Kei ya no le temía a las mañanas. Ya no esperaba levantarse con mareos, náuseas o correr al baño a vomitar. Todos sus primeros síntomas habían desaparecido y se sentía con energía. Seguía con la nariz un poco sensible y con cambios emocionales pero nada que no pudiera controlar.

Cada que salía, la gente lo felicitaba. No daba dos pasos sin recibir un "Enhorabuena" o "Felicidades." Al principio no le gustaba la idea de ser felicitado por todo el mundo. Que estuviera esperando un hijo no era noticia de primera plana, pero conforme recibía las felicitaciones se alegraba al recordar que llevaba al hijo de la persona que amaba. Sí. Se encontraba de maravilla. Algo que Kuroo no tenía en ese momento.

Volvió a escuchar el sonido. Fue a la cocina por un vaso con agua y buscó una pequeña caja con pastillas. Subió tranquilamente las escaleras y se dirigió al origen del molesto ruido.

— Tetsuro — Esperó en la puerta y Kuroo salió con una mano su estómago y otra sobre su boca — Llevas vomitando un buen rato ¿Comiste algo que te hizo daño? — Kuroo negó con la cabeza y le entregó la pastilla — Debes ir con el doctor.

— Estaré bien — Ingirió la medicina — Mucho mejor, gracias.

Kuroo por primera vez se abstuvo a desayunar en grandes cantidades. Las náuseas seguían presentes y no quería dar otra vuelta al baño. Desde hacía días no se encontraba bien pero no quería preocupar a Kei. Si en unos días más no se le pasaba entonces consideraría la idea de ir al médico.

Con indecisión se despidió de Kei. No quería dejarlos solos. Últimamente se encontraba preocupado por la salud de ambos y esa preocupación le impedía concentrarse en el trabajo. Se encontró más de una vez llamándole cada cinco minutos para saber cómo se encontraba.

— ¡Ya llegué! — Gritó desesperado mientras entraba a toda prisa.

— Has llegado temprano últimamente — Se escuchó.

— Hemos salido temprano — Se dirigió a pasos apresurados a la cocina — Así que decidí venir antes de… ¡Waaa! — Gritó — ¡Kei, qué estás haciendo! — Se alarmó.

— ¿Acaso no es obvio? — Preguntó mientras cortaba verduras — Estoy preparando la comida.

— Oh, no, no, no — Se acercó a él mientras le quitaba el cuchillo de la mano — Aléjate de las cosas filosas.

— Está bien — Intentó tomar el cuchillo pero Kuroo lo apartó — Tetsuro.

— ¡Ya sé! Qué te parece si hago de comer. Hace mucho que no pruebas mi magnífica comida.

— Bien — Habló no muy convencido — Entonces te ayudaré con la estufa.

— ¿Qué? ¡No! — Se interpuso — El fuego es malo. Quiero decir… Porque no utilizas este tiempo para relajarte.

Kei dudó por un momento — De acuerdo — Salió de la cocina y se dirigió a la puerta — Saldré a caminar un momento — Cuando Kei se dio cuenta, Kuroo se encontraba frente a él — Ahora qué.

— No puedes salir.

— Y por qué no.

— Porque yo quiero acompañarte.

— Entonces que se supone que haga — Se quejó.

— Ya sé — Lo llevó a la sala, lo sentó sobre el sofá y le entregó el primer libro que encontró — Lee un poco mientras preparo la comida.

Los días pasaban y los malestares de Kuroo no pararon. Seguía cansado, estresado, preocupado, con náuseas y de vez en cuando, unos antojos por lo dulce. Eso último se hizo notar.

— ¡Oh, no! — Gritó mientras veía los números en la báscula. Había ganado peso, no mucho pero algo era algo.

— ¿Todo bien? — Escuchó.

— No — Volvió a subirse a la báscula pero los números seguían siendo los mismos — Nada está bien — Se quejó — kei — Salió de baño y se dirigió al cuarto — Subí de peso.

— No me sorprende. Has estado comiendo mucho.

— No quiero ser un papá gordo.

— No estás gordo y yo he ganado más peso pero no me ves quejándome.

— Porque lo tuyo es normal.

