Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 47

La Primera Noche Juntos



Harry contempló el lugar; si no supiese que no era así, habría pensado que había entrado en un piso piloto. Él se había alojado en unos cuantos… bueno, sin permiso, asegurándose de marcharse por la mañana antes de que volviesen para enseñar la casa de nuevo. No era cálido, pero al menos no tenía que preocuparse de ser atacado. La mayoría de las personas como él no se acercarían a las áreas pobladas, ni mucho menos a las casas nuevas. El motivo era que la mayoría estaban vigiladas por patrullas de seguridad, de hecho, pero no todo el mundo tenía magia como él. Ayer habría dicho que nadie más tenía sus habilidades, pero ahora sabía que eso no era cierto. Aquel hombre también tenía la habilidad de usar magia. Se preguntó brevemente si Severus sabía que él era mágico. ¿Y si era diferente de él? No lo había mencionado, así que Harry guardó silencio. No podía dejar que nadie supiese acerca de su magia o de quién era él realmente; se negaba en redondo a acabar de nuevo en casa de los Dursley. Se estremeció ante la posibilidad; prefería estar allí fuera que de vuelta allí. Los Dursley todavía invadían sus pesadillas, constantemente y de forma implacable.

—¡Achús! ¡Achús! —estornudó Harry; oh no, estaba pillando algo… tal y como había temido. Tosiendo y con la nariz taponada; ¡ese no era momento para ponerse enfermo! Por desgracia pasaba muy a menudo, al estar constantemente en las calles. Meneó la cabeza para alejar la idea; al menos allí podría coger algo de calor, durante tanto tiempo como se quedase. Siguió a Severus y se quitó los zapatos en la puerta, colocándolos pulcramente juntos. Era muy consciente del hecho de que Severus le observaba como un halcón.

—¿Alergias? —preguntó el hombre mientras abría la puerta del vestíbulo dándole acceso a la sala de estar. A menudo pensaba en eliminarla; no había necesidad de que la puerta estuviese allí. Aun así pensaba que haría que la casa pareciese descuidada si tenía una entrada sin una puerta presente.

—No tengo ninguna —, dijo Harry, disimulando sus sorbidas de mocos y tratando de limpiar su nariz discretamente.

—Ya veo —, dijo Severus; evidentemente Harrison estaba cogiendo algo—. ¿Café? —le ofreció; era la única cosa lo bastante fuerte como para ocultar el sabor y el olor de la poción Pimentónica. No podía darle la botella simplemente, por dos razones: una, él era un muggle; dos, incluso aunque Severus pudiese dársela sin más, el joven podría preguntarse por qué demonios había vapor saliendo por sus orejas. Pero curaría sus síntomas incipientes y con suerte cortaría la enfermedad de raíz. Ciertamente él no tenía que preocuparse por pillarla; el catarro común no era una preocupación en el mundo mágico, pero la gripe y la gripe mágica sí que lo eran.

—Sí, por favor —, aceptó Harry inmediatamente. Adoraba el café, no sólo le calentaba, sino que le daba más energía. En los días en los que no tenía mucho para comer, el café era su salvación. Entrando en la sala de estar, Harry miró alrededor. De nuevo parecía como un piso piloto; todo estaba limpio y ordenado, y nada fuera de lugar. Aquello no alarmó a Harry; de hecho podía sentir cómo se relajaba. No sentiría la necesidad de limpiar nada o arreglar el lugar. Lo único que rompía la ilusión de que era un piso piloto eran las tres enormes librerías que ocupaban la mayor parte de la habitación, llenas de libros. Las miró con odio, como si estuviesen restregándole en la cara su incompetencia. No sólo eso, sino que estaban cubiertas de magia. Si hubiese sido capaz de leer, quizá se habría dado cuenta que la magia estaba allí para impedir a los muggles leer los libros mágicos. Ellos verían libros corrientes, tan aburridos y sosos que los cerrarían tras sólo unos pocos segundos.

