— ¡Ya sé! — Habló mientras prendía y apagaba la linterna que tenía en mano — Que te parece María.

— No.

— Abigail.

— No.

— Mmmm… Beatriz.

— No.

— Dafne.

— No.

— Alicia, o Julieth.

— Ya dije que no.

— ¿Entonces?

— No quiero ponerle un nombre extranjero.

— Pero sería genial que tuviera un nombre extranjero.

— Quiero que mi hija tenga un nombre japonés. Ni más, ni menos.

— Que te parece Natsuki. Natsu por verano y Tsuki por luna.

— Nacerá en otoño, no en verano — Habló mientras le daba vuelta a la hoja del libro.

— Cierto. Entonces ¿Aki? Significa otoño.

— No quiero ponerle Aki sólo porque nacerá en esa temporada.

— Nada te parece.

— El nombre es algo que la acompañara en toda su vida. Quiero que tenga un significado.

— Tienes razón — Habló mientras seguía prestándole atención a la linterna que colocaba entretenidamente sobre el abdomen de Kei — Hija, tu nombre será único y especial.

— Por cierto Tetsuro — Se le quedo viendo — Qué tanto estás haciendo.

— Leí que mi pequeña ya puede distinguir las luces de afuera así que estoy jugando con ella — Prendió la linterna en otra parte de su abdomen.

— Ya es muy noche, déjala dormir.

— No está dormida. He visto que te ha dado pataditas.

— Desde hace rato que dejó de hacerlo.

— ¿Enserio? — Prendió y apagó la linterna pero no hubo reacción — Kei. Nuestra hija no pateó.

— Te dije que está dormida.

— ¿Lo está?

— No tiene mucho que acaba de dormirse.

— No puede ser. Hija — Comenzó a susurrar — Despierta dormilona, papá quiere seguir jugando.

— Déjala dormir. Estuvo despierta casi todo el día.

— ¿Te anduvo pateando? — Kei negó — Entonces cómo lo sabes — Dejó la linterna en el buró.

— Instinto de madre.

En menos de un segundo se dio cuenta de lo que había dicho. Observó a Tetsuro y no pudo evitar sonrojarse ante la gran sonrisa del mayor.

— ¿Instinto de qué? — Preguntó aun con la sonrisa.

— Na… nada.

— Vamos Kei ¿Acabas de decir madre?

— Es tu culpa. ¡Mira lo que me obligas a decir!

— Yo no te obligué a nada.

— ¡Como sea! — Colocó el libro sobre el buró, apagó la lámpara y se cubrió con las sábanas — ¡Buenas noches!

— Buenas noches mamá.

Ante esa frase, Kei se dio la vuelta con almohada en brazos y esta quedó entre ellos.

— Que infantil, pero no importa — Lo abrazó aun con la almohada interponiéndose — Todavía puedo abrazarlos.

— Tetsuro.

— Dime.

— Tu abrazo me está sofocando.

— Bueno, entonces deja la almohada, así no te sentirás tan sofocado.

— No puedo dormir bien sin la almohada.

— Bien — Dejó de abrazarlo, se acercó y besó su frente — Pero cuando nazca no te soltaré ni un segundo.

Kei se encontraba recostado en el suelo mientras leía un libro. Leía en voz alta y de vez en cuando se detenía para explicarle cierto término o algún dato curioso a su hija. Mientras Tetsuro le contaba sobre cómo se conocieron u otras cosas, él se enfocaba más en contarle cuentos o libros. También le hablaba sobre su vida de pequeño o decirle la verdad respecto a cosas que Tetsuro le había contado pero encontraba más cómodo hablarle sobre libros, teorías o dinosaurios.

Su teléfono comenzó a sonar y contestó.

— Kei — Se escuchó por el auricular — Voy a pasar a comprar ¿Necesitas algo?

— Nada en realidad.

— Bueno… ¿Y qué haces?

— Descansar.

— ¿En el suelo?

— ¿Algún problema con eso?

— No, no pero era de esperarse. Bueno enton… — Guardó silencio.

— ¿Tetsuro?

— Espera Kei, no hagas ruido.

Ambos guardaron silencio hasta que Tetsuro comenzó a reír.

— Kei, no sé si es mi imaginación pero… ¿Lo que escucho de fondo es el concierto para oboe de Mozart?

Las mejillas de Kei se ruborizaron — Lo… lo estás imaginando.

— ¡Ah! Lo dudaste. Entonces si sigues escuchándolo.

