Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 40

Presentaciones



Fred y George se sentaron en la esquina izquierda de la habitación, donde tendrían una buena vista del espectáculo que estaba a punto de tener lugar. Todo el mundo salvo Minerva, Severus y Harry estaban ya allí, así que fueron bastante afortunados de conseguir asientos. Por más que lo intentasen no podían borrar las perversas sonrisas de sus rostros; los hermanos estaban contentos. Sus sueños se habían hecho realidad; ahora podían comprar su tienda y un piso, y dejar finalmente la Madriguera. Fred y George querían a su familia, y harían lo que fuese por ellos, tanto por sus padres como por sus parientes, pero era demasiado vivir con ellos todo el tiempo. Lo volvía todo complicado cuando no estaban de acuerdo con una situación en particular, especialmente cuando era con su madre con la que estaban en desacuerdo. Era siempre tan chillona y exigente; habían tenido bastante de eso cuando eran niños… ahora iba más allá de lo irritante. No culpaban a sus hermanos mayores por marcharse tan rápido y tan lejos como era humanamente posible. Aunque habían vuelto ahora, pero sería probablemente sólo durante lo que durase la guerra. Los gemelos no eran los únicos exasperados por las maneras autoritarias de su madre. Charlie había tenido una discusión con ella hacía unas semanas, cuando había intentado cortarle el pelo brutalmente corto. Ella siempre estaba encima de ellos porque lo llevaban largo. Era totalmente ridículo; ya eran adultos. No les sorprendió que a Harry tampoco le gustase su madre.

—¿Qué es lo qué habéis hecho? —preguntó Arthur, acercándose a hurtadillas hasta sus gemelos.

—¿Qué? —preguntó Fred de forma inocente.

—¿Qué es lo que habéis hecho esta vez? —dijo Arthur, fulminando con la mirada a sus hijos. Aquellas reuniones eran demasiado importantes como para que ellos le gastasen una broma a nadie.

—Nada —, respondió George sinceramente.

Arthur les estudió con atención, pero inevitablemente suspiró, incapaz de determinar si estaban diciendo la verdad o no. Lo descubriría al final, supuso en voz baja, y volvió a observar la habitación. Se preguntó si algún otro aparte del puñado de miembros que trabajaba en el Ministerio sabía que Dumbledore había sido arrestado. ¡Él se había quedado atónito al escuchar los rumores! Había sido incluso peor cuando habían sido confirmados. ¿Le había dicho alguien al Ministerio que Dumbledore había registrado la magia de Harry? No parecía probable, no sólo eran leales, sino que no eran capaces de hablar acerca de la Orden.

—Siento haberos hecho esperar —, dijo Minerva al entrar en la habitación, su rostro impasible como siempre.

—Es perfectamente comprensible —, dijo Arthur, sonriendo a la mujer con simpatía. Sin duda estaba hecha un lío, entre hacer de las tareas de Director y las de Subdirectora, a no ser, claro, que hubiese contratado a alguien ya para el puesto. Ahora estaba intentando encargarse de la Orden también, por lo que parecía. Tenía mucho entre manos, especialmente hoy cuando iba a tener que hacer pública la noticia de que Dumbledore había sido arrestado. Arthur ni siquiera se lo había dicho su mujer, queriendo evitar el drama que aquello garantizaba. Sólo confiaba en que al menos mantuviese la cabeza fría allí, aunque parte de él preferiría en cambio que Molly se lo sacase todo de encima antes de ir a casa. Arthur ignoró las miradas curiosas que la mitad de la Orden le dedicó ante su afirmación, incluyendo la de su esposa.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Molly. Con sus ojos saltando entre su silencioso marido y una sombría Minerva, sus párpados se entrecerraron, solicitando respuestas. Arthur se negaba a mirarla, y Minerva no respondió en absoluto a su pregunta; era como si no hubiese hablado siquiera. A Molly no le gustó aquello lo más mínimo, así que hizo lo siguiente posible—. ¿Dónde está Albus? —quiso saber; él respondería a su pregunta.

