CAPITULO 21: ¿LUCHAR CONTRA LI? HELGA VS SHAORAN. EL ATERRADOR PODER DEL ÚLTIMO OBJETO PERDIDO.
¿Qué hacer si te falle?
¿Qué hacer si por más que te busco no te puedo ver?
Y por si fuera poco esta él
Él, que no me notó hasta que tristemente me alejé
Él, que dice amarme
Él, que promete no lastimarme
¿Qué hacer si por más que te busco no te encuentro?
¿Qué hacer si en sus besos encuentro la paz que tú no me das?
¿Dime qué hacer si no te puedo encontrar?
La superficie del mar se mostraba tranquila, la tormenta se había apaciguado y el cielo azul junto con un imponente sol brillaban alumbrándolo todo sin embargo metros bajo el mar se desataba una contienda furiosa por sobrevivir.
Dos rubios luchaban contra el remolino submarino que los arrastraba literalmente por todo el mar. Arnold intentaba acercarse a Helga para tomar su mano más no podía, la corriente era demasiado fuerte. La rubia desesperadamente golpeaba intentado zafarse de esas extrañas luces que la aprisionaban mas no podía, el cansancio y la presión acabaron con la chica quién alcanzó a ver los ojos de su rubio amigo antes de desmayarse por la falta de aire.
"Todo se volvió oscuro, tenía un horrible dolor por todo el cuerpo, claro que debía ser por el esfuerzo que había empleado para soltarse de esas extrañas luces…Era cierto Arnold estaba con ella, había intentado rescatarla, pero ¿dónde estaba? ¿Qué había pasado? Lo único que recordaba era que agotada de tanto luchar se dejó llevar por el extraño remolino lleno de luces…Entonces ¿donde se encontraba ahora?"
La pequeña sintió como abruptamente entraba aire a sus pulmones. Sintió como su vida le era devuelta. Sintió como alguien le daba un respiro de alivio y simultáneamente se incorporó y escupió toda el agua que había tragado. Su salvador, la persona que la salvo era Arnold.
El chico al ver que la niña se había desmayado nado con todas sus fuerzas hasta llegar a ella, su cuerpo era lastimado por la fuerza del agua pero aún así prefería dar su vida antes que perder la de su amiga. Al momento en que el chico tomo la mano de la muchacha el remolino ceso y las luces nuevamente los rodearon trasportándolos hasta ese lugar.
Ese sitio era muy extraño, parecía ser una especie de cueva que emanaba una luz muy tenue. El suelo estaba cubierto de musgo que solo suele crecer en las cavernas cercanas al mar, por las paredes sin embargo corría el agua como un suave tapiz cubriéndolo todo, un pequeño pasaje se extendía frente a los niños. Y a los costados del sendero crecían hermosas flores rosadas y violetas, de no ser porque no sabían dónde estaban, los pequeños hubiesen disfrutado estar en ese pacifico lugar.
Lentamente la rubia se incorporó mirando asombrada primero a su amigo y luego el lugar. Ciertamente ni cuenta se había dado en el momento en que el chico se había lanzado al mar para salvarla, tan preocupada estaba en soltarse de su prisión que lo único que vio al final fueron esos ojos que en ese momento la veían llenos de felicidad. Arnold se acercó y sin dudarlo la abrazo.
-Creí que te perdía-susurro el muchacho poniendo nerviosa a su amiga.
-Por…cof...cof… ¿Por qué te tiraste al agua? Ya estabas a salvo en el muelle ¿Porqué lo hiciste?-preguntó la chica conmovida y al mismo tiempo preocupada por el estado del chico.
Para ser sinceros el pequeño no se veía nada bien, traía lastimada una de sus rodillas que al parecer había topado con alguna roca, aparte del hecho de estar completamente mojado se veía claramente por algunas partes de su cuerpo sendos moretones. La camisa que usaba se había roto y el pantalón había terminado de encogerse formando un short algo curioso. El rostro del rubio estaba pálido, tenía algunas rasgaduras por la mejilla y la sien y a leguas se notaba que estaba sumamente adolorido.
-No creerías-se puso de pie con dificultad-Que te iba a dejar sola Helga. Desde un principio te dije que jamás te abandonaría.
La chica sonrió conmovida y se lanzó a los brazos del chico que a pesar del dolor vio este gesto como el mayor de los bálsamos. Después de esto la muchacha se separó y empezó a examinar el lugar en donde estaban, al parecer todo indicaba que para salir de allí tendrían que seguir el camino que se les imponía. Con sorpresa descubrió que sus armas no se encontraban, ni el cinturón, ni la espada y mucho menos la kunai y el arco.
-Si buscas tus armas-se adelantó el rubio a explicar-todas se esfumaron en cuanto aparecimos aquí.
- ¿Qué?-se asustó la chica-¡No puede ser ahora estamos indefensos!
-Lo siento. Pero no pude hacer nada por detenerlas. Sentí como esas luces nos rodeaban y luego aparecimos aquí y sin tus armas y yo bueno ya ves mi estado-sonrió tiernamente el rubio.
Helga lo vio tristemente, era por eso que desde un principio no quería inmiscuirlo en ese problema. No quería que saliera lastimado. La pequeña derramó una lagrima, todos los que la rodeaban terminaban lastimados de una u otra manera.
-Pero no te preocupes que con tal de tenerte frente a mi sana y salva, me basta-se aproximó el rubio consolándola.
