan grande; deseó tener alguien con quien hablar, pero Ginny era demasiado joven y Ron era… bueno, no era alguien con quien pudiese hablar; era demasiado inmaduro.
—Lo sé —, dijo George, no tan sorprendido como ella. Ellos podían ser los Weasley, pero no pensaban que hubiese nadie por encima de ellos en hacer lo que fuese necesario, incluyendo a Dumbledore. También habían tenido mucho más tiempo para superar el shock de lo que él había hecho, habiendo conocido a Harry y enterándose de una gran parte de la verdad antes de aquello.
—¿Sabéis lo que ha pasado hace un rato? —preguntó Ron excitado, uniéndose a la conversación.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Fred con preocupación.
—Docenas de Aurores entraron en el Gran Comedor —, dijo Ron apresuradamente—. ¡Nos hemos librado de las clases! Y no se ha visto a Dumbledore desde hace semanas… —. Aquello desafortunadamente no era inusual ya que al anciano le gustaba macharse a realizar una misión u otra. Había estado haciéndolo durante todo el último año.
—Huh —, dijo George con curiosidad.
—Quizá nos enteremos…
—En la reunión…
—Hoy, más tarde…
—Con un poco de suerte.
—Ahora debemos irnos…
—Así que adiós —, terminó George, alejándose con su gemelo junto a él.
—¡Mierda! —gruñó Ron, sacudiendo la cabeza—. Desearía que dejasen de hacer eso.
—Dices eso cada vez que hablas con ellos —, se quejó Hermione exasperada—. Necesito ir a la biblioteca.
Ron intentó pensar rápidamente una razón por la que no pudiese ir con ella. Estrujarse los sesos no ayudó; no podía pensar en una excusa. En vez de ello fue agarrado del brazo y conducido hacia allí; mirando con añoranza en dirección al pasillo y fue con ella a regañadientes… preguntándose qué estarían haciendo los gemelos. No llevaban ninguno de sus productos con ellos, lo que no era muy propio de ellos si realmente estaban allí por negocios. Él era más listo de lo que le gustaba pensar –o de lo que cualquier otro pensase– lo malo era que no aplicaba ninguno de esos razonamientos a las situaciones cotidianas o trabajando o estudiando.
—¿Acabamos de tener una conversación tolerable con Granger, de todas las personas posibles? —preguntó George sorprendido. Granger y Ginny eran amigas, mejores amigas, pero ella no podía soportar a Luna, así que Ginny tenía que elegir entre las dos. Así que de un día para otro sería con Hermione o con Luna con quien saldría. Para empeorar las cosas, Granger había empezado a pasar tiempo con Ron también. De hecho él se había sentido atraído por ella tras verla con un vestido en el baile de Yule. Aquello tuvo lugar durante el torneo que ganó Cedric Diggory, gloria para los Hufflepuffs por una vez.
—Sip, el mundo debe estar acabándose —, rió Fred mientras descendían hacia las mazmorras, pasando junto a algunos suspicaces Slytherin mientras lo hacían.
Pasaron a través del aula de Pociones, sin sorprenderse por la ausencia de gente, sabiendo que las clases habían sido suspendidas. Al menos no tenían que molestar a Snape de nuevo. El despacho también estaba vacío, así que sólo había otro lugar donde mirar: sus habitaciones. Era un lugar donde jamás habían ido como estudiantes, las dependencias privadas de los profesores. Aunque habría sido emocionante colarse en ellas, ellos eran unos alborotadores después de todo. Fred llamó a la puerta, y esperaron pacientemente a que alguien les respondiese. Tenían que admitir que sentían curiosidad por saber por qué Harry quería verles; se habían llevado un susto de muerte cuando el elfo doméstico había aparecido en su habitación en la Madriguera. No era algo a lo que estuviesen acostumbrados, elfos apareciendo de la nada en su dormitorio cuando estaban trabajando.
—Hey, socio —, sonrió George cuando Harry respondió a la puerta.
