La doctora le había mencionado que Tsukishima entraría más en contacto con sus emociones y cualquier cosa podría hacerlo enojar, reír o llorar. Eso era algo que debía ver, no siempre se podía verlo expresar sus emociones. Lo que no le advirtió la doctora era que entraría muy, muy, muuuy en contacto con ellas.

En la última semana, los cambios de humor de Tsukishima habían empeorado. Le gritaba por cualquier cosa: por no había cerrado la pasta de diente, llegado un minuto tarde y una vez casi lo sacaba de casa a media noche porque lo llamó "pastelito gruñón." No sólo se enojaba con facilidad sino también lloraba por cualquier cosa: porque no encontraba el libro que tenía en la mano, porque la rana murió comida por la serpiente en el documental o porque el hijo del vecino perdió su pelota (tuvo que comprarle otro balón para que ambos dejaran de llorar). Ni que hablar cuando estaba de buen humor: se ponía a platicar con el gato de la vecina, cantar mientras hacía de comer o comprar un sinfín de cosas innecesarias por el simple hecho de que le parecían bonitas en ese momento, aunque después se enojaba con él por permitirle comprarlas.

Cambios muy radicales para alguien como Kei. En un minuto le decía lo feliz que se sentía y al otro le aventaba lo que tenía a la mano. Lloraba por el calor que hacía y después quería ir a la playa. Sentía vértigo al cruzar un puente y al siguiente segundo tenía ganas de viajar en avión. Aunque su actitud voluble también tenía beneficios. Un día se quedó discutiendo con el encargado de una tienda porque se había acabado el televisor que estaba en descuento. Al final obtuvo uno mejor y a un precio más barato, acompañado de una tostadora y un juego de lámparas gratis. Cada vez se iba de comprar regresaba con algo que le habían regalado o salido en descuento ¿Cómo lo conseguía? No tenía idea y no quería averiguarlo.

— He llegado — Susurró mas no recibió ni un beso ni un regaño. Cada vez que entraba, lo hacía con cuidado y sin hacer mucho ruido. Si Kei lo recibía con un regaño no había problema, pero si era recibido con un beso debía estar preparado para algún drama. Sus cambios frecuentes de humor eran terribles.

Subió las escaleras y se dirigió a la habitación. Kei se encontraba acostado. Últimamente su cansancio había aumentado y la doctora le recomendó tomar pequeñas siestas. Algo que odiaba Kei. Decía que era un desperdicio de tiempo y las primeras veces se negó a hacerlo. Al final tuvo que desistir. Si se esforzaba demasiado podía ser contraproducente para el bebé. Se acercó a él y besó su frente.

— Tetsuro.

— Kei, creí que estabas dormido. Perdona si te desperté.

— No estaba durmiendo.

— De todos modos, intenta dormir. Estaré abajo por si me necesitas.

— Lo siento.

— Por qué te disculpas.

— He sido injusto y me he desquitado contigo en estos días.

— Está bien — Se sentó a su lado y comenzó a acariciar su cabello —Es normal en tu estado.

— Créeme que intento controlarme pero no puedo. Es frustrante.

— No debes esforzarte.

— Lo sé pero…

— Ya pasará. Todo a su tiempo ¿De acuerdo? — Kei asintió — Ahora — Le entregó una caja de regalo.

— Deja de andar comprando — Se incorporó en la cama y se colocó sus lentes.

— Ja,ja. Mira quien lo dice — Kei abrió el regalo y Kuroo no puedo evitar sonreír — Lo vi y no pude resistirme. Ah, pero este no puede estar en tu colección hasta que deje de usarlo ¿De acuerdo? — El menor asintió aún con la vista en el regalo — Entonces ¿Te gusto?

— Tetsuro — Devolvió la pequeña prenda con forma de dinosaurio a la caja y lo abrazó — Es perfecto, gracias.

Todas la mañanas al despertar, lo primero que hacía era dirigirse al baño por la sensaciones de nauseas pero ese día fue diferente. Despertó con un poco de mareo, nada más. Kei agradeció a los cielos. Se encontraba al final del primer trimestre y eso no sólo significaba que las probabilidades de problemas con su hijo se habrían reducido, sino también los malestares desaparecerían dentro de poco. Suspiró aliviado. Ahora sólo tenía dos problemas: El primero eran las emociones que experimentaba en los últimos días. Cualquier acción mal realizada le provocaba un sinfín de sentimientos y eso lo irritaba. Vamos ¿Llorar porque la pasta se quemó un poco o enojarse por una mancha en el suelo del supermercado? Había comenzado con técnicas de respiración y caminatas diarias. Algo completamente absurdo para él pero debía admitir que estaba funcionando.

