CAPITULO 13: LA TRAMPA DE HEMATOS. EL RESCATE DE UNA AMISTAD
Los días habían pasado volando desde aquella visita. Helga salió del hospital y fue llevada a su casa. Li aun seguía en terapia intensiva pues su herida era profunda. Tenía desgarrado ciertos tejidos y su recuperación tomaría más tiempo en el hospital. Todo continuaba igual, Arnold visitando continuamente a Helga en casa, Lila ni asomaba sus narices, Gerald atrapado en casa, Li tenía prohibido las visitas (solo la de su madre) y en cuanto a Phoebe no se le había vuelto a ver después de la última vez que hablo con la rubia.
Tristemente desde la reveladora visita de su amiga, la rubia había perdido todo el entusiasmo y coraje del que se había llenado. Solamente pensaba en algo: traición. Ella no comprendía el porqué si su amiga sabia la desgracia que le iba a pasar no dijo algo para evitarlo. Si los papeles se hubiesen invertido ella hubiese hecho lo posible para protegerla.
-¿Te pasa algo Helga?-preguntó el rubio por enésima vez sacando a la muchacha de sus cavilaciones.
-Nada. Bueno…si me pasa algo. Arnold te puedo hacer una pregunta- inquirió la chica observando fijamente a su acompañante.
Los dos se encontraban en la sala Pataki. Arnold iba todos los días cuando el gran Bob iba a trabajar para no tener que rendirle explicaciones ya que la última vez el hombre le había preguntado sus intenciones con su hija lo que dejo a Arnold totalmente nervioso no solo por estar ante el que consideraba su futuro suegro sino porque no sabía qué rayos contestar.
La sala estaba muy bien acomodada, la pequeña estaba recostada sobre el sofá. El niño descansaba sobre la acogedora alfombra, los dos escuchaban música y jugaban los tan aburridos juegos de mesa que los padres de la rubia solían regalarle en su cumpleaños.
-Claro, tú sabes que puedes confiar en mí-contesto el rubio sonriente, tomando todas las piezas del rompecabezas empezó a guardarlas en la caja a medida que escuchaba a su amiga.
-Bien, qué harías si descubres que alguien que tú quieres mucho te ha mentido toda la vida. ¿Cómo reaccionarias?
-Difícil pregunta que me pones. Pero velo de esta manera, mi abuelo siempre suele decirme que busque en mi corazón. Si esa persona fue sincera con sus sentimientos todo el tiempo vale la pena darle una oportunidad.
-Pero si la persona de quien hablo pudo evitar una desgracia y no lo hizo. Y esa desgracia afectó toda tu vida.
-Si realmente te quiere, ten por seguro que lo hizo para protegerte. Porque eso tenía que suceder, muchas cosas aunque dolorosas tiene que ocurrir para ayudarnos a crecer no solo como personas sino como amigos.
Helga sonrió. Esa era la clase de respuesta que esperaba de su cabeza de balón. Siempre tan sincero, tan confiable.
-¿Estás seguro que no te conocí en mi otra vida?-preguntó intempestivamente la muchacha.
Tantas sorpresas se había llevado las últimas semanas que una mas no la iba a afectar.
Además tenía la sensación de estar unida al rubio no solo como amigos sino como algo especial. Lo mismo que sentía Ángeles cuando quería ver a Gabriel. Lástima que en sus sueños jamás lo vio. Esperen, una loca idea paso por la cabeza de la pequeña. Y si Arnold era Gabriel. Podría ser no, esa idea no era tan descabellada. Eso explicaría la razón de su enamoramiento instantáneo que basto con solo cruzar una mirada en jardín de niños.
El rubio observó como los ojos de la chica se llenaron de esperanza esperando una respuesta. Aunque no sabía porque algo en su corazón le decía que le dijera que si y otra parte en su cabeza le decía que no. Si mentía la rubia aparte de enojarse con él terminaría con ese lazo que los había unido los últimos días. Así que pensó muy bien su respuesta antes de darla.
-Escucha, me hubiese gustado hacerlo. Haberte conocido desde hace mucho tiempo atrás pero la triste verdad es que solo soy un humano mas. Un humano que busca el cariño de una princesa que lo cautivó con su sonrisa, con sus bolitas de papel, con esa pose de niña ruda, con sus puños levantados, con el valor que un día reunió para decirle toda la verdad, con los sacrificios que se vio obligada a hacer solo para verlo sonreír. No Helga, tú y yo no nos conocíamos desde antes pero siento como si lo hiciera. Lamento haber tardado tanto pero si tú esperaste tanto tiempo sin que tu corazón tuviera dueño puedes permitirle a este pobre mortal atravesar ese custodiado umbral para aprender juntos a amar.