-Es cierto-recordó la chica y colocando sus manos sobre las heridas sobresalientes de su amigo empezó a concentrar su energía.
Las cortaduras de Arnold cerraron en seguida, dejándolo solo mojado y con algunos moretones pero bien. El chico no cabía en sí de impresión.
-¡Woaw! Esto es maravilloso-elogió el muchacho.
-Secaría nuestras ropas pero no sé lo que nos espera así que debo guardar energías. Sobre todo ahora que no tenemos con que defendernos, cabeza de balón.
-Es cierto. Será mejor seguir ese sendero es más claro y creo que más seguro que los oscuros pasajes de atrás-informó el chico ya que previamente había dado un vistazo a la cueva.
Helga asintió y poniéndose al frente empezó a seguir la ruta junto a Arnold.
La extraña sensación de que algo o alguien los seguía invadió a los pequeños que se dieron más prisa en caminar. No sabían cuánto tiempo había transcurrido desde la pelea en el muelle y la caída en el mar. Helga pensaba en lo ocurrido:
"Sentí la presencia de Shaoran allí, pero solo encontré a ese muchacho que era algo parecido a él. Sería mi imaginación pero y ¿la espada? Probablemente noto el poder similar de ese chico y lo confundió con la de su verdadero dueño ¿Dónde estás Shaoran? Por mi culpa vinimos a parar aquí, de no ser porque me metí con ese demonio nada de esto estaría ocurriendo y seguramente termine alejándome mas de ti. ¿Y ahora que más me va a pasar? Pase lo que pase tengo que cuidar de Arnold, no puedo permitir que nada le pase. Es tan lindo, me hace recordar las razones por las cuales me enamoré de él o ¿aun sigo enamorada? No lo sé. Pero este no es momento de pensar en eso. Debemos salir de aquí esa es mi prioridad."
Mientras caminaba con algo de dificultad por el dolor en sus piernas, el rubio notó algo extraño, atrás se podía vislumbrar esas flores de bellos colores más ahora las flores eran negras y el agua que corría por las paredes mas parecía sangre que agua. Esto le causó un escalofrió al muchacho. Sea lo que fuera que iba a pasar no sería nada bueno. El pasillo empezó a volverse oscuro y Arnold tomo la mano de Helga para no separarse, el camino se volvía más inestable tanto que la pobre chica estuvo a punto de irse cara al piso algunas veces de no ser por el rubio.
-Estoy empezando a pensar…-empezó la pequeña colocando su mano en una de las paredes para no perder la orientación puesto que en ese momento la oscuridad reinaba por completo.
-Qué esta no fue tan buena idea-completó el muchacho.
Ahora solo se guiaban por el tacto que la niña mantenía con la pared. Se sentía un frío horrible y el piso crujía extrañamente. Sentían pasos a su alrededor, roces con algo pero al regresar a ver no palpaban ni veían a nadie. La mano de la pequeña estaba llena de esa sustancia que escurría la pared y que poco a poco empezaba a emitir un hedor irrespirable.
-¡Basta!-gritó la chica al sentir por sus piernas el roce de algo-No pienso seguir aquí andando hacia la nada será mejor que volvamos y tratemos por otro lado. Este camino aparentaba ser seguro pero ahora no me da muy buena espina.
-Lo sé. Tienes razón. A medida que caminamos parece que esto empeora.
Helga se soltó de la pared y se volteo para regresar pero en aquel momento una luz brillo a su espalda. La joven inmediatamente dió vuelta junto con un rubio asombrado.
-Es la salida-sonrió la pequeña tomando la mano del chico.
-¡Espera!-se detuvo el cabeza de balón dudando-No te parece raro que justo cuando íbamos a volver aparece esta salida.
-No creo que sea mala, en fin eh aprendido que donde hay luz nada malo puede ocurrir.
-Y yo he aprendido que por más luz que exista siempre desaparece con la oscuridad. Recuérdalo, y ¿qué te hace pensar que lo que hay detrás de esa luz no es peor a este sendero?
-Vamos Arnoldo, confía en mí-se emocionó la chica y sin importarle nada de nada ante la mirada confusa de su acompañante lo arrastro y corrió hacia esa extraña luz.
Al acercarse los chicos observaron decepcionados como la luz "salvadora" provenía de una especie de ventana en lo que parecía ser el final del largo pasillo, se veía una mesa de piedra con algo encima que brillaba con gran intensidad, a cada lado se encontraban dos antorchas con un fuego de color rojizo. El suelo estaba cubierto de tierra, el techo era prácticamente de agua y parecía que una espiral de aire rodeaba la extraña mesa. Los dos rubios se quedaron anonadados al ver tanto esplendor. Permanecieron algunos minutos contemplando la ventana, hasta que escucharon una especie de ruidos, como patitas, pasos y crujidos.
-¡¿Qué está pasando?!-preguntó angustiada la rubia intentando ver el camino por donde habían llegado.
-No lo sé pero será mejor encontrar la forma de romper esta ventana y cruzar hasta ese lugar iluminado.
-¿Porqué? Estoy segura que no es nada malo-aseguró la chica un tanto nerviosa.
Pero cuando el chico se disponía a debatir luces brillantes iluminaron el sendero por donde habían llegado caminando a tientas, lo que vieron, los dejo completamente paralizados.
