Tristeza en sombras

Lo intento.

Cada día de mi vida. Juro por el mismísimo Dios Hades, Señor de las Tinieblas, que mi entrega es en cuerpo y alma. Sé que él lo ve...y tal vez incluso aprecie mi esfuerzo.

Alguna vez, después de algún progreso, me ha parecido avistar un boceto de sonrisa en su adusto rostro, siempre tan altivo. Siempre tan serio. Una mínima expresión de satisfacción por la lección enseñada. Por la habilidad adquirida.

Hace años que soy fiel al poder que proyecta su propia sombra. Jamás he declinado ninguna oportunidad para aprender de él. Ni siquiera siendo humanos...

Él me enseñó a cabalgar los grandes y vigorosos caballos que hoy ya no habitan estas tierras yermas. Él me enseñó a empuñar la espada sin miedo. A clavarla en el pecho del adversario sin misericordia. Y sin perder nunca el respeto por quién ante mí muera.

Respeto...

Ya no recuerdo cuándo esta palabra comenzó a cobrar otro significado en mi corazón.

Respeto es lo que siempre le he ofrecido. Respeto es lo que también he recibido a cambio. Pero ya no me basta con ello...

Hace tiempo que algo ha despertado en mi interior, algo que irónicamente, se aleja del respeto que pueda profesar a mi señor.

Primero no sabía qué era...Sólo sabía que dolía la soledad que su presencia me generaba. Sí, soledad, porque yo deseaba que su mirada misteriosa y ámbar dejara de ver en mí algo más que a un niño aprendiz, obediente y leal.

Necesitaba...necesito que algún día me mire, y que lo haga con la misma intensidad que la mira a ella cuando nadie se da cuenta.

No lo hará.

Sé que ésto no sucederá, y es ahí donde mi tristeza aumenta, me llena y me desborda. Quizás sea un cobarde, pero lo acepto...con dolor y resignación, me asiento en el conformismo de ofrecerle mi lealtad a él.

Sólo a él.

No al magnánimo Dios del Inframundo...Y mucho menos a ella.

Insisto...Mi lealtad sólo se debe a él.

y mi tristeza únicamente me pertenece a mí.

A mí y a la sombra que me cubre, la misma que me hace invisible ante lo que a él pueda quedarle de humanidad, entregada en secreto a quién le oprime y le veja.

Sí, seré cobarde...Le amaré en silencio, como desde hace tiempo llevo haciéndolo..

Le defenderé ante todo. Ante todos. Con mi propia vida si se ofrece...

Y lo haré con orgullo, desde las sombras que dibujan una tristeza densa...

...Íntima...

...Sólo mía.