Harry se sentó titubeando en el sofá. Estaba cubierto de cuero blanco y era largo, encajando de forma agradable en el enorme salón. El suelo era de color marrón, con una alfombra blanca frente a la chimenea sin encender. Una televisión descansaba en la esquina de la habitación; era bastante grande también. Lo que hizo que su curiosidad se despertase fue que no vio vídeos; no parecía haber un ordenador, ni ningún tipo de aparato electrónico. Ni siquiera un teléfono, a no ser que Severus lo tuviese en alguna otra parte. No es que a Harry le importase en realidad, no era como si pudiese utilizar nada de aquello. No tenía a nadie a quien llamar, y no podría usar el ordenador, debido a su incapacidad para leer. Bueno, aparte del hecho de que le gustaba ver películas; siempre eran divertidas. Había veces en las que deseaba poder leer, principalmente para no tener que sentirse avergonzado todo el rato. Harry miró hacia la puerta, sopesando salir corriendo hacia ella… los libros le intimidaban enormemente… combinado con la mirada escrutadora de Severus antes de encaminarse hacia lo que probablemente era la cocina, se sintió como si estuviese bajo un microscopio.

Que Severus regresase con el café decidió el asunto para él; deseaba quedarse. Contemplando el exterior de manera absorta, se dio cuenta de que REALMENTE estaba contento de estar allí esa noche. En algún punto desde que habían entrado había empezado a llover, y con mucha intensidad además. Aceptando la taza de café, reflexionó que aquello era muy extraño. Normalmente cuando se iba con hombres que conocía en el club, ellos se ponían con el asunto inmediatamente. Aunque se sentía agradecido por el café; no sólo se estaba sintiendo mareado, sino que su garganta se estaba cerrando a un ritmo alarmante—. Gracias —, dijo Harry en voz baja, tomando un sorbo, a duras penas capaz de evitar envararse por la sorpresa. Había algún tipo de magia en esa taza y la bebida. Su corazón batió dolorosamente en su pecho; ¿había sido drogado? Pero no, podía sentir su pecho congestionado y su nariz aliviándose. Pensando con rapidez, decidió fingir que no había notado nada 'raro', sin saber si la gente sin magia lo habría hecho.

—No hay problema —, dijo Severus escuetamente, relajándose cuando ningún vapor surgió de las orejas de Harrison. Había estado bastante confiado –aunque no totalmente seguro– de que lo que había echado en la taza sería la cantidad exacta.

Harry se mordió el labio, esa voz… era tan seductora, suave como la seda. Nunca había conocido a nadie con una voz como aquella; podría escucharle durante horas. Moviéndose ligeramente, se acomodó; podía haber sido sexualmente activo y sumiso desde hacía un tiempo, pero aun así no podía controlarse. La única manera que sabía para lograrlo era pensar en los Dursley, algo que odiaba hacer.

Sus manos se calentaron mientras las mantenía contra la taza de ardiente brebaje, bebiéndolo a la vez. De verdad estaba haciéndole sentir mejor, vigorizado de una forma a la que no estaba acostumbrado. No sabía si era sólo el calor o no, pero incluso sus huesos se sentían mejor. Harry contempló a Severus; había pocas dudas de que era un Dominante. Estaba allí sentado, relajado, orgulloso, y muy atento a todo a su alrededor. Los Dominantes tenían cierta confianza rodeándoles todo el tiempo; eran muy conscientes de sí mismos. Harry no sabía cómo lo hacían; él fingía esa actitud cuando tenía que hacerlo, pero el esfuerzo le dejaba exhausto. Por eso le gustaba ser un sumiso; no necesitaba fingir, inquietarse o preocuparse acerca de nada. Él hacía lo que se esperaba de él, haciendo feliz a su Dominante y a cambio le hacía feliz a él también. Aunque tenía que fingir, lo cual era una mentira, pero una necesaria. ¿Quién querría hacerse cargo de un sumiso que vivía en las calles? Él era una rata callejera; nadie en su sano juicio quería tener nada que ver con eso. Estaba desesperado, había estado desesperado por ser amado, acogido y apreciado de una forma que ahora encontraba aceptable.

—¿Cuánto tiempo llevas siendo sumiso? —preguntó Severus, sus ojos negros clavándose en los suyos.