— No… no es cierto ¡Y deja de reírte o voy a colgar!

— Perdona, pero es lindo que sigas escuchando esa pieza ¿Será que la escuchas por lo que dije?

— No lo hago porque quiero… a tu hija parece gustarle mucho — Se justificó — Y no es la única que escucho.

— Claro. Bueno, entonces nos vemos al rato. Los amo.

— Bien.

— ¡No Kei! Así no debes despedirte.

Kei suspiró — Nosotros también te amamos — Colgó sin darle oportunidad de contestar. Soltó un largo suspiro — Vaya padre el que te toco — Sintió una patadita y sonrió — Lo sé. Yo también lo quiero tal y como es.

— Tetsuro.

— Ahora no Kei. Papá está intentado descifrar este acertijo — Habló mientras juntaba dos piezas que no encajaban.

— ¿Acertijo?

— Sí — Juntó otras dos piezas y se alegró al ver que conectaban a la perfección.

— ¿Te das cuenta de que sólo es una cuna?

— No es sólo una cuna. Esta cosa es más difícil que un rompecabezas de un solo color y de tres mil piezas.

— Sólo debes leer el instructivo — Lo observó con cuidado — Estás leyendo el instructivo ¿Verdad? — No obtuvo respuesta — ¡¿Verdad?! — De nuevo sin respuesta — Kuroo.

— Papá no necesita un instructivo para una cuna.

— No si fuera una cuna clásica pero a alguien le pareció mejor comprarla con cajones integrados y no sé qué tanta cosa más.

— Mi pequeña se merece lo mejor y nada mejor que esta linda cuna con cabecera en forma de mariposa, cajones para la ropita, cajita musical para dormir y una lamparita en forma de abeja.

— Entonces para qué pediste los muebles.

— Bien — Dejó las piezas y se levantó del suelo — Mañana lo devolveré y pediremos una más sencilla ¿De acuerdo? — Kei asintió — ¿Te parece bien la cuna blanca? O prefieres la de color natural.

— La blanca parecía más resistente.

— Es cierto — Se acercó a Kei y se sentó a su lado mientras se recargaba en la pared sobre un conejo que brincaba — Creo que es mejor la blanca — Observó la habitación — Podría decorarla.

— Ya has hecho mucho, mejor descansa.

— Tonterías — Lo abrazó — Apenas he hecho algo.

— Sólo no te esfuerces demasiado ¿De acuerdo?

Kei era responsable, serio y pensaba detenidamente antes de actuar. Un adulto en todos los sentidos. Pero en su estado había descubierto actitudes que nunca antes hubiera pensado ver.

— Kei — Lo observó con seriedad mientras el menor lo desafiaba con la mirada.

— Te dije que no.

— Sabes que es por su bien.

— Estás disfrutando verme sufrir ¿Verdad?

— No es que lo disfrute pero — Le acercó el plato — Cómetelo todo.

— No quiero — Apartó el platillo — ¿Sabes cuántas veces me has tenido comiendo esto en las últimas semanas? Yo te diré, muchas. Y siempre es lo mismo: arroz blanco con pescado y verduras al vapor.

— Kei no seas infantil, es para que nuestra hija crezca sana y fuerte. Y no es diario, de vez en cuando variamos.

— Pero es casi lo mismo. Apenas y me dejas comer carne, me quitaste la sal y el café ¿Sabes lo difícil que es la mañana sin café, y en el estado en el que estoy? — Tetsuro le acercó el plato. Kei volteo la vista y se cruzó de brazos — Ni siquiera me dejas ponerle mayonesa para que tenga mejor sabor.

— Nada de embutidos, enlatados ni cosas procesadas — Kei infló las mejillas disgustado — Hagamos algo. Si te comes todo sin poner objeción durante una semana, entonces compraré un pastel entero sólo para ti.

Tetsuro no tuvo que esperar respuesta. Kei se acercó el plato y comenzó a comer sin mucho ánimo.

Había sido una semana difícil: Dolores de espalda, calambres, sofocamientos e incomodidad para dormir. Una semana muy dura pero al menos había cumplido su parte del trato. Tetsuro era muy astuto y había medido, pesado y contado alimento que había en la casa que no podía comer. Sin duda se vio muchas veces a la tentación de comprar cada vez que salía a caminar pero se contuvo. Había sido paciente y ahora tendría su recompensa.

— Listo, terminé — Habló enojado — Tetsuro sonrió al ver que el plato estaba completamente limpio — Ahora — Extendió su mano — Quiero mi pastel.

