Capítulo XII

Último chance

Jade's PoV

Saturé. Terminé por hartarme de Trina Vega. La noche de la dichosa cena con toda la familia medio latina, esa mujer terminó por hastiarme. En serio ¿Cómo es posible que exista alguien tan inservible para la humanidad? La malicia propia de su pequeño y aneurótico cerebro cuestionaban cosas que, realmente, ni a ella ni a nadie le importa. Me tuve que morder las ganas de golpearla y tirarla por la ventana, sólo por dos cosas. Cat, y porque no era mi casa. Suficiente problema tenía allí Vega como para darle otro más.

Aún cuando se fueron y Tori me hizo prometer que comenzaríamos desde cero, no podía quitarme de la cabeza el hecho de que, si seguía en ése lugar, tendría que soportar a ese... intento de ser humano.

Aunque así fue como, en un momento de debilidad mental, gatillé en volver con el padre de mi hijo, accediendo a sus súplicas cada vez más frecuentes para que volviésemos. Pero es sólo por experimentar si realmente aún queda algo de afecto romántico por él.

Porque siendo sincera, en el último tiempo venía dudando en si en algún momento futuro me gustaría realmente volver con Beckett. O tener, siquiera un contacto mínimo con él.

Vamos, las atenciones de Tori no se sentía realmente mal, si lo comienzo a ver desde otra perspectiva. Me hace sentir que realmente le importo, pero ahora que me he ido sin decirle nada, lo más probable es que se olvide.

¿Por qué tendría ella que asumir responsabilidad alguna de algo que no le compete? Son mis asuntos, mis problemas. Mi vida.

Ha sido un error acarrear todas mis complejidades y demás hasta ella. Es momento de dejarla en paz, y olvidarme de una vez por todas de mis infantilidades. No necesito ni debo atraer más gente a mis cosas. Ya es suficiente con Beck. Incluso cuando la medio latina ya estaba hasta los talones en este embrollo, quizás sea lo mejor dejarla fuera de todo esto.

Entre pensamiento, y pensamiento, llegué fuera de la casa que me traía tantos recuerdos. El color sobrio de su fachada con el contraste perfecto de la motocicleta me daban la bienvenida. Marqué al número del canadiense, y corté antes que contestara, asomando su cabeza por la ventana.

-¿Quién demonios es capaz de interrumpir...? ¡Jade, bebé! ¡Volviste!– exclamó al final con una sonrisa fresca. Cortó su cabello y afeitó su rostro, haciéndome rememorar al chico que, en algún punto me volvió loca por él en la Escuela de Artes.

Corrió a mí cuando me vio con la guitarra en mi espalda, sin quitar su sonrisa. Mi estómago se revolvió cuando me envolvió en sus brazos y me embriagué con su olor a café. Mas no olía tan bien como el chocolate y tabaco de Vega.

-¿Cómo estás? – dijo dudativo poniendo sus manos a cada lado de mi cara. Las quité de allí suavemente, sin quitar el contacto con sus ojos. Es incómodo su tacto brusco en mi rostro.

-Tengo siete semanas, Beck – mordió su labio inferior sin saber, realmente qué hacer. Le sonreí desviando un poco mi rostro al interior de la casa, donde todo se veía en penumbras. Comencé a arrepentirme de estar allí, pero quería probar si realmente él ha cambiado. Además detestaría más el hecho de volver a ser una carga innecesario para Tori.

-¿Qué tal estás tú, Beck? – pregunté sentándome frente a él. Pasó una mano por su cabello y me miró fijamente de nuevo.

-Intentando encontrar mis respuestas a mis preguntas internas.

Traté de no indagar demasiado en aquellas palabras, porque, de verdad que no me interesaban. Siempre intenta hacerse el interesante, y esta no era más que una de aquellas ocasiones. Así que lo dejé hasta ahí, en ese incómodo momento donde Oliver con un orgullo patéticamente grande intenta agigantar los enigmas de su día a día, los cuales, no atraían interés alguno en mi persona, cayendo en un silencio prolongado hasta que carraspeó su garganta, notando mi falta de preocupación por el tema.

-¿Cómo está... nuestro bebé?

-Mi hijo. – aclaré ante su mirada atenta – Está bien.

Sabía que tendría interrogantes como esas.

Preguntó por el resto de las cosas, pero preferí no especificar demasiado. Se notaba cuánto le costaba ser prudente y no perder los estribos. Me aburrí de explicarle cosas, también. Quizás era él muy preguntón, ó ése día me encontraba con menos paciencia de la normal. Al cabo de unas horas me dejó en paz por un momento, yendo a su habitación. ¿En realidad sería así de patético? Él sin algún tipo de aguante mental, o siquiera mostrar un leve 'cambio' de aquél que tanto alardeaba, y yo, en la misma actitud por creer en que no mentiría esta vez.

