CAPITULO 17: LA ENTRADA AL INFIERNO. GUARDIAN DE ALMAS.

La Tragedia Continua

Dos personas desaparecidas y un muerto fueron el resultado del misterioso incidente ocurrido hace tres días en la Escuela PS 118. Aparte de los daños materiales se perdieron dos pequeños, un muchacho de aproximadamente 12 años y una niña, hija del conocido rey de los localizadores Bob Pataki, quién precisamente ese día perdió la vida. La policía ha realizado las investigaciones necesarias mas no se ha podido encontrar nada porque al parecer las declaraciones de los testigos son inverosímiles.

-Un gran demonio bajó y destruyó la escuela. Helga y Li se convirtieron en ángeles y nos salvaron pero después aparecieron tres más. Demonios con forma de mujer que nos atacaron…¡Fue horrible! El señor Pataki intentó proteger a su hija y, murió luego la niña fue a parar en las garras de una de los demonios y desapareció. Li intento socorrerla pero la oscuridad se lo llevó-estas fueron las palabras del maestro Simons quién nerviosamente se retorcía las manos.

Hasta ahora no se han descubierto las verdaderas causas de este desastre y hay personas que se rehúsan a dar información. Es importante que si alguno de los lectores conoce el paradero de los muchachos cuyas fotos están al final de este artículo se comuniquen con los números debidamente anotados.

Esperamos que la ciudad de Hillwood se recupere pronto de este horrible acontecimiento y que los pequeños aparezcan y vuelvan con sus familiares.

Reportera: Mishell Marhona

Fotógrafo: Carlos Villafuerte.

Arnold releyó el artículo y lo guardo cuidadosamente en el cajón de su escritorio. Tomo su mochila y salió por la azotea. Eran las 10 de la noche y a pesar de la torrencial lluvia el chico estaba decidido a llegar a su destino.

En los últimos días la ciudad antes tranquila se había vuelto un completo caos, las patrullas iban por las calles cada cinco minutos y se había impuesto un toque de queda. Después de lo acontecido, ningún niño podía salir de su casa pasadas las 4 de la tarde. Los padres que no habían visto lo sucedido en la escuela pensaban que era una exageración más los que sí estuvieron allí estaban aterrados, temían que el demonio merodeara sus casas para llevarse a sus hijos por lo que habían reforzado sus respectivos hogares que ahora literalmente parecían cárceles. Los pequeños intentaban comunicarse con sus amigos pero ni eso se les era permitido viéndose forzados a establecer métodos y días para escaparse y reunirse en el único lugar que no estaba vigilado. La vieja casa del árbol.

Toc, Toc, Toc, Toc, Toc.

-Contraseña-se escuchó una voz desde el interior de la vieja casita.

-Objetos Perdidos-respondió algo impaciente el rubio.

-Bienvenido Arnold—respondió Sid mientras abría la puerta y lo dejaba pasar.

-¿Y bien?-preguntó ansioso el muchacho.

-¡Y bien que!-respondió una malhumorada Rhonda.

-Todo sigue igual-se anticipo Phoebe-Nuestros padres nos mantienen encerrados, la ciudad todo un caos y no sabemos nada de Helga y Li.

-¿Crees que les haya pasado algo malo?-pregunto una pelirroja hablando por primera vez desde que llego a la reunión.

-Lila, por favor. Helga fue atravesada por ese monstruo y desapareció en cenizas. Li fue arrastrado a un remolino de oscuridad. Es obvio que algo les paso-se exasperó Arnold sentándose en un pequeño tronco-¿Quiénes estamos hoy?

-Bien según la lista faltaron Eugene y Nadine-contestó Gerald.

-Con Eugene no se pero a Nadine sus padres planean llevársela a otra ciudad. Parece ser que anoche la descubrieron intentando entrar a su habitación después de la última reunión-respondió tristemente Rhonda.

-¡Maldición!-bufó el rubio-¿Cuántos quedamos?

-Bien somos Rhonda, Phoebe, Lila, Stinky, Sid, Arnold y Yo-contó el moreno-Los demás prefirieron respetar el toque de queda.

Todos bajaron la cabeza pensativos. Generalmente el motivo de la reunión era hablar con alguien, reencontrarse con sus compañeras de escuela. Rescatar ese lazo de la infancia que poco a poco estaba desapareciendo.

