CAPITULO 5: EL CHICO NUEVO. UNA LUZ EN LA PENUMBRA
Los días se hacían eternos para Helga, cada vez se hundía más en la depresión.
Sus padres hacían todo lo posible para hacerla reaccionar. Pero el tiempo que habían perdido antes de lo ocurrido, no podía ser tan fácilmente recuperado.
Arnold intentaba acercarse pero ella siempre lo detenía. Sin embargo, él no se iba a dar por vencido. Un día, decidido a acompañarla durante el recreo se acercó al lugar en donde permanecía aislada, lo que vio hizo que el muchacho se cuestionara seriamente sus facultades mentales: un niño idéntico a él, hablaba con la niña, eran idénticos a excepción de que la copia estaba rodeada por un halo negro.
-¡Debo estar loco! Es imposible que existan dos como yo-confuso desistió en su intento y se alejó de su objetivo.
Si el pequeño hubiese sabido la verdad no habría dejado a su amiga a merced de ese ente. Lo cierto era que esa visión no era una ilusión. Después de haber salido del hospital, Helga empezó a escuchar voces, voces de desesperanza y odio, enfocadas a mermar su espíritu y llevarla a la muerte. Hizo todo lo posible por deshacerse de ellas pero se dio cuenta que era imposible. No solo porque nadie las veía o escuchaba sino porque al avisar a alguien la hubiesen catalogado de loca. La niña se dejaba amedrentar por esas voces y cada vez perdía más la luz y fortaleza que la caracterizaban.
Pasaron los días y las cosas empeoraban. Phoebe intentaba acercarse pero siempre había algo que evitaba esto. Arnold estaba confundido y sus demás compañeros le temían, no solo por ser tan fría sino porque algunos alcanzaron a divisar un aura maligna rodeándola.
No quedaba tiempo, pronto la muerte se llevaría aquella alma débil del mundo de los mortales.
-Vamos hijo date prisa, o llegaremos tarde-apresuró una mujer a medida que guardaba la nueva llaves de su casa en la cartera.
-Lamento la demora madre, olvide guardar algo importante para mí.
-¿Qué es lo que llevas? Recuerda que me prometiste…
-No se preocupe, no es nada malo-suspiró el niño sacando lo que había guardado en su maleta.
-El oso de felpa que te dió esa pequeña.
- Va a ser muy difícil empezar de nuevo en este lugar. La extraño mucho. Aun me es difícil resignarme a su muerte.
-Lo sé. Pero más difícil va a ser si no sueltas lo que te ata al pasado. Creo que ese oso está más seguro en tu dormitorio.
-Es cierto-sacando el oso, lo dejó sobre la mesa-Cuando vuelva lo dejaré en mi cuarto.
-Buena decisión, además no creo que en esta cultura sea bien visto llevar un oso de felpa a la escuela por mucho que te recuerde a alguien.
-Me va a costar adaptarme a todo en este país.
-Sé que al final lo lograrás. Y también sé que cuando alguien o algo bueno se va de nuestra vida, algo maravilloso entra en ella.
-Espero que sea así, madre. Me dolería mucho haberme ido de mi país por nada.
-Tu destino está aquí.
-Si le preguntó cómo lo sabe, no me lo diría ¿verdad?
-Si ya sabes la respuesta, no entiendo porque la pregunta-sonrío misteriosamente la mujer.
Tomando a su hijo, la alta y delgada figura femenina salió de la casa y entrando al auto se dispuso a llevarlo a la escuela. Su nueva escuela.
Como todos los lunes, los niños de la Escuela 118 conversaban entre ellos. La mayoría sobre sus andanzas, aventuras y romances pasajeros pero para una niña de cabello rubio, todo era monótono y aburrido. Nada tenía sentido. Lo único que quería era morir.
"¿Quieres morir?, nada bueno podrás hacer en esta vida"
Helga escuchó esa voz y sin más deseos de luchar pregunto "¿Qué debo hacer?"
"Muy bien, sube, ven. Sígueme. Es hora de partir y dejar de sufrir"
Una sombra apareció frente a ella y la niña no teniendo otra opción decidió seguirla. Esta sombra no paso inadvertida para Arnold quien venía charlando con su novia y para Phoebe que venía detrás de ellos.
-¿Pero qué rayos fue eso?-pregunto alarmado el rubio al ver que Helga se alejaba con ese espectro.
-¿Que fue qué?-preguntó asustada Lila por la reacción de este.
-¿Tu también lo viste?-se escuchó una voz detrás de la pareja.
-Hola Phoebe como estas-saludo Lila.