Me quedé en la amplia y fría sala mirando a la ventana que daba a la calle vacía. ¿Realmente sería así siempre? Mis pensamientos no daban más que razón a lo que cierta parte de mí comenzaba a sopesar luego de salir del departamento de Tori. Erraba. Estaba errando desde lo más profundo de mis entraña si volvía a creer en su persona. Y no estaba dispuesta a perder demasiado tiempo sino daba nada de su parte. Absurdo. Yo buscando a Beck una vez más. Yo intentando arreglar las cosas. ¿Cuándo fue que… ? No tiene importancia suficiente el ponerme a pensar si Oliver tendría algún indicio de valentía en tiempos pasados. Siempre escapaba de situaciones de presiones, y yo esta vez le ayudé a su huída. Contribuí a su cobardía.

Y justo luego de asegurarme que, definitivamente, me bastó menos de medio día para darme cuenta de que estaba cometiendo un error, de los más ilógicos que he cometido en mi vida. ¿Cómo volver con alguien que no hace más que dañarme? Por supuesto que tengo cosas qué agradecerle. Pero me bastó el impulso de pensar con mi cabeza fría, fuera de repasar psicológicamente por los momentos buenos que vivimos, para darme cuenta lo que en el fondo él era. ¿En qué demonios estuve pensando al enamorarme de Beck? Egoísta sin tener mayor interés que en sí mismo, y siempre necesitando de alguien que le tome atención. Lógicamente, él es el centro de su propio universo. Y allí, en algún momento, ocupé nada más que un pequeño rincón. Lugar al que ya no pertenecía. Y tal vez, sólo tal vez las demás opiniones sí tenían razón. Beck Oliver no es más que un patán.

Sonreí al verle bajar las escaleras. Entonces, casi tan contradictoria de mi firme creencia de su narcisismo, volví a tener un poco de esperanza a que hubiese cambiado.

-¿Por qué no subes? – me dijo con voz ronca. Talló sus ojos y me devolvió la sonrisa, su posición en medio de la escalera. – Tenemos algo de qué hablar, Jadey.

¿Hablar? ¿El sexo ahora es hablar?

Mi estómago sonó y recordé la verdadera razón por la que estaba aquí. Mi bebé. Mi hijo. Mi razón más importante. Sólo por él, dejaría, por un momento, a un lado esos pensamientos tan certeros. Pero, ¿valdría acaso la pena intentarlo una vez más?

Negué con mi cabeza, sin quitar mi sonrisa. No, obviamente no.

-Lo siento Beck… pero parece que me he equivocado en venir hasta aquí. – no me sorprendió demasiado la carcajada sarcástica que soltó. ¿Podría siquiera esperar que me rogara? No lo hizo antes, cuando el amor lo tenía tan idealizado y personificado con su persona, y menos lo haría ahora, cuando trataba de alejarlo de mí por todas las vías posibles.

Amor. Actualmente, ese concepto me hace recordar a otra persona, y no él. Y me aterra de lo mucho que mi cerebro se empeña en demostrar que es lo correcto, me refiero a pensar en esa persona, la misma que no me atrevo a nombrar siquiera en mi interior, y no en Beck. Me aterra horriblemente, porque incluso llego a encontrarle razón, como si tuviera otra conciencia que intentase, inútilmente, refutar aquello. ¡Era absolutamente insano! ¡Ni en un millón de jodidos años! En tantos debates psicológicos estuve, tratando de negarme a mí misma la comodidad y confort que sentía antes, que no me dí cuenta de que el canadiense se acercó a mí, posando una mano en mi hombro y acariciándolo con su pulgar. Maldito. Y podridas hormonas que me hacían pensar veinte cosas a la vez, aturdiéndome en mi propio reflexión.

-No sé en qué demonios pensaba cuando quería que fueses la madre de mi hijo. – susurró violentamente contra mi oído. Lo que me faltaba, que intentara tocarme un pelo. Gran cobarde, Oliver. Acabas de terminar por matar todo. Apreté mis puños tratando de no reaccionar de forma agresiva. No valía la pena utilizar siquiera un poco de fuerza contra él, ya que, no podía olvidar que ahora no solo debía velar por mí integridad. Pero no sabía cuánto aguantaría su estupidez, aunque su objetivo ahora era lastimarme, ya que no accedí a sus equívocas invitaciones.

-¿Pensando? ¿Tú, pensando? Vaya novedad, Beckett - bufé mordaz, haciendo que él ejerciera mayor presión sobre mi hombro. Comenzaba a doler. – Lo dices como si fuera la misma escoria que tú eres.