Más para Arnold la reunión solo era una excusa para torturar a Phoebe con preguntas. Él no sabía quién había sido ella en su vida anterior pero como actuó durante el último enfrentamiento contra Belzemont el rubio se dio cuenta que ella sabía mucho más de lo que aparentaba saber. A tanto llegaba su acoso que Gerald se vio obligado a golpearlo cuando este le gritó frenéticamente a la pelinegra que ¿dónde rayos se encontraba Helga?

Aunque era claro que ella no sabía nada. Los nervios y la incertidumbre la hicieron su presa por lo que la mayor parte del tiempo procuraba quedarse quieta y callada.

-Bien, ¿cuáles son las novedades que tienen?-pregunto Rhonda rompiendo el silencio.

-Escuché que el gobierno va a colaborar para reconstruir la escuela-contestó emocionado Stinky.

-¡Ay por favor! ¿Tú crees que después de lo que paso nos van a dejar ir?-rezongó malhumorado Arnold.

-Basta viejo, parece que hoy te levantaste con el pie izquierdo-regañó Gerald.

-¡¿Saben lo que dicen las malditas noticias sobre lo que ocurrió en nuestra escuela?!-preguntó irritado el niño-Nada. No dicen nada. A los que se animan a decir la verdad los tachan de locos. Y otros se inventan falsas historias para cubrir lo que en verdad paso. El gobierno solamente se preocupa por cuidar su imagen, poco le vale lo que nosotros sufrimos encerrados en nuestras casas. Todos son una bola de mediocres que se niegan a ver lo que tanto temen. Viven en su jaulita de oro negándose a expandir sus horizontes. De seguir así no sé a dónde vamos a parar. Belzemont es capaz de acabar con todos sobre todo ahora que Helga y Li no están.

-Eso es cierto. Todos creen que lo que paso fue solamente un accidente, una simple fuga de gas de la cafetería. Lo peor es que todo Hillwood se lo creyó a excepción de nosotros y nuestros padres, que por un pelito nos salvamos de morir y sabemos la verdad-apoyo Sid.

-Creo que deberíamos…-empezó Lila pero el rubio la hizo callar.

-Espera…Escuchen…

A lo lejos se escucharon las sirenas de la policía.

-¡Nos descubrieron!-se angustió Phoebe.

-Tranquila-hablo Gerald-No nos encontrarán. Vamos todos.

El muchacho se levantó y alzando una pequeña alfombra mostró un pasadizo por el cual era factible huir. Uno por uno los niños salieron y corriendo se dirigieron a sus respectivas casas.

Mientras Arnold corría observo a lo lejos como la policía irrumpía en la casa y hacia pedazos todo lo que encontraba. Esa acción le hizo recordar la vez en la que Helga se unió al grupo para detener a su padre. Desafortunadamente ese recuerdo solo le produjo tristeza. Su abuelo le había dicho que se resignara porque al parecer su amiga había muerto pero él no podía creer eso. Sabía que esa historia no podía terminar así.

"Regresa Pronto. Te necesitamos Helga"


El dolor era irresistible, sentía como si miles de bichos la carcomieran por dentro. No sabía exactamente si estaba viva o muerta, lo único que recordaba era haber visto a su padre morir y luego sentir unas inmensas garras atravesarla precisamente en el lugar donde aquel momento sentía la inmensa molestia. Helga se negaba abrir sus ojos, no quería regresar a lo que ahora era su realidad pero inevitablemente la pequeña rubia se vio obligada a despertar del letargo en el que desde hace algunos días se encontraba.

Un escalofrió recorrió su cuerpo al darse cuenta que se encontraba en una especie de cripta cuya única puerta se hallaba rodeada de un aro de fuego. Algo nerviosa se incorporó mas al hacerlo sintió como la ropa que traía se manchaba de sangre. Aun tenía la herida abierta.

-Esto es imposible. Sigo con la ropa del baile pero si claramente sentí como las llamas acababan conmigo-recordó la pequeña escuchando el eco de su voz que inundó el lugar.

-¡Ya se!-pensó la rubia-Phoebe me enseño a curar mis heridas.

Concentrándose, intentó cerrar el lugar que le había arrebatado su vida sin embargo pasaron algunos minutos y por más empeño que le ponía la herida no cerraba.

"Que está pasando conmigo"

Una especie de crujido se escuchó detrás de la puerta y la pequeña con una mano en su tórax, tratando vanamente de parar la sangre, se acerco al inmenso portal.

