CAPITULO 19: LA APARICION DE HELGA. EL MISTERIOSO BRILLO DE LA ESPADA. ¿DONDE ESTA SHAORAN?
Una mirada basto para saber que ella estaba muerta, el fuego consumió su esencia, su alma, su vida. Todo por una pelea, él se había alejado los últimos días por una inútil discusión. Sensaciones de ira, de culpa lo invadían ¿Al fin y al cabo la amaba o no? Que era lo que sentía. Él jamás había sido bueno con sus emociones y menos si se trataba de decírselo a esa persona especial. Sus ojos cafés vieron con honda tristeza como los últimos vestigios de Helga desaparecían, angustiado pero con un ahíto de esperanza se acercó esperando que todo fuera un juego, su imaginación, una fantasía mas lo único que le fue posible palpar fue la cruda realidad que irremediablemente caía sobre el pequeño. Sin saber lo que le esperaba, lo que pasaría, él se arrodilló, intentando apresar en su memoria el olor, el dulce aroma que la muchacha había dejado en el aire. Inesperadamente una extraña insignia se formo bajo el muchacho, el estaba consciente de que algo malo pasaría mas resignado a la pérdida de su amiga no tuvo fuerzas para defenderse, para luchar… ya no más. De un momento a otro una luz oscura lo rodeo y él desapareció. El chico era transportado pero ¿a dónde? Él solo sabía que lejos, muy lejos de los amigos que había hecho. Muy lejos de la magia que innumerables veces lo había salvado, lejos de la reconfortarte sonrisa de su madre, lejos de esa persona especial, tristemente muy lejos de ella.
Sobresaltado el pequeño abrió sus ojos. Cuanto había permanecido en ese estado. Ni el mismo lo sabía. Los recuerdos de aquel terrible incidente lo habían torturado impidiéndole abrir sus ojos hasta aquel momento. Desesperado intento moverse pero para su sorpresa descubrió que no solo estaba desnudo atrapado en una especie de esfera de agua sino que frente a él una misteriosa figura se movía de un lado al otro.
-Puedes hablar si lo deseas. Somos las únicas personas aquí-habló aquella figura que se mantenía en la oscuridad.
-¿Cómo quieres que hable si estoy atrapado en el agua? ¡Me voy a ahogar!- gritó inconscientemente el chico.
Sorprendido el joven observó como alrededor de su cabeza se había formado una especie de manto de energía que lo mantenía completamente seco y que precisamente le permitía hablar.
-Pero ¿Cómo?-se preguntó el chico.
-No eres el único que tiene poderes mágicos. Mocoso.
"Los únicos que me llamaban así eran Kerberos y el hermano de Sakura: Toya. Pero ¿qué rayos está pasando?"
-¡¿Qué quieres?!-interrogó desconfiadamente el pequeño.
-Es muy pronto para decírtelo. Confórmate con saber que desde hace tiempo eh seguido tus pasos. Incluso antes de que viajases a Tokio a capturar esas estúpidas cartas.
-¿Cómo es que sabes de ellas?
-Se mucho de ti.
El joven intento zafarse de lo que lo tenía preso, pero para su sorpresa recibió una especie de descarga eléctrica por todo su cuerpo. Eso no era nada normal. Temerosamente empezó a ver en el sitio en el que se encontraba, mas todo estaba oscuro. Nada se divisaba allí. Solo un rayito de sol penetraba quizá a través de una pequeña abertura en el techo, mismo rayito que de vez en cuando iluminaba a su misterioso interlocutor quien no paraba de moverse.
-¿Porque me tienes aquí? ¡Déjame salir! Necesito…Necesito…
Una punzada de dolor en el corazón le hizo recordar todo lo que había pasado, el baile, la batalla, la muerte del padre de Helga y la desaparición de la misma.
-¡¿Dónde está?!-se desesperó el muchacho.
-Te refieres a la rubia que últimamente luchaba a tu lado. Esta muerta mocoso, resígnate.
-Eso no es cierto. Ella no puede haber muerto. ¡No!
-Basta ya. No quiero escuchar tus lloriqueos. Regresaré pronto ahora que has despertado necesitas comer, no quiero que mueras de hambre.