De no ser por la oscuridad ellos se hubiesen dado cuenta del horror que los estaba rodeando. Las paredes escurrían sangre, sangre podrida y pestilente. Las flores se habían convertido en rosas negras con espinas sumamente grandes. Helga noto que sus manos tenían sangre y que sus piernas estaban infestadas de esas espinas así que rápidamente procedió a quitárselas. Sin embargo lo que más impresionó a los muchachos era la cantidad de huesos que tapizaban el suelo, por eso era que el camino se había vuelto inestable, la razón principal: huesos, que parecían ser humanos, partes de cráneos, brazos, dedos, piernas, esqueletos, calaveras con sonrisas malévolas. La rubia se abrazo a su amigo, eso definitivamente le ponía los pelos de punta. Cuando Arnold se disponía a tomar un hueso para romper la ventana unos ruidos alertaron a los pequeños que nerviosos voltearon a ver de qué se trataba. La sorpresa aun no terminaba. Serpientes, arañas, babosas, gusanos de todo tipo y miles de…
-¡Ratas!-gritó Helga al ver a miles de esos roedores acercándose a los niños-¡Las odio!
Desesperadamente intentaron romper ese ventanal para ponerse a salvo.
-No te preocupes, no te voy a dejar sola-intentó tranquilizar el cabeza de balón a la pequeña que horrorizada se había arrodillado abrazando sus piernas.
Al terminar de decir estas palabras el rubio fue rodeado por una nueva luz algo celeste que en cuestión de minutos lo traslado lejos de la chica. Asustada, la muchacha se incorporó dándose cuenta de la terrible realidad. Esos bichos se acercaban a una velocidad increíble y su amigo se había esfumado.
"¡Vamos Helga! No te asustes solos son criaturas, extrañas criaturas, asquerosas criaturas. No te van a ser nada. ¡Criminal! ¿Cómo me pude quedar sola aquí?"
-¡Sáquenme, Auxilio! ¡¿Arnold donde estas?! ¡Ayúdenme por favor!-sollozó la rubia desesperadamente golpeando la ventana y observando a través de ella.
La chica se sentó en el suelo horrorizada, el pánico la invadió. Sintió como aquellos animalejos llegaban a ella y en cuestión de minutos la cubrían por completo, sintió como los gusanos se metían entre sus rubios cabellos, las serpientes mordían aquí y allá, las ratas entraban por su pantalón, por su camiseta y la mordían, sentía como las arañas caminaban por sus piernas, por su cuello, sentía como esas criaturas babosas andaban por su cuerpo intentando causar el mayor daño posible. Temblorosa intento sacarse esos bichos de encima mas para su horror vio como un gusano agujeraba literalmente su pierna y entraba y salía con toda tranquilidad, sintió un terrible dolor en el estomago al mover su blusa vio con terror como las ratas se había anidado allí y con sus filosos dientes cavaban en el blanco estomago de la chica haciendo un hoyo y carcomiendo la carne. Sintió como las arañas entraban por su boca que a pesar de todo lo que ella hacia, no se cerraba. Los gusanos se arrastraban bajo su piel. La chica solo veía hacia el techo con ojos cristalizados de horror. Lo que ella mas temía eran esos bichos, animalejos e insectos. Una serpiente se incorporo frente a ella y con sus grandes colmillos se adentro en el globo ocular de la pequeña. Dejándola sin vista.
-No quiero, no puedo morir así. Tengo un objetivo. Tengo que terminar con Belzemont. No puedo dejar que el temor me domine. ¡No ahora! No permitiré que unas simples criaturas me derroten. No lo permitiré-se dijo a sí misma.
- ¡Basta ya!-gritó la chica incorporándose y lanzándose hacia la ventana que tenia al frente.
No lo entendía pero sabía que allí estaba el motivo de aquellos escalofriantes sucesos. Sorpresivamente la ventana la dejo pasar como si los intentos anteriores de abrirla hubiesen sido en vano. Había aterrizado en el lugar que vio a través de ella. Inmediatamente observó sus brazos, sus manos, sus piernas. Estaba limpia, como si ese ataque jamás hubiese ocurrido. Recordó a Arnold e inmediatamente observó por donde había cruzado pero para su sorpresa la ventana ya no estaba. Solo se encontraba una sala rectangular con esa extraña mesa y con el agua, el fuego el aire y el agua como su custodio.
-¡Supongo que quien está detrás de esto, está aquí! ¿Verdad?-enfrentó la chica intentado encontrar al culpable de tales aberraciones.
Lentamente la chica caminó por la sala más no encontró a nadie. Extrañada se sentó en el suelo pensando fríamente como buscar a su amigo. Los latidos de su corazón habían vuelto a la normalidad, el pánico que había sentido en ese pasillo había sido demasiado alto como para llevarla a un infarto. Frotándose las manos decidió que lo mas cuerdo seria averiguar porqué esos elementos custodiaban esa mesa o lo que estaba sobre ella, quizá así podría salir de ese lugar. Se incorporó y con paso firme intentó acercarse a la mesa mas al hacerlo una ráfaga de viento la mando a una de las paredes y un cerco de fuego apareció frente a la muchacha que asombrada vio como lo que estaba sobre la mesa empezaba a brillar nuevamente.
-Sabía que vendrías. Siempre lo haces. Te crees la heroína de esta historia pero no te das cuenta que en la realidad eso no existe. No eres nada. Eres basura. Simple basura. Bazofia humana. No te das asco. Ningún humano merece tu santísimo sacrificio. ¿Estás de acuerdo conmigo? Responde Gerladine-se escuchó una voz retumbar por todo el salón.
