Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 45
Antídoto y Posesividad
Severus y Harry fueron los últimos en entrar en el despacho de la Directora, que hacía también las veces de sala de reuniones para la Orden del Fénix. Llevaban grandes cajas llenas de frascos con pociones con ellos; los miembros de la Orden que esperaban allí pudieron escuchar las botellitas tintineando unas contra otras mientras las cajas eran colocadas en la mesa frente a Minerva. Todo el mundo miraba a Harry, ya que le veían por primera vez en una vestimenta propia del mundo mágico… bueno, aquellos que no habían estado en el Gran Comedor. Harry llevaba un caro par de botas de Piel de Dragón, Galés Verde, lo identificó Charlie, lanzándole una mirada impresionada. Realmente le gustaban las botas, pero era demasiado extravagante para él ir simplemente a comprar un par cuando le apeteciese. El Galés Verde era una piel rara; era diferente del Verde normal. Ninguno era más raro que el Colacuerno Húngaro, por supuesto. Eran los dragones más feroces; matarlos era extremadamente difícil.
A algunos magos les gustaba cazar dragones y matarlos por sus dientes y su piel, la cual vendían en el mercado negro. Él odiaba a esos magos, y si atrapaba a uno haciéndolo, le mataría; al fin y al cabo, Charlie trabajaba en una reserva en Rumanía protegiendo a los dragones.
—Me alegro de que hayáis podido venir, Severus, Harry —, dijo Minerva, sonriendo levemente a modo de bienvenida.
—No hay problema; bebe esto —dijo Severus, tendiéndole un frasco de poción a la primera persona que vio, que resultó ser Arthur Weasley.
—¿Crees que funcionará? —preguntó Arthur, con un nudo en el estómago. Había estado evitando ir al Ministerio a causa de esto, ya que no sabía cómo de fuerte era la poción de compulsión. No quería correr el riesgo de sentir la necesidad de rescatar a Dumbledore; no tenía intención de convertirse en un traidor al mundo mágico o a la Orden.
—Sólo hay una forma de descubrirlo —, dijo Severus, resistiendo las ganas de mostrar desdén ya que Arthur parecía genuinamente esperanzado, no era una observación despectiva acerca de su habilidad con las pociones—. ¿Cómo te sientes acerca de Albus Dumbledore? Responde tan honestamente como sea posible —, quiso saber en cuanto la poción fue bebida y le dio unos minutos para que actuase.
—Parte de mí tiene la esperanza de que todo fuese un gran malentendido; yo confié en él y a cambio drogó a mi familia. Eso es algo que no puedo tolerar y no lo haré —, dijo Arthur con seriedad, sus ojos marrones relampagueando con la furia que sentía contra su antiguo Director. El hecho de que su esposa todavía estuviese intentando defender al anciano estaba volviendo las cosas tensas en casa. Simplemente no podía estar de acuerdo con ella; iba contra sus principios.
—Bébetelo —, dijo Severus mientras entregaba la siguiente botella. Evidentemente la poción de compulsión ya no les hacía sentirse leales al viejo, ya que Arthur estaba furioso con Dumbledore. Desafortunadamente, aquello significaba que no había una manera infalible de probar la fiabilidad de su antídoto.
—Tienes un aspecto muy elegante con tu ropa nueva, Harry —, dijo Minerva, bromeando con el muchacho.
—Lo sé —, respondió Harry, sonriendo levemente con diversión. Los vaqueros eran estrechos, haciendo que pareciesen pegados a sus piernas, llevaba un chaleco negro y una camisa verde, entreabierta, junto con su larga túnica negra, la cual no se había molestado en abotonar. Parecía extraño no llevar su chaqueta pero tenía suficiente calor como para quejarse.
—Sí que lo tienes —, dijo Ginny también, sonriendo a Harry como si se conociesen desde hacía años.
Harry enarcó una ceja ante su extraño comportamiento, evitando burlarse. Se encaró con los gemelos para ver si podían explicárselo, pero ellos simplemente se hundieron en sus asientos con aire avergonzado. Qué… raro; normalmente nadie adoptaba un acercamiento tan despreocupado con él, por un buen motivo, había que admitir. Meneando la cabeza para desechar aquel pensamiento, se volvió hacia su Dominante, quien estaba observándolo todo de forma discreta, no sólo a Arthur Weasley.
Sacando su varita, Severus comenzó a entonar, hasta que un rollo de pergamino se desplegó de ella. Cogiéndolo comenzó a leer los resultados. Ya no necesitaba usar la varita, o al menos los conjuros sin varita que había usado hasta entonces habían funcionado. Le llevaría tiempo acostumbrarse a ello; él era Slytherin, sin embargo, y no dejaría que los demás supiesen acerca de sus nuevas habilidades. O mejor dicho, las habilidades que había recibido o que le habían sido transferidas cuando la magia de Harry les había vinculado. Seguía teniendo intención de hablar con su sumiso acerca de ello, especialmente acerca de su habilidad de ver la magia. Espera, ¿qué había dicho Harry los primeros días con él? Que había sabido que Severus era como él, mágico, y había estado a punto de confesarle sus habilidades cuando Dumbledore había entrado en su piso… ¿Lo había sabido desde el primer día? Aquello era definitivamente algo que debía investigar; quería saber desde hacía cuánto tiempo era capaz Harry de ver la magia a simple vista.
