CAPITULO 15: LA ESCUELA DESTRUIDA. METAMORFOSIS.

-¡ ¿Qué te pasa Lila?!-preguntaba Lorenzo preocupado-¿Porqué trancas las puertas?

-Es que…-la pelirroja pensó una buena excusa para evitar responder las curiosas preguntas de sus amigos-Les tengo una sorpresa y no quiero que nadie salga del edificio en por lo menos tres horas.

-¡¿En serio?!-preguntó sonriente Harold quien se había aproximado a ellos sigilosamente-y ¿qué sorpresa? ¿Dulces, chocolates, caramelos?

-Algo parecido-mintió la aludida-pero continúen en el baile que nada está pasando.

Lorenzo la observó con desconfianza pero siguió bailando con su pareja. Harold transmitió la noticia de la sorpresa a todos sus amigos. En tanto que Gerald y Arnold, en el micrófono, hacían hasta lo imposible para entretener a los niños. Algunos daban largos bostezos, clara señal de que querían marcharse. Las cosas se estaban poniendo color de hormiga ni Arnold ni Gerald sabían que más podían hacer para entretenerlos y la situación se estaba saliendo de su control.

-¡Déjanos salir Arnold!-exigía una Rhonda muy molesta por el ambiente asfixiante que reinaba en el lugar.

-Solo esperen un momento, quiero que bailen una pieza más, la noche es joven. Vamos ¿cuántas veces podemos disfrutar de un ambiente así?- el argumento del rubio pareció convencer a la chica quien se dirigió a la pista a buscar a su acompañante.

"Helga date prisa. No podré entretenerlos por tanto tiempo"

Pero afuera las cosas marchaban cada vez peor.

Belzemont aprovechando la confusión de sus enemigos, sacó de su capa una especie de frasco transparente y lanzando la sustancia por el aire murmuro tres palabras:

Exaldia Vermente Neblis

Frente a unos desconcertados niños, un banco enorme de niebla se lanzó sobre la escuela, dejando todo a oscuras tanto adentro como afuera.

En el interior del recinto los niños gritaban aterrados ya que no podían salir a ver cuál era la causa de tan terrorífica oscuridad, las puertas estaban selladas y los pequeños apenas distinguían a los demás. El pánico empezó a cundir.

En el exterior:

-¡Helga! ¡Helga! ¿Donde estas?-preguntaba el castaño preocupado.

A unos cuantos metros de allí, una rubia permanecía aun inmóvil por lo que acababa de escuchar. Eso no podía ser cierto: Gabriel y Shaoran la misma persona. Entonces el también le había mentido o peor aun quizá el la estaba vigilando cuando su desgracia paso.

Sin embargo lo que aun la pequeña no lograba entender era la sensación de alegría y jubilo que crecía en su corazón opacando al inútil resentimiento que en vez de crecer desaparecía como llevado por el viento. Las palabras del demonio no lograron su cometido porque la rubia se empezaba a sentir cada vez más feliz, sin saber a ciencia cierta porque.

Una mano tomo la suya y la niña recordando lo que pasaba reacciono rápidamente intentando defenderse aunque al ver quien la tomaba solo atino a sonreír.

-¡Helga! ¿Estás bien?-pregunto Shaoran inquieto ante la mirada que la rubia le daba.

-Eh… ¡¿Así que tu eres Gabriel?!-contestó la chica. El muchacho se sonrojo.

-¡Que tierna pareja! Lástima que tenga que terminar con ustedes, par de tontos-se escuchó una voz que sacó de su ensimasmiento a Helga.

-¡¿Qué quieres maldito?!-gritó la chica poniendo su espalda contra la del castaño.

-Tú sabes bien que quiero. Déjate de andar con jueguitos y dile a tu noviecito que me de lo que me pertenece, Ángeles.

La chica intento sacar algo con que defenderse pero tarde comprendió la fatal realidad.

Confiada en la ausencia del demonio los últimos días la rubia había cometido el error de dejar todas las armas en su casa. Un rápido vistazo a su compañero le bastó para saber que el también había hecho lo mismo.

Una cadena negra y filosa los embistió provocando que los dos se separaran. El golpe de la pesada arma al caer provoco una grieta en el pavimento. Una risa malévola se escucho por todo el lugar.

Helga intento incorporarse pero algo se lo impedía cuando volteo a ver su tobillo, observó con horror que una serpiente de tres cabezas y con un color gris viscoso emergía del suelo y se enrollaba en su pie manteniéndola en el piso.

