~Esperanza para Hyrule~
Capítulo 4: -Solución y problema-
-DISCLAIMER-
The Legend of Zelda no me pertenece. Es propiedad de Eiji Aonuma y Nintendo. Esta historia no tiene fines de lucro; solo escribo como pasatiempo. La imagen tampoco me pertenece, los créditos van a su respectivo autor.
Zelda intentaba procesar todo lo que el rubio le estaba relatando. ¿Por azares del destino lo conoció? No. Recordaba sin miedo a equivocarse de que la princesa y el héroe estaban destinados a conocerse. Todo parecía tan irónico, como para que fuera verdad. La princesa rescatada por el héroe... Santa Hylia.
Y ahora le tocaba a ella cumplir su parte, la cual era guiarlo a través de su viaje. Era por fin el momento de ponerle un alto a las tiranías de Ganondorf.
Pensó que sería lo más adecuado comenzar con lo más importante, más sin embargo tenía que rectificar los hechos.
—Entonces... Tenemos que reparar la espada maestra si queremos derrotar a Ganondorf, ¿correcto?
—Algo así.
Comenzó a pensar, pero su mente se encontraba completamente en blanco. ¿Cómo se encontraba una solución a aquello? O más importante, ¿cómo se repara una espada sagrada? Bueno, era lógico que llevarla con un buen herrero era un desperdicio de tiempo; estaba segura de que se necesitaba algo más para dejarla como era antes, puesto de ser falso, ya existirían cientos de espadas sagradas.
Pero ella no tenía ni idea cómo se reparaba la espada maestra, y dudaba que alguien en todo Hyrule supiera. O al menos, en el mundo terrenal.
¿Quién...?
Entonces, una idea llegó a su mente, como un relámpago.
—Nayru.
—¿Una de las diosas doradas? ¿Qué ocurre con ella?— preguntó Clara sin enterarse de nada.
—Con su infinita sabiduría es muy probable que nos de una solución— le aclaró Zelda. —Yo puedo hablar con ella.
—Ya veo...—pensó Link, notando que tenía mucho sentido lo que la Hyliana declaró. Pero existía un problema. —¿Sabes dónde se encuentra?
Vaya, que sus momentos de iluminación y sabiduría habían durando muy poco. Otra vez, se quedó en blanco.
—No estoy segura,— notificó —pero creo que es lo más congruente buscar en un lugar que tenga relación con ella.
—¿La region de Lanayru?
—Especifícate más.
—¿El lago Hylia...?
—El reino de los Zoras, pero si fuéramos a consultarle a alguien en específico de por ahí sería...
—La princesa Zora.— concluyeron ambos al unísono.
—Brillante— admitió Link con una sonrisa.
Coordinaban bastante bien los dos, a pesar de conocerse tan poco tiempo.
Zelda le devolvió la sonrisa, sintiendo otra vez la bendita iluminación, yendo por acto seguido a idear un plan.
Mientras tanto, Clara solo se dedicaba a escuchar las ideas de ambos Hylianos, pensando por su parte en otra cosa más importante.
—¿No creen que olvidan algo muy importante, mis amores?
—¿Y qué es, Clara?
Ella dio un fuerte suspiro, derrotada por lo poco que se tomaron en pensar.
—¿Cómo esperan reparar la espada maestra si ni siquiera la tienen?
Se le había olvidado ese pequeño detalle.
—Sigue en el templo del tiempo...— recordó el rubio.
—Aplausos para el héroe— le felicitó el hada.
Zelda pensó la situación.
—¿No será muy peligroso regresar? Digo, estoy segura que Ganondorf ya le puso precio a tu cabeza.—dijo Zelda ocultando un mechón rubio detrás de su oreja.
—Eh...
Link no creía lo bien que se veía la reencarnación de Hylia a la luz del fuego. La mirada azulina que le dedicaba era como navegar por el cielo. No había visto una mujer así de cautivadora como ella, ni siquiera Malon. Simplemente no podía despegar su vista, como si ella se tratase de un enorme imán.