—Bien, la poción ha sido neutralizada, según estos resultados; los ingredientes en la poción original, sin embargo, deberían haberlo hecho imposible. Cualquiera que tomase esa poción debería haber mantenido siempre el modo de pensar que Dumbledore había pretendido para él. Por ejemplo, si hubiese tenido éxito dándosela a Harry, habría conservado la idea de la necesidad de destruir al Señor Oscuro y convertirse en Auror —, dijo Severus, poniendo los resultados de Arthur sobre la mesa y frunciendo el ceño pensativo.
—Tú creaste el antídoto, sin embargo; sólo era permanente porque no había antídoto conocido —, dijo Harry, viendo la situación tal y como era—. Ya no puedo ver nada de rojo en él… casi todo el mundo lo tiene.
—¿De qué está hablando? —preguntó Molly, desconcertada, alzando su nariz hacia Harry como si estuviese por encima de él.
—¿Puedes ver la magia? —preguntó Bill con admiración; ¡lo que él haría por un don como aquel! Especialmente con su trabajo como rompedor de maldiciones para Gringotts.
Harry miró a Bill con gesto impasible. Internamente, sin embargo, estaba impresionado con su sentido para la moda; parecía que acababa de salir de un concierto de rock. Bueno, aparte de las botas de piel de dragón; no podías conseguir nada como aquello en el mundo muggle. De otra forma habría tenido un par de ellas hace mucho tiempo. Bill llevaba puestos pendientes de colmillos, y un enorme colgante de colmillo a juego; tenía un gusto especial por ellos por lo que parecía. Debía ser uno de los hermanos de los gemelos; eran tan parecidos, especialmente con su pelo largo—. Disculpa —, dijo él de repente—, debería haberme presentado; me llamo Bill, Bill Weasley.
—Bien —, dijo Harry asintiendo—. Yo me presentaría pero todo el mundo lo sabe ya —, añadió él bruscamente.
—Trabajo en Gringotts como Rompe Maldiciones, principalmente en Egipto, pero recientemente he solicitado un trabajo de oficina —, dijo Bill como explicación adicional, sin desanimarse por la actitud de Harry.
—Y estás fascinado con los dragones —, dijo Harry señalando a los objetos en cuestión.
—Regalos de mi hermano, él trabaja con dragones —, dijo Bill, haciendo un gesto en dirección a Charlie.
—Id pasándolas —, dijo Severus entregando las pociones, y siguiendo con ello hasta que todo el mundo en la habitación tuvo la poción verde lima en sus manos. Bueno, todo el mundo al que Dumbledore le había dado la Poción Controladora, en cualquier caso; no había absolutamente ninguna razón para desperdiciar el antídoto en alguien que no lo necesitase.
—Yo soy Charlie —, dijo el siguiente Weasley saludando brevemente, sin estar seguro de si Harry le daría la mano o no.
—Y yo soy… —dijo Ron, poniéndose en pie con entusiasmo, con su mano extendida.
—¿Ronnie? Lo sé —, dijo Harry con una sonrisita.
Ron se ruborizó en un rojo brillante que contrastó de forma horrible con su pelo. Avergonzado del todo se quedó allí boquiabierto, con su mano aún tendida hacia él.
Severus tosió para evitar reír; había estado allí cuando los gemelos le habían sugerido a Harry que usase aquel nombre. Fred y George, sin embargo, no eran tan reservados; estallaron en una carcajada de alegría a costa de su hermano, dándose palmadas en la espalda el uno al otro, y golpeando el escritorio mientras vociferaban su regocijo. ¡Oh, aquello era hilarante! Jamás olvidarían la expresión en el rostro de su hermano; no habían creído que Harry fuese a hacerlo, pero se habían equivocado. Los demás hombres Weasley tenían los labios apretados, tratando de contener su propio regocijo a expensas de su hermano.
—No me llames eso —, susurró Ron con desesperación, incapaz de creer que todo el mundo supiese aquel horrible nombre con el que su madre insistía en llamarle—. Mi nombre es Ron.
Harry simplemente se encogió de hombros, todavía sonriendo divertido; aquello era tan gracioso.
—¿Significa esto que podemos ir al juicio? —preguntó Sirius, con sus ojos convertidos en dos líneas y sus labios curvados. Si era porque estaba hablando con Snape o acerca de Dumbledore nadie lo sabía. De cualquier forma, Tonks hizo una mueca ante la expresión en la cara de Harry y apartó su silla de la de Sirius, no queriendo que la pillase el fuego cruzado. Bill sólo le sonrió desde donde estaba sentando, encontrando toda la situación cómica. Remus, quien estaba en el lado contrario, sólo miró a la mesa, como si quisiese desaparecer.
—No lo recomendaría —, dijo Severus secamente; ni siquiera se preocupó en buscar una réplica mordaz. Deseaba al menos una reunión de la Orden que terminase a su hora y sin dramas innecesarios.
—Yo voy a ir —, dijo Remus en voz baja, alzando la vista—. Quiero estar allí, escucharlo de sus propios labios.
—Es cosa tuya —, dijo Minerva con voz cansada; no iba a luchar con todos ellos.
