Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Moi escribe esto en su tiempo libre. Nada más y nada menos.

Este fic participa en el Festival Top!Draco: AU's 2016 de la páginas de FB: We love Drarry y I Love BottomHarry.

Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter.

Género: Romance/Nostalgia.

Advertencias: AU (Universo Alterno)/Slash/Lemon. Esta historia cuenta personajes del Potterverso desarrollándose en un universo completamente distinto al planteado por Jo. También se incluye una relación homosexual y escenas que podrían ofender a alguien. Si no te sientes a gusto, ruego abandones el fic cuanto antes. Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.


Capítulo 3

Andrógino

[Del latín androgy̆nus, y este del griego antiguo ἀνδρόγυνος, derivado de ἀνήρ, ἀνδρός (andros, "varón") y γυνή (gynē, "mujer");

«Se dice de la persona que tiene características externas diferentes a las que convencionalmente se atribuyen a su sexo, o que posee cualidades de ambos sexos.»]

La hermosa casa de campo italiana, construida a base de piedra y ornamentada por cientos de plantas que la rodeaban como si quisieran envolverla en un cálido y eterno abrazo, animó el humor de Harry. El lugar le recordaba muchísimo a la ilustración de uno de sus libros de cuentos infantiles favoritos, y de pronto se encontró echando de menos a su madre. Lily solía leerle aquellos cuentos cada noche, antes de que ella y su padre fallecieran cuando Harry apenas poseía la edad suficiente para valerse por sí mismo. Aun así, él sonrió, como solía hacer cada vez que los recordaba. Por supuesto que la muerte de sus padres le había partido el corazón, pero gradualmente y con ayuda del tiempo aprendió a aceptarlo, inclusive si alguna vez creyó que fue injusto perderlos tan pronto. Por eso ahora, la única fotografía que capturó de sus padres cuando era menor, se había vuelto un tesoro invaluable que siempre lo acompañaba en cada uno de sus viajes.

Quizá por eso, ahora siempre se sentía invadido por una gran nostalgia cada vez que una sonrisa se dibujaba en sus labios.

—Es una casa preciosa.

Theodore Nott, que en ese momento se encontraba caminando enfrente de él, detuvo sus pasos y volteó hacia Harry. La sonrisa que se formó en sus labios no fue precisamente sincera, sino la de alguien que había escuchado eso demasiadas veces, más de las que podía contar, pero no dejaba de causarle gracia.

—Fue construida en el siglo XIX —informó Theo, retomando su camino y guiándolo hacia un elegante vestíbulo que, sorprendentemente, no perdía la calidez a pesar de su tamaño. A Harry no le gustaban las mansiones grandes y oscuras porque le hacían sentir muy solitario, pero allí todo era muy cálido: entraba mucha luz y los colores que iluminaban tanto las paredes como los muebles eran suaves; a Harry le daba la impresión de que, quien sea que hubiese decorado aquel lugar, lo había hecho con todo su corazón—. Por supuesto, con el pasar de los años ha tenido que someterse a varias remodelaciones, pero su esencia es la misma. Blaise no se perdonaría nunca el perderla.

—¿Blaise? —preguntó, deteniéndose porque el otro lo había hecho. Harry, que en ese momento estaba empezando a preocuparse por Hermione, apenas notó que Theo miraba a su alrededor como si quisiera encontrar algo. Tal vez una fotografía o un retrato.

—Blaise Zabini, el dueño de la villa. La señorita Granger fue a encontrarse con él en cuanto llegó para agradecerle su hospitalidad —comentó con una mueca que Harry interpretó como divertida, pero que a él le hizo sentir avergonzado. Nunca se le habría ocurrido que su amiga estaba cubriendo su falta de delicadeza.

—Lo lamento —musitó cohibido. Empezó a juguetear con su cámara, como siempre lo hacía cuando estaba incómodo—. No sabía que…

—No te preocupes —interrumpió—. La señorita Granger y yo hemos conversado, dado que ambos somos representantes y quienes se encargan de los contratos. Sabemos cómo actuarán nuestros clientes. Además, Blaise no es fanático de las formalidades. Podrás descubrirlo tan solo con mirarlo… es él.