El segundo problema no podía evitarlo por más que quisiera y tenía que ver con su peso. La ropa comenzaba a ajustarle y debía utilizar ropa más holgada.

Observó su reflejo frente al espejo. Dentro de poco su embarazo sería muy notorio y eso implicaba escuchar las felicitaciones por parte de sus vecinos y los consejos de las madres.

— Espero y no te notes mucho — Tenía la esperanza de que su embarazo fuera de esos que no eran muy notorio. Acarició su vientre y suspiró resignado. A quien engañaba, claro que se iba a notar. No por nada era hijo de Tetsuro Kuroo.

— Kei — Tocó la puerta — ¿Ya estás dormido? Recuerda que debes ir temprano a la cama.

— No soy un niño — Se colocó su ropa para dormir.

— Lo sé pero te cansas muy rápido. Así que — Abrió la puerta pero Tsukishima fue más rápido y la cerró.

— E… espera — Dijo nervioso.

— Eso dolió — Se sobó la nariz — Qué estás haciendo.

— Nada.

— Cómo que nada. No puedes comportarte de esa forma y decir que haces nada.

— Me estoy cambiando ¿Sí?

— Oh vamos ¿Y por eso no me dejas pasar? Te he visto desnudo tantas veces que conozco cada parte de tu cuerpo — Kei no respondió — No me digas que — Sus ojos se iluminaron — Kei, abre. Quiero verte — Insistió con la perilla.

— ¡No!

— Tarde o temprano tendré que hacerlo.

— Prefiero que sea tarde.

— Entonces me meteré por la ventana. Ya lo he hecho y sabes que no me importa volverlo a hacer.

— Hazlo si quieres pero te volverás a romper la pierna como aquella vez.

— Un pequeño sacrificio. Tienes dos opciones: abrir o cuidar a tu esposo en la camilla de un hospital por caerse del segundo piso.

Se escuchó un sonido en la puerta y Tsukishima abrió sin mucho ánimo. Kuroo se disgustó al ver que el menor portaba un gran suéter que le impedía ver su objetivo. Con cuidado le quitó la prenda y sus ojos se iluminaron. El embarazo por fin comenzaba a notase.

— Kei — Lo abrazó y Tsukishima correspondió avergonzado — Gracias.

— Vamos — Habló mientras caminaban por el parque — Ya han pasado días y sigues sin decirme.

— Decirte que.

— Si quieres que un aventurero o una princesa.

— Ya te lo dije. Lo único que me importa es que tenga buena salud.

— Lo sé, lo sé. Yo también lo deseo, pero si pudieras… — Tsukishima se detuvo — ¿Kei?

— Niña.

— ¿Niña?

— Sí — Siguió su paso — Son tranquilas y más obedientes.

— Aún si es niña le enseñaré a jugar y a explorar el mundo. Será toda una aventurera como su padre.

— Mientras no tenga tu comportamiento creo que estoy bien.

— Ah, eso fue cruel — Kei sonrió — Bueno, no importa si es niño o niña. Quiero que tenga tus ojos, sin la mala vista claro. También tu cabello, tu tono de piel, tu mirada cuando te enojas, tu altura. Que se pareciera a ti por completo.

— Si se pareciera a mí en todo entonces no se notaría que eres el padre.

— Oh, tienes razón. Bien, entonces en que te gustaría que se pareciera a mí.

— En nada — Kuroo se entristeció y Kei suspiró — Tu cabello — Susurró.

— ¿Eh?

— Que tuviera el mismo tono de tu cabello — Se avergonzó y el rostro de Kuroo se iluminó — Me gusta tu cabello… Espera. ¿Por qué te estoy diciendo esto? ¡Olvida lo que dije!

— Kei — Lo abrazó — Estoy tan feliz.

— Sabía que no debía decirlo. Ah, Tetsuro.

— Te amo.

— Tetsuro.

— Me has hecho el hombre más feliz del universo.

— ¡Tetsuro!

— Prometo que jamás me separaré de ustedes.

— ¡Kuroo!

— ¿Sí?

— Tu abrazo me está lastimando.

— ¡Ah! Lo siento — Se separó y se puso a la altura de su hijo — Lo siento pero papá está feliz — Sonrió — ¿Has hablado con él? — Kei asintió — Que tanto le dices.

