Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen: DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 51

Regresando a Casa


—Vamos —, dijo Severus poniéndose en pie, preparado para sacar a Harry de allí mientras todo el mundo estaba distraído con los sucesos que acababan de acontecer. Dumbledore acababa de ser enviado por medio de un Traslador a la Prisión de Azkaban; ciertamente no iba a ser un recluso popular, eso era seguro. Severus no estaba sorprendido por el veredicto; la traición no era algo que se tomasen muy bien en el mundo mágico. Al menos al viejo hipócrita no le darían el beso del Dementor directamente; primero sufriría torturas infernales. Con un poco de suerte vería todo lo que había hecho mal durante quince años. Manteniendo una firme presa sobre el brazo del chico mientras les hacía cruzar entre la multitud de brujas y magos, Snape siguió teniendo que contener sus gruñidos. Odiaba que la gente le tocase, incluso cuando no era a propósito. Sólo unas pocas personas especiales tenían permitido su contacto, como Lily y Harry, por supuesto; Minerva podía salirse con la suya en eso también. Durante toda su vida el contacto físico había sido duro y frío, y normalmente doloroso si su padre estaba borracho… lo cual era la mayor parte del tiempo. Incluso sus años de adolescencia los había pasado herido y solo, tanto que la mera idea de la gente tocándole le hacía sentir incómodo. No hizo frente al hecho de estar incómodo; provocó que la tomase con los demás.

—Yo me encargo —, dijo una voz detrás de Severus; moviéndose en torno a la multitud, ella tiró de las pesadas puertas para abrirlas. Minerva no podía usar magia porque todo el mundo estaba a su alrededor; era enloquecedor, realmente. Finalmente hizo un hueco lo suficientemente grande como para dejarles salir de la caótica sala del tribunal. Todavía estaba ligeramente aturdida por el hecho de que Severus se hubiese reído, ¡en una sala llena de gente! Jamás en todos sus años había visto al hombre tan vivo. Era fascinante, y confiaba en que Harry siguiese haciendo lo que fuera que estuviese haciendo con él. Si alguien merecía ser feliz, ese era con toda certeza Severus.

—Gracias, Minerva —, dijo el Profesor de Pociones, agradecido, mientras el ruido quedaba inmediatamente amortiguado por la puerta que se cerraba. Juntos se encaminaron hacia el Atrio, ansiosos por escapar del abarrotado edificio del Ministerio.

—¿A dónde vais ahora? —dijo Minerva mientras caminaban, preguntándose si Severus se quedaría en Hogwarts o se trasladaría inmediatamente.

—El Atrio y de regreso a Hogwarts —, dijo Severus secamente, comprendiendo la pregunta tras las palabras de Minerva sin que ella tuviese que decir nada. Él odiaba enseñar a niños; no tenía planes de quedarse después de que la guerra acabase, y sobre eso era inamovible. Incluso más incierto era dónde elegirían ir, eso sólo dependería de a dónde le gustaría a Harry que se dirigiesen.

—¿Y después? —preguntó Minerva con cautela, confiando en que no le perdería completamente; a pesar de su naturaleza adusta, el hombre se había convertido en alguien en quien confiaba con toda su alma. Más que eso, se había vuelto un amigo y confidente, uno que no deseaba perder tan pronto después de convertirse en Directora de Hogwarts. Había sabido que un día se convertiría en directora, pero sólo quizá diez o veinte años más tarde, e indudablemente había asumido que sería en circunstancias diferentes.

—Sabes tan bien como yo que no tiene sentido en pensar en el futuro —, dijo Severus con seriedad—. Uno no puede estar seguro de si sobrevivirá a la guerra, especialmente alguien como yo—. Confiaba en hacerlo, porque sabía que su muerte sería devastadora para Harry, pero al menos el chico estaría bien cubierto. No sólo tendría la fortuna Potter, sino la herencia Prince y todo el dinero que había ganado fabricando pociones.

Harry resopló—. Levantarse cada día conlleva el riesgo de morir, ya sea cabreando a la persona equivocada o cayendo por las escaleras. Eso no significa que debamos quedarnos en la cama todo el tiempo; no nos impide pensar en qué haremos más tarde ese mismo día—. No le dio vueltas a lo que Severus había dicho; la idea de perderle le aterrorizaba.

Touché —, dijo Severus con una media sonrisa.

—Tiene una perspectiva del mundo bastante… rara, ¿verdad? —señaló Minerva, frunciendo sus labios.

—Rara no, sólo dolorosamente honesta —, respondió Severus, tan divertido como la profesora.

—Muy parecido a ti —, dijo Minerva.

Severus le lanzó una mirada jocosa antes de continuar, volviéndose para mirar al frente y encontrando una escena cómica frente a ellos. Dos magos estaban subidos en lo más alto de dos escaleras, intentando coger las varitas pegadas al techo sin romperlas, sin éxito. Los dueños de las mismas estaban observándoles, mitad temerosos de que sus varitas PUDIESEN romperse, y mitad esperanzados de que pudiesen ser retiradas con éxito del techo de mármol.

Accio Varitas —, intentó Severus, preguntándose si podría realizar la imposible proeza de bajarlas, ya que su magia y la de Harry estaban ahora fundidas en una. Mezcladas, conectadas, sus firmas mágicas fundiéndose juntas para formar una nueva, más poderosa. Ya no necesitaba usar su varita, pero no iba a dejar que los idiotas del Ministerio lo supiesen. Por desgracia, era algo que iba a tener que compartir con los demás en Hogwarts; podía enseñarle mucho a Harry, pero no todo –eso era simplemente imposible–.

Entonces súbitamente las varitas flotaron hasta media altura desde el techo, y después cayeron con un ruido sordo al suelo.

—¡Ya habíamos intentado eso! —exclamó un mago que todavía estaba subido en el último peldaño de su escalera, con gesto de sorpresa y consternación.

—¡Una docena de veces! —gritó el otro mago, bajando ya, indignado de que alguien hubiese aparecido y hubiese convertido su larga tarde en irrelevante con un pequeño conjuro que ellos habían estado usando sin éxito durante las últimas siete horas. ¡Incluso habían trabajado durante la hora del almuerzo! No hacía falta decir que estaba furioso.

—¿Cómo demonios has logrado eso? —quiso saber Kingsley, entre asombrado y cabreado. Los Aurores habían perdido casi un día de trabajo a causa de esto. Sin embargo por suerte las cosas habían estado bastante calmadas, para ser sincero. Bueno, si no contabas el caos en el Ministerio por el juicio de Dumbledore. Él no había sido uno de los que habían perdido su varita, pero había estado allí intentando recuperarlas. Se lo habían pedido a él porque era uno de los Aurores más poderosos del departamento. O más bien, se lo habían suplicado cuando le habían visto; acababa de Aparecerse para asistir al juicio de Dumbledore.

—Las invoqué —, dijo Severus sarcásticamente.

—Intenté eso un millón de veces —, dijo Shacklebolt sombríamente, apretando los dientes; no estaba de humor para el sarcasmo ahora mismo. Por otra parte, no había nadie que pudiese sacar de sus casillas a otro tanto como Snape, era exasperante la mayoría de las veces.

