CAPITULO 22: EL ÚLTIMO DIA DE HILLWOOD. LA IDENTIDAD DE ARIEL. LA MUERTE DE VARIOS INOCENTES

5:00 a.m. En el muelle.

Gerald observaba asustado la escena. Phoebe no sabía si acudir en ayuda de ese chico o ponerse a buscar a Arnold y Helga. Todo era muy confuso pero el sonido de las sirenas acercándose los alertaron por lo que tomando al peliazul decidieron salir del lugar que francamente había quedado completamente destruido.

Lo llevaron a un pequeño parque que se encontraba cerca de los muelles. La pelinegra observaba fijamente al muchacho inconsciente. Ciertamente tenía una gran parecido con Li, de no ser por el cabello se hubiese podido decir que era su copia exacta. Al ver que el pobre no volvía en si decidió buscar una planta con un fuerte aroma para despertarlo, una en forma de palma le llamo la atención por lo que sin dudarlo se acercó para percibirla. Tenía un olor dulzón y penetrante, sin dudarlo lo tomó y se la acercó a la nariz del peliazul. Gerald veía la escena pensativo. Miles de preguntas se amontonaban en su cabeza y la principal era la ubicación de sus dos amigos.

-¿Dónde estoy?-preguntó intrigado Ariel a medida que abría los ojos. Al ver a la chica sobre él, casi cae del susto-¡¿Celeste?!

La pelinegra se quedó estática, definitivamente nadie sabía de su doble personalidad a excepción de Helga y el propio Li, eso la confundió un poco por lo que se fue alejando del muchacho.

-¿Como la llamaste?-interrumpió intrigado el moreno al ver a su amiga blanca como un papel.

Ariel comprendió la sorpresa de la chica, después de todo nadie lo conocía ni en esa vida ni en la otra. El chico se incorporó y extendiéndole una mano a la joven se presentó.

-Mi nombre es Ariel, soy el guardián de Li.

Esas pocas palabras dejaron mas confundido a Gerald quien vio a su amiga para ver cómo reaccionaba pero algo en la muchacha lo desconcertó aún más. Estaba sonriendo.


5:00 a.m. En algún lugar cerca de Hillwood

-Mi señor-se escuchó una voz algo acongojada.

-Me fallaste Azazel, creí que eras mi más fiel sirviente y ni siquiera pudiste acabar con el mocoso y traerme el objeto -respondió tranquilamente Belzemont.

Ese tono aterró al demonio, puesto que como es bien sabido después de la calma viene la tormenta y su señor era capaz de incinerarlo por no haber cumplido bien sus órdenes.

-Yo…lo siento el asunto se salió fuera de mi control-intentó excusarse el demonio.

-No quiero oír excusas. El último objeto era muy importante para mí y por lo que vi y sentí enviaste a los tres inútiles justo a su ubicación. En poco tiempo ellos tendrán en sus manos el collar y por lo tanto el máximo poder para acabar conmigo-a medida que hablaba Belzemont se acercaba cada vez más a su subordinado-¿Cómo crees que me siento?

El demonio se arrodilló frente a su jefe dispuesto a recibir su castigo. Sabía que de esa no se salvaría. Después de todo el escapó del muelle dejando a esa rubia y a sus amigos en pleno mar. Fue como lanzarlos directamente a la entrada de un gran tesoro. Su señor, estaba en lo justo de sentirse furioso, frustrado, lleno de rabia e ira.

-¡¿Qué haces Azazel?!-interrogó con un dejo de repugnancia Belzemont-No voy a acabar contigo porque aunque no lo creas me facilitaste el camino para acabar con esos niños.

El nombrado se quedó admirado. De pronto en una esfera flotando sobre la cabeza del maligno ser apareció una mujer de cabello rubio y ojos azules que inútilmente trataba de salir de su prisión.

-Estoy seguro que ni Ángeles ni Helga permitirán que esta persona muera y menos después de ver lo que le voy a hacer a su querida ciudad así que ellos vendrán a mi-sonrió triunfante Belzemont-Azazel prepara las tropas nos dirigimos a Hillwood. Acabaremos con ese insulso lugar.

El fiel sirviente del demonio mayor aceptó y desapareció. Un escalofrió recorrió su cuerpo, definitivamente ver tan satisfecho a Belzemont lo llenaba de miedo pero estaba feliz al menos se desquitaría con la ola de destrucción que enviaría a la ciudad.


5: 00 a.m. En la casa de Arnold

Un anciano caminaba de arriba para abajo y no precisamente porque quisiera ir al baño. Estaba preocupado. Sabía que su nieto se había ido a hacer algo peligroso, ese complejo de héroe lo había sacado de su padre. Pero tenía miedo, terror de perderlo, de no volver a verlo. Esa preocupación lo estaba matando. Una silenciosa lágrima se deslizó por su mejilla.

