Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 50

El Juicio Llega a Su Final



—El juicio se reanudará en diez minutos —, dijo Cornelius mientras se unía momentáneamente al grupo tras coger una taza de café. Sentía mucha curiosidad acerca de Harry, y todo lo que había pasado. No podía ser bueno; eso lo sabía, considerando lo oscura que podía llegar a ser su actitud. La mayoría de los chicos de diecisiete años no llegaban a plantearse el comportarse de esa forma ni mucho menos lo ponían en práctica. Quién sabe cuántos años en las calles harían falta para provocar eso en cualquiera; ni siquiera podía comenzar a entender por lo que había pasado. Al menos parecía tener a alguien ahora, aunque fuese una persona a la que él jamás habría imaginado teniendo una relación con el hijo de James Potter, nada menos. Pero no iba a juzgarlos—. Antes de que te vayas, ¿te importaría ir al Atrio y devolver las varitas a sus legítimos dueños? —añadió Cornelius, conteniendo su regocijo.

—¿Ellos no han podido bajarlas? —preguntó Minerva sorprendida, colocando su taza sobre la mesa. Estaba asombrada, no sólo por el hecho de que las varitas estuviesen atrapadas, sino de que Cornelius Fudge no pareciese estar inquieto lo más mínimo. Divertido, quizá; el Ministro no era el mago que ella había pensado que era.

—¿Por qué debería? ¿No saben que es de mala educación señalar? —se burló Harry con irritación. ¡Le habían apuntado con sus varitas! Le habían amenazado; no iba a tolerar algo así.

—Creo que han aprendido esa lección —, dijo Cornelius—. Están escondidos en la sala de reuniones de los Aurores, lamentándose por la pérdida de sus varitas.

Sirius se rió detrás de su taza, ocultando su enorme sonrisa, totalmente divertido. Ni siquiera a James y él se les habría ocurrido una idea tan maravillosa. Y hacerlo sin tener la más mínima intención –o verle la gracia…– Harry era simplemente genial. Hacía magia que nadie más podía, era un canalla fuerte y poderoso, y Sirius no deseaba caerle mal de nuevo. Hasta ahora el chico había sido amable con ellos, y eso era un milagro.

—No sé si puedo —, admitió Harry con una media sonrisa.

—Lo intentará —, le dijo Severus a Fudge, no quería que Harry se llevase mal con el Ministerio o los Aurores. Podían ser bastante vengativos si querían. Sí, Harry podía ocuparse de sí mismo, pero para derrotar al Señor Oscuro necesitaban toda la ayuda que pudiesen conseguir. Tener al Ministro a su lado les ayudaría mucho.

—Gracias —, dijo Cornelius.

—Estamos algo preocupados, en lo que respecta a Hagrid; pensamos que de hecho puede ser inocente del crimen por el que se le expulsó durante su educación en Hogwarts —, dijo Minerva inesperadamente.

—Si lo es, ayudará a reducir su sentencia; si es siquiera sentenciado durante este juicio —, dijo Cornelius, asintiendo de forma comprensiva—. Asumo según esto que quieres que le pregunte acerca de lo que pasó hace cincuenta, quizá sesenta años.

—En realidad, Harry sospecha que Albus puede conocer la verdad —, dijo Severus, sus ojos negros destellando con orgullo por su sumiso—. Pregúntale acerca de lo que ocurrió en la época en la que la Cámara de los Secretos fue abierta por primera vez.

—Por supuesto —, dijo Cornelius—. Si resulta ser inocente… ¿asumo que los cargos se mantendrán? —Esta vez estaba mirando a Harry inquisitivamente.

—No del todo —, refunfuñó Harry—. Supongo que hacer que abandone Hogwarts y no permitirle que se acerque a niños será suficiente.

—Harry, si quieres seguir adelante, nadie te culpará —, dijo Remus con firmeza.

—Mándale a Rumanía —, sugirió Sirius—. Él adora a los dragones y estará en su elemento.

—No sin una varita, no podría —, dijo Remus antes de tomar un sorbo de café.

—Si es declarado inocente puede obtener una nueva —, señaló Cornelius mientras tomaba de su propia bebida—. Aprenderá lo que necesita para sobrevivir en la reserva.

—¿Hay una reserva de dragones? —preguntó Harry, aquello había captado su interés.

