CAPITULO 18: PAPA, MI QUERIDO PAPA. EL MOTIVO PARA LUCHAR DE HELGA. ¿MAMA QUE HACES AQUI?
Tic, tac, tic, tac…
Tic, tac, tic, tac…
Recuerdos, recuerdos de buenos y malos momentos vividos. Eso era todo lo que pasaba por la cabecita de aquella niña, aquella niña que tenía miedo, miedo de salir, miedo de enfrentar lo que por primera vez había afectado su vida: la pérdida de un ser querido. Había resistido todo, el inicio de una nueva vida, la superación de una horrible desgracia, el rechazo del amor, el nacimiento de un nuevo y hermoso sentimiento, la lucha por sobrevivir. Mas la muerte, la muerte estaba fuera de sus alcances. La muerte era algo completamente diferente.
Tic, tac, tic, tac…
Tic, tac, tic, tac…
Era extraño, tantas eran las veces que ella había deseado eso, que solo la dejaran en paz, que no se inmiscuyeran en su vida...Ahora era cierto, una de las personas que según ella le estorbaban había dejado de existir...Era demasiado, demasiada responsabilidad sobre ella. Ya no se sentía capaz de seguir, no si las consecuencias serian la muerte de sus seres más queridos. No más.
El sonido desesperante del tiempo fue acrecentando la angustia de la pequeña que en ese momento sentía que caía por un duro y cruel abismo de recuerdos y pensamientos.
Tic, tac, tic, tac…
Tic, tac, tic, tac…
-¿¡Que es ese sonido!?-se exasperó la rubia -Suena como un reloj.
Helga se encontraba flotando en una especie de dimensión vacía, durante un buen rato ella nada oía o pretendía no escuchar nada pero hace unos pocos minutos ese sonido, que empezaba a molestar a la niña había empezado a repercutir fuertemente.
-Es hora-se escuchó una fuerte voz y de pronto la muchacha sintió que caía. Un enorme circulo de luz se abrió y la chica entró en el.
-¡¿Que está pasando?!-gritó la niña a medida que descendía por una especie de tobogán.
Un hermoso jardín con un gran árbol la recibió, Helga reconoció el lugar como su propia casa.
"Cielos, que hago aquí"
-¡Mia mami un anged!-se escucho una infantil voz-Un anged acaba de atedizad en nuesto jadin.
La muchacha prácticamente pego un salto al percatarse que una niñita de unos tres años le apuntaba con su dedito. Detenidamente examino a la pequeña, debía de tener no más de tres años, llevaba un overol rosado y unos hermosos lazos rosados atados a cada lado de su cabecita. En cuanto Helga observó la única ceja que la niña mostraba se percató de quien se trataba.
-Vamos hija, allí no hay nada-sonrió una Miriam mucho más joven de lo que en ese momento era-será mejor que enteremos adentro. Tu padre está a punto de llegar.
La señora recogió a la dulce chiquita, quien no dejaba de ver a la recién llegada y entró en la casa.
"No me vio, soy invisible para mi madre. ¿Qué es lo que debo aprender con esta visión y porque a esa edad la Helga pequeña me ve? No entiendo nada."
Un "hola familia" provocó que la rubia saliera de sus pensamientos y se enfocara en la persona que acababa de llegar. Rápidamente Helga se deslizó al interior de su hogar, se percató que Miriam había decidido ir a acostar a la pequeña ya que no se la veía por ningún lado sin embargo a quien si se veía era al gran Bob quien lucía físicamente agotado. Se tiro en el sofá y esperó a que bajase su esposa. Helga sintió un nudo en su garganta, más antes de que reaccionase la voz de su madre la alertó.
-¿Qué haces allí?-preguntó Miriam a medida que bajaba las escaleras con un babero en la mano y un tarrito con jugo en la otra.
La muchacha creyéndose descubierta se dispuso a contestar pero su padre se adelantó.
-¡¿Y en donde más quieres que este Miriam?!-contestó abruptamente Bob-Me paso todo el día trabajando para esta familia y así es como me recibes.
-Cariño, no me refería a eso. Creí que pasarías por Olga a su clase de música-contestó la señora mientras se sacaba su delantal y tomaba las llaves del auto-Cuida a Helga por favor. Iré a recogerla yo.
-¡Pero…!
-Nada de peros Bob, también es tu hija y merece que pases tiempo con ella-contestó Miriam mientras salía.