-Tarde o temprano el pájaro abandona su nido- el anciano escucho una voz tras él-Era hora que nuestro Arnold hiciera lo mismo.

Era Pokie. El abuelo la observó, a pesar de los años y de las locuras la seguía considerando la mujer más bella del mundo y la más cuerda por supuesto. Feliz de contar con ella. Se acercó y la abrazó, juntos permanecieron un buen rato hasta que Phil decidió hablar.

-Temo por él galletita, sé que algo malo se avecina sobre nosotros y tengo el presentimiento que no volveremos a verlo.

-Las personas siempre están en nuestro corazón, si cierras los ojos y piensas en él, lo vas a sentir, incluso lo vas a ver porque pase lo que pase ni tú ni yo lo vamos a dejar solo- sonrió la dulce abuelita y tomando a su esposo de la manos se lo llevó al cuarto para que al menos descansara algo. Subieron las escaleras lentamente y al entrar en la habitación el abuelo le dió un dulce beso en la mejilla antes de acostarse.

-Hoy será un largo día-pensó Gertie antes de quedarse dormida.


6:00 a.m. En el parque cerca del muelle

Los ojos de Phoebe y Ariel estaban sincronizados, ninguno de los dos pestañaba y eso empezaba a irritar al moreno. Con que derecho ese peliazul se atrevía a mirar así, a su chica. No, eso si que no lo iba a permitir. Había pasado una hora y ninguno de los dos abría la boca para revelar algo. Era hora de intervenir.

-Bueno, bueno, bueno. Basta de miraditas. Al parecer soy el único que se perdió de algo aquí. ¡Así que necesito una explicación!-exigió Gerald interponiéndose entre los dos niños.

Los chicos se echaron a reír pero al ver la mirada asesina del moreno la primera en contar todo fue Phoebe.

-Escucha. Sé que esto se te hará raro-empezó la pelinegra.

-He visto demonios, equinas, la muerte de un hombre, la destrucción de la escuela, un remolino traga niños y aun así me dices que lo que me vas a contar se me va a hacer raro. Si no te quisiera tanto hace rato que los hubiese dejado solos con esta parodia de las aventuras de Helga y Li así que por favor dime lo que sea que tengas que contarme-ordenó el pelinegro observando a la chica.

-Bien. Veras…-dudó la chica observando a su amigo, no sabía cómo lo tomaría y tenía miedo de que la viera como bicho raro pero decidida a decir la verdad continuo-Así como Helga tiene otra persona en su interior llamada Ángeles y Li tiene a Gabriel, yo tengo un pasado cuyo nombre es Celeste.

Gerald la observaba seriamente así que decidió seguir.

-Mi amistad con Ángeles va desde hace mucho tiempo atrás. Cuando ella murió, yo decidí cuidarla aun después de la muerte, así que me esforcé en encontrar algo para nacer aquí en este tiempo. De cierta manera lo conseguí pero descubrí que a diferencia de Ángeles y Gabriel que son de hecho parte de la realeza, yo me quedé sin poderes. Lo que me favorecía era que mis recuerdos de mí anterior vida parecían intactos, empecé a recordar a las personas, el mundo en el que vivía y la misión que tenía que cumplir. Poco a poco me acerqué a Helga. Ella no sabía quién era yo, para mi desgracia no recordaba nada y creció como una niña normal. Tuve que ganarme su amistad de nuevo pero para mí buena suerte eso no fue difícil, siempre había algo que nos unía. Así cuidé de ella hasta que todo se descubrió y le tuve que contar todo.

El moreno estaba con la boca literalmente abierta tratando de procesar todo lo que esa niña acababa de contarle.

-Ahí es donde entro yo-prosiguió el peliazul-Existe una especie de ley en la cual las personas que tiene destinos importante que cumplir y misiones imposibles de eludir, renacen en tiempos determinados bajo otra identidad. Celeste como Phoebe, Ángeles como Helga y Gabriel como Shaoran. Sin embargo este caso era especial, sobre todo por Ángeles y Gabriel cuya misión era salvar a la tierra. Bajo estos términos, a las personas que estaban destinadas a dar su vida por el lugar en el que habitan se les conceden guardianes, guardianes que tiene que evitar que a esas personas les pase algo malo. ¿Me sigues?

Phoebe escuchaba esto atenta. Estaba algo pensativa, ella sabía de los guardianes pero no sabía que papeles jugaban junto a sus protegidos además el moreno no le había dicho nada después de la explicación y temía haberlo alejado para siempre de su lado.

-Eso quiere decir que tú-el pelinegro señaló a su amiga-también tienes un guardián.

-Ella no-se apresuró a contestar Ariel.

-Pero ¿por qué? Ella no es quién dice ser. Ah sido siempre una mentira-respondió algo dolido el joven.