Le expresión de la pequeña era inmutable, no sabía cómo responder. Nuevamente empezaba con sus sentimientos. Ella estaba confundida aunque ese tiempo lejos de Shaoran la había acercado más el rubio no tenía la seguridad de amarlo con la misma impetuosidad que antes.
-Escucha Arnold, tú lo acabas de decir aprender juntos a amar. Yo no tengo que aprender porque yo ya lo hice, te ame con tal fervor que cometí una y mil locuras por evitar ver tu rostro surcado por lagrimas de dolor. Sé que muchas veces resultaba insoportable pero tan solo era una máscara, una máscara para quien supiera ver a la verdadera niña que se escondía dentro. Puedo decirte que aunque no eras consciente de eso tú la veías. Por eso siempre me protegías. Pero se acabó Arnold. Nada volverá a ser como antes. He de decirte que guardaba la ilusión secreta de haberte conocido, así podría decir que nuestras almas estaban destinadas a vivir juntos y por siempre, mas tú y yo sabemos que no es así-la rubia colocó su mano sobre el hombro del rubio.
-Una oportunidad, eso es lo que te pido. Déjame redimirme. Ahora sé que la persona que más quiero eres tú no Lila.
-Arnold no es el momento ni el lugar indicado para hablar sobre el asunto.
-Entonces ¿cuándo? Dime, cuándo. Cuando ese demonio Belnemont o Belzemant o como sea que se llame termine matándote. La última vez por poco y no sales viva de no ser por Li…-el rubio se interrumpió abruptamente. Era cierto Helga no sabía lo que paso durante el lapso de su dormitación.
-¿Que paso con Shaoran?-preguntó la chica.
Arnold guardo silencio y observándola le pregunto algo que desde hacía mucho tiempo se moría por preguntar.
-¿Por qué Shaoran? ¿Porque no lo llamas Li como todos los demás? ¿Por qué?
-Porque me nace decirle así. Siento como si yo fuera la única persona que tiene derecho ha llamarlo de esa manera. Recuerdo la primera vez que nos vimos, lo llame así y su rostro se iluminó. Desde allí decidí llamarlo así. Tan solo para ver por una milésima de segundo ese serio rostro sonreír-contestó la chica.
El rubio la observo cuidadosamente. Cuando se disponía hablar, la madre de Helga entró.
-Cariño acabo de hablar con el director Wartz y a más tardar la otra semana entraras de nuevo a clases. Así que…-pero se detuvo al ver a el rubio observándola desde el piso-Dios santo que haces aquí. Bob está afuera y no tarda en entrar.
-Hay no, mamá. Si mi papá lo ve es capaz de empezar a planificar la boda ¡Ven!-Helga tomo al niño por la mano y se lo llevó a su cuarto.
Los dos se encerraron, el cabeza de balón empezó a observar el cuarto de la niña mientras esta aseguraba su puerta y corría a la ventana. De repente algo llamo la atención del niño, un libro rosa parecido al que guardaba consigo reposaba sobre la mesa de noche. Un segundo le basto para decidirse.
-Ya esta, baja por las escaleras de incendio y no te pares hasta estar bien lejos. Nos vemos mañana-la chica lo empujó y lo sacó del cuarto. Sonrió al ver las maromas que su amigo tuvo que hacer para llegar al suelo.
"Menos mal que se fue antes de que mi papá lo viera"
Cuidadosamente cerró la ventana y sacando el seguro a la puerta, se recostó sobre su cama pensando en todo lo que había pasado aquella tarde. Ya estaba anocheciendo, de seguro Miriam no iba a tardar en llamarla para comer.
Imágenes de Phoebe, pasaron por su mente. Nuevamente esa sensación de tristeza infinita, de ahogo. Se levantó para escribir en su tan apreciado diario, fiel testigo de tantas travesías pero no lo encontró. Desesperadamente empezó a buscar su pequeño libro rosa pero no había rastros de él.
¿Qué había pasado? Nadie más había subido a su habitación en todo el día .Solo. De repente una palabra paso por su mente.
"Arnold"
-Muy Bien hija, quiero que dejes todo asegurado. Regresaremos a más tardar a las 1 de la mañana. No te preocupes. Duerme Bien chiquita-aconsejó el padre preocupado.