—¿Cómo estás encontrando el mundo mágico, Harry? —preguntó Ginny, parpadeando en su dirección, con sus inocentes ojos marrones. Se deslizó hacia delante un poco, ladeando su cabeza. Cuando le había visto en el Gran Comedor, sabía que tenía que actuar con rapidez; todo el mundo a su alrededor había estado babeando con lo guapo que era. Tenía que captar su atención pronto y mantenerla; no iba a perderle. No frente a alguien como Lavender Brown o Parvati Patil; ella era mejor que cualquiera de las dos. Harry lo vería… aunque no le gustaba lo cerca que estaba de Snape. Ella le odiaba; Bill también le odiaba, así que tendría que poner distancia entre ambos. Él era demasiado viejo para ser amigo de Harry de todas formas, a no ser que le hubiese estado instruyendo sobre Pociones… aquello tenía más sentido que Snape siendo amigo de alguien.
—¿Hablas en serio? —le preguntó Harry, mirándola como si tuviese dos cabezas. Le habían retenido allí en contra de su voluntad, ¿y ella tenía el descaro de preguntarle qué le parecía? ¿Qué edad tenía? ¿Doce? ¿Trece? Ciertamente los aparentaba. Miró a Severus como si pudiese decirle qué demonios estaba pensando la chica. Por desgracia no estaba prestándole atención, estaba hablando con el pelirrojo más mayor, probablemente el padre los gemelos—. ¿No se suponía que ésta era una organización secreta que trabajaba para luchar contra Voldemort? ¿Qué hace aquí una niña de doce años? —preguntó Harry volviéndose hacia Minerva, ya que Severus estaba ocupado. Frunció el ceño cuando casi todos los presentes se encogieron como si les hubiesen golpeado. ¿Qué es lo que había dicho? Se preguntó, lanzando a la habitación una mirada confusa y ligeramente desconcertada—. ¿Qué os pasa a todos? —les espetó Harry, con gesto de fastidio.
—Normalmente nadie dice su nombre, Harry. Le llaman Ya-Sabes-Quién o Aquel-Que-No-Debe-Ser-Nombrado —, le dijo Minerva a modo de explicación. Ella no era uno de ellos, no desde que Harry le había derrotado; incluso antes de aquello ella simplemente lo había hecho por costumbre. Todo el mundo a su alrededor aparte de Albus le llamaba Ya-Sabes-Quién; ella había comenzado a decirlo así también por costumbre. Después estaba el hecho de que había rumores de que había puesto su nombre bajo un conjuro de Geas. Ella no pensaba que fuese cierto, sin embargo, porque Albus les había animado a usar el nombre, declarando que el miedo a la palabra incrementaba el miedo a la cosa en sí. Ella especulaba si había sido todo un plan… algo que había deseado hacer pero no había tenido la oportunidad a causa de Harry.
—¿Por qué? —preguntó Harry, su labio superior alzado hacia la izquierda junto con una ceja, confundido por su cobardía. Le recordaba a la película que había visto en el piso de su Dominante, debía hacer dos años ya; la momia había sido llamada Aquel-Que-No-Debe-Ser-Nombrado… tenía que reconocer que no por mucho tiempo.
—No lo entiendes —, dijo Molly coléricamente, furiosa con el adolescente por mirarles como si fuesen estúpidos—. Él ha torturado y asesinado a muchos magos y brujas y continuará haciéndolo.
—¿Y NO decir su nombre lo hará mejor? —preguntó Harry con sarcasmo.
—Harry —, dijo Severus a modo de advertencia; incluso a él no le gustaba decir el nombre, aunque últimamente lo había estado haciendo en vez de "El Señor Oscuro". Él no era lo bastante cobarde como para decir Ya-Sabes-Quién como todos los demás. Comprendía la actitud sarcástica de Harry; en las calles simplemente no podías temer a algo, te hacía vulnerable.
—Es la verdad, se supone que se están aliando para derrotarle pero dicen Ya-Sabes-Quién en vez de Voldemort —, dijo Harry, defendiéndose.
—Lo sé, pero la última guerra fue horrible; cientos de magos y brujas murieron. Él erradicó casi la mitad de nuestra población; si logra su propósito… nuestro modo de vida puede quedar obsoleto —, le dijo Severus en voz baja—. Y está el hecho de que el Señor Oscuro tiene planes de colocar un Geas en su nombre.
—¿Geas? —preguntó Harry mientras se sentaba, su atención centrada solamente en Severus.
—Es Magia Oscura; si cualquiera dijese el nombre en el que estuviese colocado el Geas, podría ser localizado y asesinado —, explicó Ginny, odiando el hecho de que Snape fuese el foco de toda la atención de Harry. Parecía que el hombre era el único al que el chico podía tolerar y aquello la irritaba completamente.
Allí estaba la Magia Oscura mencionada de nuevo como si fuese algo repugnante y sucio; realmente tenía que hablar pronto con Severus acerca de ello. Había tanto que no sabía, y no iba a sacarlo a relucir ahora. Obviamente era algo que la gente debatía ampliamente y sobre lo que tenían diferentes puntos de vista. Las dos personas a las que les había preguntado acerca del tema tenían opiniones muy diversas, McGonagall y Sev. ¿Diversas? Muy bien… ya estaba aprendiendo algo nuevo gracias a Severus.