-Por supuesto que no somos iguales, Jade. Tú eres mucho peor. Me dejaste cuando más debimos estar juntos. Huiste de mi lado cuando estuve dispuesto a cambiar por ti.

-Dispuesto a cambiar… – repetí sus palabras con el mismo tono anterior, sonando casi altanero, también. Me giré bruscamente quitando así su brazo de mi cuerpo e ignorando el nudo de miedo que crecía en mi garganta. – ¿No es acaso lo mismo que vienes anunciando desde hace un par de semanas Beck? ¿No eres tú quien me envía mensajes diciendo que cambió? ¿No eres tú? ¿Entonces quién es?

Noté en sus ojos el mismo brillo extraño que habitaba en él la noche en que le dije que estaba embarazada. Su demencia no tenía remedio, en definitiva. No podría existir cambio ya en él . Estaba perdido en su propio juego mental, creyendo estar a ratos lúcido, pero sólo faltaba darle la chispa para que perdiera los estribos. Qué lastima, porque cuando estuve dispuesta a ayudar, no quiso.

Luego de eso no me dijo nada. Beck comenzó a respirar más aceleradamente y su piel comenzó a tornarse un poco más rojiza, apretando ahora mis dos brazos. Estaba conteniéndose, porque le había dado en su punto débil. Una lágrima salió de su ojo izquierdo y no me conmovió en lo más mínimo. De verdad que no.

-Deja tu show para otra persona, Beck. A mí ya no me provocas nada.

Y entonces mi rostro se giró en noventa grados hacia la izquierda. Abofeteó mi mejilla derecha, esta vez. Mi rostro enrojeció al instante y solté mis puños horriblemente apretados, el único método para prepararme para mi siguiente movimiento. Fue el último chance que le di y por idiota lo perdió. Lo miré una vez más, como advirtiéndole, negando con mi cabeza y frunciendo mi ceño. Empuñé nuevamente mi mano derecha y le di de lleno en su mejilla izquierda. No intentó ponerse de pie una vez que lo derribé. Siquiera ocupé agitarme para tirarlo a tierra. La ira que comenzaba a acumularse en mí fue suficiente para poder tumbarlo y sacarle algo de sangre a su nariz. En cambio, solo sonrió, limpiándose la cara. Sonrió de forma sincera, sinceramente macabra.

-¿Es por el idiota que la otra vez me golpeó que haces esto? – me preguntó desde el piso. No sé por qué pero me sentí superior al notar que el líquido de su nariz no dejaba de fluir, manchando sus manos que sostenían su nariz. Negué, aún sin comprender por qué diantres seguía allí perdiendo mi tiempo con él. – ¿Por quién es?

-¡Oh mi Dios! ¿Cuán ciego puedes ser Beckett Oliver? ¡Es por mí y es por ti! Te creí cuando me dijiste que habías cambiado, porque creí que podríamos tener juntos a mí hijo. Te creí porque pensé… pensé que aún estaba enamorada de ti. ¡Maldita sea Beck! Te creí como una idiota. Pero me doy cuenta… de que prefiero estar sin ti, por mí.

-Y porque además acabo de descubrir que hay alguien que sí me hace, o me hacía feliz, y que no necesita de un jodido tratamiento psicológico ni de la desesperación para hacerlo. – pensé ahogándome con mis propias palabras, aceptando finalmente algo que no debía negarme más a mí misma, después de todo, ¿De qué demonios servía?

¿Cómo he sido tan estúpida de darme cuenta tan tarde de que quiero, de la forma más cursi posible, a Vega? Teniendo en cuenta de que fue, lo segundo mejor que ha ocurrido conmigo en el último tiempo. Por supuesto que me hastiaba su sobreprotección, y que me incomodaban sus mimos y detalles, pero ¿No era aquello lo que necesitaba y quería? ¿No era acaso lo mismo que perdí con Beck hace mucho ya?

Solté todo sin pensarlo, siquiera me detuve un segundo a respirar, tomando el puente de mi nariz y paseándome frente a él, quien por cierto estaba ensangrentado totalmente, ya. Echó su cabeza hacia atrás para intentar detener la hemorragia. Parecía hilarante el hecho de que se lo tomara con tanta calma y yo me irritase tanto. ¡Se suponía que él era el loco!

-Entonces si es por alguien más. – sonrió cerrando sus ojos, quizás algo mareado. ¿Acaso este… imbécil no me escucha?

-¡NO! ¡Ni siquiera me oyes! ¡Y ni siquiera lo conozco bien! ¡Y tampoco es 'algo' mío!

-¿Por Tori?

-¿Qué demonios tiene que ver ella aquí? – contesté deteniéndome frente a él. Golpeé sin paciencia la bota frente a él. Su sangre fluía sin parar por su rostro y sus manos, y yo seguí sin mostrar compasión alguna. Maldito terco.

