CAPITULO 12: EL SECRETO DE PHOEBE. ¿DESDE HACE CUANTO TE CONOZCO?

-Señorita Pataki ¿Qué hace levantada a estas horas?-regañó una de las enfermeras del hospital.

-Eh, Yo…Yo…Yo necesitaba ir al baño-inventó la rubia tratando de seguir con su camino.

-Al baño de quien si se puede saber-ironizó la enfermera-Porque según lo que yo sé, usted y el joven del cuarto 18 está en observación y no pueden andar correteando por el hospital cual si fuera hotel. Además usted tiene su propio baño en su habitación. Así que vamos.

La señora, de malhumor empezó a llevar la silla de ruedas en donde iba Helga hacia el cuarto 17. Al llegar acomodó a la niña en la cama y retirando la silla salió de la habitación. La rubia bufó resignada.

Desde la pelea ella no tenía noticias de Shaoran, Arnold la había visitado todos los días con la esperanza de animar a la niña un poco pero ni los chistes inventados ni las anécdotas que contaba de sus compañeros la sacaban del aburrimiento en el que estaba. Phoebe y Lila sin embargo habían recibido directamente de sus padres el toque de queda y en cuanto a Gerald, lo castigaron por imprudente. Gracias a la comprensión de los abuelos de Arnold, Helga al menos no pasaba tan sola en el hospital.

Días antes aquello había sido un caos, después de salir bien librados de la batalla tuvieron que enfrentarse a las preguntas curiosas y ansiosas de los padres quienes preocupados por sus hijos decidieron separarlos de los que creían malos amigos.

Ahora Phoebe tenía prohibido ver a Helga y Li. Gerald no podía visitar a Arnold. Y el gran Bob había amenazado con llevarse a su hija a vivir a otro país, Helga casi cae con ataques al oír esto. Por suerte las razones que la rubia le dió y la promesa de no volver a hacer algo tan loco como eso, calmaron los ánimos del rey de los localizadores.

El teléfono en la mesita de noche empezó a sonar insistentemente. La pequeña incorporándose levemente de la cama tomo el auricular.

-Buenas Noches, con la habitación de la señorita Helga Pataki-preguntó una voz del otro lado.

-Vaya cuanto formalismo amiga. Si no estuviera en un hospital me echara a reír con ganas-sonrió la niña al reconocer la voz de la pelinegra.

-Helga, me alegra que hayas contestado tú. Lamento llamarte tan tarde pero es que estaba preocupada por ti. Ya sabes que mis padres no me permiten hablar contigo.

-Y ¿qué es lo que estás haciendo ahorita Phoebe? Agarrar ese aparatito llamado teléfono y marcar los números se llama hablar por teléfono, ¿recuerdas?-se burlo la rubia.

-Solo aprovecho la salida de mis padres. Estoy segura que pronto regresaran. Espere a que salieran para marcarte.

-Que linda. Pero estoy segura que no me llamaste solo para desearme buenas noches.

-No, la verdad quería saber ¿cuál va a ser la siguiente fase?

-¿Fase de que o qué?

-Vamos Helga, el siguiente paso para recuperar el último objeto que queda.

Helga suspiro antes de contestar, esa era justamente la pregunta que más temía oír. Ni siquiera ella sabía qué hacer y después de lo sucedido ella temía no solo por su vida sino por la de sus amigos. Pensándolo bien la rubia contesto intentando no sonar demasiado hiriente con su amiga.

-Mira agradezco tu ayuda pero estoy segura que recuperar el collar va a ser mucho más difícil que la espada. Además no creo que nuestros padres se traguen la excusa de "es que me entro curiosidad y por eso vine a ver" otra vez.

-Lo sé, mi madre no me creyó nada y los padres de Gerald y Lila peor. Sabias que a Lila se le dio por contar la verdad de lo que paso en ese lugar.

-Y ¿qué paso?-pregunto sorprendida la rubia.

-Pues que sus padres creyeron que su hija había perdido la razón. Así que la pobre tuvo que retractarse enseguida inventando la excusa que todos inventamos para que no la enviaran a un sanatorio para enfermos mentales.

-Lo sabía. Así les digamos la verdad a nuestros padres ellos no nos van a dejar ir, además en la batalla por poco acaban con ustedes.

-Eso no es cierto, Arnold y Gerald nos protegieron muy bien.

-Ese es el problema no siempre van a estar ellos y no siempre van a ser esqueletos. Qué tal si el mismo Belzemont se presentaba frente a ustedes. Viste lo que hizo al principio con Shaoran y conmigo, imagínense que les puede hacer.