—Sí, son especies en peligro de extinción. A algunos magos les gusta cazarlos y venderlos en el mercado negro. Capturamos a dos el mes pasado; están en Azkaban, sentenciados a un año cada uno. Se lo pensarán dos veces antes de atacarlos de nuevo —, dijo Cornelius, principalmente a Harry. Estaba contento de educar al chico sobre el mundo mágico, algo que ya debería saber; era horrible realmente. El último heredero de los Potter, desconociendo todo acerca de su mundo.

—¿Los magos pueden con los dragones? —preguntó Harry, mirándole incrédulo.

—Hacen falta diez, quizá once magos, lanzándoles hechizos aturdidores para someterlos, pero sí, podemos vencerles. Ya sea por su propia seguridad o por la nuestra —, dijo Cornelius—. Te sorprendería saber cuántos informes nos llegan de dragones en la zona. La gente los compra en el mercado negro, intentando criarlos por ellos mismos. Una idiotez, en el mejor de los casos; ni siquiera saben lo básico sobre cómo controlarlos —. La exasperación del Ministro era evidente.

—Eso es condenadamente genial —, dijo Harry, preguntándose si se parecían en algo a los dragones que había visto en la tele y las películas.

—Ciertamente —, dijo Severus de forma seca. Lo más cerca que había estado de los dragones había sido usar partes de su cuerpo en pociones. Tenía que admitir que eso no era a menudo; como Fudge había dicho, los dragones eran una especie en peligro y estaban protegidos.

—¿Ministro Fudge? —exclamó un mago, quedándose allí de pie con aire incómodo.

—Disculpadme —, dijo Cornelius—. Ha sido agradable conocerle, señor Potter —, añadió antes de desaparecer, con su taza de café aún sujeta entre sus manos. Comenzó a alejarse caminando junto al mago que había solicitado su atención, con aspecto de estar enzarzados en una intensa discusión.

—Ese era el Ministro de Magia, una de las personas más importantes en nuestro mundo, aunque él tiene que responder ante el Wizengamot al completo cuando aprueba leyes y similares… pero básicamente tiene libertad de acción —, dijo Severus a modo de explicación.

—Parece que sabe lo que está haciendo, que es competente —, opinó Harry sobre el Ministro.

—Hace un año no habría estado de acuerdo contigo sobre eso —, dijo Severus secamente.

—Lo mismo digo, Severus, los cambios que he visto en él no pueden ser una coincidencia —, dijo Minerva totalmente de acuerdo.

—Siempre ha dado la impresión de ser un idiota senil, yendo con tipos de la calaña de Lucius Malfoy, y haciendo todo lo que Dumbledore le pedía, mientras solicitaba constantemente su consejo —, dijo Sirius despectivamente.

—Eso no es ser un idiota, es un movimiento puramente Slytherin —, dijo Severus inmediatamente, sus ojos negros brillando ante lo retorcido de la maniobra.

—Él es un Slytherin —, dijo Minerva, interviniendo.

—Con el apoyo de Lucius Malfoy y Albus Dumbledore, básicamente tiene a todo el mundo mágico votando por él en las elecciones. Los sangres limpias siempre apoyan a Lucius, ya sea por chantaje o soborno, y con Dumbledore era más simple: hasta hace poco, creían cada palabra que salía de su boca —, explicó Severus.

—Política —, dijo Harry con aire de fastidio, frotándose la frente; odiaba la política.

—Ciertamente, pura política —, estuvo de acuerdo Severus.

—No puedo soportarla; las puñaladas por la espalda, las mentiras, los engaños… prefiero simplemente decir la verdad —, dijo Harry honestamente.

—Lo sabemos —, dijeron Minerva, Sirius y Remus al unísono.

Harry simplemente se encogió de hombros, en nada afectado por sus palabras.

—Sugiero que regresemos; ya se habrá corrido la voz por todo el ministerio —, dijo Minerva—. El lugar estará más abarrotado aún.

—Estoy de acuerdo —, dijo Severus poniéndose en pie, dejando su taza sin terminar para que la bruja la limpiase.

—¿Quién era la mujer de antes? —preguntó Harry incorporándose y colocando la silla en su posición original antes de seguir a los demás, permaneciendo tan cerca de su Dominante como podía.

—Su nombre es Rita Skeeter; como dije antes, es una periodista, y muy detestada por la mayoría de los magos y las brujas. Tiene la habilidad de meterse en sitios en los que no tiene derecho de estar, lo cual parece ser que estaba haciendo usando su forma de Animago —, explicó Severus.

