CAPITULO 20: PELEA EN EL MUELLE. EL FIEL SIRVIENTE DE BELZEMONT. LA MISTERIOSA FIGURA QUE CONTROLA EL AGUA.
El viento mezclado con la fuerte lluvia amenazaba con desbordar los muelles que gloriosamente representaban uno de los lugares favoritos para visitar en Hillwood.
Las personas solían visitar ese lugar para distraerse de los problemas que cotidianamente los aquejaban, las parejas jóvenes veían ese sitio como algo mágico, algo bello e idóneo para el florecimiento del amor, los niños lo veían como un lugar de aventuras y misterios pero desde que la ciudad se había vuelto el centro del pánico y la desesperación, el lugar lleno de tanto esplendor antaño, había quedado abandonado. Las bodegas en donde se guardaban los pescados y útiles para los pescadores permanecían cerradas. El agua se movía turbiamente espantando a cualquiera que osara acercarse.
El granizo acompañó a la tormenta que desde hace rato llevaba cayendo. La policía paso de largo el lugar, desde que una patrulla fue arrastrada por una ola al fondo del mar el cuerpo policial había decidido dejar de vigilarlo ya que nadie cuerdo entraría allí.
El mar se agitó salvajemente. Miles de luces empezaron a sobresalir apenas del agua como si una especie de fuegos artificiales estuviera en la profundidad del mar. El extraño fenómeno duro un minuto y luego el agua volvió a la normalidad, formando olas que amenazaban con llevarse todo por delante.
-De manera que está allí -susurró una figura que parada en uno de los muelles observaba el mar- ¡Genial! Si esto sigue así voy a acabar con dos pájaros de un tiro.
-¡No estés tan seguro, Ariel!-contesto burlonamente un encapuchado que cuidadosamente había aparecido en el lugar.
-¿Qué quieres? ¿Vienes a asegurarte que no arruiné la obra de tú señor?-contestó mordazmente la misteriosa figura que seguía sin mostrar su rostro.
-La verdad, si. Además fui a dar una pequeña inspección en lo que tienes guardado en la bodega 18. En serio que no entiendo porque no has acabo aun con él.
-Eso no es de tu incumbencia. Recuerda que el trato con Belzemont fue otro.
-Sí, sí. El maldito collar. Pues bien te dejo, al menos comprobé que si estas realizando tu trabajo. Ahora me voy antes de que el agua arrastre mi demoníaca figura hasta la profundidad.
-¿Que acaso tienes miedo?-preguntó la figura extendiendo su mano sobre el agua enturbiada.
-Miedo no pero no todos pueden controlar el agua como tú, Ariel. Mucho cuidado con lo que haces porque ya sabes lo que les pasa a los traidores. Recuerda lo que le hicimos a Terra, tu hermana.
El agua se arremolino fuertemente bajo la primera figura que yacía en el muelle. Y con furia se lanzo sobre la segunda que desplegando unas hermosas alas negras la esquivo.
-¡Pero qué temperamento, muchacho! Será mejor que te controles porque Belzemont no acepta rebeldes en el grupo. Bien, suerte con todo. La vas a necesitar-el encapuchado se alejo volado contra la lluvia que caía torrencialmente. De un momento a otro desapareció.
La primera figura volteo y observó el mar.
-¡Lo siento Terra!-gritó con tristeza-Te prometo que ahora no lo arruinaré. Es mi promesa.
Un rayo cruzó el cielo iluminando el mar, de nuevo unas luces empezaron a brillar pero esta vez la figura no dudo más y se lanzó al agua en busca de su origen.
Un ambiente tenso había nacido en la casa del árbol en donde los niños no podían creer lo que estaban viendo. La histeria fue la primera en triunfar, los niños empezaron a gritar del miedo pensando que veían un fantasma, luego la alegría al ver que la muchacha no era ilusión era real, después nuevamente el terror, la duda y el desconcierto y por última de vuelta al silencio. La primera en reaccionar después de esto fue Phoebe que lanzándose a los brazos de su amiga empezó a llorar.
-Creímos qué jamás te volveríamos a ver Helga-sollozó la pelinegra.