-Si papá, mamá. Espero que les vaya bien en su cena de negocios-contesto una pelinegra que llevaba entre sus manos el plato de comida que nuevamente se había negado a comer.
-Phoebe porque no has comido. Niña me preocupas, tienes que alimentarte bien. Vamos no nos vamos a ir de aquí hasta que hayas comido tú merienda-ordenó la madre parándose frente a la niña.
La pequeña tomo una cuchara de cereal y se la metió en la boca, satisfecha su madre salió y su padre dándole un último beso a su hija cerró la puerta de entrada.
Phoebe suspiró y colocando el plato de comida en la cocina se dirigió tristemente a la sala.
La pequeña no tenía apetito. Simplemente estaba triste, los hechos ocurridos días anteriores la ponían demasiado abatida y la torturaban sin cesar.
Escuchó como el carro de sus padres se alejaba. Observó el teléfono de la sala. Después de mucho mediar decidió no llamar. Después de todo que le iba a decir. Que extrañaba hablar con ella. No lo que necesitaba Helga en ese momento era tiempo para pensarlo y Phoebe le daría ese tiempo.
La niña se sentó en el sillón y encendió la televisión, no tenía nada que hacer. Los deberes los había terminado apenas llegó de la escuela y en la cocina todo estaba limpio a excepción del plato de comida que la niña deshecho.
Poco a poco empezó a quedarse dormida, sus gafas cayeron sobre sus piernas y su cabeza descanso sobre su hombro.
Un ruido despertó de manera abrupta a la niña quien ya se encontraba en el quinto sueño.
Algo parecido a las garras gigantescas de un pájaro se escuchaba en el techo. Phoebe asustada, colocándose bien la gafas tomo una escoba y observo escaleras arribas. Escucho como algo abría la ventana de la azotea. Asustada no lo pensó dos veces e intento salir de la casa y pedir ayuda. Pero fue demasiado tarde.
Todo ocurrió de forma rápida, un demonio bajo y se posó frente a la pelinegra, la pequeña reconociendo a Belzemont intentó correr para ser atrapada por sombras que salieron del piso y de las paredes. (Escapa de todo menos de las sombras, ellas están en todas partes)
-Pero miren a quien tenemos aquí. A la mejor amiga de nuestra querida Ángeles ¿Verdad?-preguntó el demonio sonriendo maliciosamente.
-Yo...Yo...no sé de qué me habla. Suélteme-rogó la chica temiendo lo peor.
-No te preocupes, tú serás la clave para destruir a tu amiguita. Que irónico siendo su mejor amiga vas a colaborar en su muerte.-el demonio se acercó a la pelinegra que la miraba asustada y soplo algo parecido a la ceniza encima de la niña. En seguida esta se desmayó.
- Vamos al parque. Allí la esperaremos. ¡Tu!-ordeno Belzemont señalando a una sombra-encárgate que la princesa vea todo lo que acaba de pasar y el lugar donde vamos a estar. Eso va a ser muy divertido.
Y haciendo un boquete en el suelo desapareció entre llamas junto con sus sombras quienes llevaban a la pequeña completamente desmayada.
Helga movía de manera monótona su comida, no se había llevado nada a la boca. Miriam iba a intervenir pero Bob la llamo desde la sala.
-Miriam me puedes decir que es todo este desorden aquí. Que hace el rompecabezas, estos platos y ese libro aquí.
-Es solo que me puse a ordenar y luego olvide terminar el trabajo. Eso es todo.
-¡Mamá, me voy a acostar!-gritó la pequeña incorporándose de la mesa.
-¿Estás segura hija? Te sientes bien.
-Si, es solo que tengo sueño-diciendo esto la rubia subió a su cuarto y cerró la puerta.
"Cómo pudiste robarme eso Arnold. ¿Por qué? creí que éramos amigos primero me traiciona Phoebe y luego tu. No puede ser porque me pasa esto a mí."
Helga observó por la ventana el rumbo que momentos antes había tomado su amigo cuando sorpresivamente sintió como una mano oscura tapaba su boca y penetraba muy dentro de ella. Como una posesión. Al igual que una película la niña observo como Phoebe era raptada por Belzemont y yacía amarrada en una especie de poste en el parque que quedaba unas cuantas cuadras abajo.
Intempestivamente la niña fue arrojada al otro lado del cuarto.