Harry dirigió su rostro hacia la izquierda, allá donde Theo señalaba con la mirada. En lo alto de la pared más alta y lejana estaba colgada una fotografía publicitaria que, por un momento, le robó la respiración: envuelta en un elegante marco negro, se encontraba la imagen de un hombre y una mujer compartiendo una mesa. Al dar un paso hacia adelante, para apreciar mejor los detalles, Harry se percató de que, una vez más, había confundido a Draco Malfoy con una chica. Pero, carajo, si le ponían un vestido largo de color negro que se adhería sensualmente a su cuerpo mientras su cabello platinado le caía por los pómulos sonrojados, ¿cómo no pensarlo?

—El hombre que está sentado enfrente de Draco es Blaise.

Harry se forzó a apartar la vista del rubio modelo y alejó su visión para ver la obra completa. La persona que acompañaba a Draco era un hombre de piel morena y una sonrisa descaradamente provocativa. A pesar de sí mismo, Potter tenía que admitir que era muy atractivo. Vestía un traje de una manera ciertamente informal, como si acabara de llegar de una importante cena y lo único que ansiara fuera relajarse. Ambos modelos veían hacia la cámara y en sus manos se hallaban dos copas de vino, el cual, pronto entendió Harry, era la publicidad de la fotografía. Atrás, adornando la escena, había una cortina de seda que lograba que en la imagen los colores predominantes fuesen los oscuros. Harry admiró al fotógrafo que había conseguido atrapar y derrochar tanta sensualidad en una imagen tan elegante como sencilla. Inclusive las letras que acompañaban a aquella publicidad eran arte ante sus ojos.

Il Drago Bianco —leyó Harry, aunque de inmediato tuvo la impresión de que su pronunciación no se acercaba a la verdadera manera en la que aquellos dos modelos seguramente lo decían—. ¿Es…?

—¿El vino? Sí, así es. De hecho, y para ser más precisos, es uno de los principales vinos que se produce aquí, a cargo de la familia Zabini.

Che figo! ¡Basta, que me sonrojo! Tus palabras pronto cautivarán mi corazón, Theo. Aunque si es eso lo que pretendes, tendrás que hacerte cargo de las consecuencias.

Apenas tuvieron tiempo de reaccionar a aquella repentina intromisión. Ambos giraron hacia el lugar de donde provenía la voz, y Harry descubrió al mismo hombre de la fotografía entrando al salón. Y aunque en ese momento no usaba el traje que lo hacía lucir tan atractivo, Blaise Zabini vestía con tanta gracia que le hacía sentir que su pantalón y su playera café no era dignos de usar en su presencia. Pero Blaise, que venía caminando acompañado por Hermione, no se interesó en su apariencia, en la mancha amarilla que había en su playera ni mucho menos en cuán torcidas estaban sus gafas. Lo que Blaise miró, luego de que Theo levantara su ceja en una mueca incrédula (demostrando con ese simple gesto que no compartía el sentido del humor estúpido de su amigo), fue la cámara que seguía atrapada entre las manos de Harry.

—Tú debes ser el famoso Harry Potter —afirmó, no preguntó. Y algo en el apretón de manos que le ofreció le hizo creer que Blaise se encontraba más interesado que Theo por esa situación—. Mucho gusto. Llámame Blaise. Conozco tu trabajo. Si algún día sientes necesidad de fotografiar a gente trabajadora, ven a mis viñedos. Te aseguró que no encontrarás colores tan anaranjados como los que aparecen aquí.

—Lo consideraré —balbuceó Harry, sintiéndose demasiado incómodo para pensar en una respuesta mucho más educada e inteligente, sobre todo cuando Hermione lo miraba como si no estuviera dispuesta a tolerar ningún error de su parte—. Gracias por permitirnos quedarnos aquí.

—Es un placer —dijo, girando hacia Hermione y Theo para señalarlos con el pulgar—. Además, confío en que todo será más divertido si hay otra persona con quien romper las reglas antes de que papá y mamá lo noten.

Por un momento, Harry no comprendió a qué se refería hasta que vio las sorprendidas expresiones de los aludidos. Y al mirar con mayor atención a Hermione, tuvo que reprimir una carcajada que ansiaba salir de su garganta porque sí, definitivamente, ella era más una madre que una amiga. Era la chica que lo miraba exasperada cuando entraba en su habitación y presenciaba el desorden que había en ella.

—Alguien tiene que ser la consciencia de este grupo… contigo a cargo, todo se habría echado a perder desde hace mucho tiempo. Incluyo en esa suposición a Draco.

—Y a Harry —añadió Hermione.