-Pero yo no sé qué hacer con un bebe-imploró Bob en la puerta.
-Eres su padre, sabrás que hacer-sonrió Miriam y se despidió moviendo su mano a través del vidrio del auto.
El gran Bob se dirigió a la cocina observado por su hija, empezó a preparase un enorme sanduche de jamón y carne cuando un sonido como de golpe seco lo alertó. Poco después un fuerte llanto puso nervioso tanto al padre como a Helga.
-Y ahora que paso-el rey de los localizadores se levantó y subió corriendo las escaleras, atrás lo seguía su hija quién al verlo entrar en el que ahora era su cuarto se quedo parada observando el comportamiento de su padre.
-¡Papi, me duele!-sollozaba incontrolable la niña.
-Vamos levántate, eres una Pataki. Los Patakis no nos dejamos vencer y menos por una caidita.
-¡Me duele, papá!
-¿Y ahora qué hago?-se acongojó el padre mientras veía como su niñita derramaba copiosas lágrimas.
-Hagamos algo-se dejó escuchar Bob-Te prometo hacer lo que tú quieras si dejas de llorar.
La niña se limpio sus ojos azules y observó fijamente a su padre.
-Cántame
-¡Qué!-se escandalizó Bob.
-Que me cantes, papi. Como lo hace Miriam antes de dormirme. Por fa.
El rey de los localizadores colocó a la niña en la cama y empezó a caminar de un lado al otro. Cantar, no era una de sus facultades y menos si se trataba de canciones infantiles. Además pasaba demasiado tiempo atendiendo su negocio, mucho tiempo cerrando tratos, tiempo en el que solamente veía a su hija menor para darle un furtivo beso o una rápida sonrisa. Que le podría cantar. No sabía la letra de ninguna canción. Su corazón se angustió.
La pequeña Helga lo observaba, veía como el rostro de su padre se entristecía. Una idea cruzo por su mente.
-Te ayudó con el comienzo-sonrió la niña mirando fijamente a su padre.
El gran Bob se limito a sonreír, a pesar de que su hija menor lo ayudase él no sabía cómo continuar. Porque, habría que admitirlo, el no era un buen padre que digamos. ¿Qué hacer? ¿Cómo seguir?
Un día, sodo un día más
A tu lado quiedo estar
Eres la persona más valiosa
La que me ayuda a continuad
El padre se sorprendió al escuchar a su hija, sin saber cómo y solo escuchando su corazón continúo la canción.
Dulce princesita
Pequeño angelito
Aunque muchas veces no te veo
Siempre estás en mi corazón.
No pretendo que me entiendas
No a tu corta edad
Quiero darte lo mejor
Para que puedas triunfar.
Si te llego a lastimar,
Si alguna vez me quieres olvidar
No pienses que no te quiero
Solo recuerda que tu siempre mi corazón tendrás
Porque eres mi pequeña
Mi angelito
Y como tú no abra más
Bob Pataki sonrió al ver a su hija dormida, la arropó, le dió un beso en la frente y salió de la habitación no sin antes murmurar: Pase lo que pase siempre mi ángel serás. Duerme Bien Hija
La rubia, quien había presenciado todo parada en la puerta salió corriendo al oír a su padre hablar con tanta ternura.
"No voy a llorar, no lo haré"
Helga llego hasta el árbol en el que solía jugar, y sin aguantar empezó a golpear con ira el tronco.
-¿Porque papá? ¿Porque me haces esto? ¡No me mientas! ¡Tú no eras el que acabo de ver! Solo te preocupaban tus estúpidos localizadores, que pretendes con esa pose de padre bueno. ¡Tú nunca me quisiste porque habría de sentirme mal ahora por ti!-gritó la chica reprimiendo sus lagrimas.
-Todo ocurre por algo hija, siempre hay una luz al final del camino.
-Esa voz-reaccionó la rubia, más cuando ella volteo todo se volvió borroso.
En ese momento estaban frente a la tienda del Gran Bob Pataki, miró algo insegura las calles pero decidida entró. No había nadie. Estaba vacía. Por la oscuridad del cielo se podía decir que eran poco más de las 10 de la noche.
-Mis niñas, espero que me perdonen…
Helga escucho la voz de su padre que venía de la oficina principal de la tienda. Con firme paso empujo la puerta y encontró a su padre sentando observando una foto de ella y de Olga. Todo se encontraba igual a excepción de que ahora Helga mostraba en la imagen que tenía sus bien cumplidos 6 años.