-Pero ¿Cómo?... ¿de dónde?... ¿qué paso?-Gerald no sabía qué preguntar primero.
-Entonces si tu estas aquí, Li también ¿verdad?-preguntó esperanzada Lila.
El semblante de alegría que adorno el rostro de Helga fue suplido por una expresión triste. Ante la mirada de todos se sentó en una banquito y empezó a explicarles lo que le había pasado.
-Solo recuerdo que desperté. Nada más. No sabía que había transcurrido un mes-dijo terminando su relato que minutos antes contó a su rubio amigo-Y al no saber qué hacer me dirigí a mi casa. No encontré ni a Miriam ni a Olga. Salí rápidamente al ver que estaba sola. Quise ir con Phoebe pero las calles estaban rodeadas de policías. Luego uno de ellos me preguntó que por que violaba el toque de queda y me tocó huir, casi me atrapan así qué tuve que llamar a Arnold para asegúrame de que estaba en su casa. Lo demás ya lo saben.
-Así qué fuiste tú la qué me llamo-hablo el rubio sorprendido.
-Sí, lamento si te asuste pero no podía hablar. Al no tener dinero tome una moneda que estaba sobre la mesa de la sala de mi casa y salí corriendo. La verdad, ahora creo que hubiese sido mejor quedarme allí de esa manera te hubiese llamado desde mi casa pero me dió temor estar sola. Estaba o mejor dicho, estoy confundida. Estoy hecha un desastre.
-Es cierto Helga. El aspecto que traes es espantosos-empezó Rhonda –Para empezar lo qué llevas no combina nada, esta todo sucio y en mi vida había visto tal facha. Mira tu cabello, tus pies. Vas descalza y encima toda empapada.
-Será porque desperté en un charco de lodo, sin nada de dinero encima después de una batalla en la que según ustedes mi cuerpo fue literalmente calcinado-ironizo la chica- Pero déjame me cambio y vuelvo con algo mejor ¿qué te parece princesa Rhonda?
-¡Basta, dejen de pelear! Primero debemos cambiarte esas ropas Helga-interrumpió Phoebe.
-Lastima, el disfraz con que fuiste al baile estaba muy bonito-suspiró Lila.
Todos miraron a la pelirroja con cara de "y a esta qué le pasa".
-Por cierto-continuó la pecosa-No me has dicho que paso con Li. ¿Vino contigo?
Todos los ojos se posaron sobre la puerta esperando que el nombrado entrara de sorpresa o algo así.
-Él no va a venir-contestó la chica sin evitar que sus ojos azules se llenaran de lagrimas-Ni siquiera sé donde está.
-Bien -interrumpió Arnold para evitar qué sus amigos acosaran a la rubia a preguntas-Será mejor ir todos a nuestras casas. Hoy no vamos a sacar nada además Helga se tiene que cambiar.
-Pero yo me quiero enterar de lo que paso-interrumpió Rhonda.
-Es cierto nosotros también estuvimos en la pelea y tenemos derecho-apoyó Sid.
- Rhonda y Sid tiene razón-continuó Stinky.
-¡Esta bien!-gritó Geráld para hacerse oír-Les prometo qué los mantendremos informados pero ahora lo más importante es Helga.
-Quiero ir a mi casa de nuevo. La verdad es que solo entre y al ver que no había nadie salí de allí lo más rápido que pude. Tengo ropa seca que de seguro en este momento me va a servir-una mirada melancólica se apodero de los azules ojos de la chica.
Todos los chicos comprendieron por lo que la muchacha pasaba. Era la primera vez que entraría a su casa después de lo que pasó y según ellos, sería la primera vez que enfrentaría la realidad de la muerte de su padre.
-Esta bien Helga. Cámbiate y si sucede algo no dudes en llamarnos. Te apoyaremos como lo hicimos la vez anterior-sonrió Rhonda y sin decir mas salió seguida de los demás niños.
-Gracias chicos-contestó la muchacha antes de que se marchasen. El extraño presentimiento de que no los volvería a ver más la inundó pero sus deseos de salvar a Shaoran la hicieron reaccionar.
-Bien, será mejor que vayamos a tu casa ¿no?-pregunto Gerald dirigiéndose a Helga.