Helga pasmada se levantó, algo en ese sonido le era familiar. No tenía armas, pero pese a eso se iba a defender pasara lo que pasara. No iba a permitir que esa cosa le recordara sentimientos que hace tiempo había superado. No iba a permitir que la humillasen.
-¿Quién eres, eh? ¿Por qué me dices eso? ¿Acaso me conoces? ¡No! No es así-contestó la rubia moviéndose para tratar de encontrar la fuente de esa voz- Jamás permitiré que todo lo que conocí o me falta por conocer desparezca por la maldad. Mi lucha no es por mí, es por los miles de inocentes que van a morir si no salgo de aquí. No me creo heroína solo soy una simple persona que trata de hacer la diferencia y nada de lo que me digas me va a hacer desistir. Oíste.
-Ja, Ja, Ja. Vaya que ese discurso logró conmoverme. Por favor Helga, quién crees que soy. Sé que te duele, ese demonio te dio en el orgullo y aun te seguirá doliendo por que por más que busques y busques jamás recuperarás lo que perdiste aquella noche, lo que perdiste en tus peleas y los que perderás si no te detienes. A mí no me puedes mentir, te conozco bien. Más de lo que te imaginas.
La pequeña sintió como una presencia se colocaba tras de ella. Temiendo lo peor regreso a mirar. Cuando vio a la persona que se encontraba frente a ella casi se cae del susto.
Era una doble de la misma Helga, sin embargo a diferencia de ella llevaba un vestido y moño rosa y toda la ropa llevaba manchas de sangre, su rostro mostraba una sonrisa algo diabólica y sus ojos a pesar de tener el mismo color azul mostraban odio y pura maldad.
-¿Qué pasa Helga? Temes enfrentarte a ti misma-sonrió mostrando sus dientes.
La verdadera muchacha se alejó horrorizada, mas no pudo huir porque con un rápido movimiento la extraña copia la empujó hacia una pared colocando un brazo a cada lado de la chica evitando que escapara.
-No vales nada, eres una inútil. Ni siquiera al estúpido de Arnold lograste salvar, piensas salvarte a ti misma-susurro el ser-Me das lastima. Como permitiste que llegáramos a esto. Todo porque, por tu estúpida obsesión con el cabeza de balón. Por amarlo, por sufrir. No sería mejor no sentir. ¿Qué crees?
Helga apartó los ojos de su doble, era horrible ver el odio que emitía, la repugnancia con que hablaba. La apariencia de la doble era la de ella misma antes de que ocurrieran todos esos sucesos, pero se veía acabada, sangrante, con un aspecto que francamente causaba temor.
-Perdí a mi padre, a quien nos cuidó y encima te niegas a recibir el amor por el que siempre luchamos. Deja de hacerte la rogada. Tú y yo sabemos que amas a Arnold-continuó susurrando la copia-Pero jamás lo aceptaras. Estas acostumbrada a sufrir, eso es lo que quieres. No vales nada, nadie nunca te quiso, ni te querrá y todos los que sienten algo por ti terminaran como esos seres de allá afuera. Convertidos en huesos y sangre. La muerte es tu único destino. Estas en un callejón sin salida. Odio es lo que te impulsa a seguir odio que te va a convertir en un ser mucho peor que Belzemont.
-¡Noooo!-sollozó Helga-¡Eso no es cierto! Yo quiero ayudar…Quiero…
-Tú no quieres nada. Solo luchas por venganza, no te importa nada ni nadie. Pasarías sobre cualquiera para conseguir el triunfo. Incluso sobre tu familia. Siempre has sido así, envidiosa, egoísta, ambiciosa. Solo velas por tu bien. Estoy en lo cierto, eres el ser mas asqueroso que eh visto. Solo luchas por venganza, por vengar lo que comenzó con todo esto. Perdiste a todos pero no te importa. Lo único que quieres es triunfar. Ganar, Matar. Si quizá eso, quieres acabar con cualquiera que se interponga ante ti. Primero con ese pobre hombre al que llamabas padre y ahora con quien. ¿Con Arnold? ¿El que te ama? ¿Al que no le quieres dar ni una mínima oportunidad? ¿Al que quieres ver sufrir? Acéptalo, tienes miedo pero no de ellos, no de los demonios, ni siquiera de ti misma, tienes miedo, miedo de no cuidarlos miedo de cometer un error respecto a tus sentimientos, miedo de perder todo lo que amas. Miedo de enfrentarte a ti misma.
Helga sollozaba, su corazón latía a mil por hora, cada palabra que ese ser le decía se le clavaba como estaca. Era verdad, todo lo que ella decía era verdad. Se había convertido en un horrible ser. La demoníaca figura se acercaba sonriente dominando por completo a la pequeña. Las lagrimas incontenibles de la rubia no paraban de caer, estaba siendo envenenada por las palabras de ella misma, de su ser interior. Un momento de "su ser interior". Las lágrimas de la pequeña se detuvieron.
-Si tú me conoces tanto-contesto con voz ronca la rubia de tanto llorar-Sabrás que eso no me importa. No planeo ser la dulce princesita que se sacrifica por los demás, y sí, tengo un motivo personal y es el de acabar con el demonio que terminó con las personas que yo mas quiero. Terminó con su esperanza, con su fe, con su vida. Acepto que respecto a lo que siento no eh sido honesta, amo a Arnold y creo que siempre lo haré pero también hay otra persona que ocupa mi corazón, persona por la que voy a luchar, por la que voy a salir de aquí, persona que innumerables veces me salvo de caer en la oscuridad, persona que me tendió su mano para no terminar como tú.