-¿Que me estas queriendo decir Helga?

-Que agradezco tu investigación y la ayuda de los demás pero hasta aquí llegaron. Incluso creo que debo continuar mi camino sola. Shaoran ha sido de gran ayuda pero tampoco puedo exponerlo a él ni a ninguno de ustedes. Esta es mi responsabilidad y debo afrontarla.

-Helga tu no tuviste la culpa de que te tocara ese destino. Es mas no es culpa de nadie. Si reencarnaste lo hiciste para proteger a la Tierra pero eso no implica que tengas que afrontarlo todo sola. Tienes a tus amigos que están dispuestos a enfrentarse a todo para ayudarte.

-Phoebe ¿estás dispuesta a enfrentarte a la muerte por mi?-preguntó Helga segura de oír una respuesta negativa y acabar de una vez con el asunto.

Un gran silencio se escuchó del otro lado.

-¡Phoebe, ya llegamos! ¿Donde estas?-se escucharon unas voces en la casa de la pelinegra.

-Tú no sabes a lo que me he enfrentado por ti- contesto la pelinegra y colgó el articular.

Helga quedo sorprendida. De qué rayos estaba hablando su amiga. No lo entendía.

Nuevamente el teléfono empezó a sonar, la rubia lo tomo en seguida.

-¿Phoebe eres tú?-pregunto.

-No hija soy yo. Te llamaba para decir que tu padre está a punto de llegar para pasar allí la noche.

-Si Miriam, gracias.

-Cuídate mi cielo. Y nos vemos mañana en la mañana. Voy a pasar por allí para ver cuando te dan de alta.

La rubia colgó el teléfono.

"Genial ahora el gran Bob va a venir a cuidarme. Que más me podría pasar"

La pequeña se acomodó justo antes de que entrara su padre al cuarto. La verdad no quería hablar con él, la conversación que había mantenido con Phoebe la había confundido. Helga estaba segura de su decisión, esta era su pelea no la de ellos. Ella no podía exponerlos así. Aunque sabía que sin importar lo que dijera al menos, Shaoran, Phoebe y Arnold, la acompañarían. No sabía porqué pero sentía que su destino también era el de ella.

Lentamente se dió la vuelta y observó acostada en su cama la luna que se alzaba majestuosa en el cielo de Hillwood poco a poco el sueño le empezó a llegar y se quedo profundamente dormida…


Un hermoso campo de hermosas flores rosadas se alzaba frente a la rubia, ella caminaba lentamente sobre el césped. Disfrutando aquel paisaje. De pronto a lo lejos vio a una especie de gato con alas. Corrió hacia él.

-¿Luz?-pregunto sonriente Helga-¿Qué haces aquí?

-Tus padres te están buscando Ángeles. Te he dicho que no te alejes del palacio. Puede ser muy peligroso. Sabes muy bien que estamos en guerra.

-Lo sé pero no pude aguantarme las ganas de venir acá. Sabes a veces me gustaría ser humana para poder disfrutar de la vasta naturaleza que tienen ellos.

-Deja de decir estupideces niña y vamos, que a tu prometido no le gusta esperar.

-¿Gabriel esta aquí?-pregunto emocionada la niña.

-Claro y con sus padres. Hoy se oficializa la petición de mano. Se casaran cuando tu y el cumplan la mayoría de edad la ceremonia será…-pero el gato no pudo terminar porque la rubia se había marchado corriendo rumbo al castillo.

Hay, esta muchachita enamorada-sonrió Luz y desapareció.

Ángeles corrió evitando tropezar con las tiendas que se extendían alrededor de la calle principal. Estaba feliz, quería ver a Gabriel. Desde que lo conoció sintió algo por él y ahora que se comprometían ese sentimiento había ido creciendo.

-¡Auxilio, Auxilió!-escuchó la rubia que de inmediato se detuvo buscando el origen de aquellos gritos.

A lo lejos una muchacha de cabello negro entraba corriendo a la ciudad. Alarmando a todos.

-¿Que sucede?-pregunto Ángeles.

-Princesa, por favor-sollozó la chica-Mi hermana Celeste quedo atrapada por uno de los demonios. Sé que estamos en tregua pero al parecer ellos no respetan eso. Por favor ayúdela.

-No te preocupes. Ve al castillo busca a mi padre y cuéntale lo sucedido. Yo iré a ver qué pasa. En ¿dónde está?