-Porque-contestó tristemente la pelinegra-Yo no estaba destinada a renacer. Pero lo hice por el afecto que le tengo a Helga. Después de todo algo bueno me pasó aquí.

-¿Como qué?-interrogó secamente el moreno sin verla a los ojos.

-Como tú, la persona más valiosa para mí-contestó la joven derramando algunas lagrimas.

El pelinegro observó a su chica con ternura, definitivamente se estaba comportando como un estúpido. Él no necesitaba explicaciones para saber que quien estaba frente a él era el amor de su vida. El joven tomó la mano de la chica dándole a entender que todo estaba bien y prosiguió con las preguntas para Ariel.

-Espera. Si dices que su misión era proteger a Helga y Li ¿porque no los salvaron cuando estaban en peligro? ¿Por qué permitieron que le pasara algo tan horrible a Helga? Ese fue el inicio de todo este desastre.

-Tu pregunta es válida. Veras-empezó Ariel-Los guardianes solo estamos para evitar cosas que no deberían pasarles a nuestros protegidos. Los accidentes que Helga y Li han sufrido eran necesarios para que ellos aprendieran algo. Eso se sale fuera de nuestras manos. Cuando tú intervienes para evitar algo que debe pasar, el futuro se podría tergiversar.

Gerald asintió. Todo eso al fin tenía sentido.

-¿Porqué jamás te habíamos visto? ¿Por qué apareces justo ahora? O es que son invisibles y no podemos verlos.

El peliazul bajó la cabeza, su mirada se había vuelto triste y desolada. El moreno comprendió que con esa pregunta había metido la pata.

-Yo y mi hermana Terra éramos los guardianes de Li Shaoran.

-¿Éramos?-interrogó Phoebe extrañada.

-Sí. Ella murió y yo trabajó para Belzemont.

Los dos niños se quedaron paralizados.


6:30 a.m. En el cielo

Mil caballos junto con demonios y sombras viajaban en dirección a Hillwood. Al frente de la tropa se encontraban dos demonios, el primero rey de todos y jefe supremo y el segundo uno de los más fieles sirvientes del primero.

-No entiendo mi señor. Se supone que los dos objetos juntos pueden destruirlo y aun así ¿planea atraer a esos niños a nosotros?-interrogó Azazel aún confundido.

-Es cierto lo que dices. Estaría preocupado, de no ser porque los tontos no recuerdan o no saben cómo usar las armas. Para eso se debe hacer un sacrificio, sacrificio que estoy seguro tu harás por mi ¿verdad?-preguntó observándolo con aquellos ojos rojos llenos de maldad.

-Por supuesto mi señor. Daría la vida por usted.

- Tomaré tu palabra como hecho-contestó Belzemont y se alejó para observar el panorama.

Azazel lo escuchó y se quedó pensando, eso le estaba dando mala espina.


7:00 a.m. En la Comandancia Policial.

Más de 15 padres de familia se encontraban gritando desaforados contra los policías que vanamente querían mantener el orden.

-¡Mi Lila no durmió anoche en su cama! ¡Y ustedes con sus inútiles toques de queda no lograron detener a nuestros hijos!-reclamó un hombre angustiado.

-Es cierto-protestó una señora junto a su esposo-Harold no ha aparecido, pobre mi niño debe estar muerto de hambre.

-Y bien que piensan hacer-preguntó una señora de cabello negro-Necesitamos que nos devuelvan a nuestros hijos. ¡Quiero a Phoebe a mi lado!

Un anciano estacionaba su packard fuera de la estación de la policía y se sumaba a los miles de padres que exigían respuestas.

-No me diga-sonrió con tristeza una señora al ver al anciano-Su hijo también desapareció anoche y viene a pedir que lo busquen.

- No es mi hijo es mi nieto pero ¿cómo lo sabe? -se sorprendió el abuelo al ver a tantos padres.

-Porque nuestros hijos también desparecieron-contestó con una mirada dolida-Lo peor es que no se si vuelvan.

La mujer sollozó. El abuelo observó a los padres que estaban allí, si su memoria no le fallaba los niños que estaban ausentes eran: Phoebe, Arnold, Geráld, Lila, Rhonda, Stinky, Harold, Sid, Curly, Sheena y Lorenzo.

Esto preocupó al hombre. Si los niños se habían fugado no había sido por una estupidez. De pronto recordó a cierta niña rubia que tenía una ceja. Acaso todo ese embrollo tendría que ver con su ausencia. Decidido dejó a la muchedumbre y se subió a su carro rumbo a la casa de los Pataki.


8:00 a.m. Corriendo por todo el parque cerca del muelle.

