Shingeki no Kyojin y sus personajes son propiedad de Hajime Isayama

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Historias de un beso

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Connie & Sasha

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Un sutil golpeteo en la ventana, la sacó de su sueño. Sin dudar y presa de la curiosidad, se destapó de las capas de su cama y tratando de hacer el menor ruido posible, para no despertar a sus compañeras de habitación, se asomó hacia el exterior, en la búsqueda del responsable de aquel ruido.

Desde afuera, Connie la saludó con su mano, en silencio y rápidamente le enseñó un trozo de tela que cargaba en su otro brazo, cuando lo desenrolló, había en él dos trozos de pan. Los ojos de Sasha brillaron.

Se puso su ropa, se calzó sus zapatos y de puntillas, salió de la cabaña de las chicas, al encuentro de su amigo.

En medio de risas, se alejaron unos metros del lugar y se dirigieron a la entrada del bosque, sentándose sobre un viejo tronco. Aquella noche la luna brillaba con luz propia, el ambiente estaba cálido, tranquilo. Sólo podían escuchar el sonido de un par de grillos cercanos a ellos.

– ¿Dónde sacaste esto?- Preguntó ella emocionada, sus tripas sonaban al percibir la comida tan cerca.

–Encontramos las llaves de la despensa - Le explicó Connie, mientras le entregaba un trozo a la chica. Sasha no dudó en pegarle un mordisco, dichosa. Connie sonrió divertido -Varios decidimos darnos un bocadillo nocturno esta noche.

– ¡Eso es genial!- Exclamó la chica, luego de tragar el pan-¡Podemos comer lo que queramos a la hora que se nos antoje!

–No es tan así, Sasha- Connie la miró seriedad- Si se dan cuenta que falta alimento, nos meteremos todos en un lío. Nos estamos turnando para no levantar sospechas.

–Tienes razón. Mejor ser precavidos- Sasha observó el pan que tenía en sus manos y volvió al ataque, esta vez con más ahínco que antes.

Connie sonrió al verla así, comiendo como un animalito. A pesar de que no se veía nada glamorosa ni delicada alimentándose de esa forma, a diferencia de su madre y su hermana menor, encontraba que Sasha se veía muy adorable y muy autentica.

– ¿Qué? -Habló Sasha con la boca llena de pan, al sentirse observada por él -¿Tengo una miga en la cara?

Connie tuvo que reprimir la risotada. La boca, la barbilla, su ropa ¡Hasta sus mejillas estaban cubiertas de migas! Sin embargo, decidió ser cauto y acercó su mano a la comisura de los labios de su mejor amiga, con el fin de sacar "la miga" que la aquejaba.

–Sí, tienes una acá- Le dijo antes de tocar su piel. Sasha se quedó quieta, esperando que su amigo la auxiliara.

Connie le quitó la miga con el dedo pulgar con rapidez. Descendió la mano, apoyándola sobre el tronco. Entonces, sin perder tiempo y sin un atisbo de dudas, inclinó su cara hacia adelante y posó sus labios sobre los de ella, dándole un corto beso.

Sasha abrió los ojos sorprendida, retrocediendo unos centímetros. Tragó rápidamente el trozo de pan, con dificultad, sintiendo como sus mejillas se tornaban de color. Connie en cambio, la miraba con absoluta calma.

Era algo que hace tiempo deseaba hacer, desde el momento en que su amiga se había convertido en algo más para él. Desde que se dio cuenta de que le gustaba Sasha y todo lo que se tratase de ella.

No le importaba lo que pasaría después entre los dos. Ya lo había hecho y eso era lo que importaba en esos momentos. Vivir el presente.

Sin embargo, del shock inicial, Sasha pasó a la risa nerviosa y finalmente a una carcajada sonora. Connie la miró sin entender.

– ¿Sasha…?

– ¡No tenías que sobornarme con comida para que me dieras un beso!- Exclamó la joven sin dejar de reír.

Entonces fue el turno de él para sonrojarse con violencia.

– ¡No fue así!- Se excusó avergonzado- ¡Simplemente se dio!

Pero Sasha no dejó que siguiera hablando y fue ella la que lo besó esta vez. Fue un beso más largo y más rítmico que el primero.

Cuando se separaron, se miraron a los ojos, sonrientes.

–Tú me puedes conquistar sin comida - Habló ella por fin, bajó la mirada al suelo sintiéndose un poco avergonzada- Yo también quería esto... hace tiempo.

Él sonrió, acariciando su mano con cariño.

–Pero a mí no me engañas ¡La comida te hace feliz! - Respondió él, de buen humor. Ella negó con la cabeza.

–Mira- Le indicó Sasha, para que la observara, alzó su mano a la altura de su nariz - Aquí está la comida. Y aquí- Levantó su mano por arriba de su cabeza - Estás tú.

Lo sabía desde el momento en que él se asomó por su ventana. El pan se veía -y estaba- delicioso, pero fue la sola presencia de él, lo que la hacía feliz y lo que finalmente la impulsó a escabullirse en medio de la noche. Era su compañía, su amistad, su cariño superior a todo.

–Me siento halagado. Ya quisiera ser así de alto- Se rió el aludido. Ella rió con él y dándole un breve beso, se apoyó sobre su hombro, terminando su trozo de pan. Él la rodeó con su brazo - Eres especial, Sasha.

Ella tragó el último bocado y mirando el cielo, sonrió con ternura.

–Tú también eres especial, Connie.