—¿Qué condena le caerá? —preguntó Harry, todavía curioso acerca de todo.

—Cualquiera entre seis meses y seis años —, respondió Sirius; siendo Auror sabía aquellas cosas sin necesidad de pensar.

—El hecho de que entrase en el Ministerio hará su sentencia más larga —, añadió Severus.

—¿Es fácil ser Animago? —preguntó Harry.

Animagi, convertirse en uno es ser un Animago —, corrigió Severus automáticamente.

—Yo misma soy un Animago —, dijo Minerva.

—Eres un gato, ¿verdad? —preguntó Harry mordiéndose el labio por dentro ante la expresión en el rostro de Minerva; ella no estaba al tanto de que él ya lo sabía.

Minerva se detuvo, atónita; Harry realmente era un muchacho extraño. ¿Y cómo demonios podía saber cuál era su forma de Animago? Era escalofriante, eso es lo que era.

Severus sonrió burlonamente—. Se lo dije yo antes —, dijo arruinando la diversión del chico.

Harry miró con desaprobación al hombre pero continuó escuchando.

—Sólo magos y brujas poderosos pueden convertirse en Animagi. El proceso de volverse un Animago es largo y difícil; tiene la posibilidad de que salga el tiro por la culata. Lo cual quiere decir que la transformación puede ir horriblemente mal. Muchos magos y brujas sienten que su tiempo podría estar mejor empleado en otras ramas de la magia. Cuando lo has aprendido, tienes la habilidad de cambiar de forma con o sin tu varita —, explicó Minerva con su habitual tono de profesora.

—¿Es más difícil sin varita? —preguntó Harry.

—No, de hecho no lo es —, dijo Minerva de forma pensativa, ella no había usado su varita desde que había comenzado a aprender cómo llevarlo a cabo.

—¿Entonces por qué preocuparse en usar una?—preguntó Harry bruscamente.

—Concentración, falta de confianza en la habilidad de uno mismo, o el simple hecho de que están tan acostumbrados a usar sus varitas, que lanzan los conjuros sin pensar —, dijo Severus. Abriendo la puerta de la sala del tribunal, caminó frente a Harry, para que los idiotas que intentaban echarle un buen vistazo no pudiesen. A Harry no le gustaba que le mirasen; le fastidiaba hasta el infinito. Él prefería tener al público en el bando del muchacho; con un poco de suerte podrían llegar al final del día sin incidentes. Se echó a un lado, esperando a Lupin, Black y Minerva, así como a Weasley, quien acababa de entrar en la sala, antes de sentarse Harry y él mismo.

Severus observó a Black y Lupin poniéndose tensos de nuevo, como si acabasen de recordar lo que Dumbledore había dicho antes. Black estaba demasiado calmado, no le sorprendería que hubiese tomado una poción tranquilizante. No mucho después, un muy reacio Albus Dumbledore fue llevado a rastras, muy diferente de su habitual caminar confiado. Su vida estaba siendo puesta al descubierto para que todo el mundo la viese y aquello emocionaba a Severus inmensamente. A diferencia de la última vez, las cadenas envolvieron inmediatamente al mago, impidiéndole moverse lo más mínimo.

—Repita las últimas frases para refrescar la memoria de todo el mundo —, dijo Cornelius desde donde estaba sentado, tenso en su sitio.

—Sí, señor —, dijo Percy, luchando por hacer lo que se le había ordenado, hojeando a través del pergamino para llegar a lo que necesitaba—. Ministro Fudge: ¿Tu influencia, favorecida por la poción, ha causado alguna vez la muerte de un mago o bruja? Albus Dumbledore: Sí. Amelia Bones: ¿Quién? Albus Dumbledore: James y Lily Potter—. No se molestó en leer las palabras que Sirius Black había dicho.

—¡Administre el Veritaserum! —ordenó Cornelius, haciendo una seña en dirección a Amelia, quien estaba a cargo de la poción y administrándola. Ella no era sólo la Directora del Departamento para el Cumplimiento de la Ley Mágica; tenía experiencia con Pociones y las estudiaba con regularidad.