—Cerca de un año —, dijo Harry; no podía decir nada más joven ya que estaba fingiendo tener dieciocho, y no podías entrar en el club siendo más joven que eso. Lo cual significaba que tendría que mentir acerca de su cumpleaños pronto, cuanto antes mejor, en realidad. Maldición, realmente no estaba preparado para esto. ¿En qué mes estaba? Las vacaciones de verano, ¿el 31 de julio? No, estaba seguro de que julio ya había pasado. Agosto entonces, el dieciocho de agosto; el ocho se estaba convirtiendo en una costumbre, pero era más fácil de recordar—. Será el dieciocho de agosto; fui allí por mi cumpleaños —, mintió Harry.

Severus estrechó sus ojos; podía decir que Harrison estaba mintiendo, había mirado hacia la izquierda una pizca, un indicador de ello. No tenía los indicadores habituales de la mayoría de la gente; no había mirado a otro lado o se había movido lo más mínimo. Interesante; ahora la pregunta era, ¿acerca de qué estaba mintiendo? ¿Sobre cuánto tiempo llevaba siendo un sumiso? ¿Su cumpleaños? ¿O el hecho de que había ido allí por su cumpleaños? Podía ser muy bien sobre algo inocente. Eso era algo que Severus había aprendido muy pronto en la vida: la gente siempre tenía algo sobre lo que mentir. La mayoría del tiempo era algo estúpido, una mentira piadosa. Por otra parte, él también estaba mintiendo; llamarle la atención a este chico por ello sería el colmo de la hipocresía. A pesar de eso, Severus odiaba las mentiras; era lo único que no podía tolerar.

Harry tuvo que contenerse para no moverse, tenía la incómoda sensación de que Severus sabía que no estaba siendo totalmente honesto. Él no podía saberlo ¿o sí? No, no a no ser que fuese bueno detectando mentiras, en cuyo caso estaba en problemas. Oh, al infierno, no importaba, ¿qué iba a hacer? ¿Echarle fuera? Bueno, tenía que admitir que sería la primera vez, ya que él era el que se marchaba siempre. No pudo evitar preocuparse, sin embargo, especialmente en lo que se refería sus mentiras; ¿quién sabía cómo reaccionaría la gente? La violencia era la respuesta más probable a descubrir que te habían mentido.

—¿Por qué elegiste este estilo de vida? —preguntó Severus. Era algo que siempre preguntaba; no podía concebir la confianza que hacía falta para entregarse a alguien de esa forma. Él nunca podría; el pensamiento le provocaba repulsión a un nivel que nunca había sentido antes. En otro tiempo se había arrodillado a los pies del Señor Oscuro, y había sido maldecido en ocasiones hasta el borde mismo de su existencia. Había jurado en ese mismo momento nunca dejar que ocurriese de nuevo. Por supuesto, había dejado que Dumbledore le manipulase cuando hacía falta. Hacía unos años, había estado al punto de no aguantar más; la presión constante había estado afectándole más que nunca. Había estado fuera buscando a Harry Potter y entonces se había topado con el club. Había sentido una fuerza que no sabía que tenía. Por una vez su vida parecía como si tuviese un sentido, y de hecho tenía la habilidad de controlar al menos un aspecto de ella. Era algo que no había tenido, gracias a las palizas constantes de su padre, después el Señor Oscuro, y Dumbledore, todos intentando controlarle. No había mirado atrás ni una sola vez y no tenía intención de hacerlo. Si Harrison sólo había sido sumiso durante un año, entonces quizá era sólo un experimento, no un compromiso de por vida; su respuesta quizá arrojase luz sobre ello.

—Yo no lo elegí realmente, no tenía ni idea de que ese tipo de mundo existía —, respondió Harry con sinceridad—. Fui al club una noche; de hecho me perdí y estaba lloviendo a cántaros más o menos como ahora. Me puse a hablar con uno de los tipos… el resto, como se suele decir, es historia. No es la forma en la que había planeado pasar mi cumpleaños, pero ¿qué le vas a hacer? —Era tan difícil no decir tacos, pero delataría su edad si lo hiciese. Los chicos normales de dieciocho años no hablaban tan mal como él… al menos creía que no. Ninguno de los otros sumisos que conocía decía demasiadas palabrotas; Dios, les echaba mucho de menos. Era lo único malo de cambiar sus rasgos todo el tiempo. No le gustaba la idea de que le metiesen en un laboratorio en alguna parte y le diseccionasen, así que no era como si pudiese decírselo a cualquiera.

