Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 49
El Juicio Comienza
—Crear una poción ilegal como medio para controlar a otros.
—Rastrear ilegalmente a Harry Potter con la intención de secuestrarlo.
—Secuestrar a Harry Potter y mantenerle retenido en Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería.
—Permitir el maltrato de un niño mágico.
—Negligencia a la hora de informar a las autoridades competentes sobre la existencia de un niño maltratado o en actuar en defensa del niño.
—Coacción en, hasta ahora, setenta y cinco casos.
—Colocar ilegalmente un brazalete de rastreo en Harry Potter.
El Wizengamot observaba boquiabierto, sus ojos abriéndose más y más con cada acusación que salía de la boca de Cornelius Fudge. ¿Había sido Dumbledore? No habían sido informados acerca de quién se sospechaba que había usado una poción ilegal en ellos. No deberían estar allí, no estaba bien; ellos eran la parte perjudicada, por decirlo así. Desafortunadamente, si todo el Wizengamot estaba afectado, no tenían elección; no tenían cincuenta suplentes para asumir su puesto, sólo había tres por si alguno de ellos era incapaz de llevar a cabo sus obligaciones.
—Por último pero no menos importante; traición, por entrar en la sala de los registros por medios aún desconocidos —, dijo Cornelius.
El clamor fue general e inmediato; estaban horrorizados en incapaces de creer que Dumbledore pudiese hacer algo como aquello. ¡De hecho eran casi incapaces de entender su traición! Ni siquiera trataron de defenderle, ya que sabían lo desesperado que Albus había estado por conseguir el archivo que le permitiese encontrar a Harry, especialmente cuando Ya-Sabes-Quién regresó.
Era demasiada coincidencia; le habían dicho que no una vez más… ¿y unas pocas semanas más tarde Harry aparecía? No, normalmente las cosas no encajaban de forma tan perfecta.
—¿Cómo se declara? —inquirió Cornelius profesionalmente; la pregunta debía ser realizada.
—Por supuesto no soy culpable, estoy seguro de que podremos aclarar este malentendido en unos pocos minutos —, dijo Albus, sonriendo de forma indulgente. Sin embargo por dentro su mente estaba trabajando a marchas forzadas en cómo podría salir indemne de aquello. Su reputación había sido dudosa desde el juicio de Vernon y Petunia Dursley, siete años atrás. Era por eso que había recurrido a usar la poción; no le gustaba que nadie le cuestionase, así que se había asegurado de que no ocurriese de nuevo. Normalmente no llevaba tanto tiempo que el preparado surtiese efecto; quizá la magia de Potter estaba impidiendo que funcionase adecuadamente.
Severus puso una mano sobre la rodilla de Harry, muy consciente de cómo se sentía, y también de lo cerca que estaba de saltar. No podía culparle por sentirse de esa manera, él también estaba furioso por el hecho de que Dumbledore estuviese pensando con toda tranquilidad que podía salir impune. A no ser que el anciano ya tuviese un plan de acción para librarse de aquello intacto, y si ese era el caso, él se llevaría a Harry tan lejos y tan rápido como fuese posible; no podía importarle menos la guerra o aquella gente. Si dejaban a Dumbledore salirse con la suya, era responsabilidad suya; la única razón por la que Harry estaba allí era por él. No iba a dejar que el chico pelease si el mundo mágico al completo no luchaba por él en esta batalla en concreto. No le sorprendería que Dumbledore tuviese un plan; era una serpiente, podría matar a un muggle y seguirían pensando que era un accidente. Con suerte Fudge, al que había subestimado ligeramente, estaría por encima de su juego y torpedearía la historia del viejo.
—¿Es usted Albus Dumbledore? Anterior Director de Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería, ¿no es cierto? —preguntó Cornelius.
—Lo soy —, confirmó Albus, todavía con la misma expresión indulgente en su rostro. ¿Anterior? ¿Le habían destituido como Director de Hogwarts? Apenas fue capaz de evitar que su rostro se ensombreciese, ¡el colegio era suyo! ¿Cómo se atrevían? ¡¿Y después de todo lo que él había hecho?!
—¿Cometió o no cometió alguno de los ya mencionados crímenes de los que ha sido acusado? —preguntó Cornelius.
—Por supuesto que no —, dijo Albus con seriedad, no tan tolerante ahora.
—¿Consiente en el uso de Veritaserum? —preguntó Cornelius, con un brillo en sus ojos; oh, lo que Dumbledore no sabía no podía hacerle daño. Le gustase o no, iba a beber esa poción para que pudiesen averiguar la verdad. Había hecho que el Wizengamot aprobase leyes justo el día anterior para asegurarse de que ocurriese. Las leyes establecían que el Veritaserum era obligatorio cuando los crímenes que implicaban no sólo traición sino coacción o control mental eran sacados a la luz. Lo cual significaba que cualquiera que insistiese en que había estado bajo la maldición Imperius recibiría la poción para probar su historia. Les ayudaría a deshacerse de aquellos que no estuviesen siendo sinceros. Durante la última guerra no habían sido capaces de hacer algo así; ahora, sin embargo era algo totalmente diferente. El Wizengamot al completo había estado feliz de aprobar las leyes, ya que ellos mismos habían sido víctimas recientemente de ese crimen en particular.
—Creo que podemos llegar a la verdad sin él, ¿no opina igual? —dijo Dumbledore sonriendo—. Mi estómago está también un poco delicado debido a mi reciente enfermedad; preferiría acabar con el juicio y no desperdiciar más tiempo del Wizengamot.
