Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 48

El Juicio De Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore



Con ojos adormilados y un suave gruñido surgiendo de su garganta, Harry abrió los ojos. Se sentía fatal; su estómago se retorcía de forma desagradable. Harry saltó de la cama y se fue derecho al baño, llegando justo antes de que su estómago expulsase su contenido. No pudo evitar hacer una mueca de disgusto tanto por el olor como por el dolor que subía quemando su garganta. Tirando de la cadena, permaneció de rodillas, preocupado por si estaba enfermo de nuevo. Pasando el dorso de su mano por su frente, se dio cuenta de que estaba caliente; –demasiado caliente– estaba ardiendo. Era lo último que quería, especialmente hoy, de todos los días posibles. Hoy era el comienzo del juicio de Dumbledore y no quería perdérselo bajo ninguna circunstancia. Sabía que cuando su Dominante lo descubriese, le enviaría de regreso a la cama, y ninguno de los dos asistiría al juicio. Contempló el armario… no, no podía. No debía, en realidad, no conocía lo bastante sobre Pociones para tomarlas sin saber exactamente qué eran. Maldijo en voz baja, frunciendo el ceño; odiaba ponerse enfermo, en la calle le dejaba vulnerable.

Harry finalmente se levantó del suelo; sacando su cepillo de dientes y poniendo pasta en él, estaba a punto de cepillarse los dientes, queriendo librarse de sabor que seguía rondando su garganta.

—N o—dijo Severus mientras entraba en el baño, quitando el cepillo a su sumiso. Se suponía que no debías cepillarte los dientes después de vomitar; tan sólo estarías frotando los ácidos del estómago en tus dientes, dañándolos en el proceso. Siempre deberías hacer gárgaras primero con bicarbonato; al ser un alcalino, neutralizaba el ácido del vómito. No podías recuperar los dientes, ni siquiera en el mundo mágico, así que debías cuidarlos siempre. Invocando algo de bicarbonato, añadió una pizca a un vaso y echó un poco de agua en él. Lo agitó con su varita hasta que estuvo seguro de que estaba bien mezclado. No tenía el mejor gusto del mundo, pero en cuanto hubiese terminado, Harry podría hacer lo que quisiese—. Haz gárgaras con él, no lo tragues —, añadió Severus, tendiéndole el vaso.

El estómago de Harry se encogió de nuevo, el vómito subiendo ante la mera idea. Si hacía aquello, sin embargo, quizá Severus le dejaría ir al juicio. Cogiendo el vaso y esperando que Sev no se diese cuenta de que estaba enfermo, lo deslizó en su boca, apenas capaz de contenerse y escupirlo. Era jodidamente horrible; jamás había probado nada más… asqueroso en toda su vida. Tras unos segundos más, lo escupió con rapidez, con náuseas a causa del sabor.

—Aquí —, dijo Severus, tendiéndole el enjuague bucal con sabor a menta, y Harry lo cogió agradecido, haciendo gárgaras con él también. El fuerte sabor de la menta fue suficiente para superar el rancio del bicarbonato. Harry lo escupió después de un minuto y suspiró aliviado. Su cabeza le daba vueltas, se sentía mareado… se dio cuenta de que nunca se iba a salir con la suya. Severus siempre sabía cuándo no se sentía bien; de todos los días posibles… aquello era una mierda.

—Estas ardiendo —, comentó Severus, sujetando su mano contra la frente de Harry. Podía ver que el chico no estaba bien; su rostro estaba totalmente enrojecido, sus ojos dilatados y ojerosos. También podía sentir a través del vínculo que Harry estaba molesto y dolorido.

—De verdad quiero ir —, dijo Harry, sus ojos entornados.

Severus enarcó una ceja—. ¿Quién dice que no vas a hacerlo? —preguntó él sardónicamente.

—¿Qui… quieres decir que vas a dejar que vaya? —preguntó Harry, desconcertado. Miró a Severus con extrañeza, preguntándose si se había perdido algo durante la noche. Aquello no cuadraba con la forma de ser de su Dominante, era totalmente impropio de él.

