Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 52

Quitándose Un Peso de Encima


Severus se despertó abruptamente a las seis en punto de la mañana; todavía faltaba una hora para que su alarma sonase. Mirando hacia su pecho, donde su sumiso yacía tendido durmiendo, se quedó en aquella posición durante algunos minutos, sumido en sus pensamientos. Centrados en su mayor parte en el día anterior, más específicamente en el hecho de que Harry pudiese ver a los thestrals. No le sorprendía en realidad, pero se preguntó a quién habría visto morir el chico, tanto si había sido él quien lo había provocado como si había sido otra persona. Más aún, estaba desconcertado por cómo Harry había logrado ocultárselo durante dos años. Bueno, por seis meses se le podía perdonar, porque ese era realmente el tiempo que había visto al chico… o más bien a Harrison, como él le había conocido en aquella época. Él había sido un espía, percibía inconsistencias, pero aun así no había visto nada que indicase algo diferente en el caso de Harry. Le preocupaba bastante, principalmente porque odiaba el hecho de que alguien hubiese logrado cegarle con éxito. No le gustaba; ¿estaba perdiendo su toque? ¿O simplemente había estado obnubilado porque se preocupaba por él? Su mente voló a los días que había pasado con el muchacho, y todavía no halló nada fuera de lo común. Dumbledore estaba fuera de juego; realmente era quitarse un peso de encima, pero no estaba cien por cien cómodo. Probablemente nunca lo estaría, porque Harry siempre sería un objetivo en el mundo mágico. Le había prometido a su sumiso unas vacaciones; quizá podrían poner fecha para unas, puede que cerca de Navidades. Aunque deseaba estar en Hogwarts el día de Navidad y en Año Nuevo; el colegio estaba espectacular en esa época del año. No tenía duda de que Harry no había tenido unas Navidades como debe ser; ahora quería que experimentase todo lo que se había perdido.

Su mente saltó a los Dursley sin causa aparente. ¿Cómo había logrado Vernon Dursley ocultarle lo peor del abuso? Él era un lector de mentes habilidoso; no debería haber sido posible, especialmente considerando que el obeso idiota era un muggle. Dumbledore debía haber tenido algo que ver con eso, no había otra explicación. Lo que podía significar que había algo peor aún de lo que él no sabía nada. Harry no tenía motivos para sacarlo a relucir; después de todo, asumía que Severus lo sabía todo… lo cual obviamente no era el caso. No sólo Vernon había apuñalado a un niño inocente, sino que Petunia también.

Sentándose y moviendo con cuidado la cabeza de Harry a una almohada, se deslizó fuera de la cama, manteniendo un ojo sobre su sumiso para asegurarse de que no se despertaba durante esas maniobras. Cogiendo su ropa, salió de la habitación y se vistió rápidamente en la sala de estar, invocando una poción hasta él sin varita. En cuanto aquello estuvo hecho, usó la red Flu para llegar a la casa de Arabella Figg. Estaba unida al sistema, como había descubierto. Nadie que no lo estuviese tendría un tarro lleno de polvos Flu junto a su chimenea. Deseaba contarle lo que había ocurrido, darle el antídoto, y descubrir qué les había pasado a los Dursley al completo.

Arabella Figg parpadeó sorprendida cuando su red Flu relampagueó. Normalmente nadie la usaba para ir a verla; era ella quien la utilizaba de vez en cuando, en casos de 'emergencia'. Tenía que reconocer que habían sido pocos y espaciados en el tiempo; poniéndose en pie vio que su visitante era Severus, lo que le llevó a preguntarse qué estaba ocurriendo—. Severus… ¿qué haces aquí?— dijo sin alterar la expresión de su rostro.

—Dumbledore ha sido arrestado y sentenciado a ser encerrado en la prisión de Azkaban —, le dijo simplemente Severus—. Necesito que bebas esto, es un antídoto para una poción que él le dio a todo el mundo con la intención de controlarles. Podría explicar por qué no actuaste en contra de sus deseos; básicamente tenía a todo el mundo a su alrededor bajo la maldición Imperius.