—Entrad —, dijo Harry, sonriéndoles con sinceridad. Aquello era algo que no habían visto antes, él normalmente esbozaba una sonrisa hacia ellos como si tuviese un secreto que jamás descubrirían. O como si se hubiese enterado de algo extremadamente divertido acerca de ti. Esta sonrisa hizo que Harry aparentase ser varios años más joven. Tenía que estar realmente contento para mostrarla; incluso después de verle sólo unas cuantas veces sabían que era muy parecido a su Profesor de Pociones. Él no mostraba sus emociones con facilidad… o de ninguna manera, de hecho.
Cuando entraron en la bien iluminada habitación, se dieron cuenta de la miríada de mordiscos que Harry tenía en su cuello y su pecho. Snape era un Slytherin posesivo, y por primera vez desde que conocieron a Harry, no se sonrojaron. Ni siquiera ante el hecho de que el chico no estaba adecuadamente vestido, llevando sólo una camiseta y unos shorts que podían, de hecho, ser boxers. ¡Se sorprendieron de que Snape no ordenase a Harry que fuese a vestirse! No deberían haberlo hecho; él era extremadamente sobreprotector y egoísta –quería a Harry sólo para él–. No, eso no era cierto, si lo hiciese… ellos no estarían allí. Se preocupaba más por el muchacho que por tenerlo en exclusiva.
—¿Llegaste a usar las bromas? —preguntó Fred ansiosamente, sentándose al lado de Harry, con su gemelo haciendo lo mismo.
—Lo hice —, dijo Harry, sonriendo con un sádico placer que les recordó a Snape cuando otorgaba castigos y descontaba puntos de Gryffindor.
—¡Escupe! —dijo George, tan ávido como George por tener noticias.
—Tuve que retirárselas —, dijo Harry, con su sonrisa transformándose en un gesto de disgusto.
—¡Eso es un asco! —gruñó Fred—. Odio cuando ocurre eso —. Habían tenido que hacerlo muchas veces cuando estaban en el colegio.
—Lo es —, dijo Harry con un suspiro—. Lo bueno es, sin embargo, que nadie más pudo deshacerlas, ¿ni leer los conjuros en un cheque? O algo así, dijo Sev.
—Un chequeo detecta qué conjuros han sido lanzados sobre ti, para que una enfermera o alguien con entrenamiento médico pueda descubrirlos y cancelarlos o arreglarlo —, explicó Fred.
—Lo sé —, dijo Harry asintiendo.
—Pero al menos pudiste llegar a usarlos; ¿fue divertido? —preguntó Fred, ufano.
—No llegué a verlo —, se quejó el chico—. Pero fue mejor que que se saliese con la suya.
—¿Dónde está Sna… Severus? —preguntó George, recordando llamarle por su nombre de pila. A Harry no le gustaba cuando le llamaban Snape, por algún motivo. No lo estaban haciendo como una falta de respeto, simplemente estaban acostumbrados a llamarle Snape. Él había sido su profesor, y simplemente no llamabas a tu profesor por su nombre de pila.
—Preparando más pociones nutritivas —, les dijo Harry, con una mueca de evidente disgusto.
Él las había probado antes. Teniendo en cuenta lo delgado y bajo que era comparado con ellos, no era una sorpresa realmente. Era más menudo y esbelto que Ginny, aunque había que admitir que no por mucho—. Todas las pociones saben asquerosas, pero funcionan, así que no puedo quejarme. Aunque a nosotros nos gustan más las pociones de broma —, asintió Fred.
—Por supuesto que sí. Hablando de bromas, tengo algo para vosotros —, dijo Harry, volviéndose ligeramente más serio.
Los gemelos le miraron con curiosidad, preguntándose a qué se refería. ¿Había inventado una broma? ¿O se le había ocurrido una? No les sorprendería lo más mínimo. Harry sacó un largo fajo de pergamino y se lo entregó. Abriéndolo sus cejas se elevaron al unísono, incapaces de creerlo. Sus ojos inmediatamente buscaron la cantidad que les estaba ofreciendo para comenzar el negocio. Demonios, podían comprar la tienda a la que habían echado el ojo desde hacía años, el piso sobre ella y conseguir los suministros que necesitaban para sus productos. Todavía quedaría mucho; ni Gringotts, ni sus padres, ni una sola persona pensaba que tenían lo que hacía falta. ¿Sin embargo un chico que sólo les había visto dos veces les estaba ofreciendo todo ese dinero? A menudo habían soñado con que algo como aquello ocurriese, pero no habían creído que fuese a suceder realmente.
