Un minuto de silencio por el gato de mi hermana u.u

Aún no devuelvo los PM por sus reviews, quizás lo haga mañana. Gracias adicionales a Nara375 (Tori es ... ella. Primero dice sí y luego no, y viceversa, siento que siempre es así ) y Liz W.

Ahora bien, perdón por la demora. Espero que disfruten tanto como yo lo hice escribiéndolo.


Capítulo VII

Jade y Alphonse

Me pareció extraño que Jade aún permanezca en la cama, incluso siendo cerca del medio día. Fui a verla y noté que no pretendía levantarse todavía, porque permanecía dormida.

Me aproximé y descubrí que no llevaba ropa. Solamente las sábanas cubrían su cuerpo desnudo.

Sin medir en consecuencias, besé su mejilla buscando reacción. Nada. Seguí bajando, inhalando el olor de su cuello y besándolo luego. Terminé montándome sobre su cuerpo y quitando de a poco las sábanas, cuando deposité mis labios sobre su nívea clavícula.

Su reacción siguiente fue entrelazar sus dedos tras mi nuca y atraerme a sus labios bruscamente. Correspondí a su beso con la misma hambre que ella. Sus labios se entreabrieron, dándole paso a su lengua que delineó mi labio inferior, entrometiéndose a jugar con la mía.

Mis manos temblaron, bajando por su contorno, dibujando en su vientre círculos imaginarios.

Nos separamos un momento para tomar aire y mirarnos.

- Qué manera de despertar.

Despertar. Despertar.

Me senté de golpe en la cama. Todo fue un sueño. Un excitante, pero jodido sueño.

Aún tenía en mi mente las sensaciones que tuve en mi mundo onírico, hace un instante. Miré a mi lado y me fijé en que ella todavía seguía dormida a mi lado. Con ropa por supuesto.

Mi celular me daba las 11:06 A.M. Me tiré de vuelta a la almohada cerrando mis ojos. Rayos. Fue tan real. Pero debía olvidarme de eso. Por mi bien, el de Alphonse y el de Jade.

Todos estos pensamientos deben valerse porque me siento vulnerable al lado de mi embarazada amiga. Ella busca un apoyo, aunque me haga creer lo contrario, y yo lo único que hago es calentar mi cabeza yéndome por la tangente y confundiéndome sola.

Estoy abusando demasiado de la situación. O quizás ella vino al lugar equivocado a buscar ayuda, porque no soy lo suficientemente fuerte para lidiar con esto.

La pelinegra se removía entre las sábanas, inquieta, y en un momento en que no logré percatarme, me tenía presa de sus brazos sin escapatoria posible. Inhalé el aroma a frutos rojos de su cuello y me quedé allí, estática. No sabía realmente si despertarla o disfrutar del momento.

Me vi en la tentación de besar su piel pálida, mas debía mantener autocontrol ¿Qué tipo de explicación daría si despierta?

No te preocupes, te besé porque tenía ganas ¡Por supuesto que no!

Su respiración era pausada y acompasada. Y mi estómago se revolvía, y el resto de mi cuerpo se llenaba de sensaciones que ningún chico pudo alcanzar.

Y entonces de nuevo me di cuenta de que me estaba desviando. No DEBO tener éste tipo de pensamientos ¿Por qué compararla tan innecesariamente con los demás?

-Deja de manosear mi trasero, Vega.

¿Pero qué...?

-¿Te hacías la dormida Jade?

-Sí. Porque quería ver hasta dónde llegabas, y parece que bastante lejos.

-Ugh con qué ánimos tan pesados despiertas... Fue sin querer.

Me senté con un sonrojo que abarcaba hasta la punta de mis pies. Pase por sobre su cuerpo, notando su ceja arqueada y esa sonrisa de medio lado que me mataba.

-Haré omelett con tocino. No te levantes - le ordené y recalqué la última frase.

Ella se volvió y gruñó al verme cruzar el umbral.