-La vi cuando consolarte cuando viniste a buscar tus cosas. ¿Qué hacías tú con ella?

-No te compete, Beck. – le corté, exasperándome. ¿Quién mierda se creía como para tan sólo nombrarle? – Además no me cambies el tema… he venido, a terminar todo.

La mueca de su rostro cambió radicalmente, y trató de ponerse de pie, trastabillando. Sólo me miró entre curioso e impaciente esperando a mi explicación. Yo sólo seguía preguntándome por qué lo tomaba con tanta, aparente, calma. Incluso cuando sus ojos estaban ensombrecidos de una manera espeluznante.

-¿Abortarás? – él preguntó limpiando con su camisa su ensangrentado rostro. Para su mala suerte era azul claro quedando tinturada en rojo oscuro. La miró luego y me observó a mí preguntándose, cómo demonios le había hecho eso con un golpe. Acaricié mi vientre y volví a sonreír, en respuesta.

-No, absolutamente no. Es lo único bueno que tengo ahora, ¿Cómo podría dejarlo? Además él o ella no tiene la culpa de la clase de idiota que soy yo. Por él… – suspiré, calmándome, dándome cuenta que mis alteraciones sólo me hacían mal a mí. Además era mi tiempo de ser honesta, aunque fuese por última vez. – Vine, porque quería hacer las paces contigo en realidad, Beck… – él iba a refutar algo más pero le detuve, alzando mi mano en son de que no intentara detenerme. – Pero he visto que no va a funcionar. Lo siento mucho… pero creo que lo mejor será que no sepas de nosotros nunca más. No vale la pena. Ya no te amo, ni te quiero de la misma forma, y tú solo estás obsesionado, y loco.

-Solo podías hacerlo a tu manera, Jade. – el canadiense me habló con calma, desconcertándome. – No creas que estoy tranquilo ahora, de hecho, estoy conteniéndome para no desquitarme contigo, por así decirlo. Mas, está bien. Te comprendo, y si no quieres que te moleste más, no lo haré. Pero veo que no tienes donde más ir por ahora… ¿Quieres quedarte aquí? ¡No molestaré en lo absoluto! Es tarde y tú me haz dejado claro, – pasó su manos por su nariz, como acomodándola. – que no debo intentar nada más. Con golpes y palabras, aunque yo esté obsesionado y loco como tú dices, entiendo.

Me comencé a preguntar si acaso tenía desarrollado lo que era la comprensión, si entendía a cabalidad lo que estaba haciendo, lo que le estuve diciendo. Miré por la ventana, notando la luz artificial de las calles ¿Podría acaso confiar en él una vez más?

-Siquiera suplicaré en dormir contigo. Lo juro… no quieres que andes por ahí… a solas. Piénsalo, por favor. Por ahora, iré a cambiarme esto que me haz arruinado. – se quitó la camisa y la musculosa que traía bajo esta, que también estaba manchada, dejándome abstraída nuevamente.

¡¿Qué demonios es lo que tiene en su cerebro Beckett Oliver?! ¡¿QUÉ?! Juro por dios que no lo entiendo. ¿Cuándo fue que perdió, definitivamente, su cabeza? Le digo en todos los tonos, y aún así insiste. Lo hace, una y otra vez. Sin embargo, no estaba demasiado lejos la tentadora oferta de dormir en la misma casa que él ¿Tenía acaso otra opción? No podía molestar a Cat, claro está. Sus preguntas estarían a la orden del día, adhiriendo el hecho de que está su madre y su hermano… no gracias. Vega… no. No con mis recientes descubrimientos, y no para hacerle más peso a sus problemas y responsabilidades.

-Está bien, me quedo. – le grité escaleras arriba.

Cosa que sólo me duró sólo un par de días, porque sentía que de cierta forma estaba empezando a engañarme a mí misma estando allí, queriendo estar en otra parte, con Tori. Y que comencé a extrañar esa misma noche, porque no sentí sus brazos delgados deslizarse sobre mi vientre, su cálido y fresco aliento golpear en mi mejilla en la noche, o que tuviera que removerse tanto por las noches. Extrañaba horriblemente sus besos en mi frente, y añoraba, casi asfixiantemente, su presencia entera. Extrañaba a Tori, y no quería ocultárselo demasiado.


Y sí, me salió más largo de lo que esperé. Además no me convence, de hecho. Lo terminé anoche, pero en fin, ¿A quién demonios le importa?

Agradecer siempre a Liz W, Vaniap0211, MalexAlex, ElyShakespeare, Nara375, TakoGirl, y Selene ~

Ah Onazupmac I miss your reviews :'c

Por cierto, se acerca el cumpleaños de Liz, y quiero publicar un one shot justo ese día :{D. En fin.

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