Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 42

Una Orden Patética



—¿Puedes echar un vistazo a Doge, Poppy? —preguntó Minerva. Ahora definitivamente necesitaba una poción calmante. ¿Qué era lo que Harry odiaba tanto como para provocar ese daño? Incluso Remus no había sido golpeado con tanta dureza como Doge: él era miembro de la vieja generación, un consejero en el Wizengamot, y había estado en la Orden desde su nacimiento. Teniendo en cuenta lo que sabía, Minerva se había sorprendido de que Doge hubiese recibido la poción también; el hombre era uno de los amigos más antiguos de Dumbledore. Había escuchado algunos comentarios aquí y allí que se referían a Doge como el estúpido pero devoto compinche del director.

En cuanto Poppy se ocupó de Doge, Minerva se acercó a Harry, cuyo oscuro estado de ánimo no parecía haber menguado ni un ápice. No dijo nada acerca de las palabras de Severus a Molly; teniendo en cuenta la furia del hombre, no quería que su ira se volviese hacia ella. Tenía derecho a defender a Harry; Molly no era quién, tal y como su hijo había dicho, para ir por ahí usando el conjuro de los azotes con nadie. Teniendo en cuenta cómo de vengativo podía ser Harry, Molly sólo acabaría frente al Wizengamot por agresión con agravantes. Parecía que ahora sabía de dónde habían sacado los niños Weasley su exaltación; ciertamente no de Arthur, que era más calmado y tranquilo que nadie que ella hubiese conocido nunca.

—¿Harry? —preguntó Minerva en voz baja, observándole con preocupados ojos marrones.

Harry ignoró a la mujer, ya que no deseaba decirle nada que después lamentaría. Estaba tan enfadado; normalmente podía salir y pelear para liberar sus emociones reprimidas. Eso no era posible aquí; por primera vez desde que su Dominante le había sacado de aquella maldita habitación, sintió la claustrofobia con más intensidad que nunca. Para empeorar las cosas, Poppy estaba ahí deshaciendo todo su trabajo. Debería haberlo adivinado, pero como un idiota, no lo había hecho.

—Si le arreglas, me voy —, le espeto Harry, incapaz de mantenerse en silencio.

—¿Lo sabías? —preguntó Arthur, susurrando al oído de su hijo. Los gemelos con toda seguridad habían estado enterados que algo estaba pasando. Habían estado muy felices y rápidos en defender a Severus y a Harry. Por otra parte, cualquiera con medio cerebro lo habría hecho. Ciertamente nadie había salido en defensa de su mujer, aunque podía ver que algunos de los presentes estaban tremendamente furiosos con Severus por sacar a relucir los asesinatos de Fabian y Gideon, con buenos motivos. Ambos hombres estaban considerados héroes por la gente de aquella habitación.

—Sí —, dijo Fred con seriedad, sin signos de arrepentimiento en su rostro o en su voz. Sus labios temblaron; era tan propio de Harry volverse y decir algo como aquello.

Poppy se quedó inmóvil donde estaba, agachada sobre Doge, con su mirada yendo de Minerva a Severus y después a Harry. El chico estaba sentado al otro lado de la habitación con los brazos cruzados, mirando fijamente a la Medibruja, sin mostrar la menor señal de lamentar lo que había hecho. La estancia permanecía en silencio, aguardando con ansiedad a que Poppy hiciese algo… cualquier cosa. Se incorporó de su posición agachada; por lo que había aprendido de Harry, era sincero. No quería ponerle a prueba; sin duda Severus se marcharía también. La sanadora había visto cómo de unido a él estaba Severus, sabía que cuando el hombre amaba, amaba mucho y por completo. Lo peor del daño había sido tratado ya; la nariz de Doge había sido arreglada y el resto eran solo magulladuras que podía curarse él mismo.

