CAPITULO 16: UNA PÉRDIDA QUE LAMENTAR. HELGA Y SHAORAN DESAPARECEN.

La batalla comenzó. El demonio descendió y golpeando el suelo con sus pies hizo que este se abriera. Un río de lava ardiendo se podía observar en el fondo, gritos de ayuda y risas macabras se podían escuchar.

-Yo lo detendré, Ángeles. Tú ponte a salvo-susurró Gabriel antes de salir volando a enfrentar al demonio. Este envió una ráfaga de viento lo cual lo desvió.

-Lo siento pequeño pero no tendrás el honor de pelear conmigo. No aún. La batalla final se aproxima y ten por seguro que el que tratará de huir será otro. Suerte con mis amigas-rió Belzemont y en una nube de humo desapareció.

Ángeles y Gabriel se quedaron sorprendidos. Los habían dejado allí solos con un boquete infernal en el suelo y unos niños que suspiraban de alivio al ver al demonio marcharse.

Arnold se soltó de la mano del maestro y lentamente se acerco a la princesa.

-¿Helga eres tú?-preguntó el rubio.

-Tú eres Arnold ¿verdad?-sonrió la muchacha dulcemente-Se que en este momento te estarás preguntando que paso. No te asustes tanto Helga como Li están bien.

-¿A qué te refieres? ¡Tú eres Helga!-contestó el chico entendiendo cada vez menos.

-Solo es un proceso de posesión Arnold. Los espíritus de Gabriel y Ángeles siempre han vivido en el cuerpo de Li y Helga más no se habían hecho presentes hasta hoy.

-Y eso es muy peligroso-completó Phoebe acercándose con un asombrado Gerald.

-¡¿Tu que sabes de todo esto?!-preguntó sorprendido el moreno.

-Larga historia-contestó la pelinegra.

-¿Porqué es peligroso Phoebe?-interrogó el rubio preocupado.

-Porque no estamos listos-respondió Ángeles- Nuestros espíritus solo se deben liberar en el momento de la conversión es decir cuando reunamos los objetos y los usemos para mandar a Belzemont al lugar de donde salió. Si lo hacemos antes gastaremos nuestra energía y al momento de la batalla final no podremos hacer nada. Por eso corremos el peligro de desaparecer en este momento con alma y cuerpo. Si algo nos ataca o hiere no puedo asegurarte que sigamos con vida. Debemos marcharnos y volver a nuestro estado de reposo sin gastar más poder, así Helga y Li estarán bien hasta el momento final.

Gerald y Arnold pusieron caras de "no entendí ni jota" mientras Phoebe asentía sonriente.

-¿Cómo has estado chiquita?-pregunto dulcemente la princesa dirigiéndose a su amiga.

Mas la pelinegra no pudo contestar porque un grito de advertencia de Gabriel la hizo percatarse de lo que emanaba del hoyo.

-Es veneno, el aire que emite es venenoso. Estamos encerrados por lo cual los niños pueden morir al aspirarlo-previno el castaño acercándose al grupo.

-No te preocupes-contestó la rubia-Se que hacer, mi padre me enseño un conjuro que podemos usar.

Ante la mirada confusa de los demás Ángeles se colocó frente a los niños, dejándolos sorprendidos y soplando delicadamente sobre ellos creó una especie de capa transparente que los protegió.

Fuera, los padres observaban todo sorprendidos. El gran Bob miraba una y otra vez a la que había sido su hija. No entendía lo que estaba pasando, lo único que quería era romper ese muro y abrazar a su niña, a su pequeña Helga.

De repente la tierra empezó a temblar asustando a todos incluidos Gabriel y Ángeles que ya se disponían a volver a su reposo. Unas llamas azules salieron del boquete.

-Esto me huele mal-advirtió el castaño.

Tres demonios con aspecto de mujeres salieron de las entrañas de la tierra. Gabriel y Ángeles se pusieron en guardia.