Sosegué ante los pensamientos impuros que comenzaban a atacar mi mente, los que involucran a Jade, una camisa extra larga, y yo.

Aún no comprendo cómo es que puedo despertar pensando en ella y no a quien yo quisiera, en el fondo de mi alma, pensar. Y eso me está cabreando la cabeza, realmente.

Tengo que cortar con esto ya. No merezco a alguien como Alphonse a mi lado. Ni él merece no saberlo. Debe saber que mi mente se está confundiendo lo suficiente como para hacerme dudar de mis sentimientos por él, aunque ella no haya accionado nada, por supuesto, aparte del hecho de que venga a por mí buscando ayuda.

Y tengo que admitirlo, de una buena vez. Jade y toda la extensión de su existencia me hacen más que dudar de mi sexualidad. Es decir, nunca, aparte de ella me he puesto a pensar en otra chica, de esta manera. Sé que no es considerado "normal", pero el mundo está cambiando, o eso era lo que sabía hasta hace un par de días.

Suspiré buscando los huevos, la mantequilla y el resto de las cosas que utilizaría. Además, agregarle leche, café y zumo. Tomé una bandeja para llevarlo todo a la cama.

Siéntate bella durmiente, que deben comer - la mitad de su cuerpo se apareció sobre las sábanas, con el pelo hecho un revoltijo. Sonreí al ver que se tallaba los ojos con sus dedos, y bostezaba. Era la pereza viviente. Me acerqué dejando todo en sus piernas, sentándome a su lado.

-¿Has visto la hora que es? Ya va a ser medio día y tú haciendo desayuno.

-Da igual la hora, Jadey. Tú estás embarazada, y debes comer. El otro día te desmayaste porque no me habías dicho que no comiste nada durante todo el día anterior ¿Quieres correr ese riesgo de nuevo? – tomé un trozo de la tortilla de huevo, y lo corté, dispuesta a dársela en la boca si era necesario – Por favor Jade, hazlo por el pequeño – muy contra su voluntad, como demostraba ser, abrió la boca, dándole paso al tenedor. Se lo di, para que siguiera sola.

La dejé para que comiera en paz. Le dije que iba a juntarme con Alphonse fuera del departamento, para darle un espacio.

Aprovecharíamos el tiempo que tenía de descanso, para conversar. Lo cité en una cafetería cercana a la oficina de la revista de Rolling Stone, donde debía él entregar la toma que sacó su jefa al personaje que sería portada este mes.

-¿Y bien? – habló apresurado, sentándose frente a mí, después de pedir un cappuccino y un exprés – Sabes que no tengo mucho tiempo, Leibovitz me quiere en dos horas en Illinois.

-No te haré interferencia en nada…

-Entonces prosigue Tori. Me preocupa el porqué no has querido verme desde que tu amiga llegó a tu departamento. Además, ¿Aún sigue en pie lo de ir a ver a tus padres juntos?

-Alphonse… escucha. Yo... – suspiré. No era fácil, más con el infortunio de tener poco tiempo. – Estoy confundida… necesito un período para aclararme. Jade requiere muchísimo lugar, y yo estoy dispuesta a dárselo. Y creo que lo nuestro no compatibiliza con mi situación actual. Además sólo ocupo eso, un tiempo. No es que no te quiera, pero…

-Pero nada Vega. Ja, sabía que pasaría esto en un momento, la falla estaba en cuándo. Jamás pensé que sería en menos de una semana. Menos una maldita semana te bastó para que llegara alguien más y te olvidaras. Y así dices quererme… - terminó hablándome burlesco, mientras entrecruzaba sus dedos frente a su rostro. Una sonrisa que identifiqué como sádica, apareció, aterrándome.

-No es lo que piensas Alphonse, ¡Te quiero en serio! Y como te quiero, pensé que comprenderías.

