~Esperanza para Hyrule~
Capítulo 1: -Zelda-
-DISCLAIMER-
The Legend of Zelda no me pertenece. Es propiedad de Eiji Aonuma y Nintendo. Esta historia no tiene fines de lucro; solo escribo como pasatiempo. La imagen tampoco me pertenece, los créditos van a su respectivo autor.
El castillo estaba completamente destruido. Las bolas de energía oscura temblaban por todo el lugar y los sonidos de las espadas chocando ensordecían sus oídos.
Ambos estaban gravemente heridos, y a pesar de que él era un anciano sin remedio, peleaba con una fuerza inimaginable.
—Nunca creería que te volvería a ver —dijo el asesino del padre de Zelda, con una sonrisa sádica.
Las vainas de ambas espadas comenzaban a desgastarse. ¿Cuál se rompería primero?
—No me importa tu opinión, Ganondorf —mencionó con odio su nombre. —¿Cómo escapaste del reino sagrado?
—¿Y tú como escapaste del bosque perdido? —río salvajemente. Estaba confiado en que lo derrotaría. —Pero responderé a tu pregunta; probablemente la última que vayas a hacer en tu vida.
Ganondorf lanzó con su mano libre una enorme bola de energía oscura, en donde surgió una fuerte pelea por quien recibiría el golpe, como en aquellos tiempos.
Ganondorf acabó esquivándola.
—Todavía recuerdas mis trucos, ¿hm?— comentó. —Todavía no me puedo creer que esos estupidos sabios me encerraran en esa posilga. Eran tan débiles, que no me tomo ni cinco minutos matarlos uno por uno para escapar; especialmente la niña kokiri... era tu amiga, ¿verdad? Debiste ver como decía tu nombre mientras agonizaba...
—¡Maldito...!— gritó. Sintió un piquete en su pecho, e instintivamente miro su brazo. La maldicion estaba esparciéndose muy rápido. Su mano era más ligera; se estaba volviendo un Stalfo. Pero eso no le impidió correr hacia Ganondorf para darle un fuerte estruendo con su espada, que ante tal golpe se rompió, pero antes logró darle una horrible herida por toda la cara al gerudo. Retrocedió con agilidad antes de que él pudiera contraatacar. Inmediatamente saco una máscara que estaba dentro de su pechera y se la colocó. Sintió un terrible dolor, pues ya no era tan joven como para soportar la dolorosa transformación ósea que una vez sintió. Su espada se había reemplazado por una con doble hélice, y su ropa se había vuelto blanca; era la fiera deidad.
Volvió a reírse, quitándose la sangre de la cara. La batalla por fin se había convertido en un verdadero reto para el. —... ¡Ven a enfrentar tu destino, HEROE DEL TIEMPO!
El castillo estaba en un silencio inquietante.
En la sala del trono, yacía un ente maligno y sanguinario apuntando con su espada a quien una vez habían llamado el héroe del tiempo. Había ganado.
La máscara estaba en manos del temible ser, quien la destruyo con facilidad.
—Se debe de sentir horrible aquella maldición, ¿verdad?— le preguntó apreciando cada expresión de dolor y sufrimiento.
—Vete al demonio, Ganondorf— exclamó entre respingos y espasmos de dolor.
Su cara poco a poco se estaba volviendo esquelética, y ni hablar de lo que sentía. Ganondorf le había proporcionado una estocada final justo en el pecho, acelerando gracias a su espada maldita, la maldición que lo acechaba.
—Y pensar que me derrotaste tiempo atrás, Link...— enterró más su espada. Link gritó, pero su voz se estaba distorsionando a una más opaca, a una más muerta. —Y además, la abandonaste a ella.
—¡S... Silencio!
No... No la había abandonado... Ella seguía con el, aunque fuera solo un sentimiento en su corazón.
Quería llorar, pero era muy tarde. La maldición se había apoderado completamente del el. Estaba muerto, las emociones ya no eran parte de el.
Su visión se oscureció. Su alma fue apoderada por un muerto viviente; un Stalfo, que probablemente fue aniquilado fácilmente por Ganondorf.