-En los prados de Iperion. Estábamos recogiendo frutas para vender cuando ese demonio la atacó.

Ángeles no escucho más y trepando en un caballo con alas blanco que reposaba cerca de la niña se dirigió hacia el lugar.

En el prado alcanzo a divisar a una chica de cabello negro y corto, que vanamente trataba de zafarse de las cadenas que rodeaban su frágil cuerpo.

Ángeles furiosa se acerco y tomando la espada que solía llevar por seguridad rompió las cadenas opresoras. La muchacha pelinegra sonrió agradecida pero no tuvo tiempo para hablar porque una ráfaga de viento apareció frente a ella y la lanzo cual pelota de fútbol.

-¡¿Cómo te atreves?!-apuntó la rubia directamente al demonio-Estamos en tregua. Que tu jefe no te ha dicho nada.

-El problema no es contigo princesa, tengo hambre y de algo debo alimentarme.

-Piensas comértela. Te recuerdo que forma parte de nuestra gente. Si te atreves a hacerle algo, tendrás a todas las tropas de mi padre persiguiéndote.

-Muy pronto princesa, todos ustedes no serán más que cadáveres putrefactos pudriéndose a la luz de la luna. Eso te lo aseguro-y sonriendo el demonio se esfumó.

-¿Estás Bien?-pregunto Ángeles dándole la mano a la pelinegra.

-Sí, gracias su majestad.

-No me llames así. Aquí el rey es mi padre y la reina mi madre. No yo. Puedes llamarme Ángeles. Tu nombre es Celeste ¿verdad?

-Sí. Gusto en conocerla... digo en conocerte.

Las dos sonriendo treparon el caballo alado y se perdieron rumbo a la ciudad.

Una niebla intensa se poso sobre el sueño borrándolo todo. Luego miles de imágenes pasaron por la mente de Helga todas mostrando lo mismo:

Ángeles entrenando junto a Celeste.

-Vamos Celeste que te pasa, creía que sabias manejar la espada mejor que yo.

-Ángeles como me puedes comparar a mí contigo, yo solo entrenaba con mis amigos. Tú fuiste entrenada por los más altos generales de las tropas que protegen el reino.

-No te preocupes pequeña. Ya aprenderás-sonriendo la rubia tomo la espada y continuó con el entrenamiento.

Las dos estudiando la magia

-La poción de transformación es muy complicada.

- Estoy segura que te saldrá, Celeste.

-Solo lo dices porque a ti te salen todas las pociones bien. Yo no estoy hecha para esto, lo mío son los libros de conjuros.

-Entonces yo me especializaré en pociones y tú en los conjuros ¿qué te parece?-preguntó Ángeles acercándose a su amiga.

-Me parece que es hora de comer, bajemos. Tus padres deben estar esperando.

Las dos buscando nuevas formas para proteger al reino.

-Estoy segura de haber visto ese conjuro por uno de estos libros-buscaba Celeste.

-No te preocupes estoy segura que lo encontraras. Juntas protegeremos al reino.

-Si amiga recuerda nuestro lema-sonrió Celeste.

-Amigas por siempre, amigas toda la vida y como la muerte es vida. Amigas eternamente-recitaron al unísono.

Las dos riendo ante las bromas de sus amigo.

-Vamos Joshua deja de molestarnos-rogó la pelinegra.

-Claro que no. Es que es tan raro. Ángeles está comprometida. La muchacha más bonita del reino.

-Basta-sonrió complacida la muchacha rubia.

Celeste y Joshua al verla sonrojada se echaron a reír de buena gana.

Siempre las dos.


Helga se levanto dando un grito lo que hizo despertar a su padre y que este cayera de el sillón de una manera tan cómica que de no ser por la impresión que sufría la niña esta se hubiera empezado a reír.

-Lo recordé-grito la rubia moviéndose nerviosamente en la cama-Lo recordé papá. Lo recordé.

La niña empezó a desesperarse cada vez mas provocando que unas heridas se abrieran por los movimientos erráticos de la misma. El gran Bob horrorizado llamo a gritos a la enfermera quien al verla casi en un estado de histeria le inyectó un calmante provocando que la rubia durmiera profundamente pero esta vez sin sueños reveladores.


-¡Déjenme verla!-gritaba el castaño tratando de incorporarse-Mamá por favor diles que me dejen verla.

-Basta Li-ordenó la señora con seriedad-Ella está bien solo tuvo un mal sueño. Ahora debes preocuparte por ti y nada más que por ti.

-Pero madre…-intentó el muchacho.