Minerva se sentó en su silla de Directora, observando a todo el mundo mientras esperaba que la poción para el dolor de cabeza que Severus le había dado hiciese efecto. Casi lamentaba haberse librado de los caramelos de limón infestados de calmante de Dumbledore; quería tomarse unos cuantos, pero considerando lo que le había pasado al viejo tonto –iba a mantenerse alejada de ellos–. Era fácil volverse adicto a las pociones, tal y como los muggles se hacían adictos a sus propios medicamentos, aparentemente.

—¿Dónde está él? —insistió Molly, alzando su voz pero sin llegar a gritar aún.

—Por favor, Molly, podemos pasar sin tus pataletas hoy —, dijo Minerva, alzando su mano para detener el concurso de gritos que se aproximaba. Si había algo que a Molly le desagradaba era ser ignorada; algunas veces actuaba como una niña. Quizá era por eso que sus hijos más jóvenes tenían problemas de temperamento. Considerando que la madre continuaba solicitando que todo el mundo le hiciese caso, sus hijos habían aprendido que aquella era la única forma en la que ellos conseguirían algo de atención para sí mismos.

Molly inspiró profundamente, incapaz de creer que le hubiese hablado de aquella manera. Albus no lo habría permitido; ¿cómo se atrevía ella a tratarla como una niña de cinco años? Arthur colocó una mano sobre su brazo, y ella suspiró y a regañadientes permaneció callada. Se sintió muy herida cuando todos los demás se quedaron en silencio, como si estuviesen de acuerdo con la afirmación de Minerva. Para empeorar las cosas, sus hijos estaban allí y habían visto a su madre ser derrotada. La vergüenza resonó a través de ella mientras cerraba sus ojos y calmaba la rabia y el dolor que crecían en su corazón.

—Tengo que hacer algunos anuncios esta noche, y confío en que todos podáis actuar como los adultos razonables que sois —, dijo Minerva, su dolor de cabeza retrocediendo mientras hablaba. Se relajó ligeramente, suspirando aliviada. Realmente iba a ser una larga noche.

Todos comenzaron a hablar unos con otros, preguntándose qué estaba ocurriendo, y cuáles serían las noticias. ¿Estaba Albus herido o lesionado? Sabían que le gustaba salir por su cuenta. ¿Había sido atrapado por los Mortífagos? ¿Asesinado? Sus mentes pasaron por un millón de escenarios diferentes especulando sobre lo que Minerva iba a decir, mientras cuchicheaban en voz baja entre ellos. Nadie de la Orden se dio cuenta de lo callados que estaban Arthur, Moody, Shacklebolt y Tonks.

—¿Tiene esto algo que ver con Harry? —preguntó Sirius, sus ojos azules clavados en Minerva con un brillo esperanzado.

—Calla, Sirius —, dijo Remus, mirando a la Directora con preocupación; la mujer parecía profundamente preocupada.

—Antes de que cuente nada, necesito hacer una pregunta importante… ¿ha tomado alguien alguna poción en las últimas veinticuatro horas? —preguntó Minerva.

—¿Qué tiene eso que ver? —preguntó Moody, desconcertado.

—Sólo responded a la pregunta —, dijo Minerva, con tono cortante.

—Nosotros tuvimos que tomar una poción para el dolor hace una media hora —, dijo Fred, haciendo una seña tanto hacia sí mismo como hacia su gemelo. Por primera vez dijeron una frase completa sin terminarla el uno por el otro. Podían ver cómo de estresada estaba su antigua profesora de Transformaciones, lo cual era una reacción mayor que la que habían obtenido de ella durante sus siete años en Hogwarts. La habían visto sorprendida, indignada, furiosa, exasperada y muy, muy silenciosa, pero nunca de aquella manera, ni siquiera cuando la guerra empezó de nuevo.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Arthur alarmado. ¿De dónde habían sacado el dinero para comprar la poción? Ellos no tenían demasiadas en casa, sólo las suficientes para emergencias, así que no era suya. A no ser, por supuesto, que hubiesen asaltado el armario de la tienda de pociones, lo cual no impresionaría a Severus; se alegraba de que el Profesor de Pociones no estuviese allí todavía. Sin duda no estaría contento si alguien había hecho aquello. A no ser que hubiesen ido a ver a Poppy, pero no lo veía posible, nadie iba a ver a esa mujer a no ser que tuviesen que hacerlo. Incluso cuando él estaba en el colegio ella había sido una fuerza a la que tener en cuenta, sólo unos pocos habían logrado evitar con éxito que la sanadora les mantuviese ingresados en el ala del hospital.

