—(La dirección que Sayori me ha mandado por teléfono es esta.)—echa un vistazo a la aparente casa de la chica.—(Según tengo entendido, vive justo al lado de MC. Hmpf, la única que ha tenido que hacer un camino largo he sido yo.)—pulsa el timbre de la puerta. La alegre voz de la pelirroja la recibe.
—¡Natsuki, está abierto! ¡Pasa!—se ruboriza al escuchar su nombre. ¿Cómo está tan segura de que se trata de ella? ¿Tendrá alguna cámara que le permita ver el rostro de los invitados?
La pequeña chica abre la puerta, siendo recibida al principio por un silencio sepulcral. Entra tímidamente, avanzando por un pasillo que parece conectar el vestíbulo con el comedor, pero de repente Sayori aparece saltando, haciendo que pegue un salto.
—¡SAYORI!—grita.—¡Maldita seas...!
—¡Jajajaja! ¡Perdóname, Natsuki!—aunque la pelirosada está avergonzada y molesta a partes iguales por los sustos que la vice-presidenta del club de literatura siempre le da, algo se ablanda dentro de su pecho cuando escucha la risa de Sayori. Tan jovial y llena de vida...
Tan diferente a lo que Natsuki es.
—¡Pasa sin miedo! MC y yo estábamos en la habitación.—Sayori le hace señas con la mano para que camine tras ella.—Mis padres no están en casa.
—Espero que no me sobresaltes otra vez...—comenta, sin terminar de fiarse de su compañera.—Huele muy dulce por aquí... ¿Habéis hecho algo?
—Verás...—Sayori abre una puerta, y un fuerte aroma a azúcar y chocolate inunda las fosas nasales de Natsuki, quien no puede evitar toser.—Hemos intentado preparar cupcakes...
—Natsuki, buenas tardes.—MC, sentado en una mesa con un libro de texto entre sus manos, saluda a la chica con cierta incomodidad.
—Pero... ¿Qué es este desastre?—los rosados ojos de la pequeña revisan toda la estancia en pocos segundos. En un rincón del mueble hay varios platos con "cupcakes" bastante sobrecargados y de aspecto dudoso.—Chicos, enserio... ¿Por qué lo intentáis, si quiera? Ya iba a traer dulces hechos de casa.
—¡Queríamos sorprenderte! Pero nos salió mal.—Sayori pone una expresión triste.
—Fue todo idea de Sayori.—suspira el chico. Las mejillas de Natsuki se colorean un poco.
—¿Enserio?
—Bueno, tú siempre nos traes comida muy apetitosa y buena. Pensaba que te gustaría merendar algo preparado por alguien más... Pero no este desastre, supongo.
No puede evitar sonreír un poco al escuchar esas palabras de la boca de la pelirroja.
—Algún día... Te enseñaré a preparar dulces, ¿vale?—mira a los ojos azules de su amiga.—Pero por hoy vamos a concentrarnos en estudiar. Estos exámenes no van a prepararse solos.