Ginny suspiró exasperada; a pesar del hecho de que ella había respondido a su pregunta, era a Snape a quien él estaba mirando aún. ¿Qué iba a tener que hacer ella para lograr su atención? Tenía que hacerlo ahora, antes de que fuese presentado al resto del colegio. ¿Pero qué? ¡No tenía ni idea de lo que le gustaba! Ni siquiera había respondido a su pregunta acerca de qué le parecía el mundo mágico… y para empeorar las cosas, ¡había pensado que ella tenía doce años!
—¿Has aprendido algo de magia ya? —preguntó Ginny, feliz de haber elegido sentarse allí para estar cerca de Harry.
—Sí —, dijo él, intentando ser amigable, pensado en los gemelos, pero sus preguntas estaban irritándole.
—Oh —, dijo Ginny, basta ya de aquello, ¿por qué era tan difícil?— ¡Yo podría ayudarte a aprender más! —ronroneó ella, agitando sus pestañas hacia él.
—Estaré bien —, dijo Harry. Oh bien, ella estaba flirteando con él; ¡qué desagradable! Era una niña pequeña, y él no había sido amable o agradable con ella antes… así que la única conclusión a la que podía llegar era que quería algo de él. ¿Dinero? ¿O era por quién era él? De cualquier forma, no estaba impresionado. Estaba a punto de decirle a la muchacha lo que pensaba cuando Remus habló.
—¿Has estado ya en Hogsmeade, Harry? —le preguntó Remus en voz baja, hablando después de que la habitación quedase en un silencio embarazoso.
Moody se inclinó hacia delante y le susurró a Arthur tan bajo que nadie pudiese escucharle –algo sorprendente, porque era de Moody de quien se trataba– —. Deberías detener a tu hija—, le advirtió. No había manera de que Snape fuese a tolerar aquello cuando se diese cuenta de qué estaba ocurriendo. Eso si era afortunada; Potter no aguantaba chorradas de nadie, y la dejaría humillada y traumatizada durante años.
—¿Hogsmeade? —repitió Harry—. No, pero he estado en… ¿cómo se llama? —Se volvió para encararse con Severus, incapaz de recordar cómo lo había llamado su Dominante.
—El Callejón Diagon —, dijo Severus divertido.
—Sí, ahí —, asintió Harry.
—¿Llevaste a Harry al Callejón Diagon? —preguntó Sirius, con la envidia brillando a través de sus ojos azules. El dolor le recorrió; ¿cómo podía Harry dejar a la resbaladiza serpiente llevarle de compras cuando no le dejaba a él hacerlo? No era justo; Snape había sido tan parte del asunto como ellos. Había sabido acerca de ello, aunque un pensamiento discordante entró en su mente, diciendo que Snape había estado en contra, advirtiéndoles de que estaban haciéndolo mal.
—¿Qué hiciste? —preguntó Ginny hablando de nuevo.
—Fui a Gringotts —, respondió Harry, encogiéndose de hombros y fulminándola con la mirada antes de mirar a Black; ¿se sentía herido realmente? ¿Tenía ese descaro? Harry no sabía si pegarle un puñetazo o gritarle. La hipocresía de la situación le ponía furioso. Black le había retenido allí contra su voluntad, ¿y aun así esperaba gustarle y quería ir con él al Callejón Diagon? Probablemente era uno de los idiotas que querían quitarle su fortuna—. Conseguí el dinero que habrías obtenido de mí.
Sirius se encogió y Harry se dio cuenta de que había dado en el clavo.
—Creo que sería lo mejor si dejamos estar el pasado, y trabajamos hacia un futuro mejor, ¿no crees? —dijo Minerva, mirando a Harry. Aunque comprendía su furia, tenían cosas más importantes que resolver. No es que su enfado no fuese importante, simplemente no era productivo respecto a lo que estaba ocurriendo en esos momentos.
—¿Lo haría usted? —preguntó Harry con irritación, mirando fijamente a McGonagall y provocando que la profesora de Transformaciones se estremeciese. Quizá se lo merecía—. Si fuese secuestrada por gente normal, incapaz de usar magia; y cuando lo hiciese, la pisoteasen… hiriéndola en el proceso, ¿les perdonaría de repente, lo dejaría correr y simplemente se integraría en el mundo normal, olvidando todo acerca de su pasado y fingiendo ser feliz?
—Muggles, los llamamos muggles —, dijo Hermione.
—Cierra la maldita boca —, le espetó Harry.
Hermione tomó aire con fuerza, incapaz de creer el lenguaje que estaba usando; los demás sólo parecían resignados. Fred y George, sin embargo, estaban riéndose divertidos. ¿Cuánto tiempo habían deseado decirle aquello? Demasiado; a ella le gustaba pensar que era mejor que cualquiera, pero la realidad es que no era así. Sabía todo lo que les había sermoneado, pero era mejor escucharla y después marcharse en vez de meterse en un estúpido debate.
—Harry, ya es suficiente —, dijo Severus.
—No eres el padre de Harry, Snape —, le dijo Sirius—. ¡Él puede decir lo que quiera, no tienes derecho a detenerle! —Al animago le fastidiaba que Harry escuchase al Profesor de Pociones. Incluso le miraba con aire de disculpa; ¡¿qué demonios?! Aquello no se suponía que debiese ocurrir; todos aquellos años esperando ansiosamente a que Harry le necesitase, ¿para que ahora fuese Snape el más cercano a él? ¡Se suponía que debía ser él! Se suponía que debía enseñar Quidditch a Harry, comentarle cuánto se parecía a su padre, contarle historias acerca de sus correrías, incluso animarle a que gastase bromas a la gente. Entrenarle en cómo convertirse en Animago junto con sus compañeros para que pudiese recrear a los Merodeadores, hablarle acerca de chicas, ser testigo de cómo se comprometía y se casaba. Estar allí cuando tuviese su primer hijo, todo cuanto James no iba a poder ver.
