3. El peligro cerniente

Pasaron unas horas desde que se escondiera, esperando que no le hubiese visto a él también a través de la cámara del dron. Más calmado, pero con el corazón aún a más de mil por hora, Hope decidió finalmente coger El Libro y hojear en busca de información sobre esa criatura. En la página mil doscientos aproximadamente finalmente dio con él:

QUIMERA MUTANTE

(predator poligeneri)

Habilidades y aspecto felinos

Gran saltador

Se adapta a su entorno al instante

Gran capacidad de camuflaje

Cuatro zarpas

Cuatro patas, dos equinas y dos felinas

Múltiples pares de dientes

Mandíbula desencajada

Colmillos superiores e inferiores

Garras poderosas en cada extremidad

Olfato agudo

Cazador diurno

Sentidos sobre desarrollados

Ágil para su tamaño

Superdepredador

"Superdepredador" fue la parte que le preocupó más a Hope. Eso quería decir que estaba en el culmen de su cadena alimenticia, que no había nadie más por encima de él. Fantástico. Asi que el mayor peligro del mundo se había vuelto un monstruoso depredador del tamaño de un trolebús, un tren y un tráiler uno puesto encima del otro. Mirando más abajo, leyó desesperado para poder encontrar alguna debilidad, algún consejo para enfrentarlo, alguna forma de defenderse en caso de necesidad, algo para sobrevivir al menos a ese pedazo de animal altamente peligroso. Pero en todas las líneas encontró la misma frase dicha dentro de un contexto determinado: corre y escóndete. Genial. Muchas gracias, Libro. Eres de gran ayuda... Espera, ¿"Cazador diurno"? Eso no pinta bien. Ya de por sí tenía que tener cuidado por la noche por los depredadores. Quizá debería haber cogido más comida.

Casi sin darse cuenta, llegó la noche y con ello el peligro inminente. Hope se había pasado todo el día intentando buscar una manera de alterar la iluminación, pero siendo sinceros era increíblemente difícil y seguramente imposible de hacer en un día entero. Rezaba porque no saliera a buscar a nadie esa noche, porque de ser así lo iba a tener muy chungo para sobrevivir. Hope bajó las persianas, cerró todas las puertas y disminuyó la intensidad de las luces para asegurarse de no llamar la atención de nadie por la noche (pese a que las persianas de acero, de por sí, ya mermaran toda posibilidad de que se viera ninguna luz desde fuera). Desesperado, revisó una vez más el Libro para averiguar alguna forma de enfrentar a ese monstruo, pero sin éxito aparente. Por fin se convenció de que estaba condenado a morir, morir o morir. Ninguna opción le seducía en lo más mínimo.

- Esto es horrible- se dijo Hope, llevándose las manos a la cabeza- Antes sólo tenía cazadores nocturnos, ¿ahora tengo que lidiar con un cazador diurno gigante? ¿Cómo demonios voy a volver a salir fuera con esa cosa ahí? Moriré de hambre...

Una vez más haciendo uso de su gran habilidad para deducir el humor de su amigo, Blake subió a la mesa de un par de saltos para acurrucarse a su lado.

- Supongo que tú no tendrás idea de qué hacer tampoco... Pero qué digo.

Entonces, el perro pasó páginas con la pata derecha delantera hasta situar la página abierta sobre la parte de Artes Arcanas. Hope sólo lo miró con el cejo fruncido.

- No sé qué es lo que me flipa más: el hecho de que hayas parado justamente bajo esa página o que un perro me esté recomendando semejante cosa... Aunque bien visto, sigo hablando contigo, asi que seguramente deba replantearme el concepto de "sanidad" de ahora en adelante- suspiró- Blake, la magia no existe. Y aunque fuera el caso, el Libro tampoco dice nada de que haya algún hechizo o arte mágica que sirva para repeler a la bestia. Lo he visto antes: no es ni un código ni nada por el estilo, es una sección de magia pura y dura para hacer magia pura y dura. Es un engañabobos como los que se venden a los niños tres años en los cumpleaños para darles fantasía a sus vidas... Y estoy hablando con un perro otra vez. Como si pudieras responderme. Quien me oyera pensaría que estoy loco perdido. Y quizá tuviese razón.

