~Esperanza para Hyrule~


Capítulo 3: -Link-


-DISCLAIMER-

The Legend of Zelda no me pertenece. Es propiedad de Eiji Aonuma y Nintendo. Esta historia no tiene fines de lucro; solo escribo como pasatiempo. La imagen tampoco me pertenece, los créditos van a su respectivo autor.


No tenía ni idea donde estaba.

Cuando volvió en sí, sintió una gran calidez cubriéndole.

Sintió que todo su cuerpo estaba entumecido, completamente inmóvil.

Entonces recordó lo ocurrido.

Abrió los ojos para encontrarse con un exterior verde. Era una tienda de acampar.

Había una linterna al lado suyo h estaba cubierta por sabanas muy acogedoras.

Estas olían a bosque y algo más que no podía identificar.

Miro dentro suyo para darse cuanta que estaba completamente cubierta por vendajes, encontrando al lado suyo su ropa de sheikah.

Levantó la mitad de su cuerpo para hallar a los pies de las sabanas una botellita con líquido rojo.

Inmediatamente la tomo y bebió de ella. Ya sabia de que se trataba.

Trago con dificultad puesto que el sabor de las pociones rojas era muy desagradable.

Pero sintió una creciente mejoría en su cuerpo, hasta el punto en que ya no sentía molestia.

—"¿Pero quién...?"

Abrió la tienda cuando la duda la hizo actuar sin voluntad.

—Vaya, ya despertaste.

Delante suyo había una pequeña hada celeste revoloteando cerca de la hyliana. Su voz era muy aguda, pero sonaba bastante madura.

—Me alegra que estés bien— dijo otra voz.

Estaba sentado en un trozo de madera asando lo que aprecian unos peces en la fogata que había hecho.

Su pelo era de un color rubio oscuro. La brisa del bosque meneaba las patillas del joven, al igual que el fleco.

Notó que también tenía una pequeña coleta en la parte de atrás, y que los aros en sus puntiagudas orejas le daban una sensación de rebeldía.

Vestía de verde, además de que su capa roja ondeaba con gracia.

Pero sus ojos, penetrantes, miraban con intensidad a Zelda. Había algo en ellos que impedía que ella desviara la vista. Simplemente no podía.

—Dormiste bastante, ¿sabes? Casi un día entero.

No lo había notado, pero la tormenta había terminado.

—Ehm...— fue lo único que pudo articular.

—Me hubiera gustado que te tomaras la poción mucho antes para que no despertaras adolorida, pero creo que te imaginarás porque no lo hice— mencionó el Hyliano sonriendo, rascándose la nuca, con un leve sonrojo.

—¡Link!— gritó el hada. —Discúlpalo, ya sabes cómo son los hombres.

Este miro mal al hada.

—...¿Link?— preguntó.

—Ah, sí— asintió. —Así me llamo. Soy Link, un gusto.— Se presentó con una encantadora sonrisa.

—Yo soy Clara— mencionó el hada. —¿Y cómo te llamas tú, linda?

—Yo... Me llamo Zelda.

Ambos se quedaron callados.

Link se veía sorprendido, y bueno, Clara probablemente también.

—¿Zelda?— preguntó el Hyliano.

—¿No fue eso lo que dije...?

—¿Cómo la princesa?— preguntó la hada.

Eso la inquieto. No podía decirle a unos completos extraños. ¿Qué tal si es una trampa?

Pero había algo dentro de Zelda que me decía que Link y Clara eran de confiar, que eran alguien de buen corazón.

—Si, pero ya no...

—¡Link! ¡Tenías razón! ¡Es ella!— volaba por todas partes, con alegría. —Todavía hay esperanza para Hyrule.

Eso le llamo le atención a la hyliana. Le dio curiosidad.

—¿Cómo?

—Es una larga historia, ¿sabes?— le respondió con un poco de vergüenza. —No me importaría contártela de todos modos.

—Claro, soy toda oídos.

Salió de la tienda de acampar, aprovechando el momento para estirar las piernas.

Link inmediatamente se sonrojó y Clara le golpeo la cabeza.

—Creo... Que deberías cambiarte...— le comentó mirando a otra dirección, obligado por Clara.