Moody, Minerva, Fred, George, Harry y Remus se atragantaron ante la declaración de Sirius.
—Gracias a Merlín por eso —, dijo Severus con una sonrisa irónica, sus ojos negros brillando de forma malévola—. Puedo ser muchas cosas según tú, Black, pero no me va el incesto —. Ese había sido el momento que había estado esperando; por desgracia, en vez del amanecer de una horrorizada comprensión, todo lo que vio fue confusión extendiéndose por el rostro del hombre. ¿Realmente iba a tener que deletreárselo al Auror?
—¿Qué? —gritó Sirius, su cara congestionada mientras intentaba averiguar de qué narices estaba hablando Snape.
Hermione resopló, con un gesto de indignación en su rostro. ¡Aquello era simplemente asqueroso! Él era un profesor y Harry era lo bastante joven como para ser su estudiante. Había leyes contra ese tipo de cosas, y ella informaría de ello en cuanto fuese posible. Salvaría a Harry de sí mismo; estaba tan desesperado por tener alguien con quien vivir que estaba aceptando a Snape y dejando que el hombre le manipulase. Lo peor era que nadie parecía estar reaccionado; la Profesora McGonagall debería estar poniendo punto final a aquello inmediatamente.
Remus cerró los ojos, sabiendo lo que iba a ocurrir y que Sirius se volvería mucho más que loco. Acabaría quedando como un capullo homófobo, cuando sólo tenía un problema con el compañero de Harry. Había intentado con todas sus fuerzas que viese al Profesor de Pociones con una mejor opinión, intentando manipularle sutilmente. Había empezado a ser más evidente cuando Harry se había revelado, pero Sirius estaba demasiado amargado tanto por el pasado como por el hecho de que el chico estuviese siendo amigable con el hombre que odiaba.
—Él… —fue todo lo que Harry pudo decir antes de que su boca fuese tapada por la mano de Severus.
—Ni siquiera lo pienses —, dijo Severus, frunciendo sus labios. Sin duda lo que habría salido de la boca del chico sería algo extremadamente sucio. Harry no comprendía lo que era apropiado y lo que no; tras demasiados años en las calles no tenía un sentido de lo apropiado, al menos todavía no.
Harry simplemente lamió la mano de Severus a modo de travesura, provocando que el hombre menease su cabeza y la retirase.
Fred y George simplemente sonrieron divertidos observándoles, recordando la primera vez que habían visto a Harry y su manera franca y abierta de comportarse. No pudieron evitar inclinarse hacia delante, esperando impacientes a que empezasen los fuegos artificiales.
—¡Está mal! Tiene diecisiete años; ¡usted es un adulto! ¡Da clases a chicos de su edad! ¡Va contra la ley! —Protestó Hermione.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Ginny, desconcertada. No comprendía en absoluto a qué se referían. Si Hermione estaba quejándose de ello, debía ser algo realmente malo.
—¡Tienen una relación! —dijo Hermione, exasperada.
—¡No puede ser! —exclamó Ron, sus ojos más abiertos de lo normal. Estaba tragando saliva con fuerza, intentando evitar que su estómago devolviese todo lo que había comido. ¿Cómo podía gustarle a alguien Snape de esa forma? ¡Era feo! Era malvado, era horrible, no había nada que se pudiese rescatar de él en absoluto.
—¡Sobre mi cadáver! —gruñó Sirius poniéndose en pie, sus ojos azules relampagueando con la idea de la futura venganza.
—Eso se puede arreglar —, dijo Harry, con un rugido bajo resonando en su garganta. Deseaba sacar los ojos de la chica de pelo encrespado. ¿Cómo se atrevía a decirle cómo vivir su vida? Y la forma en la que 'Ronnie' estaba actuando le hacía desear asegurarse de que no pudiese usar sus partes masculinas nunca más.
—¡Detente, Sirius! —dijo Remus de repente, devolviendo a Sirius de regreso a su asiento.
—Tú sabías esto, ¿verdad? —siseó Sirius, su rostro la viva imagen de alguien traicionado.
—Sí —, admitió Remus calmadamente.
Sirius abrió y cerró su boca, incapaz de decir nada, completamente aturdido y herido por la deslealtad de Remus.
—¿Cómo pudo consentirlo, profesora? —preguntó Hermione en shock mientras miraba a Minerva con aire reprobatorio.
—Si no te callas, voy a disfrutar asegurándome de que no puedas volver a hablar de nuevo —, gruñó Harry, sus ojos verdes brillando furiosamente, su magia reaccionando a su ira pero no hiriendo a nadie ni una sola vez. Sólo demostraba lo poderoso que era y que no había que meterse con él.
—Harry, eso está mal. Él es un profesor, no tienes que preocuparte por tener un lugar donde quedarte, hay muchas habitaciones en Hogwarts… en cuanto pases por la selección podrás quedarte en un dormitorio Gryffindor con amigos —, dijo Hermione, deteniéndose apenas para respirar.
