Aquí yo otra vez! Actualicé antes de lo que esperaba, porque... no sé en realidad, tenía ganas de hacerlo. En realidad, aún intento fusionar lo que es escribir/trabajo/y casa, me cuesta pero estoy maquinando en éso. Tal vez sea la razón adherida a que a veces me demore más de lo presupuestado, agregando también que me he detenido en la creación del capítulo XIV, porque no hay tiempo, miserablemente no tengo tiempo.

Nara375, Vega siempre ha actuado raro, incluso en la serie.

Minecrandres, Vaniap0211, JORI4EVER, Liz W y ElyShakespeare, muchísimas gracias también.


Capítulo IX

Beck y Alphonse; Aclaremos todo.

Jade's PoV

Al salir de la consulta, mi compañera de me rogó por ir a comprar rápido un par de proteínas encapsuladas que me recetó la especialista. Al final me corrompió con un par de tijeras iguales a las del médico. Jamás se me pasaría el vicio por esos objetos.

Stevens dijo que el ácido fólico y otras sustancias, se volverían mis mejores amigos por los próximos meses si deseaba una evolución positiva, y Vega no lo paso por alto. Terminamos en un restaurant de comida italiana, entre Sunset y Hollywood Blvd., luego de comprar en la farmacia. El olor intenso a orégano, albahaca y queso me provocó nauseas.

-¿Todo bien? – preguntó la castaña la verme cerrar mis ojos. – Siéntate, estás pálida.

Le hice caso, agarrando la primera silla y tratando de regular mi respiración. El oxígeno volvía a mis pulmones, de donde no supe nunca que habían desaparecido, cuando la cantante me echaba aire con un papel que no me preocupé en reconocer. Entreabrí mis párpados notando la preocupación en el rostro de la chica. Aparté sus manos, cesando.

-Tranquila, ya está todo mejor. Al parecer tengo cierto rechazo al olor a orégano y queso. Ugh, con lo que me gustan.

- Con nauseas y aún así piensas en comer. Nada cambia en ti Jade. Vamos a sentarnos.

El administrador del lugar se acercó gentilmente a preguntar cómo me sentía, diciendo que había visto la escena. Nos dio una mesa un poco más apartada del bullicio, donde no tendríamos interrupción alguna. Alcancé a notar cierto doble sentido en sus palabras ¿Qué le pasaba al mundo hoy con juntarme con Tori?

-¿Por qué me traes un restaurante, Vega? – le dije incómoda con la mirada persistente que tenía sobre mí desde que nos sentamos. Traté de ocultar mi estúpido sonrojo tras la carta extensa que tenía frente a mí.

-¿No te aburres de estar en casa? Lo hice para salir, nada más. – habló, con esa sonrisa que hacía crecer aún más sus ya gigantes cachetes.

-¿Objetivo final? Jamás haces algo sin querer algo a cambio.

-Ésa, eres tú. Pero bueno, haz dado en el blanco. Quería preguntarte por la moto que vi en la casa de Beck el otro día…

Esto no pinta bien. Primero, porque quería presionarme a algo, lo sabía. Algo de seguridad cruzó por su mirada. Por suerte nos interrumpió, aunque no por mucho tiempo, el mesero. Pizza para Tori y fetuccinis con salsa de salmón ahumado para mí.

-Así que, ¿qué hacían tú y Beck en el cartel de Hollywood la otra vez?

-¿Qué?

¿Cómo se había enterado? Ese fue el día en que supe que estaba embarazada. Siempre procuré en no darle demasiados detalles de esa noche, en específico, porque no me traía muy buenos recuerdos.

-Vi la moto en el antejardín de la casa cuando fuimos a buscar tus cosas. Además, presencié tu "incidente" allí, porque estuve con Alphonse ahí esa noche. Iba a ir tras de ti, porque tu voz se me hizo conocida, pero él no me dejó.

Tragué saliva. Me acorraló en un callejón sin salida. Era mentirle descaradamente, cosa que no funcionaría ya que me comenzaba a asustar la forma tan completa en la que me estaba conociendo en el último tiempo, ó finalmente soltarle todo, quebrándome psicológicamente frente a ella una vez más. No era muy eludible esta situación, en ningún modo.