—Nada, todo está bien —, insistió George, meneando la cabeza.

Uno por uno todos respondieron negativamente, nadie había consumido una poción en las últimas veinticuatro horas. La confusión era evidente en sus rostros; ¿qué demonios se traía Minerva entre manos? ¿Y por qué era tan importante saber si habían tomado alguna poción a lo largo del día anterior? A no ser que… ella pensase que habían sido drogados, pero eso era estúpido, todos eran cuidadosos con lo que comían y bebían.

—Severus estará aquí dentro de un minuto para hacer un chequeo a cada uno de vosotros, con la excepción de Fred y George por supuesto, para comprobar si ha habido alguna manipulación —, anunció Minerva.

Los gemelos se miraron el uno al otro, con la sospecha arraigándose en sus mentes. ¿Qué había intentado hacerle Dumbledore a Harry, que incluso McGonagall era tan cauta? ¿Sabía ella acerca de Harry? No estaban seguros, pero la mujer había desechado la pregunta de Sirius sobre el chico con bastante rapidez. Era como si no estuviese preocupada por él, lo cual sólo podía aludir al hecho de que ella sabía dónde se encontraba Harry y que estaba satisfecha con la situación. Por otra parte, Minerva no era de las que mostraban sus emociones a no ser que estuviese empujada hasta el límite e incapaz de controlarse.

—¿Y si no deseamos permitir que lo haga? —preguntó Moody suspicaz; la extracción de sangre no era algo con lo que los magos o las brujas se sintiesen cómodos. Era la primera cosa que los adultos enseñaban a sus hijos, especialmente si eran sangres limpias. La sangre era una herramienta usada en muchos rituales oscuros, desde conjuros de esclavitud a resucitar la más maligna de las almas.

—Todos sois personas adultas; no puedo obligaros —, dijo Minerva, apretando sus labios con evidente inquietud—. Sin embargo, si no se lleva a cabo, la Orden será disuelta permanentemente.

Protestas indignadas inundaron inmediatamente la habitación tan pronto como Minerva terminó de hablar. No estaban para nada contentos con su ultimátum; se sentían acorralados, lo cual les llevó a sentirse furiosos con la situación.

—¡Silencio! —gritó Arthur, siendo escuchado de alguna forma milagrosa por la vociferante habitación; incluso más sorprendente fue el hecho de que le hiciesen caso—. Tenéis una razón para hacer esto; ¿quizá será mejor contándonosla, para después dejarnos decidir?

—Creo que alguien cercano a nosotros puede haber adulterado nuestra comida o bebida; si ese es el caso… podemos estar en un grave problema… no hay antídoto para la poción… al menos no de momento —, declaró Minerva; con suerte Severus estaría dispuesto a crear uno para ellos, si se llegaba al peor de los casos y cualquiera de ellos estaba drogado. Sólo porque la botella estuviese casi llena no significaba que el viejo tonto no hubiese usado ya un frasco diferente años atrás cuando la Orden fue reactivada.

—Yo lo haré —, dijo Ginny con testarudez, habiendo heredado el famoso coraje Weasley, o la idiotez como Severus la llamaba bastante a menudo.

—Yo no tengo problema —, dijo Charlie de forma sombría, él a diferencia de los otros respetaba mucho a Snape, de hecho.

Uno por uno, empezaron a acceder a regañadientes, hasta que sólo quedó un puñado de ellos. Al final aceptaron hacerlo, más por presión del grupo que por otra cosa. Lo que no se podía negar era lo nerviosos que estaban por todo el asunto. Poco después, como si hubiese estado esperando fuera, Severus entró en el despacho, con un cajón de pociones de gran tamaño siguiéndole, y su rostro como siempre impasible.