—Con unas cuantas pociones, estarás como nuevo —, dijo Severus, abriendo su armario, divertido ante la expresión que tenía ahora su sumiso. Sí, no le había permitido a Harry salir de la cama cuando estaba enfermo durante el tiempo que estuvo con él. Dándole pequeñas gotas de Pociones aquí y allí había ayudado en el proceso de curación. Ahora, sin embargo, sabía que su amante era de hecho mágico, para su consternación; no podía creer que no se hubiese dado cuenta. Desechando esos pensamientos, sacó cinco pociones del armario. Dos eran las normales que tomaba Harry diariamente, las otras tres ayudarían a detener la fiebre, recobrar fuerzas y asentar su estómago para evitar que se pusiese enfermo de nuevo.

—Bébelas, date una ducha y cámbiate. El desayuno estará listo cuando salgas —, le ordenó Severus en modo Dominante.

—Sí, Señor —, murmuró Harry, descorchándolas y tomándolas de un trago, apenas saboreándolas. El colutorio con sabor a menta había adormecido de alguna forma su garganta.

Severus salió y abrió el grifo de la ducha; el pelo de Harry había quedado cubierto de vómito, así que tenía que limpiárselo. Dejando que el agua se calentase, volvió, observando a su sumiso con preocupación. Algo que había aprendido, sin embargo, era que cuando Harry estaba enfermo se volvía impaciente y era más probable que le respondiese con brusquedad. Él era parecido, pero por suerte, una vez sobre aviso, Harry era capaz de suavizar su actitud. No le gustaba ese tipo de lenguaje, especialmente dirigido a él. No obstante era irónico, ya que en cualquier otro momento a Harry le gustaba que le cuidasen; por eso era un sumiso.

—¿No vienes? —preguntó Harry contemplando al mago mayor con evidente deseo.

Severus esbozó una sonrisa—. Creo que no. Sólo tenemos media hora para llegar allí —, respondió.

—¿Media hora? ¿Nos hemos dormido? —preguntó Harry sorprendido; no era propio de su Dominante esperar hasta el último minuto.

—No, simplemente vamos pronto para asegurarnos de conseguir un asiento. No tengo duda de que la sala del tribunal va a estar a rebosar —, dijo Severus, cogiendo el pijama de Harry y saliendo de la habitación.

Meneando la cabeza, Harry saltó a la ducha, frotándose hasta estar limpio. Entonces se echó champú en el pelo de nuevo, dejando que se asentase por unos segundos antes de frotar su cuero cabelludo y retirar todo el jabón de su cabeza. Se sintió mejor; su rostro se iluminó con una sonrisa. ¡Realmente amaba las pociones! Eran tan geniales; su Dominante tenía una profesión increíble de verdad. Cerrando la ducha, cogió una toalla del montón y la colocó en torno a su cintura. Su estómago gruñó hambriento; ¡al menos su apetito había vuelto! Descubrió ropa colocada para él; aquello era nuevo. –Toda era negra– ¿era una tradición cuando ibas al juzgado?

—¿Tienes que ir de negro en el juzgado? —preguntó Harry en cuanto estuvo vestido.

—Es lo adecuado. La prensa va a estar también allí, como bien sabes —, dijo Severus.

—¿Puedo usar magia? —preguntó Harry con cautela.

—Sí —, dijo Severus; no iba a dejar que le pisoteasen. Así que si terminaba abordado por la prensa, y el cielo no lo quisiese, él no estaba allí, tenía que asegurarse de que Harry pudiese defenderse por sí mismo.

—Bien —, suspiró el chico aliviado.

—Por supuesto, ahora come; Minerva nos estará esperando en el vestíbulo, junto con Arthur Weasley. Sin duda Sirius Black y Remus Lupin también harán acto de aparición —, dijo Severus como advertencia.