Me apresó con sus ojos, mirándome fijamente. Mi sangre fluía a través de mis oídos, acalorándome.

-Jade por favor, dime. – me exigió. El mesero interrumpió de nuevo el momento, ganándose una mirada fulminante por parte de la chica frente a mí. El joven se largó raudamente, perdiéndose tras el bar.

-Viendo que no me dejas escapatoria, lo haré… - suspiré, intentando acomodar las palabras en mi mente. – Fue antes de ver el test. Beck fue a buscarme a casa de mi tío, donde estaba con las pequeñas enseñándole un par de notaciones musicales. Si bien recuerdo, fue cerca de las diez cuando estuvimos ahí, ¿No? – ella asintió, incitándome a seguir. – Ya en ese instante me sentía irritada, sin saber por qué. Él se ofreció a llevarme a casa, como siempre. Aunque me avisó que haríamos una parada adicional ¡Yo sólo quería llegar luego a dormir! Pero no, Oliver y su estúpido discurso de "Nos hará bien, no quiero terminar una vez más", y blah blah blah. El argumento que más se trae para mí. Me sacó de mis casillas y él intentó dominarme como siempre, ¡Cómo si fuera un estúpido animal! El asunto es que, en ese instante estaba un poco aturdida y todo eso…

-¿Entonces por eso te trató de bruja?

-Le saqué de quicio, Tori ¿Quién soportaría a alguien tan irritante y irritado?

Vega bufó molesta y murmuró algo que no alcancé a oír. Hizo una mueca y comenzó a atacar su pizza, dejándome con la pregunta en el aire.

-Justo ahora no me gustaría que te juntaras con él. Parece como si justificaras todo lo que te ha hecho. Y en realidad es un grandísimo idiota, egoísta y ciego.

No pensé que ella se pudiera referir así a alguien que fue su amigo. Su tono enfadado me dejó entrever que esto le afectaba un poquito más de lo que quería demostrar. Y debía admitir que en parte tenía razón, aún a pesar de todo, seguía defendiendo a Beck, culpándome a mí misma por una situación de la que sólo salía perdiendo.

- ¿Por qué terminaron tú y Alphonse? Nunca has querido decírmelo.

Los gestos de su rostro variaron, vertiginosamente, de enfadada a nerviosa. Se echó rápidamente pizza a su boca, y desvió la vista al patio. No te escaparás Victoria, ahora te tengo en mis garras.

-Eso es asunto de nosotros. – contestó secamente.

Al terminar su plato, buscó en su bolso sus cigarrillos, encendiendo uno al instante. Si antes estaba enfadada, ha pasado a la furia.

-Eh, ¿Vega? Aquí no se puede fumar. Y yo estoy un poquito, muy, preñada, y es sabido que me hará mal el humo del cigarrillo…

Me miró de nuevo, como intentando taladrar dentro de mi cerebro. Victoria Vega enojada puede ser peor que yo. Fregó el cilindro en el plato, rompiéndolo a la mitad. Movía su pie insistentemente, y apretaba sus dientes. Finalmente frunció su ceño, suavizando la expresión molesta.

-Lo siento Jadey. No quise… demonios. No sé qué me pasa. – balbuceó posando una mano en su frente, masajeando su sien. – No debo desquitarme contigo.

-Tranquila, después de todo, has apagado la colilla y todos estamos felices.

Alzó la mano que tenía en el rostro pidiendo la cuenta, cuando terminé mi plato de pasta. No entiendo qué es lo que le molesta tanto, si me ha preguntado por algo puntual, yo hago lo mismo ¿De esta manera es cómo uno se siente cuando espera algo y no pasa? Siempre estuve en la otra vereda, exigiendo a todos una explicación y sin darle ni una a nadie. Se sentía extraño.

Al llegar a casa no fue más que silencio. Un incómodo y largo silencio, que se prolongó hasta que tomé mi guitarra y acomodé mis dedos para ensayar mejor la canción de The Doors que estaba sacando. Ese mutismo general me sirvió para concentrarme mejor en la labor de hacer un buen cover de la canción.