—¿Por qué no empiezas a recorrer la habitación por este lado, Severus? —sugirió Minerva, señalando el lado de la mesa en que más asientos estaban ocupados.

—Preferiría usar esta mesa y silla; ¿puedo? —preguntó el hombre de forma brusca, como siempre sin miedo a decir lo que sentía o quería. La mesa y silla se encontraban a un lado, cerca de la enorme biblioteca del despacho de la directora, el cual no había cambiado… aunque con tiempo, Severus sabía que lo haría.

—Por supuesto —, accedió Minerva; debería haberlo esperado, en realidad. Severus no era una persona sociable, y si pudiese desaparecería en el fondo y nunca emergería. Llevándose a Harry con él, pensó ella con una sensación de ufana satisfacción por que estuviese feliz. No sólo eso, Harry estaba en su hogar, donde debería haber estado todo el tiempo.

—¿Quién es el primero? —preguntó Severus, sentándose, ya aburrido.

—Yo —, dijo Ginny, caminando en torno a los demás y extendiendo con valentía su mano hacia su Profesor de Pociones. Sus ojos marrones le miraron sin miedo, incluso cuando se encontraron directamente con los del hombre.

Severus cogió la aguja, con una sonrisa burlona haciendo temblar sus labios mientras miraba a la muchacha. Gryffindor, todos eran iguales; para él, el coraje estaba sobrevalorado. Sujetando la mano de la alumna de sexto curso, pinchó un dedo rápidamente, y permitió que dos gotas de sangre cayesen en el frasco de la poción. Cerrando su herida inmediatamente después, esterilizó la aguja, lo cual también eliminó los restos de sangre que quedaban. La poción al momento pasó de crema oscuro a azul.

—¿Qué significa el azul? —preguntó Ginny, mirando a la poción con curiosidad. Nunca en sus años en Hogwarts había visto aquello.

—Estás limpia —, dijo Severus de forma cortante.

Aliviada, al instante volvió a sentarse mientras sus hermanos se incorporaban para reclamar su turno.

—¿Qué significa eso? —preguntó Charlie, mirando a la poción, que no se había vuelto azul como la de su hermana; en vez de ello era de un siniestro gris.

Severus miró al hombre; normalmente nunca tenía problema en decirle a la gente lo que pensaba. A pesar de cómo era él, ¿cómo se le decía a alguien que tenía una poción controladora en su sistema, una de la que podría no librarse jamás? Mirando a Minerva, ambos parecieron tener una muda conversación antes de que la mujer asintiese silenciosamente.

—Significa que hay una poción en tu sistema, diseñada para controlarte —, respondió Severus.

—¿Controlarme? —preguntó Charlie con los ojos abiertos como platos, mientras todo el mundo tras él comenzaba a chismorrear en voz alta.

—Esto se ha vuelto personal. Quiero respuestas… y las quiero ahora —, solicitó saber Arthur, poniéndose en pie, su rostro lleno de preocupación. ¿Cuántos de sus hijos estaban afectados por esa poción? ¿Lo estaba él? Al menos era algún alivio que Ginny no estuviese manipulada. Ya había pasado bastante durante su primer año, realmente no podría soportar aquello de nuevo con su pequeña niña. No sólo eso, había sido una lucha con Molly lograr que dejase a su hija asistir de nuevo a Hogwarts.

—Confía en mí, Arthur, lo mejor es que hagamos esto primero —, respondió Minerva suspirando cansada y frotándose las sientes; la poción calmante parecía no haber durado demasiado.

—No, me lo diréis ahora —, dijo Charlie, su voz llena de pánico y furia.

—Muy bien—, dijo Minerva, comprensiva—. ¿Estáis al tanto de que Albus sugirió que registró la magia de Harry Potter?

—Sí —, Moody frunció el ceño mientras los demás asentían.

—No la registró después de encontrarle; se coló en la sala de los registros, algo que incluso el Señor Oscuro no haría. Está profundamente arraigado en todo el mundo que no está permitido —, dijo Severus bruscamente.

—¿Qué tiene que ver eso con la poción? —preguntó Sirius de forma siniestra.