Severus sintió el regocijo destellando como una llamarada a través de él, Harry sólo había estado allí unas pocas semanas, y sólo había visto a Poppy y Minerva dos veces, pero aun así ellas ya sabían lo serio que era. Podía tener que ver con que no tenía nada que perder, nada salvo él estaba reteniendo al chico allí, y los miembros de la Orden ni siquiera se daban cuenta de ello. O quizá no todo el mundo lo percibía; casi podía ver los engranajes girando en unas pocas personas en la habitación. Arthur Weasley, Lupin, Moody… incluso Granger, pero no se sorprendió por eso. Black, sin embargo, sólo parecía estupefacto; probablemente tendría que usar un conjuro para sacarle de ese estado. Cómo había podido el idiota convertirse en Auror y conservar el puesto, nunca lo sabría. Su diversión no duró mucho, en cuanto percibió lo esencial de las emociones de Harry.

Acercándose al chico, ignorando al resto de la habitación, sacó una poción calmante y se la tendió. Le lanzó una mirada severa que decía que era mejor que se la tomase, de otra forma se la incrustaría en su garganta. ¡Estaba tentado de tomar una él mismo! No podía evitar pellizcar el puente de su nariz. Quería respuestas; Doge no servía para nada, y no entendía por qué Harry le había atacado. Especialmente si se podía deducir algo de la confusión del viejo mago. Atacar a Remus o a los otros era una cosa, pero Doge era un hombre mayor, no alguien que pudiese igualar a Harry. A no ser, por supuesto, que tuviese su varita en su mano; entonces podría ser clasificado como competente.

—¡Qué demonios le estás dando a mi ahijado! —gruñó Sirius, intentando avanzar, sólo para ser retenido por un iracundo Remus. Black le fulminó con la mirada, irritado ante su constante interferencia, especialmente en lo que se refería a Harry. Primero antes cuando había preguntado a Minerva, ahora esto; se estaba volviendo más que exasperante. Era como si Remus estuviese intentando apartarle de Harry.

—Ya basta, Sirius —, dijo Minerva, con una clara nota de advertencia en su voz. Ella, a diferencia de Dumbledore, no iba a dejar que los dos se lanzasen al cuello del otro durante las reuniones. Debían abrocharse el cinturón y actuar según su edad, o estaban fuera. Tenían un mundo que salvar, y eso no era algo que pudiesen hacer mientras discutían unos con otros—. Si no podéis comportaros, descubriréis que Hogwarts ya no está abierto para vosotros.

—Oooh, por favor, portaos mal, ¿hacedlo por mí? —dijo Harry lentamente, con sarcasmo. Sus ojos verdes estaban apagándose a medida que la poción comenzaba a hacer efecto y le calmaba, pero todavía había un centelleo perverso en ellos.

Fred y George rieron, junto con Charlie, Bill y Ginny; la tensión pareció desaparecer mientras los gemelos se aproximaban a Harry, dejando clara su lealtad. Dudaron hasta quedar a unos pasos de la pareja, viendo la mirada que Snape les estaba dedicando. No querían cabrearle para no arriesgarse a poner en peligro la incipiente amistad que tenían con Harry.

—Es mejor que seas sincero conmigo, Harry; no estoy de humor para excusas a medias, ¿entendido? —susurró Severus al oído del chico para que nadie pudiese escucharles, ni siquiera Minerva, que aún seguía bastante cerca de ellos.

No es que hubiese más que unos pocos intentando oírles, de hecho. Los demás estaban cuchicheando acerca de por qué Harry había atacado a Doge. Sus opiniones variaban desde que el chico era un psicópata enajenado a que estuviese controlado por alguien. Su larga y laboriosa búsqueda de Harry les había mantenido activos, cada uno de ellos imaginando a su héroe como alguien puro e inocente. Era totalmente evidente que no comprendían cómo era vivir en las calles.

—Sí, Señor —, murmuró Harry. La poción calmante había funcionado demasiado bien; sólo deseaba cerrar los ojos y dormir.

—¿Por qué atacaste a Doge? —preguntó Severus, con un asomo de dureza filtrándose en su tono de voz. Se preguntó a sí mismo si realmente deseaba saberlo; su mente estaba llena de todo tipo de ideas, ninguna de ellas buena. Sabía que Harry había tenido varios Dominantes antes que él, y Doge, como mago más mayor y sangre limpia, probablemente prefería la vida D/s. Le gustaba pensar que Harry tenía mejor gusto como para acabar con un hombre de ciento sesenta años de edad. Pero, como le había explicado a Lupin, Harry habría hecho cualquier cosa para salir de las calles.