—Ciertamente, ciertamente —, dijo Cornelius, asintiendo ante sus palabras, provocando que Albus se relajase ligeramente. Oh, este momento había tardado en llegar e iba a disfrutarlo del todo—. ¿Dolores?
—¿Sí, señor? —preguntó la achaparrada bruja, poniéndose en pie ansiosa de ayudar de cualquier forma que pudiese.
—Vaya a buscar a una Medi-bruja, ahora —, ordenó Cornelius.
¡Dolores salió corriendo de la sala del tribunal, con una perversa y retorcida sonrisa en su rostro! Cornelius iba a ganarle la partida a Albus Dumbledore. Realmente era el mejor Ministro que ella había conocido jamás, y ahora estaba decidida a conseguir el trabajo como su subsecretaria.
—¿Una Medi-bruja? —preguntó Albus, perplejo.
—Por supuesto, necesitamos asegurarnos de que está en condiciones adecuadas para tomar la poción—. Dijo Cornelius con seriedad.
—No consentí a ello —, respondió Albus con cautela.
—Pensaba que querías acabar con el juicio, Albus. Esta es la mejor forma de proceder para lograrlo —, dijo Cornelius suavemente como si hablase a un niño de cinco años.
Harry se mordió el labio, conteniendo su risa; la visión frente a él era endemoniadamente desternillante. Un hombre de la mitad de su edad, reprendiendo a Dumbledore como un niño indolente. Volviéndose para observar a Severus, le vio sonriendo con diabólico regocijo. La mayoría de los demás estaban cerrando los ojos y mirando al anciano con comprensión y miedo. Minerva, sin embargo, por lo que pudo ver, sólo le contemplaba con tristeza, como si hubiese perdido a un amigo querido. Lupin estaba fulminando con la mirada al antiguo director; esa era una mirada que Harry reconoció, pura intención asesina. Black sólo parecía perdido; los labios del chico se curvaron antes de apartar la vista.
—Ésta es la sanadora Trisha Ewing —, anunció Dolores, identificándola ante la corte mientras ambas avanzaban, para que pudiese ser añadida a la información de escriba.
La sanadora Ewing contempló la escena frente a ella, francamente atónita. Ahora comprendía por qué se le había tomado juramento antes de poner pie en la habitación. ¿Albus Dumbledore estaba siendo juzgado? ¿El Albus Dumbledore? No había esperado eso cuando llegó a trabajar esa mañana, eso seguro.
—Necesito que examine a Albus Dumbledore y se asegure de que está lo bastante bien como para tomar Veritaserum—, declaró Cornelius sombríamente, sentándose durante unos segundos.
—Sí, señor —, dijo la Sanadora Ewing, recuperando su concentración, temporalmente dispersa, y colocando su bolsa en el suelo. Avanzando hacia el mago acusado, agitó su varita y le escaneó. Uno segundos más tarde un largo trozo de pergamino enrollado emergió de ella. Con experiencia lo cogió antes de que cayese y comenzó a leer los resultados.
—¿Bien? —quiso saber Umbridge, sin darle a la mujer la oportunidad de leer todos los resultados que tenía frente a ella.
Cornelius aclaró su garganta, señalando su sitio a la mujer, nada impresionado. Minerva tenía razón; era mejor que no contratase a la mujer como su subsecretaria. Ella tenía su propia agenda, y como su empleador, cualquier cosa que hiciese recaería sobre él. Si quería sobrevivir a las siguientes elecciones, tendría que demostrar inteligencia sobre a quién daba trabajo en una posición de semejante poder. Contrataría a Percy Weasley antes que a Dolores Jane Umbridge. Pensó Fudge de forma irrevocable.
Con aspecto arrepentido, Umbridge caminó hacia su sitio y se sentó, la viva imagen de la avergonzada inocencia.
—¿Está lo bastante bien? —preguntó Cornelius preocupado.
—Sí, ha estado sufriendo de síndrome de abstinencia; pociones calmantes, si no me equivoco —, dijo la Sanadora Ewing de forma profesional, asintiendo con la cabeza. Por supuesto no fue capaz de leer los conjuros de Harry, así que no tenía ni idea acerca de los otros… bastante perversos, que le habían lanzado.
—Gracias por su tiempo —, dijo Cornelius, dándole permiso para que se fuese.
—No hay problema —, dijo la Sanadora Ewing, inclinando su cabeza a un lado antes de marcharse, recordando coger su bolsa mientras se iba. Cuando la habían llamado no había estado segura de para qué se la necesitaba, así que había llevado su equipo para emergencias con ella.
—A pesar de los resultados, no me siento lo bastante bien como para tomar Veritaserum —, dijo Albus con tristeza, rezando para que no viesen aquello como un signo de culpabilidad.
—Afortunadamente para nosotros, no necesitamos tu permiso —, dijo Cornelius, apenas capaz de dejar de sonreír con fiereza ante el vetusto mago al que le gustaba pensar que tenía al Ministro de Magia firmemente dominado.
—¿Perdón? —preguntó Albus atónito; su corazón latía demasiado rápido, lo que habría dado por una poción calmante en esos momentos.
—Ley Uno A, el uso de Veritaserum puede llevarse a cabo en todos los casos con las siguientes acusaciones: traición, coacción y hechizos controladores, pociones o encantamientos —, recitó Cornelius con suprema satisfacción recorriéndole mientras el terror finalmente hacía acto de aparición en el rostro del viejo tonto. Albus Dumbledore finalmente se daba cuenta de la magnitud del problema en el que se encontraba. Aquella era la mejor ley que había aprobado en toda su carrera.