Se dejó caer en la completa oscuridad que ahora lo inundaba.
O eso creía el.
No sabía que estaba pasando. Cuando se pronosticaba un hermoso día soleado y lleno de alegría, terminó siendo una terrible pesadilla.
Zelda había terminado su dura sesión de entrenamiento de magia para principiantes, por lo cual fue a visitar a su padre quien se encontraba en la sala del trono, como siempre.
Cuando estaba por mostrarle todo lo que había entrenado, el instintivamente se paro delante de ella.
No lo entendía, pero cuando hubo un gran estruendo, noto que su padre estaba en el suelo, cubierto de sangre.
La herida que había en su pecho era horrible, dolorosa, de procedencia oscura.
Todavía no asimilaba lo que estaba pasando. El levanto su mano con esfuerzo y la posó en la mejilla de su hija.
—Z...Zel...da...— dijo con dificultad.
Entonces su mano cayó, pesada, sin vida.
Las lágrimas comenzaron a salir violentamente de sus ojos. No lo entendía, no quería entenderlo; sabía que ocurría, pero quería negarlo.
—¡Padre...!
Se levanto sudorosa con un sudor seco en la frente.
—Por las diosas... Otra vez.
Se levanto con dificultad y tomó de su mesa de noche un espejo.
Sus ojos estaban rojos e inchados; había llorado durante su dormir.
Zelda ya no era una niña, sino una joven de 19 años. Dio un gran suspiro y se dejó caer pesada en su cama.
El olor a viejo y árboles húmedos fue lo primero que le dio la bienvenida.
Había vivido tanto tiempo ahí que ya estaba acostumbrada; no como hace años, donde no soportaba el olor de su habitación, o más bien, de todo el lugar.
Cuando las cosas se habían calmado, Impa decidió comenzar a entrenarla para convertirse en una sheikah, justo como ella. Decía que le serviría mucho pues el mundo, con el regreso de Ganondorf, se había vuelto peligroso. A diario los soldados del gerudo recorrían por el día y noche toda la planicie de Hyrule para conquistar las guaridas de las resistencias, y especialmente a la heredera de la trifuerza de la sabiduría. Pero esto suponía ningún problema pues los mejores magos habían construido barreras mágicas por todo el lugar, para confundir a los ejércitos y llevarlos a lugares equivocados.
Con el paso de los años, Zelda se había convertido en una sheikah casi a la par de Impa.
Su vestimenta era un traje un poco ajustado (que le incomodaba en ocasiones) blanco. La pequeña bufanda que decoraba su cuello era rojo y las hombreras de cuero, junto con el símbolo sheikah en su pecho, eran de un color azul.
El templo del bosque estaba libre de monstruos gracias al héroe del tiempo, quien heroicamente rescató a la sabia del bosque. El templo parecía como una mansión enorme, aunque estaba claro que habían ciertas áreas donde no podía entrar; como el enorme pasadillo que por arte de magia, estaba retorcido. Le daban escalofríos entrar ahí.
Impa y Zelda solo usaban la parte principal y el enorme jardín que había ahí. Su cuarto estaba ubicado en ese enorme jardín, en un balcón que solo se llevgba escalando las enredaderas de la pared.
Muchas veces solía salir del templo a Kakariko para comprar alimento y e incluso distraerse un poco, usando la ocarina que Impa le encomendó. Solo podía salir gracias a las únicas dos canciones que le enseñó, una que quedaba a las entradas del templo y otra para llegar a los pies del cementerio de Kakariko.
Ese día Impa se había ido a la tribu de los Goron, como hacía habitualmente. Cuando Zelda preguntaba qué era lo que hacía allí, Impa solo le respondía:
—"Tengo que checar unos asuntos".
Le irritaba no saber, ya que se sentía como inútil estar todo el día si hacer algo. ¿Acaso su arduo entrenamiento como sheikah era para defensa personal?
Quería ayudar, ayudar en todo lo posible. No estaba en su mente quedarse sin hacer nada mientras que Ganondorf, el malvado rey tirano, hacía de las suyas.
