Título: Willing

Autor: DebsTheSlytherinSnapefan

Traducción: Traducciones. A ver qué sale

Enlace a la historia original: s/9508339/1/Willing

Resumen:DomSeverus/SubHarry. Harry lleva desaparecido desde los nueve años, el mundo mágico ha estado buscándole durante siete años en vano. Tiene diecisiete cuando le encuentran, pero les aguarda una sorpresa si piensan que va a hacer lo que ellos quieren. Resulta que Harry es un metamorfomago y conoce a Severus desde hace años. Las maquinaciones de Dumbledore son descubiertas y una conmoción les sacude a todos.


Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale. Nos gustaría agradecer a DebsTheSlytherinSnapefan el habernos permitido traducir esta historia.

¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo 54

Eliminando las Ataduras


—Filius, después de tu clase tengo algo que… tengo que pedirte un favor —, comenzó Severus, en cuanto Harry hubo comido un desayuno completo. La palabra favor dejó un sabor desagradable en su boca, por desgracia haría lo que fuese necesario para mantener a Harry a salvo, y ayudarle de cualquier forma que necesitase. Las ataduras debían ser eliminadas de su magia, y él no podía hacerlo solo, por si necesitaba ayudar a Harry a controlar la repentina afluencia de magia que se añadiría a su núcleo. No podía arriesgarse a resultar afectado él mismo; incluso él no estaba seguro de qué vínculo compartían. Estaba empezando a pensar que era de un tipo nuevo, nada en los libros indicaba que un fenómeno de ese tipo fuese posible, con la magia uniéndoles como lo había hecho por voluntad propia. Normalmente hacían falta rituales, sangre derramada y promesas hechas antes de que una reacción de ese tipo fuese posible. Ellos no podían ser los únicos magos que estuviesen es ese tipo de relación en la que se preocupaban el uno por el otro, y si algo de ese tipo había tenido lugar antes, ¿seguramente estaría registrado en alguna parte? Honestamente estaba bloqueado, y eso que Harry no estaba al máximo de su poder.

—Por supuesto —, dijo Filius, perplejo. Jamás en todos sus años en Hogwarts le había pedido Severus nada a nadie, ya fuese estudiante o profesor. Snape no era un Ravenclaw, pero él era inteligente, y el Profesor de Pociones y él podían tener debates serios si lo deseaban. Eso era todo lo lejos que llegaba su asociación, por desgracia. Se compraban regalos de Navidad el uno para el otro, de colega a colega, pero él hacía lo mismo para todos los demás. Nadie podía decir que eran mejores amigos, pero existía un respeto mutuo entre ambos. Tenía una innegable curiosidad acerca de lo que Severus deseaba.

—Quizá deberíamos trasladar esto al ala del Hospital —recomendó Severus; poniéndose en pie, añadió mentalmente, preferiblemente antes de que todos los estudiantes comenzasen a marcharse a sus clases. En silencio hizo una seña a Harry para que le siguiese. Filius se deslizó de su asiento y se unió a ambos en el corto viaje a los dominios de Madam Pomfrey. Severus esperó internamente que no hubiese nadie enfermo en el ala del hospital; de otra forma Poppy no les dejaría pasar. Ella era una de las personas más protectoras que había conocido, terca hasta la médula, y no le gustaba que nadie molestase a sus pacientes.

—¿Va todo bien, caballeros? —preguntó Poppy, con su varita sobrevolando las camas, que cambiaban las sábanas por sí mismas. En el otro extremo del pabellón, una fregona estaba limpiando el suelo; había un fuerte olor a desinfectante en el aire. Pronto fue reemplazado por la fresca brisa que flotaba a través de las ventanas abiertas.

—Poppy, me preguntaba si nos dejarías usar una de tus camas; sólo durante cinco minutos. También te agradecería que supervisases los procedimientos en caso de que algo saliese mal —solicitó Severus, su solemne voz demostrando lo serio de la situación. Una situación que ni Poppy ni Filius comprendían hasta el momento; como siempre, sin embargo, estaban dispuestos a ayudar sin saberlo todo.

—¿Y de qué procedimientos estamos hablando? —preguntó Filius con cautela; ¿a qué había accedido sin pensarlo primero?