Zelda, al darse cuenta que solo tenía unas viles vendas en su pecho y estomago, se sonrojó violentamente.

—Por las diosas, ¡perdóname!— gritó avergonzada.

—No te preocupes...— le respondió Link.

—Linda, me tome el tiempo de arreglar tu ropa mientras descansabas— decía Clara quien le reprochaba a Link por su comportamiento.

Corrió dentro de la tienda de acampar para vestirse con su ropa de sheikah. Ya no estaba rasgada y le impresionó lo bien que una hada podía arreglar la ropa. ¿Y cómo es que lo hizo? Bueno, no importaba. Lo único que le importaba era lo que Link estaba por contarle.

Pero antes de volver a salir, se preguntó algo existencial.

¿Quién la desvistió, la trato, y le colocó las vendas? No creía que un hada pudiera hacer eso...

—"¡Santa Nayru!"

Sintió su cara hervir.

Al haberse calmado un poco, procedió a vestirse para después salir una vez más.

—Perdón por tardarme...— se disculpó Zelda, esperando que el frío clima del bosque enfriara su cara.

—No hay de qué preocuparse— la calmo Link.

—¿Y bien...?

Link aclaró su garganta, sumergiéndose en sus recuerdos.

—Fue hace unos pocos días... Ayer, de hecho...


La ciudadela se había convertido en una completa pesadilla, y nadie se atrevía acercarse ahí.

Excepto Link, pues era el único que si tenía el valor para ganarse la vida en ese mismo lugar.

Trabajaba en el rancho Lon Lon, y usualmente iba ahi para vender la exquisita leche que hasta el mismo Ganondorf solicitaba. Obviamente los soldados de este mismo se encargaban de llevarla al castillo; Link solo los dejaba los encargos.

Además de eso, ganaba bastantes rupias concursando en duelos callejeros, llegando hasta el punto de convertirse en un muy buen espadachín. Su popularidad entre los más rudos y sanguinarios incremento, pero ninguno lo podía vencer.

Hasta que un día, después de ganar otra pelea más, sintió que algo le ordenaba seguirlo.

No podía explicar qué, pero algo le estaba indicando a donde ir.

—¡Vamos Link, acaba con el maldito!—ordenó uno de los soldados que veía el duelo. Link le había ganado a su contrincante por mucho, pero él siempre los dejaba vivir. Con el caso de los demás, siempre acababan asesinando a sus propios compañeros solo por diversión. Link detestaba eso, pero el pago por ganar era muy generoso y lo necesitaba.

—Ya te he dicho que yo no los asesino— le respondió fríamente. —Solo dame mi premio.

—¿Igual de aburrido que siempre, eh? Toma.

Odiaba estar ahí, detestaba a toda esa gente cruel y despiadada.

Comenzó a alejarse, dejándose llevar por la extraña fuerza.

Camino por muchas calles, giraba hacía unos más pequeños e incluso por callejones muy difíciles de ver a simple vista.

Llego hasta dar con un callejón sin salida. No lo entendía. ¿Enloqueció?

No, el juraba que no era él quien se guiaba solo hacia ninguna parte.

—"Destruye la pared"— le dijo una voz dentro de su mente.

Obedeció y dio un pequeño golpe a la pared de ladrillos. Esta se rreducio a escombros por lo mal estructurada y construida que estaba, alargando el callejón.

Entonces se encontró con una enorme iglesia, la cual se veía en un estado deplorable. Las puertas estabas caídas y habían manchas negras alrededor. ¿Era sangre?

El estanque estaba vacío, y olía demasiado a moho.

La misteriosa fuerza lo obligó a entrar, encontrándose con más sorpresas.

El piso cuadriculado estaba sucio, y algunas partes destrozadas, como si hubiera tomado lugar una pelea.

Había un altar delante, con tres piedras de color azul, rojo y verde en el suelo, completamente destruidas.

Link tomó una y la miro; el metal dorado que sostenía la piedra estaba polvoso, y los rincones tenían telarañas.

—¿A dónde me metí?— se preguntó.

Había una puerta abierta más adelante, con un pedestal en medio.

No había nada, más que una espada partida en dos a unos centímetros del pedestal.

Pudo sentir el poder que esta emanaba cuando tomo el mango, pero sabía que era imposible repararla con lo oxidada que estaba.

