Título: Willing
Autor: DebsTheSlytherinSnapefan
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing
Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo 53
Dando a Conocer a Harry al Mundo Mágico
Ambos hombres abandonaron juntos la seguridad de sus aposentos y comenzaron a caminar en dirección al Gran Comedor de Hogwarts para desayunar. No era la primera vez que Harry había hecho acto de aparición allí, como había ocurrido hacía unos días. Sin embargo sería la primera que entraría por la puerta principal y no por la de los profesores. Confiaba en que la comida fuese mejor que la última vez; se la comería a pesar de todo, pero la suya era mucho mejor. Eso era obviamente lo que su Dominante pensaba también, ya que ellos, en general, sólo comían en sus habitaciones. En cuanto llegaron a la zona principal del colegio, donde los estudiantes pululaban, todo el mundo comenzó a mirar con curiosidad a Harry. Por suerte no se aproximaron a él; las temerosas miradas que dedicaban a su profesor de Pociones respondió la pregunta de por qué no lo hacían… aunque Harry no sentía curiosidad, sólo estaba agradecido.
—Allí están Fred y George… ¿puedo ir a hablar con ellos? —preguntó Harry. Llevaba algunos días deseando hacerlo; odiaba escribir, así que no lo hacía muy a menudo. Con pluma su caligrafía parecía los garabatos de un niño. Estaba mejorando pero no lo bastante como para sentirse cómodo escribiendo cartas a la gente. Su Dominante quería que usase plumas todo el rato —era la única forma de que cogiese práctica— así que aparte de en su libro de tareas, no llegaba a usarlas.
Los labios de Severus se fruncieron—. Puedes —, le dio permiso Severus, observando a Harry y a todo el mundo a través de sus ojos de halcón. ¿Dejaría alguna vez de preocuparse por la seguridad del chico? Probablemente no; mejor vigilante que desprevenido e inevitablemente afligido por la pérdida de vidas, en su opinión. Ralentizó su paso, dando a Harry algo de tiempo y privacidad para hablar con los gemelos. Se preguntó brevemente por qué estarían allí, no había reunión de la Orden, así que sólo podía asumir que era para hablar con el muchacho.
—¡Harry! —le llamó Fred, sonriendo abiertamente—. Has salido en el periódico de nuevo —, le dijo meneando su cabeza en broma mientras le tendía El Profeta, deseando asegurarse de que su amigo estaba prevenido.
—Gracias —, dijo Harry aceptando el periódico. Su habilidad lectora había mejorado tanto que fue capaz de entender todo lo que habían escrito sobre él. Por suerte parecía como si no hubiesen sacado a relucir lo que habían escrito años atrás cuando habían descubierto que los Dursley le habían maltratado. No creía que fuese capaz de mirar a la cara a nadie si aquello volvía a mencionarse. Su Dominante había dicho que él era fuerte, pero no era así como se sentía. Severus jamás se había equivocado antes, pero a Harry le llevaría un tiempo aceptarlo.
—¿Cómo fue el juicio? —preguntó George, susurrando para que los otros no pudiesen escucharles.
—¿No sale en las noticias? —preguntó Harry bajando la vista, a punto de pasar las páginas; seguro que la prensa ya conocía la sentencia.
—Hasta mañana no. El Ministro necesita decidir qué información hacer pública; no se entrega la transcripción completa del juicio. Aunque de vez en cuando alguien puede copiarla y venderla por una buena cantidad —, explicó Fred.
—Quince años por sus crímenes, pero por traición quieren darle el beso después de que finalice su sentencia —, dijo Harry, con una sonrisa vengativa surcando su rostro.
—No se merece menos —, dijo George, su mirada ensombrecida mientras pensaba en todo el mal que Dumbledore había hecho. Todavía no estaban seguros de por qué habían adoptado a Harry con tanta rapidez o por qué se sentían tan protectores con él. No era como si fuese vulnerable o necesitase protección de ningún tipo. No sólo podía cuidar de sí mismo, tenía al mago más terrorífico que habían visto velando por él. Quizá era un remanente de sus sentimientos, de cuando habían leído aquel periódico después de que su madre intentase prohibírselo.
—¿Cómo te sientes sobre ello? —preguntó Fred solemnemente.
Harry alzó una ceja; pensarías que era obvio, ¿verdad?— No se merece menos.
—No, acerca de estar a salvo de él, de no tener que huir nunca más —, aclaró George.