—¡Yo no dije nada! —exclamó el fotógrafo—. ¡¿Por qué me culpas?!

—Pero tampoco lo negaste —dijo Blaise, fingiendo su sonrisa más inocente, como si él no fuera el causante de que en primer lugar, estuvieran manteniendo esa conversación tan estúpida como inverosímil.

—Ahora entiendo a qué te referías con esos e-mail… —musitó la única mujer del grupo—. No puedo creer que ellos…

—Y aún no han conocido a Draco. Créeme, lo adorarán.

Ce n'est pas possible! Merde! —Interrumpió un grito desde afuera, que lo hizo suspirar pesadamente, inclusive y a pesar de la risa bajita de Blaise, quien solo atinó a decir:

—Creo que hablaste demasiado pronto, Theo.

Pero, en realidad, Theodore no lo había hecho. Los cuatro caminaron hacia las afueras, dos porque debían hacerlo y los otros motivados por la curiosidad. Al llegar al mismo jardín en el que Harry había confundido a Draco Malfoy con una chica, se encontraron con una escena por de más curiosa: el rubio estaba con los brazos cruzados y el cabello revuelto, mirando irritado hacia el joven que estaba encargado de sus fotografías. El ambiente era incómodo, y todo lo que antes había mirado como fascinante, ahora Harry lo encontraba distante y frío. No había rastros de alguna pelea y tampoco parecía que hubiese ocurrido algo grave, pero aun así era evidente que no era normal lo que veía: lo suficiente extraño para hacer que Draco Malfoy hubiese gritado.

—Harry —dijo Hermione colocando la mano en su hombro—, deberíamos irnos. No tenemos ningún derecho a presenciar esto.

—¡Pero, Hermione, él…!

Theo fue el primero en preguntar lo ocurrido. Sin embargo, ya fuera porque no quería que ellos se enteraran sobre lo ocurrido o simplemente porque ese era el idioma en el que Draco había gritado, lo cuestionó en un francés bastante fluido. Harry se negó a irse, no por curiosidad, sino simplemente porque le preocupaba qué había hecho enojar a alguien como ese curioso modelo. Porque sí, Draco tal vez vestido y arreglado de esa manera pareciera una chica, pero algo en su pose, en la dureza y en la furia de su expresión, así como en la forma en la que miraba hacia el fotógrafo como si quisiese arrojarlo de un acantilado, le recordaba un poco a Hermione y a su manera de decir que no se dejaría pisotear por nada ni nadie.

Por su parte, Blaise, que estaba también pendiente de la conversación, debió entender algo en ella porque de inmediato se acercó al fotógrafo, sonriéndole. Empero, como Harry pudo notar, no era la misma sonrisa que le había dedicado a él al conocerle. La expresión que portaba era casi una amenaza que solo fue confirmada cuando sujetó la cámara del desconocido y la arrojó al suelo, pisoteándola con sus costosos zapatos hasta romper el lente de la misma.

—No vuelas a acercarte a la villa de mi familia —dijo Zabini, y por un instante, la imaginación de Harry casi lo vio como un mafioso de las familias italianas que aparecían en las películas antiguas que tanto coleccionaba—. Y puedes creerme cuando te digo que me encargaré de que todos sepan lo que hiciste. ¡Largo!

Blaise no tuvo que repetirlo. De inmediato, el hombre pareció comprender que lo mejor era obedecer, así que Harry lo escuchó maldecir e irse, diciendo algo sobre la culpa de Draco. Al voltear, notó que el rubio ahora parecía más cansado e irritado; era como si lo que sea que hubiese pasado le había recordado muy malos momentos. Inclusive, ya fuera por el vestido ligero que portaba o simplemente porque su expresión le ablandaba el corazón, Harry tuvo el deseo de acercarse y abrazarlo para asegurarle que todo estaría bien, aunque presentía que su gesto no sería tomado de buena manera. Después de todo (Harry lo sabía mejor que nadie), a veces todo lo que uno necesitaba era simplemente… enfadarse.

—Harry… —insistió Hermione, aunque ahora lo hacía con menos fuerza. Fue la palidez en su rostro la que le hizo preguntarse si ella había entendido un poco de lo que ocurrido—. Vamos, entremos.