—Obviamente no con las suficientes ganas —se mofó Harry, tomándole el pelo y obteniendo una gran satisfacción de ello. Oh, cómo aborrecía a todo el mundo en la jodida Orden. Bueno, aparte de Fred y George, y quizá Minerva, y por supuesto Sev; seguía olvidando que su Dominante era parte de ella. Aborrecía a la mujer Weasley; Molly, recordaba vagamente que había dicho que se llamaba. Oh, y la Metamorfomaga Tonks. Jamás le caerían bien, ¿pero cómo podía culparles? Habían estado bajo la influencia de una poción… ah, qué cojones, de todas formas le daban igual; él no estaba allí para que le gustasen.

—¿Finalmente las bajasteis? —preguntó Sirius, caminando hasta el Atrio y reuniéndose con Severus, Harry y Minerva. Arthur ya estaba de regreso a su trabajo; no se podía permitir tomarse días libres. Así que estaba haciendo algunas horas extras, lo cual no sorprendió a Sirius, después de todo tenía una familia numerosa.

—Sí —, dijo Shacklebolt frunciendo el ceño. Black estaba demasiado contento para su gusto. Kingsley quería que le devolviesen su puesto; por desgracia todavía debían pasar meses hasta que pudiese reincorporarse. Había tenido intención de asistir al juicio, pero sus colegas Aurores le habían pedido que bajase las varitas a pesar del hecho de que no estaba trabajando.

—Se acerca la prensa —, alertó Minerva repentinamente.

Mirando alrededor, descubrieron que la directora tenía razón. Cerca de diez magos y brujas portando cámaras corrían hacia ellos. Los flashes brillaban con cada paso que daban, sus rostros también, con pasión y júbilo. Finalmente Harry Potter había regresado al mundo mágico, y deseaban cada detalle jugoso que pudiesen obtener.

—Mierda —, murmuró Harry mientras les observaba con desconfianza. Por suerte el Atrio era un lugar enorme con más de una docena de chimeneas.

Minerva tuvo que morderse la lengua; el impulso de reprender a Harry por su lenguaje era abrumador. Por desgracia, como profesora y enseñando a alumnos durante todo el año, esa respuesta estaba arraigada en ella. Logró contenerse y eso era lo principal; Harry no toleraría ser regañado, al menos por otro que no fuera Severus. Ella podía llegar a comprender su reacción. Harry no era una persona social, y ahora estaba viendo a tanta gente corriendo hacia él con expresiones que le recordaron a Minerva a un niño al que se le muestra un cachorrito.

—Vámonos —, dijo Severus, prácticamente lanzándose a sí mismo y a Harry al interior de la chimenea más cercana y gritando su destino. Segundos más tarde se habían ido, justo en el instante en que la multitud descendía hasta el grupo de Aurores que estaban revolviendo entre la pila de varitas para encontrar la suya.

—¿Era ese de verdad Harry Potter? ¿Dónde ha estado? ¿Se ha inscrito en Hogwarts? ¿Por qué estaba en el Ministerio? ¿Cuándo podremos verle? ¿Podemos concertar una entrevista? ¿Dónde ha estado? ¿Qué tal está? ¿Estaba herido cuando le encontraron? ¿Dónde le encontraron? ¿Por qué se ha mantenido en secreto? ¿Cuándo dieron con él? —les gritaron desde todas direcciones, principalmente dirigiéndose a Sirius y Minerva, que estaban ahora lamentablemente atrapados entre la multitud de periodistas.

—¿Está viviendo con usted, señor Black?

—¿Qué clases está recibiendo en Hogwarts?

—¿Qué planes tiene para cuando termine el colegio?

—¿Dónde se ha ido Harry Potter?

—¿Por qué estaba en el Ministerio?

—¿Ha estado el Ministro Fudge hablando con él?

—¿Por qué se ha marchado con el Profesor Snape?

—¡SILENCIO! —rugió Shacklebolt, frotándose las sienes, mientras los últimos Aurores finalmente recogían sus varitas y las ponían con presteza en sus túnicas para salvaguardarlas, a pesar del hecho de que Harry ya se había ido. Definitivamente no iban a cabrear al chico de nuevo, eso seguro. Tampoco estaba allí el que había salido volando hasta la fuente; había tenido que ir al ala médica por un hombro dislocado y una muñeca torcida—. No se harán comentarios —, añadió Kingsley con firmeza, fulminándoles con la mirada y retando a cualquiera a hacer otra pregunta más. Necesitaba una poción para aliviar el dolor de cabeza ahora mismo; en qué se había convertido aquel maldito día… Sólo había ido allí por el condenado juicio y había terminado enredado en aquello, había echado de menos el Ministerio… ahora sólo deseaba irse a casa y meterse en la cama.

—¿Por qué está intentando mantenerlo en secreto el Ministerio? ¡Merecemos saber qué está ocurriendo! —gritó uno de los periodistas.

—No merecen saberlo; sí, el señor Potter ha regresado al mundo mágico, pero eso es todo. Tiene derecho a su privacidad, y si no se la dan, se marchará de nuevo y no obtendrán ni una sola historia —, dijo Minerva de forma concisa.

—¿Por qué se iría? —gritó uno de ellos, con aire estupefacto.

—¿Aparte del hecho de que están tras una tonta historia sin preocuparse ni un ápice por lo que el señor Potter ha pasado? —respondió Minerva, lanzando una mirada de odio al periodista que había hecho la pregunta. Tras aquello, se Apareció del edificio, materializándose ante la puerta principal de Hogwarts. Decidió caminar en vez de llamar a un carruaje, necesitaba tiempo para serenarse. A pesar del hecho de que se había sentido traicionada por Dumbledore en tantas cosas, la mayoría en relación con Harry, se sintió diez veces peor ahora.

Ella jamás habría hecho favoritismos, ciertamente no mientras sus preferidos eran aún estudiantes en el colegio. Le había tenido mucho cariño a Lily, la muchacha había sido tan descarada y con tanto talento para la magia, aunque James Potter consiguió la mejor nota en Transformaciones; aun así, Lily había quedado segunda. Tenían que ser los mejores en clase, sobre todo para ser elegidos Prefectos. Ella se había enfadado por algunas de las cosas que los 'Merodeadores' habían hecho en el colegio, especialmente cuando Albus evitó que tomase ninguna acción directa para restringir sus actividades. Ella nunca había mirado para otro lado, y algunas de sus bromas habían sido inofensivas, aunque cuando había oído acerca de las acciones de Sirius la noche que envió a Severus tras un hombre lobo había montado en cólera. Había deseado expulsarle; casi había provocado la muerte de dos estudiantes, así que sí, deseaba que se marchase. Por desgracia Albus la había atado de manos, pero le había dejado sobradamente claro al chico que estaba furiosa. Había ayudado en algo que Remus hubiese necesitado casi un año para perdonarle también. Severus jamás había sido el mismo tras aquella noche. Entonces todos crecieron. Era de esperar, realmente; cuando uno estaba en guerra, la gente era forzada a crecer demasiado rápido. Estando en la Orden se había vuelto más cercana a ellos; el hecho de que Albus lo había organizado para que muriesen la hería profundamente.