-Él te espera. Si en algo valoras la vida de esa mocosa. Ve al parque-riendo la sombra se desvaneció alejándose del cuarto.
Mientras tanto la rubia respiraba agitadamente tratando de alejar esa sensación espantosa que tuvo cuando la sombra se apodero de su mente y de su cuerpo.
Lentamente se incorporó. Su amiga estaba en peligro y a pesar de lo que había pasado no la dejaría sola. Tomando el arco y la kunai que su amigo le regalo, hizo un bulto en su cama para que aparentara que ella dormía. Luego cambiándose de ropa salió silenciosamente por la escalera de incendio. Alejándose de su casa corriendo y rogando que la pelinegra aun siguiera con vida.
Arnold dejó a sus abuelos en sus tan acostumbradas cómicas discusiones y subió las escaleras. Cerró la puerta y saco de su escritorio el libro rosa que tomo de la casa de Helga. Se dirigió hacia su cama y alzando levemente su colchón saco el otro libro rosa que hace más o menos dos años había encontrado.
No sabía qué hacer, por un lado si habría el libro y comparaba la caligrafía sabría si la persona que le dedicó tan bellos poemas era su rubia amiga pero por otro seguro a esas alturas la pequeña ya debía de haber notado que su diario no estaba y con lo inteligente que era ya habría deducido que Arnold lo tomó. Ganar la verdad y perder para siempre la confianza de Helga, o ganar más respeto de ella y quizá que esta la viera con otros ojos y perder el derecho de saber quien le escribió tan hermosas palabras.
Estas ideas cruzaban por la cabeza del pequeño, no sabía qué hacer así que dejo el diario y el libro de poema sobre la mesa. Se recostó en su cama y casi al instante se quedó dormido.
Helga atravesó rápidamente las calles y llego a la entrada del parque. Todo lucia tan callado, tan silencioso.
"Esto no me gusta para nada"
La muchacha se disponía entrar cuando vio a un lado de la reja a un hombre recostado sobre el suelo, se acercó para intentar ayudarlo. Cuál no sería su sorpresa al verlo con los ojos cerrados, pálido y con el pecho literalmente abierto. Todos sus órganos se podían ver perfectamente, la sangre mojaba todo su alrededor y su corazón había sido arrancado con tanta crueldad que el pobre hombre había muerto al instante.
La niña al ver la escena horrorizada se adentro en el parque antes que sus fuerzas le fallasen y desapareció tras una especie de matorrales.
Camino y caminó. Lo único que veía era los acostumbrados columpios, resbaladillas y tubos para jugar. Debía reconocer que el parque a pesar de aparentar ser pequeño era bastante grande. Después de lo que le parecieron horas a la niña, logro divisar un paraje.
En él podía ver claramente que dos especies de postes hechos de hielo se alzaban majestuosos en el medio del parque, en uno de ellos se veía una pequeña figura que inútilmente trataba de zafarse. Por otro lado no logró observar a nadie más, ni siquiera a las malvadas sombras de Belzemont.
Todos los sentidos de Helga le alertaron que se trataba de una trampa pero ella no obedeció y corriendo se lanzo para tratar de sacar a su amiga.
-¡Phoebe! ¿Estás bien? ¡Contesta!- la rubia se acercó y puso sus manos sobre el poste. Al instante este bajo poniendo más al alcance a la pelinegra de la rubia.
La rubia observó alrededor esperando un ataque. Pero no había nadie. Solamente se escuchaban los acostumbrados ruidos nocturnos que gobernaban la ciudad de Hillwood en la noche. La pequeña tomó su arma y empezó a soltar las cuerdas. Extrañamente la pelinegra impulsivamente se movía de un lado al otro como queriendo prevenirla de algo. Cuando al fin las cuerdas se desamarraron. La chica se sacó la cinta que tapaba su boca y desesperada gritó:
-¡Helga es una trampa! Te quieren a ti no a mí.
Era demasiado tarde una especie de energía blanca empezó a rodear a las niñas.
-¡Quédate a mi lado y no te alejes!-advirtió la rubia.
-¿Porque Helga? ¿Porque viniste? Después de lo que paso ¿Por qué?-sollozaba la pelinegra.
-Phoebe por favor no es momento para hablar. ¡Salta! –advirtió cuando una especie de látigo blanco se abalanzo sobre ellas. La pelinegra rodó fuera del campo de batalla mientras que la rubia fue a dar en el centro.