Shaoran con dificultad intentaba pararse pues temía que sus heridas se abrieran de nuevo mas una garra de acero lo lanzo contra el muro de la escuela aprisionándolo allí y quitándole cada vez más el aire que necesitaba.

Los dos estaban en serias dificultades, sin armas y sin poder ayudarse mutuamente. ¿Qué podrían hacer?


Lila lloraba a mares, tenía miedo y no sabía qué hacer.

Afuera se escuchaban risas horribles y golpes estruendosos.

Asustados algunos niños se habían sentado a la espera de que alguien los sacase. Mientras que el señor Simons trataba vanamente de mover las bancas y palos que trancaban la salida.

Una especie de sombras fantasmagóricas empezaron a moverse en el auditorio, todas ellas sedientas de sangre. Arnold recordando que la ultima vez esas sombras fueron las encargadas de casi desgarrar a su amiga ordenó a los niños que se subieran a mesas o taburetes

Pero esa orden quedo opacada por el estruendo que se oyó afuera. Una especie de remolino arranco el techo de la escuela de golpe, incluido segundo y tercer piso. Provocando los gritos de los que yacían intimidados en el primer piso. Los restos de lo que fue la Escuela 118 volaron a unos cuantos kilómetros.

Horrorizados los niños se apretujaron entre sí.

-¡Pero ¿qué rayos está pasando?!-preguntó atónito el maestro Simons mientras abrazaba a Lila tratando de tranquilizarla.

-¿Qué es eso?-pregunto Stinky intimidado.

La vista de todos se dirigió al objeto volador que al parecer flotaba amenazadoramente encima de ellos.

-¡Un vampiro!-gritó aterrorizado Sid.

-¡Un monstruo!-chilló Harold abrazándose a Patty quien en vano trataba de mantener la calma.

-Belzemont-murmuro Arnold llamando la atención de todos.

Lorenzo tomo al rubio por el cuello.

-Ahora si nos van a decir que se traen tu, el chico nuevo, Phoebe, Lila, Gerald y Helga. ¿Qué demonios es eso?-pregunto enojado el pelinegro mientras señalaba con su dedo el cielo.

El cabeza de balón se quedo sorprendido, el pelinegro se había dado cuenta de que algo extraño sucedía. Podía parecer serio y tímido pero tonto no era.

El rubio suspiro profundamente, ahora la cosa se había complicado y para su mala suerte ni Li ni Helga lo podrían sacar de ese aprieto. Echo un rápido vistazo a sus compañeros y se dispuso a contar la alocada historia que estaba seguro nadie creería.

Las personas están tan acostumbradas a ver todo lo que se ve a simple vista nunca se detienen a pensar que hay detrás del leve soplo del viento y del audaz vuelo de una mariposa. Un mundo irreal que miles se niegan a aceptar es lo que rodea a las personas. Entenderlo misión imposible. Explicarlo mucho peor. Tan solo nos queda asimilarlo recordando que definitivamente nunca estamos solos.


El gran Bob trataba de encontrar las llaves de su casa, revolvió todo el escritorio hasta que al fin las encontró. Por culpa de Miriam había tenido que regresar a la tienda de localizadores.

Ella y su "si no las recuperas te las pueden robar, querido" lo habían mandado derechito del sillón confortable en casa a la fría tienda. Era más de las 11 de la noche. Lo único que quería era dormir.

Un bostezo enorme deformo la comisura de los labios del hombre. Sus ojos se posaron sobre una foto con marco dorado en la que estaban él, su esposa, Olga y la pequeña Helga.

Sonriendo recordó aquel día en el que a regañadientes llevó a la familia para sacarse esa foto. Como siempre Olga estaba de visita y el por la emoción de tener a su primogénita los sacó al Gran almacén de Hillwood, en donde se paso todo el día hablando de la mayor.

Una nube de tristeza opaco la sonrisa del hombre en aquel momento recordando, que, como acostumbraba había descuidado a la menor.

"Quizá todo lo que paso, aquel incidente, su sufrimiento, eran hechos que tenían que pasar. Tan abandonada la teníamos, cada uno con sus cosas que de haber desaparecido ese mismo día nadie se hubiese dado cuenta"

El sujeto tomo la fotografía y observando el rostro atribulado y enojado que mostraba Helga derramó una pequeña lágrima.