-¡Hola! ¿Hay alguien allí?-cuestionó la rubia algo temerosa.

Unas inmensas llamas azules se alzaron frente a ella haciéndola retroceder.

-Dime tu nombre-una voz gruesa retumbo en toda la cripta.

-Hel...Helga-susurro la chica.

-Tu alma no pertenece aquí ni allá, este es el lugar de los no vivos condenados a un eterno sufrimiento, arriba es el lugar de los no vivos enviados a la tranquilidad y la paz. ¿Qué buscas aquí?-retumbo nuevamente aquel fuerte vozarrón.

-Yo no busco nada-sonrío tímidamente la pequeña-Es solo que no sé donde estoy. Creo que morí. La verdad es que no lo recuerdo.

Un silencio largo se interpuso entre la misteriosa voz y Helga. El anillo de fuego desapareció.

-Pasa niña-ordenó la voz.

La rubia se arrepintió de haber dado tal respuesta, que tal si ahora la mandaban al infierno por bocona. Temerosamente traspasó las puertas, una onda de calor la inundó cuando intentó divisar de donde provenía las puertas por las que había entrado se cerraron.

-¡Sáquenme de aquí!-gritó Helga.

"Que tonta, esa cosa me dice que entre y yo bien mandada voy y entro"

-Tranquila-una mano se poso sobre el hombro de la muchacha.

La pequeña volteo esperando ver una especie de monstruo pero lo único que encontró fue la típica imagen de un sujeto cubierto de largo en largo por una inmensa sotana negra con capucha. El rostro no se podía divisar pero la mano que en ese momento estaba al descubierto era blanca como la de un humano común y corriente.

-No me digas-se adelanto amargamente la chica-Eres la muerte y vienes por mi alma.

El sujeto misterioso empezó a caminar y la niña temiendo quedarse sola lo siguió. Pasaron algunos minutos antes de que la pequeña se impacientara.

-¿Porque no me llevas de una vez por todas?-preguntó irritada la chica.

-No estás muerta-contestó dulcemente esa voz.

"Para ser la muerte esa cosa no da tanto miedo"

-Si piensas que he venido por ti estas equivocada-siguió el encapuchado-Solamente soy tu guía, una especie de guardián de almas, velo como quieras. Sé lo que te paso. No lo admites pero llevas algo en tu corazón que temes enfrentar. Por eso estas aquí y no saldrás hasta que lo descubras.

-Eso es más que obvio-ironizó la chica-Soy una pequeña, a mi corta edad sufrí un horrible incidente (cuyos detalles no voy a dar por obvias razones), el chico que me gustaba se hizo novio de la tipa que yo mas odiaba, no conforme con eso llegue a descubrir que no soy quien soy, aparece un nuevo muchacho en mi vida y el tonto de Arnold se le ocurre decirme que está enamorado de mi. Eso sin olvidar al demonio frustrado que me persigue por todo lado y a sus adorables hermanitos y secuaces que lo único que buscan es matarme. A cual de todas esas cosas quieres que enfrente para salir de aquí.

-Es gracioso-respondió el encapuchado-Pero no has mencionado lo que verdaderamente temes.

Helga enmudeció. Ya sabía a qué punto se refería esa aparición y no quería toparlo. Sentía que si lo hacia se desmoronaría y no habría nadie para recoger sus escombros.

-Se que duele. La persona con la que pasaste tus años de vida, quién te cuido, quién a pesar de que no lo demostraba te amaba. Se fue.

La rubia continuaba callada intentando no escuchar esas palabras tan hirientes. El suelo por el que andaban se transformo. Antes era negro como si se tratara de un tipo de baldosa ahora era algo viscoso e inestable, tanto que la niña se vio obligada a agarrarse de la túnica de su interlocutor.

-Lo siento-murmuro la chica anticipadamente esperando un regaño del encapuchado mas este nunca llegó. Al contrario siguió caminando como si nada.

-Recuerda que hay perdidas que nos ayudan a enfrentar lo que en el futuro vendrá, perdidas que nos engrandecen y que nos ayudan a crecer-continuo la misteriosa figura-Todo en esta vida tiene un motivo así como todo transcurre guiado por la norma elemental de la causa y el efecto.