-Pero nada. Me prometiste que jamás volverías a poner tu vida en riesgo de nuevo. Entiende de una vez, esta es otra vida. No estás en Japón. Sakura no está viva y nada de lo que hagas la va a revivir. Yo no me trago el cuento de que a ti y a tu amiga los atacaron unos ladrones. Sé muy bien lo que paso, te conozco hijo y sea lo que sea que les este pasando me gustaría que me lo confiaras.

-No puedo.

-¿Porque? ¿Rompes tu promesa acaso? ¿Magia de nuevo?

Li bajo lentamente la cabeza.

-Solo cuídate hijo, no me gustaría que algo malo te pasara-recomendó la señora a medida que salía tristemente de la habitación.

"Lo siento mama. Pero es mi deber proteger a Helga. Es mi destino y no la voy a dejar. Menos si recordé todo lo que me une a ella"


A la mañana siguiente la rubia abrió lentamente sus ojos para ver con sorpresa a Arnold inclinado levemente sobre ella, tanto que parecía que la iba a besar.

-¿Se puede saber que haces?-preguntó la chica sonriendo al ver la cara de susto que puso el rubio.

-¡Helga, estas despierta!

-No chico listo, es tu imaginación. ¿Qué haces aquí? A estas horas.

-Según tu ¿qué horas son Helga?

-Pues las 11 de la noche ¿verdad?-pregunto confundida al ver la claridad que penetraba por la ventana en aquel momento.

-Son las 11…de la mañana. Helga tu padre me contó que tuviste una crisis anoche tuve que inventarme una y mil cosas para pasar. Tuvo algo que ver con el collar.

De pronto la rubia recordó todo. La llamada con Phoebe, el sueño y la crisis que obligo a las enfermeras a sedarla. Recordando eso lágrimas de dolor empezaron a rodar por sus mejillas.

Arnold se acerco y abrazándola la atrajo así sí. Helga se acurrucó en su pecho y lloró todo lo que pudo. Cuando al fin dejo de sollozar vio que Arnold la veía a la expectativa.

-No tiene que ver con el collar-contestó-pero si con alguien que conozco.

Arnold no comprendía. Al menos estaba feliz que ahora que Helga estaba alejada de Li confiara mas en el.

Unos golpes sonaron en la puerta. Era el gran Bob.

-Helga, ¿Cómo amaneciste?-preguntó.

-Bien papá-contesto la niña secando los últimos rastros de lágrimas que sobre su cara yacían.

-Oye tu qué haces aquí te dije que no podías pasar-regaño Bob al ver a un costado de su hija a Arnold.

-Lo siento señor Pataki pero necesitaba ver a Helga.

-No me importan tus razones muchachito. Te va a tocar salir porque hay alguien más quien me ha implorado entrar. Creo que te va gustar hija-sonrió el hombre.

Helga observo que por la puerta pasaba su vieja amiga Phoebe mientras su padre sacaba a Arnold del cuarto.

-Ya lo sabes ¿no?-preguntó tímidamente la pelinegra.

-¿Cómo pudiste?-murmuró con rencor la rubia-¿Porque me engañaste todos estos años? ¡Porque!

Nuevamente lagrimas empezaron a rodar por los ojos de la rubia pero también por los de la pelinegra.

-Lo siento Helga. No sabes cuánto lo siento.

-Sabías lo que yo era y me lo ocultaste. ¿Porque?-interrogó la pequeña desesperada por una respuesta.

-Helga, espera-suplicó la pelinegra secando sus lagrimas-Antes de que me juzgues quiero que escuches de mi propia boca la que paso.

FLASH BACK

Las dos buscábamos una forma para poner a salvo los objetos. A pesar de que mi aprendizaje en libros de conjuro y magia antigua era basto no hallaba nada para tener de alguna manera a salvo lo que tenías que proteger.

-Tranquilízate Celeste-me calmaste tu, como siempre sonriente-estoy segura que de alguna u otra forma vas a encontrarlo.

-Confías en mí pero no quiero defraudarte. La única manera es muriendo-sollocé.

Tú tomaste el libro que revisaba de mi mano y lo leíste cuidadosamente. Tanto que se podía decir memorizaste todo el conjuro. De un momento a otro los guardias se presentaron en la habitación donde solíamos reunirnos y nos alertaron: los demonios habían empezado a atacar. Me ordenaste que fuera a la playa de Isiles el único lugar seguro para mí. Tome todos los libros que pude y rezando para que todo te saliera bien salí de allí. Al llegar vi a Gabriel, tu prometido herido de gravedad, me acerque asustada.