Phoebe y Gerald huían desaforados de Ariel. Al escuchar esa última confesión, creyeron que él los iba a entregar y ni cortos ni perezosos se levantaron y se pusieron a correr. El peliazul intentaba acercárseles para hablar con ellos pero cada vez que lo hacía o recibía una patada o un piedrazo. Más de media hora permanecieron jugando al gato y al ratón hasta que el peliazul harto de ver como escapaban hacia un pequeño lago que había allí uso su poder y tomándolos por sorpresa con el agua los acercó a él. Los niños se removían temerosos de lo que iba a pasar.

-Primero me van a escuchar y después si quieren siguen corriendo como tontos por todo el parque-aclaró disgustado el joven.

Eso de tontos molesto a Gerald, él no iba a permitir que los insultaren de tal manera pero ya que estaba atrapado por ese aro de agua que lo rodaba a él y a Phoebe, decidió callar y escuchar.

-Los primeros en enfrentarse a Belzemont fueron Li y su amiga Sakura. Una chica que a pesar de tener poderes muy grandes, no logró vencerlo. Sus guardianes no lograron protegerla y murieron porque aunque no lo crean nosotros los guardianes también podemos desaparecer de este mundo. El primer encuentro como les dije ocurrió en Japón. Belzemont después de terminar con la niña, deseaba acabar con Li antes de que se percatara de su pasado pero nosotros se lo impedimos. El maldito demonio se dió cuenta que nosotros lo cuidábamos y se esfumó. Por un momento creímos que habíamos cumplido nuestra labor con excelencia pero para nuestro horror vimos que el chico estaba entre la vida y la muerte. Se lo llevaron al hospital donde permaneció inconsciente negándose a despertar. Li prefería quedarse en ese lugar, en un mundo de sueños y oscuridad. El ver la muerte de esa chica había sido suficiente para desmoronar su espíritu. Ya no quería vivir. Y si él no continuaba, su misión no podía ser realizada. No podíamos dejarlo atrapado así que precisamos entrar a su alma y a su corazón. A mi hermana se le ocurrió ligarlo con Helga, puesto que ella también había sufrido un percance demasiado lastimero y se encontraba atrapada en el mismo mundo que él. Era el momento de unir sus vidas, el único recurso para que ninguno de los dos niños muriera y continuará luchando. Con la ayuda del guardián de Helga logramos unirlos para que se conocieran. Y así ambos despertaron después del punto de quiebre inicial en sus respectivas ciudades.

Ariel respiró para seguir contando la historia.

-Terra y yo cuidamos a Li desde su nacimiento. Él no nos veía pero siempre estábamos a su lado. Nos encariñamos mucho con él. A veces tomábamos forma humana para jugar juntos. Lo queríamos como otro de nuestros hermanos pero todo se volvió añicos cuando conectamos los sueños de Helga y Li para que se ayudaran mutuamente. Belzemont interfirió. Sabía que nosotros lo protegeríamos aún a costa de nuestras vidas. El guardián de Helga escapó, unión estaba hecha y nada podría romperla así que nosotros también debíamos huir pero no pudimos. El maldito demonio atrapó a Terra. Desesperado me dirigí para salvarla pero fue una trampa.

El peliazul derramó varias lágrimas en el suelo. Se notaba que contar eso le dolía mucho. Tanto Gerald como Phoebe sintieron lastima por el chico pero aun no confiaban en él.

-Belzemont nos atrapó pero me dejó libre. Me dijo que yo debía matar a Li, acabar con su vida para que él jamás se reuniera con Helga en esta ciudad. Si no lo hacía, él terminaría con Terra. Sin piedad transformó a mi hermana en humana así ella seria vulnerable. Al no tener otra opción mientras Li viajaba con su madre decidí acabar con su vida.

Los pelinegros lo observaron sorprendidos, jamás creyeron que aquel chico llegaría al extremo de dañar a su protegido pero también comprendían que por salvar la vida de alguien querido uno daría lo que sea.

-Yo…Yo creía que era lo correcto. Amaba a mi hermana, la amaba. Pero no la conocía tanto como yo creía. Ella sí estaba dispuesta a dar su propia vida por Li. El día en el que él y su madre salieron de Japón, me dispuse a matar a mi protegido. Todo fue tan rápido. En un momento apuntaba con mis flechas a Li, y en el otro mi hermana yacía en el suelo. Ella había escapado de Belzemont, y al saber lo que iba a hacer, se interpuso. Mi hermana murió.

Los dos jóvenes se quedaron lívidos ante esa confesión.