—Lo sé —, dijo Harry, con su rostro contrayéndose en una mueca. Realmente les odiaba. ¿Quién podría culparle, después de la forma en la que le habían tratado? Si no estuviese tan desesperado por plantar cara a Dumbledore, por verle caer, no iría.

Severus había pensado detenidamente en las manifestaciones de la magia de Harry. Por una parte, se sentía aliviado de que el chico pudiese ser capaz de defenderse a sí mismo, y los otros no se meterían con él ya que no necesitaba una varita o palabras para lanzar magia. No sabrían qué demonios les estaba lanzando Harry hasta que fuese demasiado tarde y lo estuviesen sufriendo. Por otra parte, iba contra su naturaleza Slytherin que demostrase su talento mágico. En realidad debería permanecer oculto, para que pudiese pillar a sus enemigos desprevenidos. Lo único que le tranquilizaba era el hecho de que todo el mundo asumiría que se trataba de magia accidental. No haría click en su mente automáticamente que 'Harry Potter estaba haciendo magia no verbal y sin varita', después de todo. Algo así no se hacía; la gente normalmente no era capaz de llevar a cabo hazañas mágicas de ese tipo. Al final decidió aceptar las cosas tal y como venían, la gente lo descubriría, pero confiaba en mantenerlo contenido un poco.

—¿Qué crees que le ocurrirá a Dumbledore? —preguntó Harry mientras comía sus gachas de avena. Se dio cuenta de que Severus tomaba un desayuno inglés completo, lo cual no era justo. Lo aceptó ya que su estómago probablemente no apreciaría la grasienta comida. No es que la suya no estuviese buena; estaba preparada de la forma en que le gustaba, y la fruta fresca hacía que estuviese para chuparse los dedos, como Severus había calificado a su cocina en una ocasión.

—Es difícil de decir, tiene amistad con la gran parte del Wizengamot; pueden tener lástima de él… o por su traición, pueden asegurarse de que se lleva el peor castigo de nuestro mundo —, dijo Severus con seriedad, zampándose su desayuno.

—¿El beso del Dementor? —preguntó Harry, recordando a su Dominante hablándole de ello.

—Ese es el segundo peor castigo. El peor, que no ha sido administrado desde hace mucho tiempo, es ser enviado a través del Velo de la Muerte —, le corrigió Severus; el pensamiento le llenó de regocijo. Como siempre no lo demostró, ambos estaban demasiado serios en realidad.

—Bueno, ese no suena sucio —, dijo Harry.

—No lo es. Los Inefables lo han estado investigando durante años. El consenso es que el Velo de la Muerte es de hecho muy final; el alma no puede ser resucitada. Permanece atrapada tras el velo por toda la eternidad —, explicó Severus, sus labios temblando. Harry tenía una mente tan perversa.

—¿Inefable? —, repitió Harry de forma inexpresiva.

—Piensa en ellos como espías si quieres, nadie sabe mucho sobre ellos. Juran por su magia, bajo un dolor mortal si rompen su palabra, no revelar jamás qué es lo que hacen. Trabajan en el Ministerio de Magia, en todo tipo de artefactos mágicos que tienen almacenados allí. Desde profecías al ya mencionado Velo de la Muerte —, respondió Severus. Había tanto que Harry todavía no sabía. Le llevaría años ponerse al día. Si sólo se hubiese dado cuenta de que el chico era mágico cuando empezaron a… salir… quizá podría estar más preparado para el mundo que le rodeaba.

Harry asintió en silencio mientras recogía los platos usados, y los llevaba a la cocina y los colocaba en el fregadero. Dándoles un rápido lavado y colocándolos en el estante para que se sacasen, supo que habrían desaparecido para cuando regresasen. Grace y él tenían algo así como una guerra amistosa en marcha, intentando superar al otro en la limpieza y la cocina. Aunque no le gustaban mucho los elfos, le gustaba Grace, incluso si le irritaba… pero eso sólo era porque le hacía sentir inútil. No era culpa suya; la elfa sufría de la misma necesidad que él, limpiar el área en torno a ella.