Harry estalló en una carcajada. Estaba lejos de ser ligera y para nada llena de alegría, sino repleta de amargura y empapada de desprecio; sonaba ligeramente malvada. Apenas podía creer la audacia de la chica allí sentada, con pretensiones de superioridad y juzgándole como si tuviese ese derecho—. Oh, por favor; ¿crees que estoy con él por tener un lugar donde quedarme? Oh no, niñita, ese no es el motivo. Nosotros hemos hecho cosas con las que tú sólo puedes fantasear. Créeme, hay otro millón de razones por las cuales elijo quedarme con él —, dijo Harry, dirigiéndole una sonrisa irónica y viéndola retorcerse incómoda, sus mejillas sonrojándose. Harry ignoró a Black ahogándose y balbuceando de forma incoherente.
—¡No puedes estar con él! —protestó Ginny, con los ojos abiertos como platos; se suponía que tenía que estar con ella. Tenía que estar haciendo aquello para fastidiar a Hermione.
—Ginny, para —, dijo Arthur, comprendiendo al fin a lo que se refería Moody.
—Pero, papá... —, protestó Ginny, con el dolor reflejándose en su rostro.
—No —, dijo el hombre con firmeza.
—¡Pero Hermione ha dicho que iba contra la ley! —dijo Ginny, agarrándose al único punto al que pudo.
—Creo que descubrirás que no es así —, dijo Severus con aire de suficiencia. Todo el mundo sabía que Harry era suyo ahora y se sentía extremadamente eufórico. La única razón por la cual le estaba diciendo a la muchacha que no era ilegal era porque podía sentir la preocupación y el miedo de Harry. Sujetando su mano, le dio un apretón reconfortante, colocando sus manos entrelazadas sobre la mesa y dejando que todos lo viesen. Oh, la expresión en el rostro de Black… no se olvidaría de ella en mucho tiempo. Era mucho mejor que la que había puesto Dumbledore; tenía un nuevo recuerdo que revisar en el pensadero. No era sólo Black, sin embargo; toda la Orden estaba pasmada, aunque ningún otro aparte de Black, Granger y los dos Weasley más jóvenes demostraban desagrado. Oh, había que añadir a la madre a la lista, ella le estaba contemplando como si fuese porquería bajo sus zapatos. Considerando que aquellos tenían cerca de quince años… había mucha suciedad bajo ellos para empezar—. Él tiene diecisiete y es oficialmente un adulto en el mundo mágico; no fui y nunca he sido su profesor —. Pudo sentir el alivio de Harry mientras se filtraba a través del vínculo.
—No es ético —, dijo Hermione, incapaz de dejarlo.
—Desearía tener mis cuchillos —, dijo Harry con nostalgia—. Hay más de una manera de desollar a un humano… siempre es divertido.
Hermione se estremeció, tragando con miedo, sin saber si estaba bromeando o no… seguramente estaba furioso con comentarios como aquel. Después de lo que había oído que les había hecho a Tonks, Molly y Sirius, además de a Remus, no iba a arriesgarse. Ron la estrechó contra él, sin tener siquiera el coraje de lanzar una mirada de furia o salir en defensa de su novia.
Los labios de Minerva se fruncieron, jamás en siete años había visto a Hermione Granger callarse cuando tenía una queja acerca de algo. Minerva había aprendido que cuando Harry estaba enfadado o incómodo, amenazaba a la gente con daño físico. No podía culparle por sentirse de esa forma, después de todo estaban juzgándole a él y a su Dominante, algo que el chico no toleraría con facilidad. Harry amaba a Severus, era obvio. No sólo por lo que había visto de ellos juntos… el vínculo no se habría activado como lo habría hecho si fuera de otra forma.
—Harry… él es lo bastante viejo como para ser tu padre —, dijo Sirius, con aspecto derrotado.
—¿Y? —dijo Harry simplemente, y era simple porque le daba igual—. ¿A quién le importa?
—A mí —, dijo Sirius. ¡Se suponía que Harry debía continuar el linaje Potter! ¡Ser el siguiente Merodeador, salir con una chica y casarse con ella! No quedarse con Snape durante el resto de su vida.
—La vida es un asco, ¿verdad? —dijo Harry, con sus labios curvándose.
—Creo que deberíamos considerar levantada esta sesión —, declaró Minerva. Habían tomado la poción, no había otra razón para que ellos estuviesen allí.
—¿Qué hacemos ahora? Quiero decir, sin Dumbledore dirigiéndolo todo. ¿Somos todavía la Orden? —preguntó Tonks, con tono derrotado.
—¿Estabas aquí para responder ante Dumbledore o para luchar contra Voldemort? —quiso saber Harry sin rodeos.
—Para luchar —admitió Tonks.
—Entonces todavía sois una Orden, ¿verdad? Echadle valor. ¿Cómo habéis podido seguir durante tanto tiempo? ¿Teniendo a gente tomando todas vuestras decisiones todo el rato? —dijo Harry—. Voldemort no va a parar porque Dumbledore esté fuera de circulación.