Severus pescó el libro del bolsillo de su túnica, y se lo tendió al preocupado profesor de Encantamientos. Habría preferido contar con Minerva, pero ella estaba, como había declarado sólo unos minutos antes, bastante ocupada. Además Encantamientos era la especialidad de Filius y tendría más suerte que la profesora de Transformaciones. Cualquier cosa que lo hiciese más sencillo para el cuerpo y el núcleo de Harry, lo aceptaría.

Filius aceptó el libro con curiosidad, abriéndolo en la página marcada. ¡Aquel era un conjuro de liberación! Contempló a Severus y después a Harry cautelosamente, ¿cuál de ellos tenía su magia atada y por qué? Encontró más probable que fuese el chico—. ¿Quién y cuándo? —preguntó Filius, adoptando una actitud profesional, a pesar del hecho de que su mente estaba dando vueltas llena de preguntas.

—Harry ha tenido su magia retenida durante dieciséis años, aproximadamente; Dumbledore lo llevó a cabo la noche que sus padres murieron. ¿Tienes el poder para deshacer sus ataduras? —preguntó Severus, observando a Filius ponerse blanco como el papel y a Poppy quedarse boquiabierta en horrorizada sorpresa. Retener la magia de alguien era uno de los mayores crímenes en el mundo mágico. La única excepción era si eran mentalmente incapaces de proteger el secreto, o un peligro para ellos mismos y los demás, como aquellos en el Hospital de San Mungo para Enfermedades y Heridas Mágicas. No era fácil ponerlo en práctica o incluso decidir llevarlo a cabo, pero lo hacían y nunca olvidaban el sacrificio que el paciente se veía obligado a asumir. Si el paciente se recuperaba debían eliminar las ataduras, pero hasta ese momento estaban protegidos, por muy egoísta que pudiese sonar.

—Considerando que han pasado dieciséis años y que Harry ha estado usando magia, diría que está socavando el conjuro por sí mismo. No tendré problema en deshacerlo —, declaró con firmeza Filius, confiado acerca de sus habilidades.

—¿Socavándolo? —preguntó Harry con curiosidad, uniéndose a la conversación por primera vez.

—La magia se protege a sí misma; es una cosa viva, con lo que podríamos llamar una mente propia. Habría luchado encarnizadamente para desatarse para ayudarte. Tu magia sabe que si tú mueres, tu núcleo morirá contigo. Diría que a lo largo de los años, ha socavado lentamente las ataduras, liberando más y más de tu poder al tener éxito con el tiempo —. Filius se lo explicó al heredero del linaje de los Potter, que era nuevo en los asuntos mágicos, de forma que pudiese entenderlo. Tenía la curiosidad de su madre, eso seguro. Lily había poseído un ansia por saberlo todo, desde por qué las cosas debían hacerse de una manera determinada hasta por qué los conjuros interactuaban unos con otros. Su curiosidad no había conocido límites, incluso después de unos pocos años en Hogwarts.

—Teniendo en cuenta lo poderoso que eras, fue como agua siendo presurizada en un contenedor justo antes de que explotase —, amplió Severus.

—Una descripción muy acertada; siendo tan poderoso como eres… es una sorpresa que no ocurriese —, estuvo de acuerdo Filius.

—¿Por qué piensa todo el mundo que soy tan poderoso? —quiso saber Harry, meneando la cabeza. Todos allí parecían creer que podía caminar sobre las aguas. Era una completa locura, y no le gustaban sus miradas de admiración y sus suposiciones.

—Detuviste al mago más oscuro que hemos visto jamás, de una forma que se creía imposible. Eres poderoso, aunque todavía está por determinar cuánto —, dijo Filius. El profesor todavía no estaba al tanto de la habilidad para hacer magia sin varita de Harry.

—Tenemos clases que impartir; sugiero que continuemos —, interrumpió Severus, sintiendo lo incómodo que Harry estaba. Parecía incapaz de aceptar lo poderoso y especial que era. Tal y como su familia le había tratado, le llevaría un tiempo inculcarlo en la mente del chico para que jamás dudase de ello. No es que Harry dudase de él; de hecho la confianza que tenía le dejaba anonadado. Había escuchado lo que les había dicho a los gemelos acerca de Dumbledore, y de que él le habría mantenido a salvo. Severus habría hecho justo eso, aunque nunca había estado seguro de si era más fuerte que el anciano.

—Por supuesto —, dijo Filius—. Súbase a la cama, señor Potter.

—Él prefiere Harry, Filius —, dijo Severus sombríamente, mostrando al profesor de Encantamientos que aquello no era una petición vacía y que había una razón tras ella.

