CAPITULO 23: EL REGRESO. UNA TRISTE REALIDAD.
Tras largas horas de correr en ese inmenso pasillo, al fin se divisaba una luz al final de esa oscuridad. A pesar de que el ambiente no era escabroso, las flores no eran rosas espinosas, las paredes no tenían sangre y el camino no tenía huesos para Helga, estar en un lugar al que no consideraba grato obviamente por lo vivido allí, era desesperante.
-¡Espera!-suplicó el pequeño rubio que la acompañaba-Estoy cansado, deberíamos parar para descansar.
-Es que tu no entiendes-siguió corriendo la chica hacia esa luz-No podemos perder tiempo
-¿Qué te pasa eh? Desde que despertaste has estado muy extraña, ahora me vas a decir lo que te está pasando o no me muevo de aquí.
El rubio se paró preocupado por la angustiada actitud de su amiga. Al oír que Li estaba allí creyó que la pequeña aun seguía soñando sin embargo por no perturbarla le siguió la corriente mas al verla buscar de arriba para abajo en la cueva y de manera tan exaltada se preocupó. Eso era demasiado para tratarse de una simple alucinación.
-¡Shaoran!-sollozó la pequeña sintiendo una presión en su corazón.
-¿Es por él? ¿Por el me estas llevando a rastras por este lugar después de que te cuide y vele por ti todo ese tiempo?-preguntó indignado el joven.
-No es eso… es solo que…
-No puedo creer esto. Helga tu sabes lo que siento por ti. Cada vez me propongo luchar por tu amor, por recuperar lo que una vez fue mío pero parece que estuviera nadando contra corriente. Siempre esta Li entre nosotros. Incluso ahora que no está aquí. ¿Por qué? Se sincera por favor, ¿tengo o tendré una oportunidad contigo algún día o no?
-¡Basta!-se enfureció la ojiazul- ¿De verdad crees que este es el momento para hablar de eso? Estamos atrapados en esta cuerva, la única salida esta frente a nosotros y tú te detienes por celos.
-No has respondido mi pregunta
Los dos se observaron en silencio durante un momento. Para Arnold de esa respuesta dependía si continuaba o no luchando por su amor. Él sabía que había cometido un grave error con su amiga, desde pequeño la admiró, cuando llego al jardín de niños intento acercarse para ser su amigo pero ella lo alejó con su agresividad. A pesar de esto él siempre la defendía, aunque no siempre hacia la mejor de las acciones, él siempre la cuidaba y velaba porque nadie la lastimara, aconsejándola y guiándola por el camino correcto; sin embargo cuando supo lo que ella sentía por él, la alejó.
Sintió miedo, vergüenza, confusión. Se podría decir que fue cobarde. No se imaginaba a esa niña ruda, fuerte y grosera enamorada de alguien como él, rápidamente buscó una salida fácil y cuando supo que Lila correspondía a su amor se aferró a ella cometiendo el peor error de su vida. El chico sabía que esto le había dolido a su compañera, la lastimó mucho pero él no creía merecer el castigo de haber perdido para siempre su amor, sobre todo después de haber descubierto que él también la amaba. Él quería ser quien la cuidara, quién la hiciera reír, quién la acompañara a hermosos lugares, quién limpiara sus lágrimas de dolor con hermosas caricias pero al parecer ella no pensaba en eso.
-¿Sabes por qué estoy preocupada por Shaoran?-preguntó la joven interrumpiendo los pensamientos del cabeza de balón.
-¿Por qué lo amas?-respondió dudoso el rubio.
-Porque cuando según tú, me desmayé. Tuve que enfrentar mis temores por encontrar este collar-señaló la chica-Y sabes ¿con quién tuve que pelear para despertar de mi supuesto sueño?
-¿Contra quién?-interrogó el cabeza de balón.
-Contra Shaoran
-Pero eso no puede ser. Él no cayó con nosotros. Ni siquiera estaba en el muelle-razonó el pequeño, reacio a creer.