—Siempre habría estado seguro con Sev —, dijo Harry meneando la cabeza; tenía fe absoluta en su Dominante.
—Oh, la razón por la que hemos venido, ¡mira! —exclamó George, desechando sus pensamientos y mostrándole a Harry las fotografías—. Es nuestra tienda; ¡ya tenemos muchos productos a la venta! Se han estado vendiendo con tanta rapidez que vamos a pedirle a Lee que nos ayude hasta que podamos hacernos cargo.
—Sabía que podríais hacerlo —dijo Harry ufano, mirando las fotos, asintiendo antes de devolvérselas—. Quizá Sev me deje ir a verla algún día.
—Eso espero —dijo Fred—. Sin ti nada de esto habría sido posible, Harry. Te lo debemos todo; gracias.
—No es nada —dijo Harry encogiéndose de hombros, sin sentirse realmente cómodo con su gratitud. Le gustaban mucho los gemelos, sólo que eran algo emotivos, y no estaba acostumbrado a ello.
—Papá ha hablado con Ginny, así que no tienes que preocuparte por ella —, dijo George en voz baja. Se habían sentido tan avergonzados cuando habían visto a su hermana llevando a cabo sus avances con Harry, sabiendo que era gay y que estaba en una relación con Severus Snape. Merlín, se sentían aliviados de que el Profesor de Pociones estuviese ocupado hablando con su padre y no se hubiese dado cuenta. Snape no se tomaría bien que cualquiera intentase ligar con Harry; habría dejado a su hermana humillada durante años.
—¿Preocuparme? —resopló Harry con una media sonrisa, meneando su cabeza divertido. Había sido bastante desagradable ver a una chica adolescente prácticamente echándosele encima, pero ella sólo iba tras su dinero y su fama.
—Muy bien, quizá esa era la palabra equivocada —, sonrió Fred—. Más como, no tendrás que soportarla más.
—No habría seguido durante mucho más tiempo —, dijo Harry; había sido pura casualidad que ella se hubiese salido con la suya en la reunión de la Orden. Él había estado distraído, por esa estúpida chica Granger; honestamente la aborrecía.
Fred se estremeció—Lo sé —. Ambos sabían lo duro que podía ser Harry, y con suerte Ginny escucharía a su padre.
—¿Ya estás contento? —dijo una voz llena de desprecio, bajando las escaleras y haciendo que Harry se volviese. Era Ronnie otra vez.
—Ciertamente no puedo quejarme —, dijo Harry con desdén, enarcando una ceja. ¿Cómo podían los hermanos ser tan diferentes?
—¡Hagrid nunca te hizo nada! —argumentó Ron—. ¡Sólo estás usando tu fama para salirte con la tuya! Es repugnante.
—Cállate Ron. Antes de que te avergüences a ti mismo —. George meneó su cabeza; honestamente, su hermano hablaba primero y nunca pensaba.
—¿Cómo podéis poneros de su parte por encima de la familia? —quiso saber Ron, el dolor brillando a través de sus ojos.
—Porque estás siendo un idiota, por eso; no conoces toda la historia —, dijo Fred con pasión.
—¿Sabéis lo que ha hecho? El famoso Potter, ¡ha hecho que arresten a Hagrid! —gritó Ron, su rostro del mismo color que su pelo.
Harry apretó los dientes, tratando de controlar su magia mientras la sentía reaccionar a sus explosivas emociones. Como siempre hacía, se calmó con rapidez, sin duda gracias a su Dominante. Fulminó con la mirada al chico con una ferocidad que le prometía un dolor mortal si continuaba; odiaba el apellido Potter intensamente. Sabía que era su nombre, pero deseaba que no lo fuese, se habría librado de él tan pronto como pudiese, si fuese posible.
—¡Ya basta, Ron! —exclamó una potente voz, sorprendiendo a todos en el Gran Comedor; no habían esperado que Hagrid regresase tan pronto… o que volviese siquiera. El Profesor Dumbledore había sido arrestado y tampoco le habían vuelto a ver desde entonces.
—¡Hagrid! Has vuelto —dijo Ron, con gesto de alivio al tener de regreso a su profesor favorito. Cuidado de las Criaturas Mágicas era una de las pocas clases a las que asistía, principalmente porque era divertida y fácil. Odiaba que Hermione le riñese para que cogiese otras asignaturas antes de que fuese demasiado tarde, pero no quería hacerlo. Podía dormir cuando le apetecía, sólo tenía unas pocas clases, y lo mejor de todo, sólo en dos de ellas le ponían deberes. Con la ayuda de Hermione siempre los clavaba. Todo lo que tenía que hacer era pertenecer a la Orden, derrotar a algunos Mortífagos y los Aurores estarían suplicándole para que entrase en sus filas. Shacklebolt le haría entrar; los miembros de la Orden siempre se ayudaban unos a otros, después de todo.