Severus sonrió ligeramente; el chico se había andado por las ramas sin decirle nada. Interesante, definitivamente había más en este muchacho de lo que se veía a simple vista. Esperaba ansioso sacarle todo al final, y lo haría. Si era algo en lo que era bueno, era en extraer información de la gente, especialmente a aquellos que intentaban esconder un secreto.

—Interesante —, dijo Severus con suficiente desconfianza como para que se le escuchase al otro lado de un campo de Quidditch.

—Siempre he tenido que cuidarme de mí mismo; a nadie más le preocupaba —, dijo Harry, sintiendo la necesidad de explicarse, lo cual era extraño; él nunca se abría a la gente en realidad, ni siquiera a sus Dominantes. Respondía preguntas y cosas así, pero nunca revelaba más de lo que debía—. ¿Qué hay de malo en desear que otra persona cuide de ti? ¿Saber que estás haciendo algo correctamente? En una relación normal, se da por asumido. Eso no es algo que quiera o desee —. Dio gracias a Dios por escuchar a Sarah cuando parloteaba; al menos así él podía sonar inteligente incluso aunque no lo fuese.

—No hay nada malo en ese deseo —, dijo Severus, sintiéndose ligeramente estúpido por sus pensamientos anteriores. Realmente no tenía el derecho de conocer cada mínimo detalle acerca de alguien, ni siquiera un sumiso potencial. Todo el mundo tenía derecho a tener sus propios secretos, mientras no fuesen peligrosos o especialmente engañosos. Le daba la impresión de que Harrison era alguien que seguiría siendo sumiso, a juzgar por sus palabras. A no ser que sus deseos cambiasen a medida que creciese, provocando que extendiese sus alas y se convirtiese él mismo en un Dominante. Era sorprendente lo frecuente que era aquello; la gente asumía que los sumisos permanecían de la forma en la que eran. La vida no era así; las circunstancias y casualidades cambiaban, los sentimientos también. Todavía no había visto nada sumiso en Harrison aún, pero aquella era una elección que estaba enfocada sobre todo hacia el dormitorio, no a su vida entera.

—¿Deseas que las ponga en la cocina? —preguntó Harry poniéndose en pie, con su taza vacía balanceándose en su mano. Su mano derecha estaba extendida solicitando la taza vacía del propio Severus.

—Sí —, dijo el hombre, tendiéndole su taza y observando al chico de casi diecinueve años con diversión. Se descubrió a sí mismo inspirando profundamente mientras obtenía una buena vista del trasero de su futuro amante; querido Merlín, había pasado demasiado tiempo sin uno. La poción Pimentónica debería estar haciendo efecto ahora.

Los ojos de Harry se abrieron de par en par y casi babeó ante la cocina –era enorme–. La vista del jardín trasero desde la ventana junto al fregadero era asombrosa. Colocando las tazas en el fregadero, les dio un lavado rápido y las colocó en la zona de secado junto a las demás. Le gustaba este sitio, meditó mientras miraba por la ventana, y confiaba en poder quedarse. Era una lástima que no lo hubiese conocido más cerca del invierno; era entonces cuando normalmente conseguía un Dominante para que le llevase con él, para estar fuera de las calles durante el clima más duro. El invierno en Londres era lo peor; apenas había sobrevivido durante sus dos primeros años, y sabía sin duda alguna que si no fuese por su magia, habría muerto.

Su magia comenzó a empujar de nuevo, intentando salir del bloqueo que había puesto a su alrededor. Justo en ese momento escuchó abrirse la puerta de la cocina, así que se volvió para encararse con Severus. ¿Era él quien estaba provocando que su magia reaccionase así? Normalmente no se comportaba tan mal, especialmente después haberla usado anteriormente ese mismo día. No tenía sentido, ¿pero qué lo tenía en este mundo?

—Ven —, le indicó Severus, haciendo una seña fuera de la cocina, sus ojos negros brillando de deseo.