-¡Maldición!-gritó Gabriel-ahora tendremos que pelear.

-Ahora tenemos problemas más importantes que esto, no sabemos si los cuerpos de los dos niños soporten tanto poder. Los podemos matar –murmuró preocupada Ángeles.

-Lo sé pero tampoco podemos dejarlos solos contra las equina, sabes muy bien que pueden matarlos. Además mi cuerpo sigue débil aun por el último golpe dudo mucho que el niño resista. Tendremos que debilitarlas y luego volver al reposo hasta la batalla final. Estoy seguro que Li y Helga podrán hacerlo.

-Tienes razón, confió en ellos-sonrió la rubia y poniéndose en posición de defensa se preparo para el ataque.

Los demonios rondaban a los dos muchachos con ansias de acabarlos, volaban cual brujas en escoba cada una relamiéndose ante el banquete que se exhibía metros abajo.

-¡Déjenmelos a mí!-vocifero con una voz horrenda la que parecía ser la líder.

-Eso sí que no, hermana. Yo también deseo comer, además esos niños se ven suculentos-se relamió la menor.

-Muy bien pues que esperamos. Recuerden que no debemos jugar con la comida-sonrió la ultima.

Las tres se prepararon para embestir a los asustados niños entre risas macabras y ojos llameantes de deseo.

Ángeles al ver el peligro junto sus dos manos y concentrándose creó una esfera de fuego la cual lanzo contra la primera que se acercaba peligrosamente mas esta fue inmediatamente apagada por una corriente de agua.

La rubia observó sorprendida como su ataque había sido evitado mientras el demonio abría sus garras amenazadoramente para atacarla y matarla. Gabriel percatándose del ataque tomó a la chica y salto justo a tiempo antes de que una especie de acido lanzado por una de las demonios los alcanzara.

Un ruido fuerte alertó a la princesa quien observó como una de las bases que quedaban de la escuela temblaba cual gelatina. La escuela no tardaba en caerse encima de los pequeños.

-Debemos destruir el campo de fuerza-ordenó Ángeles.

-¿Cómo? Ni tú ni yo sabemos cómo destruir el poder de Belzemont-se desesperó Gabriel mientras trataba de evitar los golpes de las equinas.

-¡Quizá nosotros no, pero Shaoran y Helga si! Mira el tiene una magia especial por dentro, recuerda que…

-Lo sé…Es descendiente de uno de los magos más fuertes que existió en la Tierra. Bien espero que sepan manejarlo. Estos demonios son demasiado fuertes.

-No te preocupes en cuanto caiga el campo de Belzemont su fuerza se debilitará.

-¿Como lo sabes?-se asombró el castaño.

-Hay muchas cosas que tú no sabes de mi-sonrió la chica-Estoy segura que Helga y Shaoran los derrotaran. Después de todo, sus lazos son tan fuertes como los nuestros.

Arnold escuchó esta última parte y observó interrogadoramente a la rubia quien no se percató de la presencia del chico.

-¡Bien pues hagámoslo!-aceptó el castaño.

Ante los sorprendidos ojos de los espectadores. Ángeles y Gabriel se tomaron las manos y cerraron los ojos. Una especie de energía blanca salió de sus respectivos cuerpos. Helga y Shaoran cayeron al suelo. Respiraban agitadamente y parecían estar profundamente dormidos. Por todo lo demás aparentaban estar bien. El cabeza de balón se acercó preocupado a la chica y Lila se aproximo al castaño.

La rubia abrió poco a poco los ojos, Arnold sostenía su cabeza. A tiempo logró divisar como una especie de mujer diabólica con alas se lanzaba para atacarlos.

-¡Cuidado Arnold!-gritó la rubia y lo lanzó lejos de allí. Mas fue demasiado tarde para la pequeña quien quedó atrapada por las garras del demonio.