Pero él no podía quedarse callado. No quería hacerlo. Dio un paso, llamando la atención de los otros tres, quienes lo miraron con una mezcla de extrañeza y duda. Fue Draco quien lo miró fijamente, haciéndole notar que esos preciosos ojos grises, que bajo cierta luz parecían azules, eran lo bastante fríos para congelar a cualquiera… pero lo bastante humanos para reflejar temor bajo esa gruesa capa de indignación.

—¿Estás bien? —preguntó con decisión, sin notar que detrás de él, Hermione había comenzado a moverse nerviosa. Pero tal vez, si le hubiera hecho caso a su amiga desde el comienzo, Harry jamás habría aprendido a conocer a Draco Malfoy de la manera en la que lo hizo—. No sé muy bien lo que pasó, pero…

—¿Quién eres? —cuestionó bruscamente, aunque algo en la forma en la que lo miró le hizo pensar que no era la primera vez que lo hacía.

—Draco, él es Harry Potter.

A Harry no le gustaba que en algunos lugares su nombre tuviera algún tipo de peso, pero se sorprendió e incomodó por partes iguales cuando Malfoy lo miró con desagrado aunque resultara evidente que lo había reconocido, ya fuera por su nombre o su trabajo.

—Otro fotógrafo… —masculló sin piedad. Luego, con toda la ironía que pudo encontrar en lo más profundo de su rabia, continuó—: ¿Tú también me vas a dar un discurso sobre la humildad y por qué eres superior a mí en todos los aspectos? Malditos hipócritas.

Draco no esperó por la respuesta que podría iniciar una pelea. Contrario a ello, levantó un ligero suéter y caminó en dirección hacia un punto impreciso del enorme jardín que se extendía a espaldas de la casa. Lo curioso fue que inclusive con un puñado de palabras a punto de estallar de su garganta y la mirada regañona de Hermione posándose en su nuca, a Harry le sorprendió la facilidad y la rapidez con la que Draco caminó con aquellas zapatillas de enormes tacones. Y, muy, muy en el fondo, también debía admitir que el calzado estilizaba bastante bien sus bonitas piernas.

—¡Draco! —masculló Theo, siguiendo su camino y desapareciendo de su vida.

—Harry… —dijo a su vez la exasperada voz de Hermione.

—No te enojes con él, Hermione —dijo Blaise, sorprendiendo al moreno, aunque no sabía si era porque lo estaba defendiendo o por la confianza que parecía tener con su amiga a pesar del escaso tiempo que llevaban de conocerse. ¿Treinta minutos a los muchos?—. Sus intenciones no fueron malas.

—Pero fue imprudente —reprochó, sonando como una mamá cansada de los desplantes de su hijo en plena pubertad.

—Estoy aquí, ¿saben?

Blaise sonrió y lo miró.

—Perdona a Draco, Harry. Fue injusto el desquitarse contigo por lo que acaba de ocurrir.

—Es eso lo que no acabo de entender… ¿qué fue lo pasó exactamente?

—El fotógrafo que se acaba de ir —dijo Hermione, al ver que Blaise pensaba escupir veneno por ello—, insultó a Malfoy diciéndole que no era anormal y absurdo que un hombre vistiera ropa de mujer. Y todavía más extraño que se llamase a sí mismo hombre cuando no parecía uno.

—Desde que inició su carrera en el modelaje, Draco ha recibido muchas críticas —contó Blaise, demostrando indirectamente lo mucho que se preocupaba por él—. La mayoría de las veces ha sabido ignorarlas, pero hay ocasiones como esta en la que simplemente no puedes mirar hacia otra parte.

Harry abrió su boca para decir algo, a pesar de que nada de lo que dijera ayudaría a mejor la situación porque, ahora que lo pensaba, él también había criticado innumerables veces a los modelos sin detenerse a pensar que en el fondo, ya fuera inadecuado o adecuado, solo se trataban de personas que dedicaban su cuerpo y alma a su trabajo. Era cierto que no tenían la mejor opinión del mundo; muchos los creían superficiales y vacíos, pero había otras tantas personas que admiraban y respetaban su trabajo. Y a fin de cuentas, ¿no era él el que siempre decía que fotografiaba a personas?

—¿Harry? ¿A dónde vas?

No tuvo tiempo de dar una respuesta porque su impulsivo corazón ya había tomado una decisión. Sin meditarlo demasiado, sin importarle cómo resultaría todo, Harry sujetó su cámara y se armó de valor para buscar a Draco Malfoy. Lo sorprendente de ello, sin embargo, no fue el hecho de ir a buscarlo sino lo rápido que lo encontró. En una villa que no conocía y Draco evidentemente sí, podría ser fácil perderse y vagar durante horas, pero fueron un columpio que miraba hacia los viñedos y un cielo lleno de nubes esponjosas lo que le hicieran pensar que tal vez esa persona, si quisiera refugiarse, encontraría allí el lugar perfecto.