Arabella le miró con los ojos desorbitados y su corazón dio un vuelco, incapaz de creer lo que escuchaban sus oídos. Aceptando la poción, la bebió de un trago haciendo una mueca ante su sabor. Había pasado mucho tiempo desde que había tomado una; su estómago protestó con fuerza ante la presencia del líquido pero lo ignoró mientras volvía a su sitio—. Por favor, siéntate —, añadió, dándose cuenta de que estaba siendo maleducada.

—Gracias —, dijo simplemente el Profesor de Pociones mientras se acomodaba en la silla estampada de flores e infestada de pelos de gato—. ¿Sabes lo que le ocurrió a Dudley Dursley?

—Creo que fue a vivir a casa de su tía; tengo su dirección y teléfono —Petunia me los dio cuando fueron a visitarla y dejaron a Harry aquí —, dijo Arabella. Incorporándose cogió su enorme libro negro con nombres, teléfonos y por supuesto direcciones, y comenzó a pasar las páginas rápidamente.
—Éste es el único que tengo. No estoy segura de si es reciente; nunca me puse en contacto con la mujer —, dijo Arabella estremeciéndose. Ella era una versión en femenino de Vernon, pero más vociferante, si es que eso era posible —aunque ella no lo había creído al principio—.

—¿Están los Dursley aún en prisión? —preguntó Severus, sólo para comprobar los datos que tenía.

—Sí, la casa todavía está vacía, esperando su regreso —, dijo Arabella—. No me sorprendería si descubrimos ahora que la han puesto en venta… Creo que Dumbledore compró la propiedad para ellos cuando Harry fue enviado a vivir con la familia.

—Gracias —, dijo Severus, aceptando el trozo de papel muggle. Obviamente ella quería que se lo devolviese, de otra forma habría escrito sin más la dirección en un trozo de sobra. Leyéndolo se dio cuenta de que sabía dónde era, un lugar bastante apartado. Haciendo una seña de despedida a Figg, Severus se Apareció fuera de su casa, apareciendo en el exterior de una casa bastante grande… bueno, ciertamente era mayor que el lugar en que él había crecido. Estaba rodeada por campos y había casetas repartidas por todas partes. Podías escuchar perros ladrando de fondo; por el sonido eran sólo cachorros. Rápidamente lanzó un conjuro de no-me-detectes antes de que alguien le descubriese. Observando los alrededores con atención, observó mientras una enormemente obesa mujer salía de la casa con una regadera y una gran bolsa de comida para perros y se encaminaba hacia una enorme caseta que parecía más una cabaña.

Severus entrecerró los ojos mirando a la mujer, reconociéndola por los recuerdos que había extraído de Vernon. Ella también odiaba a Harry, pero en realidad no había tenido otra opción, por desgracia, con su hermano contándole toda clase de mentiras a lo largo de los años. Le había dicho que los padres de Harry habían sido unos borrachos, que habían logrado matarse en un accidente de tráfico y que el chico había sido un niño problemático desde que había aparecido en sus vidas. Ella le había insistido a Vernon constantemente para que lo internase en un orfanato.

Agitando su varita, Severus se hizo invisible y comenzó a caminar hacia ella. Se había acercado bastante cuando la mujer desapareció dentro de la choza. Por suerte la puerta había quedado lo bastante abierta como para que él se deslizase en su interior sin levantar sus sospechas. Ella no sabía nada del mundo mágico de todas formas, así que jamás habría sospechado nada. Obviamente Vernon no había decidido compartir su secreto.

Tenía razón; los perros que había dentro eran cachorros, docenas de ellos; hizo una mueca al pensarlo. El olor era atroz allí, un mezcla de excrementos y orina mezclados, así como algo más que no podía y no deseaba identificar. Avanzando hacia la mujer, se encontró con su mirada y se deslizó dentro de su mente indefensa. Recorrió sus recuerdos y pensamientos sin ningún atisbo de culpa, ya que ella simplemente creía que tenía el comienzo de un dolor de cabeza.