-Espera. ¿Qué le paso a Helga? ¿Dónde está? ¿Tú la tienes? ¿Por qué me tienes aquí? ¿Trabajas para Belzemont? ¡Responde!
El horrible silencio de ese sitio le hizo caer en cuenta al chico que se había quedado solo.
-¿Dónde estoy?-murmuro el muchacho para sí mismo, moviendo lentamente sus manos en el agua.
-¡Kimba es hora de cenar!-grito Gertie desde la cocina.
-No tengo hambre abuela, gracias pero creo que me iré a acostar temprano-contestó el chico mientras subía las escaleras hacia su cuarto.
Los abuelos del muchacho lo observaron tristemente.
Desde aquel terrible incidente en la escuela el comportamiento de Arnold había cambiado. Antes solía ser muy abierto respecto a lo que le pasaba, confiaba en todos, maduramente resolvía sus problemas y si necesitaba de ayuda la pedía. Ahora parecía alguien completamente diferente. El chiquillo del pasado había desaparecido y suplantado por uno cascarrabias, tristón y solitario. Los sentimientos de aquel chico se habían evaporado, para ser más exactos la persona que causaba esas emociones había desaparecido y a pesar de que todos le decían que lo supere, que ella no iba a regresar, él no la podía olvidar. Ese tormento, lo que lo tenía así, tenia nombre y apellido: Helga Pataki.
Ring, ring. Ring, ring.
-Yo contesto-avisó el chico a medida que salía de su cuarto a contestar.
"Rayos y ahora quien podrá ser "
-Buenas Noches ¿Con quién hablo?-habló con una voz monótona.
-…
-Bueno-repitió el rubio.
-…
-Escucho su respiración. ¿Quién es?-insistió el chico.
-Beep, beep, beep-habían colgado.
El niño se dirigió a su cuarto y tirándose en la cama se dispuso a ver las estrellas hasta quedarse dormido pero la lluvia afuera, caía torrencialmente, curiosamente no había parado desde el día en que Helga y Li desaparecieron.
Un trueno cruzo los cielos, definitivamente esa era la peor noche de todas. Parecía que el cielo estaba a punto de caerse, aunque eso no le parecería extraño a esas alturas. Las cosas no andaban nada bien, y no solo allí sino en distintas partes del mundo. Asesinatos, extraños incidentes y desastres naturales se podían percibir por todo lado. Los demás países no sabían que hacer a más de tirarse la culpa unos a otros lo cual podía provocar una tercera guerra mundial. Solo Arnold y sus amigos sabían que ocurría pero para su desgracia no podían hacer nada. Absolutamente nada.
FLASH BACK
- ¿Escucharon las noticias?-preguntó Rhonda algo contrariada.
-¿Te refieres al asesinato del primer ministro en Noruega?-pregunto Sid.
-Fue horrible. Dicen que el pobre murió completamente calcinado pero lo más extraño es que cerca de sus restos no se hallo ningún liquido que causara su combustión- contó Stinky.
-¡Basta ya! Dejen de hablar de cosas que no tienen que ver en con lo que nos está pasando-se exasperó Arnold.
Era la décima reunión que se celebraba en la casa del árbol y a pesar de que hasta el momento nadie los había sorprendido los pequeños tenían miedo de ser atrapados infringiendo la dura ley que en ese momento gobernaba Hillwood.
-Estamos atrapados en nuestra casas-continuó el cabeza de balón- sin poder salir. Y ustedes se preocupan por un ministro de quien sabe dónde. Lo que debería ser nuestra prioridad es encontrar a los únicos que nos pueden librar de esto.
-¿Te refieres a Li y Helga?-pregunto tímidamente Lila.
-Exacto. Esta ciudad no es ni la sombra de lo que era, hay policías por todo lado. La construcción de la escuela está estancada por la lluvia y los padres no nos dejan salir ni para comprar un simple helado ¡Es absurdo! Hasta los adultos tienen que salir solo una vez para comprar el abastecimiento de la semana todo ¿Por qué? Por el estúpido temor a que Belzemont se vuelva a aparecer. Lo que pase en otros países debería tenernos sin cuidado, acaso ellos se han preocupado por nuestra situación-vociferó el rubio.