Por el amor de Merlín, deseaba estrangular al viejo tonto. Manipular a la gente era una cosa, pero controlarles era algo totalmente diferente. Pobre Harry, un día podría sentir el dolor de su pérdida, y tendría que asumir el hecho de que se los habían arrebatado porque le querían más a él que a cualquier otra cosa en el mundo. Estaba claro que habían superado la lealtad y la naturaleza controladora de la Poción; de alguna forma su amor por Harry había sido mayor que cualquier otra influencia. Obviamente Dumbledore se había sentido amenazado por eso; Sirius probablemente se estaría sintiendo peor aún porque había confiado en el antiguo director y ahora descubría que eso había provocado la muerte de su mejor amigo.


—Demonios, ¡nunca me acostumbraré a esto! —refunfuñó Harry, levantándose del suelo y meneando la cabeza cuando Severus simplemente salió de la chimenea con elegancia.

—Lo harás —, le aseguró Severus, eliminando mágicamente, sin palabras y sin varita, el hollín de sus ropas y rostros. Era tan cómodo ser capaz de hacer eso, una de las mayores ventajas de la unión con Harry, sin duda; bueno, aparte del hecho de que el chico era suyo, por supuesto—. Grace hará la cena hoy, ve y termina tus tareas.

—Sí, Señor —, dijo Harry, disconforme con el arreglo, pero si no quería que nadie se diese cuenta de que no sabía leer, cuanto antes aprendiese todo lo que debería haber sabido desde hace años, mejor; necesitaba estudiar. Aunque le estaba yendo realmente bien, apenas necesitaba ya el conjuro de lectura, excepto cuando se trataba de extraños nombres de ingredientes de pociones.

—El malhumor no te sienta bien —, dijo Severus atrayéndole hacia él; después de todo lo que había descubierto hoy, se sentía conmocionado, lo demostrase o no. No era de los que buscaba consuelo físico en otros, pero hoy parecía que esa regla general se podía ir al infierno. Estaba a medias contento de que Harry no pudiese empatizar con sus padres; de otra forma ambos estarían emocionalmente en lugares muy malos. No sólo Dumbledore había asesinado a Lilly, su mejor amiga, básicamente le había manipulado a él durante toda su vida. Había acudido al antiguo director suplicándole que la salvase, y mientras tanto el anciano estaba planeando su muerte. Aquello le dejaba frío y asqueado; por supuesto el viejo tonto había asumido erróneamente que él había querido a Lily como un amante, y él nunca le había corregido.

—De hecho lo hace —, replicó Harry con una sonrisa torcida, al menos al final había sido así.

Severus rió en voz baja; parecía que Harry estaba más… irritable últimamente, aunque no era capaz de descubrir por qué. Siempre había algo que él podía hacer para sacarle de ese estado, pero tenían mucho que hacer. Quizá si acababan con ello, más tarde podrían liberar algo de presión. Podía tener que ver con estar encerrados en la misma habitación, o quizá estar en una relación D/S a tiempo completo con él; no estaba acostumbrado a ello. Normalmente ambos sólo se veían durante las vacaciones, y la mayor parte del tiempo habían estado firmemente unidos a la cama, recuperando el tiempo perdido.

—Puedes hacer el desayuno para los dos mañana —, transigió Severus, deslizando sus dedos por el pelo de Harry mientras permanecían juntos saboreando el raro momento en que no estaban yendo de un lado para otro.

—Muy bien —, murmuró Harry, sus ojos cerrados y su cabeza apoyada contra el pecho de Severus escuchando el latido de su corazón.

—Ve —, le urgió Severus tras unos minutos de silencio, empujando a Harry levemente hacia el escritorio que tenía en un lateral de la habitación, cerca de la chimenea para poder mantenerse caliente mientras trabajaba. En cuanto se hubo asegurado de que el chico haría lo que le había ordenado, se volvió y desapareció directamente en su biblioteca, a la caza del libro que necesitaba para liberar la magia de Harry.

Apoyándose contra la mesa en la biblioteca, tomó aire profundamente, intentando controlar sus emociones mientras las escudaba de Harry. Estaba furioso consigo mismo por haber pasado por alto las obvias ataduras en la magia de Harry. ¿Cuántas veces había mencionado el chico que tenía problemas controlándola? Él había pensado estúpidamente que se refería a magia accidental, a que sus poderes no habían sido entrenados. Severus maldijo internamente; qué tonto había sido. ¡No era de extrañar que Harry no pudiese controlarla si alguien la había atado! Era como intentar dominar a un jabalí salvaje que estaba encerrado dentro de un saco. Con un gruñido inmediatamente comenzó a repasar sus estanterías, buscando el libro que necesitaba. Con un poco de suerte lo tendría y no tendría que tratar de localizarlo en la biblioteca de Hogwarts o ir a la librería. La prensa estaría en todas partes buscando a Harry, y el hecho de que se habían ido juntos… supondría que también estarían tras él.

Libro tras libro fue sacado y devuelto a las estanterías mientras Severus buscaba el adecuado. Estaban ligeramente polvorientos; tendría que hacer que Grace les diese un repaso. Los libros estaban entre sus más preciadas posesiones, especialmente aquellos de Defensa y Pociones. Los empaquetó todos y los llevó a casa cuando regresó a Londres, algo más fácil de decir que de hacer con Harry en el piso. Había tenido que hacerlo a mano aquella vez, para su consternación, ya que un simple conjuro los habría dejado pulcramente en su lugar.

—¿Sev? —dijo Harry, entrando en la biblioteca.

—¿Qué ocurre? —le espetó Severus, irritado por no poder encontrar el maldito libro.

—Hay alguien en la puerta, ¿quieres que me encargue de él? —preguntó Harry pero quedándose en el sitio donde estaba. Algo había puesto a Severus de mal humor, y sabía que cuando eso ocurría… era mejor apartarse de su camino. Cuando Harry se ponía de ese humor, normalmente salía y retaba a uno de los chicos de la calle a pelear, para liberar algo de presión. No sabía cómo lidiaba la gente normal con ello, aparte de quedarse pensativos en una habitación silenciosa.

Suspirando levemente, el sentimiento de culpa de Severus ya comenzaba a aparecer—. Estaré ahí en un minuto; sólo es Minerva, ¿puedes hacer que pase? —preguntó, recobrando el control de sí mismo. Aquello no era culpa de Harry y no debería estar desahogándose con él.

—Bien —, dijo Harry, cerrando la puerta de nuevo, preguntándose qué le habría puesto de aquella forma. ¿Podía ser lo que les había ocurrido a sus padres y la confesión de Dumbledore? Sabía que Severus le había tenido afecto a su madre; encogiéndose de hombros caminó hacia la puerta y dejó que Minerva entrase; tenía un montón de libros flotando tras ella. El olor a comida ya salía de la cocina; Grace estaba obviamente trabajando a destajo.