-Pues al parecer sí, pero lo peor no es eso, para tomar esta cosa y reaccionar tuve que defenderme de sus ataques a tal punto que casi logra matarme...
-¡¿Ese desgraciado te hizo algo?!-se enfureció el chico.
-¡Cállate! Ese desgraciado como tú lo llamas prefirió atravesarse con su propia espada antes de herirme. Por eso estoy preocupada, por eso lo busco y francamente Arnold este no es ni el lugar ni el tiempo para andar hablando de sentimentalismos cuando él está agonizando quien sabe en qué lugar de esta cueva.
El rubio guardó silencio, entonces por eso la chica iba revisando cada rincón oscuro de ese lugar, no era porque estuviera loca o algo así, era porque esperaba encontrar el cuerpo del castaño.
Comprendiendo esto supo que había hecho el ridículo. A pesar de su rivalidad con Li no quería verlo morir y si había una posibilidad de que estuviera vivo, lo encontrarían.
Helga observo al rubio, al fin había entendido. Los dos echaron a correr hacia la luz.
-No entiendo algo-habló el chico tras la pequeña.
-¿Qué?
-Si Li esta herido y aquí, lo lógico no seria que hubiese aparecido junto a ti cuando despertaste.
-Tienes razón, pero recuerda que él no estaba junto a nosotros cuando caímos a este sitio. Por lo que entendí a él lo atrajeron aquí, entonces si no está en ninguno de los lugares que revise puede que este al final de este pasillo.
Arnold asintió, cada vez que hablaban del castaño se sentía peor, uno por la expresión de desolación de su amiga y otro porqué muy en el fondo sabia que él le había ganado la partida.
La luz que estaba al fondo se aclaró mostrando un inmenso hoyo por el cual una persona podría traspasar. Debajo de este la silueta de un cuerpo yacía sobre el verde suelo. Tanto Arnold como Helga se percataron de esto, sabían bien de quién se trataba.
El corazón de la rubia latía a mil por hora, recordaba muy bien que el chico había muerto, pero eso fue durante esa extraña lucha entre el collar y ella; así que aun guardaba la esperanza de que el estuviese vivo. Además las palabras de la mujer de cabello negro rondaban en su cabeza.
"Ahora todo queda en tus manos y en las de tu amigo. La batalla final los espera"
Eso era lo único a lo que se aferraba para no tener que enfrentar la pérdida de alguien más en su vida.
Rápidamente el rubio se acercó, viró el cuerpo del chico que se encontraba boca abajo y acercó su oído al corazón. Nada. Su cara estaba moreteada, el brazo traía varias heridas y a plena vista se veía que estaba roto, en cuanto internamente nadie sabía cómo se encontraba. Arnold palideció. El muchacho no tenía pulso, ni siquiera una pequeña bocanada de aire salía de él. Aparentemente estaba muerto.
-¿Qué pasa?-preguntó la joven viendo la asustada expresión de su amigo.
-Helga lo siento, él esta, bueno, él no tiene pulso, ni siquiera respira-contestó el pequeño.
Una lágrima corrió por el rostro de la chica quien llorando se acerco al castaño. El dolor que sentía era indescriptible. Lo había perdido. Al único que la ayudó a salir de la oscuridad que la rodeaba, al único que la apoyó y protegió. Con tristeza recostó su cara sobre el pecho del chico y empezó a llorar.
Arnold mientras tanto veía triste la escena, a pesar de todo Li no tenía la culpa. En un principio quien alejó a Helga fue él, el castaño no hizo más que apoyarla. Jamás había presenciado la muerte de nadie cercano, ni siquiera la de sus padres por lo cual ver al niño en ese estado le dolía y lo angustiaba.
El aro de salida brillo con intensidad y empezó a cerrarse. El rubio se percató de esto.
-¡Helga tenemos que salir de aquí!
-No pienso ir a ningún lado-se abrazó la muchacha al cuerpo del pequeño.