Severus observó mientras la mujer educaba a Dudley Dursley desde la edad de once años. De forma sorprendente, se había dado cuenta con rapidez de cómo era el chico, y lo había tratado con severidad. Él muchacho había esperado salirse con la suya con el robo, el acoso a otros chicos y sus caprichos, pero Marge había puesto freno a aquello pronto. Severus no pudo evitar admirarla por ello; el Dudley Dursley actual era muy diferente del chico que había acabado en el umbral de su casa. Todavía pesaba demasiado pero uno no podía esperar milagros. Por lo que podía ver, el chico era educado y decente ahora; todo el lavado de cerebro y las tendencias crueles que había visto en sus padres habían sido eliminadas de su de su mente. Marge jamás había llevado a Dudley a ver ni a Petunia ni a Vernon en todo el tiempo que había estado con ella. El juicio la había conmocionado; había comenzado a verles tal y como realmente eran. Lamentaba profundamente haber tomado parte en hacer la vida de Harry miserable. A menudo deseaba que estuviese sano y salvo, feliz al menos pero Marge conocía el lado duro de la vida y era consciente de que aquello podía no llegar a ocurrir. Saliendo de su mente, cualquier deseo de venganza que hubiese tenido contra ella o su sobrino había desaparecido. No podía culpar realmente a ninguno de los dos; Dudley sólo había sido un niño siguiendo el único ejemplo que conocía. Marge sólo había visto a Harry tres veces si tenía suerte cuando les visitaba. Suspirando para sí mismo, salió de la cabaña, dejando a la mujer con los cachorros, alejándose para poder Aparecerse sin que ella le escuchase.

La siguiente parada en su agenda era la prisión, pero iba a ser extremadamente difícil moverse por allí.

Severus se quedó de pie frente al cartel que indicaba "HM Prisión Wandsworth"; el lugar estaba casi en silencio. Se podía escuchar un zumbido surgiendo de cuando en cuando del interior, pero aparte de eso, absolutamente nada. Sabía que no sería capaz de entrar sin más en aquel sitio, aunque la gente normalmente quería salir, no entrar. No estaba seguro de cómo llegar hasta Vernon Dursley pero haría lo imposible para lograrlo. No saldrían de prisión vivos, no después de lo que le habían hecho a su sumiso. Avanzando invisible una vez más, siguió a uno de los guardias al interior del edificio, esperando impaciente mientras el hombre firmaba para entrar, y asegurándose de que pasaba a través de las puertas antes de que fuesen cerradas de golpe tras él. Parecía como si cruzase por una puerta tras otra cada pocos segundos. Siendo las seis de la mañana, los prisioneros probablemente estarían todavía en sus celdas. Snape sondeó la mente del hombre, tratando de encontrar cualquier referencia a Vernon. Por fin logró una tras casi cinco minutos de búsqueda.

Sin necesitar más al guardia, Snape se alejó, asegurándose de no hacer nada que pudiese ser visto en las pantallas. Sabía que todo el lugar estaba siendo monitorizado por cámaras de circuito cerrado de televisión, así que si se veía algo, sería sospechoso. Los muggles ya no creían en la magia, sus mentes simplemente no podían concebirla; hoy en día intentaban racionalizarla. Moviéndose silenciosamente a través de los pasillos, no se encontró con nadie en ningún momento mientras lo hacía. Sabía con exactitud dónde se encontraba la celda de Vernon.