A cada palabra que daba, Helga caminaba haciendo retroceder a su doble.
- Lo que más odio es esta indecisión, no sé lo que siento, ni sé si es amor pero siempre sabré que los seres por los que lucho, las personas que me rodean siempre estarán allí apoyándome y dándome su mano para salir. Me das lastima, tú no tienes a nadie, yo sí, yo tengo porque luchar, incluso mi padre es mi fuerza y mi espíritu y no voy a permitir que una copia barata como tu arruine mi integridad. No voy a permitir que lo hagas, porque no tengo de que avergonzarme. No tengo porque escucharte. Lo que más temía enfrentar era a mi misma y así como acabe con esos bichejos de afuera voy a acabar contigo. No te temo porque en mi hay algo más puro que me impulsa y es el amor y por ningún motivo voy a permitir que me envenenes. ¡Eso si que no!
Poco a poco la figura se fue disolviendo. Al terminar de decir su última palabra la copia desapareció con un suave suspiro. Helga había vencido lo que tanto temía enfrentar, su temor interno. Respirando profundamente la rubia decidió averiguar qué era lo que causaba eso, estaba segura que se trataba de ese extraño resplandor sobre la mesa pero para su mala suerte ninguno de los cuatro elementos la dejaban pasar, si intentaba atravesar el agua que rodeaba la mesa cayendo del techo, el fuego se imponía, el viento era tan fuerte que más de una vez la pequeña se estrello contra la pared eso sin contar la tierra del suelo que cada vez que ella se acercaba empezaba a moverse tumultuosamente.
-¡Cielos!-se dijo al intentar por enésima vez llegar a la mesa y caer derechito al suelo-Por lo menos ya sé que cada tiempo determinado esa cosa brilla y ese brillo causa que la persona más cercana enfrente sus temores mas internos. Para mi mala suerte yo soy la única aquí y ni siquiera sé cómo salir. ¿Cómo estará Arnold, también enfrentara sus miedos o le pasaría algo malo?
La rubia se estremeció, tan solo de pensar en ello se ponía nerviosa y preocupada así que se incorporó pensando en lo que había pasado. Gracias al misterioso poder de esa brillante cosa la chica había podido aclarar al fin sus sentimientos. Amaba a Arnold si pero no podía evitar sentir algo por Shaoran lo que le llevaba a la difícil tarea de decidir si quedarse con la persona a quien había dedicado toda su vida o con la persona que desde que entró a su vida no a hecho otra cosa que desvivirse por ella.
Por tercera vez lo que estaba sobre la mesa brillo, pero este brillo era especial muy claro tanto que prácticamente casi deja ciega a la muchacha que con temor a lo que ahora iba a enfrentar tapo sus ojos.
Al abrirlos vio frente a ella, a un muchacho con la cabeza agachada que traía un pantalón naranja y una camiseta negra, algo destrozada porque se veían claramente partes del cuerpo, sus piernas tenían sendas marcas de que había sido golpeado o maltratado, su cabello era castaño. De sus brazos salía abundante sangre y se veía claramente que estaba cansado y lastimado. Al alzar por completo su rostro Helga vio algo que la dejo en shock. Era Li.
-No puede ser-hablo casi sin aliento la rubia-Esto no es cierto. De seguro eres otra ilusión de esa maldita cosa que está allí-señalo la mesa.
-Tu mas grande temor se va a realizar-habló el castaño monótonamente mostrando unos ojos sin vida.
Estaba siendo controlado.
-No creas que no temo enfrentarte. Eres solo producto de esa cosa. Una vil copia de mi amigo que se encuentra quien sabe dónde.
-Creí que te importaba pero no dudaste en suplirme con tu amigo Arnold-el chico se dirigió a la mesa atravesando las barreras de protección tranquilamente, de allí tomo algo que por el momento la rubia no pudo ver-Quieres pelear ¿verdad? No te preocupes sé con que puedes hacerlo.
Li le lanzo algo a Helga que ella tomo enseguida. Al ver de qué se trataba palideció. Eran sus armas, bueno casi todas, la espada permanecía en el suelo. La rubia se aproximó a esta intentando tomarla después de colocarse sus instrumentos de pelea pero algo sucedió. Rápidamente el objeto se elevó y proyectando un poderoso brillo fue a parar a las manos del castaño.
-No creerás que iba a pelear sin armas ¿cierto?-sonrió el chico.
-Esto no puede ser, la espada solo obedece al que la rescató, al que logró desatar su poder, a Shaoran. Entonces porque se fue con esa visión. Quizá estas no son armas reales-susurró para sí misma-Y esa cosa quiere hacerme creer que voy a luchar con el verdadero Shaoran. ¡Pues bien, no va a engañarme!
La pequeña se puso en guardia con su kunai a medida que veía a su adversario. El chico permanecía inmóvil siguiéndola con los ojos. Decididamente la muchacha decidió atacar primero y se abalanzó sobre el castaño, que con gracia evadía los ataques mortíferos del arma. En un rápido movimiento el chico derribó a la niña quien fue a caer inevitablemente en el suelo.
Tomando viada la rubia se incorporó lista para soportar cualquier embestida de esa supuesta visión pero nada pasó. El chico la veía fijamente en aquel momento, tanto que puso nerviosa a la muchacha.