Los ojos azules de Harry destellaron y rápidamente corrió fuera de la cocina, aunque tuvo que esperar a que el hombre le mostrase el camino. Aquella era la única razón por la que había estado en el club, no para meterse en una relación sino para que le diesen una buena follada; la ducha sólo sería un extra. El dormitorio, descubrió, era tan grande como el resto del lugar, e igual de ordenado. Tampoco había teléfono allí, por lo que pudo ver. Había más libros sin embargo, pero por suerte no tantos, sólo algunos en el armario junto a la cama. Percibió la magia en ellos también; no estaba acostumbrado a ello, y hacía que sus ojos le doliesen al mirarlos.

—Nuestra palabra de seguridad para esta noche es díctamo, ¿comprendido? —dijo Severus con seriedad; era una palabra que el chico tendría que recordar. Si no lo hacía, Severus se enfadaría, la palabra de seguridad era una de las cosas más importantes a recordar en una relación BDSM. Era mucho más que una palabra segura, para un Dominante significaba que había fallado, que no había visto cuándo su sumiso había sobrepasado su resistencia. Para un sumiso era su refugio; les daba cierta apariencia de control y una forma de detener lo que se estaba llevando a cabo si era demasiado para ellos.

Harry parpadeó ante la palabra desconocida, pero no obstante la recordaría—. Sí, Señor —, asintió, pasando a modo 'sumiso'. Simplemente ese acto le hizo sentir que sus emociones normalmente volátiles se desvanecían, dejándole completamente relajado y, a falta de palabras mejores, vacío emocionalmente… pero no de una forma negativa, como después de una pelea. Sólo más calmado.

—Repítela —, pidió Severus.

—Díctamo, Señor —, obedeció Harry, estremeciéndose. La voz de Severus sonaba más oscura, más fuerte, si eso era siquiera remotamente posible. Dios, podría llegar al orgasmo sólo escuchándole; le ponía horriblemente y sólo deseaba ser follado.

—Desnúdate —, le indicó Severus, quitándose su chaqueta y colocándola en la silla del dormitorio; sus ojos permanecieron en Harrison todo el tiempo. Le observó quitarse su ropa, una prenda cada vez, excitándose mientras la pálida y lechosa piel le era revelada. Severus no pudo evitar percibir que Harrison parecía ser el perfecto sumiso hasta ahora; dobló su ropa mientras se la quitaba, colocándola sobre la cama.

—Arrodíllate —, añadió Severus, sus ojos negros brillando misteriosamente. Había algo tan erótico en ver a alguien arrodillándose ante él, sometiéndose a él, y sólo a él. No importaba cuántos días o años pasasen, todavía reaccionaba con tanta ferocidad como el primer día. No era el único disfrutándolo, descubrió; Harrison estaba visiblemente excitado. Oh, sí, definitivamente era un sumiso natural, si dándole un par de órdenes podían ponerle de aquella manera. Podía ser el chico más hermoso que Severus hubiese visto jamás; su cuerpo había hecho que Adonis llorase avergonzado.

—Entrelaza tus dedos, tus manos a tu espalda; debes apoyar tu peso sobre tus pies —, le instruyó Severus, observando a Harrison acatarlo sin pensar. Querido Merlín, deseaba olvidarse del juego de rol y poner en práctica todas sus perversiones con él.

Harry tragó saliva; las palmas de sus manos estaban tremendamente sudorosas. No estaba acostumbrado a esto. Siempre que había estado en un dormitorio en el pasado, había sido para tener sexo. Ahora se había sentido más vulnerable y expuesto que nunca en su vida, y aun así era condenadamente sexy; nadie le había mirado de esa forma antes, como si fuese deseado, codiciado. Harry se dio cuenta con retraso de que haría cualquier cosa para mantener esa mirada sobre él. Se estaba enganchando demasiado profundamente y demasiado rápido, una vez más aquello era algo que jamás le había ocurrido.

Los dedos de Severus recorrieron la espalda de Harry, provocando que el chico temblase y contuviese un jadeo.

—Oh, no, haz todo el ruido que desees, Harrison —, ronroneó Severus al oído de Harry, y en esta ocasión el chico no pudo evitar gemir suavemente. El contacto fue tan suave, apenas presente, y aun así para Harry era mejor que cualquiera que hubiese recibido jamás, ya que antes de aquello, la mayor parte de las veces cuando alguien le tocaba era para hacerle daño.

—Arriba —, dijo Severus; había terminado de jugar.