—Hola, Harry, ¿va todo bien? —preguntó Minerva, consciente de cómo se estaba tomando Severus la información que Dumbledore había escupido en el juicio—. ¿Está abajo en el laboratorio? —Le conocía lo bastante bien para saber dónde le gustaba ir cuando estaba preocupado.

—La biblioteca —, le dijo Harry, haciendo un gesto hacia la puerta cerrada. Entonces tomó asiento y comenzó a escribir una vez más, afortunadamente no con la pluma. Aquella costumbre le volvía loco. Por qué el mundo mágico deseaba escribir con una pluma de pájaro, no lo sabía; era absurdo.

Minerva echó un vistazo, sorprendida a pesar de que no debería estarlo, de ver a Harry aprendiendo a leer y escribir, a juzgar por los libros que estaban abiertos frente a él. Obviamente no había recibido educación después de los nueve años. Al menos probablemente sabría las palabras básicas y cómo sumar y restar—. ¿Cómo está yendo? —preguntó, sorprendiendo a Harry, a juzgar por la forma en la que cerró el libro de golpe y se puso tenso.
—No hay necesidad de avergonzarse; todos aprendemos cosas nuevas cada día, incluso yo misma, que tengo un título en Transformaciones. Incluso Severus aprende cosas nuevas diariamente; siempre hay espacio para más información —, dijo Minerva compasivamente—. El hecho de que desees aprender es admirable; si necesitas cualquier tipo de ayuda, estoy deseando ofrecértela.

—Gracias —, murmuró Harry, sintiéndose menos abochornado de que alguien más conociese su vergüenza. Abriendo el libro, comenzó a trabajar de nuevo; sin embargo todavía no quería que todo el mundo se enterase.

—No necesitará que le ayudes con eso, sino con la magia cuando llegue el momento —, dijo Severus con una media sonrisa, habiendo escuchado su conversación. Estaba agradecido con Minerva, podía literalmente sentir la vergüenza abandonar a Harry definitivamente ante el hecho de que alguien supiese que no podía leer ni escribir. El chico tendía a culparse a sí mismo, cuando en realidad la culpa recaía sobre los hombros de Dumbledore y los Dursley.

—¿Magia? —preguntó Harry con curiosidad, mirando a su Dominante y preguntándose si se sentía mejor. Era tan difícil calibrar su reacción a las cosas, ya que era tan cerrado para la mayor parte. No obstante, lo mismo se podría decir de él mismo; el vínculo estaba permitiéndoles sentirse el uno al otro a pesar de que ambos no comunicaban sus sentimientos muy bien. Aunque la unión era útil, no era siempre de esa forma; su Dominante era bueno acallándola de alguna forma… tendría que preguntarle acerca de eso pronto.

—Yo no puedo enseñarte todas las ramas de la magia; necesitaremos la ayuda de los otros profesores. No te preocupes, sólo será con aquellos en los que confío, y estaré allí todo el tiempo —, dijo Severus, sintiendo la aprensión de Harry y diciéndoselo directamente, librándose de la preocupación antes de que comenzase a agobiarse.

—¿Cómo harás eso y dar clases? —preguntó Harry intrigado.

—No lo sé aún —, admitió Severus, masajeándose el puente de su nariz—. Arreglaré algo con los demás si están dispuestos.

—Con sus habilidades, harán fila —, dijo Minerva, uniéndose a la conversación. Ella de hecho deseaba enseñarle, llevaba haciéndolo desde hacía un tiempo. No estaba segura de si los demás se habían dado cuenta o no, pero ella lo sabía: Harry podía hacer magia sin varita. ¡Magia sin varita! Ella jamás había visto a nadie más antes con aquel talento… pensar que Lily podía haber adquirido esa útil habilidad. Se preguntó por qué no se lo había dicho a nadie, si aquel era el caso, pero parecía lo más probable ya que había lanzado el conjuro para proteger a Harry sin su varita.

Harry parpadeó, preguntándose de qué demonios estaba hablando. ¿Qué tipo de habilidades tenía? Él no era nada especial; eso había quedado sobradamente claro durante toda su vida. Aunque Severus le hacía sentirse especial, y le hacía pensar que lo era la mayor parte del tiempo, simplemente no podía creerlo. Él no era nada, no había sido nada su vida entera; demonios, hasta hacía unos pocos meses ni siquiera sabía leer. Si ella supiese lo que había estado haciendo con su magia, estaría incluso menos impresionada.

—Ciertamente —, dijo Severus, pensando en antes en el Ministerio. Harry ni siquiera había parpadeado cuando había enviado sus varitas volando al techo con lo que parecía un conjuro adhesivo semi-permanente unido a ellas. Se aseguraría de que los demás no intentasen limitar la magia del chico diciéndole lo que era y no era posible. Quería que Harry se expandiese hasta su pleno potencial, no que fuese sofocado por cualquiera que le dijese de qué era y no era capaz la magia—. ¿Por qué has venido? —preguntó, dándose cuenta de que obviamente Minerva estaba allí por una razón.

—El libro —, dijo Minerva, meneando la cabeza para deshacerse de sus pensamientos y tendiéndoselo—. Sólo me llevó tres minutos encontrarlo. Él ni siquiera hizo el intento de ocultar cualquier cosa incriminatoria.

—Eso es porque no pensaba que le fuesen a coger; pensaba que era invencible y que nadie podría oponérsele —, dijo Severus con seriedad, abriendo el libro y sintiendo la gratitud fluyendo a través de él. No tenía un ejemplar, así que buscarlo habría sido para nada.

—Muy cierto —, dijo Minerva, asintiendo.

—Gracias, Minerva, estaba buscando esto; no poseo este libro en particular. Tengo la sensación de que este fue uno de los muchos eliminados de la biblioteca de Hogwarts —, dijo Severus, frunciendo el ceño al final.

—Me guste o no… algunos de los libros que retiró debían haberlo sido; son bastante oscuros como para que los lean los estudiantes —, dijo Minerva.

—Al menos en Hogwarts podemos mantener vigilados a aquellos que demuestran un particular interés en ciertos libros —, dijo Severus—. Mejor que enterarse a posteriori, y demasiado tarde como para hacer algún bien.

—Una vez más, cierto —, dijo Minerva—. Voy de camino a devolver a Madam Pince los libros que fueron retirados.

—¿Madam Pince? —preguntó Harry.

—Ella es la bibliotecaria de la escuela; atesora los libros, y si algo ocurriese sería la última en salir. No abandonaría su puesto mientras quedase un solo libro en la biblioteca de Hogwarts —dijo Minerva con aprobación.

—Es una mujer resuelta —, dijo Severus, asintiendo.

—¿Te gustaría que te presentásemos a todo el mundo de manera adecuada esta noche? —le preguntó Minerva a Harry.

—No, ya he tenido bastante por hoy —dijo Harry haciendo una mueca. Sólo deseaba pasar algo de tiempo a solas con su Dominante, lo cual parecía imposible por el momento.

