Alguna vez una persona sabia dijo "Cuando el ser humano haya perdido la capacidad para sorprenderse, habrá perdido la capacidad de vivir" y justo en estos momentos la humanidad entera estaba experimentando el verdadero significado de esas palabras.

Cuando la era de la modernidad alcanzó su mayor esplendor el mundo enloqueció, por doquier se anunciaba el nacimiento de una nueva generación con ideas revolucionarias sobre lo bueno y lo malo que, a final de cuentas, se resumía en la supremacía del placer. Con todo esto llegó un nuevo estilo de vida, una especie de neo hedonismo acelerado, así es, la tecnología que daba acceso a todo y al instante convirtió esa hambre de placer en gula.

Y la gente se convirtió en la generación del todo ya y más, cuando descubrieron la infinidad de opciones existentes lo desearon todo de forma tan desgarradora que la desesperación por saciarse los embargó y no descansaron hasta obtenerlo… ese fue el inicio del fin.

La humanidad que avanzaba ansiosa a pasos agigantados, de pronto se encontró navegando a la deriva. Los estímulos se volvieron inversamente proporcionales a la satisfacción obtenida hasta que irremediablemente llegaron a un punto cero. Ya nada era lo suficientemente bello, conmovedor ni tierno, ya nada era sorprendente mi impresionante… nada. Y cuando parecía que todo había sido vivido, solo quedaba sentarse a esperar la muerte: La apasionada llama que encendía el motor de la humanidad se extinguía.

Años oscuros sucedieron a la aclamada época dorada de la modernidad y entre más avanzaba e tiempo los hombres y mujeres más se alejaban de su humanidad y se asemejaban a las bestias. Nadie habría imaginado que no sería un meteorito, ni un virus quienes pusieran fin a la existencia del humano, sino la Nada, el vacío infinito que se extendía en su interior.

Aconteció entonces lo que más tarde los historiadores llamarían "La Generación perdida", un evento del que ahora todos quisieran olvidarse pero que es preciso rememorar para entender cómo es que llegamos hasta esta deplorable actualidad. Los Perdidos o La Generación perdida fueron los paganos de todos esos excesos, seres grises que no respondían a estimulo alguno, seres que sin ser capaces de sentir algo no eran más que muertos vivientes, errantes del mundo. Esto disparó las alarmas en sus antecesores que aun guardaban los lánguidos restos de su flama, el dilema ahora era ¿Qué sería del futuro si sus herederos apenas y se interesaban en continuar respirando?.

La respuesta no se hizo esperar y fue tan desalentadora como se imaginaron: el primer indicador fue un abrupta caída en la tasa de natalidad a nivel mundial y el segundo, un horrible incremento en la tasa de suicidios en los jóvenes. Tenían que encontrar una solución muy pronto o no quedaría futuro que salvar.

Todos los recursos y energías disponibles se canalizaron entonces en la búsqueda de pasión perdida ¿Qué era aquello que se tenía antes y que ahora faltaba?, se perdieron muchas vidas antes de que pudieran descubrirlo. Justo ahora podríamos enredarles con pomposas explicaciones llenas de un lenguaje apenas entendible por los expertos del tema, pero podemos resumirlo en que el paradigma de la supremacía del placer se encontraba en crisis: Los humanos habían desarrollado una resistencia biológica al placer y por ende, a la felicidad…

(Notas de Autor: ¡Hola!, primero que todo quisiera agradecer todo el apoyo mostrado a este pequeño proyecto. Les cuento que la idea de escribir tanto una Distopía como sobre el Higuel me ha estado rondando la cabeza por mucho tiempo pero no me había atrevido a hacerlo porque está completamente fuera de mi zona de confort, incluso me había planteado olvidarme de ello pero al final me atreví y comencé con este pequeño experimento. Creo que se nota lo torpe que es aún mi escritura, por eso agradeceré infinitamente todo tipo de crítica constructiva, consejos y comentarios.

Respecto al capítulo, sentí que debía dar un poco de contexto antes de continuar con la historia, pero no se preocupen que pronto volveremos con Miguelito.

Me esforzaré al máximo para continuar y mejorar, os quiero.