"Sería capaz de cambiar todo lo que tengo por haberte evitado ese sufrimiento. Lo sé, soy un mal padre lo admito pero nadie es perfecto. Yo luchando por darle a mi familia una mejor vida y tú encerrándote en tus propios problemas. Lo siento pequeña, lo siento mucho hija"

Acongojado el gran Bob beso el retrato de la niña y decidido a no dejarse vencer por el dolor dejo el objeto en su lugar y tomo las llaves.

"Nada mas te dañara, eso te lo prometo. Evitaré que te lastimen así tenga que dar mi vida por ello"

Al salir se percato de que al otro lado de la calle se divisaba algo brillante, feliz pensando en su buena suerte cruzó pero se desanimo al ver que solo era una envoltura de chocolate. Cuando se disponía a volver una parte de lo que parecía ser un edificio cayo aplastando rotundamente la tienda donde minutos antes estaba.

El hombre se quedo sorprendido más aun porque al ver el cielo diviso dos pedazos mas irse en diferentes direcciones.

Pocos minutos después la calle, anteriormente vacía se lleno de carros. El individuo presintiendo que algo pasaba se trepo en su automóvil y a gran velocidad se dirigió al lugar donde todos parecían ir.

Cuál no sería su sorpresa al llegar a unos pocos metros de la escuela.

La visión era simplemente espantosa. Un inmenso campo de fuerza impedía que los demás padres preocupados por el bienestar de sus hijos pasaran, un muro de niebla se extendía tan dura como el cemento de concreto.

-¡Arnold, Arnold!-gritaba un viejo desesperado no muy lejos del gran Bob.

El hombre recordando que horas atrás su hija menor se había marchado con el nieto de aquel sujeto se le acerco.

-Me puede decir ¿qué paso?-pregunto irritado como si la culpa fuera del anciano.

-Y yo que voy a saber. Estaba en mi casa cuando un estruendo me asustó. Al salir vi que la casa vecina había sido aplastada por un trozo de lo que parecía ser la escuela. Por suerte nadie salió herido. Agarré mi carro y vine acá pero no podemos pasar. Mi nieto y su hija están allí dentro junto con otros 100 niños.

-Dios mío ¿qué está pasando? mi Rhonda-sollozaba una mujer de cabello oscuro abrazando a su marido.

-Nada malo les va a pasar-intento tranquilizar la madre de Li.

-¡Y usted como sabe!-rugió el señor Pataki.

-Porque mi hijo está allí y su hija también-aseguro confiada la mujer- y creo en su poder.

Todos permanecieron en silencio observando el lugar en donde momentos antes estaba ubicada la escuela. Nadie entendía a lo que se refería la mujer pero de lo que si estaban seguros era que eso no se trataba de nada normal.

Sombras tétricas se definían volando acechadoramente el cielo que permanecía neblinoso.

Nada podía entrar allí y mucho menos salir. Los niños se encontraban en grave peligro y nada de lo que los padres hicieran los sacaría de allí. Nubes negras se arremolinaron sobre el resto de Hillwood, acompañando en su dolor a los angustiados padres.


Una bola de fuego elaborada por la rubia, acabo con la perniciosa serpiente, liberándola.

Desesperadamente busco a su compañero que pocos metros atrás luchaba por librarse de la garra.

-¡De manera que no quieren darme lo que es mío!-rugió furioso Belzemont.

-No-musitó débilmente el muchacho-Antes muerto

-¡Déjalo o te arrepentirás!-amenazó Helga enfrentándose al demonio.

-Dime ¿qué me vas a hacer? me vas a tirar una bolita de fuego. Que miedo.

-¿Quieres terminar como tu hermanito Hematos? En cenizas-sonrió burlona la niña.

-Si vive o muere ese débil no me importa. El hecho de que sea mi hermano no me hace su guardián. Murió por ser débil, eso y más se merecen las personas como tú.

La rubia se sorprendió ante la frialdad con que el demonio manejaba el tema.

-¡Ahhaaaaaaaaaaa!-gritó Shaoran.

Las garras que lo aprisionaban se encarnaban en la piel del niño provocándole un grave desangramiento.

-¡Déjalo!-se desesperó la rubia-Déjalo él no tiene nada que ver en esto ¡Suéltalo!

-¿Que estas sorda o qué? Este maldito mató a mi padre cuando se hacía llamar Gabriel. ¿Lo recuerdas? Claro que no-se burló el demonio-Eres solo una sombra de lo que fuiste, una simple amnésica. No puedes ver más allá de tus narices. Gabriel o Shaoran como tú le dices es mi más grande enemigo y hoy voy a acabar con él.