Si hubiese sido humana habría dicho que ambos sufrían de trastorno obsesivo compulsivo… ¿era eso correcto? Cerró sus ojos, rememorando la conversación con Severus sobre ello. Sí, había sido trastorno obsesivo compulsivo lo que le había acusado de tener, cuando había comenzado a limpiar automáticamente la casa cada vez que se ponía incluso ligeramente sucia. De hecho había confesado un poco acerca de su vida, mintiendo acerca de cuándo había ocurrido, por supuesto. Cómo había tenido que limpiar la casa, mientras ellos se sentaban y le observaban, totalmente borrachos. Que si no lo hacía, sus 'padres' se enfadarían con él por ser un vago antes de volver a beber. Se sintió culpable por todas las mentiras; ¿había pensado su Dominante tanto en ellas como él? Probablemente debería preguntarle sobre eso, disculparse adecuadamente, lo cual no había hecho. Bueno, lo había hecho, pero sólo por escapar de él, algo que lamentaba profundamente.

—Ve a ponerte tu abrigo grueso, hace frío fuera. Estando indispuesto no es aconsejable ir de aquí para allá sin algo para mantenerte caliente —, dijo Severus mientras se abotonaba su túnica, esperando pacientemente a que Harry fuese y se pusiese la suya. Había llevado una fina mientras estaba en Hogwarts, pero fuera tenía que usar su túnica de viaje. Tenía hechizos calentadores imbuidos en ella, los cuales eran hoy algo bueno; sentarse en una sala de juicios fría no era lo más adecuado cuando ya estaba poniéndose enfermo. Comprobando su bolsillo, asintió de forma ausente; tenía sus pociones por si su sumiso las necesitaba.

—Esa no es —, dijo Severus esbozando una sonrisa, meneando su cabeza cuando Harry regresó a la habitación—. ¡Accio túnica de viaje de Harry!

—Oh —, dijo el chico tímidamente; quitándose una, la colocó en el gancho, aceptó la otra de manos de Severus y se la puso. Podía sentir la diferencia, era más gruesa y pesada, y también más cálida que la primera.

—Ahora, vamos —, dijo Severus, era el momento de dar la cara.

—¿Crees que los gemelos estarán allí? —preguntó Harry con curiosidad. Era raro, pero de hecho les echaba de menos.

—Lo dudo —, respondió Severus pensativo—. Esto no es algo que ellos disfrutarían; un tribunal es un lugar serio.

—Ellos pueden ser serios —, dijo Harry defendiéndoles.

—Lo sé, pero eso no significa que fuesen a disfrutarlo —, dijo Severus, y la diversión era algo por lo que los gemelos vivían. Ellos no medraban en entornos serios; incluso intentaron animar las reuniones de la Orden, hablando de sus bromas y cosas parecidas. Eso era con toda seguridad lo que les había protegido de ser drogados con la poción de Dumbledore. El idiota probablemente había pensado que eran inútiles, algo muy corto de miras por su parte. Severus conocía el potencial que tenían los gemelos, no sus bromas o su planificación empresarial, sino su magia y poder. No lo mostraban, pero tenía la sensación de que sabían defenderse, de la misma forma que habían hecho los Prewitt. No había pretendido ofenderles cuando los había mencionado mientras advertía a Molly, pero sabía que a ella le afectaría más que ninguna otra cosa. La mujer odiaba que la gente hablase mal de ellos; Molly Weasley había adorado a sus hermanos, y estaba muy orgullosa de ellos.

—No lo sé, a ellos pareció gustarles mi venganza —, dijo Harry sonriendo con malicia.

—¿Ellos sabían acerca del conjuro de la peste? —preguntó Severus, ligeramente incrédulo.

—Sip —, dijo Harry perversamente.

—Hmm —, meditó Severus, no había pensado que los gemelos fuesen así. Quizá les había subestimado también, pero al menos no tanto como hacía todo el mundo.