-Terra dijo que Li y ella eran mis hermanos. Que no osara manchar mis manos con sangre de mi protegido porque jamás me lo perdonaría. Lentamente su cuerpo desapareció y yo fui convocado por Belzemont. Al negarme a matar a Li me tuvo encerrado bajo las más viles torturas pero ya suficiente castigo era recordar que yo había acabado con mi hermana. Escapé y me mantuve escondido. No quería seguir, no me quedaba nada, y no tenía un lugar a donde ir. Dejé de cumplir mi labor como guardián. Sin embargo, un día sentí que la presencia de Helga desaparecía de este mundo. Temí perder a Li, después de todo era la única persona que me quedaba. Me desesperé y usando mi poder llamé a Li a mi presencia para cuidarlo. Sabía que si Ángeles y Gabriel no estaban juntos Belzemont aprovecharía esto para acabarlo. Lo retuve sin decirle la verdad. Belzemont se enteró de a quién tenía en mi poder y me amenazó con matarlo. Para mi buena suerte el collar hizo su aparición y como solo un alma pura puede tomarlo prometí obtenerlo para entregárselo a cambio de mantener con vida a mi protegido. Lo que él no sabía es que solo Ángeles podría tomar ese objeto, después de fingir que lo estaba buscando Belzemont se hartó y mandó a su sirviente a matar a Shaoran y a encontrar el collar. Se desató una pelea y perdí a Li, Helga y el chico rubio cayeron al mar y desaparecieron. Le fallé a Terra. No lo pude proteger. No lo hice. El maldito demonio atacó a Li y lo dejó completamente aniquilado.

Esta vez el agua que retenía a los niños desapareció, las lágrimas que caían por el rostro del chico habían evitado que se concentrara. Phoebe se acercó a Ariel y lo abrazó. Definitivamente la maldad no tenía límites y la de Belzemont menos.


9:00 a.m. En la casa Pataki

Los ojos del anciano se estaban cerrando. Hace una hora que había llegado al lugar pero esos policías no parecían querer moverse de la entrada. Él sabía que se vería muy sospechoso si preguntaba directamente por Helga y peor si osaba trepar por la escalera de incendio para entrar al lugar por lo que frustrado decidió esperar a que los policías se fueran sin embargo la espera se volvía eterna.

La conversación que los uniformados mantenían llamo la atención del abuelo quien parando orejas se dispuso a escuchar la plática.

-Es extraño que alguien haya entrado a la casa ¿verdad?

-Sí pero más extraño es que solo se hayan llevado prendas de vestir.

-El comandante dice que seguro fueron ladrones pero yo creo otra cosa.

-¿Pues qué es lo que tu cabeza de alcornoque cree?

-Pues que fue el fantasma de la niña muerta.

-¡No seas idiota! La ventana del cuarto de la chica estaba abierta, estoy seguro que fue ella. No se lo digas a nadie pero creo que la pobre se volvió loca y decidió desparecer. Es obvio después de la muerte de su padre y la desaparición de su madre. ¿Quién no?

Phil suspiro esos dos solo decían estupideces pero al menos dijeron algo que confirmó las sospechas del anciano. Helga había vuelto a su casa quizá para cambiarse de ropa pero había vuelto. Entonces la presencia que la anterior noche sintió en el cuarto de su nieto fue de la rubia. Ya sabía todo lo que tenía que saber, encendiendo el motor de su packard se dirigió a su casa. Pasara lo que pasara Helga protegería a Arnold porque lo amaba y ella tenía un gran poder, de eso estaba seguro.


9:00 a.m. En el parque cerca del muelle

Phoebe observaba al peliazul. Estaba triste, lo que les contó y las razones por las que casi traicionó a su protegido le habían roto el corazón. Pero sabía que tenían que hacer algo.

-Tu nombre es Ariel ¿verdad?-se adelantó Gerald adivinando lo que quería su amiga.

El peliazul se limitó a asentir mientras se levantaba limpiando sus lágrimas.

-Sé lo que quieren pedirme-contestó el chico sonriéndoles-Desean encontrar a sus amigos. No se preocupen ellos están bien, de hecho están a punto de encontrar el ultimo objeto perdido.

-¿En serio?-se emocionó la pelinegra ya que con eso terminarían para siempre con Belzemont.

-Sí pero ahora la ciudad los necesita-continuó Ariel-Siento que un gran poder maligno se acerca a una velocidad impresionante. Estoy seguro que viene a acabar con Hillwood. Necesitan alertar a sus familiares y amigos.

La pelinegra se quedó asustada y Gerald helado. Eso no podía ser cierto.

-¿Qué esperan? ¡Vamos a buscarlos!-urgió el peliazul- De lo contrario Belzemont nos va a agarrar desprevenidos.

Y sin más el chico se adelantó a tomar las manos de Phoebe, quien algo confundida, solo atinó a mirarlo. El joven cerrando sus ojos se concentró en encontrar a las personas de esa ciudad.

-La mayoría está en sus casas, escondidos…Una pequeña parte está en la delegación de policía y algunos niños se encuentran en el hospital para tratamientos psicológicos.