—Ya que no soy culpable de esas cosas, la poción es irrelevante —, declaró Dumbledore, sus ojos azules ligeramente asustados. No podía ver ningún hueco en la letra de la ley que pudiese posiblemente sacarle de aquello.
—No necesita ser culpable, sólo acusado —. Señaló Amelia Bones, quitándose su monóculo y frotándose su ojo antes de reemplazarlo mientras añadía—. La ley es muy clara respecto a ese punto —. Ella era una de las pocas que por suerte no había sido afectada por la poción. Su naturaleza suspicaz le había sido de utilidad por fin, y había seguido siéndolo, ahora que tenía la prueba definitiva de que más valía prevenir que lamentarse.
—Fui acusado de estas cosas antes de que la legislación entrase en vigor, lo que significa que no me afecta a mí o a mi juicio —, argumentó Dumbledore. ¿Cómo demonios habían descubierto lo de su poción? Al menos, sin embargo, estaría seguro; la había fabricado de forma que era casi imposible crear un antídoto. Estarían vinculados a él para siempre, leales y defendiéndole, y ya que el Wizengamot estaba bajo su influencia, estaría a salvo. Inspirando profundamente, aparentó estar relajado; debería ser capaz de luchar contra el Veritaserum; él era Albus Dumbledore, el mago vivo más poderoso.
—Irrelevante —, dijo Cornelius con calma—. La poción —, añadió. Amellia Bones se incorporó, con la poción en su mano y listo para dársela.
Albus hizo ademán de ponerse en pie pero mientras lo hacía las sujeciones, como sintiendo su decisión, le envolvieron estrechamente. Impedían que se incorporase o incluso que intentase sacudir las cadenas. Soltó un gruñido ronco con su garganta; no le gustaba estar tan indefenso. Iba a asegurarse de que Cornelius no sobrevivía a las siguientes elecciones, tal y como le había advertido. Escuchando una risita, alzó su cabeza bruscamente, sus ojos azules centelleando fríamente, oscureciéndose aún más cuando descubrió de quién se trataba. Potter, el ingrato mocoso; aquello era culpa suya. Si no necesitase el crío, le habría matado por todos los problemas que había causado.
—Abra la boca —, dijo Amelia Bones, de pie directamente frente a Albus, impidiendo que mirase a Harry para que se sometiese a él… si es que algo así era siquiera posible (especialmente si su nombre no era Severus Snape).
Albus abrió su boca, rezando para poder sobreponerse a los efectos, ya que no tenía alternativa más que acceder a aquello. Había visto una cantidad bastante considerable de juicios, y cualquiera que no desease hacerlo simplemente era forzado a ello; él tenía una reputación que mantener y no tenía más elección que aceptar aquello. Podía sentir el suero comenzando a hacer efecto inmediatamente; su magia reaccionó defensivamente, levantando sus barreras y haciendo su mente impenetrable.
—¿Qué es el Veritaserum? ¿Una poción de la verdad? —preguntó Harry; estaba seguro de que Verita significaba verdad. Le estaba llevando mucho tiempo aprender latín; le resultaba tan poco familiar. Sumado al hecho de que todavía estaba aprendiendo a leer y escribir su propio idioma, no era raro.
—Sí —, dijo Severus, asintiendo con firmeza.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Amelia.
—Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore —, respondió Dumbledore, maldiciendo internamente; ¡no podía controlar sus propios pensamientos o su lengua! Maldito sea Merlín, ¡debería ser capaz de luchar contra aquello! ¡Él era Albus Dumbledore! Había derrotado a Grindewald y era el único al que Voldemort temía. Si no hubiese sido por la Profecía, le habría destruido él mismo. Aprenderían que sin él, el mundo estaba perdido, especialmente si dependían de Potter… que no quería tener nada que ver con el mundo mágico; había dejado aquello manifiestamente claro. No, él lo haría; la poción lo haría, sin levantar sospechas también. Había sido su mayor creación y le había llevado años perfeccionarla.
—¿En qué año nació? —preguntó Amelia; era obligatorio hacer dos preguntas para asegurarse de que la poción estaba actuando correctamente.
—Mil ochocientos ochenta y uno —, respondió Dumbledore, sólo deseando cerrar sus ojos derrotado. Desafortunadamente no podía hacer nada, se sentía desconectado de su cuerpo. Su mente estaba funcionando con claridad, podía pensar, pero eso era todo lo lejos que sus capacidades iban ahora mismo.
Amelia hizo un gesto de asentimiento en dirección a Cornelius, mientras tomaba asiento una vez más; estaba funcionando.
—¿Creaste una poción con la intención de usarla para obligar a la gente a hacer lo que tú querías? —preguntó Cornelius. Tenía tantas ganas de preguntar cómo había entrado en la habitación de los registros. Eso podía esperar; había tiempo de sobra para llegar a esa cuestión. Tenían que saberlo, para poder asegurar la habitación completamente, y si eso no funcionaba, los registros serían devueltos a la cámara subterránea donde habían estado una vez.
—Sí —, confesó Dumbledore; maldición, maldición, maldición, blasfemó, no podía creer que no pudiese luchar contra una pequeña e inútil poción. Quizá debería haber creado un antídoto para ella, para no tener que acabar en una situación como aquella. Desafortunadamente les había subestimado; ni en un millón de años habría sospechado que tendrían las agallas de arrestarle.