Amelia asintió secamente y se acercó para darle la Poción; desafortunadamente parecía que Dumbledore había sobrepasado su tolerancia para cualquier cosa. Se negó a abrir la boca; finalmente Amelia no tuvo otra opción que usar magia para forzarle a abrir su mandíbula y mantenerla abierta hasta que hubo terminado. Las tres gotas de la clara, insípida, inodora poción aterrizaron en su lengua; observó con cuidado que eran absorbidas antes de liberar el conjuro de apertura.

—¿Cuál es su nombre? —preguntó Amelia, poniendo gesto de fastidio; normalmente no tenía que repetirse en un juicio. La mayor parte de las veces sólo hacía falta una dosis de la poción para obtener todas las respuestas que necesitaban. Había pasado la hora del almuerzo y todavía no habían obtenido contestación para la mitad de sus preguntas.

—Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore —, fue la forzada respuesta del encadenado y drogado mago.

—¿En qué año nació? —preguntó Amelia; el impulso de acabar con aquello era fuerte.

—Mil ochocientos ochenta y uno —respondió el mago inmediatamente.

—Funciona —, dijo Amelia a la habitación en completo silencio; el único sonido que se escuchó tras su afirmación fueron sus zapatos sobre el suelo de cemento.

—¿Qué hiciste para provocar la muerte de Lily y James? ¿Qué sugeriste? —preguntó Cornelius, indagando directamente en la cuestión que sin duda la gente quería ver respondida. Lily y James eran los padres más conocidos en el mundo mágico.

—Les dije que aceptasen la sugerencia de Sirius Black y cambiasen de guardián de secreto —, dijo Albus.

Cornelius miró a Albus de forma inexpresiva, el Veritaserum normalmente no funcionaba de esa manera, y él debía haberse sentido más que culpable por lo que había ocurrido. Debía haber algo más que eso, ¿pero qué? ¿Cómo lograba obtener respuestas? Sentándose hacia delante sopesó su siguiente movimiento.

—¿Sabías que Peter Pettigrew era quien estaba espiando a los Potter? —preguntó Cornelius.

—Sí —, admitió Dumbledore sin el más mínimo asomo de culpa.

—No hagas que tenga que aturdirte —, exclamó Remus, sujetando a Sirius, impidiendo que cometiese un error por el que probablemente sería despedido.

—¿Le sugeriste a Black que cambiase su puesto como guardián secreto? —preguntó Cornelius.

—Simplemente insinué que todo el mundo sabría que él había sido elegido, que podrían obtener la verdad de él de diferentes maneras —, dijo Dumbledore.

—¿Por qué? —preguntó Cornelius, desconcertado.

—Estaba furioso porque se habían negado a que yo fuese su guardián secreto; se mostraban indecisos incluso con la poción, tenía que ocuparme de ellos —, respondió Dumbledore—. Al final resultó bien; murieron por su hijo y de ese modo trajeron la paz al mundo mágico.

Severus se quedó helado; incapaz de creer lo que había salido de la boca de Dumbledore. Había esperado que la profecía fuese mencionada, y toda la perorata sobre el "bien mayor" que le gustaba soltar. Se sentó clavando sus uñas en sus palmas, mientras el impulso de golpear a Dumbledore aumentaba como un tsunami. No quería terminar siendo expulsado de la sala del tribunal; quería ver al anciano sentenciado. El hecho de que Harry estuviese tan calmado ayudó a Severus a controlar sus propias emociones y poner los relajados sentimientos del chico en primer lugar. Aquella debería haber sido la reacción de Harry en realidad, enfadarse y estar listo para matar a Dumbledore por lo que había hecho. Pero el muchacho no tenía empatía. No se sentía mal por otros; nadie lo había hecho por él, así que ¿por qué debería él en realidad? No tenía conexión con sus padres; era como si estuviese oyendo hablar sobre extraños. Si Harry hubiese aprendido más sobre ellos podría haber sentido algo, por desgracia no había tenido tiempo para obsequiarle con historias acerca de ambos.

—¿Quién abrió la cámara de los secretos hace sesenta años? —preguntó Cornelius, recordando la petición del profesor de Hogwarts.

—Tom Riddle —, confesó el hombre.

—¿Por qué dejaste que Rubeus Hagrid cargase con la culpa? —preguntó Cornelius, en absoluto sorprendido. Dudaba que pudiese haber algo que dijese Dumbledore que le dejase en shock ahora.

—No podía decirle a la gente que estaba leyendo la mente de mis estudiantes —, dijo Dumbledore casi con brusquedad.

