¡Bonjour!
Acá llegando un nuevo capítulo, de la mano de Selene Cruxe, fan absoluta de esta gran historia.
Espero disfruten de la lectura tanto como yo. Gracias por dejar reviews.
Capítulo 14-a
Jade West; el ser más extraño y bipolar del planeta.
Tori's PoV
-¿Entonces? - le pregunté cuando le llevé uno de sus raros antojos a la cama. Té con miel y limón, y huevo revuelto con jamón y tomate. ¿Desde cuándo Jade toma té? ¿Acaso no sabe que el huevo y jamón no combina con el limón y la miel?
-Mira Vega... - pausó las palabras mientras se metía un poco de huevo y demás a la boca. Ugh. - El hecho de que nos hayamos besuqueado toda la noche, no quiere decir que sea tú novia.
-Pero...
-No.
-¿No?
-¡NO!
Negó con la cabeza, cerrando sus ojos y frunciendo el ceño, frustrándome.
¿Qué somos?
Me acerqué a ella, quitando la bandeja de su regazo, aprisionando sus piernas con las mías y pasando mis brazos a cada lado de su cabeza. Una de sus maliciosas sonrisas se dibujó al percatarse de que capté su mensaje.
-¿Entonces? - insistí, mirándola fijamente. Ahora era ella quién parecía dudar, paseando sus ojos desde los míos hasta mi boca.
-Deberás esforzarte si quieres llegar a algo.
Besé sus labios con calma, dejando la oración en el aire y olvidándome del sabor del huevo. Jade pasó sus manos entrelazándolas tras mi espalda, correspondiendo a mi boca. Su lengua delineaba mis labios, queriendo entrar. Le di paso, encontrándose con la mía y ambas jugueteaban entre sí. Jade ladeó giró un poco su rostro, intentando intensificar el contacto.
Mis manos estaban en su cabello, jalándola contra mi cuerpo, y las suyas tomando camino sur, subiendo mi ropa.
-Para… - suspiró separándose de mí, buscando respirar. Gruñí al no sentir sus labios contra los míos. Intenté acercarme de de nuevo, pero me detuvo otra vez.
-¿Por qué?
-Estoy mareada.
Y volvimos al punto de inicio.
Besé su frente y salí de la habitación, con un berrinche digno de un niño cuando le niegan su videojuego favorito. Y mi juguete preferido, he descubierto, son los labios de Jade. La sensación de su aliento chocando con el mío y sus ojos penetrando mi ser es... única. Ningún ex novio produjo en mi algo igual. Nunca imaginé tener tantas orugas dormidas en mi estómago, y que están ahora revolucionando mi interior, como las viles mariposas en que se han convertido. Mira que hasta cursi me he puesto en sólo una noche.
...
- ¿Qué de especial tiene ésa chica? - me preguntó mi jefa cuando la llamé. Últimamente hemos sido bastante íntimas, y no me venía nada mal ello.
Me quedé en silencio ante su pregunta. No lo había pensado, o quizás no quería profundizar por miedo. Miedo a adentrarme mucho más en estos sentimientos, con la incertidumbre de si alguna vez ella fuera, casi de casualidad, quien se fijara en mí de una forma diferente. Miedo al compromiso, a que me dañara al igual que Allie, Ryder, Danny. A necesitarla más que al oxígeno. A llegar a un punto dónde con sólo mirarla, mi ser se derrita por completo... aún conservo esos miedos. Aún conservo el pánico a que esto sea más fuerte de lo que desee.
-Tal vez... Lo que hace a Jade especial sea ella misma. Quizás no muchos se han fijado realmente, pero ella es mucho más de lo que quiere demostrar. Su bipolaridad, su persistencia, su frialdad, su terquedad, su posesividad. Las barreras que pone para defenderse de un inminente ataque, que podría demostrar cuán frágil es, efectivamente. Su porte imponente, temerario. Su belleza física, sus innumerables talentos, sus labios rojos o sus ojos grises, o puede que sean sus manos delgadas, y la sonrisa que tiene. Posiblemente todo y nada, la haga especial, a la vez.
Terminé casi recitando en un tono suave. Gina soltó una risita en el mismo matiz. Al retomar las palabras en mi cerebro me sonrojé. Dije demasiado. Sí, posiblemente sea así.
- Qué inspirada - se burló, percibiendo la sonrisa en su voz - Podrías escribir un par de canciones con eso.
-¡Gina! ¿Acaso todo es dinero?
-Yo sólo digo Vicky, ¿Por qué no sacarle provecho a tú estado actual? Además podría subirte los bonos.
Rodé mis ojos. Dinero y parranda, es lo único que tiene en la cabeza.
-Oh vamos, es sábado y no quiero saber de la productora... ¿Sí?
-Soy tu jefa, y tú me llamaste. ¿Algún problema?