-¡Sálvala! Van por ella. No la dejes sola. Es una trampa. Los demonios le tendieron una trampa.

-Pero usted está herido-conteste

-Mis heridas sanaran, trataré de llegar con ustedes. Celeste eres la única que puede evitar la desgracia. Ve.

Me moví de inmediato.

En poco tiempo te había llegado a querer como una hermana…

Después de la muerte de mi familia a manos de los demonios tú me brindaste tu palacio como hogar teniendo el calor de unos padres y de una hermana, te debía mucho.

Corrí, corrí con todas mis fuerzas. Cuando llegué, vi que era demasiado tarde. Tú y tu padre habían escapado. Deduje que habías ido a la montaña pero ¿para qué? A menos que…Recordé el conjuro de sacrificio que miraste fijamente, corrí hacia allí. Era demasiado tarde tú y Belzemont desaparecían.

No teniendo otra opción busque desesperadamente el conjuro que habías hecho con la ilusión casi vana de poder seguirte para proteger contigo los objetos pero mi esperanza se hizo añicos al ver que solamente las personas de sangre real podían reencarnar.

A pesar de todo encontré una manera, morir, sufrir en el averno y escaparme para elegir un determinado lugar donde llegar. Claro que nacería como una simple mortal sin magia ni poderes. Solo a tu lado, para buscarte, cuidarte y apoyarte en lo que pudiera.

Así tome la daga de marfil de uno de los demonios y recitando el último conjuro que leí en mi vida termine con los mejores años que pase a lado de tus padres y a tu lado.

FIN DEL FLASH BACK

Helga permaneció en silencio observando a su amiga. Que irónico, Ángeles rescato a Celeste de ser comida por el demonio y de alguna u otra forma Helga rescato a Phoebe de los molestos niños que la maltrataban cuando iban en jardín. Qué manera tan curiosa de conocerse.

-¿Porque no me lo dijiste?-pregunto Helga fríamente.

-Porque no podía. Qué tal si te iba y te contaba todo lo que ahora sabes-respondió la pelinegra-Tú no me lo ibas a creer. Además al nacer no recordaba nada, mis recueros afluyeron el día que nos conocimos en jardín de niños.

-¿Tu sabias lo que me iba a pasar? ¿Tu sabias que… me iban a violar?-pregunto en un hilo de voz la rubia reprimiendo algunos recuerdos dolorosos que afloraron a su mente y esperando una respuesta negativa.

Phoebe guardo silencio y bajo la cabeza derramando lagrimas de culpabilidad.

-Vete Phoebe, Celeste o como quiera que te llames-pidió Helga mientras lagrimas de dolor bajaban y mojaban sus mejillas.

-Lo siento, pero era algo que tenía que hacerse. Era la única forma de que te reencontraras contigo misma. Perdiendo la inocencia. Lo siento. Si pudiera, cambiaría mi lugar con el tuyo para que no tuvieras que sufrir más. Solo recuerda una cosa yo siempre te querré aunque no me perdones nunca lo que paso-sollozó Phoebe-Porque para mí fuiste y seguirás siendo mi hermana no de sangre pero del alma.

-¡Vete Phoebe…!-lloró Helga-¡Vete! No te quiero ver. Déjame sola.

La pelinegra salió llorando del cuarto de la niña.

Un secreto. Cuanto puede doler un secreto así sea cuidadosamente guardado por un bien común. La amistad el más fuerte de los lazos, ¿qué pasa cuando un secreto corta este lazo? ¿Qué pasa con dos corazones rotos que no pueden desahogarse? Helga lloro a más no poder sobre su almohada.

-¿Porque Phoebe? ¡¿Por qué?!

La pelinegra caminaba bajo la lluvia, ya ni le importaba el regaño de sus padres. La había perdido había perdido a la que había sido su hermana, su amiga, su apoyo.

-Lo siento Helga. Créeme que lo siento-sollozo y llorando corrió hacia su casa.


No muy lejos de allí parado sobre un edificio en alto un demonio con una sonrisa macabra veía la escena.

-Que interesante. Esto me va a ayudar a destruirte. Hiciste mal en retarme. Nadie se enfrenta a Belzemont y vive para contarlo. Lo siento Ángeles pero tu hora está a punto de llegar.

Y alzando en vuelo desapareció tras unos estruendosos truenos que caían desgarradoramente sobre Hillwood.


Y con esto terminamos el capítulo número 12 de esta interesante historia...

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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.