La habitación se había quedado en silencio tras escuchar la pregunta de Severus, todos ellos llenos de curiosidad a su vez. Decir que aquella era una reunión de la Orden que no olvidarían en mucho tiempo era exponerlo suavemente.

—Harry —, repitió Severus a modo de advertencia.

—Le conocí —, dijo Harry en voz baja, fulminando con la mirada a todos los demás en la habitación. Que se fuesen al infierno, no quería que le viesen de aquella forma. Y además no podía gruñir o replicar a Severus, no sólo porque le respetaba demasiado, sino porque su Dominante odiaría que lo hiciese. Quería demostrar cuánto necesitaba a Severus, no hacer que estuviese constantemente enfadado con él.

—¿Cuándo? —preguntó Severus con urgencia.

—Yo tenía nueve años —, respondió Harry.

—¿Asumo que te refieres a mientras te encontrabas todavía con los Dursley? —declaró Severus con resignación.

—El día antes de que huyese —, aclaró Harry.

Severus tomó aire profundamente, provocando que la Orden frunciese el ceño y se preguntase qué era lo que él sabía que ellos no.

—¿Es correcto si presupongo que él es la razón de que Vernon Dursley te apuñalase? —preguntó el hombre, suspirando con cansancio.

Comprendiendo ahora, cada uno de ellos jadeó; Ginny gimoteó, totalmente horrorizada. Ella había sido amparada enormemente por sus padres y parientes. A pesar de haber sido poseída por Lord Voldemort, era inocente e ingenua en muchos aspectos del mundo. Fred y George hicieron una mueca, incapaces de mirar a nadie; en parte por saber todo lo que había ocurrido por haber leído aquel maldito periódico. No era de extrañar que Harry hubiese reaccionado de la forma en la que lo había hecho antes si su tío había ido hacia él con cuchillos en la mano durante su infancia. El conjuro que les azotaba parecía bastante suave ahora.

—¡Yo no hice nada de eso! —exclamó Doge con los ojos abiertos como platos, buscando a ciegas su varita desde el lugar donde estaba sentado, contra el muro. Estaba aterrorizado ante la posibilidad de que Snape fuese el siguiente en ir a por él. Cogiéndola, lloriqueó apenado cuando se dio cuenta de que estaba hecha pedazos; había tenido su varita desde los once años. Absolutamente desolado ahora, sacó la segunda mitad y acunó su varita rota contra él, sufriendo de un duro golpe.
Harry siseó, mirando a Doge de una forma que prometía la muerte si no se callaba.

—¿Cómo pudiste ver a Harry, por no hablar de interactuar con él? —le preguntó Minerva al anciano.

—Él me seguía —, le espetó Harry. Con su voz suavizándose, continuó—. Cada vez que iba a cualquier parte fuera de Privet Drive tenía una escalofriante sensación de que algo no iba bien… Nunca lo comprendí. Simplemente me hacía sentir raro, mal… Lo sentí de nuevo en el instante en que entré en esta habitación.

—¿Su magia estaba activa a los nueve años? —preguntó Moody, mirando a Potter con manifiesto orgullo, profundamente impresionado.

—¿Qué significa eso? —preguntó Harry frunciendo el ceño.

—La magia de alguna gente es más… despierta que la de otros, dependiendo de cómo de poderosos sean. El hecho de que tú supieses que estabas siendo seguido dice mucho de cómo de rápido tu magia… maduró —, dijo Minerva a modo de explicación—. No entiendo cómo el hecho de que él te siguiese pudo provocar que tu tío… —fue incapaz de terminar la frase. Ella, como todos los demás, había escuchado la verdad sin adornos de boca de Vernon Dursley, pero parecía que de alguna forma había conseguido eludir el Veritaserum y la Legeremancia de Severus. No habían descubierto acerca de Doge o del hecho de que Vernon había apuñalado a Harry, pero teniendo en cuenta lo que sabían… no le sorprendería que Dumbledore tuviese algo que ver con ello.