Tori se pasó lo que quedó de tarde encerrada en la recámara. Tal vez fastidiada, quién sabe. No iría a rogarle una disculpa, no señor, siquiera cuando sé que he sido yo quien ha provocado su molestia.

Mi teléfono se iluminó con la imagen de Cat parpadeando.

-¿Jade?

-¿Quién más sino soy yo?

-Podría ser Tori quizás… - gruñí al recordar que la castaña seguía molesta conmigo. Mi amiga rió.

-¿Qué quieres? Estaba ensayando.

-¿Tienes una banda Jade? ¡Amo las bandas!

-No Cat, ¿Recuerdas que te dije que quería aprender un par de canciones? En eso estaba…

-Ya veo…

De nuevo silencio, aunque ahora era inexplicable ¿Seguía ella con sus déficit atencionales?

-Caaat…

-¿Qué, Jade?

-¿Para qué me llamabas?

-Oh, eso. – se echó a reír con su tan característica carcajada, robándome una sonrisa estúpida a mí también. – Beck ha venido a mí casa pidiéndome saber dónde estás.

-Qué insistente es… ¿Tú le has dicho que estoy en casa de Vega?

-No, nada de eso… pero se veía que estaba desesperado. Me dijo que estaba arrepentido y me dio una jirafa, que es amigo de Señor Morado.

-Ugh, ¿Aún conservas esa cosa?

-¡Yep! ¿Cómo podría abandonar algo que me gusta?

Bufé encontrándole razón. Cuando me fui de casa de Oliver lo único que deseaba era rescatar mi guitarra. Era lo único que me salvaba de la demencia potencial que amenazaba con atacarme en ésa casa. Aunque la asimilación me parecía absurda, era lo único con lo que lograba comparar entre su estúpida jirafa morada y mi guitarra, hablando de 'cosas que gustan'.

-¿Dijo algo más?

-No, ¿Debería hacerlo?

-Para nada, de lo contrario…

-De lo contrario mis patrañas, te has vuelto tan inofensiva con tu embarazo, que tus amenazas parecen las de un gato, Jadey… - volvió con su risa contagiosa, pareciéndome sin sentido. – Jade eres un gatito. Mira si hasta tienes cola, ¡Yay! Estás jugando con un hilo.

-¿Eh?

-En mi mente... te he imaginado como una gatita negra gruñona que ahora lame sus patitas. – Ugh jamás dejará de ser niña… y no podría ser capaz de cambiar su forma de ser. - ¿Está Tori por ahí? ¡Debe saber esto!

-Creo que no es una buena idea Cat.

-¿Por qué?

-Digamos que he metido un poco la pata…

-Jade West. – cambió su tono a aquél que pone cuando está dispuesta a ponerse seria si es necesario. - ¿Qué le hiciste a Tori?

-¡Sólo le hice una pregunta! Estábamos hablando… y surgió la ocasión para preguntar por qué terminó con Albert. Se enfadó y no habló mucho más después de eso.

-¿No era Alphonse? Como sea. Si antes no te lo dijo, es por algo. Dale tiempo, y pídele disculpas ¡Eres tan curiosa como un gato!

-No me sigas comparando con animales. Y no le pediré disculpas.

-Debes hacerlo Jade. Tú y Tori son tan tercas que se ignorarán aún teniendo que respirar el mismo aire.

-Maldita seas Cat. – alegué ¿Por qué siempre debía tener la razón cuando le daba con su parte seria? Detesto admitir, aunque ella no lo sepa, que tenga la lógica en sus manos cuando le da su fase de sensatez momentánea.

Le corté pronto, no queriendo alargar mucho más esa conversación. De todo, tenía dos datos importantes. Beck estaba profundamente arrepentido, y debía pedirle disculpas, casi obligadas, a Vega por andar de curiosa y por mis actitudes un tanto estúpidas. Ok, muy estúpidas. Todavía no comprendo cómo es que ha soportado mis pesadeces a través del tiempo, y cómo es que no me grita, y termina pidiéndome perdón ella. Sin embargo ahora es mí turno hacerlo.