Sintió un aire de nostalgia cuando miro todo el templo. Era la primera vez que entraba ahí, pero tenía el sentimiento de haber estado ahí en algún momento.

Estaba por irse cuando al voltear se encontró con un lobo, pero no uno normal.

Era dorado, y su único ojo, puesto que el otro estaba cerrado con una cicatriz, era rojo.

Este le rugió y se acomodó en posición de pelea.

Link no tuvo tiempo para reaccionar cuando el lobo ya había saltado para embestirlo.

Cerró los ojos con fuerza esperando el impacto, pero cuando los abrió, estaba en la nada, literalmente.

Todo era blanco. Completamente blanco.

—Bienvenido, Link.

Miro hacia atrás para encontrarse con un esqueleto en armadura dorada. Este estaba armado con espada y escudo.

—¿Quién eres?— le preguntó con firmeza. Sentía miedo, pero bloqueaba ese sentimiento.

—He estado esperando muchos años buscándote— dijo. — Y por fin atiendes a mi llamada.

—Responde mi pregunta— le ordenó.

El extraño ser ignoro su pregunta otra vez y continuó hablando.

—Yo he fallado intentando derrotar a Ganondorf. Más sin embargo yo cumplí mi destino hace muchos años, pero la trifuerza del valor nunca me abandonó, manteniéndome vivo hasta hace poco... Pensé que era mi deber volver a aprisionarlo, pero no... es el turno de la nueva encarnación del héroe. Y ese eres tú. ¡ve y cumple tu destino!

Link soltó un grito de dolor cuando el Stalfo le proporcionó una fuerte estocada en el pecho. Sentía el acero atravesarle el corazón, pero cuando agacho la cabeza para encontrarse con una terrible sorpresa, no había nada.

La sangre no escurria, a pesar de que la espada estaba ahí, incrustada.

No tuvo tiempo para seguir pensando cuando la espada comenzó a desprender un brillo dorado que comenzaba a cubrir a Link.

—La trifuerza del valor te pertenece. Encuentra a la princesa Zelda y juntos acaben con el terrible destino en el que Hyrule se encuentra.

Justo cuando parapedo, había vuelto al templo.

Soltó el mango de la espada que seguía sosteniendo justo cuando miro en el dorso de su mano un triángulo. Era la trifuerza.

El templo comenzó a temblar y una voz resonó a espaldas de Link.

—Cometiste un grave error el entrar aquí.— esa voz era muy grave, con odio.

De las sombras, apareció Ganondorf, quien lo tomó del cuello y lo obligó a mirarlo.

—Y dime,— le preguntó. —¿qué fue lo que te dijo el héroe del tiempo, hm?

—No sé que estás hablando...— mintió, intentando soltarse del agarre del gerudo.

—¡No mientras! Dime dónde se encuentra Zelda.

Su pecho se oprimió al escuchar de la voz de Ganondorf el nombre de Zelda. No la conocía, pero sabía que no debía hablar absolutamente nada de lo ocurrido, que debía proteger a quienquiera que fuera esa chica.

—¡No te diré nada, con un demonio!— le gritó el Hyliano.

Sacó de su bolsillo un pequeño cuchillo que le clavó con fuerza en el estomago a Ganondorf. Parecía que no le había hecho daño.

Río divertido.

—Eres igual de estupido que- ¡UGH!— soltó un quejido, empujando a Link lejos de él. Su estómago estaba soltando humo, como si se estuviera quemando.

—El rocío de las hadas quema a las entes malignas— le comentó. —Suerte con quitarte la daga.

Salió corriendo del templo hasta llegar a la entrada de la ciudadela (cabe mencionar que el Puente estaba destrozado, por lo cual se debía saltar para llegar de un lugar al otro).

De un silbido llamo a su yegua Epona y la montó. Debía escapar lo más rápido posible antes de que fuera demasiado tarde.


Cuando regresó al rancho Lon Lon, se dirigió directo a su pequeña cabaña donde solía ir a descansar.

Era bastante simple; de madera, con tan solo una cama, un comedor y un baúl.

Al abrir la puerta se encontró con una bola luminosa volando por todo el lugar.

—Me esperaba algo mejor— comentó. —Pero que más da.

—¿Quién eres?— le preguntó Link.