Severus se puso en pie y avanzó, susurrando al oído del Ministro. Todo el mundo en la habitación observó a Cornelius palidecer drásticamente, con aspecto enfermo antes de asentir con nerviosismo—. Tom Riddle es el nombre original del Señor Oscuro —, anunció Severus a la abarrotada sala.

—¿Sabías que Ya-Sabes-Quién comenzó a matar gente mientras estaba en Hogwarts? —dijo Cornelius con tono áspero.

El Wizengamot profirió exclamaciones de enfado, furiosos ante aquella nueva admisión de culpabilidad.

—Sí —, respondió Dumbledore.

—¿Por qué no hizo nada? —preguntó Amelia viendo que Cornelius estaba sin habla. Le habían demostrado que estaba equivocado –estaba sorprendido por algo que Dumbledore había dicho–.

—Estaba esperando a que se hiciese fuerte, famoso, y aguardando al momento adecuado, esperando a que me pidiesen que yo hiciese algo —, dijo Dumbledore. Igual que cuando Grindewald había estado en la cima de su poder —. Pero le subestimé; se volvió demasiado poderoso, demasiado amenazador. Entonces la profecía reveló que yo no sería el héroe esta vez. Tenía que asegurarme de que era reverenciado por entrenar al nuevo héroe, y asegurarme de que él poseía mis ideales y que su poder no crecía demasiado tampoco.

—Espera, ¿a qué se refiere con eso? ¿Qué planeaba hacer con la magia de Harry Potter? —preguntó Amelia con preocupación. Se estremeció mientras magia pura, concentrada, relampagueaba un instante por la habitación; alguien estaba extremadamente enfadado.

—Retuve su magia —, dijo Dumbledore.

Cornelius tragó la bilis que subía por su garganta, sobrecogiéndose mientras sentía otra erupción de poderosa y amenazadora energía. Serían afortunados si Dumbledore no era asesinado por la magia pura si no tenían cuidado. Le helaba por completo, no había duda de que Harry era poderoso sin que su magia estuviese retenida.

—¿Cuándo? —quiso saber Amelia.

—La noche que Voldemort atacó —, declaró Dumbledore.

—Por eso le llevó veinticuatro horas llevar a Harry a Privet Drive —, susurró Minerva, cerrando los ojos; era obvio que había sido una cuestión que había estado rondando por los recovecos de su mente durante algún tiempo.

—¿Qué conjuro usaste? —preguntó Cornelius con urgencia.

Praeligo etenim vita —, confesó Dumbledore, forcejeando brevemente, en sus ataduras.

Cornelius se dejó caer aliviado, profundamente agradecido de que el hechizo tuviese una forma de contrarrestarlo, a pesar de que su traducción literal fuese atar de por vida. Como la mayoría de la magia, venía con maldiciones para negarla, o pociones para revertir cualquier efecto provocado, con las excepciones, por supuesto, de las maldiciones imperdonables.

Severus se agarró a Harry, su presa fuerte y dolorosa, teniendo problemas para controlar la magia de Harry en su furia. Él era poderoso ahora, ¿cómo sería con las restricciones eliminadas? Lo cual era exactamente lo que planeaba hacer tan pronto como acabase el juicio. Estaba furioso con Dumbledore pero su preocupación por su sumiso lo sobrepasaba. Finalmente tras dos estallidos inofensivos, tomó el control por completo. No ayudaba que su propia magia estuviese reaccionando ante su propio enfado.

—¿Usa magia oscura a pesar de que quiere limitar la educación de todos los demás a la magia luminosa? —preguntó Amelia sarcásticamente.

—Sí —, respondió Dumbledore.

—Cálmate, Harry —, dijo Severus, su voz seca e imperiosa—. Antes de que hieras no sólo a nosotros, sino a todo el mundo aquí.

Harry se encogió, asintiendo sin decir nada. Su furia se desvaneció ante el hecho de que sabía que su Dominante probablemente estaba decepcionado con él. Había muchas cosas que podía tolerar, pero la decepción no era una de ellas. Sus otros Dominantes no le habían afectado de la misma forma en la que lo hacía Severus. No sabía por qué, pero Severus había sido capaz de entenderle de formas que otros no habían podido. Al final había caído en sus brazos, totalmente. Cuando había tenido que huir al ver a Dumbledore había sido lo más difícil que había tenido que hacer jamás. Aquel año había sido el peor; no se había acercado al club, permaneciendo sin más en las calles, robando en tiendas de vez en cuando para conseguir lo que necesitaba. No estaba seguro de qué sintió, pero lo que sí sabía era que era horrible. No deseaba volver a sentirse de aquella manera, nunca más.