-Sí, y se lleva a Helga-contesto el rubio preocupado.
-Tenemos que hacer algo-reaccionó Phoebe-esa cosa la puede matar
-Qué puede matar y a quién-interrumpió Gerald acercándose a los tres.
-No es momento de explicaciones. Vamos Phoebe- y tomando la mano de la pelinegra Arnold corrió tras la rubia que había desaparecido escaleras arriba.
-¿Gerald sabes de que estaban hablando?-interrogó Lila.
-No lo sé pero me parece que debemos buscar ayuda. Rápido ve por allá a buscar al maestro yo encontraré al director. Cuando lo hayas hecho di que suban a la azotea-ordeno Gerald.
-Está bien-después de esto Lila desapareció entre la multitud de alumnos.
La muchacha avanzaba lentamente pero con decisión. Abrió la puerta y miro hacia fuera. El día era grandioso pero para ella solo era una extraña forma de burlarse de su situación. Un esqueleto con alas negras se hizo visible frente a ella.
-¿Quién eres?-pregunto la niña.
-Una vez escapaste de mí. No es necesario presentaciones. Sabía que tarde o temprano volverías a caer. Ahora ni ese mocoso podrá salvarte.
-¿A quién te refieres?
-Olvídalo. Ven dame tu mano, te prometo que solo dolerá un poco.
Al decir esto la mano del esqueleto se acerco y la jalo hacia el filo de la azotea. Ella subió, sentía el viento moviendo sus cabellos, una extraña sensación de miedo se apoderó de ella.
-No, no quiero morir. Eso es lo que tú quieres.
-Se ve que te gusta sufrir. Bueno si eso es lo que quieres, yo me voy.
-No espera. Yo…
-¡Helga!-Arnold y Phoebe entraron y la vieron al borde de la azotea- pero ¿qué vas a hacer?
-Chicos-murmuro ella.
El demonio se acerco a los recién llegados y rápidamente los amenazó con una espada.
-Si no saltas, me llevare a estos dos angelitos conmigo.
-¡No!-gritaron los pequeños al unísono.
-Hazlo.
La niña vio hacia abajo. Un auto plateado estaba llegando, dos figuras bajaban, una de ellas miraba instintivamente hacia arriba.
-¡Muere!-grito el esqueleto, empujándola.
-¡No!-grito ella antes de caer.
-¡Helga!-gritaron Phoebe y Arnold mientras el demonio desaparecía sonriente y triunfante.
-Auxilio-gritó débilmente Helga que había logrado sostenerse de un frágil tubo.
-Yo te ayudaré-el niño se acercó para sostener su mano. Sin embargo una luz negra los rodeo e hizo que Phoebe y Arnold inexplicablemente se transportaran abajo. Una gran multitud de padres, niños y maestros observaban con angustia a la pequeña rubia.
-Tú no aprendes ¿verdad?-vociferó el demonio, reapareciendo y aproximándose a su víctima -Me cercioraré de que mueras, princesita-murmuró y con un hacha negra cortó el tubo.
-¡Ahhhhhhhhh!-grito la niña mientras caía.
"Eso eso todo. Así va a terminar mi vida. Al final ese demonio logró lo que quería"
-Dios del Trueno, contesta mi llamado-grito el chico recién llegado enarbolando una espada y una especie de pergamino.
Una corriente de aire detuvo la caída de la niña. Esta al abrir los ojos observó a un muchacho de cabello castaño y ojos color miel que le tendía la mano para ayudarla a levantarse.
-¿Te conozco?-preguntaron los dos al unísono antes de ser separados por una multitud de maestros que se llevaron a la niña a la enfermería.
En la mente del muchacho quedaron esos ojos azules que momento atrás le habían recordado algo aunque no sabía qué. En la mente de la niña solo quedaron aquellos ojos impactantes de su salvador.
-Mi ángel-susurro antes de quedar dormida por un sedante que le habían puesto.
-Mi princesa-murmuro el niño.
-¿Conoces a esa muchachita, hijo?
-No, madre. No la conozco.
-Bueno, espero que este bien. Vamos, tenemos que entrar a la escuela. Vaya forma de recibir a los alumnos nuevos. Escucha, promete que no volverás a hacer eso de nuevo. Recuerda que prometiste olvidar ese mundo.
-Lo prometo. No se preocupes más. Solo lo hice por evitar que aquella niña muriera.
-Eres un buen niño. Mira ahí está el director.
Y con esto terminamos el quinto capítulo de esta interesante historia...
¿Les gustó? ¿Lo odiaron? Todas sus opiniones son bien recibidas. Dejen sus comentarios aquí.
Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