Severus arqueó una ceja, pero no ante la aparente hipocresía de la frase; lo que ellos tenían que hacer era decidir qué relación querían, algo que Harry no hacía todo el tiempo. Sí, el chico hacía siempre lo que él le pedía, pero eso era porque era lo que él quería. Si no quisiese hacer algo, y estuviese realmente en contra de ello, diría algo. Harry tenía más carácter que cualquiera de los otros, no había duda de ello—. Ciertamente no; si acaso, se volverá más activo… —dijo Severus, de acuerdo con el muchacho. No había que olvidar lo furioso que se había puesto cuando se había enterado de que Harry había vuelto.
—Así que... ¿cómo decidimos quién está al mando? —preguntó Moody con curiosidad. Pensándolo, realmente le gustaba este Potter; quizá Snape era bueno para él.
—Elegid a alguien que sepa lo que hace —, recomendó Harry, volviendo los ojos al cielo.
—¿Quizá esperar hasta después del juicio sería lo apropiado? —sugirió Doge.
—No estaremos aquí si tú lo estás —, dijo Fred con brusquedad.
Doge palideció, había confiado en que todo el mundo hubiese olvidado lo que había pasado.
—¡Chicos! —les espetó Arthur, frustrado.
—Si la reunión ha terminado, voy a hacer las maletas —dijo George.
—¿Hacer las maletas? —preguntó Arthur, pasando de frustrado a preocupado en segundos. Sabía que Molly y él discutían todo el tiempo, pero ¿por qué querrían los chicos marcharse? ¿Dónde irían? No era seguro quedarse en casa de Jordan, no tenían las protecciones adecuadas.
—Nos mudamos a nuestro piso —anunció Fred. Habían intentado hablarles a sus padres acerca de ello, pero habían estado demasiado ocupados peleando, así que les habían dejado con ello. Aquello no era algo a lo que estuviesen acostumbrados, sus padres no solían discutir. Su padre siempre había estado de acuerdo con Molly, probablemente para tener una vida tranquila.
—¿Qué piso? —dijo Molly, burlándose ante la mera idea.
—Hemos comprado un piso con nuestro dinero, y un local —, explicó brevemente George.
—¿Qué dinero? —quiso saber su madre, entrecerrando los ojos.
—¡Eso! —dijo Ron en voz alta, ellos no tenían dinero.
—Tenemos un inversor —, dijo Fred.
Molly bufó, diciendo— nadie en su sano juicio desperdiciaría su dinero en bromas. Debéis conseguir un trabajo adecuado como vuestros hermanos mayores.
—Molly —, la reprendió Arthur, no le gustaba la forma en la que ella menospreciaba siempre a los gemelos.
—¡MAMÁ! —dijeron Charlie y Bill estupefactos, disgustados ante la forma en la que ella estaba haciendo de menos a sus hermanos frente a todo el mundo. Fred y George se lo habían comentado en sus cartas… pero nunca lo habían visto en persona. Para decirlo sin tapujos, estaban furiosos con ella por comportarse de esa manera.
—No me sorprende de que la mayoría de tus hijos vivan en otro país, si esa es la forma en la que les hablas —, dijo Harry, mirándola con desagrado—. Para tu información, los gemelos son imaginativos; sus bromas son geniales, no están diseñadas para humillar sino que son todas divertidas. Fui yo quien les dio el dinero para comenzar su negocio, y si alguno de vosotros le da a ella una moneda cuando vuestra tienda despegue… os estrangularé a ambos con mis propias manos —, concluyó, volviéndose hacia los gemelos con aquel último comentario.
—¡¿CÓMO TE ATREVES?! —chilló Molly.
—Me aburro, Sev ¿podemos irnos ya? —preguntó Harry, ignorando completamente a la mujer y su inminente perorata.
—No podría estar más de acuerdo —, dijo Severus poniéndose en pie, sorprendido cuando Harry se abrazó a él. ¿Estaba intentando destruir su reputación? Oh, pero las expresiones en sus caras lo merecían… dispuso sus propios brazos en torno al chico, casi riendo de alegría. Los ojos de Black parecían estar a punto de salirse de sus órbitas. De aquella forma ambos salieron de la habitación, dejando atrás una Orden en estado de shock.
Fred y George les siguieron poco después. Podían no demostrarlo pero estaban entristecidos por los comentarios de su madre. Ella siempre les menospreciaba, pero Harry… él creía en ellos. Tenía razón, cuando su tienda despegase, no le iban a dar ni un Knut de ella. Con suerte podrían tener todo trasladado fuera de su habitación antes de que ella llegase a casa.
—Prepáranos un baño —, dijo Severus tan pronto como estuvieron de regreso en sus habitaciones; no deseaba nada más que un largo remojón y relajarse. Podía no haberlo demostrado, pero estaba furioso con aquellos idiotas por juzgarle. Y con nadie más que con Granger, cómo deseaba retorcer su maldito cuello de sabelotodo. Lo pagaría en la próxima clase de Pociones, de eso estaba seguro. Sus expresiones fueron suficiente para llevarle al límite por ahora, sin embargo.
—Sí, Señor —, dijo Harry automáticamente. Caminando hacia el baño, abrió los grifos, echando algo del jabón aromatizado favorito de Severus, hierbabuena y sales minerales, en el agua. Cogió algunos objetos del armario los colocó en la repisa de la bañera, antes de coger toallas y ropa limpia. Lo colocó en la barra situada cerca del baño para que pudiesen alcanzarlo sin salir. Harry se encontró relajándose, sintiéndose mejor ya acerca de todo, incluso en una pequeña parte, sólo por hacer aquello. Aspirando el aroma que envolvía la habitación, añadió algo de agua fría a la bañera. A ambos les gustaban sus baños extremadamente calientes, así que no puso mucha. Podía sentir lo tenso que estaba su Dominante; con suerte podría ayudarle a relajarse.
