CAPITULO 3: ¿HUMANO O ÁNGEL?

La pequeña rubia abrió poco a poco los ojos, recostada sobre el suave césped miró hacia el cielo inmensamente azul cubierto de bellas estrellas plateadas. Temiendo ser atrapada por esos peligrosos seres trató de incorporarse rápidamente, cuál no sería su sorpresa al ver durmiendo a unos cuantos metros en el suelo, al mismo chico que la había salvado. Llena de desconfianza, buscó a su alrededor algo con qué defenderse, encontrando una rama larga quebrada de algún árbol que pudo haber estado cerca. Tomándola, se acercó sigilosamente, en ese mundo cosas extrañas podían suceder, la rubia se inclino para examinarlo.

El muchacho era guapo, debía tener su misma edad, tenía un cabello castaño corto, ojos color miel y una hermosa sonrisa.

"Esta sonriendo mientras duerme. Es lindo"

Helga olvidando todo lo que le pasó, tiró "su arma" y se dispuso a marcharse de allí para buscar una salida.

-No es seguro que te vayas sola…

-Pero ¡qué rayos!-la niña se volteó y vio al chico observándola fijamente.

-Hay demonios buscándonos por todo este lugar. No es muy inteligente de tu parte, irte y más aún si no sabes a dónde vas.

-¿Me estás diciendo tonta? Óyeme idiota a Helga. G. Pataki nadie le habla así.

-Yo no dije eso, Helga. Pero si es lo que piensas, no puedo contradecirte.

-Eres un…

-Un chico que quiere salir de este lugar, tanto como tú. Es mejor que trabajemos juntos.

-Ja, y quién dice que quiero trabajar contigo. Nadie me puede asegurar que no eres parte de este lugar, o que estas confabulado con esos demonios.

-Es verdad, tienes derecho a desconfiar. Si quieres puedes hacerlo sola. No voy a obligarte, solo quería ayudar.-el chico se levantó y empezó a alejarse de la niña.

-Oye tú, ¡espera!-gritó Helga asustada. En esa terrible pesadilla, era mejor estar acompañada, más aún si esos demonios la estaban buscando. –Iré contigo.

-Está bien-sonrío el joven-Primero debemos subir a esa pequeña cima. No está tan lejos. Así veremos dónde estamos y hacia donde debemos ir. Por lo general un lugar de luz indica la salida. No será difícil…

-Si, si, si…Lo que sea, solo eso me faltaba: "tener un amigo imaginario, y además más sofisticado que yo"

-Helga, no soy imaginario. No sé si este mundo sea real o no, pero yo si existo de verdad.

- Yo también soy real. Al menos eso creo. ¿Cómo llegaste aquí?

-No lo sé... Solo desperté en este lugar, caminé para encontrar la salida por largo rato, pero no hallé nada. Empecé a desesperarme, y cuando lo hice mis pensamientos tomaron forma y se convirtieron en trampas mortales. Cuando mantuve la calma, desaparecieron. Y todo cambió.

-¿Qué quieres decir con que todo cambio?

-Estamos en el mismo lugar, tétrico en el que te encontré. Pero ya no asusta tanto ¿verdad?

-¡Que! ¿Es el mismo sitio?

-Sí, cambió en cuanto nos dormimos. Quizá porque dormidos y cansados no podemos pensar en nada malo. Es por eso que debemos aprovechar este breve momento, para encontrar la salida. Yo quiero ir a mi casa, y estoy seguro que tú también.

-No estés tan seguro-suspiró la rubia. El muchacho la observó, intrigado.

-Siento que algo terrible pudo haberte pasado, aunque no sé que es…

-Olvídalo, si. Estoy bien. ¿Y de dónde eres? ¿De qué planeta, dimensión o país provienes?

- ¿Planeta? ¿Dimensión?

-Es que no luces como ninguno de mis compañeros de clase.

-Me gustaría saber cómo lucen tus compañeros. Yo soy de China. Tú tampoco te pareces a ninguno de mis conocidos.

-Claro que no, Helga G. Pataki es única. Ja. Yo soy de EEUU…

-Pues regresaremos… Te lo prometo. Mira, ya llegamos.

Desde la cima se podía observar un extenso mundo, algunos sitios calmados, tenían una vista pacífica pero otros estaban llenos de tinieblas. Parecía ser un mundo construido de esperanza pero también de frustración, debatiéndose entre la luz y la oscuridad.

-Mira allá, Helga-señaló el chico a lo lejos-Un rayo de luz cae directamente desde el cielo. Podremos escapar por ahí. Si corremos, llegáremos antes de que desaparezca.

-Pero tenemos que cruzar por esa zona oscura. Yo no quiero caer ahí. Tengo miedo.

El sitio en el que se encontraban empezó a temblar. Estaba cambiando.

- Tranquila-susurro el chico tomando su mano- No dejaré que te vuelvas a hundir. Y si te hundes te sacaré o me hundiré contigo. Confía en mí, no te dejaré rendirte. Donde sea que caigas, te encontraré.

Helga sonrió. La calidez que transmitía a través de su mano fue suficiente para confortar su inquieto corazón.

-Está bien vamos. Pero quiero que sepas que quien impone las reglas soy yo.