La fuerza del ataque de la equina, que en ese momento volaba con la rubia entre sus patas, provocó que lo que quedaba del techo de la escuela se derrumbara encima de los niños y el maestro, quienes se vieron obligados a huir a campo abierto. Ahora todos eran presas fáciles. Los otros dos demonios tenían cara de niño en una dulcería y elegían a la presa que abriría su banquete de carne y sangre.

Pocos metros lejos de donde había caído el rubio se encontraba una pelirroja tratando en vano de levantar al castaño.

-Li levántate por favor, esas cosas que se apoderaron de ustedes dijeron que tú eres la única salvación. Rompe el campo de fuerza. Li despierta. No nos dejes-Lila movía de un lado al otro el dormido cuerpo del niño.

Los padres veían desesperados como esas rapiñas querían acabar con sus hijos y vanamente trataban de romper el campo.

La equina harta de sentir las patadas y puños que la rubia le daba para que la soltara se elevo a una altura considerable y riendo soltó a la pequeña.

-¡Quieres volar pues vuela mocosa!-rugió la malvada equina.

-¡Shaoraaaaaan!-grito Helga a medida que caía.

El castaño se encontraba en un estado de coma, dormido profundamente. Imágenes de ángeles y demonios pasaban por su cabeza, recuerdos borrosos del pasado y visiones tristes del presente. De repente un grito desesperado de su amiga lo despertó. Abrió intempestivamente los ojos y se incorporó. Sin siquiera saber donde rayos estaba divisó la espada que tiempo atrás recuperaron y tomándola vio como del cielo caía una figura.

Sin pensarlo dos veces cerros sus manos sobre el objeto y se concentro.

"Cuídala, es una orden. ¡Sálvala!"

Una luz blanquecina salió de la espada y se interpuso entre el suelo y la pequeña quien aterrizó sobre la luz.

-¡Helga! ¿Estás bien?-preguntó preocupado el castaño acercándose a donde había descendido la niña.

-¡Shaoran! ¿Estás vivo? Creí que Belzemont te había matado. Por cierto ¿Dónde está él? ¿Qué paso? ¿Que son esas cosas en el cielo? ¿De dónde salieron? ¿Qué le paso a la escuela? ¡¿Que hacen nuestros padres allí afuera?!-pregunto horrorizada la rubia al saberse descubierta.

-¡Chicos!-se acercó corriendo Gerald-No sé qué rayos les paso o les está pasando pero creo que deberían romper el campo de fuerza con esa espada. De lo contrario vamos a terminar siendo el desayuno, almuerzo y merienda de esos monstruos-señaló el moreno.

Los ojos de Helga y Shaoran se posaron sobre la espada.

El castaño sintiendo una especia de calor de la espada cerró sus ojos, mas esta vez apuntó a lo que parecía ser el centro del campo de fuerza. Las equinas al ver la acción del muchacho se lanzaron a atacarlo. Helga observó alrededor y encontró una especie de barrilla sobrante de la destrucción de la PS 118 y golpeó fuertemente a la primera.

-¡No te preocupes Shaoran! Cierra tus ojos y trata de romper el campo. Nada te va a pasar-sonrió la rubia ante los ojos sorprendidos del castaño.

Li sonrió y nuevamente cerró sus ojos. Sentía como una potente energía salía de la espada y lo rodeaba. No sabía bien que hacer mas su instinto le decía que debía ganar control sobre ella.

"Espada de protección y guardia, necesito que destruyas el campo de fuerza que mantiene prisionera a tu princesa. Usa tu poder. Destrúyelo"

Mientras tanto una de las equinas se lanzó sobre el pobre Harold, justo cuando habría sus fauces amenazadoramente, el rubio la golpeo con un palo que había encontrado.

-Si se van a quedar quietos sin hacer nada serán presa fácil. Vamos tomen todo lo que encuentren y a pelear. Vamos a demostrarles que Helga y Li no son los únicos de por aquí que pueden luchar-gritó el rubio.

Todos aceptaron eufóricos y agarraron cualquier cosa que pudiera lastimar.