—Harry tenía todo el derecho de presentar cargos —dijo Hagrid, sus ojos negros mirando con tristeza y agobio—. No quiero escuchar otra palabra en contra.
—Pero Hagrid… —protestó Ron con los ojos como platos, ¿cómo podía decir él algo así? Él era el mejor profesor que habían tenido nunca, y no había hecho nada malo.
—¿Harry? ¿Puedo hablar contigo un minuto? —preguntó Hagrid mirando al muchacho. Su mente visualizaba a Harry como un niño; cabía por completo en sus manos en aquel entonces. Habían cambiado tantas cosas; este no era el Harry que él había imaginado todos estos años, pero después de todo lo que le habían contado no le sorprendía. Le dolió tanto que Albus, un hombre en el que había confiado, hubiese sabido todo el tiempo que él era inocente. Incluso más que el hecho de haberle ayudado a poner una atadura mágica a un niño que acababa de perder a sus padres. Ahora el muchacho le estaba ofreciendo algo que había deseado durante mucho tiempo, algo por lo que habría muerto. Iba a conseguir una varita, de Ollivander, y parte de su sentencia era vivir en una reserva de dragones, para ayudar a proteger su mundo. Le enseñarían también a utilizar su magia; Charlie iría con él y le ayudaría, aunque considerando que era un miembro de la Orden, no sabía por cuánto tiempo.
—¿Por qué? —preguntó Harry, tenso. El hombre era enorme y probablemente podría derribarle de un solo puñetazo. Le contempló con cautela, preguntándose por qué el maldito gigante quería hablar con él, de todas las personas posibles.
—No voy a hacerte daño —, le aseguró Hagrid con tristeza—. Tan solo sígueme.
—Es cierto, no te haría daño —, dijo Fred, observando a Hagrid alejarse bajando las escaleras de Hogwarts.
—¿Deseas escuchar lo que tiene que decir? —preguntó Severus, acercándose sigilosamente al trío. Ron, todavía en las escaleras, se quedó lívido y salió disparado en dirección al Gran Comedor sin mirar atrás. ¡Todavía no podía creer que Potter estuviese saliendo justamente con Snape! Era desagradable; el hombre era repugnante, malvado y totalmente horrible. La idea le ponía los pelos de punta; Potter no era para nada como había supuesto que sería, así que por descontado eso significaba que cualquier idea de hacerse amigo del chico había salido volando por la ventana. Era un asco, porque si hubiese hecho amistad con Potter, podría haber conseguido el trabajo que quisiese. Nadie le habría negado nada al mejor amigo del héroe, su confidente, y casi hermano. Hermione estaba convencida de que Snape le estaba haciendo algo, controlándole; si pudiese averiguarlo… y salvarle, eso le garantizaría un lugar como su mejor amigo para siempre. Pero si era cierto, ¿por qué nadie más lo veía? Su novia era inteligente, sin embargo, si alguien lo sabía sería ella. Quizá debería ayudarla… pero odiaba investigar.
—De acuerdo —, accedió Harry a regañadientes, sintiendo la curiosidad de su Dominante filtrándose a través de su vínculo. No podía importarle menos lo que el gigante tenía que decir; él había hecho su parte, impedir que fuese a Azkaban, aunque era lo que merecía.
—Será mejor que regresemos a la tienda, las bromas no van a hacerse solas… —dijo Fred.
—Muy cierto, hermano mío, ¡salgamos de aquí! —estuvo de acuerdo George dramáticamente.
—Oh, Harry, estate atento a cualquier paquete que llegue —, dijo Fred.
—¡Porque será de nuestra parte! —añadió George.
—Diviértete, no hagas… —comenzó Fred.
—Nada que nosotros no haríamos —, dijeron los gemelos al mismo tiempo sonriendo ampliamente antes de alejarse.