Creyendo que era una especie de luz, Helga decidió enfrentar esa energía sin embargo, se percató a tiempo, de que los lugares en donde el látigo había caído se encontraban congelados. Reaccionando de inmediato se abalanzó al lado contrario evitando por tercera vez el látigo.
-¡Muy Bien, princesa! Tienes buenos reflejos. Me atrevería decir que has mejorado en algo pero eso no lo es todo ¿sabes? Ahora ya no tienes a tu amiguito. Ya no están juntos y puedo acabar contigo, Ángeles. Yo de ti empezaba a huir-esa voz resonó por todo el parque.
-¡Hazte presente Belzemont! Yo con imitaciones de fantasmas no hablo-exigió la pequeña.
Una luz intensa afloro de una de las esquinas y el demonio se hizo presente, extrañamente no traía a ninguna de sus sombras y menos a los esqueletos.
- ¿Qué pretendes?-cuestionó la muchacha alerta esperando el siguiente ataque del látigo.
-No va a atacar hasta que no se lo ordene-sonrió Belzemont -¡Que patética eres! Como siempre anteponiendo tus sentimientos personales. Mira que caer en una trampa tan obvia. La amistad con esa niña va a ser tu perdición ¡Hematos, acércate!-llamo el demonio.
Un gran estruendo se escuchó y una bestia inmensa de 4 patas emergió de la tierra. Era blanca como el hielo, tenía dos colmillos y tres ojos inyectados de sangre que veían con furia se podía decir con venganza a la pequeña rubia que miraba eso asustada.
-Que… ¿Qué es eso?-preguntó la chica observando que Belzemont se acercaba a la criatura y la acariciaba cual inocente cachorrito.
-¿Asustada princesa? Supongo que no habrás olvidado a Hematos. El demonio del hielo que tú y tú mugroso padre se encargaron de encerrar en las profundidades del infierno-Belzemont se acercó y empezó a murmurar algo a la puntiaguda oreja del demonio. Este sonrió macabramente.
-¡Yo no hice tal cosa!-contesto la rubia.
-Claro que lo hiciste, de hecho fue tu poder el que lo encerró y lo condeno a los más crueles castigos. Lástima que aun no sepas usarlo porque mi hermanito está dispuesto a terminar contigo. Antes de que mueras, déjame decirte algo -el demonio se acercó a la rubia y murmuró a su oído-No soy el único demonio. Hay varios allí abajo y salen cuando yo se los mando. Ahora te vas a arrepentir de haberme desafiado. ¡Hematos ataca! Es toda tuya.
Al decir esto el demonio observó a la rubia que lo veía atemorizada y Belzemont se alzó en vuelo y gozando con el triunfo que auguraba, desapareció satisfecho.
Helga empezó a correr para huir de allí pero Hematos era más rápido y cada que la alcanzaba le lanzaba una especie de filudas cuchillas echas de hielo.
-¡Helga!-alcanzo a escuchar la rubia-¡Helga escúchame!
La rubia se freno de golpe y buscando el origen de aquel sondo dio con él. Era Phoebe quien se había incorporado.
-¡El fuego, el anillo de fuego! ¡De esa manera tú controlaste al demonio antes!-gritó la chica.
-De qué demonios hablas, anillo yo no tengo ningún anillo.
Hematos desapareció momentáneamente reapareciendo debajo de la niña, este mordió a la rubia la cual grito del dolor. Su tobillo estaba atravesado por el colmillo de este demonio.
Ya no podía correr.
Helga intento pararse para evitar la lluvia de misiles que lanzaba el demonio pero no pudo.
Estos le dieron de lleno lo que la mando lejos dejando una estela de sangre por donde rodaba. Phoebe intento intervenir pero el demonio empezó a formar una especie de iglú. En el que quedo atrapada la niña y Hematos. Phoebe no sabía qué hacer desesperada vio como uno de los postes mantenía su estado original y armándose de valentía tomo su saco y deshilándolo armo una especie de soga que le ayudo a escalar y ver todo desde arriba.
Helga intentaba incorporarse pero el dolor que sentía era tan horrible que nuevamente cayó sobre sus piernas.
-¡Ángeles!-sonrió Hematos acercándose con una mirada sanguinolenta.
La rubia se incorporo, recordó el arco y enfocando su energía creo 7 flechas de fuego la primera le dio de lleno al ojo del demonio lo cual la niña aprovechó para arrastrarse lejos de su alcance.