—¿Esto va en serio? —preguntó Fred, totalmente pasmado.
—Me llevaré el treinta por ciento de vuestro beneficio si sale adelante —, dijo Harry seriamente—. Y lo hará.
—¿Cómo puedes creer eso? —preguntó George, desconcertado—. Incluso nuestra propia madre sigue intentando que busquemos 'trabajos adecuados' como ella los llama —. Hablaba acerca de Bill, Charlie y por supuesto Percy todo el tiempo, y cómo ellos tenían trabajos que les daban ingresos estables. Les decía constantemente que sacasen su cabeza de las nubes, que aquello nunca ocurriría y que cuanto antes se diesen cuenta mejor. Y aquí estaba un muchacho que no conocía el mundo mágico entregándoles algo… entregándoles sus sueños.
—¿Snape está de acuerdo en esto? —preguntó Fred. ¿Snape de todas las personas posibles creía también que podían hacerlo? No había forma de que arriesgase el dinero de Harry si fuese al contrario, ¿verdad? El treinta por ciento era mucho dinero, pero Harry estaba asumiendo un riesgo mucho mayor dándoles el capital para aquel proyecto suyo.
—Es Severus —gruñó Harry, no le gustaba que la gente dijese Snape de aquella forma, como si no fuese merecedor de un nombre de pila.
—Ya sabes que no lo decimos de forma irrespetuosa, Harry; él era nuestro profesor y estamos acostumbrados a llamarle Profesor Snape. Simplemente lo acortamos cuando dejó de darnos clase —, le explicó Fred cuidadosamente.
—Será mejor que te acostumbres a ello; todo el mundo le llama así, bueno, la mayor parte, especialmente la Orden —, le dijo George a Harry, uniéndose a la conversación.
Harry hizo una mueca; esa Orden sonaba como un montón de gilipollas; ¿no les importaba lo que su Dominante había hecho por ellos? Tenía que hablar con él, descubrir si esa era la manera adecuada de dirigirse a él, o si estaba reaccionando exageradamente. Aunque si alguien le faltaba al respeto tendrían que responder ante él; no iba a tolerarlo. Sabía que Sev quería cuidarle, pero eso no impedía a Harry desear velar por su Dominante de cuando en cuando. De alguna forma cuidaba de Sev, sólo que de manera diferente a cómo el hombre le cuidaba a él.
Fred y George se miraron, casi como si estuviesen teniendo una conversación silenciosa entre los dos. Al final George asintió y después su gemelo hizo lo mismo. Habiendo llegado a una conclusión se volvieron a mirar a Harry, viéndole en una profunda reflexión también. Fuera lo que fuese, no le gustaba, si algo se podía deducir del fruncimiento de sus labios.
—¿Estás seguro de que deseas arriesgarte? —le preguntó Fred con seriedad, cambiando de tema.
—No es un gran riesgo, ya sabéis, mi dinero ha estado sin tocarse durante dieciséis años —, dijo Harry encogiéndose de hombros. Tal y como su Dominante había dicho, se ocuparía de él. Sus nuevas ropas eran una prueba de eso. Habían llegado un poco antes, haciendo que su humor fuese algo mejor después de tener que retirar los conjuros de Dumbledore.
—Perfecto entonces —, dijo Fred, ansioso—. ¿Tienes una pluma?
—Están allí —, le dijo Harry, haciendo un gesto en dirección al escritorio donde hacía sus tareas.
—Gracias —, dijo Fred; poniéndose en pie de un salto cogió una pluma y un tintero, asegurándose de que era negro; todos los documentos tenían que realizarse en ese color –era la forma en la que las cosas se hacían allí–. Mojando la pluma, Fred firmó el primero, su mano temblando de excitación, agradecimiento y expectación. Estaba a unos segundos de que sus sueños se volviesen reales, y estaba… bueno, sólo quería saltar como un loco. Tendiendo la pluma a George, vio que su hermano se encontraba prácticamente en el mismo estado que él.