—Muy bien —, concedió Filius, comprendiendo. Observó mientras el adolescente hacía lo que se le había pedido tras un suave empujón de Severus, lo cual le sorprendió. El Profesor de Pociones normalmente no interactuaba bien con otros; Filius le conocía desde que tenía once años, así que debía saberlo bien. Aquellos dos parecían más cercanos que amigos íntimos, pero no le dio vueltas; lo descubriría más pronto o más tarde, estaba seguro. Quizá era el momento para una largamente pospuesta charla con Minerva acerca de lo que estaba pasando en Hogwarts.

—¿Tienes algo mágico contigo? ¿Tu varita quizá? —preguntó Filius mientras Poppy retiraba todos los productos que había estado usando para limpiar la consulta. Rápidamente envió la ropa sucia abajo, a los elfos, antes de quedarse de pie junto a ellos, lista para ayudar si surgía la necesidad.

—Todavía no tengo una —, dijo Harry, sentándose y encarándose con ellos con aprensión. No comprendía demasiado, pero sabía que el pequeño profesor iba a lanzar magia sobre él. Una cosa era dejar que su Dominante lo hiciese, ¿pero los demás? Demonios, no confiaba en ellos en absoluto. La única cosa que le mantenía sentado en la cama era saber que Severus jamás le pondría en peligro. Además deseaba que arreglasen lo que fuera que Dumbledore le había hecho; la manera en la que todos habían reaccionado dejaba claro que era extremadamente malo.

—Su collar es mágico —, admitió Severus—. ¿Hace falta retirarlo? —No le agradaba quitárselo, pero la situación lo hacía necesario. Le alivió sentir que Harry no estaba más contento con esa propuesta que él.

Los ojos de Filius se fueron directos al collar. Se había percatado de él, pero no había pensado nada al respecto. Se dio cuenta con bastante rapidez que necesitaría preguntarle a Minerva qué estaba pasando. Parecía como si Severus y Harry tuviesen una relación; había pasado mucho tiempo desde que había visto cualquiera de las viejas normas siendo respetadas. Ya no era algo aceptado en la sociedad, debido a la llegada de estudiantes nacidos de muggles, que no podrían aceptarlo y pensarían que era 'desagradable' y 'antinatural' que alguien quisiese tener ese tipo de relación. Actitudes completamente estúpidas, ya que realmente dependía de la gente dentro de la relación hacer lo que les apeteciese… no, lo que necesitasen, era más preciso. Con su ascendencia duende y mágica, sabía mucho de las viejas tradiciones; su familia siempre daba a su heredero a leer los libros cuando llegaban a su madurez mágica a la edad de diecisiete años—. ¿Estáis vinculados? —preguntó Filius—. Necesito saberlo antes de empezar con esto —, añadió sabiendo que serían sinceros con él.

—Sí —respondió Severus de inmediato.

—¿Cuál de los dos? —preguntó Filius, mirando fijamente al impasible mago.

—No lo sabemos —, admitió Severus, sintiéndose muy avergonzado, pero era cierto. No había sido capaz de descubrirlo todavía; ninguno de los vínculos acerca de los que había leído parecía ser válido para lo que les había ocurrido a ellos.

—¿No lo sabes? —repitió Filius, escéptico.

Severus lanzó una mirada a Harry, sabiendo que estaba a punto de decir algo desagradable. Volviéndose para encararse a Filius, supo que tendría que explicarlo todo—. Harry es un metamorfomago. Le conocí como Harrison Blake durante tres años, salí con él durante dos antes de que desapareciese de la faz de la Tierra. Asumí que era un muggle, ya que no podía sentir ninguna magia en él —, respondió Severus con una media sonrisa, todavía mortificado por aquel pequeño detalle.

—Entonces Dumbledore me atrapó, me mantuvo encerrado en una habitación aquí en Hogwarts. Intenté escapar unas cuantas veces, pero no tuve éxito. El anciano me puso un brazalete con un conjuro localizador, para poder saber dónde me encontraba en todo momento. Mi magia se estaba descontrolando; yo sólo… todo me estaba afectando; ser encerrado y encarcelado no estaba ayudando a mi humor tampoco —, dijo Harry, frunciendo el ceño sombríamente mientras pensaba en el viejo tonto.

—Digamos sólo que la mayoría de ellos sólo querían entrar en esa habitación una vez —, comentó Severus, sonriendo con maliciosa satisfacción—. Harry no estaba contento y se lo dejó saber; no se amoldaría a sus deseos.