-Te equivocas-murmuro Phoebe
-¿Qué?-interrogo el muchacho dirigiéndose a la pelinegra que lo observaba fijamente.
- Es obvio. Él siempre ha buscado el poder, prácticamente desde tiempos muy antiguos sobornó, envenenó (metafóricamente hablando) y mintió con tal de poder establecer su maldad sobre todo lugar que él veía. Ahora su objetivo es la Tierra. No se han dado cuenta que últimamente no solo nuestra ciudad esta así, acosada por la duda y el temor sino todas las demás. Su veneno, su ambición se han extendido y sobre todo ahora que ni Li ni Helga están para detenerlo.
-Pero ¿cómo podemos defendernos?-se desesperó Geráld.
-Tristemente los males que ahora se han intensificado ya estaban allí. Antes de que Belzemont apareciera los humanos ya habían fomentado estas maldades. Nada se puede hacer ya, más que esperar. Esperar que Belzemont sea destruido para que toda la maldad que ha aumentado desaparezca y vuelva a la normalidad. O en lo que cabe de normal porque tarde o temprano los humanos van a terminar cavando su propia tumba.
-Hablas como si tú no fueras humana-se sorprendió Geráld.
Phoebe solo se sonrojó y miró para otro lado. Toda esa afirmación había dejado a los niños muy tristes. A pesar de que acabasen con Belzemont el mal seguiría alimentando los corazones ambiciosos de miles de personas. Hasta donde iba a llegar la raza humana por poder. ¿Hasta dónde?
FIN DEL FLASH BACK
Arnold se hallaba meditando esta revelación. Hace rato sabía que Phoebe era algo más de lo que aparentaba ser pero desde que casi la lástima por pedirle información de la ubicación de Helga, él no se le había acercado. El hecho de que los humanos cavarían su propia tumba lo tenía preocupado, según ella el fin del mundo estaría acercándose acabasen o no con Belzemont. Intranquilo por estos pensamientos se levanto para observar a través de la ventana, la lluvia no le permitía divisar nada ni siquiera a la patrulla que como todas las noches rondaba su vecindario. Un golpe seco llamo la atención del muchacho quien inmediatamente volteo a ver el origen de ese sonido: su armario.
-¿Qué es eso?-murmuro para sí mismo el chico al ver que por la rendija de la puerta se divisaba un pequeño esplendor azul.
De golpe el rubio abrió el lugar de donde provenía el brillo tan solo para observar un pequeño pañuelo rojo que envolvía algo. El muchacho se arrodillo para examinar que era.
-Es la espada de Li-se sorprendió al abrir el envoltorio y ver su contenido.
FLASH BACK
-¡No abuelo por favor! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Ella no está muerta!-sollozaba Arnold al ver el lugar en el que su querida amiga había desparecido en cenizas.
-Vamos hijo-contestó tristemente el anciano-Será mejor irnos, tienes que descansar. Ya nada se puede hacer. Vamos a casa, no puedes seguir más aquí. Mira ya esta amaneciendo.
-Abuelo, ella puede volver estoy seguro que Li la traerá de vuelta. Por eso se fue ¿no?-argumentó desesperadamente el pequeño.
-Lo siento pero ella no va a volver y dudo mucho que él también-susurró Phil- Por favor no nos hagas esto Arnold. Eres lo único que tenemos y si te perdemos no sabría qué hacer. Ven a casa conmigo: No quiero que nada te pase. Por favor ven.
El rubio observo como su abuelo se derrumbaba con cada palabra que pronunciaba. No debió ser nada fácil ver lo que vieron. Sentir la desesperación a cada ataque que los pequeños recibían. Rezar por la vida de los niños. Esperar y no poder hacer nada por salvarlos.
Preocupado por la persona que desde pequeño lo cuidó, el cabeza de balón acepto ir. Cuando estaba a punto de subirse al auto observo que algo entre el césped brillaba con intensidad y decidido antes de que nadie se acercara tomó el objeto que llamaba su atención. Al llegar a la pensión el muchacho no pudo más y recordando lo pasado subió a su cuarto para llorar. Tomo la espada y la envolvió guardándola en su armario hasta el día en el que su dueño apareciese de nuevo. Luego se entregó a la tristeza absoluta.