-Recuerdo cuando te vi la primera vez, cuando caíste de ese edificio. Me imagino el susto que te llevaste. Después en el museo, cosas extrañas te pasaban y a pesar de tener una explicación, el asunto empezaba a salirse de tus manos-la ojiazul lo veía hablar sorprendida-Poco a poco nos fuimos conociendo, tanto que llegamos a los extremos de sentir celos por cosas insignificantes. Yo siempre supe que tu corazón estaba con él pero a pesar de eso una parte de ti ya me pertenecía. Ahora voy a acabar contigo con este dolor que me domina.
La rubia insegura se alejó del castaño a medida que este se acercaba. Simplemente decía cosas que solo el verdadero Shaoran sabia.
-¿Crees que soy una visión causada por el ultimo objeto perdido?-siguió el castaño aclarando la duda de la pequeña.
"Entonces lo que se encuentra sobre la mesa: ¿es el collar?"
-Crees que soy un doble de tu amigo creada por el collar pero no es así. Solo demostrando realmente quien eres podrás llegar a él y completar al fin tu búsqueda más un precio alto deberás pagar.
-¡Cállate!-gritó la chica-¡Tú no eres nadie! Solo producto de esa cosa. Y no creas que no pasare sobre ti para obtener lo que me pertenece.
-Me matarás aun sabiendo que soy el verdadero Shaoran.
Helga lo observó espantada ante tal afirmación.
-Mientes. Shaoran desapareció el día en el que para mi desgracia perdí a mi padre-refutó la chica cada vez más insegura.
-El no desapareció, lo desaparecieron. Me retuvieron en una bodega cerca del muelle, un chico parecido a mi no sé con que intenciones. Las cosas se volvieron más desagradables cuando ese demonio vino y empezamos a pelear Después caí al mar inconsciente y aparecí aquí. Curioso, ahora soy manipulado por el ultimó objeto, por el segundo motivo de nuestra búsqueda.
-No tú no eres real, solo eres parte de mi temor.
-Temes enfrentarme ¿verdad? Temes perderme, acabar con mi vida-sonrío el castaño observando a la rubia-¿Quieres una prueba de mi identidad? Pues aquí tienes una.
El muchacho arrancó un pedazo de su pantalón y con la espada cortó parte de su piel, de esa herida empezó a brotar sangre, sangre que llego hasta donde estaba la chica quién indecisa puso sus manos sobre ella. De inmediato la sangre regresó a su dueño y todas sus heridas cerraron.
-Basta con que tu mano toque mi sangre para que mis heridas cierren, Ángeles-contestó el chico neutral-Porque tú y yo estamos juntos en esto, para siempre y hasta siempre.
Helga palideció. Era él, el verdadero Shaoran. El único que podía decirle eso. Más antes de que reaccionara el chico enarboló su espada y se dispuso a acabar con la vida de la chica.
-¡Noooo!-grito-¡Detente por favor! ¡No voy a pelear contra ti!
-Tendrás que hacerlo
El castaño se lanzo sobre Helga quien a duras penas evadía sus rápidos movimientos. El chico parecía ausente pero la rubia sabia que él estaba allí. Solo tenía que hacerlo salir de su trance. Tenía que traerlo de vuelta. Pero ¿Cómo?
Todo el lugar se hacía pedazos, excepto el lugar donde se encontraba el último objeto perdido. La fuerza que tenía el joven era aumentada por los poderes de la espada y cada vez que este asestaba un golpe, una parte de esa extraña sala se desprendía resquebrajándose. La muchacha evadía los golpes, muchas veces los detenía con su kunai pero de allí no pasaba. Esa era su debilidad. Jamás le haría daño a Shaoran. Jamás. La única forma de terminar con eso, era tomando el collar pero ¿Cómo acercarse sin morir en el intento? Los golpes de Shaoran eran cada vez más certeros tanto que en la última asestada logro herir a Helga en el brazo izquierdo haciéndola rodar por el suelo. La pequeña sollozaba desconsoladamente.
-Defiéndete-exigió el castaño apuntándole a la chica con su arma.
-¡No! Sé que estas ahí Shaoran. No voy a lastimarte. ¡Por favor despierta! Reacciona.
El chico sonrío y tomando un pergamino que había caído del cinturón de la chica, invoco al rayo que fue dirigido en contra de la niña quien rápidamente se lanzó en dirección contraria pero para su mala suerte Li se había deslizado hacia ella, con un rápido movimiento la levanto de su cabello y sin remordimientos el muchacho le dió un golpe con la rodilla en el estomago. Dejándola prácticamente sin aire. Así cruelmente le asestó veinte golpes más y la lanzo lejos de allí.
Helga no pudo evitar escupir sangre, a esas alturas todos sus huesos estaban prácticamente a punto de romperse. Era claro que lo que más le dolía era ver a su amigo así. Difícilmente se incorporó pero antes de reaccionar el muchacho se había lanzado contra ella acorralándola contra una de las paredes, que milagrosamente estaba estable. El castaño sostuvo a la pequeña contra la pared mientras con la otra mano se preparaba para clavarle la espada a su "enemiga" pero algo en ella lo refrenó.
Sus Ojos. Hermosos ojos azules que en ese momento lo veían llenos de tristeza. Ojos que le resultaban familiares. Algo en su interior se removió. Recuerdos. La mesa en donde se encontraba el aterrador objeto causante de esa tortura empezó a brillar con más fuerza, el pequeño volvió a ser controlado y con furia se preparo para penetrar la espada en el cuerpo de la niña. Mas algo sucedió, su mano derecha detuvo con firmeza el inminente ataque.