-Lo hago, y muchísimo. La única que no comprende aquí eres tú, Tori. Ojalá te esclarezcas, y me aclares todo. Ahora tengo que irme, tengo mejores cosas que hacer.

-Allie, no te enojes de esa manera… - susurré al verlo marcharse, sin tomar ni un sorbo de su exprés.

Una pequeña lágrima rodó por mi mejilla al verlo cruzar el umbral a toda velocidad, enojado. Comprendía su actitud, pero de igual manera me dolía. Mis manos temblaban frente al platillo de la taza, y mi labio inferior también tiritaba.

La campanilla de la entrada del recinto sonó, anunciando la entrada de alguien nuevo. No tenía fuerzas para levantar mi mirada.

-¿Qué haces llorando ahí sola, Vicky? – oí, de una voz conocida para mí.

-Gina… - susurré. Se movió agilmente hasta mi mesa, tomando el lugar que antes tenía el chico inglés. Ella posó su mano en mi hombro, acariciándolo. Me pasó una servilleta para limpiar mi rostro. La miré, notando una débil sonrisa que se dibujaba en sus delgados labios.

-¿Qué sucedió para que estés así, Vic?

Suspiré y sollocé una vez más. Lo mejor sería desahogar todas mis frustraciones y problemas con mi compañera de trabajo. Meció su cabello rizado, y rojizo. El aroma a fresas, embriagó mi nariz.

-Acabo de terminar con Alphonse. – ella entreabrió sus labios intentando pronunciar algo, pero no dijo nada. – Sé que me dolerá muchísimo, pero es lo correcto…

-¿Por qué lo dices? Si estaban tan bien…

-Verás… espero que me oigas primero, y luego me des tu opinión ¿bien? – ella asintió, soltándome, y acomodando sus manos a los costados del, ya tibio café. Inhalé profundo dispuesta a seguir. Sonreí, dándome fuerzas. – Hace unos días que llegó una amiga a mi departamento. Tuvo problemas con su novio y se fue de casa. Y hmm… digamos que antes sentí cosas por ella, cuando la conocí en la escuela de artes. Creí que había olvidado todo, pero parece que no, y no quiero terminar dañando a alguien más por mis caprichos.

-¿Pero ella siente lo mismo por ti?

-No, pero aún así, es mejor aclararle todo a Allie antes de que, siquiera llegara a pasar algo más grave, y tal parece que no lo tomó así. Él sólo se marchó, y no me dejó explicar bien todo.

Gina me miró durante un largo momento, meditando. A pesar de que ella tuviera sólo 25 años, era bastante seria y madura. Ha sido siempre a quien recurro en una situación como esta, y ha caído excelentemente bien el que esté justo aquí ahora.

-Vaya… primero que todo nunca pensé que fueses del otro equipo. – me sonrió. Sus ojos verdes se posaron fijamente en mi cara, analizándome. – Y tampoco soy quién para juzgarte con lo que haces con tu vida privada. Lo segundo, es que, si tu amiga ha llegado a ti, es por algo. Quizás esta situación te ayude a ver si acaso lo de esta chica es de verdad, porque después de todo ¿Cómo es que ha durado tanto ese sentimiento en ti? No te frenes, si lo que sientes es de verdad, Vic. Tercero, Alphonse siempre me pareció una patán. Lo siento, pero es verdad ¡Sólo te quería por un rato! De lo contrario, dime, ¿Acaso tomó algún compromiso contigo? ¡Nunca!

La quedé mirando, tomando de mi café. En parte tenía razón, pero eso no le quitaba el dolor que estaba radicado en mi pecho. Ardía, y no de una buena manera.

Con él, solo eran momentos, y días. Jamás un plan más allá de una semana. Siempre más preocupado por su trabajo con la famosa fotógrafa, que por nuestra relación. Pero aún así, no podía echarle la culpa de algo que sólo yo había hecho.

-Tienes razón, pero también he sido culpable de todo esto.