—¡Link, despierta!— gritó Clara.
—Ah, perdón... Me distraje.
—En serio...— exclamó enojada el hada. —Eres un maleducado.
—No te preocupes.—Zelda le sonrió en señal de que estaba bien.
—Entonces...— se aclaró la garganta.—Necesitamos ayuda si queremos recuperarla.
—Yo podría ir— sugirió Zelda. —Recibí entrenamiento sheikah; es bastante fácil para mí ocultarme en las sombras.
—Me parece una excelente idea, cariño— le felicito el hada. —Pero existe un problema, y es que Ganondorf notara al instante tu presencia gracias al fragmento de la trifuerza. Ademas, tu pierna todavía no se encuentra en un buen estado.
—¿Y los Goron?— preguntó Link.
—Demasiado vistosos— le aclaró Zelda.
—¿Zoras?
—Perdemos el tiempo— replicó.
—¿Un sheikah?
—Extintos— incluyó el hada.
—Te equivocas— corrigió Zelda. —Es obvio que un sheikah tuvo que entrenarme todos estos años, y esa es Impa.
—¿Impa?— preguntó Clara con curiosidad.
—Fue mi niñera en el castillo, y me acompañó todos estos años.
—¡Entonces no hay tiempo que perder, en marcha!— exclamó el Hyliano, determinado.
—Debería de estar en el pueblo Goron, por la montaña de la muerte.
—Entendido. Clara, guíanos hacía ahí— le pidió el rubio.
—Tampoco soy tu GPS, ¿sabes?
Un momento, ¿qué era un GPS?
Link y Zelda se sentían incómodos.
Se llevaban bien con lo poco que habían estado, pero de todos modos sentían una gran inquietud.
Estaban ambos montados sobre Epona, con Link a las riendas. Zelda por su parte estaba detrás suyo, enrollando sus brazos en su cintura para no caerse.
Para Link, el contacto de los brazos de una dama fue si más no decir inquietante. Le estaba costando mucho controlarse, puesto que el agarre de Zelda era bastante fuerte.
Ella, por su parte, sentía la cara roja por hacer semejante cosa. En todos los años que pasó en aburrimiento, nunca tuvo contacto con un hombre así de cerca. Además, sentía un especie de deseo por juguetear con los mechones del pelo del Hyliano.
Clara estaba a unos metros arriba de ellos, guiando a Link hacia el dominio de los Goron.
No podía creer que sus deseos fueron escuchados por las diosas. Zelda habitualmente lograba sacarle información a su niñera siempre que aparecía en el templo, sobre cosas que discutía con los Goron.
Ellos buscaban rastros del héroe legendario junto con la espada maestra, cuál ubicación era un completo misterio.
Sentía como Impa intentaba con todas sus fuerzas mostrar algún progreso, pero todo parecía nulo.
Cada uno de los "líderes" de cada refugio reportaba algún avance, por si encontraban al poseedor del valor.
Zelda notaba que al pasar los días, la esperanza en Impa disminuía cada vez menos.
Sentía emoción ver la expresión de la sheikah cuando le presentara su nuevo amigo, junto con una misión que no rechazaría.
—Es justo aquí delante— anuncio Clara.
Ambos agradecieron a las diosas. Link se bajó de Epona a entradas de la montaña y ayudó a Zelda a bajarse. Su pierna todavía no estaba en buenas condiciones, así que bajarse de la yegua era trabajoso.
Link volvió a agradecer a las diosas que usaba guantes. Sostener a Zelda por la cintura, con traje bastante pegado a su figura, era algo que cuestionaba por su sanidad. Vaya, que era un hombre y no se podía quejar.
—Bien, nos espera una larga caminata— comentó el Hyliano apreciando la montaña de la muerte.
—Vamos— La rubia tomó la iniciativa para dar paso.
Clara solo los siguió desde las alturas.
—¿Recibimos algún avance en Kakariko?
—Nos informan que lograron traspasar la barrera, pero han naturalizado a los enemigos.