Zelda se había enterado de todo lo ocurrido cuando su insistencia con Impa sobrepasaba lo inimaginable.
Ella poseía la trifuerza de la sabiduría, algo que Ganondorf anhelaba junto con la del valor, cuál poseedor era un completo misterio; nadie sabía quién era el héroe destinado a derrotar a Ganondorf, y estaban desesperados. Nadie podía hacerle frente, excepto él, puesto que era el único capaz de empuñar la espada que repele el mal.
Especialmente en Kakariko, habían tirado la toalla en encontrarlo. Comenzaron a creer que eran puras mentiras, y que vivir escondidos en la miseria era su destino.
Zelda no creía eso. Ella lo encontraria sin importar que, y como la princesa de Hyrule que era (Ya no más, ese título lo había perdido hace mucho), lo guiaría en su travesía, e incluso lo podría ayudar gracias a sus nuevas habilidades.
Después de arreglar su pelo en una cola de caballo, la cual dejaba dos pequeños mechones de cabello en cada lado, sacó su ocarina de su bolsillo y comenzó a tocar la canción que le llevaba al cementerio. Era bastante misteriosa y oscura, algo que le encajaba muy bien a Impa
En un abrir y cerrar de ojos apareció en el cementerio de Kakariko.
Se dirigió al pueblo saltando de tumba en tumba con agilidad, sin importarle que la gente que estaba ahí la mirara. No es que fuera necesario, pero se le hacía más divertido hacerlo a su manera.
Llegó a la panadería de Kakariko, donde compro un simple buñuelo con una botella de leche Lon Lon. Se fue a sentar a costados del pozo que había allí y comenzó a comer.
Una gota.
Dos gotas.
Había comenzado una tormenta.
—Genial, otro día lluvioso— dijo para sí misma. Apenas empezaba el día y el clima ya había comenzado a descargar su ira.
Ella recordaba que años atrás, los días eran magníficos; soleados y agradables. Ahora eran lluviosos y grises. ¿Era obra de las diosas?
Su pensar fue interrumpido por un gran estruendo a la entrada de Kakariko.
Una de las tropas de Ganondorf había encontrado Kakariko, a pesar de las barreras mágicas que habían puesto.
Todos ellos estaban montados en jabalíes salvajes, los cuales corrían sin control por todo el pueblo. Los soldados mientras tanto, aniquilaban sin piedad a todo aquel que estuviera en su paso.
La gente que se había dado cuenta, corrió en dirección a sus casas para encerrarse en ellas y esperar en no caer con un terrible destino.
Zelda no tardó en actuar, e inmediatamente con su bufanda se tapó la boca y nariz, para ocultar lo más posible su identidad.
Sacó dentro de las vendas que tenía en sus muslos, pequeñas dagas las cuales comenzó a arrojar a los jabalíes. Soltaron un chillido, ignorando los azotes de sus jinetes, los cuales corrían a todas las direcciones hasta estamparse con una pared.
Habían unos cuantos Goron ahí, quienes se habían unido en la batalla, al igual que unos cuantos hylianos que todavía tenían una pizca de valentía en sus corazones.
Cuando las dagas se habían acabado, Zelda comenzó a embestir por sorpresa a los jinetes que se habían acabado sin jabalí, entre las sombras. Cada vez quedaban menos, hasta que un grito desgarrador tomó por sorpresa a la rubia.
En dirección al cementerio, estaba a quién podría identificarse como el capitán; su armadura era completamente negra, y estaba cargando a una pequeña niña la cual lloraba aterrorizada.
Tomó camino adentrándose al cementerio, con Zelda persiguiéndolo.
Gracias a la violenta lluvia, fue complicado para ella acelerar su persecución.
No podía ver nada cuando llegó al cementerio. Las gotas de la lluvia eran muy espesas y eso le impedía identificar al tirano.
Escucho el grito de la niña una vez más, el cual la guió hasta una de las tumbas que se encontraba abierta. El jabalí del caballero había desparecido, pero poco le importó; los gritos de la niña provenían de ahí.