— Y quién me dejó así en primer lugar — Comenzó a contar hasta diez mientras Kuroo seguía preocupado por su peso. Una vez tranquilo, habló — Por qué no haces algo de ejercicio.

— ¿Me estás diciendo gordo?

— ¡Tú te lo estás diciendo! — ¿Qué no se suponía que era él con el desequilibrio hormonal? Tranquilo. Respira y cuenta hasta diez.

— Ya sé. Creo que es hora de que vuelva a hacer ejercicio — Comenzó a marcar en su teléfono mientras Kei salía de la habitación enojado y con intención de desquitarse con una bolsa de palomitas y salsa de tomate.

— ¡HEY, HEY, HEY! — Se escuchó.

— ¡Bro, volvamos a practicar voleibol!

— Oh, buena idea… espera. ¡Keiji! — Gritó y Kuroo tuvo que apartarse el auricular del oído.

— Qué sucede — Se escuchó a lo lejos.

— ¿Puedo volver a practicar voleibol con Kuroo y los demás?

— No sé porque me pides permiso.

— Porque somos un equipo ¿O no te importa lo que haga?

— Ah… claro que puedes.

— ¿Oíste eso? Mamá búho me dijo que sí.

— Bien.

— Así Sakura verá lo grandioso que es su padre en la cancha — Se escuchó una pequeña risa infantil — Y por qué quieres volver a practicar.

— ¡Por nada en especial!

— Vaya que hemos perdido un poco de forma — Se quejó Bokuto. Tomó un poco de agua y se quitó el sudor de la frente.

— Es normal — Dijo Kuroo mientras sostenía el balón — Dejaste de practicar en serio cuando Akaashi tuvo a Sakura y yo después de enterarme del embarazo de Kei.

— Muy cierto pero — Se le quedo viendo — Bro, ¿Subiste de pe… — El balón golpeó su rostro.

— Lo siento bro. Se me resbaló.

— Volver al deporte fue buena idea — Exclamó Bokuto mientras leía un documento — Se acercó a Kuroo — Sakura también está feliz, no ha soltado el balón es toda la semana. Me siento tan orgulloso. ¡Waaa! Me siento de maravilla.

— Habla por ti.

— No me digas que no puedes bajar de peso.

— No es eso.

— ¿Entonces?

— Tengo mareos, náuseas, dolores en el cuerpo, vómitos, no he dormido bien y he… — Espera, esos no eran síntomas comunes. Eran más como… — Tomó su teléfono y comenzó a marcar — ¿Kei? Necesitamos ir al médico.

— ¿Qué?

— Nada de "qué". Llegó en cinco minutos — Colgó — Lo siento bro, debo irme — Tomó sus llaves y salió de su oficina mientras Bokuto no comprendía lo que pasaba.

— Así que deben de seguir este plan de alimentación ¿De acuerdo? — Preguntó la doctora y la pareja asintió — Bien. Ahora queda ver…

— ¡DOCTORA! — La puerta se abrió de golpe y Kuroo entró a toda prisa — ¡Necesito hablar con usted! ¡Oh! — Se percató que no estaba sola — ¿Van a ser padres? Felicidades. Aquí entre nos, amigo. Prepárate para no dormir, soportar regaños sin sentido y nunca ¡Nunca! Olvides cerrar la pasta de dientes.

— Tetsuro — Kei hizo una reverencia, los sacó del consultorio y cerró la puerta mientras le gritaba.

— Ah… ¿Ellos eran? — Preguntó la mujer confundida.

— Ja, ja. Sólo un par de padres primerizos — Habló con nerviosismo.

— Bien — Se sentó en su silla — ¿Hay algún problema?

— Pues verá — Comenzó a contar todo los malestares que tenía desde hacía tiempo mientras la doctora lo observaba con detenimiento y asentía de vez en cuando — ¿Y? ¿Sabe que tengo?

— Claro — Asintió y se dirigió a Tsukishima — Es mejor que consiga un buen abogado. Su esposo lo está engañando y no tuvo la decencia de protegerse.