Harry meneó la cabeza, gruñendo; honestamente, odiaba cuando hacían eso, aunque había admitido abiertamente que era ligeramente divertido las primeras veces. La diversión se había agotado con rapidez. Suspirando con resignación, siguió de mala gana al medio gigante hacia la hermosa luz del exterior. Era una belleza que Harry realmente no se había tomado ningún tiempo en admirar, incluso el día del juicio. La hierba era tan verde; había un enorme campo con lo que parecían grandes aros de baloncesto sin sus redes, puestos en vertical —aquello debía ser el campo de Quidditch—. Después estaba el bosque al que había intentado escapar, cuando el elfo había aparecido en las puertas obstruyendo su salida. En cuanto estuvo en el último peldaño, se encaró con el medio gigante con gesto impasible. Había tenido tantos sueños acerca de él, su retrato todavía estaba probablemente en su alacena a no ser que Petunia la hubiese limpiado. Sólo pensar en ella ensombreció su humor aún más; estaba hambriento así que confiaba en que no fuese a tenerle allí mucho rato.
—Quiero hablar con Harry a solas, Severus… ¿nos disculpas? —solicitó Hagrid con delicadeza.
—No, lo harás en mi presencia o no lo harás —, dijo Severus suavemente. Hagrid era demasiado leal al viejo tonto; jamás dejaría a Harry solo con él. Sumado al hecho de que Harry no deseaba realmente estar allí, a juzgar por sus emociones. Él tenía curiosidad por lo que el hombre podría querer, pero si le conocía lo suficiente sería disculparse.
Hagrid contempló a Severus en silencio durante unos segundos, apenas capaz de creer lo que escuchaba. ¿Por qué se preocuparía el Profesor de Pociones? Especialmente después de lo que había oído a lo largo de los años; ¿qué había ocurrido desde que se había ido? Había intentado poner a los gigantes de su parte en la guerra y había fracasado, después de ser exiliados sentían un gran rencor hacia los humanos. Al menos la mayoría de ellos. Su madre se había enamorado de un humano, hasta que había vuelto a su colonia gigante. No tenía muchos recuerdos de ella, pero había sido una buena madre. Su pobre padre, había muerto cuando él apenas tenía doce años de edad. Era algo bueno, al menos no había tenido que regresar para decirle que había sido expulsado de Hogwarts. Se había sentido tan orgulloso cuando había recibido su carta de admisión. Su inocencia había salido a la luz demasiado tarde; todo se reducía a este pequeño chico.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Harry con frialdad, impacientándose.
—Sólo quiero disculparme —, dijo Hagrid, con lágrimas llenando sus grandes ojos negros—. ¡Lo siento, Harry! ¡Lo siento tanto, no tenía ni idea de lo que él estaba haciendo! —sollozó el medio gigante, sonando más como un tren de mercancías.
Los ojos de Harry se abrieron de par en par y dio un paso atrás, contemplando a Hagrid como si fuese algo que no se hubiese encontrado antes. Parecía a punto de derrumbarse en cualquier momento, y él no quería estar en su camino. ¿Por qué estaba sollozando como un niño pequeño… o grande? ¿Llorando y disculpándose como si le hubiesen arrancado el corazón? Este mundo era tan extraño, se sentía atrapado y honestamente sólo deseaba salir corriendo. Su labio se curvó de disgusto, el impulso de herirle con palabras era muy fuerte—. ¿Has terminado ya? —le espetó cuando los sollozos se acallaron un poco. Se relajó ligeramente cuando sintió a Severus de pie tras él.
Los ojos de color negro brillante se encontraron con los suyos de nuevo, Hagrid estaba tan sorprendido por sus palabras que finalmente dejó de llorar—. No pretendía hacerte daño, Harry, ¡eras un niño adorable! —protestó.
—Serénate —le gruñó Severus, sonando como el Profesor de Pociones que los estudiantes adoraban temer. Su sumiso no supo cómo sentirse acerca de esta conversación o cómo tratar con el estado excesivamente emocional de Hagrid. Mientras el resto de los profesores y estudiantes estaban acostumbrados a él, Harry no; una demostración de ese tipo le habría hecho sucumbir en las calles en un abrir y cerrar de ojos. Se hizo obvio por lo rápido que cambiaron las emociones de Harry que no deseaba tratar con Hagrid en ninguna de sus variantes. Estaba contento de dejarle a él que siguiese tratando con el medio gigante y era su responsabilidad como Dominante hacerlo—. ¿No tienes que irte a alguna parte? —añadió.
—Lo siento, Harry —repitió Hagrid, recobrando al fin el control sobre sí mismo y usando lo que parecía un mantel para secarse los ojos.