FIN DEL FLASH BACK
-Es cierto desde el día que llegué y lo guardé aquí no he vuelto a sacarlo. Es duro pensar que ha pasado un mes desde aquel fatídico día-recordó el chico-Pero es muy extraño que la espada no haya desaparecido, al igual que su dueño. Según recuerdo la espada solo parecía quedarse para defender y proteger a Ángeles, en este caso Helga. Pero ni ella ni Li están entonces porque sigue aquí y no se fue. No desapareció como ellos.
-Tal vez porque nunca me fui Amoldo-respondió una voz demasiada familiar detrás de él.
Una pequeña entraba en la habitación del muchacho a través del traga luz, había escalado hasta la azotea para entrar sin ser percibida a la pensión. Llevaba toda su ropa blanca rota, empapada y manchada de fango. Su rostro mostraba tristeza pero en lo que cabía lucia muy bien.
El pequeño no sabía que creer, desde el día que ella desapareció había soñado con eso y ahora que la veía estaba completamente paralizado por la emoción.
-Hablando solo en tu cuarto. Que mal cabeza de balón parece que la última batalla te hizo daño. ¿Y cómo es eso de que ha pasado un mes, que yo recuerde la pelea ocurrió ayer en la noche? No entiendo que está pasando-habló la rubia parándose frente al chico.
-¡¿Eres tú?!-sonrió Arnold y sin dudarlo mas corrió a abrazarla-¡No estás muerta! ¡Estas viva!
-¿Qué? ¿Yo? ¡Muerta!-se sorprendió a medida que dulcemente se separaba de su amigo.
-Acaso no recuerdas nada de lo que paso hace un mes.
-¡Y dale con lo mismo! Que la pelea fue ayer.
-Helga, una equina te ataco y una llamarada de fuego consumió tu cuerpo. ¡Desapareciste!
-Eso no puede ser. Recuerdo que… –pensó la chica tristemente-Que vi morir a mi papá. Luego me desmayé y desperté en la escuela, en medio de una terrible lluvia.
-De verdad crees que yo te habría dejado sola, tendida en las ruinas de la escuela exponiéndote a cualquier ataque.
-¿Qué me paso?-se preguntó la rubia intentando recordar.
-No lo sé. Pero desde que tú no estás esta ciudad se ha vuelto un caos.
-Lo sé –se adelanto la chica-Cuando desperté vi unos tractores fuera de la escuela. Supongo que la están reconstruyendo si tú dices que ha pasado un mes.
-¡No lo digo yo, Helga! Pasó un mes. Un mes de tristeza, de incertidumbre. La policía te buscó pero al no tener noticias tuyas dieron por hecho que en la supuesta explosión de gas de la escuela tú te desintegraste.
- ¿Qué? ¿Cómo que una explosión…?
-Además, dado que la escuela está destruida, las clases se han suspendido durante todo este tiempo. Los padres que vieron toda la batalla están seriamente traumados y solo salen para abastecerse de alimento, los padres que no estuvieron allí piensan que es un invento nuestro y la policía decidida a no dejar el caso en las tinieblas a puesto patrulleros por toda la ciudad. Hay toque de queda y a nosotros que vimos todo nos han prohibido hablar con nuestros compañeros. Hace días que no juego con Geráld, veo a la pandilla o si quiera cruzo palabra con Ronda o alguna de las chicas. Es más algunos padres se llevaron a sus hijos de la ciudad pero eso no es todo, Belzemont aprovechó esta situación para apoderarse de todo el mundo, desastre, asesinatos, la muerte ronda por todos los países poniendo en riesgo a todo el mundo por lo que nadie nos presta atención, la reconstrucción de la escuela ni ha avanzado por que la lluvia no ha parado desde que tú te fuiste.
-Wow, Wow, Wow. Espera un momento que no puedo digerir tanta información en tan poco tiempo-contestó la pequeña a medida que se sentaba en la cama de Arnold tratando de analizar lo que este le acababa de decir.