—Quizá dentro de unos días —, sugirió Severus, sintiendo las emociones de Harry, y sólo podía estar de acuerdo con él. Harry acababa de recibir la primera dosis de cómo de famoso era realmente; una cosa era que se lo dijesen y otra experimentar algo como aquello. Habían escapado por los pelos; sólo podía imaginar cómo habría sido si hubiesen logrado arrinconarle. Si llegaban a conocer al chico, sabía que no estarían impresionados y probablemente acabarían dando marcha atrás. A no ser que quisiesen sus varitas o cualquier cosa que tuviesen a mano hechas pedazos. Harry no se enfrentaría a su invasión echándose al suelo, presentaría batalla y el Ministerio no le haría nada, no hasta que Voldemort fuese destruido… y si trataban de destruir a un héroe, acabaría todo en un desastre mucho peor.

—¿Necesitas ayuda con el contrahechizo? —preguntó Minerva, haciendo una seña hacia el libro, mientras se preparaba para irse.

—No, estaré bien —, dijo Severus tras abrir el volumen y echarle un vistazo.

—Muy bien; buenas noches, caballeros —, dijo, abriendo la puerta y permitiendo que los libros la siguiesen, flotando arriba y abajo tras ella. Sólo entonces cerró la puerta, dando a ambos la privacidad que obviamente deseaban.

—Buenas noches —, dijo Severus automáticamente.

Severus se sentó en su alta silla tapizada en cuero, frente al crepitante fuego. La calidez se asentó en sus fríos huesos, mientras miraba el índice para encontrar dónde estaba el conjuro que estaba buscando. Página 103: Ataduras y Vínculos. Abriendo por esa página, comenzó examinó atentamente las palabras hasta que encontró la referencia al que había sido usado con Harry. Como sospechaba, había un contrahechizo para eliminarlo. No pudo evitar preguntarse si Dumbledore había planeado quitarlo, ¿o había confiado en que Harry fuese lo bastante poderoso como para destruir al Señor Oscuro sin la magia adicional? Su mente voló a lo que habría sido el primer año de Harry, y la piedra filosofal. Se habían pasado el verano entero creando y colocando todos aquellos encantamientos, sólo para que fuesen desechados cuando llegaron las noticias de que Harry había desaparecido. Lo que no comprendía: ¿por qué prepararlo todo si Dumbledore ya sabía que Harry no estaba allí? Aunque si hubiese tenido una residencia permanente, una carta se habría escrito por sí misma. El hecho de que Harry no se quedase en un sitio lo bastante como para que su magia se asentase había impedido inadvertidamente que fuese hallado. Se preguntó cómo habría sido el chico si hubiese sido encontrado a esa edad; descartó esos pensamientos, no tenía sentido fantasear. Así que Dumbledore probablemente había confiado en que el muchacho fuese hallado cuando las cartas fuesen enviadas a potenciales estudiantes de magia.

Harry terminó rápidamente el trabajo que Severus le había dicho que hiciese, antes de observar a su Dominante, mirándole fijamente. Odiaba cuando Severus se enfrascaba en un proyecto, no lo dejaría hasta que lo hubiese terminado del todo. ¡Podría pasar totalmente en pelotas delante de él y ni siquiera parpadearía! Hmm… los ojos de Harry se entrecerraron ante esa idea. Una expresión ladina se adueñó de su rostro… bueno, merecía la pena intentarlo… ¿no?

—La cena está lista, Amo Severus —, anunció Grace, surgiendo de la nada.

Harry gruñó, con sus dedos alejándose de sus botones. Maldición, hablando de aparecer en el momento menos oportuno. No había forma de que Severus se perdiese la cena, o más bien dejase que él se la perdiese, por nada en este mundo. Estaba ganando mucho peso, pero probablemente no lo suficiente para que el hombre estuviese contento con que se saltase una comida.

—Gracias, Grace. Eso será todo —, dijo Severus, poniéndose en pie y encaminándose hacia la mesa antes de sentarse de nuevo. El olor era delicioso; para ser honesto, la comida de Harry estaba mejor. No tenía ni idea de cómo el chico podía ser tan buen cocinero, pero lo era; todo lo que hacía estaba hecho a la perfección. Con toda probabilidad porque les gustaba su comida preparada de la misma manera.

—Sí, señor —, dijo Grace antes de desaparecer, sabiendo que cuando su Amo decía aquello, no deseaba ser molestado de nuevo.

Ambos se sentaron y comenzaron a servirse la comida, Harry como siempre esperando hasta que Severus hubiese comenzado. No era algo que se esperase de él, sólo era algo que siempre había hecho. En casa de los Dursley había tenido que esperar hasta que todo el mundo hubiese acabado, para coger las sobras… eso, por supuesto, si no había sido ya engullido por los idiotas. Vernon y Dudley trataban de acabar con todo por maldad, para que él no pudiese comer. Después cuando comenzó a quedar con hombres para salir de las calles, estaba medio temeroso de que le hiciesen marcharse también sin probar nada. Al final, siempre había esperado hasta que su Dominante hubiese empezado a comer.

—Eliminaré el bloqueo en tu magia, no te inquietes —, dijo Severus, sintiendo las emociones de Harry y malinterpretándolas.

—Lo sé —, dijo Harry, tragando las zanahorias que tenía en la boca antes de hablar—. ¿Podemos hacerlo mañana, por favor?

—¿Por qué? —preguntó Severus con curiosidad, mientras cortaba en dos su filete. El plato estaba lleno, desde que Harry había regresado a su vida, había estado comiendo más, cuidándose mejor a sí mismo. Después de todo, ¿cómo podía velar por otra persona si él no estaba en forma? Era bastante simple realmente; no sería capaz de hacerlo. Por supuesto podría ser porque ya no estaba tan deprimido, y lo había estado. La marcha de Harry de su vida había dolido, y Severus odiaba el hecho de que se había permitido a sí mismo ser lo bastante abierto como para que le hiciese daño de esa forma. Había estado decidido a que no ocurriese de nuevo, prometiendo no permitir jamás a nadie acercarse tanto ni anhelar a alguien de quien cuidar. Entonces Harry reapareció. Se sentía con más confianza ahora, sabiendo si el chico desapareciese inesperadamente podría traerle de vuelta. Jamás volvería a pasar por lo mismo que hacía un año.

Harry simplemente miró a Severus, sus ojos verdes encendidos con la pasión, y ni siquiera necesitó decir nada. Tras los sucesos de aquel día, sólo deseaba que le cuidasen, liberar algo de tensión… ser amado. Era la única forma que él comprendía. Quizá con el tiempo podría conocer otras formas… pero ahora era lo que deseaba desesperadamente.

Severus sonrió de forma burlona y meneó la cabeza; algunas veces Harry podía ser totalmente insaciable. No podía negarle nada, no cuando podía sentir la necesidad y la desesperación derramándose de él en oleadas. Era más que sólo sexo; podía sentirlo. Era como si Harry necesitase sentirse querido, deseable.