-Sé que es duro, pero piensa en los demás. Te necesitan, te necesitamos. Por favor ven conmigo-se acercó el rubio tomando por un brazo a la chica.
"Libera a la tierra de su horrible destino. Vence a Belzemont"
Las palabras del castaño resonaron en la mente de la joven quien tras desahogarse y reunir fuerzas para alejarse de quién tan valioso era para ella, entendió que el sacrificio de su amigo no sería en vano y se incorporó dándole un pequeño beso a Li en la frente.
-Adiós Shaoran-susurró la chica.
Lentamente los rubios se encaminaron hacia la luz, cuando estuvieron a punto de cruzar, una voz, conocida para Helga y desconocida para Arnold llamó su atención.
-La batalla final los espera, a ti pequeño rubio el deseo de proteger al ser amado te guiara al camino que deberás seguir, a ti Ángeles el amor que se vive en el ahora y no en el pasado te ayudará a encontrar la solución a la maldad y a Gabriel el sacrificio y los deseos de proteger a Ángeles ayudaran a que abra su mente.
Después de esto una extraña mezcla de luces de colores se posaron encima del pecho descubierto del castaño, de un momento a otro el chico escupió una inmensa cantidad de agua volviendo a caer inconsciente. Helga al ver esta reacción, se abalanzó sobre él y comprobó que en efecto ahora respiraba.
La salida empezó a reducirse cada vez más.
Rápidamente la rubia llamo a su amigo que aun trataba de entender la voz escuchada y con esfuerzo tomaron el cuerpo débil de Li atravesando la luz antes de que desapareciera. Tras ellos un leve suspiro con un "cuídense", se escuchó.
El portal por el que habían cruzado era básicamente otro pasaje en forma de espiral con luces multicolores, Arnold empezaba a marearse aunque no sabía si era por las luces o por el peso del castaño.
-Helga, ¿puedo preguntarte algo?-interrogó el rubio.
-Es evidente que ya lo has hecho, cabeza de balón-sonrió la ojiazul. Después de saber que su amigo no había muerto, su humor mejoro mucho.
-¿De quién era la voz que escuchamos en esa cueva?
-No lo sé, cuando recuperé la cadena me dijo que era una especie de guardián. Supongo que el padre de Ángeles no era ningún tonto por lo que dejó bien custodiado el último de los objetos-razonó la muchacha.
-El solo pensar que una batalla inmensa esta por desencadenarse en nuestro mundo me asusta.
-Para ser sincera, a mí también me da miedo. Temo por nuestros amigos y nuestra familia. Solo espero que la batalla se celebre en un lugar alejado de Hillwood.
-Es cierto. Me moriría si algo les llegara a pasar a mis abuelos o a mis amigos-se estremeció el pequeño.
-Ellos han llegado a ser como nuestra familia ¿verdad?
-Sí. Desde que mis padres fueron a ese viaje, mi abuela me protegió con sus locuras, me divertía mucho haciéndome olvidar el dolor de su ausencia. Mi abuelo siempre estuvo allí con sus fantasías e invenciones llevándome a un mundo lleno de esperanza y alegría. En cuanto a mis amigos, tu sabes que veo a Gerald como un hermano, desde pequeño me lleve bien con él.
-Es cierto. El cabeza de cepillo y tú siempre estaban juntos-sonrió burlona la chica-En cuanto a mí a pesar de todo, mi madre y mi hermana son lo más valioso que tengo. Sobre todo ahora que perdí a mi padre.
-¿Cómo te sientes respecto a eso?
-Lo superé. Me costó mucho pero lo superé. La vida sigue y sé que él siempre estará en mi corazón dándome su apoyo y cuidándome.
-Sabes de qué me eh dado cuenta-sonrió el cabeza de balón.
-¿De qué?
-Pues que de la niña gritona y mandona ya no queda rastro. A mi lado veo a una joven valiente y decidida capaz de dar su vida por los demás.
La rubia se sonrojo.