— No te voy a contar — Desvió la vista avergonzado.

— Bueno, yo le he contado muchas cosas.

— Despedirte y saludarlo cuando llegas no cuenta.

— Pero he hablado con él.

— No es cierto.

— Claro que sí — Sonrió — Cuando estás dormido me pongo a platicar con él. Le cuento como me fue en el día, que locura hizo Bokuto y lo mucho que te quiero.

— ¿Haces eso cuando estoy durmiendo?

— Ja, ja… pero sabes. Creo que debemos de habla con él los dos.

— No pienso hablarle contigo presente.

— ¿Te da pena?

— ¿Qué? No.

— ¡Sí! Te da pena — Volvió a abrazarlo — Eres un amor.

— ¡Tetsuro, me lastimas!

— Entonces está tomando técnicas de relajación — Mencionó la doctora — Eso es bueno. Hay muchos beneficios, al igual que la caminata.

— Lo sé. Su mal temperamento ha bajado y está más tranquilo.

— Muy bien. Y qué tal los síntomas.

— Han disminuido.

— Dentro de poco desaparecerán por completo, así que tenga un poco de paciencia.

Siguieron platicando sobre los síntomas y las dudas. Al cabo de unos minutos se dirigieron al cuarto continuo donde una máquina y una enfermera los esperaban.

— Si me hace el favor — Señaló la cama de exploración. Kei se dirigió a ella y se acostó — Será un procedimiento simple y no invasivo. Ahora necesito que se descubra el vientre. ¡Oh! Veo que alguien está comenzando a hacerse notar — Sonrió mientras se colocaba los guantes.

— ¿Verdad que sí? — Habló Kuroo feliz — Papá está orgulloso.

— Tetsuro por favor — Gimió al sentir el gel frío — ¡Deja de tomar fotos!

— Perdóname por querer inmortalizar el momento — Sacó otra foto con su teléfono — Ahora sonríe. Esa no es una sonrisa ¿Por qué estás tan serio?… Bien ya lo guardó — Kei suspiró — No te comportas como alguien lindo — Sujetó su mano.

— Y tú no te comportas como un adulto.

— Es hora de saludar a su pequeño — Colocó el aparato y la pantalla se iluminó — Por lo que veo se encuentra en perfecto estado — Kuroo soltó un gran suspiro de alivio — Pero debe seguir cuidándose ¿De acuerdo? — El mayor asintió — Ahora tiene doce semanas. Lo que significa que… — Se puso a pensar — Sí — Asintió — Oficialmente se convertirán en padres en octubre.

— ¿Octubre? — La doctora asintió — ¿Escuchaste eso pastelito? ¡Nacerá en octubre!

Kei observaba la pantalla y seguía sin creerlo. Ese pequeño que se mostraba era su hijo. Por primera vez lo estaba viendo y una emoción que no pudo explicar invadió su cuerpo.

— ¿Kei?

— Octubre — Susurró y sujetó con fuerza la mano de Kuroo — Podré abrazarlo en octubre.

— Podremos abrazarlo en octubre.

La doctora siguió explorando mientras les indicaba cada parte que era visible y como seguía el crecimiento de su hijo. Tetsuro tomaba fotos y Kei hacía infinidad de preguntas sin apartar la vista de la pantalla. Una vez terminado de ver que no encontraba problemas la doctora sonrió.

— Ahora viene lo más importante para ustedes tres — Habló con una felicidad presente en el rosto — Se escuchará muy rápido pero es normal ¿De acuerdo?

— ¿Rápido? — Se extrañó Kuroo — Qué es lo que se escuchará rá… — La doctora apretó un botón y palpitaciones se hicieron escuchar por todo la habitación.

— Eso… — Habló el pelinegro con nerviosismo — Eso es…

— Su corazón — Asintió la doctora — Son los latidos de su pequeño pero fuerte corazón.

"Cuando la escuché por primera vez lo supe. Supe que todo estaría bien." Esas palabras que había mencionado su hermana cobraban sentido ahora. Las preocupaciones y miedos habían desaparecido. No existía ningún temor que lo atormentara en ese momento. Sólo existía él y su hijo.

— Tetsuro — Su rostro se iluminó y lágrimas de felicidad humedecieron sus mejillas — ¿Lo escuchas?

— Lo escucho Kei — Besó su mano — Fuerte y claro.

— Su corazón. El corazón de nuestro hijo.