"¡Detente! Sabes que no puedes lastimarla"
-¡Cállate!-gritaba el muchacho soltando la espada y agarrándose la cabeza.
"Esa chica es muy importante para ti. En un principio fue tu esperanza ante la muerte de la persona que tú mas llegaste a querer, después fue tu alivio, el bálsamo que curó tu corazón, ahora es por quien debes pelear. No dejes que ese collar te controle"
-¡Basta!-gritó de nuevo-¡Sal de mi cabeza! Debo matarla... Es una orden
Helga observaba como desesperado Shaoran agarraba su cabeza y hablaba al parecer consigo mismo.
-Lo sabia-sonrío la chica-El verdadero Shaoran no me haría daño. El verdadero Shaoran está dentro de su corazón, cosa que ningún objeto del mundo puede controlar.
La rubia sabía que su amigo luchaba por salir de ese control pero para hacerlo el objeto tenía que detener su influencia, decididamente a pesar del dolor que le azotaba por todo el cuerpo la rubia se levantó y poco a poco sosteniendo la sangre que pugnaba por salir de su brazo izquierdo, se acercó a la mesa. Nuevamente sus defensas se activaron y los elementos se irguieron frente a ella como una advertencia de lo que podía pasar. La muchacha escuchó de nuevo el grito de su amigo y con paso firme empuño sus armas contra esa infranqueable fortaleza.
El aire fue el primero en atacarla, al parecer la quería mandar lejos de allí pero hábilmente la muchacha logró clavar su kunai en el suelo lo que le sirvió para literalmente no salir volando. Definitivamente tener sus armas de vuelta le servía mucho. Poco a poco se arrastró por el suelo mas una fuerte corriente de agua se lanzó sobre ella dispuesta a ahogarla. Rápidamente la chica tomó su arco y lanzando su flecha con una pequeña cuerda, que la chica obtuvo al rasgar su ropa, la lanzó a uno de los postes resquebrajados del lugar: se colgó de allí por lo que evadió los ataques del agua y de la tierra que peleaban por alcanzarla.
Desde arriba pudo divisar al fin el collar, era extraño, no era nada del otro mundo cualquiera que lo viese podría decir que era una cuerda con piedras negras todo lo contario a la fulgurosa espada que en ese momento yacía lejos de su dueño en el suelo. Respirando profundamente la chica se lanzó sobre la mesa mas una ráfaga de fuego se extendió formando un círculo a su alrededor.
-Vamos a enfrentar fuego con fuego-sonrió la chica al ver que al final había avanzado más de lo que imaginó-Gracias por devolverme mis armas, maldito collar.
Tomando una flecha lo lanzo contra el fuego que en ese momento la atacaba, antes de que el fuego la atrapara sabiamente la pequeña aplico uno de los técnicas de defensa aprendidas de su amigo.
-¡Dios del fuego, cúbreme con tu sagrado manto!-invocó la chica lanzando al aire el único pergamino que había permanecido en su cinturón y que no había ido a parar al suelo.
Llamaradas de fuego la rodearon pero a su favor, funcionando como escudo. Feliz por tener tan cerca al collar la rubia se abalanzó sobre la mesa pero de un momento a otro este desapareció.
Antes de reaccionar sintió como una mano agarraba con violencia su brazo lastimado. La chica gimió del dolor. Era Shaoran y para colmo llevaba en su cuello el último objeto perdido y en su mano libre la espada.
-¡No subestimes mi poder, chiquilla!-habló el castaño pero esta vez Helga estaba segura que esa voz era del collar.
Sonaba ilógico pero a esas alturas que más se podía pensar. Solo que ese objeto definitivamente tenía mente propia.
-Sha...Shaoran
-Te di la oportunidad de matarlo, ahora tu deberás hacerlo si quieres sobrevivir. Solo cuando demuestres ser la que merece mi poder me entregare a ti. De lo contrario. ..¡Prepárate para morir!-amenazó el collar con la voz del chico.
Alzando la espada para atacar el muchacho se lanzó contra ella, quien inmediatamente tomo su kunai para protegerse.
-No lo hagas, por favor. Shaoran se que estas ahí. ¡Despierta!-rogó la chica desesperada ya que todo el lugar se venía abajo y no había por donde escapar.
El suelo y las paredes terminaron por resquebrajarse. Ahora se veía un abismo negro y profundo. Lo único que se encontraba era la mesa y 3 metros de suelo alrededor de la misma. El castaño se detuvo frente a la chica quien aterrada vio que ya no podía escapar.
-¿Por qué haces esto?-sollozó la rubia-Creí que los objetos perdidos estaban para proteger la tierra no para destruirla.
-Yo no estoy destruyendo la tierra, sino a ti. La espada fue creada para proteger y yo como arma de ataque-contestó nuevamente el collar usando la voz de Li.
-¡Soy yo, Ángeles! La que quiso protegerte a ti y a la espada en el pasado…
-Tú lo has dicho, en el pasado. Debo comprobar que eres lo suficientemente honorable para volverme a portar.
-¡A costa de la vida de Shaoran! Olvídalo. Déjalo fuera de esto.
El chico se acercó rápidamente, los dos quedaron frente a frente. Él observándola fijamente con sus ojos cafés sin vida y ella derramado lagrimas de dolor.
-¡Muere!- murmuró secamente el chico mientras alzaba su arma para acabar con ella.