—Me llamo Clara, mucho gusto. Pero no es momento para presentaciones. Por favor, acuéstate en tu cama y duérmete.

—¿Qué?

—¡Solo hazlo!

Todo era muy extraño. ¿Pero qué más daba? Ya habían pasado muchas cosas ese día.

Obedeció y se recostó en su cama. Tan pronto cerró los ojos cayó sumergido en el negro de su conciencia.

—Abre los ojos, Link.

Estaba una vez más en ese infinito vacío blanco.

Delante de él se encontraba una mujer más joven que el, con un elegante vestido de verde. El pelo del mismo color que su vestido, estaba recogido en dos coletas en cada lado que ondeaban con gracia.

—¿Sabes? A mí no me agrada mucho este tipo de escenarios tan... Vacíos. Vamos a darle un poco de vida.

Elevó una mano alegremente, provocando que todo ese vacío blanco se convirtiera en una enorme pradera.

—Mi nombre es Farore, una de las diosas doradas. ¡Es un gusto conocerte!

—¿Farore? ¿Qué...?—no comprendía nada.

—Estoy segura que necesitas una enorme explicación de lo que está pasando, ¿a qué si?— le preguntó con una sonrisa. —Bueno, ¡felicidades, Link! Eres la reencarnación del héroe y como tal, la trifuerza del valor reside en ti.

—¿Gracias...?

Ella soltó una risita.

—Se te ha encomendado una importante misión, Link— le advirtió. —Clara te indicará a donde tienes que ir, pero primero debes encontrar a la reencarnación de Hylia si queremos que la espada maestra vuelva a ser la misma de antes.

—¿La espada maestra?

—Si, esa espada que encontraste en el templo del tiempo. Ganondorf, después de escapar del reino sagrado, la partió en dos, convirtiéndola en una espada común y corriente. Sin ella, no hay nada que pueda derrotarlo.

Farore hizo una reverencia, como si se tratas de alguien sumamente importante.

—¡Link, el héroe de nuestros tiempos, reencarnación del héroe de leyenda!— lo llamó dándole aire de grandeza. —¡por favor ayúdanos a recuperar la esperanza, a salvar Hyrule una vez más!

Link estaba mudo. Eso era una responsabilidad muy grande. ¿Era capaz de hacer eso?

Algo en lo más profundo de su corazón lo impulsaba a aceptar, a cumplir su destino.

—Pero... ¿Cómo...?

Farore se acercó peligrosamente a la cara de Link. Colocó sus labios al lado de su oído y le susurró:

—A veces, solo se necesita valor.

Sintió que una chispa se había encendido en su corazón.

Se alejó y le dio un beso en la frente.

Despertó al momento, parándose al instante de su cama.

—¿Y bien?— le preguntó el hada, devuelta en su habitación. —Farore es bastante agradable, ¿a qué si?

—S... Si...— afirmó un poco anonado.

—Bonitas ropas, por cierto.

No había comprendido lo que el hada le quería decir hasta que se miro.

Su ropa del diario había desaparecido; fue reemplazada por una túnica verde, adornada con una capa roja y una correa de cuero que bajaba en diagonal, terminando con otra que le cubría la cintura, está con unas cuantas bolsas. Tenía unos simples pantalones beige que acababan con unas botas de cuero a su medida. Miro sus manos, las cuales tenían unos guantes de cuero café que estaban pegados con unas placas de metal doradas. Lo último que noto, fue un largo gorro verde que le cubría la parte trasera de su nuca.

—Vaya...

—Bien, no hay tiempo que perder, Link. ¡Tenemos que encontrar a la princesa Zelda antes que nada!

—Si, espera un momento.

Se levanto de su cama y abrió el baúl delante de esta. Rebuscó entre los cachivaches hasta encontrar lo que quería: Una espada.

Normalmente le prestaban una cuando iba a pelear, pero su ambición por las espadas lo había obligado a comprar una (y de muy buena calidad). Todavía estaba guardada en su funda. Era dorada con adornos de un platino muy brillante. Saco por un momento la espada, la cual del mango, tenía el mismo diseño que la funda. Se la colocó atrás de la capa justo donde estaba la correa de cuero.