-Lo siento pero es la realidad. Desde que te fuiste nuestras vidas, mi vida se hizo añicos. No sabes cuánto te extrañe-se acercó el chico acercando su rostro al de su amiga-Creí que jamás volverías. Que no te volvería a ver. Y ahora estas aquí. Viéndome con esos ojos azules que yo tanto anhelo vean a través de mí y comprendan que jamás haría algo para dañar a su dueña.
-Arnold yo…
-Te extrañe, todos me decían que me diera por vencido, que jamás aparecerías. Que estabas muerta.
-No sé lo que me paso-contesto algo sonrojada la muchacha por la cercanía del rostro del rubio- No recuerdo nada, hasta hace algunos momentos creía que había pasado tan solo un día de la batalla. Sé que debiste haber sufrido mucho, lo siento Arnold. No sé lo que me paso no tengo excusa porqué ni yo misma me entiendo pero ten por seguro que mi intención nunca fue hacerte daño.
-Lo sé. Solo me basta con tenerte aquí, estoy satisfecho-sonrió el chico tomando con su mano la mejilla de la pequeña-Porqué a la primera persona que acudiste fue a mí. Solo a mí y eso me demuestra-siguió acercándose lentamente a los labios de Helga-que soy importante para ti.
Toc…Toc… Toc
La rubia inmediatamente se separó de Arnold. Y se escondió precisamente en el armario sin percatarse de la espada que yacía en el suelo.
-No le digas que estoy aquí-susurró la niña.
El muchacho asintió y escondiendo la espada debajo de la cama abrió la puerta.
-¿Qué pasa abuelo?-preguntó el chico inocentemente.
-Nada, es solo que escuche ruidos. ¡Vaya! Si que hace una tormenta horrible ¿verdad?-preguntó el anciano observando el techo.
-Si tengo mucho frío y sueño.
-¿En serio? y si tienes tanto frío como dices ¿porqué la ventana para salir a la azotea está abierta?
Arnold palideció. El viento en aquel momento entraba violentamente al cuarto. Phil cerró la ventana y sonriendo salió de la habitación.
-No olvides que siempre estaremos para ti. Cuenta con nosotros-dijo antes de salir.
Arnold se quedó pensativo. Es que acaso su abuelo se dió cuenta de la presencia de Helga en la habitación.
-Hay algo que no entiendo-salió la rubia pensativa del armario-Si pasaba todo lo que me dijiste porque tú, es decir los niños y Shaoran no hicieron algo para detenerlo, para detener a Belzemont.
"Rayos tenía que mencionar a Li. Sería mejor no decirle que desapareció pero si no hablo algo puede pasarle a Helga y para mi desgracia Li es el único que puede pelear a su lado"
Con este pensamiento Arnold sacó la espada de debajo de la cama y se la entregó a la muchacha.
-¿Qué es esto?-interrogó la chica-Es…es uno de los objetos perdidos. La espada que usa Shaoran. ¿Por qué la tienes tú, Arnold?
-Helga lo siento. Él también desapareció, poco después de que te fuiste, él se esfumó.
La rubia se quedó contemplando la espada. Algo en ella se había roto, guardaba la esperanza de que sus presentimientos no fueran verdad pero era cierto Shaoran no estaba, había desaparecido. Su fuerza, su apoyo, su ángel guardián ya no estaba con ella.
El muchacho vanamente trataba de moverse, de soltarse, de salir de esa burbuja de agua pero pese al empeño que ponía nada sacaba.
-Olvídalo-resonó en todo el recinto-Jamás podrás salir.
Instantáneamente una manzana apareció frente al chico, dentro de la energía que lo protegía de ahogarse, este desconfiadamente hizo que la fruta cayera justo frente a su boca y empezó a devorarla con avidez. De un momento a otro empezó a sentirse algo somnoliento. Ya no podía mover sus manos, sus piernas, su cuerpo.
-¿Qué me hiciste?-musito débilmente el chico.
-Nunca te han dicho que no comas nada que te ofrezcan los extraños-se burló la misteriosa persona que lo mantenía allí-No es nada, dentro de poco descansaras hasta que te necesite mocoso.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mi?-interrogó el pequeño a medida que sentía como se le nublaba la vista y el sueño empezaba a hacer de él, su presa.