—No lo entiendes, Minerva —, suspiró Severus, sentándose. Todo el mundo permaneció en silencio, sin siquiera intentar hablar o mirarse los unos a los otros—. Nunca pasó un día sin que Harry fuese herido, de formas en las que un observador habría encontrado preocupantes. Si yo hubiese visto a Harry en aquel entonces, habría sabido que algo iba mal… el hecho de que un hombre de la talla y edad de Doge no informase de ello… —la voz de Severus se fue desvaneciendo significativamente. Doge había estado en el Wizengamot, había visto arrastrarse a la mayor escoria de la sociedad; si alguien allí aparte de él mismo podría y debería haber sido capaz de detectar el abuso, era él.

Harry resopló amargamente—, él vio a mi tía herirme aquel día; me hizo una reverencia en una tienda, provocando que ella perdiese los estribos. Casi me arrancó el brazo de su sitio, le rugió, y entonces regresó. Cometí el error de preguntar cómo era que él me conocía; ella me abofeteó y entonces básicamente me arrastró a casa. En el momento en que mi tío volvió le contó lo que había pasado. Fue entonces cuando perdí la esperanza de que a alguien le importase una mierda.

—A nosotros nos importa —, dijo Tonks.

Harry rió desdeñosamente—, eso sólo es porque queréis que luche contra el Señor Oscuro por vosotros. No intentéis fingir otra cosa, no soy un jodido estúpido. Si quieres genuinamente gustarle a alguien, ¡no vas encerrándole cuando está claro que no quiere estar aquí! Y no intentes aparentar ser inocente —, dijo él fríamente, mirando por la habitación—. Todos tomasteis parte, y si por un minuto pensase que iba a servir de algo –y si las cosas no estuviesen tan mal– haría que os arrestasen a todos como cómplices es secuestro —. En ese punto Harry miraba directamente a Lupin, Black y Tonks.

—Si no se me necesita aquí, regresaré al ala del hospital —, dijo Poppy, con aspecto de estar incómoda. Estaba muy furiosa por la situación de Harry; sabía que Dumbledore le había mantenido contra su voluntad allí, no que todo ese grupo al completo había tomado parte en ello. Ella estaba, por decirlo de forma sencilla, disgustada con todos y cada uno de ellos, y quería salir de allí antes de hacer un Harry y atacarles a todos, como paso previo antes de desollarles vivos con palabras cortantes.

—Por supuesto —, dijo Severus, con una expresión cómplice en su rostro.

—Puedo ver por qué piensa eso, Potter —, dijo Moody avanzando, su pierna de madera resonando duramente contra el suelo de piedra—. Desafortunadamente, todos confiamos en el hombre equivocado. Todo el mundo aquí puede decirte lo desconfiado que soy, y aun así me engañó —. Su voz se apagó con un gruñido al ver mejor el collar y percibir los conjuros en él con su ojo mágico. Su ojo verdadero se abrió, y su ojo mágico fue automáticamente a la forma sentada de Snape.

Harry hizo un gesto de burla y meneó la cabeza; ¿por qué no le escuchaban? Poniéndose en pie, cruzó la mirada con Snape y le suplicó sin palabras que le sacase de allí. Estaba enfureciéndose de nuevo; estaba muy cansado de estar enfadado a todas horas.

—Creo que hemos acabado por hoy —, dijo Severus, levantándose con rapidez y guiando a Harry hacia la salida.

—No lo creo, Snape —, dijo Sirius con desprecio, colocándose frente a la puerta.

Harry ni siquiera dio un aviso esta vez, simplemente dio un manotazo y Sirius salió volando, cayendo con un ruido sordo sobre la mesa, desparramando libros por todas partes.

—¿Debo contárselo a todo el mundo? —preguntó Minerva.

—No —, dijo Severus rotundamente, él se lo diría personalmente, quizá después del juicio, que se cernía sobre ellos como una nube. Dos días, entonces sabrían cada sucio secreto que Dumbledore había estado ocultando—. Sugiero que informes al Ministerio acerca de la poción. Con suerte habrán estado trabajando en el antídoto; si no, diles que envíen todos los resultados de sus pruebas y haré lo que pueda.

—Por supuesto —, dijo Minerva en voz baja.

Entonces con tanta celeridad como habían llegado, Severus y Harry se fueron. Tanto si se lo decía como si no, Minerva sabía que todos ellos estaban especulando acerca de qué estaba ocurriendo.