— ¡¿Qué?! ¡NO! ¡Eso jamás! ¡Yo sería incapaz de serte infiel, Kei! ¡Lo juro! — Comenzó a suplicar mientras Kei lo miraba sin decir palabra alguna — ¡Además! ¡Yo no puedo tener hijos! ¡Puedo hacerlos pero no tenerlos! ¡Kei, te amo lo suficiente como para hacerte eso! Bueno, lo haría ¡Pero te dije que contigo mismo! Ah, pero… ¿Se llamaría infidelidad a eso? — Comenzó a murmurar.

Kei lo observó y suspiró — Cuál es el diagnostico verdadero.

— Nada de qué preocuparse.

— ¿Eh? Esperen… usted dijo…

— Mentí — Sonrió — Considérelo un castigo por interrumpir en medio de mi consulta.

— ¡¿Qué?! — La doctora comenzó a reír — Bien, lo merecía pero eso fue cruel.

— Entonces ¿Todo está bien?

La doctora lo pensó por un momento — Sí y puede que no. Verá. Lo que padece es algo llamado "Síndrome de Couvade."

— Qué es eso ¿Voy a morir?

— Cálmese, no va a morir. El "síndrome de Couvade" también se conoce como "embarazo por simpatía." Eso significa que usted presenta síntomas del embarazo sin estarlo.

— Y a qué se debe.

— Es un tema poco estudiado pero se ha notado que este síndrome afecta a padres más cariñosos. Talvez está estresado por la responsabilidad de padre, por pelear con su hijo por el afecto de la madre o por otros factores. No se sabe con certeza la causa. Puede durar días o incluso semanas. Sólo el tiempo lo dirá.

Kuroo suspiró — ¿Oíste eso hijo? Papá los quiere tanto que hasta experimenta lo mismo que mamá.

— Que dejes de llamarme de esa forma.

— Bueno — Observó la doctora su reloj — Ya que están aquí y tenemos tiempo, que les parece si descubrimos que será — Sonrió a ver los ojos de ambos iluminarse.

— Veamos — Miró la pantalla con determinación durante varios minutos — Oh… Es un niño — Habló y Kuroo soltó un grito de triunfo — O una niña.

— Espera ¿Qué?

— Ja, ja. En realidad no se deja ver.

— ¡Ah! Eso fuer cruel— Sonrió — Bueno, al menos ya sé que tiene la personalidad de mi pastelito.

— Cómo puedes decir eso si aún no ha nacido.

— Pero no se está dejando ver — Señaló a la doctora que seguía concentrada en la pantalla — Significa que es alguien penoso y el único que se avergüenza eres tú.

— Eso no tiene sentido.

— Pues quién no se dejó ver en los ultrasonidos hasta que nació ¿Eh?

— Cómo sabes eso.

— Tengo mis contactos.

— Fue mi madre ¿verdad? — Kuroo asintió y Kei volvió a tronar la lengua.

— Pues sí — Asintió la doctora — Este pequeño o pequeña no se deja ver. Tendremos que esperar hasta la siguiente cita.

— Entonces — Dijo con emoción mientras mordía otra galleta de chocolate y coco — Kei bloqueó el balón y al verlo a los ojos lo supe. Pensé "Tetsuro, él será el amor de mi vida."

— Tetsuro — Habló sin apartar la vista del libro — Así no fue como pasó.

— Claro que sí. Me insulta que me digas mentiroso delante de mi hijo.

— En primera no lo pensaste, lo gritaste y en segunda, no dijiste eso. En realidad fue "Jugador once de Karasuno, me convertiré en el padre de tus hijos."

— Yo sería incapaz de gritar eso y más en pleno partido.

— Después de bloquear el balón, gritaste eso y me besaste en medio de la cancha.

— No tienes pruebas.

— Mi hermano lo grabó todo y después te dio un golpe en la nariz.

— ¡Ah! Así que por eso fue el golpe.

— Por qué otra cosa hubiera sido.

— ¿Por qué le ganamos a tu equipo? Como sea — Acarició su vientre — Al final se cumplió lo que dije. Porque Kei va a tenerte y yo soy tu padre — Suspiró resignado — Para la próxima debes dejarte ver ¿De acuerdo? Ya guardamos todo y quiero comenzar a decorar tu habitación pero mamá no me deja hasta que sepamos que eres.