-Si. Debo cambiarme y sacar las armas con las que Shaoran me enseñó a pelear. De verdad les agradezco que me acompañen-agradeció la chica observando a sus tres amigos.
Con lentitud bajaron las escaleras para no resbalarse por el agua que las había mojado. No se podía vislumbrar a nadie a la redonda. Los niños echaron a correr rumbo a la casa de Helga. Al llegar tuvieron que permanecer escondidos durante un momento puesto que tres policías habían entrado y no salían, después de lo que le pareció una eternidad a la rubia. La patrulla se alejó dejando la casa abandonada.
-Bien entremos por donde entré hace unas horas.
Arnold, Gerald y Phoebe siguieron a Helga que los guiaba, subieron por las escaleras de incendio y entraron por la ventana del cuarto de la chica que estaba abierta. Al entrar se quedaron helados. El armario de la niña estaba en el suelo, hecho pedazos. La cama estaba volteada eso sin contar con la mesita de noche en donde la muchacha solía tener sus cosas.
-Pero ¿qué paso aquí?-preguntó Gerald al ser el primero en reaccionar.
- Ves porque me fui enseguida. Al parecer los idiotas de los polizontes consideran esculcar las cosas de los demás como forma de protección. La verdad ya ni me importa, si me permiten-la niña les abrió la puerta a sus compañeros-pueden bajar a la sala y esperarme. Voy a cambiarme.
Los tres chicos bajaron. La sala era un desastre al igual que la cocina. Ya ni parecía una casa sino una bodega o un almacén en viejo estado.
-¡No entiendo quién le dió derecho a esos malditos policías a destruir todo!-se enfureció el rubio
-Entiende Arnold-contestó Phoebe apartando los destrozos de un florero y sentándose en el sofá-Después de que Helga desapareció Olga ordenó que la buscasen por cielo, mar y tierra. Seguro que la policía creyó que aquí habría una pista.
-Pero eso no es excusa-susurro Gerald examinando una foto en la que aparecían los miembros de la familia Pataki-¡Qué desgracia! Su padre muerto. Olga internada desde hace medio mes en un hospital por el shock y su madre…A propósito ¿le piensa alguien decir?
-Decirle que su madre desapareció el mismo día que ella-completó la pregunta la pelinegra-No creo que saquemos nada con decirle ahorita. Sé que suena muy tonto pero sin Shaoran para ayudarnos no podemos encontrar a su madre. Tengo el presentimiento de que Belzemont tiene que ver con la desaparición de la señora Pataki.
-Pero ¿por qué razón haría eso?-se exasperó Arnold.
-Piénsalo, el único chico capaz de proteger a Ángeles no está, el gran Bob muerto. Son suficientes razones para destruir a una niña y sobre todo tan sentimental como Helga. Estoy segura que ese demonio espera que ella vaya a él por su madre y entonces él…-contestó Phoebe.
-La matará. ¿Verdad Phebs?-completó Gerald
La chica asintió mirando con nostalgia la foto que el moreno sostenía entre sus manos.
-Entonces ¿creen que será mejor no decirle nada hasta encontrar a Li?-pregunto el rubio.
-¿No decirme qué?-se escuchó una voz desde arriba de las escaleras.
La rubia bajaba vestida con un pantalón negro que se ajustaba a su figura, una camiseta celeste de manga corta y un saco blanco para cubrirla del frío traía sus zapatillas y medias en una mano y la espada, que en la casa de árbol había ocultado cautelosamente, en otra.
-Lamento no haberme cambiado por completo-sonrió la muchacha mientras se sentaba en un escalón y se ponía las medias y los zapatos-pero me dio escalofríos seguir sola y arriba. Pero díganme ¿Qué es lo que no deben decirme?
Los niños se miraron entre ellos.
-Díganme-exigió la rubia mientras se ponía de pie-Tengan por seguro que ya nada mas podría lastimarme ¿Qué pasa?
-Helga-empezó Phoebe- nosotros queríamos…
-Por cierto no deberías traer tus armas-interrumpió Arnold.
-Es cierto-recordó la muchacha y lentamente avanzó hasta la cocina.
Todos se miraron extrañados pensando que tal vez por culpa de los policías las armas ya no seguían allí.