—Bien —, dijo el chico con frialdad.
—¿Me perdonas? —preguntó Hagrid, aturdido.
—No —, dijo Harry con rapidez; bajo ninguna circunstancia deseaba ayudar a que el hombre se sintiese mejor. Puede que no hubiese hecho nada directamente, pero en su mente había llevado a Harry al infierno en la Tierra.
—Vámonos —dijo Severus, haciendo que Harry se diese la vuelta y conduciéndole hacia arriba por las escaleras al interior de Hogwarts. Estaba orgulloso del progreso que había hecho; no estaba enfureciéndose y escupiendo insultos todo el rato. Quizá mantener el control sobre su magia estaba ayudando a Harry mucho más de lo que había pensado. Por supuesto nunca perdonaría a nadie por lo que le habían hecho; se había endurecido en las calles, por desgracia, y el daño era irreparable. Probablemente jamás cambiaría esa mentalidad. Él era el único que lograba atravesar las máscaras para ver el joven real y vulnerable que Harry podía ser. Severus no se volvió, pero conocía lo que dejaban atrás sin tener que hacerlo. Hagrid siempre había sido un alma delicada y nunca había deseado mal a otros; sin duda estaría extremadamente herido y confuso por la naturaleza implacable del chico. Debería estar agradecido de no estar en Azkaban, realmente; fue la defensa de su carácter por parte de los demás lo que había hecho flaquear la determinación de Harry de hacerle pagar. Severus no podía decir que estuviese pagando por ningún crimen ahora, de hecho; era libre, tanto para usar magia como para jugar con las peligrosas criaturas que tanto parecía amar en Rumanía. Sin su lealtad a Dumbledore, no había motivo para que Hagrid permaneciese en Hogwarts. Ciertamente no era la falta de dinero la que le retenía allí. Con dos nóminas entrando en sus arcas durante los últimos cinco años, desde que se había convertido en profesor, sin olvidar los últimos cuarenta años siendo el guardián de las llaves, estaba bien servido. Al menos ahora el medio gigante no sería tan rápido entregando su lealtad y cuestionaría a los demás sin falta.
—¿Cómo pudo pensar que le perdonaría? —preguntó Harry apretando los dientes.
—Lo hiciste muy bien ahí atrás, estoy orgulloso de ti —, dijo Severus, antes de responder la pregunta del chico—. Quería absolución por el papel que jugó involuntariamente en tu trágico pasado. Es un hombre muy ingenuo, lo ha sido siempre desde que yo estudiaba en Hogwarts en mi juventud. No creo que él esperase que le perdonases, simplemente lo deseaba mucho.
—No sólo es él, todo el mundo lo desea —, dijo Harry frunciendo el ceño sombríamente.
—Cierto —, dijo Severus. Él no influiría en Harry de ninguna forma; todas las decisiones acerca de cómo se sentía, y si perdonaba a otros, serían suyas. Él simplemente le apoyaría. Que Merlín ayudase a cualquiera de ellos si hiciesen algo para causarle incertidumbre, ya que les exterminaría en cualquier lugar que estuviesen.
Las puertas del Gran Comedor estaban abiertas; no lograron entrar pasando inadvertidos, ya que cada par de ojos se volvió hacia ellos. No por mucho tiempo, por supuesto, ya que las expresiones de sus rostros eran realmente aterradoras y los estudiantes no podían sostener su mirada, simplemente no tenían las agallas suficientes. Estaban confusos, sin embargo; ¿por qué era tan frío su héroe? No esperaban que fuese a ser como Snape, de todas las personas del mundo; se suponía que estaba destinado a ser como sus padres: valiente, fuerte y cariñoso. El silencio era sobrecogedor a medida que la pareja avanzaba, hasta que finalmente tomaron asiento y comenzaron a comer. Algunos pares de ojos observaron que Harry no probó su plato hasta que el profesor hubo empezado.
