Y tal cómo si Jori4Ever lo hubiese predicho, aquí el punto de vista de Jade. Lo dividí en dos partes, así que éste y el próximo habla ella.

Nara375, Gina comenzará a ser el cable a tierra de Tori.

Rox y elyshakespeare, ¡Gracias!

Además actualizo hoy porque mañana es mi cumple y tendré demasiado qué hacer. Así que, ¡Disfruten!


Capítulo VIII

El bebé.

JADE 'S PoV.

Lunes por la mañana. Hoy tenía la bendita cita con el doctor a las tres de la tarde. Por mucho que intenté persuadir a Vega de ir, ella fue insistentemente segura en su decisión. Aún no comprendo por qué se preocupa tanto por mí, siendo casi sobre protectora en algunos casos.

La castaña salió temprano con la excusa de ir a comprar desayuno, aunque ya sé que es porque sale a fumar sin comer nada antes, su aroma la delata. La mezcla de nicotina y chocolate se hace tan atractiva que me he pillado varias veces oliendo sus chalecos inconscientemente.

Y ahora que lo pienso, su actitud ha sido extraña estos últimos días. Pensé que la vería peor después de saber que terminó con el chico ese, pero me lo oculta, o eso trata. Más de una vez me la topé en la azotea del edificio, ella sólo sonríe y pasa a mi lado. Son los mismos días en que presiona más fuerte sus dedos en mi vientre. Es la posición más recurrente en la que dormimos. Por supuesto, no cumplió con irse a la otra habitación.

Ugh. Nunca he sido buena subiéndole el ánimo a las personas, por eso no sé cómo tratar con Tori luego de su ruptura reciente y me frustra, por el hecho de querer devolver, en parte, todas sus amabilidades.

Mi celular se ilumina en la mesita de centro. Cuatro mensajes recibidos.

/Lo siento mucho por todo lo que he hecho y dicho en el último tiempo. He perdido los estribos con el tiempo, y no supe reaccionar bien cuando me has dado lo mejor de mi vida ¡Un pequeño Beck o una mini Jade andará por el mundo! Por Dios. Sé que he sido un idiota, pero también sé que te amo, a ti y a nuestro bebé. Por favor, justo ahora te necesito más que todo, y por eso quiero arreglar las cosas ¿Podemos conversar? Beck./

Lo releí unas seis veces seguidas, antes de siquiera suspirar. No era la primera vez que él me enviaba éste tipo de mensajes. De hecho, era el tercero en cinco días, después de ir buscar las cosas a casa, y de bueno, pelear una vez más. Aunque me sorprendió de que mencionara mi estado por primera vez...

A pesar de eso, todavía no me siento confiada en hablar con él. Sé que terminaría, o volviendo a lo mismo de antes, o sencillamente con un mar de lágrimas.

Porque si algo ha cambiado con esto, es que estoy demasiado sensible, llegando a llorar por una estúpida película, o por ver un perro vago. Agregando vas molestas nauseas o dolores de estómago, a veces muy frecuentes.

Y eso que recién voy en la sexta semana, o algo así.

Volví a recordar el mensaje, al chequear la hora en el móvil. No se lo haré muy fácil, si cree que con un texto me convencería. Aún tengo algo llamado orgullo y dignidad, y ni él ni nadie vendrá a pasar por sobre eso. Más ahora, con mi futuro hijo, tenía una vida que cuidar, con su ayuda o sola.

No le respondí nada. No valía la pena perder mi tiempo en eso.

-¡Hey ese ceño tan fruncido! Esos músculos explotarán. - Vega me molesto de pronto al cerrar la puerta tras ella. Me sonrió, pasando de largo a la cocina. - ¿Qué te traes ahora Jade? ¿Te sientes mal?

-No es eso... - suspiré, acariciando mi, aún, vientre plano. - Es Beck.

Sus ojos se abrieron, sorprendidos, y tomó rápidamente asiento a mi lado. Su expresión era contrariada, al momento de presionar mi hombro. Creyó que era difícil para mí, o algo por el estilo.

-¿Y entonces? - dijo antes de morder su labio inferior. No comprendí por qué se le hacía tan arduo el expresarse. Arqueé una ceja, interrogante. - ¿Qué pasó con él ahora?

-Nada, en realidad. Me envió un mensaje pidiéndome perdón por todo, y que pensara en volver a su lado... Y yo por supuesto que no lo haré.

-Ya veo... Aún así, ¿No sería bueno que se vieran? Después de todo, tú aún lo quieres, ¿No?

-Ugh, Vega. El hecho de que lo quiera, no implica que terminemos y volvamos cada vez que se nos plazca. Ahora es más complejo y no quiero arruinar nada ésta vez.

Ella me miró a los ojos, buscando algún indicio de emoción, según lo percibí. Mordió su labio inferior, y cerró sus parpados una vez más, examinando lo que luego diría. Es tan fácil de leer sus expresiones, que cada vez que actuaba en Hollywood Arts, algo de su propia personalidad quedaba dentro de sus personajes.

-Lo que sea que decidas, te apoyaré siempre. Recuerda eso Jade. - me sonrió finalmente, besando mi frente y marchándose a la habitación, en una actitud extraña.

