"Y tercero: acabas de llegar al mundo real"
―¿Mundo real?... ¿Cómo que el mundo real, pos qué Santa Cecilia era de mentiras o qué?
Con la confusión incluso el agua fría dejó de molestarle, en cambio Hiro había regresado al silencio.
―Contéstame por favor
Miguel se veía cada vez más asustado y confundido pero Hiro permanecía indolente ante su expresión, lo observó en silencio unos minutos hasta que un ligero murmullo le hizo cambiar de opinión, provenía de un pequeño aparatito que Hiro llevaba en la oreja izquierda, algo le estaban diciendo en ese idioma extraño y debió de ser importante porque al instante cambió su actitud, comenzó a sonreír y hablarle en un tono dulzón, aunque de cierta manera no sonaba sincero, más bien era como si solo estuviera repitiendo una rutina ensayada.
―Tranquilo, todo va a estar bien ― Le palmeó la cabecita un par de veces de forma mecánica ― Vamos a limpiarte.
Hiro volvió a teclear en el aire y la regadera se accionó de nuevo, esta vez con agua tibia y un flujo más agradable.
―También tu ropa ― Tecleó un par de veces más y del suelo surgió una plataforma redonda con una muda de ropa para él. ― Si quieres puedo dejarte a solas para que lo hagas, te estaré esperando afuera.
Sin mayores explicaciones, Hiro salió por una puerta que se abrió de repente en un costado de la habitación. Miguel esperó unos segundos luego de que se fuera y se acercó para mirar más de cerca, la pared estaba completamente lisa y sin rastro alguno de la puerta. Parecía que en aquel lugar todo se generaba de la nada y se esfumaba con la misma facilidad con la que llegaba. No parecía haber alguna forma de salir de ese lugar así que decidió que lo mejor sería obedecer.
Se quitó la ropa y comenzó a lavar su cuerpo, el tacto del agua era agradable después de todo el ajetreo del viaje, aunque no podía evitar temer que alguien le estuviera observando en secreto por lo que procuraba siempre cubrirse con las manos. Cuando al fin se sintió limpio pensó en apagar aquel aparatejo pero no tenía ni la más mínima idea de cómo hacerlo, aunque para alivio suyo el agua se detuvo por sí sola , siendo sustituida por una ráfaga de viento que le sirvió como secador.
Se vistió con la ropa que le habían dejado, era blanca y de una tela suave, como una sábana, dejó su ropa sucia sobre la misma plataforma y está fue engullida por el suelo. Trató de recuperarla pero nuevamente la superficie era tan lisa como si la plataforma nunca hubiera existido.
Una vez listo comenzó a preguntarse cómo iba a salir de ahí o siquiera avisarle a alguien para que lo sacara.
—¿Hola?
Aguzó el oído por si alguien le respondía, pero nada. Aún con un poco de recelo se acercó a la pared por dónde Hiro había salido y pensó en golpearla como si fuera una puerta, aunque no tuvo que hacerlo pues apenas acercó su puño una nueva puerta se abrió para él, jamás iba a entender cómo funcionaban esas cosas, casi parecía que tenían vida y conciencia propia.
Afuera las cosas no eran muy diferentes a aquella habitación, todo lo que podía ver era un largo pasillo que se extendía hasta donde su vista no alcanzaba, todo era de ese color blanco inquietante que le daba un aire triste e impersonal a las cosas, era un espacio cerrado pero estaba bien iluminado, Miguel no consiguió identificar de donde provenía, quizás todo brillaba, quizás nada lo hacía. Su cabeza estaba tan revuelta que por ahora no era capaz de procesar nada con claridad.
—¿A dónde vamos?
Luego de caminar en silencio por largos minutos se animó a hablar de nuevo, pero Hiro seguía sin responder, solo estaba ahí con esa tétrica sonrisa falsa. Miguel hizo una mueca ya se estaba cansando de no entender nada.
—Sé que puedes entenderme…
Nada.
—¿No vas a hablarme?
Las paredes parecían mucho más expresivas que aquel chico en ese momento, al menos ellas hacían ruiditos y sacaban cosas extrañas de vez en cuando. Miguel se detuvo en seco, ya estaba comenzando a enojarse, si nadie ahí le explicaba nada ¿Por qué tenía que dejar que lo trajeran allá para acá como un monigote?. Se sentó en el suelo, justo en medio del pasillo, dispuesto a quedarse ahí hasta recibir una respuesta. Hiro también se detuvo pero ni siquiera lo volteó a mirar.
—De aquí no me mueven hasta que alguien me dé una explicación
El otro ni siquiera se molestó en discutir, llamó alguien a través del aparatejo de su oreja y en un segundo la pared al costado de Miguel comenzó a inflarse para dar vida a una especie de hombre-malvavisco.
—Hola, mi nombre es BYMX-006 y estoy aquí para ayudarte.
Sonó una voz robótica, aunque el hombre malvavisco no parecía tener boca, solo un par de ojos negros que le miraban con insistencia. Antes de que Miguel pudiera decir cualquier otra cosa BYMX-006 lo levantó en brazos sin esfuerzo alguno.
—¡Hey! ¡Espera, bájame!
Tratar de patalear era inútil, el material de BYMX-006 era tan suave que terminaba por absorber todos sus golpes, finalmente, agotado, se rindió y dejó que el malvavisco lo cargara. Hiro miraba la escena con una sonrisa triunfal, la primera que parecía autentica desde que Miguel le había visto.
—Baymax, hay que llevar a nuestro amigo a inducción, luego una habitación que tenga cupo.
Continuaron su camino mientras BYMX-006 decía varias frases que parecían pregrabadas. Repitiéndolas una y otra vez como un disco rayado.
"La felicidad universal mantiene en marcha constante los engranajes de la sociedad"
"La estabilidad y el progreso se fundamentan en la búsqueda del bienestar colectivo"
"La felicidad es patrimonio de todos"
La voz lenta y monótona solo hacían que aquello sonara más extraño, a Miguel le daba grima. Finalmente llegaron hasta la pared que marcaba el final el pasillo, Miguel apenas podía creer que lo habían recorrido por completo, bueno, sin relojes ni la luz del sol para guiarse, era sencillo perderla noción del tiempo, finalmente BYMX-006 dijo algo distinto.
"El Proyecto Huxley está diseñado para contribuir a un objetivo mutuamente provechoso"
De nuevo surgió una puerta de la nada, la habitación era esférica por dentro, estaba oscura, apenas entraba un poco luz del pasillo, y solo tenía una silla al centro en la que Miguel fue puesto con delicadeza por BYMX-006.
"El Proyecto Huxley es la salvación"
Fue lo último que dijo antes de salir y dejarlo de nuevo en la penumbra.