-Y no te lo niego, mas ve el lado positivo, has sido sincera con él y ya no te molestará más. Un obstáculo menos para estar con tu chica. – me guiñó un ojo sacándome una risita. – Ahora dime… ¿Quién es la afortunada?

-Se llama Jade…

-Jade… Jade… ¡Lo tengo! ¿No era aquella que te hacía la vida imposible? No me digas… oh, Dios… Vicky, siempre sentí que algo extraño ocurría con ustedes. De ella era de quién más has hablado, pero jamás pensé que estabas enamorada de ella.

-¡No estoy enamorada! – grité, sobresaltando a la poca gente que estaba dentro del local, todas las miradas se posaron frente a mí, poniéndome roja.

-Mira si hasta te sonrojas, qué lindo gesto... – su celular interrumpió lo que iba a decir. Al parecer era el productor, por lo que oí del altavoz. – Diablos, yo solo venía aquí por unas donuts, y terminé hablando contigo. Como sea, ten ánimos, no será mucho dolor nena, si lo sabes sobrellevar, nos vemos Vickie y por favor, mantenme al tanto ¡Nada es imposible si se trata de amor!

Se fue tan sorpresivamente como llegó. Pagué la cuenta de ambas bebidas y me marché. El sol estaba pegando fuerte afuera, calentando mi cuerpo, quitando ese estúpido frio que me mataba.

Gina tiene razón, lo hecho, hecho está. Ya no tengo que lamentarme más, puesto que ya está, lo hice. Tengo 20 años, no quince, y no debo por qué estar llorando por un amor, como una escolar.

Me paseé por el centro de Hollywood, haciendo una visita fugaz a la clínica, programando una hora con el ginecólogo para el Lunes que venía, y terminé mirando las tiendas de maternidad. Entré, y los colores suaves y diseños de animalitos me dieron la bienvenida. Estuve mirando, embobada, las prendas tan pequeñas, de recién nacidos, bebés un poco más grandes y algunas ropas especiales para futuras mamás.

Si mal no recuerdo, Jade y yo tenemos la misma talla, por ahora. Le compré un chaleco verde moho que rezaba "Mi más grande proyecto" y señalaba hacia el vientre, unas medidas más grandes, para meses posteriores, también incluí unos pequeños zapatitos, y un par de trajecitos de color amarillo, y blanco.

Volví al departamento, más repuesta, como a las siete de la tarde. Ella había mantenido el orden y estaba viendo en ese instante Miami Ink. La saludé mientras me sacaba los lentes de sol y sus ojos se agrandaron al ver los míos hinchados.

- ¿Qué pasó Tori? – parló confundida. Tuve que olvidar que la actriz no sabía nada.

- Terminamos. – dije. Y las lágrimas volvieron a mi tan rápido como ella corrió a abrazarme. Sus brazos me reconfortándome demasiado. El mundo me daba vueltas cuando oculté mi rostro en su hombro y ella mimaba mi pelo. Me dolía respirar, suspirar y todo. Me dolía por mucho que intentara negármelo.

-Lo siento mucho. Sabes que no hablaba en serio cuando antes bromeaba, y ahora, debes estar pésimo, y te entiendo cómo no sabes cuánto. – murmuraba en mi oído mientras me arrullaba. Sus manos dibujaron figuras imaginarias en mi espalda, creándome una sensación extraña en mi estómago. El olor a arándanos que siempre acompañaban a su pálido cuerpo contribuían más a mi mareo.

Me dejé acariciar mientras me conducía a la cama. Besó mi frente cuando nos arropaba al tiempo que se posaba al lado mío, sin soltarme en ni un instante. Me apegó tanto a ella, y sus manos me mimaban con tanta sutileza que no noté cuando su voz dejó de resonar en mi interior, dándole paso a Morfeo.

Era tan relajante, en ese instante, el estar al lado de Jade, mi amiga. Ella estaba allí, dándome el consuelo que justo necesitaba en ese instante.