-Siempre admiré eso de ti ¿sabías?-siguió el chico-Nunca te diste por vencida, cuando éramos pequeños siempre luchaste por no dejarte hundir a pesar de que tanto tu familia como yo parecíamos ausentes.
-No te creas tan importante eh-regañó la chica.
-Gracias por lo que me toca.
Un pequeño círculo se divisaba al frente.
-¡Es la salida!-se emocionó la ojiazul.
-Estoy ansioso por llegar.
-¿Qué piensas hacer al pisar Hillwood?
-Ir con mis abuelos y abrazarlos, deben de estar muy preocupados, ciertamente perdí el sentido del tiempo y no sé cuanto eh estado ausente. Los quiero mucho y no quiero que sufran por mí-contestó el rubio.
-Eres muy tierno. Yo pienso buscar a mi madre y a mi hermana. Deben de estar angustiadas, después de la muerte de mi padre y de mi desaparición, no es para menos.
Arnold paró de repente. Hasta ese momento no había recordado lo de la madre de Helga, como decirle que había desaparecido y que su hermana había perdido el juicio. En ese momento que ella irradiaba felicidad decirle eso sería como robarle la sonrisa. Pensándolo mejor, decidió callar, al llegar le diría todo, la apoyaría y la ayudaría a buscar a su madre. Estaba seguro de que Belzemont la tenía, según lo que dijo Phoebe era una trampa, y ahora que Li estaba con ellos, podrían rescatarla.
-¡Mira!-pronunció efusivamente la joven-¡Llegamos!
Con el fervoroso deseo de ver a su familia y amigos los chicos tomando firmemente a Li por los brazos atravesaron lo que parecía el final de su larga travesía.
El cielo se abrió dejando caer en el agua a tres chicos, uno de ellos desmayado.
Con esfuerzo, Arnold y Helga emergieron rescatando el cuerpo inconsciente de Li que estaba yéndose al fondo. Lograron nadar hasta la orilla. Estando allí se dejaron caer sobre el suelo, estaban básicamente agotados pero la sola idea de recuperarse en sus casas con los seres que querían les daba ánimos.
El primero en incorporarse fue Arnold, sonriente observó la ciudad que tanto quería pero su sonrisa fue sustituía por una expresión de horror.
Al no escuchar la voz del rubio, Helga también se incorporó, lo que vio la dejo en shock.
La ciudad que ellos tanto anhelaban ver, con hermosas flores, con sus felices transeúntes, con pequeños niños divirtiéndose y gozando de su vida, había desaparecido. Ahora solo se veía una inmensa pila de edificios, aparentemente quemados, varios objetos calcinados en la calle y ni una persona alrededor.
-¿Qué paso aquí?-preguntó en un hilo de voz la rubia.
-Abuelo, abuela, Gerald,…-murmuraba el pequeño.
-Mama, Olga, Phoebe, mis amigos, ya no están-musitaba la chica.
-¿Quién pudo haber hecho esto?-preguntó el muchacho derramando copiosas lagrimas sobre lo que fue el suelo del esplendoroso Hillwood.
-¡Noooooo!-grito dolida la chica y se desplomo sobre la calle.
Las imágenes de las aventuras vividas, de las escenas emotivas, de las situaciones en las que su familia y sus amigos siempre estuvieron presentes pasaron por la mente de los rubios.
El dolor de haber perdido a seres cercanos y a miles de seres inocentes los estaba carcomiendo. Una pequeña niña, un joven en busca de un futuro mejor, una anciana con su nieto, personas que en esa guerra nada tenían que ver habían perdido la vida.
La culpa lleno el corazón de la rubia quien arrepentida por no haber estado allí alzó su cabeza y gritó hacia el cielo que ahora se tornaba oscuro. Arnold estaba peor que la joven, lo que él más quería: sus abuelos, sus amigos, la familia con la cual creció y a quienes dió todo su cariño y amor habían desaparecido. ¿Por qué? Esa era la pregunta que rondaba en su cabeza, ¿por qué a seres que no tenían nada que ver en eso?
