Siento mucho mi ausencia.

Por si no lo saben, Máximo es uno de los nombres populares para el personaje de Cuba, aunque dudo que haya algo romántico entre ellos en el fic, sean precavidos.

Al parecer estaba muy preocupado por el, incluso lo invitó a comer helado, lo cual parecía mejor que comer en casa.

Tal vez ver a Máximo no era la mejor idea, pero era preferible a ver a su familia.

Se sentirían tan decepcionados, tan asqueados, justo como el.

Bajó las escaleras como usualmente lo hacía, arrastrando los pies y rozando la pared con las manos, tenía que sentir lo que lo rodeaba o no estaría convencido de que todo era real, de que el dolor era real, de que su odio era real; a veces le costaba demasiado y no salía de su cama, no hacía nada que no fuera repetirse lo horrible que era por sentirse así, por ser así. Los primeros años después de que realmente supiera lo que pasaba, fueron relativamente fáciles, era un niño que no pensaba en lo que pasaba, no creía que hubiera algo mal con su persona.

Pero con el pasar de los años era cada vez más complicado excusarse, encontrarle sentido a su propio cuerpo, no podía pasar por un espejo sin sentir asco, no podía verse sin querer desaparecer.

Y ocultarlo no servía de nada.

Una vez en la planta baja no pudo evitar toparse con su hermano, quien simplemente lo miró con un ligero destello de preocupación, y con su madre, quien parecía querer decirle algo, pero se contuvo. Justo como esperaba, nadie lo detuvo antes de salir de la casa.

Aunque habían acordado verse en la heladería que estaba cerca de su casa, no pudo evitar sentir la necesidad de llamarlo; y Máximo no tardó nada en contestar.

Durante unos segundos sólo se escuchó un llanto ahogado, pues a Matthew se le fueron las palabras, necesitaba las palabras de alguien.

No sabría decir cuanto tiempo se quedó parado, llorando hasta que sintió que un brazo le pasaba por los hombros y lo estrujaba en un abrazo.

Un abrazo que conocía tan bien.