Harry ocultó su sonrisa tras su mano cuando se dio cuenta de que Severus estaba comiendo la cena mucho más rápido que hacía unos pocos minutos atrás. Rápidamente siguió su ejemplo, casi retorciéndose en su asiento. Ya estaba excitado y el hombre ni siquiera le había tocado aún. Harry se maldijo a sí mismo por poner tanta comida en su plato. Decidiendo no terminar, empujó el plato lejos de él, poniéndose en pie y comenzando a quitarse la ropa lentamente. Observó aquellos ojos negros brillar con fuego mientras su Dominante decidía abandonar también su cena e ir directamente al postre. Inclinándose tras lanzar una mirada a Severus, comenzó a deshacer las lazadas de sus zapatos, gimiendo cuando sintió al hombre moverse, colocándose ahora tras él. A pesar de ello colocó sus botas a un lado pulcramente, antes de incorporarse para encararse con él, el deseo evidente en cada línea de su cuerpo.

Severus pasó su dedo por el pecho desnudo de Harry, deleitándose en la carne de gallina que apareció y en el gemido que le siguió. Siempre había sido tentadoramente fácil excitarle; se detuvo sólo a unos centímetros de la entrepierna del chico antes de alejarse. Harry le miró atónito hasta que se dio cuenta de que sólo había ido al dormitorio. Poniendo su cerebro en marcha, corrió a toda prisa tras él. Viéndole de pie allí en medio de la habitación, se movió a su alrededor y comenzó a desnudarle, desabrochando su túnica de viaje y doblándola antes de colocarla en la silla; el resto de la ropa del Maestro de Pociones le siguió rápidamente. El deseo de tocarle era fuerte, pero logró contenerse.

—Sobre la cama, a cuatro patas —, dijo Severus, moviéndose hacia el cajón donde solía guardar sus juguetes favoritos.

Harry respiró agitado; estremeciéndose de anticipación trepó a la cama. Severus estaba en modo Dominante total, y aquello le hacía sentir más vivo. Casi inmediatamente, la cama descendió y Severus usó un trozo de seda negra para cubrir sus ojos. No podía ver más que negrura, y escuchar sólo su propia respiración y un ruido ocasional que no era capaz de identificar. Escuchó un cajón abrirse para sacar un frasco, no necesitaba adivinar qué era ESO.

—¿Recuerdas la palabra de seguridad? —preguntó Severus, sin tocarle; necesitaba su concentración ahora.

—Sí, Señor —, murmuró Harry temblando.

—¿Cuál es? —le preguntó Severus, mirando su forma desnuda. Era espectacular, más incluso ahora con algo más de carne sobre los huesos. Parecía sano y menos frágil ahora, lo cual era algo bueno. Su erección se removió aún más tan solo con pensar en lo que harían durante las próximas horas. Oh, aquello era mucho mejor que cualquier otra cosa en que pudiesen emplear el tiempo.

—Díctamo, Señor —, respondió Harry sin aliento.

—Muy bien —, dijo Severus, deslizándose por la cama hasta que estuvo a sus pies y pudo ver el trasero del chico. El pequeño anillo de músculo que allí había era el centro de su atención. Abriendo el frasco vertió el aceite en sus dedos y comenzó a tantear su entrada; casi inmediatamente comenzó a contraerse como si rogase por algo más que su dedo.

Harry jadeó ante el primer contacto; incapaz de ver, sólo de sentir, las sensaciones se intensificaban. Gimió mientras Severus tocaba ese punto en su interior que hacía que apareciesen fuegos artificiales tras sus párpados cerrados. Apretándose en torno a él, intentó crear algún tipo de fricción, sólo para que resultase fútil. Entonces el segundo dedo le siguió, abriéndose junto al otro antes de jugar de nuevo con su próstata.

—Oh no, Harry, déjame escucharte, pequeño —, dijo Severus, retirándose completamente.

Harry se quejó, decepcionado—. Por favor, Señor —, rogó, meneando su culo lascivamente.

—Mucho mejor —, murmuró Severus, deslizando tres dedos dentro del trasero bien aceitado del chico, disfrutando la sensación de tenerle alrededor de ellos. Se descubrió a sí mismo teniendo que masajear su abultada erección para hacerla más manejable. Apenas había tocado a Harry, y ya estaba a punto de correrse; algunas veces realmente se sentía como un adolescente, incapaz de controlarse cerca del chico de diecisiete años. Por desgracia estaba sintiendo las reacciones de ambos, lo cual estaba intensificando su experiencia.

Severus sacó sus dedos de Harry, sus labios frunciéndose ante el quejido de frustración que salió de los labios de su sumiso.

—Tan ansioso, mi Harry —, murmuró, cogiendo un objeto que había sacado, jugueteando con él durante unos segundos.

Harry gimió. La voz del hombre le hacía cosas que deberían ser ilegales; nadie debería tener una voz como aquella. Estaba tan duro; tenía tantas ganas de correrse. Palabras susurradas llegaron a sus oídos antes de que sintiese una sensación de cosquilleo en la base de su miembro. Le recordó la sensación de ponerse un anillo para el pene, y se preguntó muy brevemente si Severus había creado el conjuro o era uno sobradamente conocido. Todo abandonó sus pensamientos mientras sentía al hombre tocándole de nuevo, pero no duró mucho, provocando un quejido por su parte. Su decepción no duró demasiado mientras un fuerte gemido salía de él al notar algo deslizándose a través del relajado anillo de músculo de su culo.

Severus prefería usar un conjuro; era mucho más fácil que jugar con invenciones muggles. El problema con los juguetes muggles era que siempre estaba preocupado de que algo pudiese pasar. Se suponía que no debías usarlo durante más de media hora, de otra forma podía derivar en problemas médicos, y otras secuelas que le dejaron estremeciéndose mientras leía el folleto que venía con él. ¡Gangrena del pene, de hecho! Oh no, cuando podía prefería usar la magia en vez de juguetes muggles. Los anillos de plástico eran una pesadilla, especialmente contra el vello público. Aquella era la última vez que había usado uno, de hecho. ¿Qué placer podías obtener en treinta minutos? Bueno, tenía que admitir que mucho, pero él prefería prolongarlo más. Con un conjuro era posible; si lo deseabas podías dejarlo puesto indefinidamente, y todo lo que hacía era retrasar los orgasmos y hacerlos más fuertes cuando finalmente te corrías. Sin embargo, había algunos juguetes que le habían gustado, como el que tenía en su mano. Las bolas anales; las usaba con bastante regularidad, pero a Harry le esperaba una sorpresa esa noche. Era la primera vez desde que habían estado juntos en Londres… y si hubiese sabido acerca de su magia… bueno, digamos simplemente que habrían sido usadas de aquella forma desde hacía mucho.

Severus empujó otra bola de plástico a través del anillo, observándola desaparecer dentro de Harry, que se mordía el labio para evitar gemir. Merlín, debería estar ya acostumbrado a esa visión, pero no, todavía le excitaba más que nada en el mundo. Las bolas se hicieron más grandes mientras las insertaba, hasta que las ocho fueron codiciosamente absorbidas por su desesperado sumiso; todo lo que quedaba fuera a la vista era el gran aro que se usaba como asidero para sacarlas.