-Se que no las veo, y me porto muy mal. En especial contigo Helga pero créeme lo hago por tu bien. Necesitas crecer, y ver que las cosas no se consiguen con facilidad. Olga lo ha logrado todo pero luchando, quiero que tu Helga aprendas a luchar pero no como Olga sino mejor que ella. Las quiero mucho aunque siempre parezco ausente tengan por seguro que pienso en ustedes dos, todos los días de mi vida…
-¿Señor Pataki?-interrumpió un hombre de cabello negro y con uniforme de guardia-Creíamos que se había ido.
-Que uno no puede tener un minuto en su propia tienda-bramo el gran Bob y sin más metió la foto de sus hijas en su billetera y salió desafiante a la calle.
-¡No, esto es ridículo! Papá pensando en nosotras, y sobre todo en el trabajo. No esta visión debe estar mal-razonó Helga mientras veía como su padre se marchaba en el carro.
-Los padres no son perfectos, nos podemos equivocar pero ten por seguro que siempre buscamos su bienestar.
-De nuevo esa voz-susurró la rubia y con sus ojos intentó divisar algo pero no pudo ver más porque nuevamente borrosas imágenes pasaron por sus ojos.
Ahora se encontraba fuera de la escuela. Era un día lluvioso. Todos los niños entraban a la escuela acompañados de sus padres, una triste figura rubia completamente empapada y salpicada de lodo caminaba a lo lejos. Poco a poco se acercó a ese enorme edificio donde cursaría 6 años de su vida y se dispuso a observar desde afuera. Un auto llegó y de él bajo un niño rubio con un paraguas, este se le acercó y le dijo algo agradable puesto que después de hablar con él la triste cara de la niña se había transformado en una llena de amor y alegría. La pequeña rubia entro después de él. Algo en ella había cambiado. Una esperanza de amor acababa de nacer en su pequeño corazón.
"Este día lo recuerdo perfectamente. Es el primer día que vi a Arnold. ¿Qué hago aquí?"
Después de esperar unos momentos parada en la lluvia Helga se impacientó y se arrimó a una tienda que permanecía cerrada esperando su siguiente visión más cuando se empezaba a aburrir un carro freno tan fuerte que el sonido llamó su atención.
-¿Papá?-se preguntó la chica al ver que un desesperado Bob bajaba del carro angustiado.
-¡Eh Abuelo!-se acercó a un anciano que en ese momento entraba a su Packard.
-¿Si?-respondió este algo desconfiado al ver la apariencia del extraño y su forma de hablarle.
-¿Usted no vio a una niña rubia con overol rosado entrar a la escuela?
-De seguro usted es el desnaturalizado que dejó a la pequeña venir sola a la escuela-contestó el abuelo.
-¡Eso no es su problema! ¿La vio o no?-se impacientó Bob.
-Si, la niña entro atrás de mi nieto. Debo decirle que estaba muy triste la pobre, venia toda enlodada y mojada.
El rey de los localizadores enmudeció ante esto y se alejó del abuelo para ir a parar en la tienda donde la Helga mayor estaba observando y escuchando todo.
"Pero que rayos está pasando aquí. Yo jamás vi a mi padre en aquel día"
Helga angustiada por lo que estaba a punto de oír se dispuso a irse de allí pero algo la detuvo.
-Lo siento. Sé que en este momento me debes estar odiando por haberte dejado sola pero créeme que lo siento.
La muchacha se detuvo al oír la sinceridad con la que su padre pronunciaba esas palabras.
-A veces suelo emocionarme tanto por los triunfos de Olga que olvido por completo que tú estás conmigo. Estoy seguro que a estas alturas creerás que soy un mal padre, quizá esa es la razón por la que desde pequeña nos llamas a tu madre y a mí por nuestros nombres, pero entiende que no somos perfectos-Bob le hablaba a la foto que había sacado de su billetera y una lagrima de tristeza resbalo por sus mejillas hasta caer en el rostro de una pequeña que malhumorada se había dejado tomar la foto.
La rubia observaba esto inmóvil. En su vida había visto a su padre llorar. Simplemente no lo podía creer.