-¡Detente!-suplicó la chica llena de lagrimas.
Un profundo silencio ser formo en el lugar. De repente, un hilillo de sangre baño la espada que cayó al suelo. Un cuerpo se desmorono. El collar había cobrado su víctima.
Helga permanecía parada tratando de reaccionar a lo que veía. El chico había enarbolado su espada dispuesto a atravesarla con ella, pero no lo hizo al contrario de un momento a otro él se había atravesado el estomago cayendo al suelo y haciendo que el collar rodara lejos de él.
Una lágrima rodó por la mejilla de Shaoran mientras observaba con ojos cristalizados a Helga.
-No-susurró la niña-No por favor.
Reaccionando Helga se acercó al chico que ahora la veía, para su sorpresa con una sonrisa en su rostro.
-No me mires así, Helga-murmuró aguantando el impulso de escupir sangre-No estoy loco.
-¿Porqué lo hiciste?-preguntó entristecida la chica.
-De verdad… creíste… que… yo te haría daño. Vine aquí para protegerte ante cualquiera, incluido yo. Tú me devolviste la vida cuando creí no merecerla, tú fuiste mi apoyo, la luz que me guió, vale la pena dar la vida por alguien así. ¿No crees?
-No hables. Escucha te voy a curar. Y saldremos de aquí. Todo estará bien-sollozó la pequeña.
-No llores -contesto el castaño tocando con su mano la mejilla de la chica-Todo saldrá bien. Eso era lo que siempre me decía alguien muy especial para mí y te lo digo ahora. Pase lo que pase, todo estará bien.
El muchacho se convulsionó, la vida se le estaba escapando.
-Acaba con Belzemont y libera la tierra de su terrible destino-continuó el castaño a pesar de que la sangre literalmente se le escurría por el agujero en el estomago.
-No hables así, juntos acabaremos con él-intentó animarlo mientras vanamente trataba de cerrar la herida de su amigo.
-El…Recuerdas lo que paso en el baile…El beso que recibiste…Cuando te vi morir… creí que la tierra me tragaba...Y ahora estas aquí junto a mi…No me quiero ir sin decirte algo muy importante…Yo…Yo…Te…-el chico suspiró y dejó caer su cabeza. Había muerto.
-Shaoran…-sollozo la chica-¡No me dejes, por favor! Reacciona. ¡SHAORAN!
Helga lloraba sobre el cadáver de su amigo, llena de ira se levantó dispuesta a tomar el maldito collar por el que su amigo acababa de perder la vida. De pronto todo empezó a temblar. El suelo bajo sus pies se abrió y tanto el cuerpo del chico como de la chica cayeron al vació.
La rubia se encontraba flotando en una especie de dimensión desconocida donde solo había nubes, una hermosa mujer de cabello negro se acercó. Colocó en su mano la cadena y se fue. El collar se había convertido en una hermosa cadena de plata cuyo centro era una piedra negra.
-No entiendo... ¿Quién es usted?-interrogó la niña limpiándose las lagrimas que aun brillaban en su rostro.
-Soy la guardiana del collar. Tú padre me encerró con él para protegerlo hasta que tú aparecieras. Eres Ángeles, lo sé porque Gabriel jamás te lastimaría y porque tuviste la oportunidad de acabar con su vida pero no lo hiciste. Es hora de que regreses a tu mundo. La búsqueda se ha terminado. Ahora todo queda en tus manos y en las de tu amigo. La batalla final los espera-la mujer sonrió y desapareció.
Helga sintió como esta vez caían de nuevo pero aterrizando sorprendentemente en el lugar en donde todo eso había comenzado. Las paredes abiertas de mantos de agua, el suelo lleno de musgo, las flores que crecían alrededor del sendero, todos estos elementos le dieron la bienvenida. Todo era igual. Estaban en el principio del sendero en el que Arnold y ella siguieron para salir de allí. ¿Y Arnold?
Raudamente se incorporó pero sintió algo en sus manos al abrirlo observo la cadena.
-¿Qué es eso?-escuchó una voz.
La chica localizo a su interlocutor con sus ojos. Era su rubio amigo que llevaba en sus manos un pequeño trapo mojado.
-¿Estás bien?-interrogó la chica abrazándolo emocionada.
-Claro que estoy bien. De hecho la que debería permanecer acostada, eres tú. Estábamos a punto de cruzar esa extraña ventana para salir de aquí y te desmayaste tuve que traerte aquí porque parecía que el sendero te ponía mal.
-¿Qué?-pensó la chica-Pero yo, tu, los bichos, Shaoran, la cadena…¡Shaoran!
La rubia reaccionó de inmediato y levantándose empezó a buscarlo. El muchacho no entendía nada así que después de verla moverse de allá para acá decidió pedirle una explicación.
-Escucha. No sé cómo pero al fin encontré el ultimo objeto. Ciertamente no entiendo si lo que viví fue verdad o mentira pero estoy segura que Shaoran está aquí y también que la salida está en la ventana donde según tú, me desmaye.
-Pero la última vez que estuvimos frente a esa ventana te pusiste muy mal-se extrañó el chico-Y como que Li esta aquí, no te entiendo.
-¡Vamos!-grito la chica tomando la mano de su amigo y corriendo nuevamente hacia el sendero.
No entendía lo que estaba pasando pero algo en ella le decía que el final de esa historia, de su historia estaba aproximándose.
Y con esto terminamos el capítulo número 21 de esta interesante historia...
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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