-Ten paciencia. Pronto lo sabrás: Li Shaoran. Pronto lo sabrás.
El chico no pudo más y reposo su cabeza sobre su hombro. El sueño lo había vencido.
Inusitadamente la espada empezó a brillar con más fuerza. Helga tuvo una extraña sensación, como si Shaoran intentara comunicarse con ella, decididamente se dirigió a la ventana en la azotea. Era como si la espada le indicase el camino a seguir. La guiase al lugar en donde el castaño estaba.
-¿A dónde crees que vas?-pregunto el rubio siguiéndola.
-Puede que no sepa nada de lo que paso en este mes pero sé que Shaoran está vivo. La espada me lo dice, detecta su esencia quizá porqué en el último momento fue la magia de Shaoran la que nos salvo. Lo encontrare Arnold, se que él haría lo mismo por mí.
-Te acompañaré, pero antes debemos hacer algo.
-¿Qué?-se impaciento la chica.
-Ir por Phoebe, estoy seguro que ella te ayudara a localizarlo por medio de ese objeto. Además que ella te conocía de mucho tiempo atrás ¿verdad?
-Pero ¿Cómo sabes?
-No eres la única que tiene poderes sobre los demás. Mi habilidad es saber escuchar y digamos que ni tu ni Li fueron muy discretos durante la última pelea.
Helga sonrió y salió por la ventana.
-Y ahora ¿a dónde rayos vas?-preguntó Arnold para hacerse oír a través de la tormenta.
-Supongo que a casa de Phoebe ¿no?
-A esta hora es seguro que están en la casa del árbol.
-¡Qué!-grito sorprendida la rubia.
-Larga historia-sonrió el muchacho y empezó a bajar por las escaleras hacia la calle.
La chica lo observó desde arriba dispuesta a seguirlo. De seguro la desaparición de Shaoran no era la única sorpresa que se llevaría aquella noche. Ambos empezaron a correr bajo la lluvia en dirección al lugar donde los niños se reunían. Un patrullero pasó cerca de ellos provocando que Arnold acorralara a Helga en un callejón para que no los vieran.
-Veo que te puse nerviosa-sonrió el chico al ver los inseguros ojos de su amiga.
-Será por el hecho de que hasta ahora eh caído en cuenta de una cosa.
-¿De qué?-se intrigó el muchacho.
-De que para todos estoy muerta. Como reaccionaran al verme. Mi familia, mis amigos. No creo estar lista. ¿Qué les voy a decir? ¿Qué va a pasar de ahora en adelante? ¿Qué hacer Arnold? ¿Qué voy a hacer?
El rubio permaneció pensativo, si a él casi le da un ataque cuando la vio no podría asegurar cómo reaccionarían los demás. Decididamente tomo la mano de Helga y sin pensar en las consecuencias corrió camino a la casa del árbol. Debían terminar con esa incertidumbre de inmediato. Empezaron a subir por las escalerillas. Los policías al requisarlo la última vez viendo que no había nadie decidieron abandonar las pesquisas en aquel lugar y hacer su acostumbradas rondas nocturnas en el centro de Hillwood.
-¿Estás Bien?-pregunto el muchacho al ver qué su amiga estaba pálida.
-Si-contestó segura-¡Entremos!
El rubio fue el primero en entrar tras decir la contraseña que curiosamente era "Ángeles".
-¿Qué pasa viejo? Traes una cara que pareciera que acabas de ver un muerto-bromeo Gerald al verlo parado en la puerta sin atreverse a entrar.
-Les tengo una sorpresa-musito el chico-Pasa
Todos enmudecieron al ver a Helga Pataki entrar por la puerta.
-He regresado-afirmo la chica a medida que veía a cada uno de los presentes.
La esperanza, una pequeña porción de esperanza había regresado a Hillwood.
En ese mundo de caos, de albedrío, de lucha, de soledad una pequeña flor de fe acababa de nacer.
Y con esto terminamos el capítulo número 19 de esta interesante historia...
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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