Así fue. Theo y Draco no lo vieron llegar, pero a Harry eso no le importó, porque en ese momento, Draco tomó asiento en el columpio y se impulsó sutilmente, apenas moviéndose, pero lo suficiente para que sus pies se balancearan en el aire. Aunque no agachaba su rostro, algo en su expresión desolada le rompió el corazón, no porque pareciera mujer u hombre, sino porque nadie debería sentir tanta pena. Theo se paró detrás de Draco, lo rodeó con sus brazos y apoyó su mentón en la cabeza rubia, deteniendo el movimiento del columpio. Ese sencillo acto le hizo pensar que ellos se conocían desde niños y que esa confianza solo podía obtenerse con alguien con hubieses pasado toda tu vida. Como Hermione y él.

Y Harry… Harry simplemente no pudo resistirlo.

Colocó a la altura de su rostro la cámara y lo ajustó lo más rápido que pudo. Sabía que tenía escasos segundos para atrapar la escena, porque a lo largo de su vida como fotógrafo había aprendido eso… que había cosas efímeras que jamás en la vida se repetían. Aguardó, y justo cuando Draco dejo escapar un profundo suspiro, fue cuando Harry consiguió atrapar el momento.

Solo eso. Un momento.

Entonces, al sentir que Theo alejaba sus brazos, Draco volteó y miró hacia Harry, como si siempre hubiera sabido que estaba ahí. El moreno apretó sus labios cuando sus miradas se encontraron una vez más, imaginando que volvería a ser insultado, pero no fue así. Lo único que Malfoy hizo fue mirarlo hasta que Harry pronunció:

—Era un idiota.

—¿Y tú no lo eres?

—A veces lo soy —admitió—. Creo que todos lo somos un poco.

Era cierto. Pero en lo que Harry nunca había sido idiota era en tomar fotografías. Y cuando más tarde Harry revisó aquella fotografía en su laptop, decidió que había en Malfoy algo más que una fachada andrógina. Algo más que un vestido lindo y un cabello plateado.

Quería hacerlo bien.


Autora al habla:

¡Buenas noches, gente del mundo mundial!

Aquí nos adentramos un poco más hacia Draco. Debo admitir que, infortunadamente, una parte de este capítulo fue influenciado por la terrible tragedia que ocurrió en Orlando contra la comunidad LGBTI. Ruego porque ninguna tragedia como esta y contra nadie más vuelva a pasar. Tolerancia, respeto. Necesitamos aportar nuestro granito de arena, queridos lectores. Abrazos fortísimos a todos esos chicos silenciosos que han tenido que sufrir algún tipo de discriminación.

¡Ojalá sea de su agrado este capítulo! Ya saben que os quiero un montón y que son los mejores lectores y amigos que pudiera desear. El fandom no sería igual sin ustedes. -3-

Sarahi; Draco es un modelo andrógino y se siente muy orgulloso de poder modelar ropa de mujer y hombre, no creas. El ego de este chicuelo está hasta el cielo, jajajajaja. Iremos avanzando junto a Harry, que también encontrará su modo de adaptarse a este cambio en su vida. ¡Oh! En estas semanas también me ha despertado la lluvia D:, sé lo que siente. ¡Ánimo, gracias, un abrazo!

Cinoet; ¡bienvenida de vuelta! Ojalá sea de tu agrado esta nueva historia. ¡Gracias a ti por leer! Esta temática, en muchos aspectos, me parece muy entretenida. ¡Gracias!

¡Muchas gracias a SuicideFreakWord, amaliamichaelis3, Luka36, Acantha-27, Kuroneko1490, Paulinafujoshi, FanFiker-FanFinal, cuquiluna3, Parejachyca, Christine C, Saku-Aya, jess Granger s, sasuhinas fan, Sarahi, Fran Ktrin Black, Izlandi, Isa-Lovegood, antinoo, xonyaa11, Yiohtan, sinideas, Cinoet, crusheidi, coptesita, maaariiie por sus reviews!

¡EXCELENTE DOMINGO Y MARAVILLOSA SEMANA! -3-