—Hey, chicos.—Monika entra a la sala, encontrándose con MC y Yuri observando el abrazo de Sayori y Natsuki.—¿Interrumpo algo?
—¡NO, NADA!—vocifera Natsuki (como era de esperar), quién se separa de Sayori a como de lugar.—Ya que has llegado, Monika, deberíamos preparar ya la merienda o no nos dará tiempo.
—Sí, tienes razón.—prosigue la presidenta, con un posado tranquilo.—Yuri, ¿puedes preparar un poco de té?—la chica de cabello violeta asiente.—Sayori, ve y ayúdala. MC, Natsuki y yo nos encargamos de colocar los postres y los cojines.
—¿Enserio tenías cinco asientos acojinados en tu casa?—pregunta Natsuki sorprendida, mientras saca todos los dulces que ha preparado de la bolsa.
—Sí. De pequeña hacía muchas pijamadas y mis padres terminaron comprándolos para que yo y mis amigas pudiéramos sentarnos en el suelo. En total tengo diez.—explica ella, indiferente.
En el otro bando, Yuri y Sayori han ido a por agua para poder preparar un poco de té. Un silencio apacible y cómodo rodea a las dos chicas: si bien Sayori siempre es ruidosa y liante, ella trata de hacer su mayor esfuerzo para respetar la timidez de su compañera. Piensa que es una pena que Yuri sea tan reservada y retraída, pues su físico es digno de contemplar.
—Em, Sayori: ¿puedo preguntarte algo?—sorprendentemente, Yuri es la primera en abrir boca para iniciar una conversación.
—Sí, claro. ¿Qué pasa?—contesta la pelirroja, con curiosidad.
—¿Hay alguien que te guste?
—Muy bien, a partir de ahora podemos dar por iniciada la reunión de grupo del club de literatura.—anuncia Monika con un pastelillo en la mano.—Todos sabemos cuál es el tema de la reunión de hoy, ¿verdad? ¿Natsuki?
—El festival.—responde ella a regañadientes.
—Bien. No sé si llegué a avisaros a todos de esto, pero este Viernes pasado apunté a nuestro club a la lista para poder salir en el escenario.—Natsuki y Yuri pegan un brinco.
—¿Que hiciste qué?—pregunta Yuri sobresaltada.
—¡Yo no sabía eso!—exclama Natsuki.
—Tranquilas, para eso estamos hablando ahora.—Monika trata de relajar a sus dos compañeras.—Ahora recuerdo que se lo comenté a Sayori y a MC, pero a vosotras no os encontré en el receso, así que no pude deciros nada.
Natsuki busca con la mirada a Sayori, quién aparentemente ajena a la actual conversación, devora el muffin de chocolate como si fuera lo mejor del mundo.
—(¿Por qué no me dijo nada...?)—piensa, decepcionada.
—Mi plan inicial era hacer una exposición de nuestros poemas en público.—cuenta la presidenta.—Somos pocos integrantes, así que... Estaría genial que vosotras dos también participarais, Yuri, Natsuki. De esta forma llegaremos a un número bonito.
—Entiendo lo que dices, pero al menos podrías haber avisado antes...—lamenta la pequeña chica, algo afligida.—Si lo piensas bien, ahora nos estás obligando a aparecer en público, sí o sí.
—Tienes razón, y lo siento por eso.—la atmósfera entre los cinco queda silenciada durante un momento, donde todos comen algún dulce o beben un poco de té.—Es muy probable que os haya decepcionado con esta actitud, y como presidenta del club, me siento responsable de la situación en la que os he metido a las dos.
—M-Monika, no es para tanto... Con solo pedir perdón ya está.—articula Yuri.
—¿Que has dicho que haremos entonces? ¿Leer poemas propios?—más animada, Natsuki trata de ocultar sus sentimientos negativos para no molestar al resto de miembros.
—Exacto.—señala.
—A mí no me gusta ninguno de mis poemas como para exponerlo...—titubea MC con inseguridad.
—¡Pero tenemos tiempo de sobra para escribir unos nuevos!—salta Sayori.
—Tienes la boca manchada de chocolate...—menciona Natsuki. Su compañera se pasa la manga del uniforme por los labios, y a continuación, sonríe.—(Que poca higiene...).
La reunión duró al final unos tres cuartos de hora aproximadamente. Entre todos se terminaron todos los dulces que Natsuki cocinó con tanto esmero, y agotaron todo el té que Yuri preparó para la merienda.
—Podemos dar por finalizada la sesión de hoy.—establece la presidenta.—Marchémonos a casa.
—¿Tan pronto?—se extraña MC.
—Lo siento, pero hoy es un día muy atareado para mí.—alega Monika.—La práctica de piano, los exámenes que se aproximan...
—Aww, los exámenes.—Sayori se lleva las manos a la cabeza, desesperada—¡Ya se acerca esa época de nuevo! ¡No puede ser!
—Vamos, quejica, vayámonos a casa para empezar a estudiar.—dice el chico, tratando de arrastrarla con él.
Natsuki observa a su compañera, algo embobada, con una sonrisilla tonta en los labios. ¿Cómo puede esa chica ser tan despreocupada y positiva? Las personas que siempre van por la vida con actitudes así parecen utilizar magia o algo similar...
—Natsuki, ¿tengo algo en la cara?—pregunta Sayori repentinamente, asustando a la pequeña.
—¡N-NO!—grita, desprevenida.—¡No tienes nada...!
Se da la vuelta y agarra su mochila.
—¡M-me voy para casa!—tras despedirse de forma tan torpe, sale corriendo del aula, dejando confundidos a los presentes.