Subiendo por las escaleras finalmente llegó a la planta en la que necesitaba estar. Siguió adelante, asomándose a las celdas hasta que llegó al fin a su destino. No podía abrir la cerradura de la puerta —los guardias se darían cuenta de eso— así que sin decir una palabra lanzó un conjuro de silencio para no poder ser escuchado antes de Aparecerse en el interior de la celda. Había dos personas dentro, un hombre delgado de pelo negro, y otro que reconoció como Vernon Dursley. Le dio mucha satisfacción ver el estado en que se encontraba el malvado muggle. El hombre ya no era obeso; su masa casi había desaparecido del todo. Tenía un enorme moratón en su rostro, y una antigua y desdibujada cicatriz recorriendo el lado contrario. Debía haber molestado a la persona equivocada; o eso o sabían lo que había hecho.

Una vez más lanzó un conjuro no verbal en Vernon Dursley, observando cómo su sueño se ponía tenso. Severus sonrió con fiera satisfacción; el conjuro era uno viejo, usado para hacer justicia en los días anteriores a la creación de Azkaban. Era un caso de ojo por ojo, de forma bastante literal; Vernon sentiría todo lo que le había hecho y había permitido que le hiciesen a Harry. Siendo tan mayor, para un muggle en cualquier caso, probablemente no sobreviviría. Eso o se suicidaría para acabar con ello; el resultado final era el mismo: un muggle muerto. El veneno, su primera idea, era demasiado rápido para los que eran como él. Incluso el veneno más doloroso no podría saciar la necesidad de venganza de Severus. Ese era el motivo por el que la gente no se metía con él, incluso los Mortífagos. El impulso de quedarse y dejar que el bastardo maltratador supiese quién le había hecho aquello era fuerte pero no podía arriesgarse, no ahora.

Con su tarea realizada, se Apareció en el exterior, antes de partir una vez más, esta vez para repetir el proceso paso por paso con Petunia Dursley. Sólo deseaba que aquella rama de árbol la hubiese golpeado en el pasado, para que Harry no hubiese tenido que soportar su rostro avinagrado siquiera por un segundo. HM Prisión Hollowway, allá vamos.


Gruñendo en voz baja, Harry parpadeó unas cuantas veces mientras se despertaba; por primera vez su Dominante no estaba allí. Sentándose en la cama miró alrededor; ¿se había ido a clase sin él? Confiaba en que no. Mirando el reloj vio que sólo eran las seis y media. Severus no estaba en clase; ninguno de los estudiantes estaría siquiera en pie.

Apartando las sábanas salió de la cama, yendo hasta la ducha y abriéndola. Deslizándose dentro y suspirando mientras el agua caía en una cascada por su espalda, se sintió mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo. Se preguntó mientras se frotaba si volverían alguna vez al piso de Severus en Londres; era extraño pero lo echaba de menos. La calma, la tranquilidad y el hecho de que él hacía todas sus comidas… por encima de todo echaba de menos tener a Severus todo para él. No pensaba que Hogwarts fuese a gustarle nunca— tampoco estaba seguro de por qué; le gustaba la magia. Quizá era por cómo había llegado allí, o quizá era por el hecho de que no había sido capaz de investigar el lugar adecuadamente.

¿Dónde estaba Severus? Normalmente no se marchaba o se levantaba tan pronto. Su Dominante no era de los que les gustaba madrugar, cuanto más pronto se levantaba, más gruñón estaba. Diversión y satisfacción que no eran suyas se filtraron a través del vínculo que compartía con el hombre; muy bien, ¡ahora tenía curiosidad de verdad! ¿En qué estaba metido? Cerrando la ducha, cogió una toalla de la barra y comenzó a secarse de forma ausente mientras regresaba hasta el dormitorio.

Abriendo su armario sonrió ante todas las prendas nuevas que tenía. Estaba acostumbrado a conseguir unas cuantas cosas aquí y allá de las tiendas cuando las necesitaba, volviéndose invisible. Nunca había tenido tanto donde elegir, sin embargo; el olor a nuevo todavía emanaba de la ropa. Finalmente cogió una camiseta, pantalones y un jersey —estaban en septiembre después de todo—, y no con buen tiempo. No, el buen tiempo había venido y se había ido; junio y julio eran los meses con clima más cálido allí en el Reino Unido. De sus dos cajones cogió ropa interior así como calcetines, antes de cerrarlos de nuevo. Tenía que hacer el desayuno hoy, así que sería mejor que se diese prisa; no estaba seguro de cuándo regresaría su Dominante. Vistiéndose con rapidez, se dirigió a la cocina, relajándose mientras comenzaba a hacerlo todo de la manera en la que a Severus le gustaba, incluso añadiendo el tomate que había freído para él.