—Sólo os estábamos dando una idea de lo que Albus es capaz; encontré una poción en el escritorio del Director y se la entregué a Severus. Fue él quien me dijo acerca de los efectos que podría tener, tan pronto como se dio cuenta de que podría haber estado intentando drogar a Harry Potter. Afortunadamente él tuvo suerte en este caso; no confió en Albus, con bastante razón, y no comió nada mientras estuvo aquí —, dijo Minerva.

—¿Quieres decir que no comió durante tres semanas? —exclamó Remus con aspecto de estar conmocionado.

—Precisamente. Si estaba dispuesto a hacérselo a Harry, me di cuenta de que también podría habérnoslo hecho a nosotros. Ese es el motivo por la reunión de esta noche, junto con otros detalles que necesitáis saber —, les dijo Minerva. Ella estaba, por suerte, libre de la obligación, principalmente porque sólo le gustaba un tipo de té, y no lo servían durante las reuniones de la Orden.

—¿Dónde está él? —gruñó Charlie, listo para cazar y destripar al viejo y manipulador bastardo.

Todo el mundo estaba entrando en pánico, solicitando ser comprobados, aterrorizados de haber sido engañados también ellos. Empujaban tanto que casi provocaron que las pociones para las comprobaciones cayesen. Severus les fulminó con la mirada, gruñendo con voz ronca; fue suficiente para disuadirles. Se calmaron un poco y se sentaron de nuevo, pero a juzgar por la expresión de sus rostros, no estaban contentos con ello.

—Albus fue arrestado esta mañana temprano —, dijo Minerva, su agotamiento resultando ya evidente y haciendo que todo el mundo se detuviese.

—¿Por intentar salvar el mundo mágico? Necesitábamos a Harry —, declaró Molly, la incredulidad emanando de ella en oleadas.

—¡MAMÁ! —gritaron siete voces al unísono, conmocionados en lo más profundo.

Severus se puso en pie, con todo su cuerpo temblando con una furia que ni siquiera podía comenzar a contener. Tenía todas las intenciones de arrancar su cara de cuajo de su cabeza con una maldición. Alcanzando su varita, fue detenido por una mano aferrándose a su brazo. El Profesor de Pociones no quitó los ojos de Molly, aquellos orbes negros relampagueando peligrosamente, dejándole saber que no se había acabado. Llegaría a ella de alguna forma, de alguna manera; pagaría por sus palabras.

—Severus, siéntate —, dijo Minerva a modo de aviso, afianzando su presa en el hombre, que se había levantando ante la afirmación de Molly con rabia derramándose de él como un tsunami. La Orden también se alejó; pensaban que le habían visto enfadado, sobre todo Black, pero aquello… aquello mandó sus nociones preconcebidas al infierno. Era intimidante, no se podía negar. Incluso Molly retrocedió, cautelosa y con los ojos abiertos como platos.

—Sugiero que sigamos comprobando a todo el mundo. Ahora —, ordenó Minerva, sin dejar ir el brazo de Severus hasta que se sentó una vez más.



Veinticinco minutos después, todo el mundo había pasado el chequeo; cada frasco de poción estaba de regreso en el cajón. La siniestra mayoría de gris era muy reveladora frente a la pequeña colección de pociones azules. Parecía que sólo la generación más joven había sido perdonada en la campaña de Dumbledore por controlar a todo el mundo con quien encontraba en contacto.

—¿Por qué ellos no, Severus? —preguntó Minerva, sintiéndose ligeramente perdida, pero agradecida, no obstante.

—Sólo puedo especular —, respondió Severus en voz baja—. Poppy guarda un registro detallado de todo estudiante que pasa a través de sus puertas. Si descubriese algo como esto, entonces habría hecho saltar la tapadera de lo que estaba haciendo. Quiero decir, si ella lanzase un conjuro para descubrir cuándo había ocurrido, la lista de sospechosos se habría reducido severamente. Sólo unas pocas personas tienen acceso realmente a las cocinas; si todos eran registrados, alguien podría haberse dado cuenta de que había un patrón, y pronto él habría sido el único sospechoso.

—Poppy algunas veces nos ve a nosotros —, le replicó Minerva.