La pequeña continuaba a su lado más lo único que le atraía de la conversación era el tono de esa la mujer. La rubia notaba algo familiar más no sabía qué. Hasta ahora lo único que había averiguado era que esa figura era una mujer y no la dañaría, pero durante cuánto tiempo más seguirían así.

"¿Quién será? Y ¿Por qué no ha acabado conmigo?"

-Llegamos-anunció la voz-Observa.

Helga miro al frente mas solo veía el camino que parecía no terminar.

-Sé fuerte niña-ordenó la voz-Esto es lo que temes ver.

Una inmensa llamarada de fuego salió de las profundidades del camino y las atravesó, la rubia quiso moverse pero no pudo. Una espantosa visión se alzaba ante los azules ojos de la chica. Fuego por doquier, ellos se encontraban en un pilar, el único allí. Abajo litros de lava caliente corrían amenazadores, personas gritando por ayuda, dolor, angustia, miedo.

Demonios, seres aterradores, que por el calor la muchacha no logró identificar, carcomían una y otra vez los cuerpos de varios humanos. Llamaradas espantosas se alzaban altísimas presenciando aquel tortuoso acto. Helga no pudo más y cerro sus ojos, ojos angustiados ante el dolor ajeno. Al abrirlos la visión había desaparecido.

-¿De verdad quieres ir a parar allá?-preguntó la voz

-¡Claro que no!-gritó la chica- ¿Está loca? Debemos hacer algo por esas personas, están sufriendo allí. Debemos rescatarlos.

-Nada se puede hacer ya por ellos. Las personas labran su propio camino-respondió la mujer-Aunque hay otras que con algo de amor logran conseguir la redención.

La niña la observó algo inquieta por lo que acababa de oír.

-Tienes que enfrentarlo-ordenó la mujer-Oh este será tu destino.

-¿A qué te refieres?-pregunto la chica.

-La garra de la equina que te atacó no era normal, si es que a eso se le pude llamar normal. Belzemont la infecto, debió saber que ellas no podrían con ustedes. La garra estaba destinada para matar a tu compañero pero tú te acercaste a la equina quien viéndose en peligro y creyendo que se llevaría tu alma, te atravesó.

-No entiendo-razonó la rubia.

-La garra tenía un liquido que al contacto te mataría, mas este demonio olvido el pequeño detalle de que si alguien tiene una misión en la tierra no puede morir, su alma y su cuerpo se separan esas son las consecuencias ¿Notas que ya no te duele la herida?

Helga se sorprendió al escuchar eso y rápidamente observo su tórax, nada, la herida había desaparecido.

-¿Quiere decir que al momento de traspasar la puerta, mi cuerpo quedo atrás en la cripta?-se horrorizó la muchacha.

-Ya estas entendiendo-respondió la mujer encapuchada- Ahora, si bien es cierto no estás muerta, al separarse tu alma del cuerpo corre el peligro de ser atrapada por los buscadores, una especie de ángeles guardianes que dictaminan el lugar a donde el alma viaja.

-Lo que me está intentando decir es que esas cosas van a venir por mí-dedujo la chica.

-No si antes enfrentas el dolor que guardas en tu corazón, el dolor por el que temes volver a vivir.

-No entiendo en que me puede servir eso-respondió secamente la chica.

-Mucho, solo si encuentras una verdadera razón, solo si te perdonas, si dejas de culparte, si decides luchar el motivo por el que Ángeles reencarnó junto con el que te logres forjar podrán ayudarte a salir de este infierno. Basta decirte que la visión que tuviste solo fue la entrada al infierno. Si te dejas vencer por la depresión y la tristeza puedes caer en un estado mucho peor que la culpa misma.

-Yo no me siento culpable por nada. Es solo que ya me cansé, me cansé de perder a las personas que más quiero por esta estúpida pelea, me cansé de luchar, me cansé de sufrir, de ver morir a quien más quiero por nada...-lagrimas de rabia salieron de los ojos de la pequeña.

-Hasta que al fin lo has aceptado ¿Estas lista?-susurró la figura y elevando su brazo una luz blanca rodeo a la chica-Enfrenta tu propia visión y podrás salir.

Helga observó como la figura desaparecía, apenas escuchó las palabras de aquella mujer. Luego todo se volvió silencio. Únicamente silencio y oscuridad.


Y con esto terminamos el capítulo número 17 de esta interesante historia...

¿Les gustó? ¿Lo odiaron? Todas sus opiniones son bien recibidas. Dejen sus comentarios aquí.

Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.