-Mira lo que has hecho, yo el gran rey de los localizadores llorando por su hija. Que desgracia, sin embargo no puedo evitar sentir que te defraude y estoy seguro que esta no será la primera vez. Lo siento Helga. Créeme que lo siento, solo quiero que sepas que siempre te quise, te quiero y siempre lo haré. A pesar de todo velo por ti y sin un día tengo que entregar mi vida a cambio de la tuya sin dudarlo lo haré. Eso tenlo por seguro mi niña.
Un pitido llamo la atención de la muchacha y del padre quien al ver a un policía parado cerca de su carro se limpio las lagrimas y poniendo su pos de hombre invencible salió a la lluvia.
-¡Esta bien…está bien voy a mover mi carro!-gritó a medida que el hombre entraba a su auto y se alejaba.
-No fue tu culpa, nunca lo fue porque él desde que naciste te entrego su vida
Nuevamente esa voz volvió a hacer su aparición mas esta vez la rubia no hizo nada para hallar su origen. Se encontraba demasiado estupefacta para hacerlo. El ambiente se torno borrosos nuevamente.
Imágenes, imágenes en las que su padre prefería defender a Helga antes que sus negocios, imágenes en las que su padre hacia lo posible por recuperar la confianza de la pequeña, imágenes en las que a pesar de sus torpezas le demostraba lo importante que la niña era para él.
La siguiente visión, la que más temía ver la niña fue el golpe más duro para la misma: La muerte del gran Bob Pataki.
Helga no puedo reprimirse mas y arrodillada empezó a llorar, su corazón estaba aceptando que el hombre que tanto la había querido ya no estaba junto a ella.
Cuando la pequeña abrió sus ojos observo algo diferente, Hillwood estaba desolada, miles de cuerpos mutilados descansaban en el suelo. Su madre, su hermana, sus amigos...todos. Estaban muertos. Encima se podía divisar a miles de figuras demoníacas riendo y disputándose a las personas para acabar con ellas. Gritos, llanto incontrolable por todo lado. Sangre y Destrucción se podía ver en cualquier lado donde la muchacha posase su vista. Helga asustada empezó a avanzar por las destruidas calles hasta que un pájaro negro se acerco a ella y tomándola por los brazos la elevo, la chica no opuso resistencia. Se acercaron a Belzemont quien se alzaba sobre una pila de huesos. Riendo macabramente.
-No pudiste Ángeles, la chiquilla no fue tan fuerte para salir de mi trampa y murió. Creíste poder vencerme con el chico pero no lo hiciste, la voluntad de Helga no fue tan fuerte y ahora el mundo es mío. ¡Completamente mío!
Soledad, tristeza, odio se podía palpar en la atmósfera de aquel mundo apocalíptico.
-No quiero-susurro la rubia al ver todo esto-No quiero que el mundo termine así. No puedo permitir que alguien más vuelva sufrir el dolor de perder a un ser querido. No puedo dejarlo vivir. Debo acabar con esta destrucción, debo acabar con Belzemont y para eso…debo vivir.
El pájaro la soltó y la visión se esfumó. En ese momento la muchacha aterrizó en un lugar lleno de luz.
La chica empezó a recordar todo lo visto a medida que su corazón aceptaba lo que ella pensaba. Bob siempre la quiso, la quiso mucho a su manera. A pesar de todo ella no tenía la culpa de lo ocurrido. El dió la vida por un motivo, por su hija. Él quería que su hija estuviera viva para que cumpliera su misión.
-¡Papá!-gritó Helga mirando hacia un cielo de indefinidos colores que se había formado sobre la chica-Papá querido, ya entendí. Demasiado tarde pero lo hice. Tu siempre buscaste mi bienestar, no fuiste un mal padre solo te equivocaste al igual que yo. Te quiero, y siempre lo haré mas no dejaré que tu sacrificio sea en vano. Regresaré para acabar con los que quieren dañar a mis amigos, a mis seres queridos. Regresaré para protegerlos. Por tu vida y por la mía, no dejaré que sangre inocente se vuelva a derramar. No dejaré que otros experimenten el dolor que yo sentí.
Las lágrimas retenidas en los ojos azules de la chica no aguantaron más y descendieron rápidamente por sus mejillas. Helga tapó sus ojos con sus manos y lloró a más no poder. Ese sentimiento de culpa había sido suplantado por el dolor. Había enfrentado el dolor. Y su más grande temor, el temor a no poder cumplir su misión, las consecuencias de dejarse vencer, había sido vencido. Ahora tenía una misión, la de evitar que Belzemont triunfara, la de mantener la paz, la de luchar por la vida de sus familia y sus amigos. La de salvar al mundo. Era algo duro pero era su deber. No podía rendirse, no podía permitir que personas inocentes pagaran las consecuencias de su cobardía. Iba a luchar, luchar hasta las últimas consecuencias.