Hermione se mordió el labio. ¿Cómo podía liberar a Harry de Snape cuando a nadie más parecía importarle? Había pensado que la Profesora McGonagall se daría cuenta de que algo andaba mal. Harry era de su edad ¡no había forma de que pudiese estar interesado en un hombre tan mayor! No sólo eso, sino que estar con otro hombre no estaba bien; si se suponía que debían estar juntos, se les habría proporcionado el equipamiento adecuado. Para rematar, Snape era un profesor; era asqueroso y absolutamente inmoral. Harry necesitaba permiso para todo, necesitaba escuchar a Snape… no parecía una poción de amor, así que ¿qué otra cosa podía ser? ¿Un conjuro? Necesitaría autorización para entrar en la Sección Prohibida… a no ser que lo hiciese de noche y se colase. Estaba decidida a obtener respuestas, de una forma o de otra. Mordiendo su labio de nuevo, resopló exasperada. Tenía niños a los que enseñar primero, pero después iría a la biblioteca. Llegaría al fondo de esto aunque le costase la vida. Por desgracia no podía contar con su novio para ayudarla. Había escrito al Ministro de Magia; con suerte haría algo para salvar a Harry, pero era un incompetente, así que no podía depender de él.
—Tú también piensas que está mal ¿verdad? —preguntó Ginny, sus ojos marrones llenos de derrota.
—Sí, pero voy a ayudarle —, declaró Hermione rotundamente.
—¡Yo te ayudaré! —se ofreció inmediatamente Ginny; si su amiga le salvaba, entonces ella tendría una oportunidad de ser la señora de Harry Potter después de todo. Él tendría una deuda de por vida con ella, y si todavía no estaba interesado mentiría y le haría creer que era algo real, que no tenía más alternativa que casarse con ella o sería arrestado y enviado a Azkaban. Harry no sabía nada acerca del mundo mágico, después de todo, así que no tendría ni idea… después de que estuviesen casados no importaría si lo descubría, le convencería de que lo había hecho porque estaba enamorada de él.
—¡Genial! Tengo que enseñar Transformaciones primero, después me encontraré contigo en la biblioteca. Tenemos que dar con la contra-maldición —, dijo Hermione con firmeza.
—Muy bien —, dijo Ginny, asintiendo con entusiasmo. Haría lo que fuese por Harry, demostraría que su padre se equivocaba y que su madre tenía razón.
—¿De qué estáis hablando? —las interrumpió Ron, hablando con la boca llena y mirándolas con gesto estúpido.
—Nada, Ron. Come tu desayuno —, dijo Hermione.
—Filius, ¿te parece bien vigilar el colegio? Tengo que hacer entrevistas a nuevos profesores toda la mañana y toda la tarde —, preguntó Minerva, sentándose a la cabecera de la mesa. No bajaría a almorzar; Dumbledore había dejado Hogwarts en una situación desesperada. Necesitaba un nuevo profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, un nuevo jardinero y un nuevo profesor de Transformaciones, de Historia de Magia, de Defensa de las Artes Oscuras (el último parecía haber desaparecido de la faz de la tierra cuando los Aurores llegaron a arrestar a Dumbledore) y de Adivinación (no iba a tener a Trelawney a jornada completa, dos profesores darían más amplitud a la materia). También iba a recuperar las clases que Dumbledore había interrumpido, especialmente las de magia sin varita; saber de las habilidades de Harry la había decidido aún más a asegurarse de que ningún estudiante pasaba por alto ninguno de sus talentos mágicos antes de salir al mundo, después de asistir a Hogwarts. También tenía la sensación de que pronto tendría que buscar un Profesor de Pociones.
—Por supuesto —dijo Filius, totalmente dispuesto.
—Mi primera entrevista es en diez minutos. Os veré a todos a la hora de la cena; ahora si me disculpáis —dijo Minerva, levantándose para irse.
No tenía ni idea de que no habría cena para ninguno de ellos… no. los habitantes de Hogwarts estarían luchando por sus vidas.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo de hoy?
Menuda frase de final de capítulo ¿no? a la autora le gusta dejarnos con la intriga. Veremos qué pasa en el siguiente.
¿Soy la única que está sorprendida con la actitud de Hermione? Porque a la cabezonería (y estupidez) de Ginny en este fic ya me estoy acostumbrando, pero nunca pensé que Hermione pudiese tener una mente tan retorcida y cuadriculada. Qué ganas de que sepa el motivo por el que Harry le pide permiso a Snape para hacer determinadas cosas XD.
¡Muchísimas gracias a: Cristine Malfoy, cuqui . luna . 3, Fran Ktrin Black, Tsuruga Lia1412, Neyleen Cipher-Pines y Sara por vuestros comentarios! (perdón una vez más por tener que separar los nicks que llevan puntos, pero me los detecta como páginas web y me da error cuando intento publicar...)
Nos vemos en unos días
¡Cuidaros mucho!
Un saludo
Traducciones. A ver qué sale.