Severus sintió el aprecio bullendo en él mientras Harrison se ponía en pie de forma elegante. Era muy fácil de excitar. Harrison no iba a aguantar mucho, de eso estaba seguro. Por otra parte, él tampoco pensaba que fuese a hacerlo; con un joven tan hermoso frente a él, ¿cómo podría? Quería hacer que Harrison perdiese el control, ver su máscara caer y revelar el chico de verdad bajo ella.

—Vas a recordar esta noche… para siempre —, dijo Severus antes de engancharse al deseoso cuello frente a él.

Los ojos de Harry parecieron aletear por sí solos, y un gemido desgarrado salió de su garganta. Parte de él deseaba burlarse ante aquellas arrogantes palabras. Esa voz pecaminosa, podría hacer que perdiese totalmente el control, ya había empezado a hacerlo. No sabía cuánto más aguantaría. No necesitaba que Severus le tocase para sentir como si estuviese a punto de explotar, su voz ya lograba eso por sí sola. Severus esbozó una sonrisa antes de atacar los labios de Harry en un beso violento y dominante. El chico se agarró a sus brazos, mientras se sometía al impresionante beso que hacía que se le doblasen las rodillas. Gimió. Bien, quizá no era arrogante después de todo; sabía lo que estaba haciendo, dios mío.

Severus retrocedió, riendo divertido cuando Harrison gimoteó con desesperada ansia, su rostro ruborizado y sus ojos de color azul océano llenos de deseo. Le empujó hacia atrás, echándole sobre la cama. Merlín, verle allí tendido era demasiado para resistirlo. Se quitó sus ropas, colocando sus pantalones en la cabecera de la cama. Era allí donde tenía su varita, y en aquellos tiempos estar tan lejos de ella era desconcertante. Desafortunadamente no podía dejar que su amante muggle la viese; ¡para él era un trozo de madera! Quién sabe lo que podría pasar; quizá podría incluso romperla y tirarla a la basura. El pensamiento le horrorizó. No podía simplemente hacerla invisible y colocarla en su pantorrilla, porque Harrison la sentiría. La magia era buena… pero no tan buena.

Harry se movió hasta el centro de la cama cubierta de sábanas color azul oscuro mientras Severus le observaba. ¿Le había gustado verle nervioso? Su mente se quedó en blanco mientras le sentía unirse a él en la cama, que estaba cálida afortunadamente, al igual que el hombre sobre él. Inclinarse contra él provocó que se arquease hacia la recién descubierta fricción. Harry jadeó de placer, mientras se sentía endurecerse aún más bajo Severus.

Severus sonrió mientras comenzaba a lamer y mordisquear en su camino descendente por el cuello de Harrison. Acariciando con la nariz bajo su manzana de Adán, le dedicó más atención, chupándola hasta que la piel se puso de color rojo cereza para presentar su reclamación sobre el maltratado cuello. En cuanto estuvo convencido de que dejaría marca, comenzó a bajar hacia el torso del chico, disfrutando aún de los sonidos que era capaz de provocar en Harrison. Incluso ahora, cuando le entrevió un poco, seguía intentando permanecer impasible… pero fracasaba de forma espectacular.

Harry siguió temblando bajo el cuerpo de Severus mientras su experta lengua continuaba provocándole y tentándole sin compasión. Él nunca era capaz de durar demasiado; ya podía sentir su inminente orgasmo aproximándose como un tren de mercancías. Se estaba mordiendo la lengua ahora para evitar suplicar; por Dios, ¡era lo más difícil que había hecho nunca! Tenía tantas ganas de correrse.

Mientras Harrison continuaba retorciéndose bajo él, Severus sonrió con satisfacción. Oh sí; el chico recordaría esa noche con él, no importaba quién fuese. Jadeando y gimiendo, se mordió el labio; el muchacho se estaba frotando contra él con urgencia, intentando desesperadamente acabar. Severus le sujetó con firmeza, deteniéndole sin decir nada. Quería volver loco de placer a este sumiso temporal.

Harry gimió, intentando desesperadamente evitar arquear su cuerpo hacia arriba de nuevo. Era tan difícil; sólo deseaba encontrar la liberación. Lamentándose suavemente con disgusto, contoneó su cuerpo contra el de Severus, intentando excitarle más, para que perdiese el control y le tomase allí y ahora. Gimió de nuevo, con los dedos de los pies doblándose mientras intentaba mantener al menos una pizca de autodominio. Hacía mucho que lo había perdido, pero intentó desesperadamente recuperarlo.