— Muy bien, te compraré tu pastel — Sonrió — Después de que nazca nuestra hija.

— ¿Qué? Tú dijiste que me comprarías un pastel si me lo acababa todo durante una semana.

— Te dije que te compraría un pastel cuando acabaras pero no te dije que te lo compraría hoy.

Tetsuro esperaba algún regaño por parte del menor pero nada. Kei aspiro hondo y sin decir una palabra se levantó de la silla y comenzó a caminar a su habitación.

— ¿Kei? — Lo siguió, pero antes de entrar a la habitación el menor le cerró la puerta — ¿Te enojaste, pastelito? — La puerta se abrió y una almohada golpeando su cabeza fue la única respuesta — Ah, creo que sí.

Dormir en el sofá no era cómodo. Kei no le abrió la puerta de la habitación y no tuvo otra opción. Escuchó pasos en el segundo piso y después lo escuchó bajar las escaleras.

— Tetsuro.

El menor susurró su nombre pero prefirió hacerse el dormido.

— Tetsuro — Habló por segunda vez pero de nuevo sin respuesta. Se acercó a él y besó su frente — Buenos días — Se dio la vuelta y antes de poder alejarse, sintió ser jalado del brazo.

— Buenos días Kei — Lo rodeó con sus brazos.

— ¿Estabas despierto? — Preguntó avergonzado.

— Desde hace rato — Lo besó — Y gracias por despertarme de esa forma.

— Lo siento.

— ¿Eh?

— Tienes razón, debo cuidar mi alimentación.

— Está bien, no estoy enojado. Además de que también fui injusto. Te prometí un pastel, pero ten por seguro que voy a comprarte uno.

— Está bien — Se recargó en el pecho de Tetsuro — Pero quiero un gran pastel.

— Ja, ja. Claro. Un pastel entero y con muchas fresas sólo para ti.

— Bien — Tetsuro lo ayudó a levantarse — Ahora ve a descansar, se nota que no dormiste muy bien.

— No te preocupes. Sólo me doy una ducha y estaré como nuevo.

Mientras Tetsuro terminaba de arreglarse, un fuerte sonido seguido de su nombre lo alarmaron.

— ¡Kei! — Se dirigió a la cocina.

— Tet… tetsuro — Pronunció con miedo — Duele.

Un plato roto se encontraba en el piso mientras Kei se recargaba en la mesa y tocaba su vientre.

— Tetsuro — Habló alarmado. Había leído sobre el dolor que estaba experimentando en ese momento: contracciones — No puede nacer, no ahora. Es muy pronto para que nazca – Se quejó ante otra punzada de dolor.

— Tranquilo, todo estará bien.

Tetsuro ayudo a Kei a subir al auto y sin importar haber dejado la puerta de la casa abierta, se dirigieron al hospital.

Segundo a segundo, minuto a minuto Tetsuro recorría el mismo pasillo, una y otra vez sin alejarse de la puerta. De camino al hospital le habló a la doctora, y una vez que llegaron, ella se encontraba esperándolos. Se llevaron a Kei y no le permitieron acompañarlo.

Su hija todavía era muy pequeña y era muy pronto para que naciera ¿Y si nacía, podía sobrevivir siendo tan pequeña? Sin previo aviso recordó cada palabra que le había contado el menor sobre su más grande miedo y sus malas experiencias. Por un momento pensó en lo peor.

Después de dos horas, la doctora salió y Tetsuro la invadió con infinidad de preguntas. La doctora lo tomó del hombro y suspiró.

— No se preocupe — Sonrió — Todavía no ha nacido y ambos se encuentran bien.

Esas palabras fueron un alivio en su pesar. Kei estaba bien, su hija estaba bien. El pánico que sentía se fue calmando.

Cuando entró a la habitación, no pudo evitar correr y abrazar a Kei. Se aferró a él con desesperación.

— Lo que sintió fue algo llamado contracciones de Braxton Hicks — Habló la doctora — O como muchos le llaman: falsas contracciones. Puede que sienta algunas después y será normal, pero si ve que el dolor se vuelve frecuente y se intensifica, entonces debe volver al hospital ¿De acuerdo? — Kei asintió.

— Pero todo está bien ¿Verdad? — Preguntó Tetsuro aun con Kei en brazos.

— Aprovechamos para revisarlos y ambos están en perfecto estado. Sólo debe cuidarse y evitar emociones fuertes.