Le reproché y le corté antes de que hiciera el intento, siquiera, de darme trabajo en un fin de semana. Los pros y los contras de que tu jefe sea tu amigo. En un momento no sabes si está bromeando contigo, o si está sopesando la idea de darte el doble de actividades, sólo porque confía en ti. Maldito el momento en que Frank decidió renunciar.
Deberás esforzarte si quieres llegar a algo. La expresión de Jade me quedó dando vueltas en la cabeza. Esforzarme. Como si no lo hiciera cada vez que estaba cerca de ella. ¿Qué es para ella esforzarse? ¿Regalarle peluches? ¿Rosas negras o disecadas? ¿Cartitas dignas de una quinceañera recién conociendo el amor? ¿Ir a un mirador? ¡No soy hombre! ¡No hago ese tipo de cosas!
Interrumpiendo mis pensamientos, Jade salió a la sala, sentándose a mi lado con la guitarra. Me quedó mirando fijo cuando sintió que la inspeccionaba de pies a cabeza.
-¿Se pasó tu mareo? – le pregunté cuando una sonrisa divertida apareció en su rostro ¿Ahora qué?
-Sí. Parece que no le gustó mucho el tomate… - tocó su abdomen, con una expresión de distracción, mirando al techo. A mí tampoco me gustaría si va con miel y limón.
Nos quedamos en silencio un rato. Yo observando cada detalle de su cuerpo, y cómo su cabello dibujaba su cuello, y ella con los ojos cerrados acariciando su propio vientre, con una expresión de felicidad que nunca antes había visto en su rostro.
Tomé la guitarra y comencé con un par de acordes al aire, sin tener mayor melodía en mi mente. Pasado unos minutos, ya tenía la armonía armada y me iba olvidando poco a poco de su presencia, concentrándome en las cuerdas de la guitarra. No soy gran experta, pero me vi obligada a aprender a tocar, para enseñarle a Jenny las melodías que compuse. Lo básico, lo necesario para ser una pop star.
-Deberías escribirlo. Para ser palabras y notas al aire, está demasiado bien… además... – Jade no sólo interrumpió mi momento hablando y adulándome, sino que tomó mi mano y la puso en su vientre, junto a la suya. – Creo que le gusta.
Compartí un poco de esa pequeña felicidad que sentía ella. Golpeaba, por increíble que parezca con tener sólo ocho o nueve semanas, sentí un pequeño golpeteo bajo mi palma. Él o ella estaba despierto y se manifestaba de esa manera, alegrándome a mí y a su madre.
-Con que ahí estás, ¿eh? – sonreí inclinándome hasta la pálida piel de Jade. – Tan pequeñito y ya estás inquieto… y parece que te gusta la música que hago... – besé su tez cálida, haciéndole cosquillas ante el contacto, Jade golpeó levemente mi cabeza, y cruzó sus piernas para no retorcerse. – ¡Oye!
-Será mejor que vengas aquí – me retó tomándome por el cuello de la playera, y atrayéndome a sus labios, para besarnos.
La guitarra cayó de un golpe seco a la alfombra cuando la solté, para ocupar mejor mis manos en las curvas de Jade. Mi vientre bajo se llenó de mariposas de nuevo. No, mariposas eran pocas. El arca de Noé estaba ahí. Los brazos de la chica pasaron tras mi nuca, desparramando mi cabello. Suspiré cuando nos separamos. Esta mujer sí que es intensa.
-Jade… ¿Qué es para ti esforzarse? – susurré mirándole, tratando de inspeccionar sus iris. Ella sostuvo mis ojos un momento antes de contestar.
-Lo que estabas haciendo justo ahora, Tori. – habló en un tono tan suave que casi pensé que lo había imaginado. No era posible que su voz fuese tan cálida.
Son pocas las veces en que no logro captar los mensajes directamente. Sobre todo, si vienen de su parte. Pero justo ahora no captaba realmente. O quizás mi cerebro se congeló.
-¿Qué fue lo que hice? – ladeé mi cabeza, cual cachorro que no entiende una orden. No, en serio. ¿A qué demonios se refiere con esa frase? Su sonrisa coqueta apareció sin separarse de mí.
-Y yo que tenía la esperanza de que ahora fueses un poco menos idiota, Vega. – se burló, besándome de nuevo. Sus labios sabían al infierno al que me estaba arrastrando por quererla. Tienen el sabor del incendio en el que estaba dispuesta a quemarme.
Mi piel parecía arder ante su contacto, mis mejillas encendidas y mi mano acariciando sus costados, tomando también contacto con su pómulo izquierdo. No, en ningún intento sostuve mis ojos abiertos, no podía ante tal torbellino en mi interior. Su boca tomando posesión de la mía y yo de la suya.
Si me preguntaran cómo describir a Jadelyn West, las primeras palabras serían… rara y bipolar. Luego estarían hermosa, sin duda alguna, y talentosa. Pero esas son cosas que todos pueden ver a simple vista. Pero, ¿En una palabra? Única. Simplemente única.
Y no estoy dispuesta a dejarla sola, incluso si salgo herida en el intento.
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