Tomó un simple escudo de metal que tenía de decoración arriba de su comedor, y también lo colocó.

—En marcha— ordenó con determinación.


Estaba lloviendo y tenía las de convertirse en una horrible tormenta.

—¿Sabes a dónde nos dirigimos?— preguntó el Hyliano.

—Farore me dijo que sintió la presencia de la trifuerza de la sabiduría dentro del templo del bosque; debe estar ahí.

Link asintió y siguieron caminando. Link decidió dejar a Epona a las entradas del bosque, puesto que se había vuelto muy resbaloso el piso y probablemente Epona de resbalaría por alguna colina.

Entonces sintió una pequeña molestia en la cabeza. Sus sentidos se habían agudizado por alguna razón y su respiración aumento.

Era como si quisiera correr para salvar a alguien, alguien quien estaba en peligro.

—Link, ¡vamos! No falta mucho, es aquí derecho.

Ignoró las direcciones de aclara y corrió por la dirección opuesta.

—¡Link! ¿Qué haces?

No respondió y siguió corriendo. Se dejó llevar otra vez, pero esta vez sin que fuera alguien más quien lo guiara. Seguía su propio corazón, y no sabía si era el suyo o esa alma del héroe que mencionó Farore.

Se detuvo cuando escucho las ramas destrozarse y un cuerpo que caía con rapidez por la colina.

Cayó una joven con un aspecto terrible. Las heridas eran recientes, y cuando tomo su pulso, noto que no estaba muerta, sino inconsciente. Era ella. Sentía algo sumamente extraño cuando la miraba.

—Por las diosas...— exclamó Clara al ver a la chica. —se ve terrible...

—Tenemos que ayudarla.

—Pero, ¿y Zelda?

—Tendrá que esperar. Ella necesita ayuda de inmediato.

—Tienes razón.— revoloteo por la cara de la muchacha. —No somos como esa horrible gente del castillo.

Clara guió a Link a las entradas del bosque, donde Epona lo esperaba escondida en la sombra de un árbol, para no mojarse demasiado.

Link acaricio el lomo de su yegua Y saco de una de las bolsas que ella cargaba una tienda de acampar. Contemplo por un momento a la joven que caraba en brazos. Había algo en ella que lo hacía sentir extraño, con inquietud.

Como si la hubiera visto toda una vida...


Siguiente capítulo: -Solución y problema-

Recuerden que, a pesar de que cheque unas 40mil veces todo el capítulo, siempre puede existir la posibilidad de que haya cometido un error gramatical, didáctico, etc. Por eso pido que me hagan ver lo que yo no puedo ver.


Hola, Zekell aquí con un nuevo capítulo. Vaya, que ha pasado la semana bastante rápida para mí. Ya casi es viernes, y a pesar de que tengo que matarme con un examen de matemáticas, aquí estoy... escribiendo. Y luego me pregunto porque repruebo...

Los dos protagonistas ya se encontraron por azares del destino y vaya vaya, también tenemos a la nueva mosca parlanchina ayudante (igual de inutil que Navi, bueno, no tanto).

Sinceramente, se me hace un poco dificil estructurar el romance, por lo cual pido paciencia y tolerancia y todas esas cosas. La verdad es que no tengo ni idea si esta bien o esta mal. Pero bueno, solo escribo porque quiero llenar el hueco existencial de mi kokoro por el Zelink que a Nintendo no se le ocurre añadir.

Por cierto, ya casi se viene la E3 (la verdad ni idea cuando, pero me da flojera investigar) ¿creen que POR FIN se nos enseñará el argumento que tanto esperamos del Zelda U? Yo espero que sí, y MUERO por ver la apariencia de Zeldiux en este nuevo Zelda ¡Nintendo, como nos haces sufrir!

Ahora, cada Jueves llegará un nuevo capítulo, y ESPERO que así sea, porque me conozco muy bien, y se que se me puede llegar a pasar.

Dejen una review si gustan, me alegra demasiado leerlas.

Por lo cual agradezco a: LinkAnd0606 y de nuevo al sensual Guest que me volvió a dejar una carita feliz. (Sí, me encantan, son el fanservice de cada día ;] ), aprecio mucho saber que estan siguiendo esta historia y muestran su apoyo.

Bueno, hasta el próximo capítulo.

:]