De un momento a otro la espada de Li y el collar empezaron a brillar llamando la atención de los niños que tristes sollozaban sobre el piso. Una manada de caballos diabólicos guiados por un demonio siniestro atravesaba la calle principal frente al muelle, Helga y Arnold palidecieron.
Estaban a plena vista de él, además Li estaba herido y Helga cansada. No estaban en condiciones para pelear. Resignados a morir o peor aún, a ser llevados para recibir viles torturas los chicos cerraron sus ojos pero para su sorpresa el demonio no los vio, sonriente avanzó con los caballos calle abajo, desapareciendo tras una nube de cenizas que se elevaban del piso.
-Será mejor irnos de aquí-aconsejó el rubio mientras limpiaba sus lagrimas-Helga.
El chico fijo la vista en su compañera que arrodillada en el suelo no paraba de llorar.
-Vamos tenemos que…
-Es mi culpa Arnold. Nunca debí irme. Todo es mi culpa, siempre yo. No pude cuidarme y tampoco cuidar a mi familia…Es mi culpa-susurraba la joven en un estado de shock.
El rubio la miró fijamente. Imposible, si minutos antes la chica irradiaba una fuerza impresionante ahora se percibía todo lo contrario. Estaba destruida y no era para menos.
El se sentía peor, desde pequeño perdió a sus padres quienes debieron estar siempre a su lado cuidándolo y protegiéndolo, siempre los echo de menos a pesar de todo, el cariño de una madre y de un padre siempre hacia falta…Solo…Refugiándose en el amor incondicional de Gertie y Phil, en la amistad de Gerald e incluso en el secreto cariño de Helga… Ahora había perdido a sus amigos y a sus abuelos, seres únicos llenos de amor y piedad. El dolor era insoportable, como si una parte de su corazón hubiese sido arrancado. Sin embargo, a pesar de esto, bien sabía que en ese momento todos dependían de él, con Li desmayado y Helga hundiéndose en la tristeza, de sus fuerzas dependía llegar a un lugar para salvaguardarse, para rescatar ese pequeño rayo de esperanza reflejado en Helga y Li.
Suspirando con fuerza tratando de alejar el dolor, Arnold se incorporó, evitando que la ola de recuerdos felices en esa ciudad nublara su juicio y lo hundieran en la amargura. El muchacho tomo de los brazos a Helga y la obligo a levantarse, esta obedecía autónomamente mientras continuaba llorando, rápidamente el chico colocó un brazo de Shaoran sobre su hombro y con su mano tomo la de Helga. Cabizbajos y destruidos caminaron hacia la casa de la rubia, rogando porque ningún demonio los atrapara en pleno trayecto.
Redoblado por el peso de Li, Arnold llegó al fin a la puerta de la casa de Helga. Esta al ver en donde se encontraban se separó de su amigo y abrió la puerta usando la espada. En esos momentos nadie estaba con ganas de tomarse la molestia de entrar por la ventana. Además la escalera estaba completamente quemada y si alguien osaba subirse en ella para entrar a la casa, era claro que lo único que conseguiría era llevarse un fuerte golpe. Con cuidado y en un silencio desesperante penetraron al vació hogar. Tras limpiar algunos trozos de vidrios y revistas quemadas, colocaron al castaño en un sillón semi-calcinado. Luego lentamente los niños se sentaron: Arnold en la escalera y Helga en la entrada de la cocina. Tras observar esa casa cuyas huellas indicaban la masacre de la que Hillwood había sido victima los dos niños hundieron sus cabezas entre sus rodillas. Desahogando su dolor, llenándose de culpa, rememorando recuerdos hermosos, sintiendo, casi palpando los últimos momentos que estuvieron allí, Phoebe, Gerald, sus amigos, Miriam, los abuelitos de Arnold. Todos. Ya no estaban y esa era la triste realidad que duramente aquellos niños tenían que asimilar. Estaban solos, completamente solos.