—Ouch —, se quejó Sirius, poniéndose en pie de forma temblorosa. Irónicamente, no había caído muy lejos de donde Doge todavía estaba sentado.

—¡Eso ha sido… — dijo Fred boquiabierto.

—...totalmente increíble! —dijo George pasmado.

—¡Chicos! —les regañó sin ganas Arthur, meneando la cabeza. Los gemelos siempre serían los gemelos, incluso durante la guerra; parte de él estaba agradecido por ello, de hecho.

—Estabas advertido, Sirius; sólo estás perjudicando cualquier posibilidad que tuvieses de llegar a conocer a Harry —, Minerva echó el sermón al animago como si fuese un colegial díscolo.

—Potter está con él por propia voluntad, ¿verdad? —preguntó Moody; por una vez en voz baja.

—Lo están; ni Harry ni Severus fueron drogados, Alastor. Se unieron por su cuenta. Intenta mantenerlo en secreto por ahora; creo que Severus quiere ser él mismo quien lo anuncie —, dijo Minerva.

—Probablemente para ver las reacciones de todo el mundo —, dijo Moody haciendo una mueca, su cara llena de cicatrices estirándose de forma espeluznante. Él jamás había confiado en Snape, pero parecía como si fuese a tener que hacerlo. No era estúpido; se daba cuenta de que el Profesor de Pociones era la única razón de que Potter estuviese allí. Lo había dejado bastante claro en su anterior discurso; había mirado a todos menos a los gemelos Weasley, Snape y Minerva.

—No me sorprendería —, admitió Minerva con una media sonrisa.

—¿Por qué se fue con el Profesor Snape? —preguntó Ron, disgustado.

—Creo que lo mejor es que volváis a la sala común de Gryffindor —, dijo Minerva, añadiendo—. Veinticinco puntos menos para Gryffindor por la falta de respeto, Señor Weasley; no lo olvide.

—Sí, profesora McGonagall —, dijo Hermione inmediatamente. Cogiendo a Ron, básicamente le arrastró fuera de la habitación. Ginny les siguió sin decir ni una palabra a nadie, todavía alterada por lo que había escuchado. No había habido nada como aquello cuando su madre le había contado la historia de Harry Potter, el chico que vivió.

—Os sugiero a todos que os abstengáis de ir al juicio a menos que la poción sea eliminada de vuestro sistema —, dijo Minerva con simpatía mientras miraba por la habitación. Ciertamente explicaba el comportamiento de Remus; si Dumbledore le había ordenado que actuase, el joven no habría tenido esperanza de luchar contra ello. Quizá cuando las pociones fuesen eliminadas de Black vería una mejora en él. Aunque, en cuanto resolviese su relación con su ahijado, el embrollo podía quedar resuelto. SI Harry le daba una oportunidad.

—¿Qué hay de Doge? Si él sigue en la Orden, yo me voy —, dijo Fred amargamente.

—Yo también —, dijo George sin necesidad, ya que un gemelo nunca iba a ningún lugar sin el otro.

—¿Qué? —gritó Doge, el tono áspero de su voz siendo evidente cada vez que hablaba.

Minerva se puso rígida viéndose pillada bajo los focos—. Por favor, volveremos a reunirnos tras el juicio; sólo entonces se tomará cualquier decisión.

—Muy bien —, dijo Moody—. Tonks, Black, moveos—. Tenían trabajo que hacer. Como había prometido, mantendría silencio acerca de Snape y Potter, ellos dos juntos… bueno, odiaría tenerlos como enemigos. Podía sentir el poder fluyendo entre ambos.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de esta semana? Ya conocemos el motivo por el que Harry atacó a Doge. Pobre, hubiese podido salir de casa de los Dursley si él hubiese dicho algo y no a Dumbledore sino al Ministerio.

Y Sirius finalmente acabó volando por la habitación, algo me dice que no va a ser la última como siga con ese temperamento frente a Harry ¿Qué pensáis?

¡Muchísimas gracias a: sachacaro, Cristine Malfoy, Fran Ktrin Black, Tsuruga Lia1412, Kira .Itsuki-san, Lailliet, Sara, Ryogana y Guest por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho!

Traducciones. A ver qué sale.