—Los Zoras no han reportado nada. Confirmaron que la mancha en un Zora era una marca de nacimiento y nada más.
—Por favor, esto es inútil. ¿Creen que después de tantos años aparecerá?
Gente bastante importante (de la resistencia) de todo Hyrule se encontraba reunida alrededor de una mesa redonda de madera.
Ahí estaba Impa, el jefe de los Goron, un representante de la princesa Zora (lidiaba con sus propios asuntos en su dominio), y el alcalde de Kakariko.
—¿Y sobre la espada maestra?— volvió a preguntar la sheikah.
—Nada— respondió el Goron, seguido del Zora y el Hyliano.
Impa soltó un ligero suspiro. Zelda le había dicho muchas veces que no debía de perder las esperanzas. La madre de la hyliana nunca lo hizo, al igual que su padre, pero en cambio para ella... Era muy difícil.
—¡Dejemos de hablar de estupideces!— reclamó el Hyliano con desesperación. —Tenemos que pensar e otra solución para derrocar a Ganondorf. Esperar a un estupido héroe solo empeora las cosas.
—Pero sin la espada maestra, no hay nada que lo pueda matar— le recordó el Goron. —Ni toda la fuerza bruta de mi pueblo es suficiente.
—Entonces, ¿nadie sabe dónde se encuentra?— preguntó el Zora.
—Yo sí.
Dirigieron su vista a la Hyliana que se encontraba en la entrada del cuarto.
—¿Zelda?— llamo Impa. —¿Qué haces aquí?
—Yo sé dónde está la espada maestra, y la reencarnación del héroe.
Todos susurraban entre sí.
—¿nos quieres tomar el pelo niña?— preguntó molesto el alcalde.
Zelda dio un paso hacia la derecha para dejar a la vista a du acompañante.
—¿Y el quién es?— cuestionó el Goron.
—Es Link, el único que puede empuñar la espada maestra correctamente— respondió Clara, quien había salido detrás del Hyliano.
—Un hada... Creí que ellas nunca salían del bosque— pensó en voz alta el Zora.
—¡¿Quién en su sano juicio va a creerle a estos maniáticos?!— exclamó el alcalde. —¡Nueve años buscándolo y llegan como si nada! Absurdo, simplemente absurdo.
—Yo le creo.—Impa miro con seriedad al Hyliano de Kakariko. Estaba tocando su paciencia.
—¿Nos puedes enseñar entonces una prueba de que eres el verdadero? No es la primera vez que pasa algo así— comentó el jefe Goron.
Link no sabía cómo explicarlo. Era algo fuera de su alcance, y sus ideas estaban vacías.
Clara estaba a punto de aventarse contra el Goron cuando Zelda actuó.
Había leído de vuelta en el castillo, mientras curioseaba, que la trifuerza, al estar sumamente cerca, brillaban puesto que querían unirse otra vez.
Tomó la mano de Link y la apretó con fuerza.
Volteo a mirarla confundido, sintiendo un pequeño cosquilleo en el estomago. Su mirada estaba en le jefe de los Goron; demostraba sabiduría, determinación y seriedad.
Levanto su mano seguida por la de Link, cuando está comenzó a brillar.
Se proyectó delante de sus manos la misma trifuerza, destacando la sabiduría y el valor.
—Santa Nayru... No puede ser...— exclamó boquiabierto el Zora.
—Me llamo Zelda, y soy la princesa de Hyrule.— se presentó, olvidando que seguía tomando firmemente la mano del rubio. Ella no creía que volvería a usar su título, pero ahí estaba. —Reencarnación de la diosa Hylia y portadora de la trifuerza dd la sabiduría.
Link no se quedó atrás.
—Como había dicho antes, mi nombre es Link. Soy la reencarnación del héroe y poseedor de la trifuerza del valor.—Soltó el agarre de Zelda y se inclinó. —Porfavor pido que confíen en mí. Prometo que salvaré a Hyrule del terrible Ganondorf y lo regresare a su estado de gloria.
El alcalde de Kakariko refunfuñó, y el Goron sonrió de lado a lado.