—¿Estaba alguien al tanto de sus acciones esa noche? —preguntó Amelia.

—No —, respondió Dumbledore, luchando con más fuerza.

—¿Dónde estaba Rubeus Hagrid? ¿Y qué pensaba de lo que estaba haciendo? —preguntó Amelia.

—Me trajo al chico, esperó a que terminase; desconozco qué estaba pensando —, declaró Dumbledore.

Harry dio un respingo antes de apretar sus dientes; odiaba aquella palabra más que cualquier otra cosa en el mundo. Incluso más que bicho raro, si es que eso era posible. Inspirando profundamente, se relajó contra Severus, el cual sintiendo sus emociones le consoló. La idea de ese bastardo en cualquier lugar cerca de él era suficiente para hacer que se le pusiesen los pelos de punta, era bueno que Severus tuviese un control tan fuerte porque de otra forma… su magia habría reaccionado a sus intenciones y asesinado a Dumbledore.

Cornelius se puso en pie, caminando hasta Amelia—. ¿Ha visto alguna vez a alguien luchar tanto contra la poción? —, preguntó con gesto preocupado y suspicaz.

—No —, respondió la mujer, sacudiendo su cabeza negativamente.

—Lo sospechaba, ¿cuánto tiempo cree que queda? —añadió Cornelius, mirando su reloj.

—No mucho, sugiero que hagamos la pregunta final y demos este juicio por terminado —, dijo Amelia sombríamente.

Cornelius asintió, habiendo sospechado que aquella iba a ser la respuesta de la bruja—. Muy bien.

—¿Cómo entraste en la sala de los registros? —preguntó Cornelius Fudge, permaneciendo en pie pero moviéndose hacia su propia mesa. La habitación se tensó inmediatamente, nadie se atrevía siquiera a respirar mientras esperaban por su contestación. Aquel no era en absoluto el peor de los crímenes de Dumbledore, pero era el más preocupante. Si no obtenían su respuesta, y no podían arreglar lo que quiera que fuese, todo tendría que ser llevado de vuelta a las cámaras bajo Gringotts.

—No lo hice —, dijo Dumbledore.

Todo el mundo miró alrededor con cautela, con una débil esperanza floreciendo, ¿era Dumbledore inocente al menos de uno de los crímenes de los que había sido acusado? No se permitieron creerlo demasiado, ya que había muchas formas mediante las cuales alguien podía no responder a una pregunta bajo el Veritaserum.

—¿Cómo fue capaz de obtener la firma mágica de Harry Potter? —preguntó Amelia.

—Usé su registro —, respondió Dumbledore.

—¿Cómo lo obtuviste? —quiso saber Cornelius, poniéndose extremadamente furioso.

—Usé a mi elfo doméstico personal —, dijo el anciano.

Todo el mundo explotó de asombro; esa era una forma en la que no habían contemplado que alguien pudiese colarse. Cornelius se sentó sintiéndose débil, pero también aliviado. Si había sido un elfo doméstico, al menos podían asegurarse de que no volviese a ocurrir. Necesitarían la ayuda de los duendes, lo cual requeriría un alto precio ciertamente. Los duendes no hacían nada gratuitamente; negociaban y regateaban como demonios.

—¿Usó la información en el registro para localizar y secuestrar a Harry Potter? —preguntó Amelia. Si lo hizo, entonces le tenían por traición, tanto si había entrado personalmente en la habitación como si no.

—Sí —, confirmó Dumbledore.

—Miembros del Wizengamot, ahora deben deliberar qué se debe hacer con Albus Dumbledore. Todos jurarán juzgarle de forma imparcial, dejando de lado cualquier cosa que este mago haya hecho en el pasado. Las acciones mencionadas en este día son la razón de que esté aquí. A las dos de la tarde comunicaremos a todo el mundo si este veredicto será anunciado hoy o si habrá que esperar hasta mañana por la mañana —, declaró Cornelius, encarándose con el Wizengamot, su rostro frío y severo.

—Dudo seriamente que les lleve tanto, la verdad habla por sí sola, de forma bastante literal aquí —, comentó Severus con una media sonrisa.

Harry resopló, divertido por las palabras del hombre.