—Oh, por favor, por favor, fóllame ahora joder —, maldijo Harry, su cuerpo todavía retorciéndose bajo Severus. No podía soportarlo más; estaba al límite. Su piel brillaba de sudor; las sábanas bajo él se arrugaron aún más mientras las agarraba, y aun así el sensual asalto continuó. Ni siquiera se dio cuenta de que había dicho una palabrota, pero ahora mismo no podía importarle menos.

—Por supuesto… ya que lo pides... —susurró Severus al oído de Harrison, provocando que el chico gimotease mientras se sentía a sí mismo estremeciéndose tan solo de escuchar esa voz un poco más— date la vuelta.

Harry se volvió inmediatamente, contoneándose para ponerse en una posición más cómoda, con su culo alzado en el aire. Una sonrisa apareció en su rostro cuando escuchó a Severus tomar aire con fuerza. Desapareció cuando un dedo hizo círculos en torno a su agujero después de unos segundos y se enterró codiciosamente en él. Su agujero se apretó en torno al dedo, intentando mantenerle allí.

El dedo de Severus se deslizó dentro y fuera, mientras Harrison se estremecía bajo él. Incluso había puesto el aceite en los tubos que a los muggles parecían gustarles tanto para no tener miradas extrañas por tener viales esparcidos por el dormitorio. Cubriendo sus dedos adecuadamente, colocó el tubo de vuelta en el cajón, antes de colocar dos dedos en el agujero que se abría y cerraba, separándolos mientras Harrison maldecía. Ciertamente tenía una boca sucia, y confió en que no la usase a diario –era tan vulgar–.

—Oh, mierda, joder —, gimió Harry, su voz amortiguada por la almohada en la que estaba enterrado su rostro en esos momentos. Estar en silencio no estaba funcionando, así que tenía que mantener sus exclamaciones tan apagadas como fuese posible. Ciertamente no quería que lo que estaba ocurriendo terminase; ahora no… estaba tan cerca de acabar.

Impaciente él mismo, Severus empujó sus dedos en la abertura, sintiendo el calor ardiendo en sus dedos, y la forma en la que el chico se apretaba en torno a ellos, y se arqueaba, desesperado por más. Girándolos de forma experta, descubrió lo que estaba buscando y engarfió sus dedos en torno a ello. Harrison se arqueó aún más, provocando que sus dedos se introdujesen de manera profunda hasta lo imposible en el ardiente calor. Retorciéndose desesperadamente, dejó escapar un largo gemido mientras se corría finalmente, dándose cuenta tarde de que podía haber cometido un error. Algunos Dominantes querían que sus sumisos esperasen a que llegase el permiso, pero mientras cerraba sus ojos y disfrutaba de la sensación final, descubrió que no le importaba lo más mínimo.

Severus meneó su cabeza con una media sonrisa, incapaz de decir nada porque no habían discutido ninguna preferencia antes de empezar aquello. Lo bueno era que el chico estaría más dilatado ya que acababa de correrse. Sólo cuanto estuvo convencido de que Harrison estaba lo bastante relajado sacó sus dedos. El chico había dejado de retorcerse contra él, tan solo suspirando de agotamiento y lujuria y para sorpresa de Severus pudo ver que estaba comenzando a endurecerse de nuevo. Tras una abstinencia tan larga, los cuerpos de ambos estaban desesperados por llegar al final.

Alineando su impresionante erección con la relajada abertura de Harrison, esperó un segundo antes de comenzar a penetrarle. Jadeó con sorprendido placer cuando el chico empujó contra él, un quejido saliendo de su garganta al estar finalmente lleno de nuevo después de tanto tiempo.

Harrison se contorsionó, deseando que Severus comenzase a moverse; su mente, sin embargo, estaba llena de preguntas. Normalmente dolía, incluso si sólo era por unos pocos minutos, pero esta vez no había sido así. Si sentía algo era un ligero adormecimiento, el cual estaba haciendo difícil apretarse contra Severus. Sus ojos se cerraron y su cuerpo se arqueó de nuevo incapaz de pensar o hacer nada con su cuerpo inundándose de placer, mientras él finalmente empujaba en su interior, y golpeaba de forma implacable su punto clave cada vez.