"Armas de fuego, armas de honor. Busco al dueño que primero las entregó. Necesito que ustedes salgan de sus escondites kunai y arco de fuego. Vengan a mi por favor"
Helga había recitado esto arrodillada en la cocina. De un momento a otro una suave brisa rodeo a todos y en un parpadear la rubia se estaba colocando el cinturón con los pergaminos y la kunai en la cintura y el arco en la espalda, todos se quedaron asombrados 0,0.
-¿Qué?- preguntó la rubia al ver la mirada de sus compañeros-No creerían que iba a dejar mis armas a simple vista. Este conjuro me lo enseño Shaoran y por lo que veo surtió efecto porque los policías no las encontraron. Y bien ¿qué es lo qué no deben decirme?
El silencio nuevamente reino en la cocina. Todos se veían entre nerviosos y desesperados. No sabían qué hacer y esa actitud empezaba a molestar a Helga. Cuando la rubia se disponía a hablar ocurrió algo inusitado. La espada que estaba en la sala emitió un brillo tan potente que llamó la atención de los niños que estaban en la cocina.
-¿Qué es eso?-preguntó espantado Gerald.
-Es la espada de Shaoran, la deje en los escalones-contestó Helga mientras salía al pasillo a ver qué ocurría.
Todos observaron como la espada brillaba fuertemente. Como si su dueño corriera peligro de muerte. De un momento a otro se elevó ante todos y atravesando el vidrio de la ventana salió rumbo a la calle.
-¡Rápido!-gritó la rubia- Debemos seguirla, algo malo le está pasando a Shaoran. ¡Vamos!
Diciendo esto la chica abrió la puerta y sin importarle la lluvia que en un momento la empapo echó a correr tras el brillo que la espada iba dejando. Los demás niños la siguieron también.
"Resiste Shaoran. Ya voy por ti. ¡Resiste!"
El sueño que el muchacho mantenía se había enturbiado. El aire empezaba a faltarle y literalmente sentía como la oscuridad lo embargaba. Por más que la manzana ingerida debía mantenerlo dormido durante toda la noche, el chico se impuso y con todas sus fuerzas luchó por despertar. Lo que vió lo dejo paralizado, era consciente de que una fuerza extraña lo retenía en esa especie de burbuja gigante de agua pero no sentía peligro mas ahora las cosas eran diferentes, el agua en donde se encontraba estaba oscura y sentía como el contacto con ella le arrebataba la energía. Desesperadamente intento moverse, salir de allí.
-Vaya, vaya Gabriel. Hasta que despiertas, creí que seguirías dormido hasta que mis sombras te arrebataran la vida pero eres mucho más fuerte.
El castaño busco el origen de esa voz, cuál no sería su sorpresa al divisar metros adelante a un demonio, fiel sirviente de Belzemont que observaba la escena divertido iluminado por el poder que emergía de sus manos.
-¿Que pasa no me vas a decir nada?-sonrió burlonamente el demonio-Sabia que ese estúpido de Ariel no cumpliría y ahora me las cobrare con su protegido. Genial, así mi señor estará muy orgulloso de mí.
Una mano oscura se alzo frente al chico y las aguas empezaron a moverse violentamente dentro de la bola de agua que lo mantenía atrapado. Poco a poco las negras sombras qué manipulaban el agua empezaron a asfixiarlo. Los ojos cafés de Li se empezaron a cerrar, no tenia energía para luchar, parecía que su vida le era arrebatada. El muchacho empezó a bajar su cabeza en señal de que la muerte se lo llevaba, de repente sintió como la cárcel de agua en la que estaba se hacía pedazos dejándolo caer al suelo. El pequeño respiró rápidamente, recuperando el aire, de inmediato saltó a un cajón para ponerse a resguardo de la sombría agua que se agitaba en el suelo en busca de su presa.
-¡Ponte esto!-escuchó una voz y enseguida el muchacho se dió la vuelta listo para defenderse. Vislumbro una figura que le extendía una especie de ropa
-¿Quién eres?-preguntó el castaño confundido.
-Soy el que salvó tu pellejo, ahora ponte esto. Por si no te has dado cuenta, estas desnudo.