Phoebe reaccionando tomó la mano de Gerald y corrieron hacia el cuartel policial. Puede que nadie le creyese pero debían intentarlo, debía prevenir a las personas, debían salir de la ciudad.

Ariel sonrió al verlos marcharse y con decisión se dirigió al centro de la ciudad. Iba a usar todo el poder que tenia pero valía la pena. Debía hacer algo para que la gente creyese, para que abrieran sus mentes a la realidad que muchos se negaban a aceptar. Para que vieran más allá de lo real, para que enfrentaran lo que tanto habían temido afrontar.


11:30 a.m. En el hospital para tratamientos psicológicos.

Un grupo de niños salían cabizbajos del lugar. Después de la aparición de Helga una esperanza de luchar por que todo volviera a ser normal había nacido en sus corazones. Sabían que Helga y Li lograrían salvarlos de la oscuridad en que su mundo había caído por lo que juntos decidieron buscar la forma de agradecerle. A Rhonda se le ocurrió la brillante idea de tratar de encontrar a la desaparecida madre de la rubia por lo que reuniéndose a las 6 de la mañana todos los que compartían verdaderos lazos de amistad se juntaron para buscarla.

Lorenzo propuso preguntarle a Olga sobre la última vez en la que ella vio a su madre pero todo se volvió un desastre. En primer lugar al llegar al hospital al ver que eran niños los sacaron a patadas, uno a uno fueron poniendo en práctica ideas ingeniosas que se les ocurría pero nada funcionaba. Hasta que a Harold, se le ocurrió disfrazarse de cura, logrando entrar a la habitación de la rubia.

El esplendor de Olga Pataki había desparecido, solo se podía vislumbrar una pequeña brecha de alegría que la mantenía algo cuerda. Desde que se enteró de la muerte de su querido padre y de la desaparición de su madre y hermanita entró en un estado francamente lastimero. Sus ojos perdieron su acostumbrado brillo y mantenía una sonrisa vaga dirigida a quien sabe qué.

Harold entró a la habitación pero la chica ni se inmutó y permaneció viendo al vacío, cuando la enfermera lo dejó solo el niño abrió la ventana para que sus compañeros entraran. Poco a poco la habitación se fue llenando de niños. Cuando Lila preguntó por Miriam, su plan se vino al piso.

La rubia empezó a llorar tan desgarradoramente que llamó la atención de todo el hospital y ni corto ni perezoso el jefe de área tomo a esos mocosos y uno a uno los fue tirando a la calle. Habían perdido valiosas horas y no lograron conseguir nada. Eso los frustraba.

-Y ahora ¿qué vamos a hacer?-preguntó algo enojado Sid.

-A esta hora seguro nuestros padres ya se enteraron que no estamos-comentó algo compungida Sheena.

-Es cierto ¿qué vamos a hacer? Si nos encuentran nos meteremos en un verdadero lío-se adelantó Rhonda.

-Qué tal si…-empezó Lila pero fue interrumpida.

-Qué tal si regresan a lado de sus padres antes de que acabemos bien fritos-la voz de Gerald llamo la atención de todos.

-Gerald, llegas a una buena hora. ¿Cómo están Helga, Arnold y Phoebe? Me enteré que fueron a buscar a Li-interrogó Lorenzo pero algo en la expresión de su amigo lo hizo preocuparse-¿Qué pasa?

-Arnold y Helga desaparecieron, no hay rastros de Li y para colmo Belzemont viene hacia acá y créanme que no es para invitarnos a cenar.

Los niños se asustaron y empezó el barullo. Algunos lloraban, otros como Curly reían como locos. Lorenzo y Rhonda optaron por quedarse paralizados del miedo y Sid empezó a pensar la manera como escapar pero para su desgracia no encontraba ninguna salida. Gerald harto de todo llamo su atención con un silbido.

-¡Escúchenme! No es momento de desesperarse. Debemos permanecer juntos. Vamos con sus padres, ellos están en la delegación de policía buscándolos y Phoebe también tratando de convencerlos para salir de la ciudad. Dense prisa no hay tiempo que perder.

Los niños aceptaron. Querían estar junto a sus familiares, si iban a morir preferían hacerlo a lado de sus seres queridos.


12:00 a.m. En la Comandancia Policial

Phoebe estaba cansada de explicarles de nuevo que el demonio maligno que destruyó la escuela iba directo hacia la ciudad. Nadie parecía entender nada. Y el caos se había generalizado tanto que desde que llegó solo había escuchado improperios, gritos y peleas entre los paranoicos padres y los policías quienes no podían creer esa loca historia en lo más mínimo.

-¡Ya Basta!-gritó una dama con algunas ojeras y que observaba la escena furiosa-En este momento lo que menos importa es qué creer. Que no lo entienden, nadie va a escapar de esta destrucción lo que deberían hacer es buscar a sus seres queridos y pasar a su lado. No podemos luchar contra el mal, no solos. Mientras mi Li no aparezca y mientras Helga siga desaparecida nuestro destino esta contado.