—¡Severus! ¡Harry! Estaba empezando a pensar que no vendríais —, dijo Minerva cuando vio a ambos caminando por el pasillo. Ella dejaba la escuela en las capaces manos del nuevo Subdirector, Filius Flitwick. Sus clases y las de Severus estaban cubiertas, al menos entre el primer y tercer curso, al resto se les había dicho que fuesen a la biblioteca, donde Madam Pince estaba esperando para darles cuestionarios y ayudarles con cualquier pregunta que tuviesen. Los profesores siempre tenían a mano varios cuestionarios, por si pasaba cualquier cosa. Aquello había resultado ser algo muy bueno, de hecho.

—¿Y perderme esto? —preguntó Severus desconcertado.

—Por supuesto que no —, estuvo de acuerdo Minerva esbozando una sonrisa, antes de bajar las escaleras del recibidor en dirección al carruaje que esperaba.

—¿Qué tipo de animal es ese? —preguntó Harry, mirando con asombro a la hermosa aunque inquietante criatura ante él. Avanzando, imperturbable ante sus quejidos, acarició el rostro de la más cercana. Dejó de quejarse cuando entró en contacto con ella; el animal parecía atónito ante el hecho de que el muchacho estuviese tocándola.

Minerva se había detenido con un pie en el aire, contemplando a Harry con simpatía pintada en su rostro. No podía creer que Harry fuese capaz de ver a los Thestrals, pero considerando que su madre había sido asesinada ante él, era de esperar.

Severus se adelantó, su pecho tocando la espalda de Harry, rodeándole con sus brazos—. ¿Has visto morir a alguien? —preguntó. Ver morir a su madre no contaba; había sido demasiado pequeño como para recordarlo. Al menos eso suponía; Susan Bones no poseía la habilidad de verlos, y sus padres habían sido asesinados frente a ella.

Harry se puso rígido—, ¿Qué tiene eso que ver?

Severus tomó nota mentalmente de tratar el tema cuando regresasen. Harry se ponía extremadamente a la defensiva, lo cual recalcaba el hecho de que no le gustaba hablar de ello, se sentía culpable, o quizá lo había hecho en defensa propia. Se preguntó cuál de ellas sería; librándose de esos pensamientos, se encontró con Minerva mirando a Harry con suspicacia.

—Estas bellezas se llaman Thestrals, y sólo aquellos que han sido testigos de la muerte pueden verlos —, dijo Severus, su voz imperturbable pero impresionante—. Hablaremos acerca de esto, Harry, que no te quepa duda.

—Sí, Señor —, dijo Harry en voz baja, sabiendo que Severus no estaba contento en absoluto.

—Vámonos —, dijo Severus, apartando a Harry. Tenía el extraño hábito de acariciar cualquier cosa en la que pudiese poner sus manos. Gatos, ahora Thestrals… su mente voló hacía su conversación sobre los animales, acerca de cómo eran leales y no te traicionaban. Se preguntó si Harry estaría cómodo alguna vez cerca de algún otro aparte de él y por supuesto cualquier animal que se cruzase en su camino. En cuanto el muchacho estuvo en el carruaje, se unió a Minerva y a él.

—Pensaba que Arthur Weasley vendría —, dijo Severus, alzando una ceja inquisitiva.

—Está trabajando; supongo que se reunirá con nosotros allí —, dijo Minerva. Arthur quería estar allí, pero estaba aterrorizado por si la poción todavía tendría efecto en él. Así que le había pedido a Minerva que no le perdiese de vista y le dejase inconsciente si hacía algo impropio de él.

—Ah —, dijo Severus, asintiendo; volviéndose hacia Harry, le vio mirando por la ventana del carruaje mientras Hogwarts se alejaba.

El resto del camino se realizó en silencio, uno ligeramente tenso; no por nada que ellos sintiesen, sino por el juicio que se avecinaba. Finalmente el carruaje se detuvo en la estación de tren de Hogsmeade; los tres bajaron y rápidamente se Aparecieron en el patio de Ministerio de Magia.