— ¿Escuchaste Kei? Todo está…

Con cuidado, Kei se separó del abrazo — Gracias por todo — Le agradeció a la doctora y salió de la habitación. Así como cuando se enteraron que serían padres, Kei no pronunció ninguna palabra en todo el camino de regreso. Una vez llegando a casa, se dirigió a su habitación.

— Kei — Habló mientras el menor subía las escaleras.

— Yo — Intentó hablar sobre lo que pasó pero no pudo — Tengo sueño, me iré a dor…

— ¡Tuve miedo! — Habló con fuerza y Kei se detuvo — ¿Sabes lo difícil que fue estar dos horas sin saber de ti o nuestra hija? Fue horrible. Cada segundo, cada minuto era una tortura — Comenzó a subir las escaleras — En esas dos horas recordé lo que me dijiste ¿Qué pasa si Kei muere? ¿Qué pasa si nuestra hija muere? Sólo pensaba en eso. Y por un momento pensé que los perdía a ambos. Me sentía tan impotente y lo único que pude hacer fue esperar. Nunca antes había estado tan asustado en mi vida — Llegó hasta él y lo abrazó — Pero ambos están aquí, están bien y el que pueda abrazarlos es prueba de ello.

— Tetsu...

— Te dije que no estabas solo, así que no fuiste el único que tuvo miedo ¿De acuerdo? Yo estoy contigo, te estoy diciendo como me siento y quiero escucharte a ti. No ocultes tus preocupaciones o miedos. No como lo estuviste haciendo durante años. Quiero saber cómo te sientes.

— Yo — Se aferró al abrazo — Tuve miedo, mucho miedo.

Era fin de semana, así que: no trabajo, no voleibol, no nada. Quería seguir durmiendo, y más si era abrazando a la madre de su futura hija.

Había pasado varios días desde lo del hospital. Pero a diferencia de antes, Kei parecía más animado. Obligarlo a decir cómo se sentía había servido. De vez en cuando lo veía muy pensativo pero siempre buscaba lo forma de animarlo: Platicando sobre su día, leyéndole algún cuento, seguir buscando el nombre adecuado o simplemente estando a su lado y recordarle que no estaba solo.

Se volteó con la intención de abrazar a Kei pero algo se lo impidió. Ese algo no era más que el último presente que le había regalado. Con cuidado y sin despertarlo intentó quitárselo poco a poco. Grave error, Kei se aferró más a la almohada.

Esa tarde decidieron ver una película en casa, pero por más que Tetsuro quería abrazar y besar a Kei, no podía. Kei descansaba en el sillón, el problema era que, no dejaba de abrazar esa odiosa y molesta almohada. En los últimos días cada vez que lo veía, esa cosa siempre lo acompañaba. Que si dormía o tomaba una siesta, que si leía en el sofá, que si descansaba en el suelo. ¿Qué no podía dejarlo un minuto? Suspiró cansado y por un momento deseó ser esa almohada que absorbía el cariño de Kei.

"Prepárate para las consecuencias" Así que a eso se refería Bokuto. Por un momento pensó que estaba bromeando y no le tomó importancia, ahora se arrepentía terriblemente.

— Kei — Susurró — Ya terminó la película.

— ¿Eh? Lo siento —Se talló los ojos — Me quede dormido.

— Está bien — Le restó importancia — Pero no puedes dormir aquí.

Kei se levantó del sofá y caminó con pesadez hasta EL cuarto. Tetsuro lo ayudo mientras discretamente le quitaba la almohada.

— Qué crees que haces — Habló mientras lo observaba.

— Sólo te estoy ayudando — Sonrió pero Kei seguía con la misma mirada — Bien, tú ganas. Intento quitarte la almohada ¿Qué no te cansas de tenerla todo el tiempo?

— No.

— ¿De verdad?

— Sí.

— Intenta dormir sin eso al menos por una noche.

— No entiendo por qué tu insistencia en quitármela si tú me la diste para empezar — Tetsuro no habló — Ah — Sonrió — No me digas que estás celoso.

— No lo estoy…

— ¿De verdad?

— Bien, sí lo estoy.

— Patético.

— No seas cruel.

— Bueno — Abrazó a la almohada con fuerza — Considéralo venganza por lo del pastel.

— ¡AH! ¡Papá también quiere cariño!

— No seas infantil. Además, sólo serán dos me… — Se quedó pensando — Tetsuro — Lo observó — Dos meses.

— Lo sé Kei — Sonrió — Sólo dos meses.