Alrededor de una hora había transcurrido, la oscuridad seguía incorporada en el cielo indicando que el centro de la maldad estaba en ese lugar. Limpiando sus lágrimas con una manga Arnold se incorporó, se acercó a la cocina y abrió la llave de agua, para su buena suerte esta no había sido afectada por las llamas, con pesadez agarró un vaso, lo lavó y tomo algo de liquido vital.
Suficiente, había llorado lo suficiente.
Ahora era momento de salir adelante y derrotar al que había provocado esto. De luchar, de no dejarse vencer. Con rapidez el chico se dirigió hacia su amiga.
-¿Helga?-llamo suavemente poniendo su mano sobre el hombro de la joven.
-…-
-Vamos Helga, sé que esto es muy doloroso para todos pero debemos ser fuertes por ellos. No puedes permitir que sus vidas hayan sido sacrificadas en vano.
-Fue…fue… mi culpa Arnold-respondió con voz ronca a medida que desenterraba su rostro de sus piernas y observaba a su amigo.
-No, no lo fue. No sabíamos que esto podía suceder. Por favor no te puedes derrumbar. No lo hagas.
-¿Cómo puedo seguir? Mi madre no está, mi hermana tampoco, Phoebe mi mejor amiga está muerta...No entiendo ni siquiera como puedes seguir tu…
-Simple…Cuando mis padres murieron en ese accidente, siempre soñaba que ellos regresarían y vendrían aquí conmigo. Mis abuelitos me ayudaron a entender una vez agotadas todas las esperanzas que jamás ocurriría eso pero que en compensación ellos siempre vivirían en nuestros corazones, estarían ahí viéndonos y dándonos su apoyo...
-¿A qué viene todo eso?
-A que hay personas por las que tienes que vivir.
-Sí, claro. ¡¿Para qué?! Dime. Si todos a los que amo se van y me dejan sola.
-No estás sola, estás conmigo y créeme que yo jamás te dejaré. La esperanza es lo último que se pierde, tú eres nuestra única esperanza. No te puedes dar por vencida.
-¡¿Porque maldición?! ¿Porque yo? Solo era una simple niña que iba a su escuela y se divertía con sus amigos. De la noche a la mañana me convertí en la salvadora del mundo, ¿Por qué? ¿Qué hice para merecer esto demonios? ¿Por qué yo? Por mi culpa murieron todos, ¿Por qué el maldito destino me envió a vivir aquí condenando la vida de todos? ¿Por qué Arnold?-soltó la ojiazul con mucha frustración y rencor a medida que las lagrimas escapaban de ella y rodaban por sus mejillas.
-No digas eso, si no hubieses vivido aquí yo jamás te hubiese conocido.
-Y ¿de qué me sirve eso? Toda la vida hice las cosas mal, te molesté, te grité, te insulté, alejándote más de mí. Luego deje que me pasara eso en aquel callejón…
¡Detente, no te hagas daño! Tú eres un ser puro cuya esencia no merece llenarse de odio y rabia.
-Y ¿qué quieres? Que ría, que baile, que cante sobre los cadáveres de todos los que una vez amamos.
-Quiero que los recuerdes con amor con dulzura con la inocencia que te ha caracterizado siempre.
-¿Que inocencia Arnold? La inocencia de la que me hablas fue lo primero que perdí, luego vino mi padre y los seres que tanto he amado.
-Tienes personas que dependen de ti, sus vidas están puestas en tus manos. ¡Helga entiende!
-¡Ya cállate! Deja de aparentar que todo está bien. No lo ves, no hay nadie. Estamos solos-sollozó la rubia-Solos. Los perdí a todos, Arnold. Mi padre, mi hermana, mi madre...
-Hay un ser que te ama con toda su alma, que siempre te cuidó, y ha estado a tu lado a pesar de que no ha sido la mejor de todas.
-¡Deja de inventar cosas! ¿A qué juegas? A darme ánimos con una persona invisible. Se claro de una buena vez.
-Tu madre está con vida, Helga.