—¿Café otra vez? —sugirió Minerva—. Realmente necesito estirar mis piernas, y estoy deseando tomar otro café; normalmente no paso tanto tiempo si uno—. Para entonces ella normalmente ya había tomado seis o siete.

—Estoy de acuerdo —, respondió Severus.

—¿Puedo acompañaros a los tres? —preguntó Arthur; sin duda Harry iba a ir con ellos.

—Por supuesto—, dijo Minerva, antes de que Severus pudiese meter baza.


Veinte minutos más tarde, todo el mundo fue informado de que el Wizengamot había terminado de deliberar y el juicio continuaba. Todos regresaron a sus asientos, preguntándose qué habrían decidido para Albus Dumbledore –traidor al mundo mágico–.

—Apuesto a que Skeeter está en su celda maldiciendo, este podría ser perfectamente el juicio del siglo —, dijo Sirius con aire vengativo, sonriendo ante la idea de ella chillando y gritando ante la puerta de su celda—. Habría impulsado su carrera.

—Lo habría hecho —, admitió Remus.

—En vez de eso no tiene carrera, el Profeta no la aceptará de nuevo después de que salga —, dijo Minerva.

Todo el mundo se quedó en silencio cuando Cornelius Fudge entró de nuevo en la sala; la otra puerta, en el lado opuesto de la estancia, se abrió casi al mismo tiempo y el Wizengamot entró. Tomaron de nuevo sus asientos para la etapa final del proceso contra Dumbledore.

—¿Asumo que se ha tomado una decisión? —preguntó Cornelius, aclarándose primero la voz mientras se ponía en pie. Estaba mirando al Wizengamot, sin dedicar a Dumbledore siquiera un vistazo. Percy Weasley estaba, como siempre, escribiendo todo lo que todo el mundo decía.

Un mago entrado en años se incorporó desde su asiento en el medio. Su nombre era Tiberius Ogden, y era ahora el Hechicero Jefe del Wizengamot y presidía sus reuniones. Los demás y él habían jurado juzgar de manera imparcial el caso como cualquier otro, así que nada podía influenciarles. Ese era el motivo de que la deliberación hubiese llevado tanto tiempo, con los cincuenta magos y brujas teniendo que hacer el juramento primero—. Lo hemos hecho, Ministro Fudge —, respondió oficialmente Tiberius, asintiendo con la cabeza con seriedad.

—¿Cuál es el veredicto, Tiberius Ogden, Hechicero Jefe del Wizengamot? —preguntó Cornelius; todo el mundo estaba tenso por la expectación.

—Albus Dumbledore, hemos decidido, cumplirá quince años en la prisión de Azkaban por los crímenes mencionados. Sin embargo, debido a su traición, deseamos que se le aplique el Beso del Dementor después de esta sentencia. Durante estos tiempos turbulentos debemos asegurar el futuro para las próximas generaciones —, dijo Tiberius con firmeza.

—¿Es ese vuestro veredicto? —preguntó Cornelius, mirando al resto del Wizengamot para asegurarse de que había sido una decisión conjunta.

—Lo es —, respondieron todos al unísono.

—¿Por qué hablan todos a la vez como borregos? —preguntó Harry, arqueando una ceja curiosa.

Severus dejó escapar una corta carcajada antes de lograr sofocarla, para gran sorpresa del todos los sentados a su alrededor. Arthur, Sirius, Remus, y sí, incluso Minerva se quedaron boquiabiertos por la sorpresa. Nadie había escuchado a Severus reírse antes, incluso por un sólo segundo; para decirlo de manera simple, estaban mudos de asombro. No a causa del veredicto, sino por la habilidad de un chico para hacer que todo el mundo actuase de manera diferente a la habitual.



Continuará...

¡Hola!

¡Feliz 2018!

¿Qué tal estáis? ¿Qué tal las fiestas?

Esperamos que os gustase el capítulo de hoy, por fin ha terminado el juicio de Dumbledore y ya sabemos su sentencia ¿Qué os ha parecido?

¡Muchísimas gracias a: Cristine Malfoy, AngieSCullen, andy-yare21, Kira .Itsuki-san, liz,.hattu79, sachacaro, cuqui .luna.3, Sara, Neyleen Cipher-Pines, Duchesse Mangemort y Lunatica Drake Dark por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho!

Un saludo.

Traducciones. A ver qué sale.