—¿Y la usaste? —preguntó Cornelius; estaba contento de no haber sido uno de los afectados.
—S-sí —, dijo Dumbledore, luchando con toda su poderosa fuerza de voluntad y fracasando; la poción bloqueaba los caminos que filtraban las entradas a su cerebro, haciendo que respondiese con sinceridad.
—¿Por qué? —preguntó Amelia, desconcertada, sustituyendo al Ministro. ¡Dumbledore tenía el mundo comiendo de la palma de su mano! Le escuchaban… asumían sus ideales y convicciones como si fuesen propios. O la poción había sido creada mucho antes de lo que ellos sospechaban, y el hombre siempre había drogado a la gente para hacerles leales a él.
—Pido su lealtad y obediencia; sólo me estaba asegurando que permanecía de esa forma —, dijo Dumbledore simplemente, como si estuviese contestando qué tiempo hacía.
—¿Cuándo creó la poción? —preguntó Amelia.
—Hace cuarenta años —, admitió Dumbledore. Parecía como si hubiese necesitado un plan de reserva, el cual había guardado en la recámara cuando tenía diecisiete años.
—¿En quién habías planeado usarla el mes pasado? —preguntó Severus con suspicacia, incapaz de mantenerse en silencio. Aquello provocó un revuelo entre las filas del Wizengamot; se suponía que nadie de entre el público podía hacer preguntas.
—Harry Potter —, confesó Dumbledore.
—Silencio, o tendré que pedirles que se vayan —, advirtió Cornelius. Había sido una pregunta válida, pero se suponía que nadie debía hacer preguntas salvo Amelia y él. Simplemente no se hacía, y no podían empezar a hacer excepciones, no importaba quién estuviese hablando—. Si sentís la necesidad, escribidlo en un trozo de pergamino y pasadlo —, añadió en voz baja, para que sólo Harry y Minerva, que estaba sentada junto a él, pudiesen oírlo.
Severus asintió impasible.
—¿Por qué querías usar la poción en Harry Potter? —preguntó Cornelius.
—Necesitaba control total sobre él —, respondió Dumbledore.
—Tenía once años; no se puede ser más inocente… ¿por qué creía que no le escucharía? Iba a ser su Director después de todo —, preguntó Amelia. Incluso su sobrina adoraba a Dumbledore.
—Había escapado del cuidado de los Dursley; sabía que no sería tan moldeable como me habría gustado —, admitió Dumbledore.
Harry gruñó, sus manos convertidas en puños; su magia reaccionó con furia ante las palabras que el viejo bastardo había pronunciado. No podía ponerse en pie debido a la firme presa que Severus ejercía sobre su muslo.
—Está bien, Harry. No dejes que te afecte, ya no puede herirte —, dijo Minerva en voz baja, intentando tranquilizar al muchacho, ya que sentía su magia. De hecho era bastante intimidante; ella había visto bastante magia emocional, tanto por parte de Dumbledore como de Severus, y la de Harry estaba muy por encima en el apartado de aterrorizar—. Le estás dejando ganar, si reaccionas.
—¿Por qué le necesitaba moldeable? —preguntó Amelia. ¿Y si su sobrina había recibido la poción también? Necesitaba que comprobasen a todos los estudiantes de Hogwarts tan pronto como acabase con el juicio.
—Él es el Chico-Que-Vivió —, dijo Albus, como si eso lo explicase todo.
—¿Cree que tiene el derecho de controlar a alguien sólo porque sobrevivió a algo imposible? —preguntó Amelia, con su mente dando vueltas; honestamente no sabía qué pensar. Las excusas que Dumbledore estaba dando eran totalmente estúpidas.
—Es mi papel entrenar al nuevo héroe para que tome su lugar en el mundo mágico, para que pueda ayudarme a mantenerlo de la forma en que yo quiero —, confesó Dumbledore; su voz sonaba convencida a pesar de su tono impasible.
—¿De la forma en que tú quieres? —graznó Cornelius.
—Si fuese tal y como yo quiero, todo salvo la magia luminosa sería quemado y el conocimiento se olvidaría. Los niños no tendrían derecho a tener la información disponible para que la lean libremente. Eso sólo les lleva por un camino oscuro—, declaró Dumbledore —. Sin esa información, no habría magos oscuros, y mi mundo estaría en paz por siempre.
Minerva asintió, no estaba sorprendida; le había visto eliminar libro tras libro de la biblioteca de Hogwarts. Madam Pince no estaba nada contenta con ello; para ella la información era información, una parte de la rica herencia que el mundo mágico tenía para ofrecer. Pince había luchado con uñas y dientes para lograr que los libros fuesen devueltos a su biblioteca, pero Dumbledore había sido inflexible, y había fracasado en su intento. Aquella biblioteca era el culmen de su trabajo y se negaba a despedirse sólo por ese motivo, pero sí, desde aquella vez Pince y Albus no se habían llevado bien.
—¿Ese era tu objetivo? ¿Limitar nuestro mundo a una vertiente de la magia? —preguntó Cornelius.
—Sí —, respondió Dumbledore.
—¿Cuántas clases han sido eliminadas desde que él se convirtió en Director? —preguntó Cornelius, volviéndose hacia Minerva y Severus, con aspecto resignado.