Sus dedos aceitados comenzaron a jugar con el pene y los testículos de Harry, disfrutando de los sonidos que podía obtener de su sumiso. Siempre sabía cuándo el chico estaba llegando al límite, ya que comenzaba a maldecir. Era divertido, al menos en la cama, cuando comenzaba a soltar todas las palabrotas que conocía en su idioma… las cuales por cierto, eran muchas. Engarfiando su dedo en el anillo de plástico, frotando su pulgar contra el glande de Harry mientras tiraba para sacar las bolas anales de su cuerpo, dilatando y relajando el estrecho esfínter, y vibrando a la vez. Harry sintió una sobrecargada sensación de placer mientras las bolas salían una tras otra. Usando el conjuro para hacer que las bolas vibrasen provocó que un grito de éxtasis saliese de su garganta. Aquello casi hizo que Severus se corriese sólo de oírlo. El chico jadeó en busca de aire mientras llegaba a la cúspide de la sensación que el placer le estaba provocando; su cuerpo estaba conmocionado y exhausto, pero no quería que aquello acabase.

Las piernas de Harry hacían un gran esfuerzo para mantenerle erguido; a duras penas podía conservar esa posición. Se quedó sin respiración mientras las bolas eran introducidas una vez más en su interior. Se aferró a las sábanas, con su barbilla apoyada en su pecho mientras se dejaba llevar por el deseo que crecía dentro de él, incapaz de hallar aún la liberación—. Por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, POR FAVOR —, murmuró Harry una y otra vez.

—¿Quieres que pare, Harry? —le provocó Severus, deteniendo sus movimientos, apretando su entrepierna de nuevo mientras el placer crecía demasiado; no quería acabar con aquello prematuramente.

—¡NO! —dijo Harry con voz áspera, de inmediato y con fuerza, su respiración trabajosa.

—¿No, qué? —preguntó Severus, retorciendo el pezón de Harry.

—No, Señor —, respondió el chico arrepentido, sus músculos tensándose; sólo deseaba desplomarse sobre la cama.

—Hmm —, dijo Severus, retorciendo el otro pezón. Sabía que Harry no iba a aguantar mucho más, al menos no en esa posición. Pasando sus dedos por su espalda, descubrió que estaba sudando. El muchacho se arqueó contra él cuando alcanzó su trasero. Enganchando su dedo en el anillo, retiró el conjuro sobre el muchacho y comenzó a acariciarle de nuevo, rápido y duro como sabía que le gustaba. Podía sentir lo cerca que estaba de correrse. Frotando su glande sin piedad, le dijo sin aliento, observándole—, córrete para mí, Harry —. Severus sacó las bolas en mitad del orgasmo asegurándose de que vibraban una vez más, desbordando al muchacho totalmente. Sus brazos cedieron, su mente quedó en blanco y, tendido sobre la cama, disfrutó del increíble orgasmo hasta que quedó totalmente agotado.

Severus limpió y desinfectó las bolas de forma ausente antes de colocarlas de nuevo en el cajón, mientras frotaba tiernamente arriba y abajo la espalda de Harry. Esbozó una media sonrisa cuando el desastre que su eyaculación había provocado desapareció; oh, el chico aprendía con rapidez, y captaba las cosas muy rápido. No iba a tener problema con el lanzamiento de conjuros, de eso estaba cien por cien seguro. Retiró la venda improvisada, y la colocó en el cajón también.

Harry se tendió de espaldas, arqueando y elevando su culo. Severus le comprendió con rapidez e inmediatamente cogió una almohada y la colocó bajo él. Permitiendo al chico relajar su espalda sobre ella, con un rápido pero cuidadoso empujón, el hombre se enterró profundamente en el muchacho, sin tener que preocuparse por hacerle daño ya que ya estaba dilatado y lubricado. Era un completo deleite estar de nuevo en su interior. Sabía que no aguantaría mucho, así que con eso en mente, se retiró y volvió a embestir, con Harry arqueándose, llevándole increíblemente profundo en el estrecho y acogedor calor. Ambos se perdieron en las sensaciones que estaban provocando en el otro y compartiendo a través del vínculo.

Cuanto más se acercaban a llegar al orgasmo, más errático se volvía su ritmo hasta que al fin Severus se vació dentro de Harry, reclamándole de nuevo y renovando y fortaleciendo su vínculo completamente. Invocando otro juguete –era largo, flexible y curvo– provocó que Harry gimiese ante la sensación mientras lo deslizaba cuidadosamente en el resbaladizo canal. Era muy fácil causar desgarros o roturas, así que siempre era cuidadoso cuando hacía aquello. El recto fue cerrado y sellado con el plug anal, atrapando el fluido dentro. Severus no pudo evitar sobresaltarse al ver aquel culo ordeñando el juguete. El plug también tenía la habilidad de inyectar un chorro de líquido dentro del recto, pero todavía tenía que probar esa función. Aunque le excitaba el pensamiento de usarlo para recordarle a Harry a quién pertenecía. Quizá un día, haciendo que su semen se derramase de forma inesperada dentro de Harry cuando a él le apeteciese. Mordiéndose el labio, no podía soportar más dulce tortura hoy, así que forzó a su mente a entretenerse en otras cosas en vez de ello. No era una tarea fácil, eso por descontado.

Moviendo la pierna de Harry, Severus subió por la cama y cogió las almohadas para poder ponerse más confortable. Inspirando profundamente, recobrando su control perdido, cerró sus ojos y simplemente se quedó allí tumbado; la habitación estaba lo bastante cálida como que no necesitasen obligatoriamente el edredón. No pasó mucho tiempo antes de que Harry se moviese también, amoldándose contra el pecho de Severus, envolviendo sus piernas en torno al hombre hasta que estuvo enroscado en torno a él como una enredadera.

—Me gusta ese conjuro —, murmuró Harry, todavía sin aliento, hablando en voz baja; su garganta todavía le dolía por lo mucho que había gritado. Pensaba, si le hubiese hablado a Severus acerca de su magia… podría haber experimentado aquello mucho antes y quizá no habría huido aterrado.

—Lo supuse —, dijo Severus con una media sonrisa, sin tener que adivinar a cual se refería.

—¿Por qué no me dijiste que eras mágico? ¿No confiabas en mí para que guardase el secreto? —preguntó Harry con curiosidad, disfrutando de la sensación de estar simplemente tumbado allí con su Dominante.

Severus se puso tenso ante la pregunta, pero sabía que debía responderla a pesar de los sentimientos que provocaba en él.

—No tienes que responder —, se apresuró a decir Harry. No deseaba arruinar el ambiente, aunque temió haberlo hecho ya.

—Pensaba que eras un muggle, mi magia no fue capaz de detectar ningún poder en ti... —dijo Severus, todavía molesto a causa de ello. Su propia magia le había fallado. Merlín, si lo hubiese sabido, las cosas habrían sido tan diferentes—. La gente no mágica jamás debería saber acerca de la magia; puede que hubiese unas cuantas veces en las que estuve tentado de hablarte acerca de ello, pero debido experiencias pasadas no lo hice. Nunca pensé que cometería el mismo error que mi madre, pero lo hice.

—¿A qué te refieres? —preguntó Harry. Quizá mantener su magia oculta a sus anteriores Dominantes había sido algo bueno después de todo.