Unas manos alzaron el rostro atribulado de la chica y esta fijo la vista en los grises ojos que en ese momento la veían.
-No llores angelito mío-se escucho una voz algo ronca. Era su padre.
-Lo siento…Yo…Yo no quería que tú murieras-sollozo la pequeña
Su padre la abrazó durante un buen tiempo. Una sensación de paz y tranquilidad invadió a la niña.
-Es hora de que vuelvas-sonrió el gran Bob.
-No quiero dejarte papá. No, por favor.
-Vas a permitir que más personas mueran.
-…
-¿No verdad? Esa no sería mi niña. No te preocupes, yo siempre estaré en tu corazón. Siempre supe que serias alguien grandiosa y siempre estuve orgulloso de ti.
-Te quiero papá
-Te quiero niña, mí dulce niña-su padre le dio un beso en la frente y desapareció.
La pequeña se quedo parada sola, con su mano izquierda limpio sus lágrimas y decidida esperó. Una luz negra se abalanzo sobre esa extraña dimensión y la muchacha por un momento cerró sus ojos.
Nuevamente se encontraba en el pasaje por donde la misteriosa figura la había hecho caminar, mas ahora tenía la sensación de que debía buscar la puerta por donde entró y salir de allí cuanto antes. Escuchó una especie de cadenas al voltear diviso a 10 ángeles con sendas capas negras que venían tras ella.
-¡Rayos tengo que salir de aquí!-gritó la chica y empezó a correr en dirección contraria.
-Perdiste todo-murmuró uno de los ángeles desde atrás tratando de persuadirla para que se entregue.
-No tienes a nadie-continuó otro.
-Todos te creen muerta.
-Es mejor que te entregues.
-Para que quieres volver a un mundo tan destructivo.
-Ven, ven con nosotros.
-Estarás bien.
Helga corría a más no poder, hasta que divisó la puerta y el anillo de fuego por donde había entrado. La niña se detuvo y antes de traspasar grito: Tengo razones para vivir y no se preocupen que en lo que cabe todo irá bien. Espero no volverlos a ver hasta mucho tiempo después.
-Lo lograste, saliste antes de que los buscadores te atraparan-la misteriosa figuras del guardián de almas estaba frente a la rubia- Es hora de que vuelvas a la tierra
-Antes de eso. Hay algo que quiero preguntarte.
-Pregunta
Helga no se fue con rodeos y mirando al encapuchado hablo.
-¿Se puede saber que haces aquí mamá?-preguntó la niña acercándose abruptamente al sujeto y arrancándole la capucha.
El guardián de almas era Miriam.
-De manera que me reconociste hija.
-Como no hacerlo durante las visiones tú me guiaste y al compararla con la voz de la Miriam que aparecía en mi visión se me hizo facial asociarlas.
-Eres muy inteligente pequeña.
-No puedo creerlo. Tu, tú que nunca estuviste para mí. ¡Qué pretendes eh! ¿Qué haces aquí?
Miriam se acercó a su hija y pasando una mano frente a ella la desmayo.
-Todo a su debido tiempo Helga, todo a su debido tiempo. Ahora es tu hora de regresar.
Una fuerte lluvia caía sobre Hillwood. Todas las calles estaban mojadas, aquella tarde habían suspendido la construcción de la escuela por el tiempo.
Una brillante luz apareció cerca del árbol en donde los dos niños más buscados de la ciudad habían desaparecido. Una muchacha se levanto con un fuerte dolor en la cabeza, sin recordar nada de lo que había vivido durante su muerte. Lo único que había en su mente era el recuerdo de su padre, mas pensar en ello no la ponía triste. La chica se levantó, sus heridas habían cerrado, el vestido blanco del baile estaba todo enlodado. Mas ella estaba bien y con nuevas fuerzas para luchar, ahora tenía porque hacerlo un motivo, por su objetivo. La chica sonrió y empezó a caminar camino a casa.
Helga G Pataki había regresado. Más no sabía lo que ahora le esperaba.
Y con esto terminamos el capítulo número 18 de esta interesante historia...
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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