-¡Detente!- ordenó furiosa Helga-Si lo haces nunca obtendrás la espada.

-Pero habré destruido a la única persona que sabe invocarla-el demonio apretó mas la garra en el cuello del niño. Shaoran suspiró y poco a poco empezó a cerrar sus ojos. La vida se le escapaba irremediablemente.

La pequeña sollozo al ver a su amigo empalado cual conejo a la brasa en la pared.

-Si no vas a hacer nada y no te preocupa la vida de tu amigo quizá estos humanos si logren convencerte-con un rápido movimiento la niebla desapareció aunque el campo de fuerza se mantenía. Las miradas asustadas de los niños y al mismo tiempo de los padres que vanamente intentaban pasar se posaron sobre el demonio, el castaño y la rubia.

-¿Li?...-reconoció la madre del chico-¡Li no! ¿Qué te pasa? Hijo tu puedes, suéltate. ¡Li que te han hecho!

Helga observó alternativamente a su padre que la miraba consternado y a sus amigos junto con el maestro que permanecían apretujados en un rincón de lo que fue la escuela.

-Déjalos…-suplicó la niña-ellos no tienen nada que ver en esta pelea.

-Puede que no pero después de todo: unos menos no afectaran mis planes-formando una especie de bola oscura apunto a lo que sobraba de la escuela-Creo que esto ya no lo necesito.

El cuerpo de Li rodó a los pies de la rubia quien al verlo sin sentido se arrodillo frente a él.

-Shaoran despierta-sollozaba la pequeña-Shaoran no puedo hacerlo sin ti. Despierta, por favor. No me dejes. No otra vez.

-Olvídalo princesa-se mofó el demonio-Tu amiguito esta desangrándose. Además mis garras aparte de ser filosas tienen un poderoso veneno. Si no está muerto en pocos minutos morirá. Nada puedes hacer ya por él.

Los niños empezaron a correr despavoridos ante la imagen del demonio acercándose pero nada lograron ya que no podían salir del campo de fuerza.

-¡Helga! Reacciona. ¡Te necesitamos!-gritó el rubio cabeza de balón.

La muchacha al ver a sus amigos en peligro, beso la frente del castaño y se interpuso entre el demonio y la escuela.

-Si vas a matarlos tendrás que matarme a mi también-contestó la chica-Acabaste con la primera persona que confió en mí y que me creyó y te juro por mi vida que no descansaré hasta hacértelo pagar.

-Eso fue lo que dijiste la última vez, recuerdas: según tú acabe con tus padres, tus amigos, el amor de tu vida y juraste que me harías pagar-el demonio ensanchó más su sonrisa-¡pues aun sigo vivo y sigo esperando!

-Helga, ¿qué haces niña?-gritaba el gran Bob desde afuera preocupado por la vida de su hija-¡Quítate de ahí! Esa cosa te va a matar

Una mano se coloco sobre su hombro, era la madre de Li quien derramaba copiosas lagrimas.

-Ella hará lo que tiene que hacer-susurró la señora.

-¡Esta loca, es mi hija no voy a permitir que la vuelvan a lastimar! Tenemos que sacarlos de allí, su hijo esta herido. Debemos romper esto-grito el hombre dando golpes en el campo de fuerza.

-Nada podemos hacer. Solo creer en ellos-contestó la madre de Li.

Y por primera vez el gran Bob murmuró algo que de haberlo escuchado alguien, nadie lo hubiese creído: TE QUIERO HELGA, SIEMPRE LO HARE Y CREO EN TI.

Arnold intentaba poner a los demás niños a salvo tratando de cubrirse detrás de mesas y sillas aunque sabía que esto de nada serviría. El maestro Simons buscaba desesperadamente la manera de atravesar la barrera que los separaba a ellos del resto del mundo. Phoebe y Gerald observaron como Helga se interponía frente a la bola de oscuridad y Lila miraba lastimeramente el cuerpo de su pareja de baile tirado sobre un charco de sangre.

"Shaoran, lo siento. Siento no haberte protegido. Siento haber peleado contigo por culpa de un estúpido baile. Eres lo más importante en mi vida. No me importa morir porque sé que llegaré a tu lado, como siempre y hasta siempre: Gabriel y Ángeles para toda la vida"

Con este último pensamiento la rubia cerró sus ojos no sin antes derramar una lágrima. La oscuridad se acercó a ella. Los niños se abrazaron entre sí ante las irremediables puertas de la muerte, el maestro Simons abrazo a Arnold y los padres en las afueras abrieron desmesuradamente los ojos al ver el inminente impacto de la bola oscura contra el pequeño cuerpo de la niña.