-¡Helga!-llamó una voz desde arriba de la prisión de hielo. Era Phoebe. -Usa la energía del fuego para crear un anillo. Este se encargará de mandar al otro mundo al demonio. Enfócate, piensa en tus manos y muévelos a tu alrededor. Hazlo.
La rubia al ver que las dos flechas que lanzo al demonio lograron atrasar su ataque se incorporó lo mejor que pudo y cerrando los ojos. Se concentró. Mas los rugidos de la bestia no la dejaban.
"Fuego, necesito Fuego"
De sus manos salieron sendas llamas de fuego, pero sin causarle daños a la niña.
Concentrada como estaba enfoco en su mente el anillo. Empezó a mover sus brazos formando un círculo frente a ella cuando abrió los ojos una especie de bola de fuego se había armado.
-¡Me equivoque Phoebe, arme una bola no un anillo!-se desesperó la rubia.
-Estas Bien. Ahora sopla, eso es todo-sonrió Phoebe al ver la cara de susto de su amiga.
-¿Estás segura?-pregunto la pequeña.
El demonio se empezó a acercar esta vez con el claro objetivo de atravesar a la princesa de largo en largo. Y degustar su carne.
La niña confió en su amiga y soplo frente a la bola. Esta se extendió enormemente empezando a rodear al demonio y a la niña.
-¡Sal de ahí!-grito la pelinegra.
-Por supuesto Phoebe. Solo estoy esperando un taxi para ir a casa-ironizó la niña-¡Que no ves que estoy herida, no me puedo mover!
Las llamas atacaban al demonio pero al igual que el demonio la niña también recibía quemaduras graves por parte de las llamaradas azules
-¡Auxilio!-gritó la rubia observando como el demonio al ser alcanzado totalmente por las llamas era quemado vivo, dejando ver su carne y luego su esqueleto hasta quedar reducido a cenizas.
"Este es mi fin"
El anillo de fuego se hacía más pequeño alrededor de la Helga. Las llamas se alzaban amenazadoras frente a ella. De repente sintió como alguien la tomaba por los brazos y la sacaba de allí, el anillo se cerró y casi enseguida desapareció volviendo todo a la normalidad.
Helga y Phoebe cayeron desde una considerable altura al suelo, pero estaban vivas.
La pelinegra se acerco a la rubia para ayudarla.
-Tú puedes curar tus heridas, Helga-sonrió la pelinegra.
-¿Cómo? -pregunto horrorizada al ver como la sangre se derramaba sobre el verde césped.
-Tu madre, piensa en ella. Siéntela. Ella te ayudará. Hazlo.
La pequeña cerró los ojos y empezó a pensar en su madre. Una calidez y paz inmensa la inundo. Al abrir los ojos vió con asombro que todas sus heridas se empezaban a cerrar.
-Vaya con esto ya no necesitaré ir al médico-bromeo la chica incorporándose totalmente recuperada.
-Lo siento-murmuro Phoebe observándola-Por mi culpa casi mueres. Lo lamento.
-La que debe pedir disculpas soy yo, hoy alguien me hizo entender que si una persona nos quiere, hace lo que sea para cuidarnos. Si tú dices que no podías advertirme sobre lo que paso, te creo. Solo quiero que tengas algo claro, fuiste mi mejor amiga, eres mí mejor amiga y siempre lo serás.
-Amigas para siempre, amigas toda la vida y como la muerte es vida, amigas eternamente-susurró la pelinegra.
-¿Que dijiste?-pregunto la rubia observándola.
-Nada Helga, Nada. Ahora será mejor que regresemos a casa mis padres deben de estar preocupados.
-Los míos no-sonrió con picardía la rubia-Deje a mi doble ahí.
-No me digas, ¿tu doble echa de sabanas y almohadas?
-Así es-sonrió la pequeña. Y juntas se encaminaron a salir del parque no sin antes dar aviso a la policía del pobre guardia que había muerto de esa manera.
-Lo siento por él. No es justo que paguen personas inocentes. La maldad de Belzemont es tan destructiva.
-No seguirás con eso de continuar sola.
-Claro que no, por lo menos de ti no pienso prescindir-sonrió Helga y abrazando a su amiga se alejaron del lugar a medida que se escuchaban patrulleros llegar hacia el lugar.
No importa lo que pase. Los secretos muy bien custodiados. Las verdades no dichas. Solo una amistad verdadera sobrevivirá las peores pruebas que te imponga la vida.
Y con esto terminamos el capítulo número 13 de esta interesante historia...
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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