Severus bufó—. Todas las clases son de chiste; Historia de la Magia la enseña un fantasma que sólo habla de las guerras de los Duendes. Estudios Muggles está impartida por una mujer que nunca ha puesto un pie en el mundo muggle, y la ropa que insiste que ellos llevan… haría que nosotros destacásemos aún más que con nuestros ropajes del mundo mágico.
—Las clases de magia sin varita ofrecidas para los de quinto curso y superiores han sido abolidas; la clase de Artes Oscuras también, y temo decir que las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras… no son en absoluto suficientes para prepararles para lo que está por venir —, dijo Minerva en voz baja.
Cornelius cerró los ojos y suspiró—. Ya veo —, dijo con tono serio. Deberían haber vigilado con más atención Hogwarts. Iban a tener que hacer algo; hablaría con Minerva después de que toda aquella absoluta debacle terminase. No iban a dejar ganar a Dumbledore.
Se volvió para encararse con el anciano, volviendo al asunto que tenían entre manos.
—¿Rastreaste a Harry Potter a través de su magia con intención de secuestrarle? —preguntó Cornelius.
—No —, respondió Dumbledore, para sorpresa de muchos.
—¿Cuáles eran tus intenciones? —preguntó el Ministro de Magia; tomando su copa de agua, bebió de ella, sediento.
—Traerle a Hogwarts, donde pertenecía —, dijo Dumbledore.
—¿Y después? —preguntó Amelia, sentándose más cerca; su monóculo estaba caído, descansando en la mesa frente a ella.
—Hacer que se pusiese al día con los de séptimo curso para que pudiese unirse a ellos cuando Hogwarts comenzase el nuevo curso —, dijo Dumbledore.
—¿Esperaba que superase seis años de materias de Hogwarts en cerca de un mes? —quiso saber Amelia, su voz teñida de incredulidad.
—Sólo las clases principales —, respondió el hombre.
—¡Eso habría limitado severamente cualquier trabajo al que quisiese optar! —gritó Amelia, furiosa con la injusticia que casi se había impuesto al joven mago.
—Él se convertirá en Auror, como el resto de los Potter. Es el único trabajo digno de un héroe; otros habrían seguido su ejemplo —, declaró Dumbledore.
Cornelius deseó haber podido sorprenderse por aquella confesión, pero desafortunadamente no lo estaba. Después de todo lo demás, aquello, bueno. No era una sorpresa; el anciano había planeado todo lo demás, ¿por qué no su carrera también? Por lo que había visto de Harry Potter, dudaba mucho que ese fuese el trabajo al que aspirase. Mirando al Wizengamot, les encontró luchando por contener su ira.
—¿Supiste que Harry no estaba con los Dursley antes de que el chico cumpliese los once? —preguntó Cornelius, regresando a sus preguntas originales. Sabía la respuesta a esta pregunta, la prueba estaba en el archivo sobre su mesa, y afortunadamente no era necesaria, gracias a su rápida legislación.
—Sí —, dijo Dumbledore.
—¿Cómo? —inquirió Amelia, tocando con los dedos el archivo con las pruebas de Arabella Figg, según Minerva.
—Arabella Figg fue enviada a vivir en las cercanías para mantenerle vigilado. Me escribió para contarme que no se había visto a Harry desde hacía varias semanas —, respondió el hombre.
—¿Y no hiciste nada? —preguntó Amelia.
—No.
—¿Por qué? —dijo Amelia, boquiabierta; ¡estaban hablando de un niño! Un niño de ocho años, por el amor de Merlín.
—Pensé que regresaría —, confesó Dumbledore.
Harry bufó, ¡como si hubiese pensado en volver! No era un idiota.
—Cuando resultó evidente que no, ¿por qué no contactaste con el Ministerio? Para comenzar a buscarle —preguntó Cornelius.
—No podía arriesgarme a que nadie descubriese los abusos, ya que yo habría acabado siendo culpado de ellos —, dijo Albus.
—¿Elegiste ese curso de acción a pesar del hecho de que había un niño pequeño ahí fuera a la intemperie en algún lugar? —preguntó Amelia, tratando de entender.
—Él sobrevivió a Voldemort; lo que no le matase sólo le haría más fuerte —, respondió el anciano.
—¿Más fuerte? —repitió Amelia, con el estómago revuelto, incapaz de creer que aquel mago desorientado había sido el director de su sobrina durante todos aquellos años. Se estaba contradiciendo a sí mismo, ¿quería a Harry más fuerte pero moldeable? Aquellas dos cosas no conjuntaban.
Ya que no había sido estrictamente una pregunta, Albus no respondió, sólo se quedó allí encadenado, como si estuviese en trance.
—¿Durante cuánto tiempo supo acerca de los abusos contra Harry Potter por parte de su familia muggle? —preguntó Amelia.
—Sabía que no le querrían —, dijo Albus.
—En otras palabras, ¿le puso allí sabiendo que le harían daño? —dijo la mujer, horrorizada.
—Sí —, confesó Albus.
—¿Para hacerle más fuerte?
—Sí.
—¿Qué hay de las protecciones por su sangre? —preguntó Cornelius.
—Tendrían que haberle querido y aceptado para que funcionasen totalmente —, dijo Dumbledore—. No tuve la oportunidad de analizar cómo de bien habrían funcionado; desde que el chico huyó, y el lugar ya no podía llamarse su hogar, las protecciones cayeron.
El Wizengamot permaneció allí estupefacto, sintiendo cómo se les revolvían las tripas.
