Capítulo dos.

Tori y Alphonse (¡Jade por Dios!)

Desperté con una mordida leve en mi cuello. Presioné mis ojos fuertemente intentando retener la caricia en mi mente el mayor tiempo posible.

- Buenos días, hermosa - pronunció Alphonse mientras retenía su aliento en mi oído, apresándome entre sus brazos. Yo clavé mis uñas en su espalda al momento que besó mi oreja. Es mí punto débil.

- Podría despertar así el resto de mi vida - mascullé bajo, intentado que sonara como un pensamiento propio. Me soltó un instante para besar mis labios.

¡Dios qué bien besa éste chico!

De verdad, no se me hace extraña la idea de vivir junto a él en un futuro, quizás, cercano. Pero, no podía hacerme ilusiones tan pronto. Llevamos tres meses, y un poco más, saliendo, y aún siquiera me ha pedido ser su novia. Y yo pensando en vivir juntos, y tal vez para él, esto sea algo del momento. A pesar, de que sea el tipo más tierno y tosco que haya conocido en el último tiempo, no puedo ir pensando tanto plan del que no tengo certeza de que se concretará... Me confunde no saber realmente qué es lo que pasa por su mente.

Suspiro y me concentro en sus ojos chocolate. Le muerdo su labio inferior intentando algo, y gruñe. Se queda quieto un instante, manteniéndome expectante, y en el segundo que creí que se había calmado, se abalanza sobre mí, haciéndome cosquillas.

- Oye, oye ¡Juegas sucio Lyson! Espera, para... noooo...

Perdí la noción del tiempo cuando jugábamos en la cama. La verdad, es que no me preocupa, porque ayer salí de vacaciones, y no debía pasarme por la productora hasta después de la mitad de Agosto.

Lo cierto, malo y desastroso, era que, en algún momento del día, Alphonse debía irse. Se marchó a eso de las cinco de la tarde, muy a nuestro pesar.

- ¿Puedo pasar por aquí mañana, Tori? - preguntó en la puerta de mi edificio, ordenando mi cabello tras mi oreja. Yo mordí mi labio inferior, asintiendo. Se despidió con un beso en mi frente y desapareciendo dentro de su escarabajo rojo.

Me podría enamorar de él fácilmente, pero debo ser cautelosa. No quiero que rompan mi corazón otra vez.

Para no armarme tanto lío mental, decidí ordenar el baño, que ciertamente estaba lleno de hongos y cosas insalubres. Sea como sea, no podría convivir con ese tipo de cosas cerca. El trabajo me llevó algo de una hora, en eso de despegar el moho, desinfectar y asear, pero no quería divagar en mi mente mucho tiempo, sé que luego de tanto darle vueltas al asunto no ganaría nada.

Revisé el refrigerador y los muebles de cocina para ver qué añadiría a mi carrito de víveres en el supermercado. Atún por sobretodo, verduras, y una que otra sopa instantánea.

El hecho de vivir sola no me molesta en lo absoluto. Incluso aun me divierte el cómo se lo tomó papá esa vez.

- ¿Estarás acaso embarazada Victoria Vega? - masculló serio, con su ceño fruncido y apretando sus manos, con su cara roja, a su lado estaba mamá y Trina, intentando calmarlo. Yo sonreí y negué con la cabeza - ¿Por qué lo haces entonces? Sabes que aquí no te falta nada y no te pedimos nada...

- No es eso papá. Yo... Sólo quiero tener mi propio lugar y ser independiente de ustedes. Sabes que gano el dinero suficiente como para costear todos mis gastos... Y creo que me hará bien para madurar un poco.

Él pareció pensarlo un poco. Frotaba su sien y cerraba sus ojos, suspirando. Los colores de su rostro estaban volviendo a su tono natural, y mamá soltaba el brazo que había cruzado por su hombro.

- Estás tan grande Tori... - habló resignado, sabiendo que ya no desistiría de mi decisión. Corrí a abrazarlo al oírlo, él correspondió a mi gesto, envolviendo mis brazos con los suyos - ¿Estás segura de que no es por nada malo?

Negué con ganas, besando sus mejillas.

Luego de eso, él mismo me ayudó a elegir el que ahora es mi hogar.

Tiene dos habitaciones separadas, una cocina estilo americano, amplia, al igual que el baño, donde hay una tina y una ducha en distintos lugares. Otra habitación que sirve como guardarropa, y también una para lavado. Allí guardaba mi bicicleta, al lado de la lavadora, que compré a espaldas de mis padres. Lo real era que desde que me gradué de Hollywood Arts que quería vivir sola y no había tenido la oportunidad de decírselo a mí familia, ni tampoco encontraba el instante para dedicarme a buscar un lugar.

No demoré demasiado en el mercado. Busqué lo que necesitaba y nada más, porque sí lo hacía, lo más probable es que llegara con el doble de bolsas a casa. Trina y su estúpida influencia de compradora compulsiva.

A eso de las ocho de la noche, justo cuando encendía un par de inciensos y componía alguna melodía, sonó el timbre, extrañándome, pero no lo suficiente.

- ¡Pensé que dijiste que vendrías...!

Pero mi rostro se desencajonó de inmediato.

- ¿Qué pasa Jade? ¡Me asusta verte así! - atiné a expresar al abrir la puerta. Y es que ver a una Jade tan vulnerable, con una maleta en sus brazos, el maquillaje corrido, grandes ojeras y muchísimo más pálida de lo normal, cualquier ser humano piadoso y que sentía algún grado de aprecio, se preocuparía.

Ella no replicó nada, me hice a un lado para que pasara, y ella solo tiró el bulto en alguna parte de la sala y se largó a llorar en el sofá.

- ¿Es Beck otra vez? - intenté aliviarla acariciando su espalda y apartando sus cabellos de su húmedo rostro.

- Tengo seis semanas y terminamos ayer - soltó sin girarse. Yo no entendí nada, en realidad. Intenté unir los datos pero no asimilaba.

- ¿Seis semanas de qué Jade?

- Tori, estoy embarazada.

Un momento ¡ALTO! ¿Cómo se supone que debiera de reaccionar YO ante una noticia como esta?

- Lo siento Vega, pero no tenía donde más ir. Además Cat me dijo que te mudaste sola y... y no supe qué hacer cuando él me echó de casa - continuó sollozando en mis brazos, al momento de girarse, y mi cuerpo aun no salía del trance.

- Jade... De verdad, ¿Tú embarazada? - solté sin pensar ni unir realmente una frase.

Estoy en shock. No lo suponía ni esperaba una noticia así en éste instante... Pero ella me necesitaba allí, cuerda y consciente. Golpeé mentalmente mi rostro y conté hasta cinco para volver al presente.

Entre mis brazos se encontraba una débil y vulnerable Jade West, el mismo ser humano que me hizo la vida imposible durante mi estancia en la escuela de artes, la misma que juró odiarme infinitas veces. Pero sin embargo ella estaba ahí, confiando en mí algo tan personal y delicado. Algo que definitivamente cambiará su vida para siempre. Y me necesitaba.