Se estremeció cuando sintió el vínculo relampaguear momentáneamente, haciéndole saber que su Dominante estaba cerca; supuso que ese debía ser el motivo. Interesante, no había experimentado aquello antes… realmente debería leer aquel libro, ya que no sabía demasiado acerca del vínculo. Acababa de poner la comida en sus platos cuando Severus entró en sus aposentos.

—Bien, estás despierto—, dijo el hombre al ver a su sumiso en la cocina.

—Sí, Señor —, dijo Harry, observándole a través de su pelo con curiosidad—. El desayuno está listo; ¿te gustaría té o café?

—Tomaré café, por favor —, dijo Severus, quitándose los zapatos y la túnica de viaje antes de relajarse en el sofá. Tenía que hablar con Harry antes de que saliesen hacia el Gran Comedor y después a su clase.

—Bien —, murmuró Harry, cogiendo dos tazas de la alacena mientras hacía el agua hervir en la tetera de metal que descansaba sobre la placa de la cocina. Colocó el café instantáneo en ambas tazas, sin preocuparse por echar azúcar o nata ya que ninguno de los dos solía tomarlos. Tomaban un chorrito de leche, que añadió en cuanto hubo vertido el agua sobre el café y removido para disolverlo.

Cogiendo los platos, le tendió a Severus el suyo antes de regresar a por las tazas. Colocando ambas sobre la mesa, se sentó cerca de su Dominante, todavía intrigado acerca de dónde había estado pero no lo suficiente como para preguntar.

Los siguientes quince minutos transcurrieron en silencio, mientras ambos comían su desayuno y bebían sus cafés sin decir nada. Ninguno de los dos era un gran conversador, al menos no hasta que no habían tenido la oportunidad de despertarse como es debido.

—¿Qué ocurrió que te dio la habilidad de ver a los thestrals? —quiso saber Severus en cuanto los platos y las tazas se desvanecieron.

Harry se puso tenso. No deseaba hablar acerca de ello pero sabía que Severus no lo dejaría pasar. Había confiado estúpidamente en que su Dominante se hubiese olvidado, con todo lo demás que había ocurrido. Había esperado a medias la pregunta en cuanto llegaron a casa, pero Severus había estado demasiado preocupado con las ataduras de su magia.

—Harry —, dijo Severus a modo de advertencia, volviéndose impaciente en extremo con su sumiso a media que los minutos se arrastraban sin que hubiese respuesta.

—Ocurrió cuando tenía once —suspiró Harry, cediendo; no era algo de lo que le gustase hablar—. Antes de que descubriese el club—. Y mucho antes de que se convirtiese en sumiso de nadie.

Severus no dijo nada y esperó a que el chico comenzase a hablar de nuevo; al menos ahora tenía un dato. Harry no había sido sumiso a la edad de once años; aquello era un pequeño alivio. Por lo que había oído durante su conversación con los gemelos, sólo había tenido cinco Dominantes, lo cual probablemente le incluía a él. Tampoco se había quedado con ninguno de los otros después del periodo de prueba de tres meses, por varias razones, principalmente porque no le daban lo que él necesitaba o deseaba, como había dicho. Se preguntó qué le había hecho a él diferente a los demás; ¿por qué había deseado Harry quedarse? Por otro lado, sólo habían pasado dos, casi tres meses juntos antes de que él se marchase a Hogwarts de nuevo. Harry tenía un sitio donde quedarse que era cálido, confortable, sólo tenía que comprar su propia comida mientras él estaba fuera. Lo cual no había hecho; no, el chico había robado todo lo que necesitaba y no podía culparle por ello, ya que él habría hecho lo mismo para sobrevivir.