—Lo hace —, asintió Severus—. Pero ¿te has dado cuenta de que… a no ser que necesites un chequeo, ella no lo hace?

—Creo que estás en lo cierto —, asintió la directora.

—Quizá lo descubramos en el juicio —, dijo Severus. Junto con todo lo demás que él quería saber; debería hablar con Cornelius Fudge, asegurarse de tener una lista de preguntas. No cabía duda de que no pensarían en preguntarle acerca de los detalles más importantes.

—¿Por qué está siendo procesado? —preguntó Tonks, con su pelo tan negro como su humor.

—Ha sido arrestado por las siguientes actividades ilegales: abuso de menores y poner a un menor en peligro; el uso de una poción ilegal, la cual de hecho es el equivalente a una maldición Imperius, sin antídoto conocido. Rastrear la magia de alguien, gracias al robo de su archivo en la sala de los registros. Negligencia y coacción… todos sobre Harry Potter, debo añadir. Aunque secuestro no fue añadido a la lista de cargos; será mejor que lo hagan antes del juicio —, dijo Severus amargamente.

—¿Por qué te preocupas, Snape? —le espetó Sirius en el mismo tono—. Odias a Harry.

Minerva tosió, apretando sus labios y encontrando cierta diversión en la situación por primera vez aquella tarde.

Severus esbozó una sonrisa, mirando a Black con regocijo y observando a Lupin hundirse en su asiento, encontrando sus pies interesantes repentinamente. Oh, ese era el momento que había estado esperando; Black lo descubriría y él lograría ver su cara. No es que hubiese pensando mucho en ello, se preocupaba más por Harry que en obtener una insignificante venganza en su oponente. No, era sólo un beneficio más de la situación actual. Era una pena que Dumbledore no estuviese allí también, para que el viejo tonto se diese cuenta finalmente de que no tenía control total sobre su Profesor de Pociones. Tanto Minerva con él estaban limpios de la poción por suerte, probablemente porque él no comía ni bebía durante las reuniones de la Orden.

—Severus —, le reprendió Minerva, meneando su cabeza con disgusto, ¿acabaría alguna vez la rivalidad entre aquellos dos hombres? Iba a ser Harry el que iba a quedar atrapado en el medio esta vez. Aunque ella no pensaba que Harry fuese a estar necesariamente en el medio. No, Harry se pondría del lado de Severus. Después de las acciones de Black… bueno, ella no podía culpar realmente al muchacho.

Severus se volvió para encararse con Minerva; el hombre pudo ver que ella también estaba pasándoselo bien. El centelleo en su ojo la delataba, también los labios apretados que temblaban en las comisuras. Asintiendo en su dirección, su cabeza se movió sutilmente a un lado. Harry había encontrado la ruta hasta el despacho de la Directora. Lo había hecho como un experimento, para ver si el chico podía realmente dar con él sin importar dónde estuviese. Simplemente podía haber usado el mapa para localizarle si se hubiese perdido. Pero no había hecho falta; estaba bastante orgulloso de Harry.

La gárgola gruñó y se quejó, haciendo que todo el mundo se volviese hacia la puerta con curiosidad. Nadie iba allí durante las reuniones de la Orden, jamás.

—¿Conoce la contraseña? —preguntó divertida Minerva.

—Sí —, dijo Severus simplemente—. Se la dije.

—Ah —, dijo la mujer, comprendiendo—. Señoras y señores, me gustaría presentaros a nuestro nuevo miembro. Debo advertiros de que no os acerquéis a él, le sobresaltéis o le hagáis demasiadas preguntas.

El rostro de varios miembros de la Orden, Sirius, Remus, Molly y Tonks, se iluminó comprendiendo. Por último pero no menos importante, Hermione, que sólo había tenido sospechas acerca de ello. Fred y George estaban absorbiendo la atmósfera, resistiendo a duras penas saltar arriba y abajo en sus asientos. Sus ojos intentaban mirar a todo el mundo a la vez, sin querer perderse ni siquiera el más mínimo tic en el ojo de cada uno. Sonriendo ampliamente el uno al otro, se volvieron de nuevo hacia la habitación, sin percibir la mirada inquisitiva de su padre.