—¿Retuviste a Harry Potter en Hogwarts contra su voluntad? —preguntó Cornelius, viendo a la multitud alterarse. Querían saber cómo había conseguido el viejo la firma mágica de Harry, exigían saber cómo había entrado en la sala de los registros.
—Para mantenerle a salvo —, dijo Dumbledore.
—¿De qué? —, preguntó Amelia.
—Los Mortífagos y Voldemort.
—Si tú no pudiste encontrarle, ¿qué te hacía pensar que los Mortífagos podrían?.
—Era un riesgo que no quería correr —, declaró el hombre.
—¿Le hiciste daño en tu intento de mantenerle en Hogwarts? —preguntó Cornelius.
—No —, dijo Dumbledore.
—¿Usaste magia en él?
—Sí.
—¿Cuántos más estaban al tanto de que Harry no quería estar en Hogwarts?
—Como mínimo treinta personas.
El Wizengamot sufrió una conmoción ante aquello, ¿treinta personas manteniendo a un chico retenido en Hogwarts? Muchos se encorvaron en sus asientos como si estuviesen avergonzados de sus propias acciones.
—¿Alguien más le hizo daño?
—Un elfo doméstico le hizo volar por los aires en la zona de las barreras de protección —, dijo Dumbledore.
—¿E hiciste que le socorriesen? —quiso saber Cornelius.
—No, Poppy nunca habría aprobado mis decisiones; ni siquiera si era para mantenerle a salvo —, respondió Dumbledore.
—¿Pero estaba herido? —preguntó Amelia con preocupación.
—No lo sé —, dijo el anciano; no se había quedado para averiguarlo.
—¿Le dejaste sin comprobar si estaba bien? ¡Podía haber tenido huesos rotos! —exclamó Amelia.
—Sí —, declaró Dumbledore sin emociones.
—¿A cuánta gente le has dado tu poción? —preguntó Cornelius.
—No tengo un número exacto —, declaró Dumbledore.
—¿Una estimación de cuántos la han tomado? —dijo Cornelius, reformulando la pregunta.
—Un centenar —, confesó Dumbledore.
—¿Qué organizaciones? —preguntó Cornelius con seriedad.
—La Orden del Fénix y el Wizengamot —, dijo Dumbledore. El ministro había dicho sólo organizaciones, lo cual quería decir que las personas individuales a las que les había administrado la poción estaban a salvo.
—¿Tu influencia, favorecida por la poción, ha causado alguna vez la muerte de un mago o bruja? —preguntó de forma tensa Cornelius, no sabía si quería conocer la respuesta o no.
—Sí —, respondió Dumbledore.
Los susurros comenzaron de inmediato; él era muchas cosas, ¿pero un asesino? Lo cual era, según su propia confesión. Incluso Amelia y Cornelius se sentaron conmocionados, sin saber cómo proceder. Habían llevado a cabo muchos juicios, pero ninguno de esta magnitud o contra alguien tan… conectado… o poderoso.
—¿Quién? —preguntó Amelia débilmente.
—James y Lily Potter —, confesó el anciano.
—¡Voy a matarle! —gruñó Sirius poniéndose en pie, intentando saltar por encima de la barrera y siendo retenido por Remus—. ¡SUÉLTAME REMUS! —chilló Sirius, sus ojos azules saliéndose de las órbitas salvajemente.
Los Aurores entraron a la carrera en la sala, con las varitas alzadas y listos para el combate.
—Creo que es el momento idóneo para un descanso —, dijo Cornelius rápidamente—. El Veritaserum está perdiendo su efecto de todas formas; tendrá que comer antes de que podamos retomar la sesión. Llevadle de vuelta a su celda; no le dejéis solo, ni siquiera durante un segundo. Enviad también algo para almorzar abajo, ¡ahora!— Antes de que Sirius Black escapase de la presa de Remus Lupin, preferiblemente.
—¡SUÉLTAME, REMUS, LO DIGO EN SERIO! —siseó Sirius, lanzándose físicamente contra la barrera pero Remus se negó a dejarle ir. Unos segundos más tarde Albus Dumbledore se había ido, de regreso la celda de la que había venido momentos antes.
—¿Cuánto dura el descanso? —preguntó Harry cuando todo el mundo estuvo sentado en la cafetería.
—Una hora —, dijo Severus—. Ve y consíguenos algo para comer y beber —. Le entregó algunos galeones.
—¿Qué crees que quería decir con lo de… provocar la muerte de Lily y James? —preguntó Minerva, gravemente alterada.
Severus apretó los labios, sumido en sus pensamientos—. No lo sé, Minerva. Honestamente no lo sé —, suspiró Severus con resignación.
—¿Cómo lo está llevando Harry? —preguntó Minerva; si alguien podía ver cómo se sentía realmente el chico, ese era obviamente el Maestro de Pociones.
Severus estudió a Harry antes de responder—. Él no siente nada por sus padres, Minerva. Durante los últimos diecisiete años… él creyó que habían muerto en un accidente de coche, conduciendo borrachos y casi matándole en el choque. No siente ninguna conexión con ellos en absoluto; cada vez que hablo de ellos… él lo descarta como si no fuese importante. Quizá es lo mejor, en realidad; no se logra nada echándoles de menos, es improductivo. No tiene sentido en darle vueltas a cosas que no puedes cambiar.
—¿Tú? ¿Tú hablas sobre ellos? —preguntó Sirius con escepticismo.