Afuera los padres veían a sus hijos luchar por sus vidas y un sentimiento de orgullo general los invadió.

-¡Eso mi Rhonda! Dale con todo a esa cosa-apoyó la madre de la pelinegra al ver que su hija, usando un tubo, había mandado a volar literalmente a la equina.

-Dale Gerald, tú puedes. En la cabeza. Ese es mi hijo-aplaudía eufórico el padre del moreno.

-¡Cuidado Arnold! Eso es. Golpéala en la panzota por golosa. Ese es mi muchacho-saltaba de un lado para el otro el abuelo.

Los niños se defendían como podían poco a poco fueron formando un círculo alrededor de Li, Arnold se coloco a lado de Helga y el maestro al otro lado cerrando la defensa.

-Arnold…-llamó la rubia.

-¿Si Helga?-contestó el chico observándola.

-Gracias por todo-sonrió ella y se volvió a poner en guardia.

Las equinas daban vueltas acechadoramente sobre el grupo, justo cuando una de ellas se iba a lanzar a atacar, Li abrió los ojos y grito:

"Rompe el escudo y salva a tu princesa. Te lo ordena tu amo, el que te sacó de tu encierro. Hazlo por el poder de Li Shaoran"

Todos observaron como una luz en forma de lanza aterrizo en el cielo, donde se encontraba el punto débil del campo de fuerza. Grietas se fueron formando por todo lado y en cuestión de segundos el campo se rompió.

Li cayó sobre sus rodillas, había tenido que usar toda su energía para romperlo pero lo había logrado. La rubia se acercó y sin poder reprimirse lo abrazó.

Las equinas cayeron del cielo, la fuente de poder de la que se alimentaban era aquel campo de fuerza.

-¡Noooo!-gritaban desde el suelo-Esto no puede estar pasando.

Los padres al ver que el campo de fuerza se había roto corrieron preocupados a ver el estado de sus hijos. Tanto Li como Helga se soltaron del abrazo y acudieron a sus padres.

-¡Papá!-sonrió la rubia la ver al gran Bob parado delante de la niña.

-Me hubiese gustado que Olga estuviera aquí.

La cara de la niña se entristeció.

-Para que viera lo orgulloso que estoy de mi hija menor. Helga te quiero mucho-sonrió el hombre.

La rubia corrió y abrazó a su padre.

Alrededor todos los niños estaban con su respectiva familia.

-Te dije que me cuidaría madre-sonrió el castaño a la dama que lo veía con sus ojos llenos de lagrimas.

-Te quiero hijo y me alegra que estés bien.-sollozó la señora mientras besaba y abrazaba a su hijo.

El abuelo de Arnold se acerco con su nieto a ver los cadáveres de las equinas.

-Miren estas cosas sí que son horrendas-llamó la atención el anciano dando la espalda al demonio.

-¡Cuidado abuelo!-gritó el rubio.

La equina se había levantado y se disponía a arrancarle el corazón al viejo de no ser porque Li se adelanto y mato al demonio cortándole la cabeza.

-¡Tengan cuidado!-advirtió Li-Si esta estaba viva las demás también. Corremos peligro traten de salir.

Más ni Helga ni el señor Pataki lo escucharon. Estaban felices, felices de haberse reencontrado mutuamente. De estar juntos. De poder expresar lo que les tomo años decir.

Una equina se levanto con trabajo y furiosa enfoco sus ojos en la rubia que abrazaba a un hombre. Sin pensarlo dos veces abrió sus alas y rápidamente se lanzó sobre ellos.

-Te quiero papá, te quiero mucho y me alegra que estés orgulloso de mí-susurraba la pequeña.

-Te adoro pequeña, tu siempre serás y seguirás siendo el triunfo más grande de mi vida-los ojos del gran Bob se posaron sobre las filosas garras que pretendían atacar a su hija.