Entró con un poco de dificultad hasta llegar a lo que parecía ser un cuarto de grandes dimensiones, con bastantes columnas sirviendo de apoyo.
Agudizó su oído cuando escucho unos cuantos sollozos. Entonces detrás de una de las columnas, encontró a la niña. Estaba atada, y permanecía sentada observando con terror a la Sheikah.
—Shhh...— la intentó calmar. —Todo está bien... Ya estás bien. Te sacaré de aquí, ¿ok?
Lo que no esperaba la hyliana fue que esa niña, cuando fue liberada de sus ataduras, le brindó una enorme patada en el estomago que la impulsó hasta la pared.
—¿¡Pero qué...?!
—¿Nunca haz oído de las ilusiones, querida?— le dijo. Su voz no era propia para una niña, sino era la de una mujer.
Comenzó a cubrirla una niebla violeta, y el olor que esta desprendía era uno a rosas, pero no era agradable, puesto que estaban demasiado perfumadas.
De la niebla salió una mujer pálida y bastante alta. Llevaba un vestido negro muy revelador, el cual dejaba en descubierto bastante parte de sus busto. Sus labios estaban maquillados de negro, al igual que sus pestañas. Lo que más le había llamado la atención a Zelda fueron sus ojos; estos eran morados, uno muy oscuro, que no mostraban ningún brillo, como si estuvieran muertos.
—Debo de admitir que esa estúpida barrera de principiantes me tomó tiempo de desmantelar— dijo, mirando con vanidad sus uñas. —Y tú, cariño, tienes en posesión algo muy peculiar, ¿no es así? Puedo sentirlo.
Se sorprendió más de lo que ya estaba. ¿Quién era ella? ¿Y cómo es que sabe que tiene la trifuerza de la sabiduría? Bueno, todavía no lo confirmaba, pero era una corazonada.
Le dolía el estómago, gracias a la patada que le propicio aquella mujer. Le tomó tiempo volver a levantarse, y la mujer la miro con diversión.
—¿Quién eres?— le preguntó Zelda.
—Hmmm... ¿Quién sabe?— exclamó haciendo una expresión de misterio con las manos. —Mucha gente me llama la bruja oscura... Otros me llaman la misma muerte... Hmmm... Aunque solo soy una simple discípula de Ganondorf.
Hizo una exagerada reverencia, y miró a Zelda con una mirada asesina, sonriendo.
—Me puedes llamar Dichter, la maga oscura. Aunque claro, no estarás viva para volver a mencionar mi nombre.— dio una traviesa risita.
De inmediato ella lanzó de su mano un potente ataque, el cual se manifestaba en una espesa niebla morada, exactamente como la que la cubría momentos atrás.
Zelda alcanzó con esfuerzos esquivar el ataque. No tendría tanta suerte la próxima vez.
Entonces el techo comenzó a colapsar, ya que el ataque que había lanzado la maga oscura destruyó varias de las columnas. Pero sorpresivamente a ella no le importaba, puesto que los escombros que le caían se convertían en humo. Zelda descartó la posibilidad de hacerle frente.
Por su parte, un pedazo de piedra se estrelló contra su pierna izquierda, causando que la hyliana soltara un grito de dolor.
Cuando notó que Dichter estaba cada vez a pocos metros de ella, inmediatamente saco una bomba de humo y la arrojó con todas sus fuerzas. El humo que se esparcía por todo el lugar, había cegado por completo a la bruja, dándole a Zelda una oportunidad de escapar.
No podía correr; necesitaba apoyarse en la pared para caminar debido a su herida en el estomago (probablemente se había roto una costilla), y cojeaba gracias a que su pierna izquierda probablemente también estaba un pésimo estado.
Con un gran esfuerzo, trató de subir las escaleras para salir. Estaban mojadas, gracias a la tormenta que había afuera, lo cual se volvió otro obstáculo más para salir con vida.
Cuando su mano por fin había tocado el (también mojado) césped del exterior, una mano tomó su pierna. Gritó por el fuerte apretón, puesto que era la pierna que tenía herida. Las uñas de la mujer se enterraron en su pierna; eran muy largas y afiladas.