—Varita, por favor —, solicitó Eric Munch. Su pelo negro estaba oculto bajo su sombrero. Tenía uno de los trabajos más aburridos del Ministerio, pero a pesar de lo aburrido que fuese… también era un trabajo importante.

Severus entregó la suya, observando mientras el mago la colocaba en la báscula de varitas, la cual registraba su longitud, el material de su núcleo y por cuánto tiempo había sido utilizada. La única razón por la que uno le quitaba la varita a un mago era si quebrantaba la ley e iba a Azkaban. Un trozo de pergamino se deslizó fuera de la báscula y su varita fue devuelta.

—Varita, por favor —, repitió, aburrido, aceptando la de Minerva. En poco tiempo la suya también fue devuelta después de que el pergamino apareciese.

—Varita, por favor —, le dijo a Harry.

—No tengo ninguna —, dijo Harry secamente, su rostro impasible.

El hombre le observó con desconfianza, haciendo un gesto con su cabeza hacia un Auror, el cual rápidamente tocó a Harry, con la intención de registrarle. Fue algo que lamentó de inmediato, mientras era enviado volando cinco metros en el aire, cayendo en la fuente en medio del patio. Acto seguido diez Aurores rodearon a Minerva, Severus y Harry, sus varitas apuntando a los tres de Hogwarts.

Harry se tensó, no le gustaba nada aquello, y su magia, reaccionando ante sus emociones, hizo que las varitas saltasen de las manos de los Aurores y se pegasen al techo. El chico, mirando hacia arriba impresionado, intentaba dejar de reír, ya que sus rostros eran tremendamente graciosos.

—¡Señor Munch, el Señor Potter no posee todavía una varita! ¿Cómo se atreve a hacer que le registren sin leerle primero sus derechos? —dijo Minerva, con tono furioso mientras fulminaba con la mirada al hombre que una vez había sido alumno suyo en Hogwarts.

—Yo… yo… yo… yo… yo… —tartamudeó Munch, con los ojos abiertos de par en par y aterrorizado, con su mirada saltando entre Minerva, Severus y Harry, claramente aprensivo.

—Tócame de nuevo… y comparado con lo que te haré esto no es nada —, gruñó Harry mientras el primer Auror se ponía en pie, aturdido, desorientado y empapado.

—¡Vuelvan al trabajo! —les espetó Smith, el Auror más antiguo en el atrio, tomando el mando. Se alejó cautelosamente de Harry, sus ojos azules recelosos; ciertamente no deseaba ser el siguiente que salía volando con tanta violencia.

—¿Qué hay de nuestras varitas? —gritó una voz, todavía mirando al techo.

—¡Lo siento, por favor, perdonadme! —dijo Munch, rezando para no haber perdido su trabajo.

Harry simplemente hizo un gesto de desdén antes de continuar; no perdonaba ni olvidaba, no estaba en su naturaleza.

—Manejaste eso muy bien, ciertamente —, dijo Severus mientras se encaminaban hacia la sala del tribunal.

Harry le sonrió, su fría y dura mirada desvaneciéndose por completo. Minerva meneó la cabeza, no podía seguir el ritmo a los cambios de humor de Harry. ¡¿Un minuto estaba furioso y con aspecto de estar listo para hacerte pedazos, y al siguiente sonriendo y feliz?! Le iba a dar un síncope si no tenía cuidado.


—Es diferente de las que he visto en televisión —, comentó Harry, mirando alrededor a la sala del tribunal. En un lado había una silla solitaria con cadenas colgando de ella. En el otro, en el extremo más alejado había algo parecido a un banco circular. Después había bancos y una especie de barrera que separaba las zonas. Después dos grandes mesas a cada lado, con sillas.

—Ciertamente —, dijo Severus con una media sonrisa, comprendiendo de dónde venía aquello. A Harry le gustaba ver la televisión, que era lo que hacía normalmente cuando él estaba leyendo un libro. Estúpidamente había pensado que los conjuros en sus libros funcionaban ya que el chico jamás demostraba interés en lo que estaba leyendo. ¡Qué tonto! Había sido porque no sabía leer—. Ven —, dijo moviendo la pequeña puerta y sentándose justo delante.