—Eso es decirlo suavemente, tuve que curar a Remus Lupin cuatro veces —, se quejó Poppy, encontrando difícil recriminar a Harry por ello considerando por lo que había tenido que pasar.

Filius contempló al chico impresionado; para ganarle la partida a un hombre lobo debía tener buenos movimientos.

—Me obligaron. Albus me dijo que le llevase a Harry algo de comer, lo cual hice. En el momento en el que le toqué, su magia nos envolvió vinculándonos irrevocablemente como Dominante y Sumiso. Magia pura y dispuesta, de un tipo que jamás he visto antes. Es fuerte, muy fuerte; he estado buscando en cada libro que ha caído en mis manos, para descubrir qué unión tenemos. Por desgracia ninguno de ellos acierta, todas requieren rituales. Elegí la más parecida a la nuestra para que Harry leyese sobre ella y comprendiese —, explicó Severus.

—No sólo estáis unidos, sois almas gemelas. Sois extremadamente compatibles mágicamente; tanto que vuestras magias decidieron por su cuenta y os vincularon —, exclamó Filius, completamente abrumado. En toda la historia sólo había un relato de algo así: el Rey Arturo y Merlín… al menos era el único registro conocido.

—¿Tienes información sobre ello? —preguntó Severus, en voz baja.

—La tengo, y puedo prestártela, pero es un libro muy raro. Ha estado en mi familia durante cinco generaciones, así que necesito tu palabra de que tendrás cuidado con él y me lo devolverás —, le solicitó Filius con seriedad. No es que pensase que Severus fuese a quedárselo; era un hombre honorable, incluso aunque fuese ligeramente temperamental a veces. Sus hijos y nietos ya habían leído el libro, y hasta que llegasen más, o bisnietos, permanecía en su cámara de seguridad, a salvo de cualquier daño. Era uno de los tomos más preciados que poseían; habían gastado una fortuna compilándolo en forma de libro y evitando que se deteriorase. Su padre lo había copiado, no obstante, pasando cada palabra a pergamino; le había llevado años de su tiempo libre finalizar la tarea. Era esa copia la que se retiraba de la cámara, en vez del tomo real, el cual se hacía más y más valioso —por no decir de valor incalculable— cuanto más antiguo se volvía. Sólo le prestaría a Severus una copia, pero aun así era algo con lo que deseaba que tuviese cuidado.

—Tienes mi palabra de honor como mago —, declaró Severus solemnemente. Habría aceptado cualquier cosa para saber más acerca de aquel vínculo.

—Ahora regresemos a nuestro asunto original. El collar puede quedarse; ya que vuestras magias se han mezclado no será peligroso para el conjuro. Si acaso, puede que seas capaz de ayudarme a retirar las ataduras si resulta demasiado para mí —, sugirió Filius, pero lo dudaba. No era un campeón de duelos con una maestría en conjuros por poseer una magia débil.

—Ciertamente —, dijo Severus, internamente aliviado de no tener que retirar el collar.

—Muy bien, Harry, no puedes luchar contra el conjuro; debes permitirle que fluya. Tratar de detenerlo sólo te causará más dolor —, dijo Filius seriamente.

—¿Más? —preguntó Harry, estrechando sus ojos. Nadie había dicho nada acerca de que el conjuro le hubiese causado dolor antes.

—Sí, tu núcleo ha estado confinado durante dieciséis años. ¿Has experimentado trastornos emocionales que hiciesen reaccionar a tu magia? —preguntó Filius, dando un paso adelante.

—Sí —, respondió Harry, pensando, cada vez que bloqueaba su magia por su cuenta, de hecho.

—Es algo así, pero con la magia de otra persona luchando también contra el bloqueo, será doloroso —, le advirtió Filius.

—¿Podemos acabar con esto? —preguntó Harry, tragando saliva con fuerza; tenía un nudo en el estómago. Podía soportar el dolor, es todo lo que había conocido durante toda su vida. Lo desconocido hacía que se le revolviesen las tripas, sin embargo; cuanto antes terminase, mejor se sentiría.

—Cálmate, terminará pronto, te lo prometo —, le tranquilizó Severus, sentándose en la silla junto a la cama en la que Harry se encontraba. Con una mano firme, empujó a Harry, haciendo que se tendiese en la cama para que pudiese relajarse. Entonces hizo una seña a Filius para que comenzase, deseando acabar con aquello. Ya habían perdido demasiado tiempo. Jamás había llegado tarde a una clase y no deseaba comenzar ahora.