—A menos que lo hayas olvidado, Black, Lily era mi mejor amiga. La conocía desde mucho antes que cualquiera de vosotros; sabía más acerca de ella de lo que vosotros sabréis jamás. Fui yo quien le enseñó todo lo que necesitaba para encajar en Hogwarts —, dijo Severus con desdén.
—Sirius —, le advirtió Remus con tono duro.
Sirius hizo una mueca pero se calmó, serenándose finalmente.
Harry regresó con una bandeja sentándose justo cuando Minerva comenzaba a hablar.
—Señorita Granger, ¿qué está haciendo aquí? —quiso saber la mujer cuando localizó a su estudiante en el Ministerio.
—¡Hagrid ha sido arrestado! —dijo Hermione, jadeando como si hubiese corrido durante todo el trayecto hasta allí. Volviéndose para encararse con Harry, continuó una vez más—. ¡Hagrid es un buen hombre! No se merece que lo arresten… lo que estás haciendo está mal. ¡Es amable y leal, y me ha ayudado durante momentos muy difíciles!
—A no ser que me equivoque, ese es el cometido de un profesor —, bufó Harry.
—De hecho, para eso es para lo que son los Jefes de las Casas. ¿Qué momentos difíciles fueron esos, Señorita Granger? —quiso saber Minerva, desconcertada por la insistencia de su alumna.
—Cuando Draco Malfoy me llamó sangre sucia —, dijo Hermione.
—¿Lo eres? —preguntó Harry con curiosidad, entonces se volvió para mirar a Severus, confuso por los sentimientos que podía percibir viniendo de su Dominante. No había tenido buenas experiencias respecto a esa palabra, fuera lo que fuese lo que significara.
Hermione resopló, lista para empezar otra diatriba.
Sirius y Remus se encogieron, esperando por la inevitable explosión.
—Sangre sucia es un mal nombre para la gente que no tiene padres mágicos. Es uno de los peores insultos en nuestro mundo. Es como llamarte bastardo en el mundo muggle; no es una palabra que yo apruebe en absoluto —, explicó Severus sombríamente.
—¿Eso te molestó? —se mofó Harry mirando a Hermione—. No es de extrañar que ellos siguiesen diciéndolo; si ven que te afecta, te seguirán llamando por ese nombre, para aparentar ellos ser mejores y más grandes.
—Ella tenía once años, Harry —, dijo Minerva.
—Yo tenía un año de edad cuando comenzó —, le recriminó Harry a la Directora—. Honestamente, ella no debía ser muy lista. Yo aprendí para la edad de cinco a no responder ni llorar por lo que ellos me decían —. Y él no era muy listo, evitó decir.
—Harry no tiene una visión normal del mundo, Minerva; antes o después te darás cuenta —, suspiró Severus, meneando la cabeza.
—¡Hagrid no se merece esto! —repitió Hermione.
—¡Jesús, cambia el maldito disco! —dijo Harry, orgulloso de sí mismo; de hecho había dicho algo sin soltar una palabrota estando furioso. La arpía gritona estaba empezando a agotar su última gota de paciencia; aparentemente lo que le había dicho la última vez no había calado en ella—. Antes de que haga que te arresten también.
—¿A mí? ¿Qué he hecho yo? —preguntó Hermione mientras retrocedía, sus ojos color café llenos de preocupación mientras intentaba pensar en cualquier cosa que hubiese hecho ilegalmente.
—Tú sabías que yo estaba en Hogwarts contra mi voluntad. Podría hacer que te arrestasen por conspiración —, le dijo Harry, sus ojos entrecerrándose con enfado.
—No lo harías —, dijo la muchacha, mirándolo temerosa y boquiabierta.
Sirius y Remus se mordieron el labio; incluso ellos sabían que Harry no decía nada que no fuese en serio. En todo caso, no tenía filtro, decía lo que quería sin importar nada más. Estaban contentos de no ser el objetivo de su ira en esta ocasión.
—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Harry con frialdad—. ¿Te he dado una impresión equivocada? —. Sus ojos verdes eran como astillas de hielo seco.
—Te sugiero que regreses a Hogwarts —, dijo Minerva, apiadándose de su estudiante.
—Sí, profesora —, dijo Hermione, su voz ligeramente chillona mientras salía apresuradamente de allí, aterrorizada de que Harry pudiese ser fiel a su palabra e hiciese que la arrestasen.
—¿Sólo es ella? —preguntó Harry con cautela. Sirvió café desde la jarra a las tazas, pasándolas y dejando la leche, nata, azúcar y un surtido de galletas y pasteles —así como el cambio— en la bandeja para que los demás se sirviesen.
—Mucha gente tiene cariño a Hagrid, el pobre chico —, dijo Minerva con cierta melancolía.
Harry estrechó sus ojos, asumiendo que era un comentario dirigido a él por haber hecho que detuviesen al hombre.
—Debe ser difícil para él ver a un estudiante tras otro graduarse cuando él no puede —, estuvo de acuerdo Sirius—. Gracias, Harry —, añadió, aceptando su taza. Fue una sorpresa cuando el chico simplemente asintió, sin que ninguna mirada dura ni pulla llegase de su parte. Le dio esperanza; quizá había una oportunidad para que él conociese a su ahijado después de todo. Sólo tendría que observar cómo era con Snape. Aquello no iba a ser fácil, pero a pesar de lo ciego que podía ser algunas veces, podía ver lo mucho el chico quería al Profesor de Pociones, sin importar cuánto le revolviese el estómago.