-¿Qué?-se sorprendió la joven poniéndose de pie de inmediato-¿De qué hablas? ¡Toda la ciudad esta calcinada, nadie sobrevivió!
-El mismo día que tú desapareciste, después de que mataron a tu padre-el chico tragó saliva no sabía cómo continuar. Al menos su amiga había dejado de llorar-Tu madre desapareció. Nadie sabe cómo ni que pasó. Muchos creían que ella te había llevado a ti pero tras contarles lo sucedido esas sospechas desaparecieron. El hecho es que ella no dejó rastro alguno. Olga también la busco a ella y después de esto al no encontrarte ni a ti ni a ella…Bueno… Tu hermana perdió la razón. Cuando apareciste y vinimos a este lugar para que te cambiases de ropa, Phoebe nos contó a Gerald y a mí que sospechaba que Belzemont la había capturado para atraerte. Después de todo habías sufrido mucho y el acabaría fácilmente contigo.
-Pero ¿porque no me lo dijeron?-soltó la muchacha, sentía que el aire no llegaba a sus pulmones una gran opresión crecía en su pecho. No sabía si era furia porque sus amigos no le habían dicho nada o desesperación al pensar que su pobre e indefensa madre estaría a merced del demonio que le había hecho eso a su ciudad.
-Por qué Li no estaba y el hecho de que tu sola te enfrentaras a ese demonio hubiese sido enviarte a una obvia trampa. Estoy segura que la Señora Pataki está viva porque Belzemont necesita una carta triunfal de lo contrario, si ya tenía planeado hacer esto, no la hubiese separado de los demás y la hubiese dejado morir aquí.
-Entonces: ¿Mamá está viva? ¿Miriam viva?- una luz en el caos que era la mente de la niña apareció, dándole una razón por la cual luchar.
-Si Helga, y junto con ella estamos personas que te necesitamos. No permitas que lo que le ocurrió a esta ciudad le pase al resto del mundo. ¡Derrota a Belzemont!
-No tengo fuerzas, no creo que lo puedas lograr…-flaqueó la joven recordando el desastre ocurrido.
-No digas eso-el rubio sujetó a la chica de los brazos-Yo creo en ti, y junto conmigo están las cientos de almas que dieron su vida en Hillwood. No te puedes dejar vencer.
La rubia abrazó con fuerza al cabeza de balón. A pesar de todo se sentía impotente. Tenía miedo de poner en riesgo a sus amigos y no conseguir lo que quería. Temía no poder salvar a su madre, dejar morir a Shaoran y hacer que mataran a Arnold. Tenía miedo de quedarse sola.
-Créeme-susurró Arnold, adivinando lo que sentía su amiga-Si tu caes yo estaré ahí para levantarte, cada vez que te ataquen yo los atacare por haberte dañado. Cuando te sientas sola piensa en mí, mi mano estará a tu lado extendida para que te levantes y luches. Lamento si no te apoye antes, cuando todo esto empezó, lamento lo que pasó. Cometí un error y créeme que me costó muy caro pagarlo. Siempre eh estado allí para ti aunque a veces parecía distanciado, si en estos momentos estoy de pie aquí cuidándote no es porque yo sea fuerte sino porque tú eres todo lo que necesito para recuperar mi fuerza. Eres nuestra esperanza, mi esperanza, mi amor.
Helga escuchaba todo esto en los brazos del chico. Poco a poco la tranquilidad y la calma llenaban su corazón.
Instintivamente alzó su rostro para quedarse a solo unos centímetros lejos del de Arnold. Lentamente se fueron acercando, sus ojos se encontraron en una unión de extrañas sensaciones, su aliento se entremezclaba produciendo escalofríos en las espinas de los dos, poco a poco sus labios se unieron encontrando la paz y el amor que ellos tanto anhelaban. Un beso tierno, nada similar a los otros que en otros momentos de desesperación se habían dado. Nada igual, un beso de autentico amor.