Todos enmudecieron ante esto, la señora prosiguió.

-Me parte el alma saber que se encuentran discutiendo pudiendo pasar sus últimas horas con su familia. Disfrútenla, amen a sus hijos. No pierdan el tiempo intentando pelear contra esos demonios porque nos aplastarían como cucarachas solo piensen algo, el amor el sentimiento más fuerte que pueda existir salvará sus almas y estoy segura que ocurra lo que ocurra, todo ira bien. Absolutamente todo estará bien siempre y cuando nuestra esperanza no muera.

Poco después de pronunciar estas palabras, los niños entraron a la delegación y abrazaron a sus padres.

Phoebe observó la escena, la actitud que tomaba en ese momento los padres podría aparentar ser derrotista pero ella bien sabia que jamás podrían huir. Escapar de la maldad es imposible porque aunque no lo creamos algo de ella está impregnada en nuestros corazones. Huir es de cobardes, pelear de valientes pero en ese momento de que les servía pelear si de todas formas iban a morir. No eran derrotistas, ni resignados, eran inteligentes no pensaban con la cabeza pero si con el corazón. La pelinegra sonrió y abrazando a su madre y a su padre se dirigió a su casa.


3:00 p.m. En el Centro de la Ciudad

Un peliazul se elevaba sobre un gran edificio, concentrado toda su energía, logrando que su voz resonara hasta en el último rincón de la ciudad.

-La maldad se acerca-empezó-no puedo arriesgarlos a hacerle frente pero si pedirles que abran sus ojos, y escapen. No cierren sus corazones todavía tienen oportunidad de huir, de alejarse de aquí.

Unos cuántos ojos empezaron a salir de sus escondites, las personas sorprendidas por el chico flotante salieron de sus edificios. El chico se exasperó, en vez de estarlo viendo como a un extraterrestre, deberían moverse y alejarse de la ciudad. Un anciano que podría tener aproximadamente unos 80 años se adelantó.

-¿Nos prometes algo mejor?-preguntó el señor al chico.

-Eh-contestó Ariel incrédulo.

-Esta ciudad es todo para nosotros, todo. No podemos abandonarla pero tampoco podemos luchar contra la oscuridad. En ningún lugar estaremos a salvo y tú lo sabes bien. Solo nos queda esperar, esperar a la muerte. Pero no la vamos a recibir con tristeza, sino con alegría porque este no es el final de todo sino un nuevo comienzo.

El chico se sorprendió ante estas sabias palabras poco a poco la gente empezó a salir, prendieron radio, inflaron globos. La policía se unió a este gesto. En el centro se celebró una enorme fiesta. El peliazul descendió todavía confundido.

-No te sientas mal, sabes que no hay salvación para quien no quiere ser salvado. El mundo perdió la esperanza en ser protegido y ahora lo único que pueden hacer es sentarse a aceptar el castigo debido-una pequeña niña de cabello negro y ojos del mismo color hablaba mientras tomaba la mano de Ariel- Hiciste lo posible por salvarlos y ellos en el fondo te lo agradecen. Tú eres un ángel ¿verdad?

El peliazul no supo que contestar.

-Solo promete que cuando llegue allá arriba tu vas a estar para guiarme-hablo dulcemente la chiquilla y sin más se soltó de su mano y corrió por entre la muchedumbre.

Ariel derramo una lagrima de tristeza, personas inocentes estaba a punto de morir y el no podía hacer nada.

6:00 p.m. Sobre la ciudad de Hillwood

Belzemont veía como toda la ciudad estaba encendida. Las luces la iluminaban majestuosamente. Eso lo desconcertó. El demonio sabia que Ariel estaba con esas personas, a esa hora ya debían de haber intentado escapar pero todo lo contrario parecía que le daban la bienvenida burlonamente. Con rabia el demonio llamo a Azazel.

-Esta ciudad no va a ser un reto. Destrúyelo todo y acaba con las personas no quiero que nadie quede vivo. Luego arrojaré una bola de fuego para acabar con todo. No olvides hacer sufrir mucho a sus habitantes y sobre todo a Ariel y a los mocosos que la última vez me enfrentaron en la escuela.

El fiel sirviente asintió y envió a sus tropas para empezar el ataque.


6:00 p.m. Hillwood

Las personas corrían asustadas, otros resignados esperaban la muerte. Diabólicos seres emergían del averno para acabar con sus vidas.

En una pensión en la cual cierto cabeza de balón había vivido innumerables aventuras dos ancianos sentados en una habitación totalmente iluminada se dieron el último beso, beso que demostraba el amor que se tenían, beso que duraría hasta el final, beso que transmitiría sus espíritus hasta la eternidad. Malignas sombras entraron y les arrebataron la vida.