—Que niña tan tonta...— comentó la maga oscura. —Te arrastraré hacia la oscuridad conmigo, si no te molesta.
—¡Suéltame...!— gritó, fallando en soltarse de su agarre. Era muy fuerte.
Entonces ocurrió algo que no se esperaba.
El dorso de su mano izquierda comenzó a resplandecer de un color dorado, uno deslumbrante.
Dichter gritó de agonía cuando los rayos de luz alcanzaron su rostro, al mismo momento en que su cara se esparcía en la neblina morada que la componía.
Su agarre disminuyó, dándole una oportunidad a Zelda de golpear su mano para salir.
—...¡No creas que escaparas de mi, niña!— gritó dentro de la tumba.
De esta, el humo violeta comenzó a salir, cosa que alteró los sentidos de Zelda. Sintió pánico.
Se estaba tardando en materializarse, debido a que el brillo de la trifuerza había debilitado a la bruja.
Se adentró hacia el bosque que rodeaba el cementerio lo más rápido que podía.
La lluvia era mucho más fuerte, y no tardó mucho para que estuviera totalmente empapada. Se quitó un mechón mojado de la cara y continuó corriendo.
Tenía una sensación de que esa mujer la estaba persiguiendo, y que aparecería en cualquier momento.
Volteó hacia atrás cuando escuchó el sonido de una risita.
Grave error.
Tropezó con una rama y cayó de un precipicio.
Rodaba y era golpeada por las ramas que estaban delante suyo, rasgando su ropa y su piel.
Gracias a que la tierra estaba completamente mojada, impidió a Zelda tomar control de la situación.
Cuando por fin había terminado la bajada, no podía moverse.
Las gotas de agua le caían en todo el cuerpo, más sin embargo ya no podía sentir nada.
Lo único que vio antes de caer inconsciente fue una luz celeste enfrente suyo, acompañada del rostro de un hombre que la apuntaba con una linterna.
En el siguiente capítulo: -Link-
Hola, Zekell aquí con un nuevo capítulo.
No se que me pasó el anterior capítulo, que escribí algo que debía escribir en este capítulo... Pero ya lo corregí. Eso no tiene nada que ver con la historia, asi que no hay nada de qué preocuparse de todos modos. Era sobre la apariencia de Zelda. No tengo ni idea si me di a entender, pero me quería basar a una Skin que tiene sheik para Smash Bros, que me gustó mucho. El único detalle es que no lleva el gorrito, ni la trenza, ni los ojos rojos ni... el Genderbent. (Aunque se nota mucho en el último smash que es mujer, así que no importa).
Ahora sobre la apariencia de Dichter (saqué el nombre a base de una palabra en alemán x'D), saqué unas pocas ideas de un personaje de un anime llamado Soul Eater (Busquenla por el nombre de Arachne si gustan). Quería darle una actitud como esas villanas que son muy elegantes.
¿Qué les parecio? El heroe del tiempo ya se transformo en la sombra del héore, y Zelda conoció a una de las antagonistas (tomenlo como si fuera uno de los bosses finales de la historia). Todavía me faltan 2 más por agregar. Ya se han de imaginar quién se encontro a nuestra moribunda Zelda. ¿Que pasará?
Dejen una review si es de su agrado. Leerlas me alentó a ponerme a escribir de inmediato; por eso el capítulo seguido. Aunque probablemente al día siguiente no vaya a actualizar, puesto que es un día muy ocupado para mi, al igual que toda la semana entrante (Examenes finales del demonio... si tan solo fueran sobre anime o videojuegos...).
Así que agradezco a: kamilatancha06, LinkAnd0606 y a un Guest que se molestaron en dejarme una review (El último aunque me haya dejado una carita feliz nadamás), se agradece.
Y si alguien nota un error, porfavor avisenme. Aunque me ponga a leerlo 20 veces, siempre existe alguien que pueda ver algo que yo no.
Bueno, hasta el próximo capítulo.
:]