—Actuas justo como mi abuelo describía al héroe de su época. No cabe duda que eres tú.
—Princesa, disculpo en nombre de todos los Zoras dudar de usted.
—No hay de qué disculparse— aclaró Zelda. —En tiempos así, es normal dudar de todo.
Impa estaba feliz. Hyrule por fin tenía las de ganar contra alguien que hacía mucho parecía un suicidio.
—¿Y dónde está la espada maestra?— preguntó Impa.
—Ese es el problema— explicó Zelda un poco avergonzada. —Bueno... Verás...
—Esta rota.—Clara fue directo al grano.
La expresión de todos los presentes, excepto la de Link y Zelda, fue difícil de explicar.
Ya estaban acostumbrados a recibir malas noticias, por lo cual la reacción fue neutra. O más bien, era decepción.
—Grandioso— exclamó el alcalde.
—Pero puede ser reparada— decía el hada volando de lado a lado.
—Entonces reuniré a mis mejores herreros para que...— sugirió el jefe de los Goron antes de ser interrumpido.
—No es tan fácil querido— le repuso Clara. —Es un arma sagrada; fuego común y corriente no hará nada, tampoco el acero normal. Solo s e convertiría en una espada más del montón.
—Necesitamos encontrar a Nayru para que nos dé una solución— añadió la Hyliana. —Y la espada no se encuentra en nuestras manos.
La sala se quedó en silencio. Impa lo corto sugiriendo un plan.
—Entonces iré yo por la espada; solo díganme dónde está mientras que ustedes buscan a Nayru.
—Probablemente se manifieste en el templo que le construimos recientemente— comentó el Zora. —La princesa dice que la mismísima diosa le responde sus plegarias. Está por el lago Hylia, dentro del castillo de la princesa.
—Esta hecho entonces— confirmó Link. —La espada maestra se encuentra en el templo del tiempo. Nosotros iremos a ver a Nayru. Vamonos.
Zelda asintió y junto con Clara dejaron la habitación.
—Zelda— la llamo Impa. Ella volteo. —Estoy orgullosa de ti.
Ella sonrió y retomó su camino.
A los pies de una montaña lejana, se encontraba un dorado ser observando desde la lejanía. En cuanto noto que el alma de la princesa y el héroe se habían subido a la yegua, saltó con audacia de donde se encontraba, para seguirlos desde atrás. Él, sin lugar a dudas, impediría que el malvado rey tirano, el cual regreso de su letargo, se hiciera con el absoluto poder de Hyrule, dejando todo en manos de aquel joven guerrero cual travesía estaba apenas comenzando.
Siguiente capítulo: -Nayru-
Recuerden que, a pesar de que cheque unas 40mil veces todo el capítulo, siempre puede existir la posibilidad de que haya cometido un error gramatical, didáctico, etc. Por eso pido que me hagan ver lo que yo no puedo ver.
Hola, Zekell aquí con un nuevo capítulo en este maravilloso jueves. Los que hayan leido el capítulo anterior, notaron que este capitulo se debería llamar "Nayru" en vez del siguiente. Bueeeeno... planeaba que así fuera, pero cuando me puse a ver todo lo que abarcaba hasta llegar a la parte donde, bueno, trataba sobre Nayru (obviamente), noté que era DEMASIADO para un solo capítulo, y estoy segura que haber puesto de más hubiera aburrido mucho, o también me hubiera afectado porque ya me estaría pisando los talones. (Yo siempre escribo por adelantado, para no andar con las prisas y todo eso e.e). Así que en este instante, en el que publico esto, también actualicé el anterior con el título y otras correcciones que me hicieron llegar.
Dejándome llevar por lo anterior, me gustaría agradecer a: LinkAnd0606 y a Goddess Artemiss por dejar sus reviews, y a Artemiss por dejarme en claro unas cuantos detalles que no me había dado cuenta de ellos. No saben lo feliz que me pongo con sus reviews.
Bueno, sin mas que decir, me despido. ¡Hasta el siguiente jueves!
:]