-Como tú digas-contestó el castaño tomando un arco y una espada.

A medida que corrían hacia la salida, el ambiente se volvió más hostil. Algo en ese lugar no iba a permitir que escaparan. Unas gruesas gotas de lluvia empezaron a caer sobre los dos y sin siquiera sentirlo un inmenso pozo se abrió bajo los pies de Helga, tragándosela y alejándola de su reciente amigo.

"Otra vez no...Por favor no quiero sufrir más… ¡Ayuda!"

Helga cayó en un parque, estaba escondida tras unos arbustos.

"Pero esto ya lo viví"

-¿De verdad crees que sus sentimientos no son sinceros?

-No no lo son. ¿Eso despeja tus dudas? Además la única chica que me interesa eres tu Lila, ya lo sabes-murmuró Arnold acercándose a la pelirroja.

-Tú también me interesas, y claro que acepto ser tu novia-contesto y acorto la distancia que los separaba uniéndose en un profundo beso.

La rubia volvió a sentir como le rompían el corazón y salió corriendo en dirección contraria. Unas gruesas lágrimas empezaron a caer de sus ojos, no teniendo a donde ir decidió deambular por las calles a pesar de que estaba anocheciendo. Observo un teléfono público y llamo a su amiga.

-Aló Phoebe…

-Si soy yo, ¿Helga eres tú?

-Phoebe quiero que llames a mi casa y di que esta noche me voy a quedar contigo. Por favor no me preguntes nada, mañana hablamos. Adiós.

Después de eso la rubia se dirigió a una tienda y metió en su mochila unas frituras y una soda dispuesta a pasar la noche en la vieja casa de árbol que ella había evitado destruir.

"¿Porque me hiciste esto, Arnold? ¿Por qué no entendiste mis sentimientos? No estaba jugando. Cuando te lo dije lo hice en serio. Maldito el día en que pose mis ojos sobre ti. De no haberlo hecho no estaría sufriendo como lo hago ahora. Soy tan poca cosa o tan horrible que hasta risa te da que yo me pueda fijar en ti. Arnold se acabo aunque deba arrancarme el corazón te olvidaré mi hermoso mí dulce, mi único amor"

Estos pensamientos atormentaban el corazón de la pequeña, casi ni se fijo que un hombre la había estado observando desde hace rato. Ella tropezó y se puso a recoger las cosas que llevaba cuando un hombre la tomó por la mano.

-Princesita, ¿quieres ayuda?-menciono con un tono de voz sensual.

-Suélteme viejo asqueroso, yo no necesito la ayuda de nadie.

-Bueno entonces ven a mi casa para divertirnos un rato, que dices eh.

Helga se percato de las malas intensiones del tipo y lanzándole la soda se puso a correr.

"Ya lo recordé esto es lo que me paso hoy en la tarde"

De un momento a otro se vio tirada en un callejón y completamente desnuda, grandes charcos de sangre la rodeaban. Su aspecto era terrible.

-Nooooo!-grito la niña mientras observaba como una oscuridad borraba esa imagen.

Empezó a correr escapando de aquella visión pero más se hundía en la desesperación. La habían atacado, quizá estaba muerta por eso no podía salir de allí. El dolor inundo su corazón y lagrimas de rabia y rencor resbalaban por sus mejillas. No pudiendo mas se sentó y tapó su cabeza con las manos. Casi sin siquiera notarlo unos brazos protectores la rodearon. Ella no pudo más y se abrazó a él.

-Te dije que te encontraría. Ven, la luz está cerca, dame tu mano. Lo haremos juntos.

¿La luz? lo único que Helga veía en ese momento y esperaba recordar siempre, eran esos ojos miel que la habían salvado nuevamente. Él era su luz en esos momentos. Aliviada, tomó la mano de aquel chico desconocido que en tan poco tiempo se había convertido en su amigo, y corrió entre las tinieblas aproximándose al rayo de luz que provenía del cielo.

-Es hora de que te vayas. Este no es tu lugar-le dijo dulcemente- Debemos regresar.

-No no quiero. Prefiero quedarme aquí. No quiero sufrir más.

-Cuando te buscaba, vi lo que te paso. Y entiendo porque querías hundirte y dejar todo atrás. Pero si no conoces el dolor, no podrás disfrutar la felicidad. Debes ser fuerte. Tus amigos, tú familia esperan por ti.

- No yo no me quiero separar de ti. Eres el único en quien puedo confiar

-Te prometo que no será la última vez que me veas. Todo pasa por una razón, y sé que el habernos conocido aquí no es coincidencia.

-Pero yo…

-Vete ya. La oscuridad nos está alcanzando.

-Espera, nunca supe ¿cómo te llamas?

-Me llamo…

Una luz rodeo poco a poco a la niña y otra al chico.

-Espera, aún no estoy lista…tu nombre, ¿quién eres?- murmuro Helga a medida que era absorbida por esa energía.

-Hasta Pronto-sonrió él a medida que también iba desapareciendo. Los dos regresaron a recuperar su vida, sin saber que al despertar ninguno de los dos recordaría nada de lo pasado durante su momento de letargo. Al menos no, hasta que volvieran a re encontrarse.


Y con esto terminamos el tercer capítulo de esta interesante historia...

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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.