¡ROAAAAAAR!

A lo lejos resonó ese grito horrible otra vez. Rezaba porque estuviera lejos, pero lo cierto es que sonaba hasta más cercano que antes. Hope decidió revisar el dron para averiguar más sobre lo que había fuera, pero sólo vio oscuridad. Activó la luz nocturna y entonces se asomó fuera para ver bien lejos a la criatura. Se había alejado. Poco a poco y sin subir demasiado, se alejó más y más con la intención de recuperar el robot volador. Acababa de conseguirlo, ni de coña iba a perderlo el primer día. Por desgracia, las Anansi no parecían estar muy de acuerdo, porque cuando se topó por accidente con ellas intentaron derribarlo del cielo. El humano maniobró lo mejor que pudo, evitando arañas gigantes y telarañas hasta que se encontró con un nido entero. Llevado por la desesperación, ascendió para alejarse de ellas antes de que lo acorralaran, pero su acto incitó la atención del monstruoso ser, que giró la cabeza hacia él.

- ¿Por qué? ¡Si se supo que es...!

¡La linterna! ¡Se había dejado la linterna de la luz nocturna encendida! Sin pensarlo un segundo más, la apagó y salió volando a toda velocidad. Por desgracia, ese ser lo seguía. Debían ser los motores: su oído era muy fino, después de todo. Más que los... ¡Los Camazotz! Rápidamente desanduvo el camino que siguió hasta el nido de los hombres murciélago y se adentró en él, haciendo todo el ruido posible para despertarlos. Pero parece que no funcionaba.

- Genial, ahora resulta que los murciélagos tienen el sueño duro. Pues vale.

Hope conectó el micrófono del dron con su reproductor de música MP4 y puso a todo volumen la canción Hardwired de Metallica, que sonó de golpe por los altavoces incorporados del robot volador, provocando que todos los murciélagos despertaran. Rápidamente ascendió y los guió hasta lo alto del edificio, haciendo que se enredaran con la quimera gigante. Era jugar algo sucio, pero era la ley del más apto y él no tenía intención de convertirse en comida y menos de guiar a ese bicho. Creyó dejar atrás a todos y fue corriendo directo al Paladice, pero cuando estaba a pocos metros y se giró para ver si lo había dejado atrás, lo vio con la boca desencajada en su terrible mueca llena de Camazotz muertos o medio muertos a medio masticar entre hileras de dientes afilados como millones de espadas. Aceleró, llevado por el miedo y sin darse cuenta de que lo estaba guiando hacia el Paladice. Su cerebro decía "¡Para idiota, cambia de sentido!", pero su cuerpo decía "¡Corre, corre, corre, corre, corre...!" sin parar. Odiaba la división físico-mental; siempre yendo en dos direcciones distintas y él atrapado en medio de ellas. De repente se percató: ¿es así como muero? ¿En serio? ¿Después de medio año sobreviviendo, me va a matar un monstruo gigante? ¿Por qué? No es justo: una vida de mierda, un final de mierda. No es justo. No es justo. Este mundo tendría que simplemente desaparecer. Hope notó entonces que algunas cosas parecían flotar. Sería su cerebro ralentizando el tiempo en su mente. Genial: tiempo bala antes de morir. Si al menos pudiera haber pegado un tiro antes... Y entonces todo se volvió blanco por una luz que emitía el suelo, el techo, las paredes, los muebles y hasta el cielo... Y el mundo se desvaneció ¿AHORA escuchas una petición desesperada... Quienquiera que seas? Llegas medio año tarde. No: doce años tarde. O más. Más vale tarde que nunca no cuenta si tardas para siempre.