¡Removere vincula destruere murum solutionem amet aliquet nibh venenatis regeneratus! —entonó Filius, repitiéndolo una y otra vez, y los muros que Dumbledore había puesto en el núcleo mágico de Harry comenzaron a desmoronarse. No llevó demasiado, con la magia de Severus, Harry y la suya propia ayudando, como si sintiesen que pronto la injusticia sería aniquilada—. ¡Removere vincula destruere murum solutionem amet aliquet nibh venenatis regeneratus!

El cuerpo de Harry se arqueó, dándole la apariencia de un puente humano mientras gritaba en agonía. Severus saltó de sorpresa, mientras presionaba firmemente el pecho de Harry, y con la ayuda de Poppy le mantuvo tendido en la cama. Ni siquiera se planteaban usar magia en él, para que los poderes de Harry no les atacasen a modo de defensa, en su estado de dolor. Filius continuó recitando mientras el muchacho se retorcía en tormento y dolor.

—Dale un calmante —, le ordenó Severus enérgicamente—. Le tengo; ¡ve! —No quería que Harry sufriese más de lo que fuese necesario. Justo en ese momento se sintió mareado, cayendo a la silla mientras intentaba recuperar el control de su equilibrio. Apenas era capaz de controlarse a sí mismo; cerrando los ojos, intentó bloquearlo todo mientras la magia le recorría.

—¿Severus? —dijo Poppy, sujetando ella a Harry ahora, sin intentar siquiera conseguir el calmante. Le miró con preocupación pero no se atrevió a soltar al chico. Si lo hacía, Severus jamás dejaría de recordárselo, teniendo en cuenta lo posesivo que era con su sumiso.

—Estaré bien —, dijo Severus con voz áspera, calmando las magias de ambos y tomando el control sobre ellas. Mientras lo hacía, Harry dejó de gritar, relajando su sudoroso cuerpo. Su trabajosa respiración era todo lo que se pudo oír en el ala del hospital después de eso—. Un calmante. Ahora —, solicitó Severus a través de sus dientes apretados. Harry sufría una agonía y se odiaba a sí mismo por no poder detenerla. Él era su Dominante, se suponía que debía protegerle, cuidarle.

—¡Accio calmante! —gritó Poppy, agarrando el frasco en el aire y pasándoselo a Severus, sabiendo que preferiría administrarlo él mismo.

—Ya está hecho, su núcleo ha sido reparado. Si ha aprendido algo de magia, querrás empezar desde el principio de nuevo —le advirtió Filius—. Será mucho más poderoso de lo que solía ser, quizá más de lo que pueda manejar para empezar.

—¿Harry? Venga, poco a poco —dijo Severus, sujetando su nuca y sentándolo en la cama. El sudor lo hacía bastante difícil, pero se secó con rapidez—. Bebe, hará que el dolor se vaya —. Cuando el chico abrió su boca, Severus vertió en ella la poción, relajándose cuando sintió que él también lo hacía.

—¿Cómo te sientes? —preguntaron Poppy y Filius al unísono.

—Extraño —, graznó Harry y después añadió—. Duele de cojones —. Su espalda se sentía como si estuviese en llamas; ¿qué demonios le había hecho?

—Esa lengua —, le regañó Severus, demasiado aliviado para reprenderle adecuadamente. Era la primera vez últimamente que había tenido que decir nada acerca del vocabulario de Harry; estaba aprendiendo. Incluso cuando se puso cauteloso y a la defensiva con Hagrid no había recurrido a insultar, que era lo que le gustaba hacer.

—Lo siento, Señor —, murmuró Harry con voz cansada, sus ojos aún cerrados mientras la poción hacía su trabajo, aliviando el fuego que se extendía por su espalda.

Ese preciso instante sonó la campana de alarma para que los estudiantes comenzasen a abandonar sus clases.

—Será mejor que nos pongamos en marcha —, dijo Filius mirando su reloj—. No debería haber repercusiones, pero si te preocupa cualquier cosa, mi puerta siempre está abierta.

—Gracias, Filius —dijo Severus con aprecio.

—No hay problema. Ha sido agradable conocerle finalmente, señor… Harry —dijo Filius, asintiendo brevemente mientras se percataba y se corregía a sí mismo.