En cuanto el agua llegó a la mitad de la bañera, cerró el grifo de la fría y dejó que más agua caliente corriese hasta que estuvo a la temperatura adecuada. Satisfecho, Harry fue hasta su dormitorio y se quitó la ropa, doblándola sobre la silla a un lado de la habitación. No tenía sentido lavarla; no estaba sucia aún. Su chaqueta estaba tirada allí inocentemente; Harry suspiró, contemplándola; ya echaba de menos la simplicidad de la vida en el mundo normal. Lo que no echaba de menos era la presión para intentar mantener su magia encerrada, o el frío. Quizá sus prometidas vacaciones serían algo bueno; un país cálido, el mundo normal, y sólo ellos dos. Si algo sabía Harry era que una vida mejor conllevaba sacrificios. Mientras tuviese a Severus, sabía que lo lograrían, a pesar del hecho de que le juzgasen constantemente, le pidiesen que hiciese cosas, y esperasen que adoptase sus costumbres inmediatamente. Aquella Granger había dicho que él estaría en Gryffindor; expectativas sobre expectativas, aquello jamás acabaría, lo sabía.
Meneando la cabeza, regresó al baño; Severus ya estaba metido en el agua cálida.
—¿Estás bien? —preguntó Severus, rodeando la cara de Harry con sus manos de forma tierna; él no era el único sintiéndolo esa noche.
—Sólo algo enfadado —, admitió Harry, sonriendo con poco entusiasmo.
—Puedo entenderlo —, dijo Severus, su brazo cayendo de vuelta en el baño.
Harry echó un chorro del gel de baño de minerales del Mar Muerto en sus manos, y después se metió en el agua tras Severus. Sentándose al borde de la bañera, sumergió sus manos en el agua para hacer espuma antes de comenzar a masajear los hombros del Profesor de Pociones, amasando los tensos músculos y deshaciendo los nudos. Siempre había hecho aquello cuando su Dominante regresaba después de estar fuera trabajando todo el año. Siempre estaba tan tenso, pero ahora estaba más tenso de lo habitual, si es que era posible… y sólo había estado allí unas pocas semanas, los estudiantes habían regresado sólo hacía algunos días. Harry era consciente de que era genial dando masajes, y por los ruidos que Severus estaba haciendo, sabía que lo estaba haciendo de la forma en que a él le gustaba. En cuanto hubo terminado comenzó a frotar la espalda de su Dominante, lavándola adecuadamente. En cuanto aquello estuvo hecho, cogió uno de los guantes de baño y comenzó a frotar todo su cuerpo hasta que su piel estuvo roja.
—Ven aquí —dijo Severus, desplazándose ligeramente para que Harry pudiese moverse alrededor y sumergirse en el baño. Movió un de sus rodillas hacia arriba entre las piernas del chico, y señaló a su pecho. Harry se recostó contra Severus, mientras él ponía sus brazos en torno a él; relajándose en su abrazo cerró sus ojos y apreció su cercanía.
—Has llevado todo muy bien; estoy orgulloso de ti —, dijo Severus. Había tenido algunos deslices aquí y allí, cuando estaba furioso, pero Severus no podía estar enfadado con él por esto. No cuando él había estado a punto de perder los nervios una vez o dos.
—Sé que me advertiste, pero no esperaba que fuese tan malo —, dijo Harry en voz baja, sus ojos aún cerrados.
—Temo que sólo va a ir a peor —, dijo Severus, suspirando resignado. Ese era uno de los motivos por los que había estado pensando en unas vacaciones, para escapar de todo aquello. Al menos en el mundo muggle no se quedarían boquiabiertos ante la presencia de Harry; no estaba seguro de si el chico sería capaz de lidiar con el estrés de estar en este mundo constantemente. No se amoldaría a sus deseos, de eso estaba seguro, lo cual podría dejarle abierto al escarnio constante y a que le atormentasen.
—Me lo temía —, dijo Harry, pero no estaba sorprendido. Sentándose, se movió a un lado y cogió la espuma de afeitar, echándola en su mano y comenzando a cubrir el pecho de Severus. Sumergiendo sus manos en el agua para eliminar los restos antes de coger la máquina de afeitar, comenzó a eliminar el pelo indeseado con cuidado.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de hoy? ¡Por fin se ha descubierto que Severus y Harry mantienen una relación! Me ha encantado ver las reacciones, sobre todo las de Sirius y Ginny, aunque aún no saben que esa relación es algo más intensa de lo que piensan, tengo ganas de saber cómo reaccionarán cuando descubran el significado del collar, si ya se han puesto como locos ahora no me quiero ni imaginar cuando descubran que son Amo y sumiso XD.
¡Muchísimas gracias a: Cristine Malfoy, Kira .Itsuki-san, Tsuruga Lia1412, Reno Alvarez, sachacaro, 79, Kyutzu, Sara, Coni y AngieSCullen por vuestros comentarios!
Nos vemos en el siguiente capítulo
¡Cuidaros mucho!
Traducciones. A ver qué sale.