La ropa consistía en un pantalón naranja y la camiseta negra, algo ligeros pero que lo mantenían abrigado. Estaba listo.
-Prepárate-susurro la misma figura-Cuando abra las puertas de este lugar. Trata de huir.
-Pero…
-Pero nada, esta es mi pelea y sería inútil tratar de explicarte las razones por las que te retuve-ordenó la figura-Estate listo
La figura se alejo y de un momento a otro el lugar lo inundo la luz de un rayo. Estaban en una bodega abandonada. Las puertas se habían abierto.
-¡Espera Helga!-gritó el cabeza de balón para hacerse oír-¿A dónde vas?
-¡No lo sé!-contestó la rubia a medida que seguía el brillo-Tan solo me conformo con seguir la espada.
-¡Espera! ¿Phoebs este lugar no se te hace conocido?-recordó Geráld.
-Es cierto, es el camino que nos lleva a los muelles pero con un temporal así es peligroso ir hasta allí.
-¡Y crees que no lo sé!- respondió Helga-pero si hay aunque sea una mínima oportunidad de que Shaoran esté allí no me voy a detener.
La espada se paralizó en la entrada a los muelles.
-Tendremos que buscar-ordenó la rubia mientras recogía la espada de donde se había detenido y se la ponía en el cinturón-Este lugar es grande, Gerald y Phoebe busquen en los almacenes cerca de los muelles con cuidado de caerse en el agua. Arnold y yo iremos por las bodegas. Nos reuniremos aquí dentro de 20 minutos. Si encuentran algo no duden en buscarme, no se enfrenten a ellos solos, recuerden que son muy peligrosos. No quiero perder a nadie más.
Phoebe y Gerald se tomaron de las manos y corrieron hacia los pequeños almacenes evadiendo los grandes charcos de agua que se habían formado. Arnold le extendió la mano a Helga y esta tomándola se puso a correr con dirección a las bodegas.
-¡Así que tu liberaste al chico, Ariel!-se enfureció el demonio al ver que la burbuja de agua a la cual estaba atacando había desaparecido y que en vez de eso un joven le hacía frente.
-Te dije que con él no te metieras. Encontré tu maldito collar que ¿acaso eso no basta?
-Claro que no, las ordenes de Belzemont cambiaron, quiere el collar y al muchacho muerto.
-¡Sobre mi cadáver!-gritó el chico.
Mientras se mantenía esta discusión, Li se dirigía a la puerta para huir más las palabras del misterioso personaje lo hicieron reaccionar. A la luz de los rayos pudo vislumbrar al demonio y al chico con quien hablaba, algo en él lo dejo completamente sorprendido, sin contar con el cabello, era completamente idéntico a Li. El muchacho mostraba un cabello entre negro y azul, mas sus ojos, sus movimientos, sus expresiones, sus facciones eran idénticas a las de Shaoran.
El demonio se lanzó a atacar al llamado Ariel pero este evadió fácilmente sus ataques.
-No te va a ser fácil acabar conmigo demonito-se burló el negriazul.
-¿Crees que llegue a ser el más fiel sirviente de Belzemont por nada?-se enojó el demonio por el sufijo con el que ese niño lo había llamado.
De un momento a otro, llamas de fuego lo rodearon y atravesaron formando una esfera cuyo único centro era el corazón de este. Al desaparecer el demonio se había partido en dos.
-¡Vamos a jugar Ariel!-gritaron los dos demonios.
-Maldición. Con dos no puedo, después de buscar el collar mis poderes se encuentran muy débiles-murmuró el chico para sí mismo.
-¡Prepárate!-gritaron los demonios al unísono.
Estos se lanzaron sobre el chico que lo único que pudo hacer fue protegerse con un escudo de agua mas eso no le iba a durar mucho tiempo. Los demonios asestaban patadas y puños, sin contar con las llamaradas de fuego.
-¡Deténganse!-gritó Li golpeando a los dos demonios con una patada-No creen que deberíamos hacer esta pelea algo justa.
-Será un gusto, Gabriel-sonrieron los demonios que por el impacto habían aterrizado algunos metros atrás.