—¿Es éste el lado contrario a Dumbledore? —preguntó Harry.

—No hay lados —, dijo Severus con sus labios temblando mientras contenía su regocijo.

—¿Lados? —preguntó Minerva mientras tomaba su propio asiento.

—De hecho, en un tribunal muggle, a veces la defensa y el fiscal están en lados separados. En muchos casos, aquellos que desean ver al acusado detenido se sentarán en el lado del fiscal; si creen que es inocente, se sentarán en el lado de la defensa —, explicó Severus—. Es más una tradición que una regla, por supuesto.

—Ya veo —, dijo Minerva, asintiendo de forma ausente. Había tanto que no sabía acerca del mundo muggle, a pesar del hecho de que había pasado sus primeros once años en él. Sabía suficiente acerca de sus alternativas educativas, sus expectativas y sus trabajos para poder argumentar por qué el mundo mágico y asistir a Hogwarts era una mejor elección cuando visitaba a los estudiantes nacidos de muggles y a sus padres.

—¿Qué demonios llevan puesto? —preguntó Harry, boquiabierto ante las personas que entraban en la habitación, yendo en fila hacia el asiento circular. Hizo una mueca ante el color. ¿En serio? Oh, por favor, era totalmente horrible. Túnicas de color ciruela, con una enorme W cosida a ellas. Continuaron entrando en el tribunal en formación. Debía haber al menos cincuenta de ellos allí, y sí, podía contar ahora. Todos ellos se sentaron con expresiones austeras, pero Harry no estaba intimidado, Severus había tenido peor expresión algunas veces.

Severus y Minerva fruncieron los labios, medio divertidos, medio exasperados.

—Tú —, gruñó Harry ante la visión de un mago, muy contrariado de verle allí.

—Harry —, dijo Severus a modo de advertencia; sabía sin mirar a quién había visto Harry. Doge era miembro del Wizengamot, y no el único que había sido drogado con la poción de Dumbledore. Todos menos unos cuantos lo habían sido, de acuerdo a la nota de Fudge, así que había hecho falta preparar la poción de nuevo, lo cual realmente no era un problema. Especialmente con la considerable suma de dinero que le habían dado por hacerlo.

—Bien —, dijo Harry, apartando su rostro, evitando la visión del viejo bastardo.

Justo en ese momento más personas inundaron la habitación; en cinco minutos estaba llena hasta los topes. Su Dominante no había estado bromeando. Sirius Black y Remus Lupin se unieron a ellos en su banco, así como Arthur Weasley, que se sentó junto a Minerva. Algo salió volando de Arthur Weasley hacia el banco frente a Harry. Miró fijamente al enorme bicho; odiaba esas cosas. Harry se quitó el zapato, echándolo hacia atrás y golpeó al insecto del banco frente a él dando un sonoro porrazo. Entonces algo extraño ocurrió, en vez de caer muerto, el escarabajo comenzó a transformarse en un ser humano.

Harry saltó a un lado pegándose a Severus, prácticamente aterrizando en su rodilla, cuando el bicho que acababa de intentar matar se convirtió en una mujer de pelo rubio y gafas aplastadas incrustadas en su rostro. La miró con los ojos desorbitados ¿podían transformarse en animales? ¿Brujos y brujas podían convertirse en cualquier cosa que deseasen? Palideció; ¿eso quería decir que la Señora Norris era una? No, su Dominante no habría permitido que aquello ocurriese.

—¿Qué demonios? —murmuró Harry.

Entonces comenzó el alboroto: gritos, llamadas y chillidos de indignación. ¡Colarse en la sala del tribunal! Era ilegal y no se hacía bajo ninguna circunstancia. El hecho de que la perpetradora fuese una Animaga lo hizo diez veces más indignante.

—¡Escoltadla a una celda ahora mismo! —exclamó Cornelius, respirando por su nariz, que ensanchándose furiosamente cada pocos segundos. Ella sería arrestada por ser una Animaga ilegal, por allanamiento de morada y cualquier otra cosa que se le ocurriese.