—Por favor, dad la bienvenida a… Harry Potter —, anunció Minerva, provocando que todo el mundo se quedase sin aliento al mismo tiempo. Por primera vez estaban demasiado conmocionados como para hablar, cotillear o gritar. Sus mandíbulas simplemente colgaron de forma poco atractiva llegando casi hasta el suelo.

Severus se apoyó contra el escritorio de la Directora, con sus brazos cruzados sobre su pecho, su sonrisa todavía fijada firmemente en su lugar. De forma ociosa se preguntó cuánto tiempo se quedaría todo el mundo sin palabras. Era la mejor reacción que había visto de ellos, aparte del día en que de hecho habían desafiado a Dumbledore y le habían cuestionado.

Harry permaneció al otro lado de la puerta; podía sentir a Severus tras ella. Era extremadamente extraño pero liberador saber dónde estaba el hombre todo el tiempo. Significaba que no tenía que preocuparse sobre perderse jamás en aquel enorme castillo. Sus manos se detuvieron a centímetros de la manija de león, sin saber si podría hacer aquello. No estaba acostumbrado a los grupos grandes, los grupos que entraban en contacto con él normalmente terminaban en pelea. Además estaba el hecho de que quería apuñalar a la mitad de ellos por la espalda, como pago por su supuesta amabilidad. Sabía que no se iba a llevar bien con ninguno de los presentes; maldijo de forma obscena, debería haberle dicho a su Dominante que no estaba preparado. No, se había enfrentado a peores situaciones que aquella; podía hacerlo y no fallaría a su Dominante o a Minerva, que de alguna manera le gustaba.

Enderezando sus hombros, su rostro se volvió una máscara inexpresiva mientras abría la puerta y entraba con paso firme en la habitación. Se sentía ridículo con su túnica, pero era mejor que una cerrada. Harry se puso rígido, inclinando su cabeza a un lado; algo le estaba molestando. Sintió algo familiar; no era como con los gemelos, su Dominante o los idiotas que le habían llevado comida. No, era algo totalmente diferente. ¿Pero qué? ¿Qué era? Se rascó la picazón en su nuca. Su frío, duro rostro miró a todos en la habitación, finalmente aterrizando en una persona en particular.

Los ojos de Harry se estrecharon hasta quedar como ranuras; empezó a entender, mientras se daba cuenta de por qué la sensación era tan familiar.

—Harry —, dijo Severus, su voz volviéndose grave, preocupada y con un tono de alarma en ella. Podía sentir todo lo que Harry estaba sintiendo, pero no podía distinguir por qué o dónde.

Todo el mundo comenzó a chillar, apartándose de su camino, cayendo de su sillas, o gritando "Maldición", "Dios mío" o "¡Harry!" mientras el adolescente saltaba sobre la mesa, provocando que el zumo y la bandeja de la comida saliesen volando mientras comenzaba a arrinconar al mago contra el suelo, estrangulándole con una mano mientras con la otra hacía llover golpes sobre el aterrorizado y desprevenido hombre. La rotura de un trozo de madera se perdió en la cacofonía de ruidos que rodeaban la habitación. Nadie pensó siquiera en aturdir a Harry, estaban demasiado impresionados por el despliegue, muy muggle, de violencia y agresividad.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Cómo habéis pasado la semana?

Menuda entrada espectacular ha hecho Harry en el despacho ¡y al estilo muggle! Miedo me da cuando en lugar de atacar con las manos lo haga con la magia XD.

¡Muchísimas gracias a: Jazz Cullen Black, Ryogana, AngieSCullen, Tsuruga Lia1412, LectoraModFantasma, Fran Ktrin Black, sachacaro, liz .hattu79, Lunatica, Sara, LectoraFantasma, Cristine Malfoy, Reno Alvarezy Kira .Itsuki-san por vuestros comentarios!

(Siento muchísimo tener que separar los nicks que tienen un punto, pero los señores de fanfiction los detectan como webs y me los censuran...)

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho! :D

Traducciones. A ver qué sale.