-¿Qué haces aquí mocoso?-interrogó sorprendido el chico desapareciendo el escudo de agua-Te dije que te fueras.
-En primer lugar no me llames mocoso porque, por lo que vi, tú tienes la misma edad que yo y en segundo lugar no pienso ir a ningún lado porque no soy cobarde y porque tienes muchas cosas que responderme.
-¡Cuidado!-advirtió Ariel al ver que los demonios se disponían a atacar.
La pelea se dividió en dos, Ariel por su parte manejaba el agua con tanta agilidad que había veces en las que esta se transformaba en escudo y había otras que se transformaba en flechas filudas que atravesaban al demonio de largo en largo.
Mientras tanto Li hacía gala de sus artes marciales con el demonio que irritado empezaba a lanzar fuego a diestra y siniestra. Una de las llamaradas dio de lleno contra un tanque de gas que explotó. Ariel protegió con su escudo al chico, mientras saltaban por los aires a la intemperie.
Los demonios volaban entre las llamas buscando con furia a los dos chicos. La magia que empleaba Ariel fue detectada y uno de los demonios se lanzó para atacarlo llevándose tanto a Ariel como a Li al mar. Una ola, controlada por el peliazul, los saco volando del agua y los llevo a pararse en un palo base de uno de los muelles, las luces brillantes de la energía que el primer demonio acumulaba en su mano fueron complementadas con las del segundo que hacía lo mismo. Los dos seres demoníacos se lanzaron apareciendo y desapareciendo entre la lluvia en contra de los pequeños, de un golpe certero los mandaron a volar hacia el agua.
-¡Aléjalos del mar, idiota! ¡Qué no ves qué uno de ellos tiene poderes sobre él!-ordenó el primer demonio.
-¡Rayos, no puedo más!-dijo Ariel mientras controlaba la sangre que brotaba con avidez del lugar en donde había recibido el golpe al mismo tiempo que con su poder salía del agua junto con Li-¿Estás bien?
-Si-contesto el castaño-Necesito mi espada, estos malditos son muy poderosos pero con mi espada y algo de mi magia los derrotaríamos como los demonios débiles que son.
-No lo sé pero los demonios débiles que dices que son, acaban de causarnos graves heridas-sonrió Ariel.
-¡¿De qué te ríes?! De seguir así vamos a morir-se irritó Li.
-Eso es lo que me causa risa. De haber huido no estarías en estos aprietos.
-De haber huido, tú ya hubieses muerto-contestó el castaño.
-¡Dejen de hablar!-ordenó uno de los demonios.
Li y Ariel se pusieron en guardia preparándose para los siguientes ataques. Mientras tanto sin que los chicos lo notasen dos rubios al oír los estruendos y las luces corrían al muelle en donde se desarrollaba la pelea.
El primer demonio se lanzó contra Li intentando arrojarlo contra el mar. Más este inteligentemente tomo una de las miles de palos que sobraban de la explosión de la bodega 18 y se la clavo en el ojo. Ariel mientras tanto lanzaba esferas fuertes de agua al segundo demonio.
Luchaban ferozmente con todas sus fuerzas. El primer demonio gritó de rabia, de dolor al sentir la estaca metida en su ojo, Li tomo más palos y simultáneamente se los fue clavando por todo el cuerpo a medida que velozmente esquivaba sus golpes y atacaba. Ariel embestía simultáneamente con golpes y agua los lugares sin protección del segundo demonio y lo mando lejos. A pesar de que Li y Ariel sangraban abundantemente no paraban de asestar golpes a sus enemigos.
Los demonios se defendían, más por las heridas que tenían parecía que la pelea iba a terminar a favor de los chicos.
Cuando todo aparentaba haber acabado el primer demonio se incorporó sonriente al igual que el segundo. Ninguno tenía herida alguna. Todo su cuerpo estaba sano. Los demonios se lanzaron y golpearon fuertemente a los niños que rodaron por el entablado del muelle. Ariel se incorporó de inmediato, mas cuando intentó ayudar al castaño unas sombras lo retuvieron contra el suelo. Li intento pararse también pero no pudo.
Los dos tuvieron que aguantar los golpes y puñetazos que los demonios les propinaban, las costillas de los pequeños estaban destruidas, la sangre de brazos y piernas caía copiosamente.