Los dos siguieron así durante un momento, un bello momento en lo que todo pareció borrarse, en la que solo estaban ellos dos. Un mundo de deliciosas emociones, que entierran todo lo malo y ayudan a emerger todo lo bueno en seres tan especiales como aquellos dos jóvenes.
El brillo inusitado del collar se expandió por toda la casa, lo que llamo la atención de la chica quien rápidamente se separó. Ambos estaban sonrojados por lo que acababa de ocurrir. Ninguno se atrevió a decir nada, la rubia se alejó del chico para descifrar que rayos significaba el brillo del último objeto mientras Arnold miraba por la ventana hacia fuera.
-Yo-musitaron ambos al mismo tiempo.
Helga bajo el rostro avergonzada. Arnold la observó por unos minutos, una tierna sonrisa se dibujo en su rostro. Acababa de entender algo muy importante.
-Y bien pues veamos ¿cuál es el siguiente paso?
La rubia se quedo atónita, espero que Arnold se le declarara nuevamente, espero que él asumiera que ella lo amaba pero no espero que él se desentendiera de esa manera. Por un lado eso la hacía feliz por que al menos en ese instante no tenia pensando en nada más que acabar con Belzemont pero por otro esa actitud la confundió aun más. Sobre todo por el hecho de que a un metro lejos de ellos Li era testigo de lo ocurrido y eso la hacía sentir terriblemente mal.
El collar nuevamente brillo con intensidad.
Tanto Arnold como Helga vieron como este se elevaba sobre sus cabezas. Los dos se miraron preocupados por una lado estaba el dejar solo y desprotegido a Li y por el otro encontrar alguna pista o algo que sirviese para la batalla final. Como adivinando sus pensamientos, la espada acompañó el fulgente brillo del collar con un inmenso resplandor, dándole a entender a los dos pequeños que el castaño seria protegido por ese objeto. Con decisión Helga y Arnold siguieron al collar cuidadosamente a través de las calles. Para su buena suerte al parecer ningún ser demoníaco rondaba cerca. Los dos chicos llegaron corriendo a lo que parecía ser una bodega abandonada a lado de la oficina de su padre, del gran Bob. Suspirando al ver este lugar la chica lo observó durante unos minutos hasta que escuchó que su amigo la llamaba con urgencia. Cuando entró al lugar casi cae al suelo de la impresión. En el suelo sobre un cartón y cubierta con una pequeña manta Phoebe se encontraba dormida.
La rubia no podía creer lo que veía. Lagrimas de felicidad saltaron de sus ojos y mojaron el suelo. Al menos alguien había sobrevivido a todo ello. Con dulzura se aproximó hasta arrodillarse frente a su mejor amiga.
-Phoebs-susurró la ojiazul.
-…-
-Despierta amiga.
-No… Gerald… no te mueras-murmuró en sueños.
-Ya todo estará bien. Ya regresamos.
Los ojos de la pelinegra se abrieron lentamente. Sorprendida observó primero a la muchacha que estaba a su lado reconociendo enseguida a Helga luego miró a Arnold que veía sonriente la escena. Solo eso basto para que la chica sonriera y se abrazara a su amiga. La esperanza había regresado. Al fin la luz alumbraba de nuevo su camino. Ya no estaba sola.
-Es hora de irnos-susurró el cabeza de balón
-¿A dónde?-interrogó algo asustada Phoebe.
-A prepararnos-respondió Helga.
-¿Para qué?-cuestionó la pelinegra mientras limpiaba sus gafas.
-Para acabar con el maldito que hizo esto-musitó enojado el rubio.
-Te refieres...
-Si-asintió Helga- Es hora de prepararnos para la batalla final contra Belzemont.
Los tres niños salieron rumbo a la casa de Helga. A pesar de todo lucían felices, confiados, la fuerza de todo Hillwood se había refugiado en sus corazones dándoles valor para lo que sería el fin de esta larga historia.
Y con esto terminamos el capítulo número 23 de esta interesante historia...
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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
