—Muy bien, chicos, pasemos a corregir la siguiente actividad.—la profesora de matemáticas empieza a escribir algo en el pizarrón. Algunos de sus compañeros pasan de hoja, mientras que otros cuchichean cosas entre ellos que nada tienen que ver con la clase. Natsuki no hace ninguna de las dos: con un lápiz medio roto, dibuja en un rincón de su libreta a una pequeña chica en compañía de magdalenas y dulces, tratando de ignorar los rugidos de su estómago.

—(Tengo mucha hambre.)—en este instante, la puerta del salón se abre. Ella levanta la mirada, y diferencia a un grupo de alumnos de otra clase. Un chico alto y de buen físico pide permiso a la profesora para entrar, y ella se lo accede. Natsuki siente como un pequeño revuelo entre las féminas de la clase da inicio cuando el susodicho chaval empieza a caminar. Tras él entran dos chicos y dos chicas más: Natsuki los diferencia, son los miembros del Club de Voluntariado. Sin embargo, una de las dos jóvenes le resulta excesivamente familiar...

—Buenos días, somos de 3o A y venimos a anunciaros nuevos detalles importantes sobre el festival de este año.—mientras habla, Sayori esboza una sonrisa. Aunque su mirada era general hasta hace un segundo, sus ojos se encuentran con Natsuki, y entonces ya no se apartan de ahí.

—(¿Qué pinta ella haciendo esto? Ni siquiera es voluntaria...)—piensa Natsuki.—(En fin, ya que se trata de Sayori era altamente probable que acabara liada con este asunto aún sin tener nada que ver, gracias a su carácter...)—los ojos celestes de su compañera no se despegan de los suyos. La pequeña divisa una chispa de diversión y picardía en los irises de Sayori. Empieza a sentirse fastidiada... Y también algo avergonzada.—(Deja de mirarme, enserio.).

Intenta apartar la mirada, pero algo comparable a ls fuerza de atracción la obliga a continuar observando el rostro divertido de su compañera, quién ahora que no habla se dedica única y exclusivamente a no apartar sus ojos de ella.

—Vamos a colgar este cartel... ¿Aquí está bien?—antes de que Natsuki lo notara, Sayori se ha movido de su sitio con un póster entre sus manos. Ante la aprobación de la maestra, la pelirroja se encarga de colgar el susodicho objeto en un hueco vacío de la pared, repleta de fotos y proyectos.—Bueno, pues esto era todo lo que teníamos que decir.—de nuevo, los rostros de las dos chicas vuelven a encontrarse. Los labios de Sayori se mueven un poquito, hacia arriba, acompañando el ligero rubor de sus mejillas y su mirada dirigida expresamente hacia Natsuki.

—Dentro de un mes dirección colgará la lista del horario del escenario para los clubes que lo han solicitado. Recordad que tenéis hasta este Viernes para registraros.—con tan solo su voz, el chico guapo consigue que las compañeras de Natsuki se pongan hasta rojas. Ella también está sonrojada, sin embargo, la razón es otra muy distinta.

—(Deja de sonreírme de esa forma, Sayori, tonta...).—sentir el calor en sus mejillas la hace avergonzarse de la situación aún más, obligándola a apoyar su barbilla en el escritorio, deseando fusionarse con el mueble.

—(No despega su mirada de mí. Natsuki es tan mona~.).

No dejan de hacer contacto visual hasta que Sayori sale de la clase.