—¿Sev? —preguntó Harry, sin saber qué hacer, su rostro a pocos centímetros del de Severus.

—Algunos magos y brujas tienen la habilidad de transformarse en un animal; el talento se llama Animago. Minerva es una, es un gato atigrado y está registrada en el Ministerio. Siempre debes registrar tus formas de Animago, no hacerlo es ilegal. También es ilegal colarse en una sala de justicia cerrada; el hecho de que ella sea una periodista probablemente lo hará diez veces peor —, explicó Severus lo suficientemente algo para que Harry lo escuchase.

—¿Tú eres uno? —preguntó Harry con sus ojos verdes volviéndose hacia su Dominante con excitación.

—No, nunca he tenido el deseo de ser uno —, dijo Severus simplemente, consciente de que Lupin y Black estaban mirándole—. Tu padre era uno, un ciervo —, continuó Severus, su voz impasible. Sí, nunca olvidaría lo que James era. Él le había salvado en esa forma, después de todo; había provocado algo de envidia, ¡dieciséis años y Animago! Pero él tenía sus propias artimañas y había aprendido a apreciar lo que era capaz de hacer… sólo que demasiado tarde y cuando ya era un Mortífago. Con la edad llegaba la sabiduría, al menos en su opinión en cualquier caso; podía no ser verdad para nadie más.

—¿Y? —dijo Harry perdiendo interés.

—Y nada —, dijo Severus con una media sonrisa. Parecía que pesar del hecho de que Harry sabía que sus padres habían muerto por él… todavía no estaba interesado en saber acerca de ellos. Se percató de la expresión dolida en los rostros de Lupin y Black, les estaba bien empleado por espiar una conversación privada.

El silencio descendió como niebla oscura cuando las puertas se abrieron de nuevo y en ellas aparecieron dos Aurores y Albus Dumbledore. Fue colocado en el asiento con cadenas, que permanecieron colgando, y los Aurores abandonaron la habitación, quedándose a cada lado de la puerta montando guardia.

—Muy bien —, dijo Fudge, poniéndose en pie de forma sombría, sin mostrar ningún signo del hombre al que estaban acostumbrados—. Con el acusado presente, comencemos. ¿Está preparado?

Harry escuchó una voz responder y se volvió hacia ella: pelo rojo, pecas… ¿era el hermano de los gemelos? Percy, pensó, les recordó hablando de él. Decían que era un engreído, pero siempre les defendía y les regañaba cuando llevaban a cabo sus bromas. Supuso que era como todos los hermanos; Percy no estaba en la Orden, lo que era curioso, había que admitir.

—El juicio de Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore —, anunció Fudge con tono grandilocuente—. Interrogadores: Cornelius Oswald Fuge, Ministro de Magia; Amelia Susan Bones, Directora del Departamento para el Cumplimiento de la Ley Mágica. Escribiente del Tribunal, Percy Ignatius Weasley —, declaró Fudge con voz clara.

Había acertado entonces, era el hermano de los gemelos.

—¡Así pues, los cargos! —dijo Fudge, desenrollando un trozo de pergamino.



Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Nos echabais de menos?

Por fin hemos llegado a la parte que tantas estábamos esperando ¡el juicio de Dumbledore! Estoy deseando ver sus reacciones cuando empiecen a leerle los cargos por los que está ahí. También me ha encantado ver el zapatazo que ha recibido Skeeter por parte de Harry (algo así deseé leer en los libros), eso le pasa por meter su nariz donde nadie le llama.

¿Creéis que los Aurores habrán logrado bajar las varitas del techo?, pobrecitos, no sabían con quién se estaban metiendo XD.

¡Muchísimas gracias a:Cristine Malfoy, Lunatica Drake Dark, Sara Magu, caqui .luna .3, CuquiLuna, Reno Alvarez y Neyleen Cipher-Pines por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho!

Un saludo.

Traducciones. A ver qué sale.