El primer demonio resentido por los ataques recibidos lanzo de su hocico una llama algo transparente que atravesó a Li dañando sus órganos vitales, el dolor era inmenso. Por más que Ariel intentaba zafarse para protegerlo, no podía hacerlo. Sus poderes habían sido neutralizados. El primer demonio satisfecho por los golpes dados, tomo a lo que quedaba de Li y lo lanzó al mar. El castaño había quedado inconsciente. Su cara estaba moreteada y traía el brazo roto. Eso sin contar con los cortes y múltiples hematomas que presentaba.
-¡Se va a ahogar!-se desesperó Ariel.
-¡Y tú correrás con la misma suerte!- bufó el segundo demonio al ver lo que su otra parte había hecho. Con fuerza se disponía a arrancarle el corazón de un tajo al chico.
El peliazul cerró sus ojos mas el golpe jamás llego.
-¡Maldita niña!-gritó el demonio y desapareció.
Ariel observo que una flecha se había clavado directamente en el corazón del demoníaco ser antes de desaparecer. Más el poder que emitía la flecha era excepcional.
-¡Arnold, retírate!-ordeno una rubia que acababa de llegar a la escena.
Tomando sus armas la rubia se lanzo a pelear con el demonio que quedaba. Primero tiro sus flechas para luego empezar con los golpes y patadas. Los golpes que la chica daba eran muy fuertes. Sin duda la espada aumentaba su poder. De un momento a otro la pequeña le clavo la espada al demonio y le arranco el corazón. Para asegurarse de terminar con él, le corto el cuello de un tajo. La chica se acerco al peliazul para preguntar por el castaño sin darse cuenta que las heridas del demonio se cerraban y regeneraban. La demoníaca figura se incorporo sonriente no sin antes colocar su corazón tan negro como el carbón en su debido sitio.
-Nos volveremos a ver Ángeles pero mientras, veamos cómo te salvas de esto- con un movimiento de mano el demonio lanzo una llamarada de fuego mientras desaparecía.
Arnold tomando a Ariel por el costado se dispuso a correr. La chica guardó sus armas en su cinturón e intentó parar el fuego pero este era muy distinto a los demás. La derretía como si de acido se tratara. Por más que intentaba usar la magia aprendida no podía acercarse y mucho menos apagarlo. Con la mano herida por la quemadura, la chica tomó por el otro brazo a Ariel y al no tener otra alternativa se lanzó al agua. Los chicos emergieron sin embargo el pánico apareció en la cara de Ariel.
-Las sombras-susurro el negriazul.
-¿Qué?-pregunto confundida Helga.
De un momento a otro las aguas se movieron agresivamente, las sombras malignas del demonio se habían lanzado al mar y le quitaban la energía a la rubia que a mas de eso no podía respirar.
-¡Naden!-grito Ariel-¡Naden o moriremos!
El muchacho fue el primero en llegar al muelle mas cuando se disponía a subir a Arnold y a Helga, miles de luces brillaron en el mar, luces que arrastraron primero el cuerpo semi inerte de Li, luces que rodearon a Helga en espiral y se la llevaron al fondo, luces que Ariel ya había visto mas no se había atrevido a enfrentar. Luces que llevarían a quienes cayeran a sus aguas al punto final de la ansiada búsqueda.
Arnold que se sostenía de uno de los palos del muelle se lanzo nuevamente al mar para salvar a su amiga. Un gran remolino se formo en las profundidades y se tragó a los niños.
Ariel observo la escena pasmado, poco después llegaron corriendo Phoebe y Gerald. No entendían lo que había pasado.
El mar se tranquilizo, la lluvia se detuvo mas no había rastros ni de Helga, ni de Li ni de Arnold. Solo estaba un muchacho peliazul, la espada del castaño y los restos de lo que fue la bodega 18. Ariel observó el mar y sin poder soportar más se desmayo. Había perdido mucha sangre. Eran las 5 de la mañana y el sol empezaba a alumbrar a Hillwood. En lo que sería su último día de vida.
Y con esto terminamos el capítulo número 20 de esta interesante historia...
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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