Todavía no logro acostumbrarme a sus atenciones y mimos. Es incómodo cuando me abraza o besa mi frente, me siento como una muñeca de porcelana, y no me gusta. Y luego, cuando intento hacer lo mismo, se aparta con alguna excusa. Es tonto, pero bueno es Tori.

Resolví en ir junto a ella al médico, y siquiera decirle a Beck que iría. La castaña parecía más ansiosa que yo en todo el trayecto hacía la clínica. Hablaba y hablaba llegando a hartarme, pero debía armarme de paciencia, a regañadientes.

-Jadelyn August West. - oímos en la sala de espera, poniéndonos de pie al instante.

-Ni creas que me perderé esto - me dijo arrastrándome dentro de la otra habitación, sabiendo que lo más probable era que saliera corriendo de allí ¿Alguna vez dije que tenía latrofobia*?

Una camilla, un monitor frente a ésta, una mampara metálica, un carrito con las herramientas y utensilios -dónde brillaba una hermosa tijera la cual aún no obtenía-, una máquina para medir la frecuencia cardíaca, otra que no supe para qué servía, y una ginecóloga rubia y sonriente nos dieron la bienvenida.

Comencé a temblar al ver las maquetas de fetos, de los órganos reproductores entre otras cosas. Las agujas, las malditas agujas que estaban en la punta de cada jeringa me intimidaban. En el botiquín de puerta transparente alcancé a diferenciar fármacos, jarabes y gotas, estaba allí, esperando a ser abierto, para que alguno de sus componentes me intoxicara.

Miré de nuevo a la profesional, que en su placa de su blusa roja decía Dra. Stevens., y su cara me pareció lo más terrorífico que haya visto jamás. Era como una película de terror de la que sabía que no disfrutaría en ni un instante.

Vega jaló de mi muñeca, y me senté en la camilla.

-¿Qué te trae por aquí Jadelyn? – habló la rubia. Su voz era más ronca de lo que esperaba.

-Jade. Dígale, Jade, doctora. A ella no le gusta que le hablen por su nombre.

Stevens asintió hacía Tori, tomando la planilla y acercándose a mí, sin quitar su sonrisa. Temblé cuando me miró como queriendo achicarme. Ugh, estúpido síndrome que me pone miedosa.

-¿Ustedes son pareja?

Por supuesto que no. – sentenció Vega antes de siquiera alcanzar a abrir la boca. Volvió su rostro a los diplomas que presumían las murallas. Todos con el mismo nombre. – Amigas, nada más.

-Qué lástima... Pero, como sea. Aún no me entero por qué están aquí.

-Jade está embarazada.

Los dos pares de ojos se posaron en mí. La ginecóloga se paseó, frente a la camilla mirándome de arriba-abajo, acelerando mi respiración.

-¿Te has realizado algún chequeo antes?

Abrí la boca para contestar, pero terminé balbuceando. Respiré profundo y aclaré mi garganta.

-N-No, sólo me hice el test.

-¿Cuántas veces?

-Una.

-Recuéstate entonces.

Encendió el monitor, y las máquinas extrañas. Miré a Vega y noté como intentaba mantenerse a la margen, apoyada sobre la puerta. Le hice caso, un poco nerviosa. Anotó un par de cosas en la hoja que tenía en la mano.

-Ahora, levanta tú camisa. Aplicaré un gel, que es bastante frío, en tu abdomen. Luego con el ultrasonido veremos qué es lo que tienes para mí.

Le hice caso al instante. Me sorprendí temblorosa y ansiosa, al desabrochar mi prenda. Cerré mis ojos al sentir aquella pegajosa y refrescante sustancia ser esparcida por mi estómago. Los volví a abrir cuando otro objeto dibujaba círculos sobre esto.

-Mira la pantalla Jade.

Fijé mi vista al frente, medio sentándome, y una sensación llenó mi ser.

-¿Oyes ese pequeño boom boom? Es el corazón de tú hijo. Felicidades, tu embrión tiene siete semanas.

Era simplemente hermoso. Aquel golpeteo abarcó todos mis sentidos, haciéndome olvidar mi fobia y todos mis problemas. El bombeo latente lo sentía en mis oídos. Era mi hijo, la primera vez que lo veía. Era algo tan pequeñito y lleno de vida que hacía llorar de felicidad. Él estaba en mí ser, creciendo dentro de mis entrañas. Se había robado mi corazón con sólo ver latir el suyo.

Era tan minúsculo que deseé tenerlo ya en mis brazos, para cuidarlo, para enseñarle el mundo. Para aprender de él.

Mordí mi labio inferior, intentando retener mis lágrimas, pero no podía. Y realmente no quería. Por primera vez no me importó el que me vieran llorar, porque lo hacía de felicidad.

- Es maravilloso Jade - sollozó Vega acariciando mi hombro. Limpió sus propias lágrimas y luego las mías. Qué mujer más sentimental.

- Te amo pequeño, y siempre lo haré.


Latrofobia (iatrofobia): miedo injustificado y anormal hacia todo lo que tiene relación con la medicina incluyendo inyecciones, medicamentos, cirugías , pasando por enfermeras y los propios médicos.