—Los muggles normalmente no reaccionan bien cuando descubren la magia —, explicó Severus—. Mi propio padre es un ejemplo perfecto de ello. No estoy seguro de cuándo le confesó mi madre acerca de sus habilidades mágicas, probablemente quizá cuando nací yo o cuando hice magia accidental por primera vez. Ella se casó con él sin decirle que era una bruja. Él no reaccionó bien ante ello; se volvió temeroso, maltratador y cuando perdió su trabajo comenzó a beber y se volvió peor. El matrimonio de mis padres no fue más que interminables discusiones y peleas hasta el día que murieron. Yo odiaba estar allí, escucharles, y odiaba incluso más estar cerca de mi padre, especialmente cuando estaba borracho. Hacia el final, aquello se volvió más y más frecuente —. No es que hubiese temido que Harry se volviese un maltratador, pero le había preocupado que huyese, al tener un "Dominante" que podía matarle con agitar su varita, provocarle dolor inimaginable, forzarle a hacer cosas, coaccionarle, drogarle con pociones de las que no pudiese escapar… ¿por qué reaccionaría favorablemente ante esa perspectiva cualquier muggle en su sano juicio?

—¿Es por eso que no bebes mucho? —preguntó Harry, dando una patada para traer el edredón hacia ellos.

—En efecto —, dijo Severus con una leve sonrisa, ayudando a Harry a cubrirles a ambos, antes de que enroscase sus piernas en torno a él de nuevo. El hombre puso gesto de fastidio mientras el chico se movía ligeramente contra su pierna, empujando el plug más profundamente en su interior. Gemía levemente, insaciable del todo.

—¿Me perdonarás alguna vez por marcharme? —preguntó Harry en voz baja, podía no importarle lo que pensasen otras personas, pero Severus no era los demás. De hecho él era realmente la única persona por la que se preocupaba, incluso aunque le hubiese costado admitirlo. Por desgracia, no había sido capaz de negar lo que sintió cuando se marchó, no estaba en su naturaleza deprimirse, pero lo había hecho cuando le había dejado.

—¿Qué te hace pensar que no lo he hecho? —preguntó Severus. Odiaba recordar aquella época; hasta que Harry había aparecido no había sabido qué demonios le había ocurrido. Si se había marchado, estaba herido y había sido incapaz de ponerse en contacto con él, o el peor escenario que pasaba por su mente, que 'Harrison' había sufrido un accidente mortal. Durante días no había dejado el piso, comido, o hecho nada más que esperar, confiando en que entraría por la puerta con una muy buena explicación. En su depresión había comenzado a preparar pociones para Poppy, y cualquier poción que le apeteciese sólo para pasar el tiempo y mantener su mente lejos del chico. Entonces había regresado a Hogwarts, había sufrido el año entero, y después había regresado a casa. Había tenido toda la intención de buscarle, incapaz de estar más sin una respuesta. Especialmente en caso de que hubiese estado herido; había planeado ir a hospitales y similares. No había tenido éxito, de hecho no había ningún Harrison Blake de la edad que él había insistido en que tenía en ninguna base de datos muggle. Entonces Dumbledore había solicitado su presencia y el resto ahora era historia, como el muchacho le había dicho una vez.

Harry permaneció en silencio, no tenía respuesta a esa pregunta… sólo había tenido la sensación de que Severus no le había perdonado. Si el hombre era en algo parecido a él, sin embargo, no le perdonaría en mucho tiempo.

—Desearía poder decirte lo que deseas oír, Harry —, murmuró Severus al oído del chico—. Soy por naturaleza un hombre al que le cuesta perdonar; comprendo por qué sentiste la necesidad de huir. Sin embargo, al final deberías haber confiado en mí. No tenía nada más que tu propio interés en mente, y no te habría traicionado. Te he perdonado en gran medida por confiar en mí con esto… —dijo Severus, sus dedos recorriendo el collar de Harry; la confianza que aquello debía haber requerido… le dejaba perplejo.

—¿No me habrías traído a Hogwarts si hubieses descubierto quién era? —preguntó Harry con curiosidad, sin saber si deseaba la respuesta a esa pregunta o no.

—No lo sé, y nunca lo sabremos; no tuvimos la oportunidad de ser honestos el uno con el otro, ¿verdad? —preguntó Severus.

—No —, dijo Harry, jadeando cuando la pierna de Severus accidentalmente empujó el plug más profundamente en su interior.

—¿Cómo supiste que yo era mágico? —preguntó Severus, usando su magia para hacer que el plug vibrase en el interior del chico.

Harry gimió, su cuerpo arqueándose mientras las palabras salían entrecortadas—. Podía ver algo de magia entonces y sentirla. Era un poco de ambas cosas contigo; pude sentir la poción en el café aquel día —, logró decir con voz aguda y sin aliento. Quería que parase, no se veía capaz de soportar más aquello, y aun así deseaba que su Dominante continuase… sería peor si se detenía. Nunca lograría dormir sintiéndose frustrado sexualmente.

Severus parecía saber que no podría aguantar más, así que hizo más presión en el plug, haciendo que vibrase más rápido mientras llevaba a Harry con presteza al orgasmo. Limpiando lo derramado, gruñó cuando el chico se enroscó una vez más en torno a él como el tentáculo de un maldito pulpo. Meneando la cabeza en la oscuridad, simplemente ajustó su almohada y se puso cómodo, Harry caería rendido, siempre lo hacía—. Duerme —, le dijo Severus.

—¿Vas a volver a dar clases mañana? —preguntó Harry, sus ojos cerrados, un bostezo abriéndose paso en su garganta. Estaba agotado, y sabía que no estaría despierto mucho rato; incluso ahora podía sentirse flotando pero luchó contra ello, deseando saber la respuesta.

—Sí —, respondió Severus, pasando su mano a través del pelo de Harry.

—Buenas noches —, murmuró Harry antes de que el sueño finalmente le reclamase, su cuerpo extenuado relajándose al completo al fin, recuperándose de sus actividades nocturnas.

—Buenas noches —, respondió Severus, pero Harry ya estaba dormido. Le llevó a Severus veinte minutos dormirse, su mente seguía volviendo a su conversación. Sin embargo al final logró caer en los brazos de Morfeo; al menos tendrían bastante tiempo para descansar ya que no era una hora muy avanzada de la noche aún.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Nos echabais de menos? Sé que hemos tardado un poquito en subir el capítulo nuevo, pero como podéis ver era más largo que los anteriores y lleva más trabajo. ¿Os ha gustado? Comparado con los del juicio de Dumbledore este ha sido tranquilito pero me ha encantado ver que Severus y Harry tenían un momentito para ellos y no estaban corriendo de un lado a otro XD.

¡Muchísimas gracias a: AngieSCullen, Cristine Malfoy, Fran Ktrin Black, Lunatica Drake Dark, Kira .Itsuki-san, cuqui .luna .3, sachacaro, Sara Magu, Neyleen Cipher-Pines y Tsuruga Lia1412 por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

Cuidaros mucho :D

Un saludo.

Traducciones. A ver qué sale.