-¡Helga noooo!-gritó Bob interponiéndose entre aquel monstruo y su niña.

Solo basto un segundo para que todos vieran la espantosa escena, antes todo el lugar se había llenado de alegría, de felicidad ahora todo era muerte y tristeza.

Unas gotas de sangre mancharon la cara de la rubia quien vió como los ojos luminosos de su padre se cerraban lentamente. Li al ver a la equina la mató rápidamente mas fue demasiado tarde para el señor Pataki.

El hombre cayó al suelo, la garra del demonio lo había atravesado directamente y ahora se desangraba.

-¡Llamen a un hospital!-lloraba la pequeña-¡Hagan algo! ¡No se queden ahí paradotes! ¡Ayúdenlooooo!

Todos observaban como la niña lloraba desconsoladamente, ni siquiera Li pudo consolarla.

-Hija…-susurro el hombre.

-Papá, ¿estás vivo?

-No olvides nunca que te quise y que siempre lo haré. Eres el orgullo de papá-sonrió Bob.

Un suspiro emano de su atribulado cuerpo. La vida se le escapó ante los dolorosos ojos de su hija quien no pudiendo hacer otra cosa grito del dolor.

-¡Noooooooooooooooooooooooooooooo!

Varios brazos acudieron para consolar a la pequeña más no pudieron hacer nada. La rubia estaba enloquecida, recordaba todo lo que había vivido con su padre, las veces que la ignoró, las veces que intentó acercarse a ella, las veces que con silenciosas miradas se decían que se querían. El dolor era grande, muy grande.

La muchacha se levantó desesperada y se alejó del grupo.

Li intento seguirla pero su madre le aconsejo que lo mejor era dejarla sola.

Lagrimas de rabia y dolor caían por el rostro de la muchacha.

-¡Papá! Nooo-sollozaba-¿Por qué?

Una sombra se colocó rápidamente detrás de ella, la chica se volteo abruptamente. Lo único que escuchó fueron los gritos de todos.

-¡Ahora pagaras por haber matado a mis hermanas!-gritó la última equina observando fijamente al castaño quien se había detenido pocos metros cerca de él al ver que el demonio sujetaba a la pequeña con fuerza-No viviré pero al menos me llevaré a alguien muy preciado por ti.

Diciendo esto la equina atravesó rápidamente el tórax de la niña.

-¡Noo!-gritaron todos al ver como la sangre salía copiosamente del cuerpo de Helga.

El demonio desapareció entre cenizas. Había muerto al no tener el poder de apoyo de sus hermanas.

Li intento acercarse más no pudo. Un círculo se formó alrededor de la rubia que continuaba parada viendo a un punto fijo. Llamas azules empezaron a nacer desde el suelo, poco a poco el cuerpo de la niña fue desapareciendo calcinado ante las aterradas miradas de todos. El viento soplo suavemente y la chica desapareció. Volviendo todo a la normalidad.

-¡Noooooo!-gritó Li. El castaño se acercó al lugar donde había estado la pequeña.

Todos prosiguieron a seguirlo horrorizados más la tragedia aún no había acabado.

Una especie de estrella con cinco puntas se formo debajo de Li quien lloraba por la pérdida de su amiga.

Pronto una luz oscura empezó a emerger de ella y rodear al niño que no se percataba de esto.

-¡Li sal de ahí!-gritó Phoebe.

El muchacho apenas pudo levantarse, cuando la luz lo rodeo por completo y formo un remolino.

En un abrir y cerrar de ojos el castaño había desaparecido dejando únicamente la espada que utilizó para salvar a los niños.

Los padres abrazaban a sus hijos aterrados con el miedo de que a ellos también se los llevaran.

El día empezaba a nacer, iluminando una escuela destruida, unos padres asustados, un rubio dolido por la pérdida del amor y el cuerpo de lo que fue el gran rey de los localizadores.

El caos había empezado.


Y con esto terminamos el capítulo número 16 de esta interesante historia...

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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.