En lo que era la escuela un par de entrenadores observaban la escuela, la piscina y con una sonrisa esperaron por su desenlace final.

Pocos metros allá en donde estaba el imperio de localizadores, una muchacha rubia cerraba sus ojos con la foto de su familia en brazos, derramó una lágrima antes de que un demonio le cortara la cabeza sin piedad. Varias familias resignadas salieron a la calle y abrazando a sus hijos sintieron como el alma les era arrebatada.

En el parque de la ciudad, las parejas se habían unido para darse la última despedida. No hicieron el mínimo esfuerzo por defenderse sellaron su muerte con un beso. El señor Cocoshka besó la mano de su esposa y arrodillándose frente a ella susurró unas tiernas palabras "te amo". Poco después perdió la vida.

Una pelinegra veía las escenas entre lastimada y resignada, Gerald se acercó a ella.

Sendas lágrimas corrían por sus ojos, sabían que iban a morir. El moreno besó por primera vez aquellos labios que tanto le atraían, abrazó a la niña que desde un principio le había robado el aliento y continuó con el beso hasta que una sombra tomó su cuerpo poco a poco y le arrebató la vida.

Phoebe sollozó sobre el cuerpo del chico que había amado, sabía que pronto iba a estar a su lado. Cuando un demonio intentó matarla, sintió que alguien la abrazaba para protegerla, pero ¿Quién? En la ciudad ya no quedaba casi nadie vivo, sus padres habían sido los primeros en morir. Llorosa observó a la persona que trataba de cuidarla.

-¿Ariel?-susurró la pelinegra.

-¿Por qué Phoebe? ¿Cuándo esta gente perdió la fe? ¿Por qué se dejan morir así? Tanta resignación me enloquece. No luchan por su vida, por sus seres amados. ¿Por qué?

-No tienen porqué hacerlo-contestó la chica-los humanos somos así, vivimos en una monotonía tal que todo nos parece pre designado. Si hemos de morir, lo aceptamos y no luchamos por vivir. Quizá por eso toda la ciudad desistió de huir. Belzemont es la maldad pura, dime en donde se podrían esconder. ¿Dónde?

El peliazul tomo por los hombros a la pelinegra y sin esperar más le dió un beso. Sus bocas se juntaron, tanto que la chica sintió como parte del chico se fundía con ella. Fue algo mágico, algo dulce, algo puro.

Al separarse Phoebe observó interrogando a Ariel.

-Eh sufrido mucho, perdí a mi hermana, perdí a mi protegido pero tú y Gerald en pocas horas me demostraron lo que era el amor. Estoy seguro que se merecen una nueva oportunidad. Todos ustedes que defendieron su corazón, que prefirieron el amor a la violencia, personas como ustedes no merecen morir así. Phoebe, Helga te va a necesitar, tú mereces la vida más que yo. Solo dile a Li que a pesar de que físicamente no esté junto a él siempre lo cuidare y ese ser especial que él tanto quiso también.

-¡¿Porque hablas así?!

-La vida es el obsequio más hermoso que alguien puede tener. Tienes todo derecho a ella. Cuídate amiga. Cuídate-sonriendo el peliazul observó al cielo donde le pareció ver la hermosa sonrisa de su hermana.

Una inmensa bola de fuego se abalanzo sobre la ciudad haciendo estallar edificios y matando a todo ser viviente

Phoebe solo atinó a cerrar sus ojos, sintió como las llamas la traspasaron pero para su confusión no murió.

Lentamente abrió los ojos, lo que vio la dejó destrozada.

Su ciudad, la gran Hillwood había desaparecido. Miles de inocentes habían muerto. Belzemont se elevaba triunfante sobre ella y tranquilamente se sentó sobre un quemado edificio a esperar la llegada de sus enemigos. La pelinegra entendió lo que había hecho Ariel. Le había dado su poder, su vida. Miles de cadáveres chamuscados quedaban por las calles, los demonios y las sombras ya no estaban pero sí un inmenso camino de muerte. La chica no paraba de llorar, un anciano abrazaba a su nieto y así había muerto, su cadáver lo decía todo. Más allá una cuna completamente incinerada daba entender que su pequeño ocupante se había quemado. Un olor nauseabundo a muerte se propagó por la ciudad. Phoebe no aguanto más.

-¿Porqué? ¿Porque seres inocentes? Ellos no tenían nada que ver. ¿Por qué?-sollozó la niña recordando a sus padres, a su novio, a sus amigos, a sus vecinos, a todas las personas-¿Helga donde estas? No me dejes sola por favor, no en esta realidad. ¡HELGA!


Y con esto terminamos el capítulo número 22 de esta interesante historia...

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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.