—Me topé con un chico de cinco años revolviendo bolsas de basura en busca de comida. Sabía cómo se sentía, pero al menos yo tenía magia. Él no tenía a nadie, así que le ayudé; fue el mayor error que pude haber cometido —suspiró Harry—. Fue en ese mismo momento cuando juré nunca preocuparme, nunca ayudar a nadie. Me convencí a mí mismo de que si dejaba a cualquiera acercarse sólo estaba pidiendo que me hiriesen. Nunca volví a hacerlo… hasta que llegaste tú, pero aquello se deslizó dentro de mí sin siquiera darme cuenta de qué estaba ocurriendo.

—¿Qué le ocurrió? —preguntó Severus, enormemente complacido de ser el primero por el que Harry sentía algo, ya que sus otros Dominantes obviamente no habían significado lo bastante como para que el chico se preocupase por ellos. No pudo evitar sentirse satisfecho de sí mismo, lo cual no era extraño; aquello iba a la perfección con el carácter posesivo de Severus.

—Interrumpió una pelea entre otros dos chicos y yo —, dijo Harry, estremeciéndose sólo con recordarlo de nuevo—. Le apuñalaron en el pecho; mi magia no pudo ayudarle. Lo intenté y lo intenté pero no hizo nada —. Se había quedado allí tendido con el chico mientras se desangraba, su ropa empapada con su sangre. No deseaba volver a ser responsable de otra persona, ni ahora, ni nunca. Entonces había descubierto el club y se había dado cuenta de que jamás tendría que hacerlo. Los chicos culpables del crimen habían huido inmediatamente después de comprender lo que habían hecho; nunca les había vuelto a ver.

—No fuiste responsable de su muerte, Harry, ni de las acciones de sus asesinos. No le forzaste a ayudarte; se preocupaba lo bastante por ti como para intentarlo, y eso es todo lo que debería importar. Tampoco forzaste al idiota a sacar un cuchillo y apuñalar a un chico de cinco años indefenso —, dijo Severus rotundamente. Bueno, aquello lamentablemente explicaba por qué Harry podía ver a los thestrals. Merlín, deseaba que hubiese sido algo que el chico hubiese hecho en defensa propia. No estaba seguro de qué opción habría sido más fácil de sobrellevar para él; no era raro que hubiese elegido convertirse en un sumiso.

—Quizá, pero no quería que ocurriese de nuevo, así que me aseguré de que fuese así —dijo Harry en voz baja. Se había protegido a sí mismo contra la posibilidad de ser herido, hasta que había tenido dieciséis años en cualquier caso, cuando había dejado a Severus. Había sido con diferencia lo más duro que había tenido hacer; sumado a la sensación de traición que le recorría… bueno, había estado demasiado devastado como para enfadarse como habría deseado—. Al menos pensé que lo había hecho —susurró, tan bajo que Severus tuvo que hacer esfuerzos para escucharle.

—¿Estás listo para dar la cara? —preguntó Severus, cambiando de tema, sabiendo cómo se estaba sintiendo su sumiso.

—En realidad no —, admitió Harry—. No voy a ser lo que ellos esperan, ¿o sí? Incluso Black había esperado a alguien maleable… probablemente esperaban que fuese como James Potter. ¿Qué crees que harán cuando se den cuenta de que no soy el héroe que querían?

Severus sonrió ante el término que el muchacho había usado; definitivamente estaba pasando demasiado tiempo con él. Al menos su vocabulario había aumentado; le hacía parecer mucho más sofisticado que el chico indigente que había sido durante la mayor parte de su vida—. Entonces tendrás amigos que sabrás que te prefieren por cómo tú eres, y no te están utilizando para mejorar su estatus en el mundo mágico —, declaró Severus con calma—. No puedes complacer a todo el mundo, Harry, no sin perderte a ti mismo en el proceso—. Aquella era una parte que no había visto de él aún, ¿estaba preocupado de que le hiriesen? ¿O deseando encajar para poder aprender magia sin tener que vigilar su espalda?