—¿Por qué no? —preguntó Harry.
—Fue expulsado, acusado de esconder a una criatura oscura en Hogwarts, lo que derivó en la muerte de una chica —, explicó Minerva—. Yo estaba en el colegio en esa época; Albus era el profesor de Transformaciones, y él convenció al Director de entonces para que permitiese quedarse a Hagrid. Nunca se ha ido desde entonces… sobre todo por lealtad.
—¿Alguna vez ha pensado que ese es el motivo por el que lo hizo? —gruñó Harry. Tenía que admitir que era un movimiento inteligente.
—¿Hay alguna posibilidad de que Hagrid no fuese culpable? —preguntó Remus con curiosidad.
—Hubo un rumor acerca de una araña —, dijo Minerva, pensativa—. El fantasma de la chica todavía está allí; quizá ella podría arrojar algo de luz sobre la situación.
—¿Por qué no preguntarle a Dumbledore simplemente? Él puede leer mentes, ¿verdad? —Probablemente ya sabe qué pasó—. Harry se encogió de hombros con indiferencia, cogiendo una galleta y mojándola en su taza. La masticó antes de coger su café y beberlo agradecido.
Severus sonrió con orgullo; Harry se estaba adaptando al mundo mágico muy bien, ciertamente.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Remus sorprendido.
Harry sólo se le quedó mirando como si fuese un idiota. ¿Cómo demonios pensaba que lo había descubierto? ¿En serio? Aquella era una pregunta realmente estúpida.
—No importa —, dijo Remus con rapidez, estaba olvidando quién era su amante. Severus jamás habría dejado a Harry sin preparación.
Harry sonrió antes de encararse de nuevo con Severus y Minerva.
—¿Creéis que hice mal? —preguntó, mordiéndose el labio y demostrando su inseguridad ante Minerva, Sirius y Remus por primera vez. Severus sin embargo ya estaba muy al tanto de ese lado de Harry.
—Querer que la gente responsable de lo que te pasó pague por ello no está mal, Harry —dijo Severus con firmeza—. De lo que no te das cuenta es que… Dumbledore es muy… era una persona muy persuasiva. Es muy hábil haciendo que te sientas culpable si no haces lo que sea que él te pida. Cuando fui a él suplicándole que salvase a tu madre, básicamente me dio un ultimátum: espiar o Azkaban… llegará a donde haga falta para cumplir sus propósitos.
—¿Tú… tú fuiste quién… quién… les advirtió? —dijo Sirius boquiabierto, su corazón hundiéndose aún más. Por supuesto, ¿por qué no había unido los puntos antes? Simplemente había asumido que Dumbledore lo había adivinado de alguna forma, como ocurría normalmente cuando tenía que ver con Voldemort.
—Para lo que sirvió —, dijo Severus curvando su labio. Y ni siquiera podía culpar a Black, si lo que Dumbledore había dado a entender era cierto, y ya que estaba bajo los efectos del Veritaserum, lo era.
—¿Quizá conocer la versión de Hagrid mejoraría la cosas? —sugirió Minerva.
—Aun así él se me llevó; si no fuese por él podría haber tenido una vida diferente —, dijo Harry. No es que realmente le preocupase eso, no era el tipo de persona que le daba vueltas a los "y si" o "pero", se estaba ciñendo a los hechos, en realidad.
—No creo que hubiese sido así, Harry. Como Severus ha dicho… Dumbledore siempre logra lo que quiere —, dijo Remus con bastante disgusto. El anciano había estado decidido a ver a Harry maltratado, criado para ser su pequeña herramienta. Merlín, menos mal que Lily y James no estaban allí… ya habrían encontrado una forma de matar a Dumbledore. En lo que respecta a su niño, habían sido abnegados hasta la última fibra de su ser.
—Probablemente —, Harry frunció el ceño misteriosamente.
—Me pregunto a cuántos estudiantes habrá vuelto locos ya Granger —, dijo Severus, pensativo.
—A todos ellos —, murmuró Harry. Detestaba a la chica del todo—. Es totalmente insufrible.
Minerva resopló divertida, incapaz de contenerse—. Eso es lo que Severus ha estado diciendo durante años.
—Es la verdad —, dijo Harry, sonriendo con regocijo. Le gustaba aquello, ir a sitios nuevos, ver a gente… bueno, que pudiese tolerar en cualquier caso. Era agradable salir de Hogwarts durante un rato, estar allí constantemente hacía que se sintiese claustrofóbico. Estaba acostumbrado a estar fuera en campo abierto, ir a cualquier parte que le apeteciese en las calles. Sobre todo, era jodidamente genial ver su venganza completarse después de todos aquellos años de inquietud y lucha.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis?
Aquí estoy con un regalito por adelantado de Papá Noel. Espero que os gustase la sorpresa.
Por fin sabemos los cargos que ha acumulado Dumbledore durante todos los años en los que ha movido los hilos ahora sólo falta saber si durante el interrogatorio nos da alguna sorpresa más, porque con este hombre nunca se sabe...
¡Muchísimas gracias a: Cristine Malfoy, liz .hattu79, Duchesse Mangemort, Lunatica Drake Dark, sachacaro, cuqui .luna.3, Neyleen Cipher-Pines, Guest, Sara Magu y Kira .Itsuki-san por vuestros comentarios!
¡Esperamos que paséis unas felices fiestas y un próspero año nuevo!
Nos vemos en unos días.
Un saludo.
Traducciones A ver qué sale.