—Ten —, dijo George, con su corazón acelerado. La mitad de él temía que aquello fuese sólo sueño maravilloso… o una horrible broma. Harry resopló ante la pluma pero comenzó a escribir su nombre, un poco confuso pero legible. El pergamino se enrolló y desapareció en una voluta de humo.
—Sev dice que todo lo que tenéis que hacer es ir a Gringotts; ellos os darán la llave —, les explicó Harry.
—Gracias —, dijo Fred, y con un movimiento que sólo los Gryffindor podían hacer, ambos se abalanzaron sobre Harry para abrazarle. Desafortunadamente, no contaron con la reacción del chico; sólo le tocaron una vez antes de que la magia de Harry les enviase volando contra la estantería del otro lado de la habitación. Más tarde se sentirían agradecidos de que no hubiese sido la chimenea, de otra forma habrían acabado gravemente quemados. Ahora mismo sin embargo sólo estaban gruñendo agónicamente, completamente sin aliento y aturdidos mientras intentaban incorporarse.
Como era de esperar el ruido hizo salir a Severus de su laboratorio.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó el hombre, evaluando los alrededores, arqueando una ceja con sorpresa ante la escena que tenía ante él.
Harry miró al suelo sintiéndose compungido; una pequeña parte de él se preguntó si querrían seguir siendo amigos suyos después de aquel despliegue. Desafortunadamente él no podía controlar sus reacciones, se habían echado sobre él, y aquello era un reflejo automático. La parte de él endurecida por el tiempo pasado en las calles estaba impresionada con lo que su magia podía hacer ahora. No era accidental, de otra forma no habría sido capaz de llevarlo a cabo. Emocional o de otro tipo; él podía controlarla.
—¿Harry? —preguntó Severus, sus dedos sujetando la cabeza del chico para que le mirase a los ojos.
—No es culpa suya —, dijo Fred, quejándose mientras conseguía ponerse en pie con éxito.
—Vinieron hacia mí —, dijo Harry, encogiéndose de hombros, impotente.
—Le sorprendimos —, dijo George antes de que Severus pudiese volverse hacia ellos.
—Queríamos agradecerle por… ya sabes… ayudarnos a empezar con nuestra tienda —, añadió Fred con rapidez—. Sólo era un abrazo; no esperábamos que reaccionase de esa forma. Deberíamos haberlo pensado, o haberle avisado; lo sentimos, Harry —. Tomó aire profundamente mientras sus costillas se quejaban ante el movimiento de levantarse.
—Sí, lo sentimos —, dijo George mientras Fred le ayudaba a ponerse de pie—. Mierda, ¿llegamos tarde a esa reunión de la Orden?
—No, faltan diez minutos hasta la hora —, dijo Severus inmediatamente.
—Va a ser divertido—, dijo Harry sonriendo de forma salvaje, el episodio con los gemelos evidentemente terminado.
—¿Tú vienes? —preguntó Fred animándose. ¡Oh, esto iba a ser realmente divertido! Y ellos iban a tener asientos de primera fila. No pudo evitar frotarse las manos en alegre anticipación, haciendo de nuevo una mueca de dolor. Merlín, estaba dolorido. Tomó una nota mental para NUNCA, jamás asustar o sorprender a Harry de nuevo.
Severus puso gesto de fastidio e invocó dos calmantes para los gemelos, entregándoselos.
—Oh, eso está mejor —dijo George agradecido mientras el dolor desaparecía inmediatamente después de beber la poción.
—¿Listos para marcharnos? —preguntó Fred, sus ojos brillando frenéticamente como siempre cuando estaba contento.
—Listos —, asintió George.
Harry rió divertido mientras Severus simplemente meneó su cabeza y esbozó una sonrisa. El chico se estaba sintiendo cada vez más cómodo con los gemelos alrededor, no sabía si aquello era algo bueno o no.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Cómo habéis pasado la semana? Sentimos mucho la espera, pero nos fue imposible traerlo antes.
Esperamos que os gustase el capítulo
¡Muchísimas gracias a: Ryogana, Fran Ktrin Black, Duchesse Mangemort, AngieSCullen, Reno Alvarez, sachacaro, Sara y Tsuruga Lia1412 por vuestros comentarios!
Nos vemos en unos días
¡Cuidaros mucho!
Traducciones. A ver qué sale.