— Vuelves a llamarme de esa forma y no te hablaré durante semanas.

— Claro, claro — Se acercó a Kei y besó su frente.

Sus malestares habían desaparecido. Sus estados de humor no eran tan drásticos y su nariz ya no era tan sensible. A pesar de eso, debía lidiar con una pequeña molestia: dolores. Eran ligeros y nada para preocuparse, pero sabía que, conforme su hijo creciera, los dolores en la espalda aumentarían.

— ¿Te encuentras bien? — Preguntó Kuroo al ver a Kei recargado en la mesa.

— No es nada. Solo una incomodidad en la espalda, es todo.

Kuroo sonrió comprensivo y extendió su brazo — Vamos, te daré un masaje.

— Pero acabas de llegar de la práctica y de seguro no te sientes muy bien.

— No te preocupes — Se acercó y lo abrazó — Mi cansancio no es nada en comparación al tuyo.

El practicar de nuevo había puesto de buenas a Kuroo. Kei observaba que su peso regresaba a la normalidad y ya no comía tanto, pero sabía que seguía con malestares. También le costaba dormir y se despertaba en medio de la noche. A pesar de sentirse mal, seguía poniéndolo a él y a su hijo en primer lugar. Sin duda era un gran padre.

Para compénsalo decidió prepararle su alimento favorito. El teléfono sonó y contestó.

— Kei, ya voy para allá, el partido fue más largo de lo que esperaba. El otro equipo sí que era fuerte.

— Tómate tu tiempo.

— Por cierto, ¿Necesitas que pase por algo?

— Ahora que lo dices…

— ¡Ah, ya sé! ¡Te compraré algo que te gustará!

— Espera, no cuel… — Colgó — Para que me preguntas si no me vas a dejar contestar — Se quejó con el teléfono y lo dejó sobre la mesa. Exhaló y posó una mano sobre su abdomen — Papá es alguien con mucha energía ¿No te pare… — Una sensación en su abdomen lo detuvo. Se encontraba sorprendido y un poco asustado. No sabía que había pasado. Con cuidado colocó una mano donde lo había sentido y volvió a hablar. Hay estaba de nuevo. Suspiró hondo y se secó unas lágrimas que habían escapado.

— Kei, hijo, papá ya llegó. Dios, qué lindo suena eso. Oh, kei — Lo observó frente a la puerta — Te tengo una sorpresa — Le mostró una pequeña tarta — Es tu favorito.

— Yo también te tengo una sorpresa — Tomó la mano que tenía libre y la colocó en su abdomen — Vamos hijo. Dile "hola" a papá — De un momento a otro el rostro de Kuroo mostraba sorpresa, alegría e incertidumbre. Había dejado caer el pastel al suelo pero no le importó, era comprensible. Kuroo apartó la vista de donde tenía su mano y Kei le sonrió con ternura — Nuestro hijo te está dando la bienvenida.

Con nerviosismo, Kuroo puso su mano libre al lado de la otra, tragó saliva y con voz temblorosa habló. De nuevo sintió otro golpecito en sus manos. Era un golpe rápido pero suave. De alguna extraña manera, los malestares y el cansancio que le molestaban habían desaparecido. Se acercó a Kei y sin apartar sus manos besó su mejilla. Con cuidado se inclinó para quedar a la altura del pequeño que todavía no nacía.

— Hijo — Sonrió al sentir de nuevo otra patadita — Papá está en casa.


Pequeña notita del capítulo: Hago un pequeño espacio para decir que a pesar de todo, los papás también sufren en el embarazo. Se preocupan, experimentan nuevas sensaciones y a veces dejan de hacer lo que les gusta con tal de estar al pendiente. Creo que este capítulo se enfocó más en eso y bueno... tú puedes Kuroo. ¡Sé que serás un excelente padre!... Y ya que tomé estamos aquí... ¡Dios! No puedo esperar para saber que será. En fin, una disculpa por esta notita tan larga. Espero y hayan disfrutado del capítulo. Ah... y disculpen si no contesto sus Reviews pero todavía no me acostumbro a la página (Me siento mal cuando no les contesto) TT-TT