Severus siguió impulsándose, sintiéndose satisfecho de sí mismo mientras Harrison continuaba murmurando de forma incoherente, mezclado con algunas palabrotas que él no aprobaba. Jamás había visto a nadie tan lascivo y desesperado antes. Pudo sentir su inminente clímax, así que Severus alargó la mano bajo él y comenzó a bombear la impresionante erección del chico de forma sincronizada con sus embestidas. Tomando aire profundamente, mordió el hombro de Harrison mientras se vaciaba en su interior, y el muchacho se corrió una vez más de manera explosiva. Un gemido abandonó los labios de Severus mientras su sumiso temporal se contraía en torno a él.

Harry no pudo evitarlo. Cayó sobre la cama, su respiración dificultosa mientras lograba evitar el estropicio que había hecho. Estaba tan agotado que ni siquiera pudo mantener sus ojos abiertos un segundo más. Sin embargo, intentó incorporarse; haría falta cambiar las sábanas, o al menos limpiarlas –las había dejado hechas un desastre–.

Severus esbozó una sonrisa de satisfacción, enarcando una ceja cuando el chico intentó ponerse en pie, a pesar de lo agotado que estaba. Se dio cuenta con bastante rapidez de lo que estaba haciendo y habló—. No te preocupes por eso, duerme —, dijo Severus, deteniendo al exhausto muchacho para que no se levantase. Sujetó el brazo de Harrison, impidiendo que se sentase siquiera.

A Harry no hizo falta que se lo dijesen dos veces. No había dormido como es debido en semanas, así que no fue una sorpresa que cayese inconsciente tan rápido como su cabeza tocó la almohada.

Severus observó al chico durante un rato más. Había algo en él. No estaba seguro de qué, pero se sentía atraído. Seguro, sentía cariño por sus sumisos, pero llevaba más que una sola noche. Le quería en su cama permanentemente, se dio cuenta Severus, como un verdadero sumiso. ¿Podría hacerlo, sin embargo? ¿Ahora, con el Señor Oscuro de regreso? Era extremadamente peligroso. Dudaba que pudiese ser capaz de regresar durante las vacaciones de invierno, lo cual quería decir que sólo sería un 'Dominante' durante las vacaciones de verano; ¿era eso, realmente, lo que alguien quería? Desechando sus pensamientos, decidió que hablaría con Harrison al día siguiente, y vería si estaba interesado en una situación más permanente. Si lo estaba, fantástico; si no… bueno, era una lástima pero viviría con ello. Quizá sería mejor si dijese que no de todas formas, su vida era demasiado peligrosa. Demonios, si el Señor Oscuro se salía con la suya… él no viviría para ver el verano siguiente.

En cuanto se aseguró de que Harrison estaba dormido totalmente, sacó su varita y la agitó sobre el desastre que habían hecho. Desapareció completamente, dejando unas sábanas secas en su lugar; entonces colocó su varita de vuelta en su escondite de nuevo. Sólo en ese momento se deslizó Severus en la cama, y se tendió boca abajo para dormir. Saltó ligeramente cuando Harrison se enroscó junto a él, pegado a su calor corporal. Con su cuerpo relajándose, forzó a su propia mente alterada a relajarse, mientras reforzaba sus escudos mentales y se permitía sumirse en el sueño.



Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Nos echabais de menos?

Esperamos que os gustase el capítulo de hoy, ya hemos visto un poquito más del primer encuentro entre Severus y Harry ¿qué os ha parecido su primera noche juntos? Esperemos que la autora nos deje vislumbrar un poquito más de esta etapa de sus vidas en algún otro momento, tengo curiosidad por saber cómo era su convivencia.

¡Muchísimas gracias a: Cristine Malfoy, Sara Magu, Neyleen Cipher-Pines, Kira .Itsuki-san, Reno Alvarez, Duchesse Mangemort, Lunatica Drake Dark, hikariyagamidetakaishi43, sachacaro, Coni, kag .inuyoukai1 y Tsuruga lia1412 por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho! ^^

Traducciones. A ver qué sale.