—Lo mismo digo; gracias —, dijo Harry, intentando sonreír aunque resultó ser más parecido a una mueca.

—Siempre estoy contento de ayudar —le aseguró Filius, antes de que encaminarse hacia la salida del ala del hospital. Debía ir más lejos que Severus para llegar a su clase.

—¿Quieres quedarte aquí un rato y recuperarte? —preguntó Severus, colocando a Harry de nuevo sobre la almohada. También necesitaría darse una ducha; no estaba en un estado adecuado para asistir a clase con él. Romper las ataduras había sido más difícil que lo que había previsto. El libro no había dicho nada de que Harry fuese a tener que soportar esa cantidad de dolor; sin embargo, eso era para el mago o bruja medio. El chico tenía más poder que ellos, debería haberlo anticipado.

—Quiero irme —, dijo Harry, meneando su cabeza rotundamente. Sentándose e la cama, cogió la mano de su Dominante mientras sentía una oleada de vértigo recorriéndole. Desapareció tan rápido como había empezado; Lentamente llevó sus piernas hasta el borde de la cama antes de intentar incorporarse. Con las fuertes manos de su Dominante dándole apoyo sabía que estaría a salvo si caía, pero no lo hizo.

—Si me necesitáis, hacédmelo saber —, dijo Poppy, observándoles a ambos con cautela.

—Lo haré, Poppy —, le aseguró Severus a la Medi-bruja, todavía echando un vistazo a Harry con preocupación. A decir verdad, preferiría tener al chico donde pudiese mantenerle vigilado… incluso si técnicamente el ala del hospital era el lugar más seguro para él. Confiaba en Poppy implícitamente, pero sólo con él. Ciertamente ayudaba no tener que preocuparse todo el tiempo—. Vamos, continuemos.

—Sí, Señor —, dijo Harry provocativamente, sonriendo con malicia ante la mirada que recibió.

Poppy sonrió mientras les veía marcharse, Hogwarts iba a llevarse una sorpresa, realmente. Severus siempre había sido un hombre solitario y cerrado. Aun con Harry, estaba logrando ver una parte de él que jamás habría pensado que existía. Le tenía cariño, pero sabía lo que los estudiantes pensaban de él. Mandaría al infierno todas sus ideas preconcebidas, y no sólo sobre el Profesor de Pociones. Harry no era lo que todo el mundo esperaba. Mirando alrededor en su ala del hospital, se dio cuenta de que no le importaba; le gustaba el chico como era: él mismo, no una versión idealizada de él. Estaba de regreso en Hogwarts, donde siempre había debido estar, con un hombre que atravesaría el propio infierno para asegurarse de que fuese feliz. Después de todo por lo que había pasado, se lo merecía. Tan solo recordar leer el periódico de aquel día hacía que se estremeciese. Sí, nadie merecía más la felicidad que el adolescente que acababa de marcharse.

Volviéndose hacia la sucia cama, retiró las sábanas con un conjuro, limpió y secó el colchón, dándole la vuelta e invocando más ropa de cama para que saliese y se doblase por sí sola fuera de la cama. Asintiendo con satisfacción hizo desaparecer la ropa llena de sudor. Estaba segura de que estaría de vuelta a la hora del almuerzo, ya limpiada por los elfos. Satisfecha de que sus dominios estuviesen impolutos, fue hacia su oficina antes de leer las fichas médicas de los nuevos estudiantes, colocándolos en orden en su armario. No había duda de que sería presentada ante todos ellos en algún momento; rondarían por el colegio durante siete años. Había pasado junto a ellos y no había nada fuera de lugar. Habían recibido sus vacunas y cualquier lesión había sido tratada; nadie tenía ninguna alergia conocida así que no tenía de qué preocuparse si un chico de primer año era llevado ante su presencia y necesitaba pociones.


Continuará...

¡Hola!

¿Qué tal estáis? ¿Nos esperabais?

Sé que muchas/os estabais esperando otra escena en este capítulo, pero por desgracia pero parece que la autora ha decidido hacernos esperar un poquito más para saber qué pasa durante la cena. ¡Paciencia!

¡Muchísimas gracias a: Cristine Malfoy, Tsuruga Lia1412, Reno Alvarez, sachacaro, AngieSCullen, Kyutzu, Bellatrix Hale y cuqui . luna .3 por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Cuidaros mucho!

Un saludo.

Traducciones. A ver qué sale.