—Como si fueses a dejar que eso ocurriese —, Harry sonrió ampliamente. Sabía que Severus se ocuparía de cualquiera que pensase siquiera en utilizarle.

—Ciertamente —, asintió Severus, sonriendo sardónicamente; la mayoría de los niños no tenían un escudo mental entre ellos. Sólo unos pocos de los sangres limpias tenían escudos en los que no pudiese entrar y eran todos de séptimo curso. Y eran principalmente aquellos que estaban preparándose para entrar al servicio del Señor Oscuro. Hablando de lo cual, no había sabido nada de Lucius últimamente, se preguntó si el Señor Oscuro habría dado con ellos o si habrían escapado con éxito. Dudaba de que Narcissa se marchase sin Draco, y él estaba allí; había estado dando algunas de sus clases durante los últimos días. Sin duda ella estaba aún en el Reino Unido, preocupándose por su hijo constantemente. Draco debía haber plantado cara a su padre; de otra forma Lucius habría tenido éxito en poner a su familia fuera de peligro. Había sacado a Harry de sus pensamientos oscuros; eso era bueno—. Ya tienes a los gemelos también.

—Sí —dijo Harry, asintiendo; realmente le gustaban los gemelos Weasley.

—Si no te sientes preparado, no tienes por qué hacer esto —, le dijo Severus honestamente, aquello sólo supondría que tendría a Harry para él solo durante más tiempo. Sabía lo que iba a decir el público, así como los estudiantes. Estaba seguro al menos que no podrían poner al chico contra él, ya que sabía cómo trataba a los estudiantes y también por qué. También sabía todo acerca de su pasado; incluyendo su propio papel en su trágico pasado. Estaba más preocupado acerca de que Harry estuviese abrumado; sabía lo que ocurría cuando se sentía atrapado. Su magia estallaba, lo cual le recordó que tendría que realizar el conjuro para liberar su poder, ya fuese esa misma tarde o después de la cena. Probablemente lo mejor era hacerlo después de cenar, de esa forma no tendría que dejar a Harry solo. ¿Quién sabe cómo reaccionaría su magia al ser desatada? Harry tenía problemas para controlarla, o mejor dicho los había tenido… no estaba seguro de si ese era el caso ahora. Él le ayudaba cuando podía pero ¿quién sabe cómo les afectaría el conjuro a ambos? ¿Quizá sería mejor hacer que alguien viniese a echarles una mano? Ambos estaban vinculados, lo cual significaba que la posible reacción negativa les afectaría a ambos, principalmente a él ya que era capaz de controlar la magia de Harry desde donde quiera que estuviese.

—Si no lo hago ahora, Señor… nunca lo haré —, admitió Harry, pasando a modo sumiso.

—Cierto —, respondió Severus, cuanto más esperaba uno, más difícil se volvía—. Entonces vamos —, añadió de forma sombría, poniéndose en pie de nuevo, listo para enfrentarse a cualquier cosa que les saliese al paso. Tenía plena seguridad de que le protegería pasase lo que pasase.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¡Esperamos que muy bien!

¿Qué os ha parecido el capítulo de hoy? Estoy segura de que muchas estabais esperando por la venganza de Severus a los Dursley. Admito que me sorprendió el cambio de actitud de Dudley y que fuese su tía la que obrase el milagro (y mucho más que ella se diese cuenta de lo que eran realmente su hermano y cuñada y no los defendiese).
También hemos descubierto el motivo por el que Harry puede ver los thestrals ¿alguien se había imaginado algo así?
Pobre Harry, no me extraña la actitud que tiene...

¡Muchísimas gracias a: Mary, Tsuruga Lia1412, AngieSCullen, Sara, Lailliet y Neyleen Cipher-Pines por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho!

Un saludo.

Traducciones. A ver qué sale.