Mas la ola destructiva nunca llegó.

Los ojos de todos se abrieron de sorpresa al ver unas hermosas alas blancas que salían de la rubia y la envolvían en forma de escudo.

-¡¿Qué?! No puede ser. ¡Mi energía es la más destructiva del averno! ¿Qué paso?-preguntó confundido Belzemont.

-Ángeles ha regresado-sonrió aliviada Phoebe ante la mirada sorprendida de todos.

Unos hermosos ojos azules y brillantes se abrieron, las alas de la pequeña se extendieron en todo su esplendor mostrando a una hermosa muchacha cuya luz que emanaba protegía a los demás.

-Te dije que volvería-sonrió dulcemente Ángeles.

El demonio enojado por la actitud de la niña se abalanzó sobre ella con espada en mano, el movimiento fue tan rápido que la pequeña no pudo defenderse. La espada la atravesó de largo en largo. Belzemont sonreía triunfante mas algo en la expresión de la niña lo desconcertó. Estaba sonriendo.

-Sangre Real-murmuro dolorida la rubia-La única capaz de regresar a la vida a otra persona de la misma sangre. La única capaz de curar el más poderoso veneno.

El demonio vio con horror como la sangre de la pequeña, quien había caído al suelo cubriéndose el estomago en donde recibió la mortal herida, se mezclaba metros abajo con la del pequeño herido. Una hermosa luz lo ilumino por completo. Encerrándolo en una especie de capullo.

-¡Maldita!-gritó el demonio y con espada en mano se dispuso acabar para siempre con la chica.

Todos gritaron al verlo acercarse para matarla y cerraron los ojos ante la inminente tragedia.

Un sonido metálico los sorprendió y al ver lo que había ocurrido se quedaron anonadados. Tanto los que estaban dentro como fuera.

Shaoran se encontraba parado entre la princesa y el demonio. Su espada, uno de los objetos perdidos, se había interpuesto entre el ataque. Con su otra mano topaba suavemente la herida causada anteriormente a la princesa, emanando una bella luz celeste de ella, poco a poco la sangre de la niña empezaba a regresar a su cuerpo y sus heridas cerraban. Pero lo que más sorprendió a los presentes fueron unas inmensas alas plateadas que dé la espalda del chico nacían.

-Gabriel-sonrió la rubia.

-¿Estás bien?-pregunto el chico levantándola delicadamente.

-Lo mismo te iba a preguntar-sonrió la chica.

Tanto los niños como los padres se quedaron con la boca abierta, literalmente. Era como estar viendo a dos ángeles. La esperanza afloró en sus corazones.

Los ojos de la princesa y del castaño se posaron sobre el demonio que furioso miraba la escena a unos cuantos metros.

-Ustedes son los seres más molestos que he visto. ¿Creen que con su estúpida transformación me van a derrotar? Por favor, eh pasado por mucho, demasiado me atrevería a decir. Mi poder es más fuerte que el suyo y ninguna lucecita o espadita me va a dañar.

-¿Estás seguro?-pregunto Gabriel quien mostró la espada que brillaba grandiosamente.

-¡Pero qué rayos!-gritó Belzemont al sentir que el poder de la espada era superior al suyo.

-Ahora pagaras todo el daño que nos has hecho-murmuro Ángeles suavemente.

"¡Maldición! No sé como lo hicieron pero estos mocosos juntos pueden acabar conmigo. Cambio de planes, debo conseguir el último de los objetos, no destruirlo. Eso aumentara mi poder."

Belzemont sonrió ante la mirada de los demás y alzando sus alas intento salir de allí.

-¿Ibas a algún lado?-pregunto amenazadoramente Gabriel quien rápidamente lo había interceptado.

Los ojos del demonio y del ángel se habían encontrado, una mezcla de maldad y pureza. El fuego de pelear, la sensación de defender lo que uno quiere, el amor contra el odio, la esperanza contra la perdición. Todo esto resumido en dos nombres, nombres que para unos no significaba nada y que para otros significaba mucho, dos palabras: Gabriel y Belzemont.


Y con esto terminamos el capítulo número 15 de esta interesante historia...

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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.